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Full text of "Boletín de la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística"

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SOCIEDAD DE GEOGRAFÍA Y ESTADÍSTICA 



SE LA 



REPÚBLICA MEXICANA 



THE NEW YOKK 

?'JBUC U3RARY 

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A«iTn^ LENOX AND 
xífDENFOüNDATlONS 

|( 1937 »- 



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SOLEMNIDAD 



DBDICADA 



i LA MEMORIA 



Del Sr. Lie. é Ingeniero D. Mannel Orozco y Berra. 



EN 31 de Octubre de 1889, se presentó á la Sociedad Me. 
xicANA DE Geografía y Estadística una proposicióix 
firmada por su digno Vicepresidente, el Sr. Lie. D. Félix 
Romero, concebida eu estos términos: 

«lios que aquí nos reunimos en nombre de la ciencia y bajo la 
protección de la ley, sabemos y no olvidamos que, al reanudar de 
nuevo nuestros trabajos, paralizados por causas «ajenas & nuestra 
V voluntad, tenemos que pagar, antes de todo, una deuda de eleva- 
^ da estimaeióu á uno de nuestros socios más eminentes, que arre- 
batado de este fenómeno de un día, llamado vida, nos ha dejado 
aqnf, no obstante, todo lo que hemos honrado y amado siempre, 
el aliento en sus obras, y su nombre en los ecos de este salón. 

n Bste socio, este amigo, este sabio, fuerte por el talento, ameno 
por la instrucción, respetable y respetado por su ciencia,. & la cual 
se dedicaba en su sagrado ardor que resiste á la desgracia y pue- 
de desafiar á la i)rosperidad, y que no dejó de cultivar sino cuando 
dqjó de existir, era D. Manuel Orozco y Berra. Su carrera está sem- 
brada de una serie no interrumpida de trabajos de Geografía, His- 
toria y estadística, cuya importancia ha fjado ya la crítica con- 
' temporánea y cuya gloria vive en los anales de las ciencias. 
^ «¿No sería entonces digno de esta Sociedad, que refleja la vida 
\ y el nombre de ese operario de la inteligencia, consagrarle, al ver 
^ aquí su sillón vacío, un recuerdo que le siga y le muestre nuestro 
carino más allá del tumulto de las paciones y de las sombras del 



f 



6 Sociedad Mkxicana 

olvido? Yo creo que sí, y así tengo la honra ile proponerlo eu el 
siguiente proyecto: 

«1? La Sociedad de Crcogratia y Estadística dedica una sesión 
solemne, el 31 de Diciembre próximo, á la memoria de su ilustre 
socio el Sr. D. Manuel Orozco v Berra. 

«2? Un orador de su seno, nombrado ])or ella, hará su elogio. 

«3? Serán invitadas á tomar parte eu esta manifestación de afec- 
to y de recuerdo, las Sociedades científicas y literarias de esta ca- 
pital, nombrando con tal fin representantes que lleven i)or ellas la 
palabra. 

<c Salón de sesiones de la Sociedad de Geografía y Esta<lística. 
— México, Octubre 31 de 1889. — F. Romero.» 

Acogida y aprobada con aplauso esta proposición, en las sesio- 
nes sucesivas se acordó nombrar orador oficial al Sr. D. José M. 
Vigil, quien aceptó desde luego, y se invitaron á tomar parte en 
esta solemnidad á las siguientes Corporaciones científicas y lite- 
rarias: 

Aeade7nM Mexicana de ht lengua, correspondiente de la I\eal Espa- 
ñola. 
Academia Nacsional de Medicina. 
Acad^nia de Jurisprudencia y Legislación. 
Asociación de Ingenieros y Arquitectos. 
Asociación de Alumnos del Colegio Militar. 
Asodad&n de ex-alumnos del Colegio de Minería. 
Liceo Mexicano Científico y Literario. 
Sociedad ^^Antonio Álzate.^- 
Sociedad Farmacéutica Mexicana. 
Sociedad Mexicana de Historia Xatural. 
Sociedad de Abogados. 
Sociedad Médica ^^ Pedro Escohedo.^ 

Sucesivamente contestaron todas estas Corporaciones, aceptan- 
do la invitación y nombrando sus respectivos representantes, y con 
este motivo el Vicepresidente designó una comisión para que for- 
mara el programa de la solemnidad. El mismo señor nombró ade- 
más las siguientes comisiones: 

De invitación: Justo Sierra, Ventura Alcórreca, Ángel M. Do- 
mínguez, Agustín Arroyo de Anda, Luis P(^rez Verdía y Luis Cron- 
zález Obregón. 



DE Geografía y Estadística. 7 

De recepción del Presidente de la Eepública : José M"? Komoro, 
José Justo Alvarez, Francisco Mejía, Julio Zarate y Manuel Bal- 
bontín. 

De recepción de invitados : Ventura Alcérreca, Leopoldo Batres, 
Juan OrozcOy José Patricio Nicoli, Manuel 8. vSoriano, Isidoro 
"Epstein y Manuel Cruzado. 

De ceremonia en el salón: Juan de Dios Pez^. 

una comisión especial se dirigió al primer Magistrado de la na- 
ción, General D. Porfirio Díaz, para invitarle á presidir la solem- 
nidad. 

Oportunamente se repartieron las invitaciones respectivas, con 
sos adjuntos programas. 

Cerca de las oclio de la noche del 31 de Diciembre, se presentó 
el Sr. Presidente de la Bepública, é inmediatamente abrió la se- 
sión, entre un número crecido de socios y una selecta y lucida con- 
currencia, entre la cual se contaban los señores Ministro de Espa- 
ña 7 de la Bepública Argentina, el señor Secretario de Justicia é 
Instrucción pública, Lie. D. Joaquín Baranda, y los hombres más 
distinguidos de nuestro país, en el foro, en la medicina, en las 
ciencias, en las letras, en la banca y en la política. 

El salón estaba convenientemente adornado é iluminado, y en 
uno de sus muros, sobre una elegante repisa, se veían el busto de 
nuestro erudito historiador Orozcó y Berra, y todas Ins obras que 
escribió, empastadas con lujo. 

Entre los concurrentes se encontraba, representando á su fami- 
lia, el joven D. Fernando Orozco y Berra, uno de los hijos del sa- 
bio mexicano á quien se había consagrado la solemnidad. 

Todos los números del programa se llenaron satisfactoriamente, 
con excei>ción de algunas Sociedades, que á pesar de haber nom- 
brado sus representantes oportunamente, no pudieron concurrir 
á última hora, por motivos del todo ajenos á su voluntad. 

Tal fué, en resumen, la manifestación de recuerdo y gratitud que 
la Sociedad Mexicana de Geogeapía y Estadística con^a- 
gió á su ilustre socio y en varias ocasiones vicepresidente, Sr. D. 
Manuel Orozco y Berra. 

Por acuerdo de la Corporación, se reúnen en este tomo todas 
bs composiciones leídas en esa sesión solemne y extraordinaria^ 
insertándolas en el orden que fueron leídas. 



8 800IBDAD Mexicana 

Oree así cumplir la Sooiedab Mexicana de GEoaBAFíA r 
BsTABfsTiCA con nn deber, á que se hizo acreedor tan sabio his- 
toriador, tan eminente geógrafo, quien murió, es cierto, pobre y 
olvidado; pero no sin legar antes un riquísimo tesoro: sus nume- 
rosas obras á su patria y su inmaculada honradez á su íkmilfa. 

La Comisión de Pcblicacionbs. 



Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística. 



ACTA NÚM. 25 

»■ I.A 6I816n IXTRAORDIlfARIA CELEBRADA EL MARTES 81 DE DICIEMBRE DE 188>» 

DEDICADA Á LA MEMORIA DEL ILUSTRE SOCIO 

SI Sr. I¿c. é Ingeniero S. UANUEL OBOZOO 7 BSBBA, 

BAJO LA 
PRESIDENCIA DEL PRIMER MAGISTRADO DE LA NACIÓN 

GENERAL D. rOBFIRIO DÍAZ, 

A las siete y tres cuartos de la noche se abrió la sesión con asis- 
tencia de los Sres. Ministros de España D. Lorenzo Castellanos y 
de la Bepública Argentina D. Bamón Mendoza^ del Sr. Secreta- 
rio de Justicia é Instrucción Pública Lie. D. Joaquín Baranda, y 
de los socios Lie. D. Félix Homero, Vicepresidente de la Sociedad, 
Aguilar SantiUán Bafael, Alvarez y Guerrero Luis, Balbontín 
Manuel, Batres Leopoldo, Barquera Jacobo, Cervantes Imaz Ma- 
nuel, Cruzado Manuel, Chimalpopoca Amador, Donde Emilio, 
Donde Bafael, Domínguez Ángel, Epstein Isidoro, Fernández Vi- 
Uarreal Manuel, Gómez Flores Francisco, González Obregón Luis, 
Gómez Parada Manuel, Iglesias Miguel, Micliel Alberto, Orozoo 
Juan, Ortega Beyes^Manuel, Patino Francisco, Pérez Verdía Luis, 
Biyas Francisco, Bomero Emilio, Bosler Germán, Schultz Miguel, 
St&yoli Javier, Valle Eduardo, Vera Francisco, Vigil José M., 
Villalón Juan de D., Ward Pool Enrique, Zarate Julio; el Sr. D* 
Femando Orozco y Berra en representación de su familia, los re- 
presentantes de las sociedades invitadas y el primer Secretario 
que suscribe. 

Leida y aprobada el acta de la sesión anterior, se dio lectura al 



) . 



^^^««í/ /í>^*<-^ ¿^5a-»7t/ 




DE GEOGRAFtA Y ESTADÍSTICA. 9 

acuerdo de 31 de Octubre próximo pasado que determinó la pre- 
sente solemnidad. En segaida hicieron uso de la palabra para leer 
sos respectivas alocuciones, las siguientes personas: 

xa Sr. D. José M. Yigil, orador nombrado por la Sociedad. 

D. Jesús Galindo y Villa, representante de la Sodeiad' «Auto- 
mió Alzatcn 

D. Luis G. ürbina, & nombre del Sr. D. Eduardo del Valle, 
representante de la Asociación de Alumnos del Colegio Militar. 

D, Francisco Patino en representaeióu de la 8o(ñedad Faf^ma- 
eéutiea Mexicana, 

D. Francisco de P. Vera, á nombre de la Asoeinción de Ingenie- 
ros y Arquitectos. 

D. Agustín Verdugo, representando á la Sociedad de Abogados 
de Méxicoy y á la Academi^i de Legislación^ Jurisprudencia corres- 
pondiente de la de Madrid. 

D. Antonio de la Peña y Reyes, representante del ÍAceo Mexi- 
cano. 

D. Porfirio Parra, por la Academia Nacional de Medicinaj y D. 
Adrián de Garay en representación de la Sociedad Médica «Pedro 
Sscobedo.» 

A las nueve y media de la noche se levantó la sesión. 

El primer 8«CT«tArlo. 

José M. Romero. 



Biografía del Sr. D. Manuel Orozco y Berra. 



I^ació en la ciudad de México el día 8 de Junio de 181(i, siendo 
sns padres el Sr. D. Juan "S. Orozco, insurgente, capitán que fué 
del regimiento de San Pedro en el ejército de Matamoros, el céle- 
bre caudillo de la libertad, y de la Sra. D* María del Carmen 
Berra. 

Comenzó sus estudios en la casa de D. Octaviano Cliausal, uno 
de los primeros, si no el primero, que estableció en México el sis- 

1 Tomada de la obra escrita por el Sr. Socio D. Francisco Sosa, intitulada: **Bio- 
Ipraffa de Mexicanos Distinguidos.'* 



10 Sociedad Mexicana 

tema mutuo de Laucáater, y el primero, sla duda, á quien se debe 
aquí la enseñanza délos sordo -mudos. En 1830 entró al Colegio 
de Minería, conoeido hoy con el nombre de Escuela especial de 
Ingenieros, sustentando al año siguiente el acto público de pri- 
mer curso de matemáticas, obteniendo un premio, y lo mismo en 
el ano subsecuente, recibiéiulose en 1834 de ingeniero topógrafo. 

Cuidados de familia le llevaron aquel mismo año & Puebla, en 
donde dio lecciones de matemáticas, fué heclio maestro mayor de 
las obras de la ciudad, y se dedicó al estudio de la Jurispniden- 
cia en el Seminario, con aprovechamiento, concurriendo como pa- 
sante al estudio del Sr. Lie. D. José Bafael Isuuza, hasta recibir 
el título de abogado en 1847, por unanimidad y con especial reco- 
mendación á los tribunales superiores. Apenas recibido, fué ocu- 
pada la ciudad de Puebla por el ejército norte -americano, y Oroz- 
co y Berra fué nombrado Secretario del Gobierno del Sr. Isun- 
za, su maestro, con quien hizo toda la campana, hasta llegar á 
Querétaro. Hecha la paz y retirado del Gobierno de Puebla el Sr. 
Isunza, Orozco y Berra renunció la Secretaría el 30 de Abril de 
1848. 

En Puebla, según acabamos de ver, comenzó la cancera públi- 
ca de Orozco y Berra, y allí también hizo sus primeros ensayos 
literartos, pues en 1846 y 1847, fué él quien pronunció el discurso 
oñcial en las festividades del IG de Setiembre y formó parte de la 
redacción de los periódicos políticos JEl Porvenir j La Libertad y 
otros. En unión de su hermano Fernando, redaetó £1 Untreae- 
tOj y escribió en compañía de D. Manuel María de Zamacona El 
Sainete^ y con otros el que lleva por título Uno de tantos. Des- 
empeñó en aquel Estado varias comisiones, entre ellas la de la 
formación de la estadística militar, y fué nombrado asesor del Juz- 
gado de Tlaxcala. Acaso por esto se cree generalmente que Oroz- 
co y Berra nació en la ciudad de Puebla y no en la de México. 

A la que acabamos de nombrar vino Orozco y Berra en 1851, 
nombrado por el gobierno, abogado en un negocio en que se inte- 
resaba el General Santa-Anna, y terminado, le nombró D. José 
Fernando Bamírez, con fecha 30 de Setiembre de 1852, para la 
sección de registros del Archivo general de la Nación, y después 
director del mismo Archivo. 

Una vez en México, y contando con la amistad y protección del 



DK (lEOGBAFÍA Y ESTADÍSTICA. 11 

Sr. liamírez, Orozco y Berra fué uombrado sucesivameute cu 1856, 
para rectificar la carta general de la República, para formar un 
Diccionario Geográfico, y para Oficial mayor de la Secretaría de 
Fomento, cou retención de su empleo de archivero general. Ade- 
más, en el trascurso del mismo ano desempeñó otras comisiones, 
una de la Sociedad de Geografía y Estadística, de que ya era 
miembro, para la formación de un Diccionario Geográfico, y otra 
del Gobierno x)ara la de la Carta geográfica del Valle de México. 
En esta última comisión Orozco y Berra, como Oficial mayor que 
era del Ministerio de Fomento, puso todo empeño, escogió las per- 
sonas más aptas, y la Carta se terminó. Hizo asimismo, en el año 
á que venimos refiriéndonos, y en unión de D. José Fernando Ra- 
mírez, el inventario de la biblioteca del convento de San Francis- 
<M), extinguido por aquellos días. 

Al ano siguiente Orozco y Berra se encargó, como Ministro, de 
la Secretaría de Fomento (17 de Setiembre de 1857). 

De las diversas comisiones que desempeñó, no mencionaremos 
sino las má^ importantes, porque de otra manera haríamos inter- 
minables estas noticias, puesto que raro habrá sido el año en que 
las sociedades científicas ó el Gobierno hubiesen dejado de con- 
fiarle algunas, desempeñando siempre con eficacia y acierto, como 
lo demuestra el hecho de haber sido todas aprobadas. 

En 1859 y 1860 paleografió los libros de actas del Cabildo de 
México desde el 16 de Junio de 1529 hasta el 3 de Agosto de 1543. 

Ocnx>óse el año siguiente, como profesor de la Escuela Militar, 
en dar las cátedras de Geografía é Historia, y en el mismo año 
fué comisionado, en unión de D. José Fernando Ramírez, para re- 
cibir los libros de las comunidades religiosas suprimidas enton- 
ces, y que fueron llevados á la extinguida Universidad. 

Orozco y Berra, que había salido de la Secretaría de Fomento 
á la caida del Gobierno liberal, fué, al volver éste, llamado por D. 
Melchor Ocampo nuevamente á la oficialía mayor de Fomento^ ex- 
pidiéndole con este motivo elSr. Balcárcel, Ministro del ramo ala 
sazón, un certificado que mucho le honra. Fué también en ese año 
(1861 ) nombrado para escribir una Memoria sobre los idiomas del 
pai8 y lugares en que se hablaban. 

En 1862 tuvo Orozco y Berra que renunciar la cátedra que des- 
empeñaba en el Colegio Militar, por haberse encargado del despa- 



12 8<K!iKj>Ai> Mexicana 

cho del Miiiisteiio de Fomento. Suprimido éste aquel mismo aüo, 
y recoiio<;iéiidosc la utilidad y la importancia de los servicios de 
Orozoo y Horra, nombróle el Sr. Jnárez Jefe de la sección de Fo- 
ment4) en la SiH*retaría de Justicia, mas él no aceptó. No sacedió 
lo misnu> al dosi^^nársele el 12 de Agosto del i*epetido año entre 
los ingenieros que debían presbir sus servicios en la constmcdón 
de las fortifleaeioncs de la eapitsil, con motivo de la invasión fran- 
fjesa. Entonces no tuvo Orozoo y Ben^a embarazo en trabajar 9I 
lado de los «pie, pocos meses antes, habían dependido de la Secre- 
taria de Fomento que ól regenteó. 

Nombnulo el 27 de Mayo de ISíÜi Ministro de la Suprema Cor- 
te de Justicia, prestó el juramento el 31 del propio mes, y el 21 
de Abril siguiente lirnió <*()n ese carácter la protesta hecba contra 
la intervención por aquel tMierpo respetable. 

Llegaron Kw días luctuosos pam la patria, y Orozco y Berra, 
cuyas ideas le habían puesto siempre del lado del Gobierno libe- 
ral, quiso, al abandonar éste la capital de la República, seguirle 
en su calidad de Ministro de la Suprema Corte de Justicia. Al 
efecto, solicitó con insistencia que se le pagara una parte de lo 
que se le debía por sueldos atrasadlos, para asegurar la subsisten- 
cia dé su familia que iba á permanecer aquí, y que, sin bienes de 
fortuna, vivió siempre del fruto del trabajo de su jefe. La justa 
pretensión de Orozco y Berra fué desechada, y tuvo él que que- 
darse en México. Todavía cuando el gobierno nacional residía en 
San Luis Potosí, volvió Orozco y Berra i% i)edirle un auxilio para 
poder salir á alcanzarle; le fué negado, y tuvo por eso que resig- 
narse & vivir en México, en donde la intervención se había en- 
tronizado. 

Nómbresele miembro de la célebre «Junta de Notables,» y él 
rehusó en una comunicación digna, en la que dijo que no estaba 
ni por la intervención ni por la Junta. 

Más tarde, urgido por apremiantes necesidades, y cuando libe- 
rales distinguidos creyeron que no debían ya negar su concurso 
al Gobierno de Maximiliano, Orozco y Berra, que á pesar de las 
instancias que lo hicieron sus mejores amigos, no aceptó empleo 
alguno de la intervención, tomó parte en el Gobierno del infortu- 
nado príncipe, como vamos á ver en seguida. 

El primer nombramiento aceptado por Orozco y Berra, fué el 



DE Geografía y Estadístkja. 13 

de luieiiibru de h\ Couiisióu Cieiitíftca d(í México, y (mi seguida el 
qne recibió ( 27 de Jalio de 1864) para presentar un i)royecto de 
división territorial. El 18 de Noviembre fué llamado por Maximi- 
liano á la Subsecretaría de Fomento, cuya cartera desempeñó al 
año siguiente por ausencia del Sr. Robles Pezuela, que era el Mi- 
nistro, así como la dirección del Museo ^N'acional, por ausencia del 
tantas veces citado Sr. Ramírez. Fué también agraciado en el 
mismo año con la cátedra de Historia de México en el Colegio de 
Minería ( Agosto 7 ), con el título de ¿icadémico, con el nombra- 
miento de Consejero de Estado (25 de Setiembre), después de ha- 
ber hecho renuncia de la Subsecretaría de Fomento; con la Cruz 
de Guadalupe, y con grado de Oficial de la orden del Águila Me- 
xicana. 

En 1866, la Sociedad Filarmónica le nombró Profesor de Histo- 
ria patria (ííoviembre 10), y el Gobierno, e^n fecha 22 del propio 
mes, Director del Museo Nacional. 

Antes de proseguir la enumeración de los cargos que ejerció 
Orozco y Berra, nos detendremos con el objeto de hablar de un 
episodio histórico en el que tomó él parte, y de que no haríamos 
mención, si de lo que vamos á decir no se desprendiese un ras- 
go característico del distinguido mexicano cuya vida pública nos 
ocupa. 

En Noviembre de 1866 tuvieron lugar las célebres conferencian 
de Drizaba. Maximiliano, como no puede ignorarlo nadie que co- 
nozca siquiera sea superficialmente nuestra historia contemporá- 
nea, tuvo, al retirarse el ejército francés, un momento de vacila- 
ción, y quiso abandonar el país. Anticipadamente fueron embar- 
cados sus equipajes, y á pocos días salió él de la capital con direc- 
ción al puerto de Veracruz. 

Promesas del Ministro inglés i'elativamente á un cambio de po- 
lítica de parte del Gobierno de los Estados Unidos; exigencias de 
los que veían comprometidos sus intereses y acaso su vida si Maxi- 
müiano se alejaba de México, ú otros motivos que no ha llegado 
á esclarecer la historia, hicieron que aquel príncipe se detuviese 
en Orizaba algün tiempo, con el objeto de tomar una resolución 
mejor meditada. Convocó al efecto & todos sus Consejeros y Minis- 
tros, y conferenció largamente con ellos acerca de los recursos en 
dinero y hombres de que el imperio podía disponer para defenderse. 



14 Sociedad Mexicana 

Una gran parte de aquellos personajes oi)iuó que no existían 
tales elementos, y que eran exagerados los que presentaban los 
Ministros de Hacienda y Guerra. Orozco y Berra, allí presente, 
como Consejero de Estado que era, sostuvo principalmente la dis- 
cusión, manifestando que asunto tan grave y tan difícil debía tra- 
tarse sobre la base de la verdad, y no de las ilusiones nacidas de 
las ideas de cada uno: dijo que el imperio no podía sostenerse más, 
y que por lo mismo, lo que debía procurarse era que cayese con 
honra y sin dar motivo á luchas que serían tan sangrientas como 
inútiles. 

El resultado de las conferencias de Orizaba, nadie lo ignora, filé 
contrario á la opinión en ellas manifestada por Orozco y Berra, 
con la ruda franqueza, pero también con la lealtad que le carac- 
terizaba: Maximiliano regresó á México, y la guerra continuó en- 
sangrentando la Nación. 

No faltan personas que nieguen el hecho de haber resuelto Max i - 
miliano, antes de las conferencias de Orizaba, abandonar el terri- 
torio nacional; pero ello es indudable, como lo comprueba la si- 
guiente carta autógrafa que conservaba Orozco y Berra., y que á 
instancias nuestras nos permitió copiar. Dice así: 

«Mi querido D. Manuel Orozco y Berra. — Al separarme de la 
Nación, vengo por la presente á darle las más expresivas gracias 
por los buenos servicios que vd. con tanta lealtad y ñdelidad ha 
prestado á mi Gobierno; pudiendo vd. estar seguro que nunca de- 
jaré caer en el olvido tanto ellos, cuanto las relaciones personales 
de amistad que nos han ligado. — Reciba vd. las seguridades de la 
benevolencia de su afectísimo. — Max^imiliano, — Orizaba, Noviem- 
bre 8 de 1866. » 

Consumada la ruina del imperio en 1867 y touuula la capital por 
el Gobierno nacional en Junio, Orozco y Berra fué encerrado en 
la Enseñanza (hoy Palacio de Justicia) y sentenciado por el de- 
creto de 6 de Setiembre á cuatro años de prisión y $ 4,000 de mul- 
ta. Conmútesele ésta primero en la cuarta parte; representó él al 
Gobierno, y fué exonerado de $ 2,000, continuando preso hasta 
que, á causa de sus enfermedades, se le permitió, por orden del 
Ministro de la Guerra, fechada el 13 de Noviembre, pasar á su 
casa á curarse, sirviéndotela misma de prisión; y es un deber de- 
cir que no volvió á ser molestado. 



DK (tbografía y Estadística. 1") 

Calmada la excitación natural producida por los su(m}.sos que 
acababan de conmover hondamente á la llepública, Orozco y Be- 
rra, cuyas luces y conocimientos no podían ser menospreciados 
por el partido liberal á que siempre había pertenecido, fué llama- 
do de nuevo á la Sociedad de Geo^icrafía y Estadística ( Febrero 10 
de 1870) y á la Academia de Literatura y Ciencias ( Setiembre 2 ), 
de cuyas corpornciones se le había exi)nlsado como a los demás 
que tomaron participación en el imperio. FA primero de esos ins- 
titutos, de que es presidente por la ley el Secretario de Fomento, 
fué presidido, con muy cortos intervalos, desde esa fecha, por Oroz- 
co y Berra, á quien anualmente se le reelegía para aquel cargo en 
testimonio de la consideración que le era <lebida por los importan- 
tes servicios que en él prestó destle anos atrás. 

Con deliberada intención hemos omitido en lo que antecede, las 
noticias relativas á la vida literaria de Orozco y Berra. En ella 
estriba, a nuestro juicio, su gloria principal; en ella también se 
funda la gran estimación que disfrutaba dentro y fuera de su país, 
y cva, por lo mismo, cuerdo no mezclar la. relación do sus escritos 
con la de su vida jniblica, tanto para que aquella no pasase inaper- 
cibida, cuanto porque fuese más fácil la consulta de la bibliogra- 
fía que tenemos que formar con la debida extensión. 

Era Orozco y Berra, por los vastos y profundos conocimientos 
que de la historia patria imseía, lo que puede llamarse con toda 
propiedad un mexicanista insigne. La mayor i)arte de sus años la 
empleó en el estudio de lo que á la historia de México atañe; y sin 
temor de equivocamos, diremos que ninguno como él ha llegado 
á adquirir tan gran suma de erudición en la materia. 

No hay historia, crónica, relación ni manuscrito que él no hubie- 
se leído y vuelto á leer muchas veces con inaudito interés, ni an- 
tiguo geroglífico en cuya descifración no hubiese puesto vivísimo 
emi>eño. Dotado de claro talento, de juicio recto y reposado y de 
gran memoria, sus investigaciones fueron siempre útiles. No aven- 
taré hipótesis sin fundamento, ni se dejaba arrebatar, como suce- 
día con frecuencia al célebre americanista Brasseur de Bourbourg, 
por el entusiasmo, que conduce muchas veces á traspasar los lí- 
mites de lo probable y á entrar al mundo de las ilusiones, que la 
delicia se encarga después de desvanecer. Cuando Orozco y Be- 
rra afirmaba alguna idea, podía a^segurarse que ella descansaba 



10 Sociedad Mexicana 

en aigúu docuincuto digno de crédito, y que se había escapado á 
los más diligentes. 

Al hablar con Orozco y Berra acerca de la historia de México, 
parecía como que estaba uno leyendo alguna obra escrita por au- 
tor contemporáneo á los hechos que nos refiere. Concentrada su 
actividad intelectual en sus estudios favoritos, á ellos se endere- 
zaban todas sus conversaciones, á ellos todos sus escritos; no vi- 
vía sino por ellos y para ellos. Su gabinete de estudio revelaba 
desde la primera ojeada el carácter y los hábitos del sabio que allí 
pasaba las horas. No era su biblioteca tan numerosa como otras 
que en México existen, i^ero sí escogida y especial. Los libros eran 
todos referentes á la historia del país, como también los planos ó 
cartas geográficas: el busto que coronaba uno de los libreros, era 
el del eminente mexicanista D. José Femando Ramírez, algunos 
ídolos de piedra y de barro que allí se veían, eran aztecas. 

En aquel gabinete no se hablaba nunca de crisis ministeriales, 
ni de elecciones, ni mucho menos de la chismografía de la ciudad. 
Si un periódico del día llegaba á i)enetrar allí, sería porque se ocu- 
paba de ciencias, ó porque contenía algún escrito sobre historia, 
bibliografía ó estadística de México. Estaba situado en el centro 
de la ciudad moderna, y sin embargo, los rumores de ésta llega- 
ban á él debilitados, y sólo se hablaba allí de lo que pasó haee al- 
gunos siglos. Figuraos á un sabio astrónomo que día y noche está 
consagrado á la contemplación del cielo y á sus elucubraciones ma- 
temáticas, sin preocuparse para nada de lo que bajo aquella bó- 
veda ocurre, y tendréis una idea de la vida de Orozco y Berra á 
quien absorbían por completo sus investigaciones históricas. Mas 
no creáis por eso que os estaba vedado penetrar á aquel santua- 
rio. Si necesitabais disipar una duda, si andabais en busca de una 
noticia ó de un libro raro sobre México, la bondad de Orozco y Be- 
rra] hacía que quedarais complacidos; su erudición asombrosa^ su 
memoria notabilísima os proporcionaban lo que habíais menester. 

Para Orozco y Berra sólo había una cosa que le apartase de sus 
queridos libros: un cuidado de familia. Esta y sus estudios eran 
los dos cultos de su corazón y de su inteligencia. Por ella y por 
ellos hizo en su vida todo género de sacrificios. 

Dyimos al principio que la carrera literaria de Orozco y Berra 
comenzó en Puebla; apuntamos los periódicos que allí escribió, dos 



DE Geografía y Estadística. 17 

de sus íliscarsos patrióticos y las piezas dramáticas que compuso. 
Réstanos decir que en la misma ciudad, y en unión de D. Manuel 
María de. Zamacona, refundió la obra dramática francesa de An- 
drés Cheuier, intitulada «El Ministro; » que fué corresponsal, ó por 
mejor decir, colaborador de los primeros periódicos literarios y 
pintorescos de la capital, como Ul MuseOj La Ilustración Mexica- 
na y otros en que se registran varios artículos suyos y algunas 
poesías, pues Orozco y Berra, como la mayor parte de los escrito- 

m 

res mexicanos, rindió culto en su juventud á la gaya ciencia. 

Mas todos aquellos trabajos de bella literatura no deben consi- 
derarse sino como ensayos que hizo el que más tarde había de 
conquistar con sus obras serias lugar distinguidísimo entre los li- 
teratos nacionales. 

México fué el teatro do las glorias de Orozco y Berra. En esta 
ciudad desempeñó los cargos públicos enumerados ya, desde una 
modesta oficialía en el archivo general, hasta los escaños del Con- 
sejo de Est<ado; presidió durante años enteros la primera de nues- 
tras sociedades científicas, colaboró en publicaciones tan acredita^ 
das como el Renacimiento^ el Artista^ los Anales del Museo Nacional 
y el Sistema Postal^ y publicó las obras que por orden cronológico 
vamos á enumerar: 

«Noticia histórica de la Conjuración del marqués del Valle.» 
Años de 1565-1568; formada en vista de nuevos documentos ori- 
ginales, y seguida de un extracto de los mismos documentos. Por 
el Lie. D. Manuel Orozco y Berra. — México, 1853. — ^Tipografía de 
R. Rafael, Cadena número 13.— Un tomo 4?, 602 páginas, el índi- 
ce y las erratas notables. 

«Diccionario universal de historia y geografía, etc.» Siete vo- 
lúmenes de medio folio. — México, 1853-1855. — ^En el cuerpo de esa 
obra se encuentran muchos artículos de Orozco y Berra, siendo 
los principales todos los que á la geografía de México se refieren, 
y los que llevan por título: «rCiudad de México,» «Itinerario del ejér- 
cito español en la conquista de México, » « Moneda en México,» cD. 
Miguel Hidalgo y Costilla,» «D. José María Morelos y Pavón,» y 
otros que sería largo citar. 

« Apéndice al diccionario universal de historia y geografía.» Tres 

volúmenes de medio folio. — México, 1855-1856. Orozco y Berra 

coordinó y compuso estos tres volúmenes de 778, 936 y 1,133 pá^ 

8 



18 Sociedad Mexicana 

ginas, con los materiales originales ó impresos qae logró rennir. 

c Memoria de la Secretaría de Estado y del Despacho de Fo- 
mento, Golonizacióny Indnstria y Comercio de la Bepública Mexi- 
cana, escrita por el Ministro del ramo, C. Manuel Silíceo, para dar 
eaenta con ella al Soberano Congreso Constitucional. — México. 
— Imprenta de Vicente García Torres, calle de San Juan de Le- 
trán número 3.—1857. Citamos esta « Memoria» aquí, porque Oroz- 
00 y Berra cooperó á la formación de ella, como oficial mayor que 
era, y formó las siguientes Memorias de que se hizo edición sepa- 
rada de cincuenta ejemplares : « Informe sobre la acuñación en las 
casas de moneda de la Bepública,» «Población de la Bepública 
Mexicana,» «Divisiones eclesiásticas,» «Carta etnográfica.» Elin- 
forme y la carta van acompañados de los respectivos mapas. 

«México y sus alrededores.» Con este nombre se publicó una 
colección de estampas fotográficas, por Cbarny, cuyo texto expli- 
cativo, que forma varios artículos, se debe á la pluma de Orozco 
y Berra. 

«Memoria para la carta hidrográfica del Valle de México,» for- 
mada por acuerdo de la Sociedad Mexicana de Geografía y Esta- 
dística, por su socio honorario el Sr. Lie. D. Manuel Orozco y Be- 
rra, ingeniero topógrafo y antiguo alumno del colegio de Minería. 
— México, 1864. — Imprenta de A. Boix, á cnrgo de Miguel Zor- 
noza, calle del Águila núm. 13. Un volumen 4?, con varios planos. 
Esta obra fué reimpresa en el Boletín de la misma Sociedad. 

«Geografía de las lenguas y Carta etnográfica de México, » pre- 
cedida de un ensayo de clasificación de las mismas lenguas, y de 
apuntes para la inmigración de las tribus, por el Lie. Manuel Orozco 
y Berra. — México. — Imprenta de J. M. Andrade y F. Escalante, 
ealle de Tiburcio número 19. — Un volumen 4? mayor, 392 páginas 
y una carta. 

«Memoria presentada á Su Majestad el Emperador, por el Minis- 
tro de Fomento Luis Bobles Pezuela» de los trabajos ejecutados 
en su ramo, el año de 1865. — México, 1866. — Ayudó y trabajó 
Orozco y Berra en la formación de esto libro, eu el que se encusn- 
tran además: «Posiciones de varios puntos del Imperio Mexica- 
no» y «Alturas sobre el nivel del mar ó altitudes de varios puntos 
del Imperio Mexicano.» De estos dos opúsculos, formados por 
Orozco y Berra en unión de los Sres. Francisco Martínez de Cha- 



DE Geografía t Estadística. 19 

vero y Francisco Jiménez, se hizo una edición particular de cin* 
^saenta ejemplares. 

uE I Mexi<sano. Periódico bisemanal dedicado al paeblo. — Imprcn- 
ta Imperial^ 1866. — De esta importante publicación salieron 96 
números de ocho páginas cada uno, los que, con excepción de unos 
eaantos, faeron todos redactaos por Orozco y Berra: pudieran 
citarse entre sus artículos allí publicados, los que se intitulan: 
«Algunas nociones de Cronología,» « Geografía, » «Idea de las di- 
visiones territoriales de México, desde los tiempos de la domina- 
ción española hasta nuestros días,» y «Acuñación en México.» 

«Memoria para el plano de la Ciudad de México,^' formada de 
orden del Ministerio de Fomento, por el Ingeniero topógrafo Ma- 
nuel Orozco y Berra. — México, Imprenta de Santiago White, Ca- 
Dejón de Santa Clara número 9. — 1867. — Un tomo 8?, 231 páginas 
y un plano. 

«Materiales para una cartografía mexicana,» por el Ingeniero 
Lie. Manuel Orozco y Berra, miembro de la Academia de Ciencias 
y Literatura, Vicepresidente y socio de número de la Sociedad de 
€teografía y Estadística, é individuo de la Sociedad Humboldt^ 
etc. — Edición de la Sociedad de Qeografía y Estadística. — Méxi- 
co. — Imprenta del Gobierno, en Palacio, á cargo de José María 
BandoTul. — 1871. — Un tomo 4? mayor con 338 páginas. 

«Historia de la Geografía en México.» — 1876. — Fué publicada 
esta obra en las columnas del periódico intitulado La Enseñanzaf 
tomo I. — Imprenta de Nabor Chávez, y reimpresa en un volumen 
de 500 páginas en 1880, por la Secretaría de Fomento. 

Breves palabras diremos sobre la importancia de las obras que 
acabamos de enumerar, porque de otra manera habríamos de dar. 
6 estas noticias biográficas mayor extensión que la que nos hemos 
propuesto. 

£1 cí Diccionario Universal de Historia y Geografía» y su «Apén- 
dice, » no forman, ciertamente, una obra que satisfaga por completo 
las exigencias de aquellos que desean una verdadera enciclopedia 
ú obra de consulta, en la que pueda encontrarse cuanto á México 
se refiera, que es lo que se necesita, puesto que los libros extran- 
jeros de este género, ó nada dicen sobre México, ó asientan erro- 
res imperdonables. Empero este diccionario, refundición de otro 
español, contiene abundantísimas noticias históricas, gran núme- 



ÍO Sociedad Mexicana 

ro de biografías notables y rico acopio de artículos descriptivos 
sobre nuestra patria, intercalados en el cuerpo de la obra españo- 
la de Mellado. Los frecuentes cambios de nombres geográficos y 
las variaciones que la división territorial ha sufrido en los años 
trascurridos desde la publicación del Diccionario que nos oeupa, 
bacen que sea preciso rectificar á menudo la exactitud de los ar- 
tículos sobre la materia. Varias veces se ha intentado en nuestros 
días formar uno nuevo, teniendo por base el antiguo; pero sea por 
falta de protección do parte del público, sea por la inconstancia 
de los que han acometido la empresa, ésta no ha llegado á feliz 
término, y el Diccionario de que hablamos, conocido por de An- 
drade, continúa siendo la única fuente de noticias para aquellos 
que quieren ocuparse de asuntos del país, sin emprender laborio- 
sas investigaciones. Orozco y Berra fué el principal redactor y co- 
leccionador del «Diccionario Universal,» y por eso, aunque no es 
obra exclusivamente suya, figura en su bibliografía. 

Cualquiera al leer el modesto título de «r Dilemorias para el plano 
de la ciudad de México,» creerá que el libro que lleva ese nombre 
poco interés ha de tener. Muy lejos de esto, la Memoria escrita 
por Orozco y Berra es curiosísima, y, sobre todo, útil. Está dividí - 
da en dos partes. En la primera se encuentran interesantes apun- 
tes para la historia cartográfica de la ciudad, noticias sobre el le- 
vantamiento del plano, triangulación, vueltas de horizonte, posi- 
ciones geográficas, observaciones meteorológicas, datos sobre la 
evaporación, superficie de la ciudad y lista general de las caUes, 
plazas, plazuelas, etc. En la segunda parte, que es para la gene- 
ralidad la más importante, se hallan breves pero completas rela- 
ciones históricas de los principales establecimientos y edificios de 
la capital de la Eepública. 

Una nueva edición de este libro, con las variaciones que el curso 
del tiempo ha hecho necesarias, lo convertiríau en el mejor y más 
curioso (T Manual del viajero en México.» 

La ((Geografía de las lenguas y Carta etnográfica de Méxieo,» 
primer trabajo de este género emprendido en nuestro país, es el 
fruto de la incansable laboriosidad de su autor que alcanzó con él 
conquistar en el extranjero un nombre envidiable. Si los adelan- 
tos obtenidos en la ciencia filolófica han venido á rectificar algu- 
nas de las afirmaciones hechas por Orozco y Berra en esa obra. 



DE Geoghafía y Estadística. 21 

no por eso dejará de ser ésta uno de los libros más estimados^ de- 
udos á la ploma de sahios mexicanos. Macho espacio necesitaría- 
mos para ofrecer aquí al lector un análisis de la « Oeografía de las 
lenguas,» y renunciamos por lo mismo acometer tal empresa, limi- 
tándonos á decir que su modesto autor es citado desde la publica- 
ción de su libro, por los sabios extranjeros. 

Para tener una idea de lo que Orozco y Berra era como colec- 
cionador, se necesita haber leido su libro ((Materiales para una 
Cartografía mexicana.» En esta obra se da razón de las ideas geo- 
gráficas de los aztecas, de cómo representaban las aguas y las tie- 
rras, y cómo eran sus planos geográficos y topográficos : regístran- 
88 en ella tres mil cuatrocientas cartas generales, particulares, 
eclesiásticas, del territorio antiguo, hidrográficas, de líneas divi- 
sorias, ícnográficas, de vías de comunicación, planos científicos, 
planos etnográficos, administrativos, mapas históricos de viajes 
y topográficos, comprendiéndose en ese número las de las corres- 
pondientes subdivisiones de cada una de las diez y seis secciones 
en que el libro está dispuesto. 

lias obras de que acabamos de dar sumaria idea, granjearon á 
Otozco y Berra los diplomas de las corporaciones siguientes: 

Ateneo Mexicano ( 1841 ). 

Sociedad Lancasteriana de Puebla ( 1841 ). 

Academia Nacional de Ciencias y Literatura ( 15 de Septiembre 
de 1857). 

Sociedad Humboldt ( 8 de Octubre de 1861 ). 

Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística (8 de Noviembre 
de 1861). 

Sociedad Científica de México, en París (11 de Noviembre de 
1864). 

Sociedad de Mejoras materiales ( 15 de Julio de 1865). 

Compañía Lancasteriana de México (13 de Agosto de 1866). 

Sociedad Mexicana de Historia Natural (3 de Septiembre de 
1868). 

Sociedad Concordia (5 de Junio de 1872). 

liceo Hidalgo (12 de Agosto de 1872). 

Sociedad Minera Mexicana (2 de Diciembre de 1873). 

Sociedad protectora de Artes y Oficios, de Veracruz ( 6 de Abril 
de 1874). 



23 Sociedad Mexioana 

Sociedad popular Mexicana del Trabajo ( 10 de Agosto de 1874]. 

Sociedad Alianza literaria, de Guadalajara ( 1? de Julio de 1876). 

Academia de la Lengua, de México, correspondiente de la eap»- 
fióla de Madrid (23 de Diciembre de 1876). 

Beal Academia de la Historia, de Madrid ( 1876). 

Sociedad Arqueológica, de Santiago de Chile (5 de Octubre de 
1878). 

Sociedad Geográfica, de Boma. 

Sociedad Arqueológica de París. 

Sociedad de Artesanos Unidos, de MazaÜán (21 de Octubre á6 
1878). 

Congreso de Americanistas (1876). 

Después de haber hecho mención de los principales empleos j 
las comisiones más importantes que desempe&ó Orozco y Berra; 
después de enumerar sus obras literarias y las corporaciones que le 
honraron llamándole á su seno, parece como que nada nos resta 
que decir, y sin embargo, no es así. Para no dejar vacío alguno de 
consideración en estos apuntamientos, necesitamos reanudar nues- 
tro relato, hasta llegar á los días que alcanzamos. 

Ningún puesto ocupó Orozco y Berra en la Administración pú- 
blica, de mediados de 1867 hasta su muerte. En estos trece años^ 
desde su salida do la prisión, ajena por completo á las cuestiones 
políticas que han agitado á la llepública, encontró verdadera pro- 
tección, amistad, consideraciones y arrimo, en los Sres. D. José 
Antonio y D. Bernardo Mendízábal, y en el Sr. D. Sebastián Ca- 
macho, quienes le proporcionaron un empleo en la Casa do Mone- 
da, del cual vivió, consagrando las horas que lo dejaba libres aque- 
lla colocación en escribir la obra importantísima de que vamos & 
dar cuenta en breve y que es sin disputa el más acabado de sus 
trabajos literarios. También se ocupó en dar, desde el auo de 1878^ 
la cátedra de Historia y Geografía en el Colegio de la Paz, llama- 
do antiguamente las Vizcaínas. Fué nombrado por el Sr. Gral. Ri- 
va Palacio, entonces Ministro de Fomento, Director de la Carta 
general de la República, y por el Sr. Taglc, Ministro de Justicia 
que ftié, catedrático do Historia patria en la Escuela secundaria 
de ninas; pero sus ocupaciones no le permitieron desempeñar por 
mucho tiempo el primer encargo y le obligaron á no aceptar el se- 
gundo. 



DE GBOaBAFÍA T ESTADÍSTICA. 23 

Entre los escritos de Orozco y Berra, publicados recientementei 
merecen citarse su estudio sobre «La Cruz del Palenque,» que in- 
sertó en El Artista; sus ensayos de descifración geroglífica en los 
«Anales del Museo nacional» y su « Estudio de Cronología mexi» 
cana;» que precede & la edición de la antigua crónica de Tezozo- 
moc, que publicó el distinguido escritor D. José María Vigil. H6 
aquí lo que tan ilustrado publicista dice acerca del estudio á que 
nos referimos: 

«Esta materia ha ofrecido en todos tiempos varias dificultades 
para la coordinación de los hechos que constituyen nuestra histo- 
ria antigua. La diferencia que se nota entre los historiadores pri< 
mitivos de México sobre punto tan capital, ha creado un verdade- 
ro caos en que es difícil orientarse, sin emprender previos estu- 
dias é investigaciones en que se necesita la paciente constancia 
del erudito. Pues bien, el Sr. Orozco y Berra ha dado cima á este 
trabajo, primero en su género, y en el cual después de exponer 
por orden sucesivo los diversos sistemas que han creado los auto- 
res, después de señalar sus defectos, asignando el origen do elIoS| 
entra do lleno en la cuestióu, resolviéndola, en nuestro concepto, 
de una manera satisfactoria, y estableciendo las verdaderas bases 
á que hay que atenerse en materia tan importante. El servicio que 
con este estudio ha prestado el Sr. Orozco y Borra á la historia 
patria, es de verdadera trascendencia, porque ha venido á i)oner 
luz y orden donde sólo reinaban confusión y tinieblas.» 

Tocan á su término estas noticias biográficas, que habrá do am- 
pliar más tarde persona más competente que nosotros; pero antes 
creemos útil y aun indispensable hablar de la obra última de Oroz- 
co y Berra; obra que es un verdadero monumento literario, que 
perpetuará la fama de su autor. 

Intitúlase «Historia Antigua de México,» y está dividida en 
cuatro partes: 1 % Civilización. 2% El hombre primitivo. 3 *?, His- 
toria Antigua, y 4", Conquista. 

Fruto es esta obra do largos años de investigaciones y profim- 
do estudio, concéntrase en ella, por decirlo así, el tesoro de cien* . 
da acumulado por su autor en los mejores días de su vida. 4 Por 
qué, se nos dirá acaso, por qué existiendo ni presente numerosos 
libros en que se pueden estudiar las materias que abraza la últi- 
ma producción de Orozco y Berra, éste no acometió otra empresa 



24 Sociedad Mkxicaiia 

coya originalidad fuese el primer aliciente para desear oonocerlaf 
lYino á revelar sncesos no comprendidos en los escritos de sns an- 
tecesores t 4 Pretendió hacer la luz en el caos de la historia mexi- 
cana, porque se sentía superior á los que le precedieron? No: el 
sabio mexicanista, lo hemos dicho ya, era más que modesto, hu- 
milde, Y aunque pudo gloriarse de haber dado cima á una tarea de 
aquellas que sólo acometen los hombres superiores, carecía de to- 
da pretensión. En el plan de su « Historia Antigua ji consiste lo ori- 
ginal del trabajo; en el feliz desenvolvimiento de ese plan estriba 
8u mérito sobresaliente. 

Hasta hoy cuanto se ha escrito sobre los orígenes de la Socie- 
dad en que vivimos, adolece del gravísimo defecto de considerar 
los hechos bajo un solo punto de vista. Unos á otros han venido los 
autores copiándose, permítasenos decirlo de este modo, y de aquí 
ha resultado que, aiinque no escasean los libros que de nuestra 
historia antigua tratan, encamínanse con mayor ó menor sinceri- 
dad á un solo punto, á pregonar la grandeza de los conquistado- 
res, su heroico brío, y las ventajas de la nueva civilización por 
dios implantada, atanuando, si es que los confiesan, los crímenea 
aquí perpretados por los guerreros españoles, apoyándose en auto- 
ridades á ellos propicias, y no haciendo sino rarísima vez mención 
de los escritores indígenas, cuyo testimonio, á pesar de su validez^ 
no se ha querido tomar en cuenta. Fácil es comprender que de se* 
majante criterio no podía desprenderse en toda su desnudez la 
verdad histórica, cuyo esclarecimiento parece que debía haber sido 
el solo norte de esos autores. 

Beconociendo esos errores Orozco y Berra, se trazó una nueva 
vía, conforme á los principios de la ciencia moderna, y, escritor 
concienzudo, llamó en su apoyo lo mismo al ibero que al azteca^ 
bascando la verdad en los escritos de éste, confirmada por ciertas 
preciosas confesiones de aquel. 

El colorido de los cuadros que Orozco y Berra ha trazado, no 
puede ser más verdadero. Ha restaurado otros á su primitiva y pu- 
ra luz, y lo ha hecho con tal acierto, que bien puede decirse, por 
avanzada que parezca esta opinión, que ha pronunciado la última 
palabra acerca de la antigua historia de México, reuniendo en un 
aolo cuerpo de obra cnanto se encuentra esparcido en gran número 
de volúmenes que sólo poseen ciertos y muy contados bibliógra- 



DB Geografía y Estadística. 25 

fo8 eruditos, y cuanto se lia descubierto en estos últimos años, en 
manuscritos de cuya existencia no tuvieron noticia sus predece- 
sores. 

BrilJantísima, y sobre todo completa, es la parte que de la civi- 
lización azteca trata. Allí se tiene cabal idea de la grandeza mo- 
ral de aquel pueblo cuyos conocimientos científicos eran superio- 
res, y con mucho, á cuanto podía esperarse de él, atendida su total 
incomunicación con el antiguo mundo. 

Allí está fielmente trazado el cuadro de sus adelantos artísticos, 
y en una palabra, allí se encuentra todo lo que puede ambicionarse 
saber para juzgar con exactitud de la verdadera grandeza del im- 
perio destruido por las armas castellanas. 

Para dar una idea de la segunda parte, en que trata del hombre 
prehistórico, habríamos menester algunas páginas. La ciencia mo- 
derna ha hecho de la paleontología un auxiliar poderoso do la his- 
toria, y por lo mismo su aplicación á la nuestra, era, puede de- 
cirse, la base de que tenían que partir los estudios de Orozco y 
Berra. Así lo hizo, con notable supremacía á los que antes se han 
dedicado á escribir sobre nuestras cosas, y do luminoso califican 
los entendidos en la materia el trabajo realizado por él. 

Lo que en otro lugar dejamos dicho sobre la dedicación de Oroz- 
co y Berra desde su juventud al estudio de cuantas obras se han 
escrito sobre la historia antigua de México, nos ahorra aquí de 
entrar á hacer nuevas consideraciones, con relación á la tercera 
parte del libro. 

La última, demandaba el más recto criterio filosófico. La con- 
quista ha tenido muchos historiadores, y para no caer en los mis- 
mos errores de que adolecen las obras de aquellos, era necesario 
proceder conforme á distinto plan. El de Orozco y Berra ha con- 
óatído en depurar la verdad á costa de laboriosísimas investiga- 
ciones, y si pudiera decirse que alguna parte de su «Historia» es 
superior á las demás, acaso concederíamos la preferencia á la últi- 
ma. Tan acabada así es; tanta luz derrama; tan evidente demos- 
t^'ación alcanzan en ella los puntos más controvertidos; tan impar- 
eiai^ y justiciero se descubre á Orozco y Berra en aquellas páginas. 

El autor de esta biografía inició ante el Gobierno federal la pu- 
Uicación de la « Historia» del Sr. Orozco y Berra, y fué tal su cons- 
tancia, tan grande su empeño, que cuantas dificultades se oponían 



26 Sociedad Mexicana 

al logro de este peusamíento qnedaron vencidas. Constan todos 
los detalles de este asunto en la introducción puesta al frente del 
tomo primero de los cuatro que forihan la obra, y confieso que me 
eausa legítimo orgullo haber prestado este servicio, más que al 
amigo cuya memoria venero, á las letras mexicanas. 

Por una de aquellas fatalidades tan comunes en la vida de los 
hombres ilustres, el Sr. Orozco y Berra no tuvo la satisfacción de 
ver impresos sino los dos primeros tomos de la obra á que consa- 
gró muchos de sus años, pues falleció el día 27 de Enero de 1881, 
causando con su muerte una dolorosa pérdida que México nunca 
lamentará suficientemente. 

DISCURSO 

Pronunciado á nom^rñ de, la Shüedid de Otojrafia y EdadUtica por el 
Sr. D. JOSÉ M, VIGIL, Director de la BibUoUea Nacional, 

Señor Presidente, Señores: 

El ejemplo que en estos momentos ofrece la Sociedad de Geo- 
grafía y Estadística es de altísima significación, porque expresa 
de una manera elocuente á la par que sencilla, el homenaje respe- 
tuoso y de justicia merecido á uno de esos mexicanos ilustres, cuya 
vida entera se cousngra á enriquecer la literatura patria. La obra 
del sabio, pacientemente elaborada en la soledad y en el silencio, 
tiene el i)rivilegio de escapar á las injurias del tiempoj de sobro- 
vivir á la ruina de los más florecientes imperios; de seguir hablan- 
do á las generaciones futuras una lengua que nunca muere, y de 
prolongar por serie indefinida de siglos, su benéfica cooperación 
en el perfeccionamiento de las sociedades humanas. Nada puede 
haber, por lo mismo, más noble y más legítimo, que el culto tribu- 
tado á la memoria de los hombres beneméritos, que afrontando con 
valor las adversidades de su destino, sobreponiéndose á las impe- 
riosas exigencias de la vida real, sólo obedecen á una necesidad 
irresistible de su alma: la de atesorar la ciencia xiara prodigarla 
luego en provecho de sus semejantes. 

Estas consideraciones, enunciadas de una manera abstracta^ 
aparecen más sensibles cuando las aplicamos á nuestra patria; 
porque circunstancias especiales dan mayor realce á las labores 
ntelectuales que en su beneficio se efectúan. Tesoros de inagota- 



DE Geografía y Estadística. 27 

Vle riqaeza, tanto en el orden físico como en el moral, nos rodean 
por todas partes; pero tesoros ocultos, desconocidos de la miilti- 
tady que los huella inconsciente, y pasa adelante sin saber utili- 
zarlos para avanzar con paso seguro por la senda de la civilización; 
1I8Í es que el hombre que sacudiendo la indiferencia general con- 
sagra su vida & investigaciones trascendentales en alguno de los 
infinitos departamentos que constituyen el dominio de la ciencia, 
logra conquistar cierto número de verdades, sin tener en perspec- 
tiva más recompensa que las manifestaciones de una gratitud pos- 
tuma, merece, sin duda alguna, esa veneración particular que todos 
ios pueblos han tributado siempre al genio enaltecido con la reful- 
gente aureola del martirio. 

El conocimiento de la propia historia es quizás lo que más im- 
porta á las naciones, pues no es otra cosa que la aplicación colec- 
tiva de la máxima más elevada de la antigua filosofía: Conócete 
Á ti mismo. Ese conocimiento, constituido por la experiencia acu- 
mulada, y suficientemente discernida durante el curso de muchas 
generaciones, es no sólo un juicio del pasado, sino una norma del 
presente y un preservativo del porvenir. Los sucesos prósi)eros 6 
adversos allí contenidos; las éj^ocas de gloria y decadencia, de pros- 
peridad y abatimiento, muestran con la elocuencia severa de los 
hechos mismos, preciosas ensefiíinzas que con na<la pueden suplir- 
se; porque en el estudio del mundo real hay que fuudar el conoci- 
miento del mundo real. 

Desgraciadamente ninguno de los ramos del saber humano es 
tal vez más accesible al error que la historia. La esencia inagota- 
ble de los hechos, su complexidad infinita, desafían al más acucio- 
so análisis; el obser va<lor más imparcial es impotente para contem- 
plar cara á cara la realidad pura. No es su espíritu la placa incons- 
ciente del daguerreotipo, que reproduce con fidelidíid automática 
la imagen del objeto que se le presenta; sino que semejante á la 
abeja elabora los elementos que recoge para darles con su propia 
sustancia nueva forma; es, en suma, el sor inteligente que identi- 
fica con el objeto observado sus estados do conciencia i)ara con- 
vertirlos en seguida, por una acción refleja, en materia do su juicio. 

De aquí proceden las diversas corrientes de ideas que dan ori- 
gen á las diversas escuelas históricas. El filósofo es incapaz de sus- 
traerse á las multiplicadas influencian del medio que le rodea. Bajo 



2S SooiKDAD Mexicana 

las tranquilas esferas cu que reina la razón eomo soberana, existen 
fibras delicadísimas que se agitan al más leve contacto, y cuyas 
vibraciones van á perturbar el silencio de la meditación científica. 
La pasión toma entonces el carácter de celo por la verdad; la idea 
se reviste coa los colores que la sensibilidad le prest£^ la fantasía 
da vida y movimiento á la imagen así informada, y la palabra ter- 
mina por vaciar en molde fijo la creación artística*, que pasa en se- 
guida á ocu[)ar su sitio en la inacabable galería de la historia. 

{ Deduciremos de aquí la imposibilidad absoluta de producir una 
obra histórica fidedigna? 4 Daremos cabida á la^s frías sugestiones 
del escepticismo para establecer con un célebre escritor que la his- 
* toria no es más que el arte de escoger entre varias cosas falsas la 
que más se parece á la verdad f De ninguna manera. Lo que sí pue- 
de decúrse es que no se debe exigir de la historia más de lo que la 
historia i)uede dar 5 que el intento de eliminar ó de suprimir la in- 
dividualidad del historiador, envuelve una imposibilidad psicoló- 
gica; y que el punto á que debe aspirarse es armonizar de tal modo 
él hecho con la idea, que de su concordancia resulte la unidad su- 
perior do la verdadera historia. 

Pero ¿es esto posible? Creo que sí, y pocas palabras nie 

bastarán para fundar mi pensamiento. Los hechos que íbnnan el 
cuerpo de la historia, no son entidades concretas que poseen por 
sí mismas valor efectivo; sino fenómenos, cuya significación real 
no puede comprenderse sino relacionándolos con los pueblos que 
los producen, y que á su vez son instrumentos de las ideas y de los 
sentimientos que los mueven. Estas ideas y estos sentimientos son 
pues, en último análisis, la verdad sustancial de la historia; y pe- 
netrar en ella, identificarse con ella, es á lo que viene á reducirse 
la solución del problema. Así es que vivir con la vida del pueblo 
cuya historia se narra; reunir en el corazón y en la inteligencia, 
como en doble foco, los sentimientos, las aspiraciones, las ideas 
qae agitan á las sociedades al través del tiempo, hé aquí la con- 
dición fundamental para desempeñar debidamente tarea tan difí- 
cil; porque es tanto como colocarse en lugar de los personajes del 
gran drama para dar á los hechos la significación adecuada con el 
principio de que proceden; y entonces la obra del filósofo se simpli- 
fioa sobremanera; pues para interpretar, para juzgar los hechos, es 
preciso comenzar por comprenderlos en su causa. 



DE Geografía y Estadística. 29 

Estas observaciones me han parecido necesarias para valorar en 
«uanto me sea posible el mérito de los traba jos llevados á cabo por 
el Sr. Orozco y Berra; por ese eminente mexicano, cuyo nombre 
»e pronuncia con respeto por propios y extraños. La ilustración 
de las personas que me escuchan, me exime de entrar en porme- 
nores biográficos y bibliográficos que les son perfectamente co- 
nocidos^ y paso desde luego á trazar en el estrecho círculo en que 
debo circunscribirme, los caracteres que en mi concci)to forman la 
originalidad del escritor cuya memoria celebramos esta noche. 

La historia de México presenta tres épocas del todo distintas, 
que la dividen naturalmente en otros tantos períodos : la época an- 
tigua, la media y la moderna, ligadas entre sí por dos períodos de 
transición : la conquista del siglo XVI, y la insurrección veriflcar 
da en principios del presente siglo. Copiosas son las relaciones 
que se han escrito, y más copiosos aún los documentos que exis- 
ten, publicados ó inéditos, relativos á esas épocas. El interés ex.- 
traordinario que provocó en los sabios el descubrimiento del Nuevo 
Mundo, se ha trasmitido hasta nuestros días, en que la persistente 
labor de una erudición infatigable, ensancha más y más el campo 
de sna investigaciones, procurando descifrar los problemas relati- 
vos al origen y al desenvolvimiento social de los x)ueblos antiguos. 
Esos pueblos, en lo que á nosotros concierne, no obstante las pér- 
didas irreparables ocasionadas por causas diferentes, contribuye- 
ron con un caudal riquísimo de todo género de monumentos, que 
han ofrecido preciosos temas de meditación y de estudio. Dignos 
de eterna loa son, por otra parte, los hombres que á raíz de la con- 
quista se consagraron á recoger cuidadosamente de labios de los 
vencidos, sus tradiciones, sus leyendas; que redujeron sus lenguas 
á sistemas gramaticales; que descifraron sus jeroglíficos, y que 
no perdonaron esfuerzos para damos cabal idea de sus creencias 
religiosas, de sus conocimientos científicos y artísticos, de sus cos- 
tumbres, etc., etc. 

La materia, sin embargo, era tan vasta, que no fué posible abar- 
carla en BU totalidad : obstáculos de varía índole propios del tiempo 
dificultaban además las publicaciones, y de ahí que gran número 
de Importantísimos trabajos hubiesen permanecido inéditos hasta 
nuestros días, sin contar los que, menos afortunados, perecieron 
por la incuria de sus poseedores. Así es que la ciencia moderna 



30 Sociedad Mexicana 

ha tenido que emprender un doble trabajo de erudición y de re- 
construcción ; pues á la vez que escudrina arcbivos y bibliotecaa 
para desenterrar del polvo del olvido curiosos manuscritos y dar- 
los á la estampa; y emprende exploraciones arqueológicas para 
examinar atentamente las grandiosas ruinas de antiguos edificios; 
y busca en el seno de la tierra objetos que depongan como testigos 
fehacientes acerca del lugar que las generaciones pasadas ocupa- 
ban en la escala del movimiento humano, procura utilizar todos 
esos materiales que descubre y acumula, elaborando con ellos nue- 
vas obras en que aclara puntos oscuros y resuelve dificultades que 
parecían insuperables. 

Servicios de valor inapreciable en uno y en otro sentido prestó 
el Sr. Orozco y Berra; y ya que no es de este lugar hacer la enu- 
meración de sus obras, sí diré que la multitud de sus artículos pu- 
blicados en diversos periódicos, en memorias de Estado, y en el 
apéndice al Diccionario universal de Historia y Geografía, forman 
otros tantos capítulos de ese inmenso conjunto histórico, que com- 
prende así el territorio como las razas, las lenguas, los mitos, laa 
tradiciones ; preciosas monografías en que hay mucho que apren- 
der, pues en ellas se conquista siempre alguna verdad ó se des- 
truye algún error. Unas veces, como en la Noticia histórica de la 
conjuración del Marqués del VallCy nos da la verdadera significa- 
ción de sucesos notables por su trascendencia social 3' política; 
otras, como en la Geografía de las lenguas y Carta Etnográfica de 
México, abre nuevas sendas á la filología con su clasificación lin- 
güística, y arroja no escasa luz sobre las inmigraciones de las tri- 
bus indígenas. Ya ilustra la numismática y la estadística con sus 
estudios sobre la moneda, la i)oblación y las divisiones eclesiásti- 
cas de la Bepública ; ya logra arrancar recónditos secretos á la lo- 
gografía con sus ensayos de descifración geroglífica; ya consigue 
destruir las dificultades que las diferencias entre los historiadorea 
primitivos ofrecían para la coordinación de los hechos, con su no- 
table Estudio de cronología mexicana; ya hace comprensible el 
texto de antiguos cronistas, mediante notas y comentarios que á 
la par revelan profunda instrucción y recto criterio; y ya por últi- 
mo, comunica nuevo impulso á la geografía del país, dando idea de 
las divisiones territoriales desde el tiempo de la dominación espa- 
ñola hasta nuestros días; fijando las posiciones y alturas de varios 



DE Geografía y Estadística. 31 

puntos sobre el nivel úel mar, y escribiendo la célebre Memoria 
para la Carta hidrográfica del Valle; la historia de I-a geografía en 
Méxiooy y los Materiales para una Cartografía mexicana^ obra de 
altísimo empeño, en que se registran más de 3,400 cartas genera- 
les, particulares, eclesiásticas, etc. 

Síntesis de sus largos y profundos estudios sobre las cosas de 
México fué la Historia antigua de la conquistaj en que abarcó, por 
decirlo asf, cuanto hasta su tiempo podía saberse de seguro acerca 
del modo de ser social, religioso y político de los diversos pueblos 
que ocupaban nuestro territorio, antes de que fuese sometido ala 
dominación española. Abundantísimos fueron los materiales que 
tuvo á su disposición para llevar á cabo obra tan imi)ortant<e; pero 
esa misma abundancia dificultábala empresa, pues en medio de tal 
copia de documentos babía que proceder á un trabajo de selección 
prudente y rigurosa, para fijar con exactitud los hechos y resolver 
acertadamente las cuestiones que han dividido á nuestros primi- 
tivos historiadores. Ya en el siglo pasado, el sabio Clavijero había 
emprendido un ensayo de crítica, con el fin de determinar el pues- 
to que de justicia merece cada uno de los escritores que nos tras- 
mitieron el fruto de sus investigaciones históricas. Más afortuna- 
do nuestro Orozco y Berra, pudo proceder con mejor éxito, no sólo 
porque tuvo á su disposición todo lo que de un siglo acá ha pro- 
ducido la erudición moderna, sino porque su espíritu al recorrer 
una esfera mucho más extensa, se sintió con plena libertad para 
emitir sus juicios, sin miedo á las trabas que contuvieron en estre- 
ehos límites al ilustre jesnita. 

Había, sin embargo, una cosa que le mantenía en continua re- 
serva, y era esa timidez, esa desconfianza de sí mismo, que carac- 
teriza al escritor concienzudo y en que estriba su principal mérito, 
pues al sentir la magnitud del peso que ha echado sobre sus hom- 
bros, fiaquean sus fuetizas, y se previene contra toda sugestión 
personal, como tentación peligrosa capaz de desviarle de la recta 
vía que se propone seguir. Cuál haya sido esa vía, él mismo lo de- 
clara con su genial modestia, cuando refiriéndose á los historiado- 
res que le precedieron, dice: cr Generalmente hablando, divídense 
éstos en dos opuestas banderías. Los unos, preocupados por el 
amor de raza, por el respeto á la religión, por la diferencia de prin- 
cipios civilizadores, y urgidos por los tiempos en que vivían, ven 



32 Sociedad Mbxioána 

con la lu/. lie sus ojos preocupadlos los datantes objetos, y en su 
jaicio apsu^iouado desaparecen los indios por inútiles y bárbaros, 
llenando por completo el cuadro las robustas figuras do los caste- 
llanos. Las otros, igualmente descaminados por la influencia de los 
tiempos y de las ideas mmliíicadas, bacen ostentoso alarde de pa- 
triotismo y de filosofía, sublimando más de lo merecido á los indí- 
genas y derribando de sus pedestales á los españoles. Entrambos 
Juicios me parecen erróneos, por tocar en lo absoluto. Apartándo- 
me de estos extremos, he procurado buscar la verdad y la justicia: 
acaso yo también incurra en la censura porque me preocupe en fa- 
vor de persona, hecho ó idea, que ningún hombre puede alcanzar 
la perfección en la rectitud del juicio y lo inflexible de la voluntad 
para ser imparcial.» Hé aquí al filósofo, que siguiendo el consejo 
de Bacon, pone á su razón plomo en vez de alas para mantenerse 
cuanto es posible cerca de la realidad, y no remontarse á los espa- 
cios imaginarios, de donde baja en seguida para dar sus propias 
lucubraciones como frutos sazonados de la investigación cientí- 
fica. 

En el pasaje citado señala el Sr. Orozco y Berra de una manera 
clara y sencilla los obstáculos que embarazan los pasos del histo- 
riador de México. 4 Qué más lejos de nuestras idetts y de nuestras 
costumbres que las costumbres y las ideas de los antiguos pobla- 
dores del AnáhuacT ¿Qué hecho más depurado, más analizado y 
menos ligado con intereses y pasiones actuales que la conquistat 
Parecería pues que esas épocas, esos acontecimientos quedan^ 
exclusivamente bajo el dominio de la especulación filosófica, sin 
que nada fuese á turbar las olímpicas labores de una razón serena. 
No es así, sin embargo. Y esto se comprende. La historia de un 
pueblo puede dividirse en períodos perfectamente distintos ; pero 
esa división no significa solución de continuidad en la vida del 
mismo pueblo. La sociedad actual tiene sus raíces más allá toda- 
vía que en la dominación española; el orden de cosas creado por 
ésta dio origen á un conflicto, que hasta nosotros se extiende, con 
el orden de cosas que existía antes de la conquista. Las manifes- 
taciones han cambiado de forma; la polémica se ha elevado; el 
teatro de los debates se ha engrandecido ; pero b1 conflicto subsiste^ 
y por consiguiente las pasiones que su energía despierta. 

La mayor ó menor estimación del grado de adelantamiento en 



DE Geogbai?ía y Estadística. 33 

que se hallaban las naciones antiguas, disminuye ó aumenta el va- 
lor moral de la conquista; y el juicio favorable ó adverso que se 
forme sobre el régimen colonial, rebaja ó enaltece la obra de la in- 
surrección, y por ende los sucesos posteriores á la independencia. 
Esto explica el acaloramiento que suscita la discusión sobre cual- 
quier punto do nuestra historia. Los pueblos, por otra parte, son 
más sensibles al mal que al bien, y propenden á concretar en de- 
terminadas instituciones ó en determinadas clases el origen de 
infortunios que han dejado en su memoria dolorosas huellas. Obe- 
deciendo los sentimientos á la ley del contagio, la posición subor- 
dinada á que quedaron reducidos los hijos de los dominadores, 
creó un lazo de simpatía con las razas dominadas, y esa simpatía 
fué el resorte más poderoso de la revolución que colocó á México 
en la categoría de las naciones soberanas. Verificada la indepen- 
dencia, rotos los lazos políticos que nos ligaban con la Europa, 
los reseutimientos subsistieron, y pasaron á las nuevas generacio- 
nes como un legado que la acción del tiempo ha podido adormecer 
apenas; mientras que los descendientes de los antiguos señores 
del país recuerdan las hazañas de sus antepasados con un legí- 
timo orgullo que los consuela en la^ adversidades del presente. 
De aquí esa dualidad histórica á que se refiere el Sr. Orozoo y 
Berra. 

Ahora bien, 4 pudo nuestro historiador, no obstante sus temores, 
realizar el noble pensamiento que guiaba su pluma? En mi con- 
cepto sí. Hablando en términos generales, el mexicano actual reú- 
ne en feliz consorcio los elementos necesarios para salir airoso de 
tan ardua empresa. En él se sintetizan, por contradictorio que pa- 
rezca, los sentimientos, las pasiones, los goces y las amarguras 
de conquistadores y conquistados. Ante la vista tiene el espec- 
táculo permanente de los segundos; en ellos puede estudiar, y lo 
que es más, sentir las huellas indelebles de la conquista: ellos 
muestran, en medio de su miseria, aquella raza dulce, paciente, 
reaignada, que inspiró el infinito amor con que la amaron un Las 
Casas, un Zumárraga, un Palafox y un Mendoza. Ellos conservan 
la armoniosa lengua de sus. abuelos, y mantienen el culto de sus 
«mtaguos mitos envueltos en el poético velo de las creencias cris- 
tianas. La simpatía que infunde su suerte desgraciada, realza el 

sentimiento de su grandeza desvanecida. Se admiran las hazañas 

6 



34 Sociedad ^íexicana 

de aquel pueblo azteca, guiado por guerreros de la talla de Abuit- 
£0tl y de Motecuhzoina lUiuicamina, y se siente pasmo y orgullo 
ante el valor desplegado por Cuitláhnac, en la célebre Noche tris- 
te, y ante el heroísmo con que Cuauhtenioc y los suyos defendie- 
ron palmo á palmo la ciudad santa de Uuitzilopoclitli. Más to<la* 
vía: aquella civilización, que pudo producir monumentos, como 
los que contempla la mirada estupefacta del arqueólogo; que en 
el orden industrial había realizado verdaderas maravillas, deja 
atónito al filósofo con las altas concepciones de la moral conteni- 
da en los HuehuetlatoUi, y con el majestuoso vuelo del águila de 
Texcoco, del rey poeta Netzahualcóyotl. 

4 Cómo no deplorar que raza tan inteligente y tan valerosa fue- 
ra bruscamente detenida en su desenvolvimiento histórico por la 
férrea mano del conquistador, despojándola de todo lo que cons- 
tituía la vida del cuerpo y del espíritu para someterla á un pesado 
yugo que sofocaría enteramente sus aspiraciones y tendencias? .. . 
Pero el tiempo ha pasado ; la metamorfosis ha sido completa ; la 
civilización trasplantada de allende los mares ha echado raíces 
profundísimas: respiramos una atmósfera de ideas que nos ponen 
en contacto con las naciones más avanzadas de la tierra, y habla- 
mos una lengua que nos permite familiarizarnos con las más en- 
cumbradas producciones del genio humano. A la anarquía que 
ensangrentaba nuestro suelo por la lucha constante de tribus hos- 
tiles, ha sucedido una nación compacta, que colabora en la obra 
gigantesca do nuestro siglo; y nosotros formamos parte de esa 
nación; y no nos es posible echar cu olvido los robustos brazos 
que zanjaron sus cimientos, ni sustraernos á la admiración que 
impono el prestigio do que so presentan rodeados los autores de 

la obra más estupenda que registran los anales del mundo 

En resumen, señores; el mexicano es el único que posee la clave 
de nuestra historia; porque lleva en su alma los gérmenes que in* 
forman la sociedad en que vive; porque nadie como él puede pe- 
netrar en las ideas y sentimientos de conquistados y conquista- 
dores, ni dar á los hechos su geuuiua signiücnclóu, ni presentar- 
los en consecuencia con su verdadero .colorido. 

Pero si esto es cierto en el orden especulativo, gravísimas son las 
dificultados con quo so tropieza en el terreno de la práctica. No & 
todos es dado poner paz entre los elementos opuestos que comba- 



DE Geografía y Estadística. 35 

ten eu su espíritu, ni guardar el equilibrio que aconseja una razón 
exenta de preocupaciones, ni mantener igual la balanza para pe- 
sar con serenidad filosófica los méritos y deméritos de los diversos 
agentes que se mueven en la escena, y que exigen el ser copiados 
é interpretados con inspiración de artista. 

Pues bien, Orozco y Berra ba realizado este ideal, que le coloca 
en una región aparte y superior sobre los que antes de él empren- 
dieron narrar nuestra antigua historia. £l ama al indio con cariüo 
entrañable, se extasía ante el espectáculo de sus pasadas glorias: 
provisto do todas las armas que le proporciona la crítica moderna^ 
basca, escudriña, rastrea con el entusiasmo de un alma apasiona- 
da, cuant'O puede poner de relieve aquella civilización misteriosa 
f extraordinaria, que ofrece un conjunto de pasmosa originalidad. 
Pero Orozco y Berra vive en el siglo XIX, siente hondamente sus 
aspiraciones, alienta sus esperanzas, vive con la fe que anima ese 
movimiento, y á la vez que comparte su admiración entre el azteca 
y el castellano, que se disputan con igual bizarría la codiciada pre- 
sa, riega con las lágrimas del vencido los laureles del vencedor; y 
vuelve su mirada, húmeda de emoción y de ternura, al pobre mi- 
sionero, que abriga y protege bajo su tosco manto á la prole in- 
feliz, en cuya alma deposita las semillas de la libertad y del pro- 
greso. 

El conocimiento que tenéis de esa historia hace innecesario 
señalar las pruebas que apoyan mi aserto; sin embargo, hay un 
punto que resumo todo el pensamiento del autor, y que no debo 
por lo mismo pasar en silencio, tanto más, cuanto que forma el te- 
ma de frecuentes y enojosos debates, en que á menudo toman las 
pasiones el lagar reservado sólo á la razón. Al dar la última pin- 
celada en el vasto cuadro que comprende su obra; después de po- 
ner anteaos ojos del lector todos los datos para qae pueda formar 
cabal idea acerca de los sucesos que ha referido, formula el Sr. 
Orozco y Berra esta grave cuestión: «El inmenso cúmulo de des- 
dichas sufridas por los pueblos de América, ^ trajo algún provecho 
liara la civilizaciónf » Y colocándose á la altura que el asunto re- 
qaiere; echando una ojeada sobre los resultados efectivos de aquel 
acontecimiento memorable, se apresura á contestar afirmativamen- 
te. Desde luego, el descubrimiento de la América duplicó el mun- 
do, fundiendo en una sola turquesa las dos grandes fracciones en 



36 Sociedad Mexicana 

que se hallaba dividida la humanidacl, y obligándola á se^iir el 
mismo camino hacia la perfección indeñnida. La irrupción de los 
pueblos del Norte, que ocasionó el desmembramiento y caida del 
Imperio Romano, dio origen & las poderosas naciones mmlernas; 
la invasión europea en América i)U80 término al caos que reinaba 
entre la multitud de pueblos, muchos de ellos en estado salvaje, 
haciendo que brotasen las naciones del Nuevo Mundo. «La reli- 
gión es un principio civilizador por excelencia. La moral azteca 
bien merecía la calificación de adelantada v buena: mas iba ber- 
manada con negras supersticiones £1 culto era verdadera- 
mente horrendo; pedía sangre continuamente derramada 

cualquiera de las religiones en que se suprime tal barbarie, es más 
humana y aceptable que ésta. Borrarla de la faz de la tierra fué 
un inmenso beneficio; sustituirla con el cristianismo, fué avanzar 
una inmensa distancia en el camino de la civilización.» No ha fal- 
tado quien haya supuesto, que el catolicismo unido con la Iuquisi> 
ción, equivalía al culto azteca; pero sin tener en cuenta que los 
indígenas estuvieron exentos de la jurisdicción del Santo Oficio, 
lo falso de aquella aserción salta á la vista^ al considerar que «la 
Inquisición fué un accesorio pegadizo y extraño al catolicismo, » 
mientras que <rla víctima humana constituía la esencia del ritual 
azteca. » En otro orden de ideas, la sustitución de la escritura alfa- 
bética á la jeroglífica; el conocimiento de la aplicaeión del hierro 
á la industria; la introducción de animales útiles aquí desconoci- 
dos; de plantas altamente benéficas para la alimentación y los usos 
febriles; en suma, todos los elementos que constituyen la base de 
una civilización avanzada, sugieren á Orozco y Berra esta obser- 
vaeión con la cual concluye su obra monumental: «La conquista 
trajo bienes para el adelanto progresivo de la humanidad. » 

Al ver la extensión y diversidad de materias que abarcan los nu- 
merosos trabíijos de aquel ilustre escritor; el inmenso caudal de 
erudición que en ellos campea, ocurre preguntar cuáles fueron las 
fuentes en que pudo beber con tanto acierto, á la vez que surge la 
suposición de que exigiendo esta clase de estudios un ánimo per- 
fectamente tranquilo, debió disfrutar de posición bastante desaho- 
gada que le pusiese á salvo de esos cuidados con que tiene que bre- 
gar diariament«e el hombre que carece de bienes de fortuna, para 
it^tender á las más urgentes necesidades de la vida. Respecto de lo 



DE Geografía y Estadística. 37 

primero^ él mismo nos indica con la ^atitud que rebosaba de su 
alma generosa, la franqueza laudable con que distinguidos litera- 
tos cuya amistad cultivaba, le facilitaron multitud de datos y do- 
cumentos preciosisimos, que supo aprovecbar en sus largas vigi- 
lias. En cuanto á lo segundo .... ¡ Ah! señores, el corazón se oprime 
al x>ensar que aquel hombre tan bueno, tan inteligente, tan laborío* 
8o, vivió casi siempre bajo el peso de la amargura á que el destino 
condena á sus desheredados. Él mismo, en un arranque de dolorosa 
expansión, dice, refiriéndose & la Geografía de las lenguas^ y á su 
separación del Ministerío después del año de 1857: «En los días 
amargos que sobrevinieron, tomé por remedio contra las tediosas 
horas que tenía que atravesar, hice un recurso para ahogar los pe- 
nosos sentimientos de que era presa, el rehacer mi trabajo, y estu* 
diar asiduamente para comi)letarlo. De continuo estaba reducido 
á Tina triste alternativa: si tenía pan no tenía tiempo; si sobraba 
él tiempo carecía de pan. Luchando contra esta terrible contradic- 
ción: bregando contra mis sentimientos íntimos por la muerte de 
mis hijas, proseguí, sin embargo, la tarea que me había impuesto, 
con la tenacidad febril de la desesperación. » 

Tristísimas reflexiones siiscitan esas palabras, cuando vemos en 
ellas la expresión de una verdad que todos palpamos j porque con- 
cretan la situación que en México guarda el x)ensador que, sin re- 
cargos propios, consagra su existencia á dar lustre á la patria en 
él exterior; á coadyuvar eficazmente en la obra colectiva del mejo- 
ramiento social. Orozco y Berra pertenece al número de esos obre- 
ros infatigables para quienes el dolor y la miseria son aguijones 
qne estimulan en el cumplimiento de los altos deberes que se han 
impuesto, lejos de sucumbir al rigor de una carga que doblega sus 
hombros. Sunombrefigura en el extenso martirologio de esas vícti- 
mas de la ciencia, cuya gloria mal encubre las lágrimas derramadas 
¿n el silencio de un hogar donde no habita la abundancia. 

Sin esperanza de sacar algún fruto de su grande obra, ni aun si- 
quiera de satisfacer el deseo de darla á la estampa, seguía, y seguía 
ffin descanso por el camino que con tan heroica decisión había em- 
prendido. Pero llegó un día en que el Gobierno fijara su atención 
en el sabio que se había encerrado en un completo retraimiento, y 
le ofreciese los medios para que se i mprimiese el libro, que tanta luz 
vendría á derramar sobre nuestra historia. Imposible sería pintar 



38 Sociedad Mexicana 

el júbilo quo llenó Bn alma, al ver que iba & realizarse el sueño m&s 
bello (le su vida; júbilo que se desborda en elocuentes efusiones de 
gratitud hacia todas las personas que de algúnmodo contribuyeron 
(i suceso tan plausible para las letras mexicanas. La impresión co- 
menzó; se concluyó el primer tomo; pero.... las fuerzas del atleta 
estaban agotadas ; el implacable destino no permitió que disfrntaao 
la satisfacción inocente de ver terminada la edición, y como una lux 
que se extingue por falta de pábulo, se entregó en los brazos de la 
muerte con esa dulce tranquilidad que acompaña los últimos mo- 
mentos del hombre justo. 

Este doloroso acontecimiento, que consternó á la llepública en- 
tera, y especialmente á los que habíamos conocido de cerca el te- 
soro de virtudes de que estaba adornado aquel sabio, que si mucho 
valía por su inteligencia, más valía tal vez por su corazón; este 
acontecimiento, repito, vino á sorprenderle en isleña actividad| 
pues no obstante lo delicado de su salud, no dio tregua un solo 
día á su ocupación favorita, única que con los placeres de la fa- 
milia formaba el encanto de su modesta vida. No satisfecho con 
haber dado cima á la Historia antigua y déla conquista de México^ 
había emprendido rehacer la historia de la dominación española^ 
en que trabajó años antes, y de seguro habría sido digna continua- 
ción de la primera, á juzgar por la considerable extensión dada á 
los pocos años que comprende lo que dejó escrito. Este y otros tra- 
bajos inéditos que de él quedaron, reclaman la publicación ; porque 
nada liay que desperdiciar en las producciones de escritores como 
Orozco y Berra, pues aun en sus más insignificantes opúsculos se 
encuentra siempre algún pensamiento nuevo, alguna idea feliz do 
que poder sacar positivo provecho. 

Mi estudio sería incompleto, si no añadiera algunas palabras 
acerca del carácter de nuestro insigne historiador. Las dotes que 
como hombre privado poseía, le hacían amar de cuantos le rodea- 
ban, pues en él veían el aeabado modelo del esposo, del i>adre y del 
amigo. De una conducta irreprensible, de una honradez nunca 
desmentida, no conoció más norma que la del deber, ni escuchó 
más consejo que el de su rectii conciencia. Con un espíritu libe- 
ral y expansivo, hallábase dispuesto á hacer partícipe de su saber 
á todo el que lo solicitaba ; á tomar parte de la manera más desin- 
teresada, en toda obra que tuviera por objeto la difusión de cono- 



DE GEOaEAFÍA. Y ESTADÍSTICA. 39 

cimientos útiles. La rectitud de sus ideas, el gran valor que daba 
al conocimiento de la verdad, la honda convicción de lo fácil que es 
ala razón el extraviarse, exageraban la desconfianza en sus fuer- 
zas, y lejos de interesar el amor pro2)io en la defensa de determina- 
das opiniones, buscaba siempre el consejo de los demás, aun cuando 
no todos poseyesen las cualidades bastantes para rectificar ó ilus- 
trar su criterio. 

Nunca consideró sus trabnjos como definitivamente terminados, 
pues ninguno satisfacía el ide>al de perfección que llevaba en su 
mente. Después de haber meditado tanto en su grande obra; des- 
pués do haber apurado por decirlo así el asunto, dudaba todavía, 
y consultaba á las personas que le inspiraban confianza, para quo 
le señalasen las faltas que hubiese cometido. «A medida que los 
pliegos eran tirados, dice en la introducción, he repartido unos 
pocos á ciertos amigos míos, entre otros objetos para que me die- 
ran de nuevo su opinión, que ya les tenía pedida, y me indicasen 
los errores en que incurriera, para subsanarlos en la mejor forma 
posible y en su oportunidad. » Y más adelante termina con estas 
palabras qne cifran su mayor elogio: «Sin falsa modestia, me preo- 
cupa seriamente, tengo miedo del juicio que el lector sensato forme 
de la obra. Sé que el hombre, aun el mejor dotado por la Providen- 
cia, es trunco é imperfecto, y sujeto por lo mismo al error; los más 
acabados productos del ingenio x)resentan lunares y defectos; no 
siempre atina el juicio á encontrar la verdad, aun cuando lo in- 
tente con ánimo recto. ¿Qué será de mí, entregado á mis propias 
fuerzas, más imperfecto y trunco que los demás? Buena fe, estu- 
dio y trabajo me reconocerá el lector, y si el libro no es bueno, lo 
perdonará siquiera en amor de la recta intención.» 

Al concluir, señores, veo con sentimiento que mi desaliñado dis- 
curso está muy distante) de corresponder á la importancia de su ob- 
jeto. T esto es natural: para trazar, siquiera sea á grandes rasgos, 
la figura moral y literaria de Orozco y Berra, necesítase de una ma- 
BO más vigorosa y de una pluma menos cansada que la mía. Tra- 
tábase, empero, de obsequiar la designación de una Sociedad res- 
petabilísima; de rendir homenaje á la memoria do un hombre á 
quien amé como amigo y veneré como á sabio, y no podía rehu- 
sarme á hacer oir mi débil voz en este recinto que guarda los ecos 
de aquella palabra autorizada, que tantas veces resonó en discu^ 



40 Sociedad Mexicana 

8Íones de la mayor importancia. Séame lícito, por lo mismo, el dar 
las gracias & la Sociedad de Geografía y Estadística por 1 a distinción 
con que me honró para que la representase en la tribuna^ esta no- 
che que tantos y tan gratos recuerdos despierta en los que amamos 
con amor acendrado las glorias de la patria, terminar imitando las 
palabras de nuestro inmortal historiador antes citadas: buena fe, 
estadio y trabajo me recomiendan á la indulgencia de mi auditorio; 
pues si el discurso no es bueno, lo perdonará siquiera en gracia del 
amor y de la rect>a intención con que ha sido escrito. 

DISCURSO 

Pronunciado en fiambre de la Sm-v^dad Cientíjica "Antonio Ahate,** por su socio 

de númcio I>. JESÜS GALINDO Y VILLA, 

Señor Presidente: Señores: 

Las circunstancias excepcionales que concurren en este acto so- 
lemnísimo, unidas (i mi incapacidad, me hacen no acierte cómo 
pueda dar cumplimiento á la distinguida encomienda que la So- 
ciedad Gientíñca c( Antonio Álzate,» en cuyo seno con honra in- 
mensa me cuento, se sirvió confiarme para representarla por me- 
dio de la palabra en esta noche. 

Mal podría, señores, intent^ir relataros la vida, aunque fuese en 
compendio, de nuestro esclarecido compatriota el Sr. Ingeniero y 
Lie. D. Manuel Orozco y Berra, una vez que en la alocución oficial 
se sintetizan ya las virtudes del hombre integérrimo, laa obras del 
sabio historiador y anticuario, y la gloria que goza quien ha sida 
premiado con la envidiable corona de perpetuos recuerdos. 

Desconfiando de nuestro cometido, quizá no nos quede ni el re- 
curso de traer á la memoria los méritos de quien motiva la presente 
velada; porque al corresponder las doctas corporaciones científicas 
y literarias de México á la respetable invitación de la Sociedad Me- 
xicana de Geografía y Estadística, han nombrado de su seno para 
que lleven hoy la palabra, A sus más elegantes y acabados oradores» 

¡Perdón, señores, si mis frases, aunque pronunciadas con la con- 
fianza de la sinceridad, no corresponden á la categoría de las muy 
brillantes que componen la corona literaria que hoy ofrecen nues> 
tras Sociedades en consorcio fraternal á una gloria patria! 



DE Geografía y Estadística. 41 



« 
« • 



Dendoras obligadísimas, como Dinguua otra ciencia, lo son al 
Sr. Orozco y Berra, la Geografía, la Historia y la Arqueología; sus 
amigas predilectas á quienes consagró dilatadas vigilias. 

La carrera literaria de nuestro sabio se encuentra marcada en 
las huellas que dejó, ya en JUl Entreacto^ ya en El Porvenir j ó bien 
en Cito de tantos^ El Saínete^ El RenacimientOy El Artista y otros 
muchos periódicos, en los que el biógrafo encuentra cosecha opima 
de datos, para dar á conocer á sus lectores la erudición y maes- 
tría de nuestro entendido letrado. 

Más tarde, el Sr. Orozco y Berra, consagrado á profundos estu- 
dios, colaboró activamente en diversas publicaciones que forman 
la orla más rica de su gloria. 

Allí tenéis, seGores, entre otras muchas obras de nuestro autor, 
el célebre Diccionario Universal de Historia y Geografía, en el cual 
todos los artículos geográficos pertenecen á la pluma del Sr. Oroz- 
coy Berra. Junto con él escribieron eminencias como los señores 
Alamán, Lafragua, Ortega, Lacunza, García Icazbalceta y otros 
muchos. 

En los Anales del Museo Nacional dejó estudios completos como 
el del Gtiauhxicalli de Tizoe, uno aeerca de la Dedicación del Templo 
Mayor de México y otros varios, y desgraciadamente sin concluir 
él magnífico Ensayo de dcscif ración jeroglíficaj correspondiente al 
Oódüíe Mendocihoy publicado antes en la suntuosa obra de Lord 
Kingsborough, Antiquities of México, 

(Qué podríamos decir, señores, de la diligencia del Sr. Orozco, 
IKJT coleccionar datos tan inapreciables como los reunidos en la Ko- 
ticia histórica de la Conjuración del Marqués del Valle y en la pre- 
dosa Memoria para él plano de la Ciudad de México? 

|Y qué de la Geografía de las Lenguas y Carta Etnográfica, así 
como de las diversas Memorias y obras que corren impresas y son 
manantial abundante de materias para el etnógrafo, el historiador 
y él anticnarioT 

]Nada, señores, nada nos es dado añadir; los biógrafos del se- 
ñor Orozco y Berra han dicho lo b<i8tante, haciendo más ó menos 
oircnnstanciadamente la disección de las obras de nuestro sabio; 
las han puesto en forma de catálogo, encomiando la importancia de 
éüas y encareciendo su adquisición. 



42 Sociedad Mexicana 

•c Torpe rcduudaiicia y ridicula vanidad — ha diclio un escritor — 
parecerá tal vez intentar liacer el elofrio del Sr. D. Manuel Orozco 
y Berra, después de la enunciación de sus obras y trabajos; por- 
que bien se ve que estos bastan para acreditarle de muy estudioso 
y entendido, de erudito y sagaz anticuario; de arqueólogo, histo- 
riador y literato diligente. » 

El Sr. Orozco insensiblemente comenzó tí levantarse un edificio 
por medio do sus escritos, para servir de justa admiración á la pos- 
teridad. Le dio las formas de un constructor helénico, adunando lo 
sólido á lo bello, y por último, trató de coronarlo. Penosa y dila- 
tada fué la conclusión, y cuando el sabio se disponía, lleno de ila- 
sioues, á ver terminada su creación, la niano del Cielo le quitó do 
este mundo para llevarlo á otro de ventura y paz. La cima de sus 
labores fué su Historia Antigua y de la Conquista de México^ cuya 
publicación fué costeada por la Kacióu. 

Nuestros antiguos cronistas colaboraron para la formación do 
esta obra; porque en ella se encuentra condensado cuanto dijeron 
Cortés y Sahagún, Torquemada y Duran, Motolinia, Ixtlilxóchitl, 
Herrera y los subsecuentes historiadores de Indias. 

El Sr. Orozco apenas vio dado ¿í la estampa el principio de su 
Historia^ corriendo la misma suerte que la Providencia quiso dar 
á los ilustres Dres. Eguiara y Beristain, con la impresión de sus 
respectivas Bibliotecas. 

La Historia del Sr. Orozco acibaró los últimos días de la vida 
del sabio; criticada por los que menos atienden á la sustancia y 
más á la forma, es, sin embargo de todo, la obra de consulta m&s 
apreciable; la que forma la estrella más esplendente que iuiuida 
de luz la figura venerable de nuestro insigne compatriota. 

Durante los muchos anos en que consagrando sus afanes al es- 
tudio, escribió el Sr. Orozco, nada pasó para él inadvertido, ni 
hubo historia, crónica ni manuscrito que no registrara, ni jero- 
glífico ó moimmento que dejara sin interpretar — como observa 
un entendido biógrafo. — Jamás aventuró nuestro sabio hipótesis 
sin fundamento, no dejándose arrebatar por el entusiasmo á quo 
frecuentemente orillan tos estudios arqueológicos. 

«Sabio anticuario, — escribía el Sr. D. Bafael Ángel de la Pena 
en las Memorias de la Academia Mexicana — profundo conocedor 
de nuestra historia y sumamente versado en la Etnografía, su pe- 



DE Geogeafía. y Estadística. 43 

ricia en la lengua náhuatl fué de grande ntilidad para declaríir y 
fijar la etimología de muchos nombres oriundos de aquella lenguay 
X>ertenecicntes á la Geografía, ó bien & la flora y fauna de México.» 

« « 

La erudición del Sr. Orozco le lia colocado en la línea de los sa- 
bios y entre las gloriáis de México. Al par de Clavijero, de nuestro 
Álzate, de Beristain, de D. José Fernando Ramírez, su «amigo ín- 
timo, y de tanto varón ilustre, bijos de nuestro sucio, el Sr. Orozco 
disfruta de perenne remembranza. 

La Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística, que contó 
á nuestro historiador entre sus miembros más distinguidos, cree 
hoy cumplir con un deber, celebrando la memoria de su socio, 
<M>nsagrándole un acto solemne que autorizan con su presencia 
los prohombres de la política, de las ciencias y las letras. 

La Sociedad Científica ((Antonio Álzate,» hónrase, por tanto, 
en venir á ofrecer mustia corona al eminente Ingeniero y Lie. D. 
Manuel Orozco y Berra. 

Mucho tendréis que oir, seiiores, en esta noche en loor del sabio; 
mucho, que nosotros hemos callado. 

Quizá nuestro discurso esté de más, pero al menos servirá para 
aumentar el concurso literario destinado á honrar la memoria de 
uno de los patriarcas de la Historia Nacional. 

La Patria ha envuelto en su pabellón hermoso al Sr. Orozco y 
Berra; ella se ha encargado de cuidárnoslo en su regazo; nosotroSi 
añores, estamos á nuestra vez encargados y obligados por el deber 
y el respeto, de mostrar su nombre inmaculado á nuestros póste- 
ros y decirles: — Ué aquí á quien debéis imitar como á hombre y 
<x>mo á sabio; sus ideas siempre estuvieron subordinadas á estos 
¿raudes principios: Dios, la patria y la familia. 

k la iDcmori I M sabíu oíoxicaiio .^laoucl Orozco y Berra. 

¡Canto al saber! Agítase mi labio 
De la mental labor en alabanza; 
Canto al ser pensador, al bueno, «al sabio, 
Que en noble lucha la victoria alcanza. 



44 Sociedad Mexicana 

No en la lid fratricida, que el agravio 
Enciende por do quier y la venganza; 
En la lid del talento, que fecnnda, 
De ondas de luz el Universo innnda. 
Cauto al asiduo geógrafo que llega 
A penetrar en el pasado oscuro, 

Y con la luz de la razón anega 
Ese pasado ignoto 6 inseguro. 

Sus obras ahí están, en las que lega 
De su intenso saber un rayo imro, 
Kayo que eterna claridad derrama 
Envolviendo (i su autor en rica fama. 
A ese ser superior no fué bastante 
Un ramo del saber; su inteligencia 
Como su decisión, era gigante 
Al perseguir de la verdad la ciencia. 
A nuevo estudio entregase anhelante 
Quedando vencedor sin resistencia, 

Y el Lábil ingeniero, ya estimado, 
Viste luego la toga del letrado. 

Ama á su patria, y con robusto aliento 
Para ella busca refulgente gloria, 
No en el marciíü y activo campamento 
Sino en las claras fuentes de la liistoria» 
El pasado de Anáhuac, el cimiento 
De lo real, venciendo la ilusoria 
Narración de la cuna mexicana, 
Su fácil pluma describió galana. 

Su mente soñadora, asaz inquieta, 
Va también al Parnaso, y en lo bello 
Inspirándose, brilla del poeta 
En su cantar magníñco destello. 
No se fatiga el pensador atleta; 
En todo obtiene del aplauso el sello, 

Y el triple nombre su saber conquista 
De historiador, filólogo y lingüista. 

Al e<50 de su voz, serena y grave, 
Las concurridas aulas se conmueven^ 



DE Geografía y Estadística. 45 

Porque él para enseñar tiene la clave 

Y la ciencia en su voz los demás bebeu. 
Este augusto reciuto fué la nave 
Gobernada por él, y se remueven 
Aquí gratos recuerdos si se evoca 

Su limpio nombre que lo excelso toca. 

Modesto en su saber, fué un ciudadano 
Modelo de virtudes, que abrigaba 
Hondo amor por el suelo mexicano 
En el que oscuro y pobre caminaba. 
No de riquezas el instinto vano 
En sus amantes hijos despertaba; 
Su princix)io, que todo lo concilia, 
Era éste: «Dios, la patria y la familia.» 

Ese fué Orozco y Berra: su memoria 
Gomo buenos y honrados respetemos; 
Su nombre, signo de esplendente gloria, 
De pie y rendidos pronunciar debemos. 
En él la base de la patria historia 
Con gratitud y admiración veremos, 

Y su saber fecundo y eminente 
Venerado será de gente en gente. 

Eduardo del Valle. 

DISCURSO 

Leído por el Profesor D. FRANCISCO PA TINO, representante 
de ¡a Sociedad Farmccéutica iíexicana. 

La Sociedad Farmacéutica me envía aqui para tributar un ho* 
■loiaje de respeto á la memoria de Manuel Orozco y Berra, uno 
de loB preclaros hijos de México. 

Señores: si algún consuelo puede caber á los que han atravesado 
el mondo entre el desdén de los que los rodean, es que, todavía más 
allá da la tamba, hay una voz que los aclame llamándolos bienhe- 
chores de la humanidad, y dignos hijos del país que los vio nacer. 

El sabio cuyos méritos recordamos en estos momentos, fué uno 
de esos hombres que tras luengas fatigas no obtuvo más que el 
olvido y la pobreza; bien es cierto que, en su noble afán por ras- 
(wlos vetos de la ignorancia, no aspiraba á otra cosa, y aquí por 



46 Sociedad Mexicana 

estas causas es justo decir, que nuestra sociedad aun no ha acor- 
dado á nuestros sabios los honores que merecen, ni durante el tras- 
curso do su vida, ni más allá de la tumba. 

Kos detenemos ante los hombres de espada; de los que se hacen 
célebres en medio á los combates y las sangrientas batallas, y de- 
jamos en el olvido & esos heroicos campeones de la humanidad, que 
en el silencio de su «rabinete pasan la vida luchando por arrancar 
á la ciencia sus importantes secretos. 

Yo creo que la misión del sabio, que su incesante tarea, que su 
sacrificio heroico, proviene de una especie de vocación que le lleva 
á olvidar hasta la ingratitud, para dar cima á sus tareas. Hé aquí 
por qué al Sr. Orozco y Berra le hayamos visto en las diversas épo- 
eiA de su vida, tranquilo y resignado en la pobreza, y sin que á su 
genio la patria agradecida, le tributara el condigno galardón. 

Nadie como él ha buscado con ardor en los archivos, en las tra- 
diciones, en las leyeudas, en las ruinas que por do quier se levan- 
tan en este país, acusando el paso de antiguas civilizaciones; nadie 
como Orozco y Berra ha leído en los jeroglíficos y los monolitos do 
nuestros aborígei^es, una historia que el tiempo pretendía envolver 
en el más oscuro misterio. 

En medio al escepticismo que nos domina, la tarea del arqueó- 
logo se semeja á un ca]»richo, á una extravagante fantasía, pero 
á fondo considerada, es la clave de los inventos del porvenir. 

Las naciones, la civilización, sufren en la historia constantes me- 
tamorfosis. Babilonia y Nínive, llegan al sinnmun de la grandeza 
y se derrumban dejando sólo escombros; Grecia y Eoma alcanzan 
el apogeo de las artes y de las ciencias, mas viene el cataclismo, y el 
cetro del saber pasa á otras manos, <le donde el tiempo lo arreba- 
tará para seguir esa sucesión de desastres y grandezas, de ruinas 
y palacios, de auroras y ocasos, que forman el fondo de donde se 
destaca la historia de la humanidad. 

¿Qué queda de la India y el Egipto! Fugaces recuerdos; ne- 
bulosas ideas; vestigios indescifrables que han hecho perder la 
huella do su cultura y civilización, y que no obstante forman la ba- 
se de las que hoy existen. 

Algo hay, señores, en esas evoluciones, como el grito terrible 
«I No pasarás de allí!» porque si la grandeza de la India hubiera 
venido sucediéudose, eslabonándose, progresando, (hasta dónde 



DE Geografía y Estadística. 47 

habría llegado el hombre? Por eso es necesario que á cada i)aso 
empiece la jornada, y hé aquí la tarea del arqueólogo, buscar entro 
las minas, interrogar al tiempo cuál fué la vida de los pueblos que 
nos han antecedido; arrebatarle su formidable guadaña obligán- 
dole á que pase dejándonos recuerdos de nuestros antepasados. 

La tarea del arqueólogo, repito, es la ciencia del pasado, tan im- 
portante como la ciencia del presente, y acaso sea la ciencia del 
porvenir. 

Orozco y Berra así lo comprendió; á su clara inteligencia no 
pudo esconderse que los pueblos que levantaron las pirámides de 
Teotihuacán y los alcázares de Mitla y el Palenque, no estaban 
por cierto sumidos en el abismo de la barbarie, y el arqneóloga 
consagró su vida á descifrar extraños jeroglíficos que encerraban 
la brillante época de su adelanto y sn progreso. 

Cuan difícil, cuan laborioso es este estudio, lo pueden testificar 
los que hoy se dedican á desentrañar los misterios del pasado, re- 
conociendo en nuestro sabio la sólida base del edificio sobre el que 
levautárase grandiosa nuestra Historia Antigua. 

Los trabajos de Orozco y Berra no son todavía bastante apre- 
ciados; casi sin elementos, emprendió una obra 'ciclópea, pero los 
qae le sncedan en su gran tarea,- se encontrarán al menos con los 
grandes elementos que el sabio cu^^a memoria honramos acumuló 
para bien de su patria. 

Es esta, señores, una imponente ceremonia; ella indica qne Mé- 
xico reconoce el talento, venera al genio, y premia al estudio ; y que 
los que pasen sn vida ilustrando á las ciencias, tendrán al menos 
la gratitud y resi>eto de sus conciudadanos. 

Sí, nada más justo, nada más meritorio; evoquemos las sombras 
de los hijos ¡lustres de la patria; ante ellas inclinémonos, señalán- 
dolas como un ejemplo á la generación que se levanta, para que 
^a, que encargada está de hacer olvidar á nuestra patria sus des» 
dichas, la eleve al pináculo de la grandeza. 



48 Sociedad Mexicana 

DISCUESO 

Pronunciado por el ¿V. Lie. />. AGUSTÍN VEIWÜGO, 

sefsor fuesidente de la república: 

Señores Presidente y demás miembros de la Sociedad 
DE Geografía y Estadística: 

Cábeme h\ grande lioiira de ser en esta importante sesión órgano 
humildísimo do los sentimientos de dolor y respeto de que partici- 
pan en el más alto grado las dos Corporaciones jurídicas de mayor 
mérito entre nosotros, las cuales, sin reparar en mi insignificante 
persona, jyeTO asociándome con dos de sus má^s distinguidos miem- 
broSy me han encomendado el grave encargo de venir á expresar 
ante vosotros toda la admiración y amor que les pertenecen hacia 
la figura inolvidable y querida del sabio historiador, miembro y 
muy digno compaQero vuestro, D. Manuel Orozco y Berra. 

¿ Qué se dy era, señores, que no valiera ingratitud y desdoro para 
la Academia jurídico-niexicana, correspondiente de la Beal de Ma- 
drid, y para la Sociedad de abogados de la capital de la Bepública, 
6i al honrar, como vosotros lo hacéis hoy, la memoria de uno de 
nuestros sabios más ilustres, ellas vieren con impasible indiferen- 
cia este solemne tributo otorgado por vuestra Sociedad, centro y 
hogar de las ciencias cu México, al maestro respetable, agobiado 
por largos días de continuos desvelos; al anciano muerto tras las 
prolongadísimas fatigas del estudio y cuyo legado de saber á nues- 
tra patria resulta de mérito tan inestimable y universal, que no ha- 
brá empresa científica entre nosotros, sobre todo si asume carácter 
nacional, que no lo tome en lo futuro por base, ni le utilice por ma- 
nera eficaz en todos sus trabajos é investigaciones! 

Justa es, pues, y cual muy pocas merecida esta vuestra fúnebre 
ceremonia en honor de quien consumió las fuerzas todas de la vida 
hasta enriquecer el panteón do la historia nacional con las más va- 
liosas y eruditas exposiciones sobre un pasado envuelto en densa 
oscuridad y de cuyo caos arrancó Orozco y Berra el orden y el co- 
lorido, la justicia y ejemplo, la claridad y la gloria en orden á su- 
cesos y hombres olvidados. 

Y ah, señores, ¡qué campo más dilatado y abstruso el de nues- 
tra Antigua Historial Ko era una aislada y reciente civilización 
la quo había que exponer y explicar, contando para ello con toda 



DE Geografía y Estadística. 49 

suerte de medios y coii el favor de numerosísimas y evidentes hue- 
llas, sino que se requería, tras las más porfiadas disputas y hasta 
desvarios, y sin dejarse influir por los mil precedentes originados, 
ya de superficiales observaciones, ya del ardiente celo de los parti- 
dos, remontarse á edades lejanísimas de nosotros, sorprender y 
aegxiir no pocas emigraciones de pueblos, cambios de dinastías^ 
fusiones á% unas con otras razas, conquistas y guerras sin cuento, 
civilizaciones, en fin, á cual más antagónicas, cuyos diversos ele- 
mentos ya parecían empujar aFobservador á la cuna del mundo, ya 
atraerlo por señales inequívocas del más puro espiritualismo cris- 
tiano, ora fijar sus miradas sobre los futuros destinos de pueblos 
por gran manera dotados de las mejores aptitudes para el pro- 
greso; ora, por último, obligarle á no desconocer la necesidad his- 
tórica de que un pasado moribundo fuese rejuvenecido por la virgen 
y nueva savia de las legiones conquistadoras. 

¡Cuánto trabajo, cuan perseverante investigación, qué finísimo 
discernimiento, qué tan segura imparcialidad no haya reclamado 
en quien lo llevó á cabo en la meritoria y laudable forma que vos- 
otros justamente reconocéis; ese grandioso é imponente programa! 
lo reconocerán todos aquellos, que aunque particularmente dedi- 
cados, como yo, á otra clase de estudios que los históricos, consi- 
deren, aparte, las casi invencibles dificultades de carácter moral 
que todavía suscita en México el simple intento de historiar nues- 
tro pasado, la gran suma de esfuerzos de todo género exigida por 
un trabajo intelectual cuyo primer mérito consiste, á no dudarlo, 
en el sacrificio de todo, aun de lo más agradable y querido, «n aras 
de la verdad, para elevar en su templo austero y majestuoso, la 
ofrenda pura de todos los conocimientos humanos, lo mismo las se- 
veras y profundas meditaciones elaboradas trabajosamente en la 
soledad del estudio, que las rientes y encantadoras gracias de las 
artes, sin consentir jamás dominio ni por las simpatías indomables 
de nuestro natural carácter, ni por los temores y deseos siempre 
excusables de censuras y recompensas. 

Y tal fué, señores, Orozco y Berra. Siempre sereno y superior, 
siempre impasible y grave, pareció levantarse sobre la historia mis- 
ma. En vano se buscarán en sus obras esos ocultos designios sin cu- 
yo calor se antajan como impasibles aun las más indiferentes labores 
de la inteligencia humana ; avaro de elogios y de vehementes recri- 

7 



50 Sociedad Mexicana 

minacionesy él parecía no participar ni de las alegrías de la victoria ni 
de los odios encarnizados de los vencidos ; bajo sa firme plnma cree- 
ríase qne no palpitaba ni la admiración hacia los héroes, ni el llanto 
amargo arrancado por las innúmeras víctimas sembradas en nues- 
tro extenso territorio al paso triunfal de la conquista. Y sin em- 
bargo, señores, permitidme la frase, ¡qué bellas hecatombes, qué 
abundosa fuente de inspiración para erguirse hasta las cerúleas 
cimas de lo sublime, para sentir como Tucídides ó Quinto Curcio, 
para fulminar como Tácito ó para describir á la manera de Tito 
Livio esas matanzas horribles en nombre de la civilización, abrí- 
Uantadas de heroísmo y grandeza casi sobrehumana, aquellas ri- 
sueñas profecías cerniéndose como parvada de alondras sobre la 
Pirámide de Gholula, ese Mesías indio tan dulce y sencillo que 
fiíera considerado por graves historiadores como un apóstol. cris- 
tiano venido de la Persia á predicar el Evangelio entre las tribus 
prehistóricas, ese triunfo, en fiu, sangriento á la par que fecundo 
en resultados grandes de la Cruz, Símbolo primitivo de ignomi- 
nia y servidumbre sobre el imperio más colosal y potente que ama- 
saran los siglos del más animoso despotismo. ¡ Qué ocasión, seño- 
res, más propicia para historiador menos severo que nuestro ilus- 
tre socio, aquella página que recuerda el hundimiento de las naves 
de Cortés, que sintiendo sobre sí toda la responsabilidad de inmen- 
sos y faturos destinos, no ofrece á su mermado y temeroso ejército, 
sin que le movieran los suspiros por la patria ausente, ni le arre- 
drara la amenaza de la más crnel de las muertes, sino la ilimitada 
é implacable superficie del Océano para que este espectáculo im- 
pusiera, como impuso en el ánimo español la necesidad de la vic- 
toria ! Curioso é interesante sería, señores, detenernos á estudiar 
la sencilla y concisa forma con que el Sr. Orozco y Berra expone 
todos estos hechos y episodios, que en todo tiempo han sido pasto 
inagotable para la difusión histórica, con no poca mesura de temas 
interesantísimos y de los mil aspectos que presentan las antiguas 
razas de este continente ! 

Pero nuestro ilustre compañero, sabio crítico ante todo, si no tuvo 
reparo en humillar su alma elevadísima ante el respeto debido á las 
verdades religiosas, á las cuales rindió siempre sincero y fervoroso 
culto, jamás empleó otro lenguaje ni otorgó otras concesiones, que 
las permitidas por la severa y exigente ciencia de los hechos. 



DE Geografía y Estadística. 51 

Todos vosotros sabréis caán común ha sido en este inmenso osa- 
rio de la civilizaciÓQ antigua en México, al remover los escombros 
del pasado, ver en cada trozo de minas tin monumento de impor- 
tantísima significación histórica, que no pocas veces ha servido 
para prohijar errores y fundamentar falsísimos sistemas. Pero si 
en la inñincia de los hombres y de las naciones, toda clase de con- 
jeturas es recibida con credulidad, llega para las naciones y para 
los hombres una edad madura en que sólo la verdad es admisible. 
Este espíritu de crítica, estas nuevas luces, esta severidad de 
investigación, han cambiado la historia. Si ella no debe ser ya una 
mera compilación de fechas, de nombres, de intrigas, de combates 
XK>co importantes, de retratos imaginarios, debe dar á conocer tam- 
bién los climas, las producciones, la industria, las instituciones 
civiles y religiosas, las artes y las costumbres de las naciones. Los 
historiadores no son ya ni ardientes apologistas ni testigos parcia- 
les y prevenidos: ellos son jueces, y la historia, que no era sino 
la escuela de las ambiciones, se ha hecho la de los pueblos y de los 
hombres de estado. 

Por estos méritos de queOrozco y Berra fué insigne ejemplo en- 
tre nosotros, por estos méritos de suyo superiores á todo encomio 
y realzados en él con incalculable caudal de erudición y preciosas 
enseñanzas, su labor histórica será ante los juicios del porvenir la 
mejor y más acabada exposición de nuestro tenebroso pasado, la 
apología más serena y justa de la civilización de nuestros prede- 
cesores, á la vez que la censura más tranquila é incontrovertible 
de todo lo que manchar y desdorar pudiera á la Conquista. 

Aceptad, pues, señores, por mi humilde medio, la expresión sin- 
cera de los homenajes más entusiastas de admiración y respeto que 
envían la Academia y la Sociedad de abogados para unirlos á los 
que tributan á nuestro ilustre compañero en el octavo aniversario 
de su muerte. Esas dos corporacioneSi que representan en la Capi- 
tal de la Bepública el culto de la justicia, no han podido menos que 
sentir todo su gran deber de asociarse á vosotros para dar esplen- 
dor y altísima significación á esta ceremonia, no sólo porque re- 
cuerdan que Orozco y Berra honró también la toga, sino porque 
están convencidas de que en el recíproco cambio en que frecuen- 
temente y por especial necesidad de ambos tienen de estar la cien- 
cia jurídica y la histórica, es la obra inmortal de aquel la que ha- 



52 Sociedad Mexicana 

bremos de consultar en el Foro, como á oráculo seguro de verdad, 
como á honrada guia para practicar y defender ese mismo princi- 
pio que el ilustre muerto respetó y realizó en sus estudios; dar á 
cada uno lo que es suyo. 

DISCURSO 

Pronunciado por su autor, ANTONIO DE LA PEÑA Y BEYES, 

en nombre del Liceo Mexicano. 

Contaría yo, señor Presidente de la Eepública; señores, como un 
triunfo superior con mucho á mis merecimientos literarios, que 
vuestra indulgencia, vuestra atención, vuestra bondad solicitas y 
alentadoras, acogiesen en esta noche mis palabras. 

Ko os puede, no os debe ser extraña la profunda emoción de que 
me encuentro poseído. Temor natural que nace de la ciencia y res- 
petabilidad simbolizadas en vosotros, es el que me acompaña en 
esta tribuna que el vigoroso acento de ardientes oradores y la ilus- 
tración de doctos literatos han cubierto hoy de gloria. Cálmanse 
por fortuna las inquietudes de mi espíritu, cuando contemplo que 
sólo el deber — la voz augusta de un deber que me envanece — ^y el 
mandato imperioso de una admiración, en mi cada día más viva y 
más sincera, me obligan á presentarme ante un auditorio en cuyo 
seno irradian las primeras inteligencias del país. Deber que me en- 
vanece he dicho, porque estimo, señores, como timbre de orgullo 
X'epresentar en esta velada al Liceo Mexicano; admiración que cre- 
ce, se inñama y vivifica con el trascurso del tiempo, porque arrai- 
gada en mí desde hace muchos años, con el estudio, con la lectura, 
ya que no con el análisis sabio y riguroso de las obras de Orozeo y 
iBerra, mi respeto hacia este sabio toca ya los limites del culto, de 
>la ciega y profunda adoración literaria. 

ííiño aúiu tracé la vida del venerable anciano recordado hoy con 
orgullo por la Patria, por el Hogar y por la Ciencia: vida, señores, 
imenos tranquila que gloriosa, más llena en bienes para las letras 
que fecundaen provechos para el individuo; iluminada más por los 
-resplandores de la inmortalidad que por los suaves rayos de una 
dicha mil veces suspirada en horas de combate; y al referir enton- 
ces la existencia de Orozeo y Berra, al proclamar públicamente sos 
altos hechos, sus hermosas virtudes, su amor sin limites á la cien- 
icia, que era la vida de su espíritu, y su cariño inmenso á la faim- 



DE Geografía y Estadística. 53 

lia, qne era el consuelo de sns i)ena8, al relatar los méritos resplan- 
decient'es é inmortales de ese ilustre* varón, hartas veces azotado por 
los recios vientos del infortunio y de la envidia, ponía yo en sus 
labios aquellas palabras del poeta latino: non omnis moriary que son 
bálsamo y luz, señores, para todos los que á ese mar sin playas co- 
nocidas de la muerte, llegan desengañados, tristes, abatidos, olvi- 
dados por muchos, escarnecidos por otros, poco importa que do- 
bl^ados también por el peso de una vida meritoria, jamás larga, 
siempre corta, extremadamente corta, señores, para todos los que 
quisieron apreciarla. 

Xunca deben morir, decía yo en aquella ocasión, los que sucum- 
ben como Orozco y Berra circundados de gloria y de grandeza: vi- 
ven en la memoria, en el corazón, en el recuerdo de la posteridad 
agradecida; palpitan de un modo inexplicable en las páginas de sus 
obras, en las creaciones de su ingenio, en los monumentos que le- 
garon para pasmo de los hombres venideros. Allí viven la vida in- 
deficiente del espíritu, allí existen con esa existencia inmortal que 
dan las obras intelectuales cuando determinan un nuevo triunfo de 
la verdad, siempre benéfica, sobre el error, siempre malévolo, 6 
cuando abren espléndidos y nuevos horizontes á la contemplación 
de los sabios. 

l^ada significan por tanto, nada importan la indiferencia del vul- 
go, el desdén de indoctas muchedumbres: mientras aliente un cora- 
zón templado para el amor á los grandes ideales, para el respeto á 
las grandes virtudes, para la admiración á los méritos excelsos, pa- 
ra el culto á la Patria, á la Humanidad y al Progreso ; mientras 
aliente un hombre que recoja el último suspiro, que escuche las 
postreras palabras, los postreros acentos de un sabio, vivirá éste en 
la i)osteridad, porque quien ha seguido á un genio en su gloriosa y 
dilatada marcha, difícilmente le olvida cuando llega á su ocaso; 
antes bien, tiende entonces á que todos le conozcan, á que todos le 
admiren, á que todos le tributen veneración y amor: si es biógrafo 
ensalza su existencia, si es poeta canta sus glorias, si filósofo dise- 
mina por todo el mundo sus teorías; si historiógrafo encarga á la 
Historia que conserve é inmortalice un nombre ilustre, y si artista 
le da forma inmortal y vida eterna. 

Ko, señores. En la Bepública de las letras, en las batallas del es- 
píritu, en las luchas de la inteligencia, el que lidia con gloria, el 



54 Sociedad Mexicana 

« 

que pelea con brío, el que sucumbe honrosamente, como el poeta 
latino nunca muere del todOy antes como él erige un monumento más 
perenne que el tiempo, más duradero que el bronce. 

Aquí tenéis de ello una hermosa prueba. Esforzóse el recio olea- 
je de las pasiones en que zozobrase la barquilla de Orozco y Berra; 
asestáronle á este sabio sus tiros la política, sus dardos la envidia, 
el rencor sus saetas; agobiáronle siempre, constantemente, los gran- 
des, los inmensos sufrimientos del alma^ patrimonio exclusivo de 
ciertos hombres superiores. Lo abatió el infortunio, hoy lo ensalza 
la Gloria; le puso su corona sombría la desgracia, y le pone hoy la 
Fama su corona de luz. Le dais, sí, la vida de la inmortalidad con- 
gregándoos aquí, en este recinto, en este mismo salón en donde ale- 
tean sus recuerdos, en donde resuenan todavía sus palabras, vi- 
bran las lecciones que escuchasteis de sus labios, y palpitan aún los 
aplausos que más de una vez concedisteis á su profundo talento é 
inmensa erudición. Demostráis que no ha muerto del todo, reunién- 
dooB aquí, en este sitio, en donde hace dos lustros expusisteis sus 
despojos á la vista de las muchedumbres, como yace imponente y 
exánime un caudillo en el campo mismo en donde blandió su espa- 
da y alcanzó sus conquistas. 

Y pues nos hemos reunido para honrar su memoria, recordemos 
su vida. Surja en nuestra imaginación Orozco y Berra desde los 
primeros años de su infancia; contemplémosle asistiendo á las au- 
las, sentándose en los bancos de una escuela gratuita, siendo á la 
vez que huérfano, que estudiante humilde y desvalido, padre de 
un hogar desamparado, y amparo de una familia numerosa. 

Sigámosle en su carrera literaria, sembrada por doquiera de triun- 
fos y de victorias intelectuales, asistamos á sus luchas con la mise- 
ria, presenciemos sus combates con el infortunio, con las dificulta- 
des materiales que acobardan, con la orfandad que infunde honda 
tristeza al corazón; no le abandonemos en los momentos más aflic- 
tivos de su juventud, ni le perdamos de vista en los conventos de 
Puebla en donde pasa trab^yando largas horas para llevar un pan 
honrado á sus hermanos, y cuando se destaque majestuosa y ra- 
diante de este cuadro tan sombrío la figura de Orozco y Berra, des- 
cubrámonos ante ella, señores, porque quien supo llevar tal vida 
en su juventud, bien merece nuestro respeto. 

No fueron, no, dioses vanales, ni pasiones mezquinas, ni senti- 



DE Geografía y Estadística. 65 

mieotos bastardos los que hallaron cabida en el corazón de Orozco y 
Berra; lejos de ello, su pecho abrigó siempre altos ideales, aspira- 
ciones nobles, puros y levautados sentimientos. Amó á la ciencia, 
y en medio de dolorosas circunstancias alcanzó dos títulos profesio- 
nales; amó á la familia, y sirvió de generoso apoyo, con cruentos sa- 
crificios, á un hogar sumido en la desgracia; adoró á la Libertad, y 
en contra de Santa Auna que la había proscrito^ peleó por ella; 
anheló ver á su patria libre del yugo extranjero, y con heroico 
ardimiento expuso su vida en contra de los americanos. 

Todo es bello, todo es noble, todo respira grandeza de alma 
é irradia luminosos destellos en la juventud de Orozco y Berra: 
filé ésta el alborear de un sol sin manchas que desde su nacimiento 
hasta su ocaso deslumhra con sus fulgores. 

Pronto los méritos del joven historiador le valieron la conside- 
ración de personas respetables. Su maestro el Sr. Isunza, Gober- 
nador del Estado, le nombró secretario de Gobierno, y desde en- 
tonces nuevos senderos aparecieron á su vista. 

Yino á México, y se confiaron inmediatamente á su inteligencia 
y celo cargos de notoria importancia; le halagó la política, y desde 
la humilde posición en que siempre había vivido, llegó hasta los 
puestos más encumbrados de un Gobierno. Eetiróse de éstos pobre 
é inmaculado, para desempeñar un oscuro empleo en la Casa de Mo- 
neda de México. Allí, abatido, olvidado por sus coetáneos, con pro- 
fundas heridas en el alma, con angustiosas inquietudes en los úl- 
timos días de su gloriosa ancianidad, le sorprendió la muerte, muy 
pobre de bienes pero muy rico de gloria, como observa un escritor. 

Veneremos al hombre, sean su vida y sus virtudes inmortales 
ejemplos, y consagremos entretanto algunas palabras al escritor. 

Largo fué su apostolado en las letras. Ya el año de 1846 ocupaba 
la tribuna cívica para ensalzar á nuestros héroes, y redactaba en 
unión de su ilustre hermano algunos periódicos políticos y litera- 
rios. Más tarde el Diccionario Universal de Historia y Geografía 
le dio á conocer como profundo geógrafo, como eminente historia- 
dor, como consumado biógrafo y anticuario. Los numerosos artícu- 
los debidos á su pluma y publicados en esa obra monumental, serán 
eterna prueba de su inmenso valer científico. !N'o bastaron después 
las columnas de un periódico, ni los estrechos límites de un Diccio- 
nario, para dar cabida á sus luminosas concepciones, y empezó á pu- 



56 Sociedad Mexicana 

blicar esa gloriosa serie de obras históricas, etnográficas, lingüisti- 
cas, arqueológicas, que hoy día consultamos todos con verdadera 
respeto. Demostró entonces que su talento todo lo abarcaba, que 
su erudición todo lo vencía, que su laboriosidad, su celo, su cons- 
tancia, su fecundidad para escribir no reconocían límites ningunos. 

Estudió la historia del Anáhuac y llegó á descifrar sus más re^ 
oónditos misterios. Ko fué el cronista que relata, fué el historia- 
dor que comenta, el etnógrafo que estudia á las razas, el arqueólogo 
que interprétalos vestigios de pasadas civilizaciones, el filólogo que 
compara las lenguas, el pensador que se remonta á altas esferas, el 
erudito que todo lo investiga, que todo lo aclara, que todo lo sabe. 

Leed sus artículos: (cLa Civilización Mexicana,» «La Cruz del 
Palenque,» «Las Euinas de Tlalmanalco,» «La Dedicación del Tem- 
plo mayor de México;» analizad su a Historia de la Greografía en 
México,» en que relata la marcha, los progresos de esa ciencia 
en nuestra patria; su admirable obra «Materiales para una Car- 
tografía Mexicana, » en la cual da cabal noticia de los conocimien- 
tos geográficos y topográficos de los aztecas; su « Geografía de las 
lenguas y Carta etnográfica de México, » obra escrita en medio de 
terribles desventuras y de aflicciones sin cuento, y en la que luce 
Orozco y Berra su inmensa erudición y su asombrosa lectura: filó- 
logo, lingüista, historiador á un mismo tiempo, clasifica lenguas y 
dialectos, señala los puntos en que se hablan y presenta á las razas 
del Anáhuac con sus caracteres má-s notables. Admirad también 
su «Memoria para el plano de la ciudad de México, » libro fecundo 
en datos científicos acerca de la capital de la Eepública, y en datos 
históricos acerca de sus edificios y establecimientos más notables; 
sus « IToticias históricas de la Conjuración del Marqués del Talle, » 
obra escrita en vista de excelentes documentos publicados en ella 
y que forman un estudio completo de la época; admirad todos sus 
escritos, todas sus producciones literarias, pero descubrios con ma- 
yor respeto, con mayor veneración si cabe, ante su « Historia Anti- 
gua y de la Conquista de México, » monimiento inmortal encargado 
de perpetuarlo eternamente, porque en él se encuentra la medida de 
su talento, de su erudición y de su genio. 

Fruto esta obra de largos y detenidos estudios, de profundas y 
eruditas investigaciones, de constantes y múltiples desvelos, es 
un prodigio de erudición y una joya de la literatura. Eevela una 



DE Geografía y Estadística. 57 

lectura inmensa, una laboriosidad inagotable y un criterio saga:& 
y filosófico. En sus páginas se encuentra siempre la verdad histó- 
rica, porque en ella se refieren los hechos bien fundados ; se refutan 
errores de importancia, se desechan teorías aventuradas, se anali- 
zan autores y opiniones; se disipan dadas y consejas y se sigue un 
plan muy acertado. «En el plan de esta obra, dice un biógrafo, 
existe lo original del trabajo; en el feliz desenvolvimiento de ese 
plan, sn mérito sobresaliente.» 

Quince anos gastó el Sr. Orozco en escribir su Historia; durante 
ese tiempo, se ha dicho, no hubo crónica, autor ni manuscrito que 
no leyese, ni pintura, jeroglífico ó monumento que no interpretase. 
Se muestra por lo mismo en su obra como el más profundo de nues- 
tros historiadores y el más erudito de nuestros auticuarios. 

La Historia, la Filosofía, la Paleontología, los conocimientos 
adquiridos en largos años de estudios y de vigilias, y sobre todo, 
señores, la justicia, la verdad, la rectitud de miras, le prestaron 
sus luces; de aquí que en el cuadro trazado por él con mano maes- 
tra, la historia de nuestros antepasados, la civilización de nuestros 
aborígenes, el hombre prehistórico y la tragedia imponente de la 
Conquista, derramen destellos á raiidales. 

ffKada se sabe que en esa obra no exista, ha dicho un escritor, 
y todo tiene allí su verdadero carácter nacional despojado de preo- 
cupaciones y de prevenciones de sistema.» Juicio, señores, que 
hago mío, ya que no alcanzo á formular uno más breve ó más 
exacto. 

Perdonad, por lo demás, los extensos límites de mi discurso. 
He intentado hacer un panegírico de Orozco y Berra, cuando de- 
bió ceñirse mi misión á manifestaros que el Liceo Mexicano se aso- 
ciaba gustoso á esta solemne apoteosis del talento. 

Como vosotros, mis jóvenes compañeros contemplan en Orozco 
y Berra á un maestro, á un sabio, á un benemérito de las letras 
nacionales, á un hombre nacido, desde el día de su muerte, á la 
radiante vida de la inmortalidad! 



8 



58 Sociedad Mexicana 

DISCURSO 

Del Sr. Dr, PORFIRIO PARRA en nombre de la Academia Nacional 

de Medicina, 

Señores: 

Ko hace muchos años se enlutaba el recinto dé esta Sociedad 
para tributar los últimos honores á un cadáver yerto; hoy se con- 
grega^ aquí las Sociedades literarias y cientíñcas para ensalzar 
la imperecedera memoria de un sabio ilustre. ¡Cuan justiñcados 
han sido ambos homenajes! aquel cadáver era el frío y transitorio 
vestigio de un hombre que en la jornada de la vida se llamó Ma- 
nuel Orozco y Berra, y la ilustre memoria de sabio tan distinguido 
es precisamente la que en estos momentos se glorifica. 

En el corazón de todos los presentes hay una cuerda que vibra 
con armonioso son al pronunciarse nombre tan glorioso: muchos 
estuvieron unidos á ese sabio eximio con los dulces vínculos de la 
amistad, en graves y difíciles labores fueron otros sus colegas, tu- 
vieron no pocos la honra de llamarse sus discípulos, y todos llamán- 
dole sabio por excelencia se proclaman sus admiradores. Y su nom- 
bre consagrado ya por el recuerdo y el afecto de tres generaciones, 
se halla además trazado con luminosos caracteres en la olímpica 
faz de la ciencia y de las letras patrias. 

La vida del honrado ciudadano y del egregio.sabio cuyo recuerdo 
enaltecemos hoy, no tuvo el deslumbrante fulgor de los meteoros, 
sino el brillo apacible de los astros; no se deslizó como un torrente 
impetuoso y desolador por el cauce de los anos, sino como la diá- 
fana y mansa fuente que refleja la célica luz y borda sus riveras 
con flores y esmeraldas. La vida de Orozco y Berra, consagrada 
al ejercicio de la virtud y á la investigación de la verdad, tuvo esa 
poética sencillez propia de los genios que, en medio de las pacíficas 
labores del estudio, cultivan para el género humano el árbol bené- 
fico bajo cuya sombra prosperan la verdad y el bien. 

La historia, glorioso archivo del pasado, grandioso monumento 
de las naciones que fueron, vestigio imi)erecedero délas razas muer- 
tas, panteón de gloria y brújula de las naciones que vendrán, fué el 
ramo predilecto á que el sabio Orozco y Berra consagró su laborio- 
sidad, sus afanes, su sagacidad, su inteligencia clara, ñié el manan- 
tial en que satisfizo el sabio ilustre la sed de saber que le devoraba, 



DE Geografía y Estadística. 59 

y el tributo que quiso pagar el mexicano honrado á la gran patria 
que inspiró el heroísmo de Cuauhtemoc, el denuedo de Morelos, el 
radicalismo de Ocampo y de Ramírez, y la constancia ejemplar de 
Benito Juárez. 

Y tened en cuenta, señores, que no est/i abierta para cualquie- 
ra ni ofrece llanos y fáciles senderos aquella parte de nuestra his- 
toria que cultivó y esclareció nuestro sabio laborioso, nuestro eru- 
dito infatigable, nuestro tenaz investigador; la historia antigua de 
México es, por el contrario, la parte más oscura, la parte más re- 
cóndita de nuestros nacionales fastos. 

Es fama que un sabio de la antigüedad escribió las siguientes 
palabras en la entrada del recinto en que daba sus sapientísimas 
lecciones: íío puede entrar aquí el que ignore la Geometría. En 
el frontispicio de nuestra historia antigua pudiera escribirse: 'No 
entrará aquí el que ignore la Antropología, no entrará aquí el que 
ignore la Etnología, el que ignore la Geología, el que ignore la 
Paleontología, el que ignore la Lingüística; y pudiera agregarse: 
2Í0 entrará aquí el que no se despoje de las letales huellas de la 
rutina, el que no prescinda de la influencia maléfica de las ideas 
preconcebidas, y no quite de sus sandalias el i)olvo ceniciento de 
los caminos trillados. Y Orozco y Berra penetró por aquella ferra- 
da puerta y se introdujo al murado recinto, sometiéndose á más 
rigurosas i)ruebas que las que exigiera Pitágoras á sus adeptos: 
entró después de muchos anos de prolijos estudios, después de 
desembarazarse de todo género de preocui)aciones, entró escuda- 
do por la meditación, armado con su criterio, y su entrada fué 
triunfal como la del vencedor. A su llegada reconstrúyense nues- 
tras ruinas, se anima el polvo de las tumbas, toman carne las osa- 
mentas fósiles, y los jeroglíñcosrevelan arcanos que tras secular 
rei)oso esperaban el advenimiento de aquel sabio, cuya voz fuese 
para ellos el «levántat^d y anda)) de la escritura. 

Xo huelga encarecer, señores, las muchas dificultades que al in- 
vestigador ofrece nuestra historia en sus antiguas y primitivas pá- 
ginas: ancha y practicable galería fuera con ella comparado aquel 
legendario dédalo, del cual no pudo salir el héroe sino merced al 
hilo que le brindó la compasiva Ariana. ¡ Cuántos problemas nues- 
tra historia antigua plantea, y cuan diversos y complicados son! 
¿Qué razas fueron las primitivas pobladoras de este anchuroso 



60 Sociedad Mexicana 

continente que por tantos siglos permaneció ignorado del antágao 
mundo! 4 De dónde procedieron esas razas? 4 Qué vías siguieron^ 
qué progresos alcanzaron, que empresas acometieron y qué suer- 
te les cupo en los no escritos anales de sus naciones respectivas f 
4 Quién erigió esas grandes construcciones cuyas titánicas nünas 
suspenden el ánimo del viajero, que las contempla como la osa- 
menta diseminada de un gigante, desde Chihuahua hasta Centro- 
América? ¿Qué raza vivió en Casas grandes, cuál en Chicomoz- 
toe, cuál otra erigió las pirámides de Teotihuacán y cuáles vivie- 
ron en Mitla y el Palenque! ¿Qué secretos guardan esos jeroglí- 
ficos que escritos por la mano de un gi:an pueblo han fatigado du- 
rante tres siglos la paciencia de generaciones de eruditos, y puesto 
á prueba la sagacidad de los intérpretes más perspicaces! 

Para afrontar dignamente cuestiones tales, no basta la simple 
erudición por asombrosa que sea, sino que se requiere la ciencia, 
la vasta ciencia con sus muchos conocimientos auxiliares, con sus 
variados é idóneos métodos, con su ñrme y maravilloso criterio. 

Hubo un sabio mexicano que con el nombre de (f Historia anti- 
gua y de la Conquista de México,» escribió una obra monumental 
en que tantas cuestiones fueron sabia y dignamente tratadas, en 
que algunas fueron resueltas y en el cual se plantearon todas con 
esa liudez peculiar al genio y con ese acopio de datos que, como 
rico arsenal, lleva el sabio de buena ley en su luminoso espíritu. 
El autor de libro tan colosal, fué aquel sabio tan moilesto como 
distinguido, que se llamó Manuel Orozco y Berra. 

Si esa obra fué la más considerable, fué solamente una de las 
muchas que escribió su laborioso autor. ¡ Qué hombre tan estudio- 
so fué nuestro insigne sabio, qué actividad la suya, qué tezón el 
suyo, qué afán tan incansable de saber el suyo! Ornado con el do- 
ble título de Ingeniero y Licenciado, consumado en la ciencia de 
los Pitágoras y Euclides, como versado en la de los Papiniano, vi« 
vio consagrado al estudio y ocupado en esclarecer la« muchas 
cuestiones arduas que promueven nuestra Geografía, nuestras an- 
tigüedades, nuestra lingüística y nuestra historia. 

Si con sus escritos alcanzó la gloria, por sus virtudes mereció 
la estimación de todos; su corazón fué oro como su inteligencia 
luz. Tuvo á Dios en la conciencia, y en su alma á su patria y á su 
familia; la honradez guió sus pasos en la vida pública, y el numen 



DE Geogeafía y Estadística. G1 

de la ciencia dictó las muchas páginas que escribió su mano la- 
boriosa. 

¡Repúblico modesto, ciudadano honrado, sabio ilustre, has me- 
recido bien délas generaciones futuras! ¡Lleno de fe, henchido 
de afectos y sediento de verdad y bien, corrió tu larga y útil vida 
entre las apacibles márgenes del estudio! ¡Ah! no pocas veces 
hirió tu noble corazón el dardo acerado de la pobreza, no pocas 
veces amargos desengaños se mezclaron al dulce néctar que la 
ciencia te ofrecía. ¡ Duerme para siempre en paz, varón ilustre, 
que mereciste los supremos calificativos de bueno y de sabio! ¡El 
árbol de la gloria i)royecta su benéfica sombra en la piedra de tu 
sepulcro, y tu recuerdo que hoy vive, vivirá mientras haya sobre 
el haz de la tierra hombres que honren la virtud, practiquen el 
bien V cultiven la ciencia! 

DISCURSO 

Pronunciado por el Dr. ADRIÁN GARAY en nomhre de la Sociedad Médica 
^* Pedro Sscobedo," en la semón solemne que la Sociedad Mejclcana de Oeografia 
y EMadíMica dedicó á ítu socio D. Manuel Orozco y Berra. 

Señor Presidente: 
Señores: 

Ufano y satisfecho vengo á esta tribuna, representando ú la So- 
ciedad «Pedro Escobedo.» 

Se trata de honrar la memoria de un sabio insigne : Orozco y Be- 
rra; se quieren recordar los servicios que i^restó á las ciencias, á las 
letras y á la patria, y nadie mejor que yo, señores, que nada valgo, 
puede desempeñar esta comisión ; que los de escasas dotes y los de 
erudición mediana, debemos de ser los más agradecidos á los hom- 
bres de genio; ellos trabajan por nosotros, la luz que emitimos es 
reflejada de la que generosamente nos envían; y cuando ellos bajan 
á la tumba y se apaga la antorcha de su ciencia, nosotros debemos 
de alumbrar las tinieblas de la muerte, presentando á la faz de las 
generaciones, ya animados los astros extinguidos. 

Si aquí se celebrara hoy un concurso literario, no me atrevería 
á dirigir la palabra á tan ilustrado auditorio. 
^ No soy competente, ni es mi obligación en esta tribuna hacer la 
biografía de Orozco y Berra, y menos podrá un médico como yo, 
analizar las obras de un abogado é ingeniero distinguidísimo. 



62 Sociedad Mexicana 

Por fortuna, tal empresa no es necesaria: las ñgnras eomo Oroz- 
co y Berra fosforecen por sí mismas, y si alguien se ocupa en re- 
latar su vida, son oradores eruditos, escritores concienzudos como 
los que nos han antecedido en el uso de la palabra. 

Vengo únicamente á este solemne lugar, á tributar mi admira- 
ción y respeto á la memoria del sabio presidente de la Sociedad de 
Geografía y Estadística, y á lamentar que hombres de esa clase 
estén sometidos á las leyes naturales de la muerte. 

La naturaleza, avara de sus secretos, mata siempre, en breve pla- 
zo, á sus grandes hombres. 

Si esto no fuera así, ya hubiéramos aclarado las sombras que nos 
rodean, esclarecido los misterios todos y llegado á la perfección, 

liesucitad en un momento á tantos hombres distinguidos en las 
artes, en las ciencias, en las letras y en las armas, que han muerto 
en diversas épocas; ponedlos en acción, prosiguiendo las obras que 
empezaron, y decidme adonde llegaríamos en el camino del pro- 
greso. 

Con artistas como Miguel Ángel y Tolsa, con sabios como IN'ew- 
ton, Bain, liaplace, Bernard, Eafael Luejo y Orozco y Berra; con 
literatos como Homero, Cervantes y Víctor Hugo; con generales 
como Napoleón I y Morelos, viviendo siempre en la plena actividad 
de sus funciones, decidme, repito: existiendo estos seres miles de 
años, qué quedaría por descubrir y por hacer en la superficie de la 
tierra y de los mares, en las profundidades de las minas y del océa- 
no, en el azul del cielo y en los cuerpos opacos y brillantes que dise- 
minados en el espacio existen! 

Sólo un relámpago es la vida del hombre, y algunos hay, que en 
tan breve tiempo se deslumhran y viven ciegos: es la ceguera in- 
telectual. Otros hay, que no dejan perder un solo átomo de esa luz 
y la hacen converger con el poderoso lente del cerebro hacía todos 
los puntos del Universo, analizando y descubriendo las cosas gran- 
diosas y los detalles pequeños : éstos son los genios. A esta clase de 
seres perteneció Orozco y Berra, acrecenta.ndo más su mérito el 
que la luz que difundiera en su vida, siempre fué para iluminar 
á su patria. 

Puede decirse, en efecto, que todos los trabajos de este sabio 
llevaron el sello nacional. 

Él escribió lo siguiente: 



DE Geografía y Estadística. 63 

Noticia histórica de la conspiración del Marqués del Valle. 

Varios artícnlos sobre México, en el Diccionario Universal de 
Historia y Geografía. 

Apéndice al Diccionario Universal de Historia y Geografía. 

Siendo Ministro ú Oficial mayor de la Secretaría, contribuyó & 
hacer gran parte de las Memorias de ese Ministerio. 

México y sus Alrededores. 

Memoria para la Carta hidrográfica del Valle de México. 

Geografía de las lenguas y Carta Etnográfica de México. 

Posiciones de varios puntos del Imperio Mexicano. 

Alturas sobre el nivel del mar ó altitudes de varios puntos del 
Imperio Mexicano. 

Memoria para el Plano de la ciudad de México. 

Memoria para una Cartografía Mexicana. 

Historia de la Geografía en México. 

Escribió también una magnífica Historia Antigua de México. 

Y se encuentran diversos artículos suyos, ya científicos, ya lite- 
rarios en los periódicos: El Porvenir, La Libertad, El Mexicano, 
El Entreacto, El Saínete, Uno de Tantos, El Museo, La Ilustración 
Mexicana, El Benacimiento, El Artista, La Bevista Mexicana, Los 
Anales del Museo Nacional y El Sistema Postal. 

Desempeñó en varias épocas los puestos de Profesor de Mate- 
máticas, de Geografía é Historia, de Historia de México, Ministro 
de Fomento, Director del Archivo General de la Nación, Director 
del Museo Nacional, Ministro de la Suprema Corte de Justicia y fué 
honrado con pertenecer á veintidós corporaciones científicas del 
país y del extranjero. 

Hoy, una de las más importantes de estas Sociedades, la de Geo- 
grafía y Estadística de México, celebra esta sesión solemne para 
honrar la memoria de uno de los socios que le dieron más brillo y 
esplendor. 

Pero Orozoo y Berra aun hizo más: era una biblioteca ambulante, 
y los que tenían algunas dudas sobre Arqueología, Historia, Filo- 
logía, Geografía, ó sobre cualquier asunto patrio, encontraban en 
aquel sabio cuantos datos pudieran apetecer para salvar los es- 
collos. 

Ojalá y que todo lo que habló Orozco y Berra en las sociedades, 
en el trato particular ó en las consultas que se le hacían, se hu- 



€4 Sociedad Mexicana 

bicse reco;(i<l() en iiu fonógrafo. Su mejor elogio sería hoy bsuíer 
hablar al instrumento, y escuchando la amada voz del maestro, él 
miHuio nos vendría á decir cuánto valió y cuan justo es que hoy re- 
cordemos entusiasmados su memoria. 

Orozco y Berra trabajó mucho y vivió pobre, y ni la aureola de 
la inmortalidad le paga á él, ai á otros sabios de su talla, los su- 
frimientí>s que pasara y los descubrimientos que emprendiera. 

La inmortalidad es relativa; todo cambia, todo se modifica, todo 
n)ucre. Las cenizas que produce el fuego activo del presente, mi- 
tigan ó apagan las llamas del pasado. Todo sigue la ley de la evo- 
lución, y desaparecen los pueblos cubiertos por el Océano ó por 
lavas volcánicas, como desaparecen las razas, las naciones, y como 
se modificará nuestro globo hasta que la vida se extinga en éL 
¿Qué sucedió entonces con la inmortalidad? ¿Quién se encarga- 
rá de pregonar las hazañas de los sabios y de los héroes? Nadie: 
las tinieblas, el vacío, la muerte por doquier. 

¡ Ah! no señores, ese no debe ser el fin de los que hacen tanto 
bien I y si.concedemos la tranquilidad eterna á San Felipe de Je- 
sús por recibir lanzadas con virtiendo á los Japoneses, ¿qué po- 
dremos darles á aquellos hombres que con su talento y con su 
ciencia se sacrifican, le sirven á la Patria y á la humanidad, di- 
fundiendo la civilización y i)ropagando los conocimientos necesa- 
rios para nuestra riqueza y bienestar? 

¿Qué merece Franklin, señores, escalando la región de las nu- 
bes y arrancando el rayo al cielo para ponerlo en nuestras manos f 

Y Papiu y Fulton descubriendo la fuerza del vapor? Y Lavoisier, 
dando las base^ de la química, fuente inagotable de riqueza? Y 
Genner y Pasteur salvando por millones la vida de los hombres! 

Y Washington, Hidalgo y Juárez redimiendo de la esclavitud á 
sus pueblos ? Sólo la inmortalidad absoluta y la tranquilidad eter- 
na, pueden premiar á esos hombres por haber ofrecido su talento, 
su ciencia y quizá su vida en beneficio de los demás. 

Esta es la verdadera caridad, y en el descanso eterno en donde 
duermen esos justos, alh' debe de estar nuestro compatriota Oroz- 
ex) y Berra. 



DE Geoobapía. y Estadística. 65 



orígenes 



DI Lia 



ÜEEMIHAOIONES SEL PLÜUAL M EL NÁHUATL 

T E5 ALClUaOS OTBOS IDIOMAS C05QKNEBE8 



DEL 14 al 18 de Octubre de 1890 debe tener lugar en la ciu- 
dad de París la octava sesión del Congreso Internacional 
de Americanistas, que tiene por objeto contribuir al pro- 
greso de los estudios científicos relativos á ambas Américas, es- 
pecialmente en lo que se refiera á los tiempos anteriores é inme- 
diatamente posteriores á Cristóbal Colón; y entre las importantes 
cuestiones que serán sometidas á la deliberación del Congreso, en 
virtud del programa formado por el Comité de organización, figu- 
ra en la sección de lingüística y paleografía la que sirve de título 
á estos breves apuntamientos. 

La afinidad del azteca con diversos idiomas sonorenses habían 
comenzado á percibirla desde el siglo antepasado algunos misio- 
neros, entre otros, los PP. Eibas y Ortega; después Guillermo de 
Humboldt confirmaba la exactitud de semejantes apreciaciones, y 
más tarde Buscbmann en su obra intitulada Die Spuren des Azte- 
Icischen SprachCj ha demostrado el parentesco de la lengua mexi- 
cana no sólo con los idiomas de Sonora y Sinaloa, el ópata, el ca- 
hita, el yaqui, el pima, el tepehuán, etc., sino también con muchos 
dialectos de la Alta California, como elkizh ókij, el chemegueó 
chemehuevi, el cahuillo ó cawio; y además el wihinacht del Ore- 
gón y el chochone ó shoshone de la misma región, que se habla 
hacia los 43^ de latitud IN'orte. Esta familia la divide en dos gru- 
pos principales, que Mr. de Charencey designa con los nombres 

9 



66 Sociedad Mexicana 

de oregoiiés y mexicano, comprendiendo el primero el comanclie, 
el k\j, el cliochone, el yutah y el moqui, y perteneciendo al segundo 
el pima, el tarahumar, el tepehuán, el cahita, el tubar (dialecto 
muy diferente de los otros que tiene numerosas analogías con el 
azteca), el yaqui, el eudeve, el ópata 6 teguima, y en fin, el cora y 
el azteca. ^ 

El eminente filólogo mexicano D. Francisco Pimentel, en su eru- 
ditísima obra denominada « Cuadro descriptivo y comparativo de 
la^ lenguas indígenas de Méjico» ó «Tratado de Filología Me- 
xicana, » ha reunido la lengua náhuatl y sus afines en un grupoy 
al que ha llamado mexicano-apata^ perteneciente en la clasificación 
general al primer orden, formado por las lenguas polisilábicas, po- 
lisintéticas de sub-flexíón. 

Divide el autor el grupo mexicano-ópata en nueve familias lla- 
madas mexicana, sonorense ú ópata-pima^ comanche-shoshone, 
tejana ó coahuilteca, keres-zuui, mutsuu, guaicura, cochimí-lai- 
món y seri; y en todo el grupo están registrados 61 idiomas y di- 
versos dialectos. 

Comprende la familia mexicana, el mexicano, náhuatl ó azteca, 
que se habla en la mayor parte de los Estados de México, Hidal- 
go, Morelos, Guerrero, Tlaxcala y Puebla; en varios pueblos de 
Veracruz, Oaxaca, Chiapas y Tabasco; en una gran parte de Si- 
naloa y entre algunas tribus de Durango, en 6 curatos de San Luis 
Potosí; en los cantones 8? y 9? de Jalisco y algunos pueblos de los 
otros cantones; en siete ú ocho pueblos del Estado de Colima, en 
la zona paralela á la costa del Estado de Michoacán y entre dos 
tribus del Estado de Chihuahua. 

Los principales dialectos del mexicano, son: el conchos, hablado 
por los conchos y chinarras de Chihuahua; el sinaloeuse, de la cos- 
ta Sur de Sinaloa; el mazapil de Zacatecas, dudoso; el jaliciense, 
de Jalisco; el ahualulco, de Tabasco; « el pipil, que se habla en Gua- 
temala en los curatos de Texacuangos, Dolores Izalco, Asunción 
Lsalco, Apaneca y Ateos; » y el niquirán que hablan en Nicaragua 
«los indios de filiación mexicana establecidos en el terreno que se 
extiende entre los dos grandes lagos de Nicaragua y de Managua 
y el Océano Pacífico, en los pueblos de Nahuatia, Quetzalutia, Ma- 
nagua, Masagua, Mazatepec, Teola, Xinotepec, Tezoatega y Xal- 

1 Comtc de Charenwy.—Mélangea de philologie et de paléograpbie américaiaea. 



DE Geogeapía y Estadística. 67 

teva 6 Nequecliiri (hoy Granada), cuyos nombres son evidente- 
mente de procedencia mexicana. » ^ 

Aunque con el carácter de dudoso, el Sr. Pimental clasifica tam- 
bién entre los miembros de la familia mexicana el idioma cuitlatecoj 
que se conserva todavía en cuatro lugares del Estado de Guerrero, 
á saber: Ajucbitlán, Poliutla, San Cristóbal y Atoyac. 

«La lengua mexicana, dice el Sr. Orozco y Berra, pura ó en sus 
varios dialectos, se derramó en tiempos remotos en un espacio in- 
menso. Omitiendo lo que hay más allá del Gila, por no ser de nues- 
tro propósito, desde su orilla hacia el Sur, y en el terreno que se 
extiende hasta tocar con el Eío Bravo, en los Estados de Sonora 
y de Chihuahua, de Durango y aun de Coahuila, se encuentran 
esparcidos nombres mexicanos, distinguiendo los ríos, las monta* 
fias, los lugares más importantes: las tribus pobladoras de toda 
esa comarca, conservan casi de una manera unánime la tradición 
del paso de la familia azteca; su lengua está impregnada con pa- 
labras tomadas de la lengua extranjera; algunas de las tribus lle- 
van nombres también mexicanos, y sus costumbres, su culto y aun 
sus teogonias, recuerdan el roce largo y frecuente con las ramas 
salidas del tronco de los náhoas. — Más al Sur dejó su huella en el 
Nayarit; y no obstante que los otomíes han conservado tenazmen- 
te el país en donde se establecieron, y que ellos dan nombres en 
sn idioma á sus pueblos y á su territorio, en una gran parte el te- 
rreno y las poblaciones presentan las apelaciones mexicanas, ha- 
ciendo olvidar completamente las denominaciones primitivas. En 
el terreno en donde domina, ha borrado del todo los pueblos que 
en sus conquistas avasalló, dejando apenas rastros imperceptibles 
del habla de los habitantes. Exceptuando los mixes, y algunas frae- 
eiones de los países ocupados por otras tribus, el mexicano volvió 
á estamparse sobre todos los objetos ñsicos de los Estados de Oa- 
xaea, de Tabasco y de Chiapas, aparece como dominador en el So- 
conusco, é internándose en Guatemala se derrama muy á lo lejos, 
ya brotando en medio de los nombres que á la tierra pusieron las 
naciones extrañas, ya apareciendo sólo en las comarcas en que no 
reconoce algún rival.» * 

1 Orozco 7 Berrft. — Geografía de las Lenguas y Carta Etnográfica de México, 
p4g.l!. 

2 O. y B., Op. cit , pág. 14. 



G8 Sociedad Mexicana 

Los idiomas que componen la importante familia sonoronse ú 
ópatai-pima, son: el ópata, hablado por los ópatas, tegüimas, te- 
güis, cogüinacbis, contlas, guazaba^, himeris, ores, ures, sonoras, 
en Sonora y en Durangó; el eudevCj que so diferencia de la lengua 
anterior como el portugués del castellano ó el i)rovenzal del fran- 
cés, y que hablan los indios de Batuco, pueblo de Sonora ; el jobOj 
joval ú ova^ hablado por las tribus de los mismos nombres y por 
los sahuaripas, en los Estados de Sonora y Chihuahua; elpimaj 
que se habla en los puntos conocidos con los nombres de Plmería 
alta y Pimería b£y a ( de las cuales la primera se halla, parte en 
nuestra frontera con los Estados Unidos y parte en esta nación, y 
la segunda está situada en el centro de Sonora); el tepehuátij con 
sus dialectos, hablado por los tepehuanes en Burango, Jalisco, 
Chihuahua, Coahuila y Sinaloa; elpápagoj de los pápagos, papa- 
hotas, papabicotam, en Sonora; el yunuij que comprende el cuchan; 
el cocomaricopa ú opa; el mojave ó mahao; el diegueuo ó cuueil; el 
yabipai, yampai ó yampaio; el cajuenche, hablado por los encapas 
ó cubanas y otras tribus; el sohdkipuri^ que se habla en los amenos 
valles de Sobahipuris; eljulimej que se hablaba en Chihuahua y 
Coahuila, que es añn del tepehuán y del pima, y que, según pare- 
ce, se ha extinguido completamente; el tarahumary con sus dialec- 
tos: el varogio, el guazápare y el pachera, que se habla en los Es- 
tados de Chihuahua, de Durango y de Sonora; la lengua que el 
P. Kibas y algunos otros misioneros ó escritores llaman cinaloa, y 
que Hervás nombra yaqui, es el idioma que propiamente se co- 
noce por cahita^ se habla en los Estados de Sonora y Sinaloa, y sos 
dialectos más conocidos son el yaqui, el mayo y el tehueco ó zua- 
que, que hablan respectivamente los indios avecindados en las ori- 
llas del río Yaqui, los habitadores de las orillas del río Mayo en 
Sonora y los de las márgenes del río del Fuerte, en Sinaloa; el Gua- 
zave ó VacoreguCy propio de los vacorcgaes, los hatucariSj los co- 
moporis y los guazaves, de la misma familia que los cahitas; el 
cora^ del Nayarit, dividido en tres dialectos, á saber: el Muiitzi- 
caty hablado por los que viven en el centro de la Sierra, el teacua- 
zitzica, propio de los que viven en los bajos de la Sierra i)or la 
parte que mira al Poniente, contiguos cuasi á la vista de tierra 
caliente, y el ateanaca de los indios até, que hablan los que viven 
Á orillas dei río Xayarit; el colotMn^ de Jalisco, que en sentir de 



DE Geografía y Estadística. 69 

los misioneros, es un dialecto del cora, y que en el día puede re- 
putarse como extinguido; el tubarj que se habla en Chihuahua, en 
el Distrito de Mina, orillas del río San Miguel; el huichola, que 
se habla en algunos pueblos de Colotlán; el zaeateco^ que parece 
afín del tepehuán, aunque de una manera dudosa; y por último, el 
acaxee ó topia^ comprendiendo el sabaibo, el tebaca y el xixime, 
en los Estados de Durango y Sinaloa. 

La familia comanche-shoshone, comprende el comanche con sus 
dialectos; el caigua ó kioway; el shoshone ó chochone; el wihi- 
nasht; el utali, yutah ó yuta; el pah-utah ó payuta; el chemegue 6 
chemehuevi; el cahuillo ó cawio, el kechi; el netela, el kizh ó kij; 
el fernandeuo y el moqui. — Estos idiomas pertenecen propiamente 
á la familia de lenguas norte- americanas, llamada shoshone y 
Snake, pero tienen también analogía con el gnipo mexicano, espe- 
cialmente con la familia óx)ata-pima. 

La familia tejana ó coahuilteca comprende el idioma tejano ó 
coahuilteco, así llamado por el Sr. Pimentel, porque según los mi- 
sioneros, era el más usado en las i^roviucias de Coahuila y Tejas, 
hablándose desde la Candela hasta el río de San Antonio. 

La familia keres-zuni, comprende el keres, el tesuque, el taos, 
el jemez y el zuüi, que son los idiomas de las tribus civilizadas de 
Nuevo México, y además el moqui de la familia shoshone. — De 
estos seis idiomas, el moqui y el zuni i)ertenecen al territorio del 
Eío Colorado, y los otro cuatro al del Eío Grande. 

De la familia Mutsun^ en la que están comprendidos el mutsun, 
el rumsen, el achastli, el Soledad y el costeño, baste decir que es- 
tos idiomas pertenecen á las tribus de la Alta California. 

Ala familia Oumcura, pertenecen el gnaicura, el aripa, el uchi- 
ta, el cora y el concho; y en la familia Cochimí-Laimón, están in- 
cluidos el cochimí dividido en cuatro dialectos, ó más bien, lenguas 
hermanas, á saber: el cadegomó, y los idiomas usados en las mi- 
siones de San Javier, San Ignacio y Santa María; y el Laymón: 
todos estos idiomas se encuentran en el Territorio de la Baja Ca- 
lifornia. — erLos españoles — dice Clavijero en su nHÍ8toria de la 
Baja California^ » encontraron en esta península tres naciones, y 
aun existen en el día, á saber: los i>ericués, los guaicuras y los co- 
chimíes. Los pericués ocupan la parte austral de la península, des- 
de el Cabo de San Lucas hasta loa 24^, y las islas adyacentes de 



• 



70 Sociedad Mexicana 

Cerralvo, el Espíritu Santo y San José: los guaicuras se estable- 
cieron entre el paralelo de 23^30' y el de 26°, y los cocliímíes to- 
maron la parte septentrional desde los 25^ hasta los 33^ , y algu- 
nas islas del mar Pacífico. Cada una de estas naciones tenía su 
lengua propia. — La lengua pericú ya no existe, y los individuos 
que han quedado de aquella desgraciada nación hablan hoy el es- 
pañol. » 

Siguiendo la clasificación hecha por el Sr. Pimentel, réstanos 
sólo hablar de la familia séri, que comprende el séri, el guaima ó 
gayama y el upanguaima. Deriva el nombre de la familia de los 
séris, que reducidos hoy á unas cuantas familias habitan en Sono- 
ra, especialmente en la Isla del Tiburón, por cuyo motivo se les co- 
noce también con el nombre de tiburones. 

cf Los séris, tribu habitadora de Sonora, dice el Sr. Orozco y Be- 
rra, forma con sus subtribus familia separada. — Por su idioma, 
por sus costumbres y por su fisonomía, se ax)arta completamente 
de la filiación de las naciones que la rodean, y parece que vive en 
la comarca que ocupa desde tiempos anteriores al establecimiento 
de la raza pima y de sus afines^ por el uso de las flechas empon- 
zoñadas recuerda á los caribes, así de las islas como del continen- 
te, y no sería remoto, aunque sí muy curioso, que con ellos tuvie- 
ran parentesco. Los séris, conocidos también por tiburones, nom- 
bre derivado de la Isla del Tiburón en el Mar de Cortés, que les 
sirve de abrigadero, cuentan como fracciones á los tepocas y á los 
salineros.^f El upanguaima es nación bien corta, y de éste, como 
más confinante y contiguo al séri, se debe presumir, y no hay duda 
en mi concepto, que le está coligado y unido. Poca es la distinción 
que hay entre séri y upanguaima, pues es una la inclinación y vi- 
da, y unos y otros casi hablan un mismo idioma.» ^ — De aquí, y 
de otros lugares, inferimos que el ui)anguaima es dialecto del séri. 
— De los guaimas se dice en otro lugar, 2 que: — «hablan con muy 
poca diferencia una misma lengua con los séris, » razón por la cual 
colocamos también el guaima como dialecto del séri. El mayor Pi- 
ke, según Balbi, llama gayamas á estos indios, siendo subtribu suya 
la de los comagues.» ^ 

1 Documentos parala Historia de México. — Tercera serie. Tom. I., pág. 889. 

2 Ibid., pág. 535. 

3 O. y B.— Geografía de las lenguas, etc., pág. 42. 



DB Geografía y Estadística. 71 

Concluye el Sr. Piíuentel el capítulo descriptivo de la lengua 
fiérí, recordando un curioso incidente que no podemos resistir á la 
tentación de transcribir^ y que dice así: — «'En cierta colección de 
itinerarios remitida por el conocido arqueólogo D. Fernando Ba- 
mírez á la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística^ se en- 
contraba uno de Durango á Avispe con esta nota: crLa tribu de los 
séris habla el árabej y se entiende con los moros á la primera en- 
trevista.» El Sr. Eamírez, en vista de semejante aserción, hizo al- 
gunas comparaciones entre el séri y el árabe^ resultando sin com- 
probación la supuesta analogía de aquellos idiomas. — Yéase el 
Boletín de la mencionada sociedad, t. 2, p. 208. » ^ 

Otra anécdota de índole análoga hemos nosotros oido también 
referir al Sr. Altamirano, relativa á la existencia de afinidades en- 
tre cierta lengua de la costa de Sonora y algún idioma ludo-europeo, 
mas no hemos tenido manera de sujetar á prueba esa aseveración. 

Si echamos una ojeada sobre la « Carta Etnográfica de México^» 
formada por el Lie. Manuel Orozco y Berra, reconoceremos que el 
grupo de lenguas indígenas apellidado mexicano- ópata, en la cla- 
sificación del Sr. Pimentel, abarca en su distribución geográfica 
cerca de las dos terceras partes de la área total de la Eepública 
Mexicana; y si á esta consideración se auna el número de familias 
y de lenguas que individualmente estén comprendidas en esa agru- 
pación, se tendrá una idea de su importancia geográfica, filológica 
y etnográfica. 

Las comparaciones léxicas y gramaticales de las lenguas cons* 
tituyentes del grupo mexicano- ópata, líonen de manifiesto los di- 
versos grados de afinidad que entre sí tienen y su probable comu- 
nidad de origen. — El fraccionamiento de la lengua primitiva, y la 
formación y desarrollo de diversos dialectos revistiendo algunos 
caracteres especialísimos, tienen su explicación en las leyes que 
signe la vida del lenguaje, y son una consecuencia inmediata del 
estado social que guardaron los pueblos habitadores de esta parte 
del continente americano. ^ — Todas las causas que relajan los la- 
zos políticos ó sociales y que favorecen la división de un pueblo 
en tribus ó en castas, acarrean el acrecentamiento de las divergen- 
cias en el seno del habla general. En un estado social próximo á 

1 Filología Mexicana, t. U, p. 242. 

2 W. D. Whitney. — La vie du langage. — Chap. IX. 



72 Sociedad Mexigai^a 

la barbarie varían poco la condicióu y las ocupaciones de los indi- 
yidaoSy casi todos los miembros de la comunidad se encuentran al 
mismo nivel y con corta diferencia, tienen los mismos conocimien- 
tos, la misma industria, las mismas costumbres, y la suma total de 
las ideas no es tan grande que no pueda cada individuo asimilár- 
selas y aprovecharlas. 

Por otra parte, las diferencias de las localidades están bien mar- 
cadas, porque sólo bajo el dominio de la civilización se asocian los 
hombres y pueden constituir poderosas nacionalidades. — Fuera 
de tales estrechos límites, la influencia de la barbarie es una fuer- 
za de desagregación, y si un pueblo salvaje se multiplica y extien- 
de sobre un gran territorio, se fracciona inmediatamente por sus 
divisiones y por sus rencillas y cada una de las agrupaciones que 
resulta altera á su manera la lengua general. Cuando, por el con- 
trario, llegan á introducirse elementos de civilización, propenden 
á conservar la lengua y á mantener su unidad. — La aparición de 
un sentimiento nacional de un orden bastante elevado para que 
implique el culto del pasado, conduce á la veneración de los actos 
y de la lengua de los mayores, y de esa suerte da margen al des- 
arrollo de una literatura que sirve de patrón para las futuras ten- 
tativas de cambio en el lenguaje. 

Como la secesión de los dialectos tiene por causa el desarrollo 
lingüístico, y la estabilidad de una lengua hace imposible que dé 
origen al nacimiento de otras lenguas, es evidente que la fuerza 
de separación depende de la fuerza de desarrollo; y como ya he- 
mos dicho, las influencias de la barbarie y las de la civilización, 
obrando á manera de fuerzas centrípeta y centrífuga, son diame- 
tralmente opuestas, aunque no sean influencias decisivas que ace- 
leren ó retarden el movimiento intrínseco del desarrollo del len- 
guaje. — ^Uno de los ejemplos más fácil de comprender y ala vez más 
instructivo del desarrollo de los dialectos, es el que nos presentan 
las lenguas romanas, ya porque constituyen un grupo importante 
de lenguas cultas, con su legión de dialectos subsidiarios, ya por- 
que se conoce la lengua madre de que se han desprendido, mejor 
de lo que comunmente acontece con las lenguas muertas. El lin- 
güista encuentra en ese estudio una infinidad de hechos que obser- 
var, que comparar, que describir desde su origen, en sus efectos 
y en sus causas: — su tarea, aunque fácil y sencilla bajo ciertos res- 



DE Geografía y Estadística. 73 

pecios, es bajo otros difícil y propia para confundir al que la aco- 
mete, porque á los ojos de la historia, por decirlo así, se lian pro- 
ducido cambios que resisten á la inyestiga'Ción y resultados que 
no se pueden hacer remontar hasta su origen. — Veamos, como 
ejemplo, alguno de los caminos que han seguido las lenguas roma- 
nas al segregarse del habla latina. El latín tenía la voz/ra¿er, que 
en francés ha sufrido algunas abreviaeiones fonéticas y se recono- 
ce todavía en la palabra /r^rc; pero en italiano y español ha expe- 
rimentado mayores mutilaciones: un /ray castellano y xmfrate ó 
uu/ra italiano, es un religioso de alguna comunidad eclesiástica, 
nufriar que diría un inglés, casi en la misma forma; y esta apli- 
cación particular ha obligado á cada lengua á buscar otro término 
para designar la consanguinidad en primer grado. El italiano^acep- 
tó el diminutivo fratello; y el español de la voz latina germanxis 
(pariente próximo) hizo la palabra hermano. — Los dialectos ger- 
mánicos presentan la misma clase de ejemplos en el seno de la di- 
versidad. — Las palabras germánicas hroeder en holandés, brud^r 
en alemán, brodhir en irlandés, hroder y bror en danés y en sueco, 
que corresponden todas al inglés brother, hermano, proceden in- 
dudablemente del mismo tronco, como los diversos derivados del 
frater latino, con el que tiene analogía fonética, que es más per- 
ceptible comparando otras voces de la misma clase, mothar yfa- 
tliarj con las correspondientes del latíu, mater^pater; y las huellas 
de las tres se reconocen todavía en las A'oces sánscritas bJirátar, 
matar j pitar, — Xos llevaría fuera de los límites de este trabajo, el 
examen de otros ejemplos de las evoluciones fonéticas y semánti- 
cas de las palabras procedentes de un tronco común, por una par- 
te, y por la otra, en el curso de esta mono^^rafía tendremos ocasión 
de presentar casos análogos en el grupo filológico que vamos á 
estudiar bajo uno de sus aspectos gríimaticales; y las afinidades 
que existen entre la lengua náhuatl y los otros idiomas del grupo 
mexicano- opa ta, no sólo deben atribuirse á las relaciones y al tra- 
to que las tribus que las usan tuvieron entre sí en tiempos remo- 
tos, sino que también demuestran la comunidad de origen de esas 
lenguas, cuya secesión y desarrollo separado se explican por las 
cansas sociológicas que antes hemos mencionado ligeramente. — 
Limitémonos aquí á recordar que el mexicano es el habla de un 
pueblo adelantiuio en la civilización, guerrero, conquistador, in- 

10 



74 Sociedad Mexicana 

quieto; y que siendo la fuerza de esa lengua muy expansiva, las 
tribus indígenas la adoptan como un signo de que entran en el ca- 
mino de la civilización, y abandonan el propio hablar en muclios 
casos para prepararse á adoptar el castellano. £1 mexicano se ha 
puesto en contacto con casi todas las tribus del país; ha ganado 
terreno que ha perdido en seguida, y por lo mismo ha batallado 
con éxito vario, ora quedando vencedor, ora vencido. Sea cual 
fuere la dirección que haya traído en su paso en la ancha faja re- 
corrida en sus emigraciones, ha dejado algunas huellas de los de- 
rroteros seguidos, señalando el tránsito de una nación poderosa, 
pero que no se presentó do una sola vez, de uu solo golpe; las inmi- 
graciones, pues, no han sido una sino varias; la familia mexicana 
se compone de diferentes tribus, que han hecho su aparecimiento 
en México en muy diversos tiempos y por caminos totalmente dis- 
tintos. 1 

Veamos ahora las reglas & que obedecen en la formación del plu- 
ral las lenguas que hemos rápidamente enumerado, comenzando 
por el mexicano. 

Los nombres de seres inanimados tienen la misma desinencia 
en singular que en plural ; y así so dirá ce tetlj una piedra, naliui 
tetlj cuatro piedras; pero hay algunas veces el recurso de indicar 
el plural doblando la primera sílaba; v. g.: calliy casa, cacaUiy ca- 
sas; exceptuándose de la regla anterior los nombres de objetos que 
á la imíiginación de los pueblos antiguos se presentaban como ani- 
mados; V. g.: ühuieatl^ cielo, que hace en plural ilhuicamé; tepetly 
monte, tepemé; ciÜaVín^ estrella, citlaltin; micquij cadáver, wt- 
micqué. 

Los nombres de los seres animados forman el plural de distinta 
manera, según que se hallen aislados ó compuestos con pronombre 
posesivo. 

Los nombres aislados terminados en ti mudan esta final en mé; 
V. g.: pitzotlj puerco, pitzomé; pudiendo duplicar su sílaba inicial 
de este modo: pipitzomé. 

No se observa la regla que precede con tlacatly persona, cihuatlj 
mujer, los nombres étnicos y los que designan oficio ó profesión, 
que forman su plural con solo quitar la final, poniendo además 
acento salto en la vocal última; y así de tlacatl, sale tl^cá^ de mexi- 

1 Orozco 7 Berra. — Geografía de las lenguas de México, pág. 14. 



DE Oeoorapíá y Estadística. 75 

eaü, mexicano, mexicá; áepochteeatl^ mercader, pochtecá. En ge- 
neral signen esta regla los nombres de personas y suelen duplicar 
sus sflabas inicíales, de manera que con cihtiatlj mujer, se dirá ci- 
huá ó eieihtiá j algunos dicen cicihuame. Teotlj Dios, Tecolota buho 
y sa compuesto Tlacatecolotl, diablo, doblan la sílaba inicial y pier- 
den la final, diciéndose: Tet^ój tetecoló, tlacatecoló^ y lo mismo hsk- 
eenconeüj niño; coatí, culebra; coyotl, coyote; coyametl, puerco; 
colotlj alacrán; cueyaUy rana; huexolotl, pavo; mazatl, venado; mo- 
yotlj mosquito; ocelotlj tigre; tixitly médico. 

De estos nombres, los que designan animales pueden seguir la 
regla general. 

Los nombres simples terminados en ni, toman en plural la de- 
sinencia me; V. g.: tlátuanij señor; tlátnatiiméj señores; bien que un 
autor dice que para formar este número basta aspirar la vocal 
última, diciéndose, por ejemplo, ilatuant. 

Los nombres primitivos acabados en tliy Zt, íw, mudan estas fina- 
les en tin ó me, aunque ésta es menos usual, y así de oquichtli, 
varen, sale oquichtin ú oquichmé; de zoliti, codorniz, zoltin ó zol- 
mi; de tlamachtillij discípulo, tlamacktüiin ó tlamatichmc. Verdad 
es que algunos doblan la i>rimera sílaba, como zoUuj que puede 
hacer zozoUin 6 zozohne; y telpochtli, joven é ichpochtUj doncella, 
duplican siempre elpo, resaltando ieJpopochtin, ichpojyochtin. 

Si la final in no va precedida de /, se añade tin; tevpin, pulga, 
tecpintin. 

Los nombres terminados en qni^ c, cambian estas finales en qué 
y esta sílaba se añade á los que acaban en /nwí, e, <>, y á los ver- 
bales en í. — Ejemplos: Tlahumiqui, borracho, tlahuauqué; iztac, 
blanco, iztaqué; tlatquihua, rico, tlatquilniaqué; tlacuUó, pintor, 
tlacuiloqué; temachti, maestro, temachtiqué. 

Los nombres de otras terminaciones toman ad libitinn las fina- 
les mé ó tin, como t^apa, enano, tzapamé; texcan, chinche, texcamé 
ó texcantin. 

En cuanto á los nombres derivados forman el plural así : los 
llamados reverenciales ó estimativos, acabados en tzintli, hacen 
el plural en tzintzintin; los diminutivos en tontli, en totontin; y 
los diminutivos en ton y pil y los aumentativos Gnpol y reveren- 
ciales en tzin, duplicando la final, aunque con sinalefa; v. g.: tlu- 
eatzintli, persona; tlacatzinzintin, personas; caltontU, casita; cal- 



76 Sociedad Mexicana 

totontiny casitas; ichcapilj ovejita; ichcapipily ovejitas; ckkhiUmy 
perrillo; chichitoton^ perrillos; huehuetzin^ viejo^ kuéhueziíUásin^ 
viejos. 

Como ejemplos de plarales irregulares pueden citarse los si- 
guientes: huehué, viejo, huehttetqué; ilama^ vieja, iUimatqué; cequi^ 
alguno, cequintin 6 cequin; huey^ grande, huéhueintin ó huehtitein; 
ixchacliiy mucho, ixchachin; miec, mucho, miectinj miequintin 6 
miequin; mochiy todo, mochintin^ mochín ó mochtin; quezquij cnan- 
to, quezquintin, quezquin ó quezquime. 

Los nombres, sean primitivos ó derivados, compuestos con algu- 
no de los pronombres posesivos nOy mío; mo tuyo; t, suyo (de él); 
to, nuestro; amo, vuestro; tn, suyo (de ellos); fe, de otro ó de otros, 
hacen el plurar en hiianj conservando además los nombres deri- 
vados la terminación de plural que les corresponde, experimen- 
tando la redui)licación que se ha explicado anteriormente. — Ejem- 
plos: to-teotzin, nuestro dios; ioteotzitzinhtian, nuestros dioses; i- 
chichinton, su perrillo; i-chichitotonhuanj sus perrillos. — PiltzintU 
y pilfontUy mudan por metátesis el lugar de la sílaba huan^ y así 
de mo-piltziny por ejemplo, sale ino-pillmantzitzhiy y de mo-piltonj 
mo-piUiuantoton. 

Agregaremos para terminar con lo relativo al plural, que en 
mexicano hay concordancia de número entre sustantivo y adjeti- 
vo, pues cuando se trata de seres animados, uno y otro reciben la 
terminación del plural y ninguno de los dos cuando se trata de 
inanimados. Ejemiilo: teü^ piedra, miec fetl, muchas piedras. Más 
adelante veremos que en el cahita, el cora, el heve y el ópata^ 
se sigue el mismo procedimiento, y en todos estos dialectos, así 
como en buen número de lenguas americanas, particularmente en 
el Sioux, la ausencia de sufijo, de signo i)ropio x>ara el plural, sir- 
ve, por decirlo así, para marcar el género irracional por oposición 
al género noble ó racional; y debe también observarse que las len- 
guas álgicas únicamente distinguen estos géneros en el plural, 
aunque posean desinencias i>ropias para cada uno de ellos. ^ 

Resumiendo lo exi)uesto x)recedeiitemente, podemos decir que 
las terminaciones características del plural en el idioma náhuatl, 
son: mé^ tuij qué, ?w, ca y hnan. 

Trataremos ahora de exponer con la posible rai>idez, las reglas 

1 C harcncej, op. cit., pág. 5. 



DE Geografía y Estadística. 77 

que en la formación del plural siguen las otras lenguas del grux)o 
mexicano-ópata, y al efecto nos valdremos principalmente de la 
obra del Sr. Pimentel, copiando ó extractando lo conducente de 
las 'descripciones que el autor Lace de cada uno de esos idiomas. 

ÓPATA. — xLos nombres de cosas inanimadas no tienen signo 
para expresar plural, de manera que es preciso hacerlo por medio 
de algún adverbio ú otra palabra que indique muchedumbre. 

Los nombres de animales irracionales tampoco tienen ese nú- 
mero; sólo he encontrado uno en la gramática que le tenga, y es 
harcj ardilla; en plural hohore^ pero aun éste, según dice Lombar- 
do, casi sólo en singular se usa. 

Los nombres de sére^ racionales sí tienen plural, y al menos al- 
gunos. Los que he hallado en la gramática son los siguientes: 

Oquij mujer; nau^ mujeres. 

Urij varón; urini^ varones. 

Tessá^ ó tessachi, el niño; ussi, 6 urímussi, los niños. 

Oquichiy la niña; naumachij las niñas. 

Oquinuiequij la doncella; nauJcichij las doncellas. 

Oze^ el viejo; navotzéj los viejos. 

Oatzi, la vieja; odatzí, las viejas. 

Temáchij el mozo; tetemacM^ los mozos. 

Los nombres de parentesco también tienen plural: vatziguatj 
hermano; vapatzeguaty hermanos; niaraguatj hija; mamaragtiatf 
bijas. 

Algunos de los nombres que tienen plural, le forman con sólo 
duplicar la primera silaba, como se vé en alguno de los ejemplos 
puestos; pero en la formación de los otros no se observa siste- 
ma fijo.» ^ 

EuDBVE. — «Los sustantivos, especialmente los de seres racio- 
n^es, forman generalmente el plural, duplicando la x)rímera síla- 
ba del singular; v. g.: hoitj miyer; hohoit, mujeres; denij bueno; de- 
deniy buenos. 

Otros nombres forman el plural irregularmente, al grado que 
algunos son enteramente diferentes en cada número; v. g.: doritzi 
muchacho; ímí«, muchachos. Los nombres en plural siguen para 
8U declinación las mismas reglas que en singular.» 2 

' 1 Tratftdo de Filología Mexicana, T. I., pág. 00. 
2 Pimentel, op. cit., T. I., pág. 180. 



78 SoGEBDAD Mexicana 

Cahita. — «Hay número singular y plural. — Los sustantivos que 
acaban en vocal y los adjetivos, forman el plural añadiendo una 
fíi al singular; tabUy conejo; tabumj conejos. Los sustantivos aca- 
bados en consonante, hacen el plural añadiendo tm, y los en ty 
zim; paros, liebre; parzinij liebres; nikitj pájaro; nikitzimy pája- 
ros. — Además de iK)ner la terminación, se duplica á veces la pri- 
mera sílaba ó la de en medio. 

Los nombres acabados en me, sustantivos ó participios, forman 
el plural añadiendo una m al caso oblícuo^^ó duplicando la primera 
sílaba ó la de en medio: veme, doncella; veveme 6 venietam, doncellas. 

Los verbales terminados en ria 6 ia y los en ye que significan 
seres inanimados, carecen de plural. Asimismo no tienen este 
número algunos otros nombres, como toa, el sol; metza 6 mechay la 
luna; tahi, el fuego y otros. Por el contrario, hay algunos que ca- 
recen del singular, como supem, el vestido; nakam, las orejas; 
tzoinij la cera. 

Los nombres en plural no tienen caso oblicuo.^ 

Piif A. — «rPara formar el número plural la regla es duplicar la 
primera sílaba del nombre en singular; v. g.: hotaj piedra; hohotay 
piedras. Otras reglas que da la gramática para la formación del 
plural, se fundan en el uso del metaplasmo; v. g.: vinoy, culebra; 
vipinoy, culebras; eu lugar de vivinoy. Algunos nombres no tie- 
nen plural, como kokonij el cuervo ó los cuervos. Eu ñn, hay nom- 
bres en plural cuya forma cambia mucho ó completamente respec- 
to al singular, lo cual no puede reducirse á reglas; v. g.: tuaiOy 
doncella; tusia, doncellas; mt, hermano; sisikij hermanos; tuvUy 
liebre; tutuapa, liebres.» 

Algunos adjetivos pluralizan y otros no.^ 

Tbpehuán. — «Para formar el número plural la regla general 
es que se duplique la primera sílaba del nombre en singular; v. g.: 
teodiy varón; teteodi, varones. Esta regla tiene algunas excepcio- 
nes que enseña la gramática.» 3 

Tabahumab. — «Hay número singular y plural: fórmase éste 
de aquel, duplicando una sílaba: mulci, mujer; munuüciy mujeres; 
ó bien juntando al singular un aílverbio ú otra palabra que indi- 

1 Ibid, pág. 161. 

2 Ibid, páfl:. 195. 
8 Ibid, pág. 225. 



DE Geografía y Estadística. 70 

que pluralidad, entre las cuales se encuentran ciertos yerbos que 
expresan plural, de que adelante hablaré. 

Los nombres patronímicos forman plural doblando la última sí- 
laba. 

Entre las partículas componentes sa encuentran gua^ que indi- 
ca pluralidstd.»^ 

CoBA« — « Los nombres de seres animados y algunos de inanima- 
dos tienen plural, cuyo número se marca por medio de la^ termi- 
naciones tej eri 6 r% tzi ó zij ó de la partícula prepositiva mea. 
Algunas veces el nombre en plural varía completamente respecto 
del singular. Ejemplos: 

ZearaUj abeja; zearaterij abejas. 

Kanaxj oveja; kanaxeri, ovejas. 

Kurut€j grulla; kurutzi, grullas. 

TeojrXr^i, alacrán; iea^hate^ alacranes. 

TJiiay mujer; ukari, mujeres. 

Tevity persona; teaiterij personas. 

Además de los signos que he mencionado para expresar el plu- 
ral, conforme á las observaciones de Ortega, veo que en el diccio- 
nario hay algunos nombres que forman ese número terminando en 
moa; V. g.: tiyaohy hijo; tiya4>hmoaj hijos.» ^ 

GoMANCHE. — tfEn el idioma comanche hay singular, dual y 
plural. 

El dual se forma agregando al singular la terminación neuh; 
V. g.: arékáj venado; arékaneüh^ dos venados. 

El plural se forma generalmente por medio de la terminación 
né; V. g.: arekáy venado; arekanéy venados. Hay varios nombres 
cuyo plural es irregular; v. g.ipaky flecha; pákandéy flechas.» ^ 

MxTTSiTN. — «El número se forma en mutsun con la final mák 6 
más generalmente may la cual tiene semejanza marcada con las 
siguientes de igual objeto gramatical: me en mexicano; m en ca- 
hita; mea partícula ó moa final en cora; me, m en eudeve; ne en 
comanche. Ejemplos: appa padre; appa^ma, padres; mukurmaj 
mujer; mukurmakmay mujeres.» ^ 

1 Ibid, pág. 250. 

2 Ibid, pág. 284. 

3 Ibid, T. II, pág. U. 

4 Ibid, T. II, págs. 151 y 170. 



80 Sociedad Mexicana 

GuAicuRA. — (( Algunos sustantivos forman plnral por medio de 
una partícula prepositiva ó una final. Según el ejemplo que trae 
Bagert, la final guaicura de plural es ma^ la cual es enteramente 
igual en mutsun, y análoga á las de igual objeto gramatical me en 
mexicano, m en caliita; mea en cora; mCy m en eudeve y neenco- 
manclie: ya sabemos que n j m conmutan en estos idiomas. La 
partícula prepositiva del guaicura para expresar el plural, según 
el ejemplo que trae el mismo Bagert, es Je; anai^ miyer, Jcanaij mu- 
jeres. Al tratar del verbo haré una observación sobre el signo k.^^ ^ 

SÉBi. — «En los ejemplos que be podido ver del plural — dice el 
autor que venimos citando — observo la concurrencia de la letra £ 
antepuesta, intercalada ó final; v. gr.atepiny canasto; atepi-k-aa^ 
canastos; Jcmam, mujer; Icaimi-jír-lc^ miyeres; «tp, muchacho, jp«t- 
pil-k-jy muchachos; tam^ hombre; tamu-kók-^tamu-'k hombres. 
Recuérdese que la k es signo del plural en el verbo mexicano, y 
lo mismo en guaicura, donde también marca el mismo número en 
el nombre como partícula i)repo8itiva.))2 

Por insuficiencia de los materiales de que podía disponer el 
Sr. Pimentel respecto de otros idiomas del grupo mexicano-ópa- 
ta, no entra acerca de ellos en un análisis minucioso de su carác- 
ter gramatical; mas creemos que lo expuesto es bastante para el 
asunto que lleva por objeto examinar el presente trabajo. 

Eesumiendo, podremos decir: que en las lenguas del gnipo me- 
xicano -ópata se observa para formar el plural uno de los tres pro 
cedimientos siguientes: 

1? A veces para expresar el plural, se usa de una palabra que 
indique muchedumbre, particularmente tratándose de nombres de 
objetos inanimados, y sobre este particular ya hicimos una obser- 
vación al ocupamos de las diversas maneras de significar el plu- 
ral en el idioma náhuatl, 

2? En mexicano y las lenguas ópatas se indica también el plu- 
ral repitiendo una sílaba del nombre en singular. Esta forma, que 
es también común al japonés, llama la atención por su sencillez é 
ideología; y la repetición de la primera sílaba de la palabra ha 
sido evidentemente el resultado de la alteración de un sistema 
más antiguo, que consistía en repetir el nombre mismo para deno- 

1 TomoII, pág. 199. 

2 Ibid, Tomo II, pág. 281. 



DK Geografía v Estadística. 



81 



tar el ploraL El hebreo que forma sn superlativo por el mismo pro- 
cedimiento de repetición^ liase inspirado probablemente en uDa 
percepción análoga, y á la verdad es más natural recurrir á este 
artificio para marcar el número, que emplearlo como lo han hecho 
diversos idiomas indo -europeos y uralianos para expresar el pa- 
sado del verbo. 

3? El mexicano, algunas lenguas de la familia ópata, el coman- 
che, el mntsun, el guaicura y el séri tienen terminaciones ó partí- 
culas de plural, de cuya analogía puede juzgarse por el siguiente 
cuadro comparativo: 



i 

m 
«» 

ü 



Tin. 
In. 
Quft. 
Gá. 

Huan 



t 

o 



NI. 



S4 



Me,m 



• ■ ■ ••• 



4 



M,me 

Zlm. 

Im. 

••• • •• 

• •• • ■• 



a 



Ma, mu. 
Ti. 



a 



Ma, m 



i 



Gua. 



i 

o 

o 



Mea, m6a 
Te, tzi. 



ja 
*t 

e 
m 

B 

o 



Né. 



Ma. 



In. 



• •• • • • 



i 

3 


• 


o 


'i 


Ma. 






Cu. 






Ca. 




1 

1 



Se reconoce que en el grupo mexicano- ópata la forma dominan- 
te de las desinencias características del plural, comprende las va- 
riaciones del primer alineamiento: muj mSy meaj moa^ m; ne^ nij 
debiéndose tener presente la conmutación de n en m, tiin frecuen- 
te en los idiomas que se vienen considerando. 

A la terminación Un del mexicano deben referirse las desinen- 
cias zim^ Uj tziy zij ti, 

In es terminación de pronombre en plural^ en mexicano y en 
routsun. 

En otro grupo pueden, en ñn, reunirse los sufijos, qué^ ca, cuj y 
relacionarse el huan del mexicano con el gua del tarahumar. Mr. 
de Charencey en su obra ya citada, dice que uno de los caracteres 
de las lenguas mexicanas que se hablan sobre las costas del Pací- 
fico es su irregularidad, en cuanto á la manera de formar el plural ; 
que este es un indicio de juventud, de alteración, que se hace más 
sensible cuando se comparan esas lenguas con las álgicas y esqui- 
males, que son tan regulares bajo ese respecto; y en esa divergen 

11 



82 Sociedad Mexicana 

cia eucueutra el autor una nueva prueba que citar en favor de la 
opinión que recbaza el origen a-siático de los americanos. 

Acaso no siempre sea esa irregularidad un indicio de juventud 
y de alteración en las lenguas; y para presentar un ejemplo que 
esté al alcance aun de las personas poco versadas en acbaques de 
filología^ recurriremos al idioma inglés, que según las indagacio- 
nes lingüísticas tiene en sus evoluciones la particularidad de acu- 
sar una marcada tendencia á la simpliñcación, á la abreviación y 
á deshacerse de sonidos inútiles. Ahora bien, la regla general para 
la formación del plural, además de cuatro excepciones principales^ 
según la terminación que lleve el nombre en singular; aparte de 
los nombres que no tienen singular; de otros muchos que no tienen 
plural, como son los de virtudes, vicios, hábitos, metales, líquidos 
y varias yerbas y especies de granos ; y de los que sin mudanza sd- 
guna pueden usarse tanto en singular como en x)lnral, figurando 
entre ellos algunos nombres de anímales; existen además, como se 
sabe, nombres enteramente irregulares en el plural, como brotker^ 
hermano, hrethrcn; child, criatura, chíldren; footj pie, feet; oxj 
buey, ox€u ; marij hombre, men^ etc. ; y de paso diremos que esta es 
una de las varias analogías gramaticales que se descubren entre el 
inglés y el náhuatl. 

Intentemos ya rastrear los orígenes de las terminaciones del plu- 
ral en el náhuatl y las lenguas afines, que es el punto objetivo de 
la cuestión que ha de examinsu* el 8? Congreso Internacional de 
Americanistas. 

El Sr. Piment'e], tratando de demostrar que en las lenguas de 
México ((algunos de sus signos gramaticales nada significan, ni tie- 
nen valor alguno indepcíidientes de la radical^ » dice al examinar las 
desinencias de plural en el mexicano: 

« MieCj para exx)resar plural, no es otra cosa sino el adverbio mu- 
cho; pero además hay cuatro terminaciones con el mismo objeto, 
mS, qué, tin, huan. Huan, entre las preposiciones mexicanas, sig- 
nifica con, compañiaj y pudiera suponerse que pasó á signo de plu- 
ral indicando unión. Me, pudiera creerse que es un abreviado de 
miec, mucho, aunque este adverbio tiene un objeto particular, que 
es ir con nombres de inanimados, mientras que me se usa con nom- 
bres de animados, así es, que teniendo cada uno aplicación distin> 
ta, parece que no deben confundirse. 



DE Geografía y Estadística. 83 

«Respecto de qué y de tinj no paeden hacerse ni aun esa clase de 
interpretaciones.» ^ 

Nosotros, por nuestra parte, creemos haber encontrado el origen 
de las terminaciones que denotan el plural en las lenguas del gru- 
po mexicano-ópata, recurriendo al idioma délos Brahmas. 

En un trabajo que tenemos en preparación, demostraremos la 
íntima relación que entre sí guardan las lenguas náhuatl y sáns- 
crita, y en nuestro estudio sobre la Toponomatotecnia náhoa^ ^ es 
decir, el arte con que los antiguos habitadores de nuestras comar- 
cas impusieron nombres á los lagares según sus caracteres, hemos 
acometido el análisis etimológico de las postposiciones, llegando 
á resultados bastante satisfactorios respecto de su derivación sig- 
nificativa, basando nuestras conclusiones sobre el enlace lógico, y, 
por decirlo así, necesario de las ideas, y sobre series bien compro- 
badas de analogías. Con el fin de justificar nuestro proceder en la 
resolución de la cuestión que venimos examinando, y para no dar 
una considerable extensión á estos breves apuntamientos, nos li- 
mitaremos á reproducir aquí algunas de las consecuencias que he- 
mos derivado de los geroglífícos do los tldcuiloqué acerca del ori- 
gen de las terminaciones de los nombres de lugar. 

^Paiij en concepto del Sr. D. Alfredo Cha vero, es voz maya que 
significa bandera, y como terminación de un nombre de lugar, ex- 
presa un centro militar ó de gobierno. 

«De este monosílabo hicieron los náhoas snpayitliy pero se nota 
que los nombres de sus primitivas ciudades no tenían la termina- 
ción _p<in, mientras que abunda en los pueblos de la región del Sur.» ^ 

«Pudiera citarse en apoyo de esta opinión el hecho de que en 
los Katunes de la historia maya, conocidos también entre los ame- 
ricanistas-con la denominación de « Códice Pío Pérez, » del nombre 
de 8u descubridor é intérprete, al consignar la emigración é inva- 
sión tolteca acaudillada por Tutul-Xiu f Totol-xiuhj p^aro azul 
6 precioso), se designa una región de la Península yucateca con 
la apelación de Mayax)an ó Mayalpan, «ciudad ó bandera de los 

1 Caadro descriptivo y comparativo de las lenguas ÍDdf^cnas de México. T. lll, 
pág. 687. 

2 Revista Nacional de Letras y Ciencias, Tomo I, páginas 120 y 174; Tomo lU 
pég. 79; Tomo III, pág. 49. 

9 México á través de ios Siglos, Tomo I, pág. 46'i. 



84 Sociedad Mexicana 

mayas, D y á la comarca de donde habían partido los reci4^n llega- 
dos, se le llama Tulapan. 

(íBs también otro hecho, confirmado por los estudios arqueoló- 
gicos y etnográficos, que las razas del Sur, en sus movimientos de 
expansión, se extendieron por la costa del Golfo, ocuparon 1» re- 
gión del Tamoauchnu, hoy Tamaulipas, cuyos habitadores aborí- 
genas hablan lengua afín con la maya; y que penetraron también 
al interior del país, dejando como monumentos de su civilización 
las pirámides de Teotihuacán, de Cholula, de Papantla; los relie- 
ves de Xochicalco y de Zaachila, que en los tocados y en la ac- 
titud de las figuras, lo mismo que en las cabecitas de Teotihuacán, 
recuerdan los trajes y posiciones de las esculturas de Copan en la 
América Central, y las del Palenque en el territorio mexicano. 

«Esos pueblos del Sur, cuando imperaron como dominadores en 
la región central, bien pudieron agregar su desinencia caracterís- 
tica á los primitivos nombres de lugar, particularmente en las lo- 
calidades que fueron sus principales centros de población. 

«Comparaciones lexicológicas nos conducen á otro origen respec- 
to de la posposición pan y la voz pantli, cuyo signo le sirve de fo- 
nético en los geroglíficos mexicanos. 

^Patdkay significa en sánscrito, bandera; jia2ír, pueblo pequeño; 
pálij línea, hilera, banco de tierra, puente, calzada, filo de cuchi- 
llo; siendo digno de advertir que pantH tiene también en mexicano 
la acepción de renglón, surco, pared ó hilera de personas ó cosas 
puestas por orden á la larga; de manera que la palabra apantlij 
empleada para designar una acequia, zanja regadora, caño y en 
general una pequeña corriente de agua, puede traducirse literal- 
mente y con mucha propiedad por « surco de agua. » 

« Sin dificultad se descubre la relación entre las voces sánscri- 
tas que acabamos de apuntar y la posposición náhoa pauj que tam- 
bién pudiera derivarse del mexicano palli^ barro, y este á su vez 
del sánscrito palka, fango. 

«Pan ópanUj según el Diccionario Bretón de Le Cxodinec, signi- 
fica lugar, región. 

dPay copa se traducen por en, con, hacia, al lado de, y tienen 
su signo fonético, que es una sol£^ huella del pie humano; jprí^^ en 
sánscrito es también el x)ie, la huella, lugar, sitio; pádami estar 
fijo, firme, persistir. 



DK Gkogbafía y Estadística. 8o 

«La desiuencia tlaj tan usada en la uomen datura geo^ráfícapara 
formar nombres colectivos, que expresen un lugar abundante de 
lo que signifique su raíz, parece venir del sánscrito td, sufijo de 
palabras abstractas, que indica calidad, estado, colección: ejem- 
plo: grámatáj reunión de pueblos, de gráma^ pueblo. 

«El mímico de tlantli^ dientes, que sirve de fonético álapospo 
sición ilüy contiene en sí la idea de colectividad, reunión. 

«Las posposiciones ixcoy ixpan^ ixtUin^ ixca^ se derivan del nom- 
bre ixtliy que significa cara, presencia, haz, superficie. Se repre- 
sentan por dos pequeños círculos concéntricos que figuran el ojo 
humano, estando la mitad inferior pintada de rojo. Ojo en mexi- 
cano se dice ixielolotliy palabra que tiene notoria afinidad con las 
sánscritas íj?, ixé, ver, mirar; ixama, vista, aspecto, ojo, mirada, 
puesto que en todas aparece la radical íx, 

ff Tlan es luia posposición esencialmente uáhoa, que domina en- 
tre todas las que afijan los nombres de lugar registrados en el Có- 
dice Mendocino. Suelen confundirla los autores con tía , aunque 
no significa lo mismo, y en las pinturas tiene también por fonéti- 
co el mímico de tlantlí, dientes. Tlan tiene las aceiiciones de junto, 
entre, debajo, á la vista. Muchas veces entre tlan y su componen- 
te se pone la i)artícula í/, llamada por los graraí'ltieos ligatura, y 
que sólo sirve para la eufonín. Afijando el nombre de una región, 
creemos que tlan tiene un significado equivalente (% las voces landj 
lontj lajit de las lenguas indo -europeas de la familia teutónica, y 
que se pueden traducir por las expresiones «la tierra de,» «el país 
de, j» «lugar de,» como Mictlan^ tierra de sepulcros; é Iczamatitlan^ 
el país del pajiel de palma. 

«Presumimos que tlan viene de tlalUy tierra, y ésta á su vez de 
la palabra sánscrita fa/a, suelo, terreno, superficie; ó de Brandy 
fuego; brennenj quemar, etc. ^ 

ff La terminación e«w, que significa « lugar, » entra en composición 
con adjetivos, adverbios, sustantivos y verbos; y se compone tam- 
bién con numerales. Puede venir del sánscrito Tcalaj suelo vege- 
tal, fértil y buen terreno, sitio, lugar; ó de Jcsám, tierra, que dife- 
rentes variantes reducen seguramente á un antecedente sJcám, si 
se tiene en cuent^i el doble fenómeno fonético tíin frecuente, en 

1 Ilegnaud, Origine du Laügage, pagc 378. 



S6 Sociedad Mexicana 

virtud del cual un grupo primitivo sk se transforma por una metá- 
tesis en kSy ó se reduce á kj perdiendo la inicial 8. 

«La raíz ksd tiene la acepción de secar, arder, endurecer, de ma- 
nera que el sentido primitivo de la palabra tierra ha sido la seca^ 
con relación al elemento húmedo. 

«El verbo mexicano ka, ser ó estar, procede probablemente de 
la misma raíz sánscrita ksd, 

<c Ca, significa con, mediante, por, de; v. g. : no catihuetzca^ te ríes 
de mí; ica tetl, con piedra, con la piedra. Pocas veces se encuen 
tra esta posposición en los nombres de lugar; creemos que es apó- 
cope de mn, y que tiene en esos casos la misma acei)ción y el mis- 
mo origen que hemos señalado para esta última terminación. 

« Co, c, dicen los gramáticos, significan en, dentro, en secreto. 
Co es partícula en que se convierten los nombres en f /i, /?, ín, para 
hacerse nombres de lugar, sirviendo de final la misma co\ v. g,: 
tianqukco, en la plaza: del nombre tianquiztlí, plaza ó lugar don- 
de se concurre en muchedumbre; Acalco, en la nave; de acaHi^ 
nave, canoa, chalupa. 

ff C, es para mudarse en ella la ti de los nombres que terminan 
con estas letras; v. g.: Oztoc, en la cueva, de oztotl, cueva. Estáis 
posposiciones no sirven para nombres monosílabos, excepto tletl, 
fuego, lumbre, que hace tieco, en la lumbre. 

« Co y c son posposiciones que abundan mucho en la nomenclatu- 
ra geográfica nahoa; y á nuestro modo de ver denotan un lugar, 
sitio, etc.; no tienen signo i)articular en los geroglíficos de la Co- 
lección de Mendoza, pero en el Plano topográfico del Señorío dt 
Coátinchan, los nombres de Tenaneo y Texalco tienen una olla^ co- 
mitl, cuya radical da el fonético de la posposición co. ^ 

«Parece que co trae su origen del sánscrito kii, tierra, raíz que 
figura en knJclla, punta de tierra, montana, pico, promontorio ; fcw- 
kúla, agujero en la tierra para conservar el trigo, etc. ; Cocula, po- 
blación del Estado de Guerrero, que está cu una hondura: Entro 
las i)alabras mexicanas en las que el prefijo co 6 cu tiene la signi- 
ficación de tierra, pueden citarse: cncmitl, heredíul, tierra labrada 
ó camellón; ciienchihua, labrar tierra; cuenfcca, hacer camellones, 
cuenticpactli, camellón, caballete, etc. 

« Tepec es una de las terminaciones más frecuentes de los nom- 

1 México ti través de los Siglos. Tomo I, pág. 517. 



DE Geografía y Estadística. 87 

bres de lugar, y se forma de tepetlj cerro, y la posposicióu c que 
designa lugar; su signo fonético es una especie de ánfora, aboca- 
da en la parte inferior, pues era creencia entre los antiguos mexi- 
canos que los montes estaban llenos de agua, y que en determina- 
das circunstancias podían romperse, causando inundaciones. 

«Siempre que entre los elementos constitutivos del nombre del 
lugar figure la palabra tepetl, será señal segura de que la pobla- 
ción se levanta sobre un cerro, ó en su falda ó al pie de la monta- 
ña de donde ha tomado su denominacióu, ó que está asentada so- 
bre nn terreno particularmente sólido, seco y duro, como la toba, 
conocida en el x)aís con el nombre de tepetate. 

« TepeCj dice el Dr. Peñafíel, como terminación es sinónimo de 
cany de co, de c, de tía ó tlauj de titlan y aun de las ñnalcs de los 
nombres verbales de lugar en la escritura geroglífíca, como se ob- 
serva en el Códice del Duque do Osuna ; pero en el de Mendoza, 
esta terrainaeión generalmente es nominal é indica siempre el lu- 
gar habitado ó poblado. ^ 

« Tepec es efectivamente una de las variantes de lugar, sitio, etc., 
que como tlariy lan, pan^ can, co y c, traen en resumen su origen de 
la palabra tierra. Deriva, á no dudarlo, de la misma fuente que la 
voz griega tótzo^^ que ha tenido primitivamente la significación del 
lugar cálido, el seco, la tierra, el país, el sitio, etc. La raíz sáns- 
crita tenía probablemente una s inicial, que á veces se ha perdido, 
pero que se descubre en el ruso stípi, estepa, páramo. 

«En su acepción de cerro, la palabra náhoa tepetl iludiera tam- 
bién relacionarse con la sánscrita stúpa^ montículo, montón, reu- 
niÓQ de piedras, de tierra, etc.; especie de torre ó de mausoleo ele- 
vado en honor de budhistas eminentes; en pali, tapa. Las pirámides 
fúnebres de los antiguos reyes, en la India ulterior, se llaman to- 
davía tfstopas.» Eu inglés tenemos la palabra topj cima, cumbre. 

cí Recordaremos todavía, confirmando la íntima relación semánti- 
ca de las voces náhoas que hemos comparado con las correspondien- 
tes del idioma de los Brahmas, que las principales palabras que en 
las lenguas indo-europeas designan la tierra, sus variantes, acci- 
dentes y derivados, traen su origen de raices verbales sánscritas 
cuyo sentido primitivo es el de brillar — quemar, secar, endurecer, 
afirmar, fijar, consolidar, solidificar, etc., de manera que la tierra 

l Nombres geográficos de México, pág. 88. 



88 Sociedad Mexicana 

es «la cosa seca,» con relación al elemento húmedo, es decir, ol 
mar, los lagos, los ríos y el agua en general. Ahora bien, nuestra 
palabra tepetlatlj toba, tozca ú cuzilla, como dice el vocabulario de 
Molina, sirve x)ara designar una clase de terreno en el que las mis- 
mas cualidades de dureza, sequedad, aridez, firmeza y solidez es- 
tán desarrolladas en alto grado. 

«Nákva^, se traduce i)or detrás, junto, cerca, hacia, en compa- 
ñía, en la superficie. CuauhnahíidCj cerca ó junto de los árboles^ 
calnahuac, junto á la casa. En los geroglífícos la posposición se ex- 
presa, bien por una boca delante de la cual se nota la virgula, sím- 
bolo de la palabra; bien por dos, tres ó más vírgulas prolongadas. 
Gomo fonético, el signo arroja los sonidos náhun y hua. 

«Náhuatlj significa cosa que suena bien; nahuatlato^ intérprete; 
nahuatlatoaj tener oficio de intérprete; y entre las palabras sáns- 
critas en que el elemento vac 6 hiuic tiene la misma acepción que 
en mexicano, x^odremos citar: vaktra, la boca, órgano de la palabra 
vatchy hablar; vatcha^ perico. » ^ 

Para ciertos nombres refractarios á los procedimientos ordina- 
rios de indagaciones etimológicas, hemos alcanzado resultarlos al 
parecer satisfactorios, remontándonos á los orígenes de la lengua 
náhoa, para rastrear aquellas radicales perdidas ó poco usadas en 
el lenguaje corriente que no es fácil hallar en los vocabularios 
usuales. Así, por ejemi)lo, la palabra Choleo^ respecto de cuya sig- 
nificación anda tan dividida la opinión de los onomatologistas, vie- 
ne, á nuestro modo de ver, de una raíz sánscrita perdida ó poco 
usada en el náhoa, que significa agua, lago, estanque, de manera 
que Chalco quiere decir sencillamente: «ciudad ó lugar del lago,» 
enteramente de acuerdo con su situa<;ión topográfica; y la palabra 
sánscrita que reconocemos como fuente de la mexicana challiy es 
garCy que tiene las acepciones de agua, lago, estanque, y para ha- 
cer más perceptible su analogía fonética con la voz nálioa á que la 
hemos equiparado, baste recordar que la letra ^a, 44* y 1* silbante 
del alfabeto sánscrito, ocupa un lugar medio entre Jca y «7ia, y la r 
se permuta sin dificultad por su análoga la I en las lenguas que ca- 
recen de la primera letra. Tenemos todavía la palabra sánscrita 
^vdía, agua, y la mexicana Chápala, nombre de un lago del Esta- 
do de Jalisco; y á mayor abundamiento la misma radical que en 

1 Revista Nacional de Letras y Cieocias, T. I., p. 175. 



DK Geografía y Estadística. 89 

lapalabra Chalco, circunstancia que acaso viene en apoyo de nues- 
tra etimología, se reconoce en el nombre de la «Diosa del Agua,» 
Uamacla ChalehiuhtUcue. 

Naturalmente para hacer más perceptibles las concordancias, 
debe no perderse de vista la dificultad que hay para representar 
fielmente con nuestros modernos caractores alfabéticos el fonetis- 
fflo de los antiguos vocablos Iiiudús; que el sánscrito tiene mati- 
ces tan numerosos y variados que es necesario expresarlos por le- 
tras diversas, aparejadas de signos especiales que corresponden á 
determinadas articulaciones; y por último, las evoluciones fonéti- 
cas que una misma letra del alfabeto braliamánico ha experimen- 
tado en otras lenguas derivadas. 

Teniendo presentes estas circunstancias, serán mejor apreciadas 
las analogías que sin esfuerzo se descubren entre la voz sánscrita 
dáraj lluvia menuda, escarcha; las voces derivadas ddrdtaj nube; 
áárádaraj nube de lluvia; dárAsampAta^ lluvia abundante, chubas- 
co, etc., y Tlaloc, dios de las lluvias, de los antiguos mexicanos; 
entre el sánscrito tasa ( tlaza) placeres amorosos, y Tlazolteotl, 
diosa de los placeres amorosos; entre el sánscrito yá^ ir á alguna 
parte; y&tu^ viajero; yatrá^ camino; y Yacatecuhtli, deidad de 
los viajeros; entre el sánscrito nahay nube, y Napatecúhtlij uno de 
los dioses tláloqaes; entre el sánscrito micraka^ paraíso, lugar de los 
mnertos, y Mictlantecuhtli, seííor de los infiernos; entre el sáns- 
crito hrahmácarinij novicio, joven brahmán; y tlamacazque, minis- 
tros y servidores de los templos; entre sWraj ano y tzintU; entre 
fluiiwa, carne, y nacatl; entre drava, líquido y Üahuanqui^ borra- 
cho; y por ese orden otra infinidad de concordancias léxicas que 
sería interminable recordar aquí, pero que encontrarán su lugar 
en el ti*abajo que hemos anunciado, en el cual podremos presentar 
con el desarrollo conveniente nuestras idciis sobre el particular y 
combatir también las objeciones de los que opinan que el náhuatl 
y el sánscrito son lenguas enteramente extrañas la una á la otra. 
— Baste lo dicho aquí para nuestro intento actual, esto es, para 
probar que no vamos muy descaminados cuando acudimos á la len- 
gua de los Brahmas en solicitud de los orígenes de las terminacio- 
nes del plural en el mexicano y los idiomas afines. 

€ Exceptuando el sánscrito — dice Bopp — que en el vocativo 
muda el acento á la primera sílaba, todas las lenguas indo-euro- 

12 



90 Sociedad Mexicana 

peas tieneu plurales semejantes para el nomiuativo y el vocativo. 

((En sánscrito, los masculinos y femeninos tienen cut por desinen- 
cia: considero este as como un ensanche del signo del nominativo 
singular s, y veo en esta prolongación del sufijo casual una indi- 
cación simbólica de la pluralidad. El neutro carece en el singular 
y el plural do este signo «, que se reserva para el masculino y fe- 
menino, es decir, para los géneros que indican personas.» ^ 

« En el dialecto védico, se encuentran nominativos plurales en 
ásdSy que vienen de temas masculinos en a y de temas femeninos 
en á; por ejemplo, déváhasj de déo^aj dios; dúma'sasy de dam^a^ hu- 
mo, pdvaJcá^sas, de pávaká^ pura. Estas formas se explican, á mi 
juicio, por la adición de la terminación as á un nominativo plural, 
cuya flexión había dejado de percibirse claramente á causa de la 
fusión de la a ó do la á del tema con la a de la desinencia, y ésta 
es también la explicación de Bournouf.» ^ 

«En sánscrito, el nominativo — acusativo— vocativo plural neu- 
tro, en lugar de la a que tienen el zeuda y las lenguas europeas, 
so encuentra una t, y ésta la considero como una alteración de una 
antigua a. Es hi misma alteración que se ha verificado, por ejem- 
plo, en pitar j padre (de la raíz pdj sostener, gobernar) comparado 
•con el latín pater, el griego -arjy'í y el gótico /aiar. 

Las vocales finales breves se alargan antí) la desinencia casual 
i, insertándose además una n eufónica entre el tema y la termina- 
ción; ejemplos: dand-n-i, várí-n-i-, mddii-n-ij de djínay t?art, 
mádu. »3 

líosotros creemos que la desinencia característica del plural en 
sánscrito y en las lenguas indo- europeas, es un abreviado del ad- 
verbio asakrt, muchas veces, que indica pluralidad. 

En cuanto al náhuatl, bien marcado está el procedimiento pri- 
mitivo cuando se antepone á los nombres de objetos inanimados 
el adverbio miec para la formación del plural. Miec se relaciona 
evidentemente con el sánscrito ma/xu, mucho. La desinencia m¿, 
su apócope m y las variantes fonéticas ma, mea,, moa^ mu^ nej nidñ 
las lenguas congéneres, provienen probablemente del verbo sans- 

1 Oraramaíre comparée des langues ¡mlo-européenncs, par M. Fran^ois Dopp. 
— Traductlon fran^aisc de M. Micliel Bróal, T. II, p. 34.— Parí», 1868. 

2 Op. cit. T. II, p. 43. 

3 Op. cit., p. 61. 



DE Geografía y Estadística. 91 

crito mahj aumentar; qué y sus variantes ca y cu reconocen por 
origen el vocablo sánscrito c'ayaj reunión, colección, multitud^ 6 
el verbo &i que significa ayuntar, reunir; la terminación Atmn pa- 
rece referirse á gana, número; y por lo que respecta á tbij zin^ y 
las variantes fonéticas íí, te', te, dé^ se derivan sin violencia, bien 
de la voz sánscrita tan^ extender, alargar, aumentar, ó de dá^dáy 
muchedumbre, multitud; vocablos todos que traen aparejada la 
idea de incremento, de pluralidad. 

La terminación catl^ característica de los nombres étnicos mexicatly 
michoacatlj hudxtecaüj etc., quieren algunos que venga de tlacatl, 
persona; pudiera arrancar del sánscrito kulüj familia, raza; y al 
perder tales nombres la final ¿¿para entrar en composición, acaso 
no toman una nueva desinencia para indicar un gran número, por 
quedar ya con una terminación ax^roximativa del plural, de lo que 
tenemos ejemplos en los nombres simples que concurren á la for- 
mación de los topográficos, cuando después de la elisión de la letra 
6 sílaba terminal resulta que acaban en un vocablo prepositivo. 

Diñeil por todo extremo como es la cuestión de lingüística que 
hemos examinado, está muy lejos de nosotros la pretensión de ha- 
ber presentado una solución acert-ada y definitiva, si bien abriga- 
mos la convicción de que el sendero que hemos recorrido para lle- 
gar á las misteriosas fuentes de las lenguas indo -europeas, será 
también, tardo ó temx)rano, el que enseñe al filólogo las huellas 
retrospectivas que han dejado en su marcha evolucionista las di- 
versas é interesantes hablas de los pueblos americanos. 

México, AgoMu '¿\ de 1893. 

V. llEYKS. 



92 8o(!iKi)AD Mexicana 



LA DIOSA DEL AGUA Y DE LA LUNA 



IMPULSADO por la diferencia de opiniones sobre la Hignifíca- 
cióu del célebre Monolito de Teotihuacán^ emprendí un estu- 
dio á fondo sobre este monumento y su representación, lle- 
gando al resultado de que la figura reúne dos cualidades: 

El ÁHtro de la Luna y el Elemento Agua. 

Como i)rueba de esto hay varias razones de que me ocuparé en 
seguida. 

Comienzo la demostración con las Razones naturales^ debiendo 
recordar de antemano, que los antiguos mexicanos eran excelen- 
tes observadores de la naturaleza, que conocieron el influjo que 
ejerce la luna sobre nuestro globo, así como los fenómenos y mo- 
vimiento de los demá« cueri)os celestes, como por ejemplo, el tiem- 
po exacto del ano solar, las causas de los eclipses, etc. Asimismo 
debo mencionar, que b«jo el símbolo del agua entendieron los me- 
xicanos también la lluvia, las olas de los ríos y del mar, tempes- 
tades, relámpagos, ete. La diosa del agua representa, pues, tam- 
bién, la mar y el tiempo; es, además, protectora de la agricultura 
y de lapescaj y símbolo de toda fecundidad (de la tierra y de la 
mujer). 

El tiempo y la inar no sólo se mencionan en las creencias popu- 
lares juntos con la luna, sino también la ciencia moderna ha re- 
conocido esta influencia, como por ejemplo, en la marea. Los me- 
xicanos del valle, como habit^intes de una isleta circundada de 
una laguna salada (Lago de Texcoco), que, según Cortés, etc.^ 
tuvo una especie de marea, pudieron fácilmente observarla, lo que 
fué, además, en cierto modo, una ñeeesidad. 

Me parece, que con la conibinamón de los elementos y astros sepue- 



I)K (tKOGUAKÍA V KSTAI)ÍSTH!A. 93 

de entender má^ fácilmente la- teogonia^ Ion dioses y hhh templos^ Uis 
piramidales y el calendario, que sin ella. 

Así vemos el fuego uuido al sol y á Hiiítzílopoclitli, el viento á 
la Venus j á Quetzalcoatl, etc. Los cuatro elementos han dado mo- 
tivo para considerar el número c^iatr o como número sacro. De igual 
manera se comprenderán mejor las mistkkiosas pikámidiss (de 
caja significación se han diclio tantas cosas absurdas), como sím- 
bolos de los elementos principales del fuego y del agua, por cuyo 
origen se tomaban las montanas ( volcanes y manantiales ). 

La importancia de estos elementos produjo su divinación, con- 
siderándoselos como unos de los espíritus vítales. El dios del agua 
fué uno de los númenes principales y más antiguos, el señor de 
las lluvias, de todas las aguas (de loa lagos, ríos, arroyos, etc.), 
de la fecundidad de la tierra y del sexo femenino, de la salud, de 
la alintentación, del lugar de los muertos (de ciertas enfermeda- 
des, especialmente las del frío ) y del paraíso. Aun hasta el día se 
ha conservada el poder de esta divinidad, y en las aldeas vivé el 
recuerdo á su veneración como, v. g., en San Juan y San Pedro 
Cohaco cerca de Atlixco ( Puebla), en donde el día de Todos San- 
tos 86 va el pueblo á un cerro inmediata) para ofrecer en una cue- 
va de allí las antiguas ofrendas, como son algunos alimentos, co- 
pal, etc. 

Los diferentes pueblos han diulo á esta deidad diversos nom- 
bres y aun un sexo diferente, considerándole como expendedora 
de las primeras necesidades de la vida, y la han venerado de di- 
ferente modo. Dioses de las agua^ fueron los Tlaloques ( quiere 
decir: superficie de la tierra), diosas de este elemento Chalchihui- 
tlicne (enaguas, piedras verdes — chalchihuitl ) entre los mexica- 
nos; Matlalcneye (enaguas azules), entre los tlaxcaltecas, etc. 
Generalmente los santuarios se encontraban en las cumbres ó en 
las cuevas de los cerros y sobre montes artificiales ( pirámides ); i)or- 
que aquí nacen los manantiales. 

Se consideraban los montes como residencia de estos númenes, 
como el nacimiento de las aguas en forma de nubes que se descar- 
gsoí formando ríos. Por consiguiente, lo característico de las fies- 
ios en honor de estos dioses era la formación artificial de peque- 
ños montes (Tepntli) de una masa llamada Tzoalli, adornándolos 
después. Los mexicanos celebraban regularmente cinco fiestas ca- 



94 Sociedad Mexicana 

da auo eu honor de los dioses de las aguas, de la lluvia y de los 
moutes, con sacriñcios de niños y adultos de ambos sexos, con 
luchas encima de una piedra en forma de molino, fabricación y 
adoración de los mencionados monteeitos (Teputli), ofrendas de 
alimentos y de copal, con la abstinencia del otro sexo y con ban- 
quetes. 

Algunas de estas ceremonias se refieren especialmente á la lu- 
na-y como los sacrificios humanos de niños y miijeres, las lucbaa 
sobro la piedra, la abstinencia, etc. . 



La ad4}ración de la Luna ha presidido también eu México á la 
de las otras estrellas — como en el viejo mundo, principalmente en 
aquellas naciones que la reconocían como distribuidora del tiem- 
po (como los Egiptos, Judíos, Griegos, Eomanos, etc.). IxtlUxó- 
chitl ( en lielaciones históricas, cuarta relación ) nos cuenta, que 
también la antigua nación civilizada de los toltecas adoraba pri- 
meramente sólo el sol y la luna, el primero como Tondcaf^ctitli ( se- 
ñor del sol), en cuyo honor construyeron las pirámides, y la últi- 
ma como su mujer. 

Las demás divinidades fueron consideradas entonces cx)mo her- 
manos de este par de estrellas. Más tarde fueron adorados héroes 
célebres como padronos de los elementos, así era Tlaloc, el dios 
del agua, un rey de la nación mitológica de los gigantes Filisteos 
— Quinametin, Quezalcoatl, el dios del viento, un profeta extra- 
ño, etc. 

Sahagún ( Libro VII, cap. II ) dice que los habitantes de Xaltoay 
todavía en su tiempo, adoraban la luna como diosa principal y «le 
hacían ofrendas y sacrificios particulares.» Las tribus de indios 
bravos adoran todavía exclusivamente la luna (como Ópatas, Co- 
manches. Apaches, etc.). 

Tanto los pueblos del viejo mundo como los de América consi- 
deraban la luna como hacedora del tiempo y de la fertilidad, como 
todavía hoy las tribus salvajes tiran durante la nueva luna semi- 
llas (como Ópatas, Comanches, etc.). Bstí^ fructifioadora influen- 
cia fué reconocida no sólo respecto de la tierra sino también res* 
pecto de los hombres y animales. Todavía hoy se atribuye á la 



DE Geografía y Estadística. 95 

lana cierta conducta nuiravillosa, como demuestran las frases cas- 
tellanas «tener sus días de luna» y la expresión ((lunático,» etc. 

Entre los hombres parecía principalmente la mujer sentir es- 
tas relaciones (menstruación). Entre los Fenicios, Griegos, Eo- 
manos, etc., era la luna también mujer, patrona de los matrimo- 
nios^ de los partos y de la descendencia. La diosa de la luna de 
los griegos ( Selene ó Phcebe) parió al Endimión 50! hijos y la Lu- 
dna romana protegió & los partos. A esta idea se refiere todavía 
la expresión castellana «lunar.» 

Entre los animales recordaba la liebre (ó el conejo) por su 
fertilidad y sus costumbres nocturnas á la luna fertilizadora. La 
preñez de estos animales dura un mes; ellos salen de noche para 
bnscar su alimento y duermen con los ojos abiertos — Equilos lla- 
ma á la luna «ojo de la noche.» Las liebres cambian su vestido 
como la luna y tienen como ella un color manchado. Además, ellas 
viven preferentemente junto á los ríos y son excelentes nadadoras» 

Estas particularidades de las liebres ya han llamado la atención 
de los pueblos del antiguo mundo en tiempos muy remotos y pues- 
tas en conexión con la luna. Los Egiptos, ludas, Chinos y Japo- 
nes han combinado en sus leyendas divinidades, la luna y la lie- 
bre. En el idioma sanskrit signiñca la palabra «Qa^a» tanto liebre^ 
como montañas de luna, y la palabra egipcia «un» (liebre) es si- 
nónimo con «período.» En Alemania recuerdan todavía las pala- 
bras «Osterhase» (liebre de pascua), «Osterfeuer» (lumbre de 
pascua) y «Hasenbrod» (pan de liebre) á la combinación de la lu- 
na (Ostara, aquí idéntico con la pascua) con la liebre y la cose- 
chav De un modo sorprendente aparece esta misma combinación 
también en el nuevo mundo, principalmente con los mexicanos. 
También ellos consideran la liebre (ó el conejo) como represen- 
tante de la luna, y se menciona éste en'las leyendas que tratan de 
la creación de la luna. La liebre es el jeroglífico de la luna (fire- 
eaentemente en combinación con las rayas del agua), y parece en 
él calendario como signo de uno de los cuatro anos, de un cierto 
día del mes y de una de las estaciones (tiempo de aguas, como en 
la piedra del calendario en el Museo Nacional). Este animal, cu- 
yos refugios favoritos son los ríos, recuerda en »a fertilidad á la 
vez una de his cualidades más preciosas del agua, de la cual la lu- 
na es la creadora. Esta circunstancia llama la atención principal- 



í>C Sociedad Mexicana 

mente en mi clima como el ele México, donde llueve Bolamente 
en ciertos meae« (hiñas), reRult ando numerosos arroyos. 

Para demostrar que los mexicanos entendían verdaderamente com 
binar ¡os elementos con los astros, mencionaré con respecto á la 
luna y el a^ia, en primer Inj^Hr, el signo jeroglífico de la pa- 
labra a^ua (atl), el cual consiste (según Clavijero, etc.) en una 
especie de (cornucopia, con cinco rayas y encima de éstas hay tres 
estrellas (como ruedas de molino) las cuales están aquí represen- 
tantes por la luna y dos caracolitos moriscos, como representantes 
del agua. 

La misma combinaeión se puede observar en las más pintubas 
Y ESTATUAS, las cuales representan el agua ó la luna. 

Así describe Saha^ún (libro I, cap. I) una representación de la 
Chalchihuitlioue, diosa del agua, del mar y de la fecundidad. 

Pintábanla como á mujer la cara color amarillo^ y le po- 
nían un collar de piedras preciosas (cbalchihuitl), de que colgaba 
una medalla deí oro. En la cabeza tenia una corona hecha de pa- 
pel, pintada de azul claro con unos penachos de plumas verdes y 
CON UNAS BORLAS, quc Colgaban hacia el cocodrilo, y otras hacia 
la Ícente de la misma corona, todo de color azul claro. Tenía sus 
orejeraa labradas de turquesas de obra mosaica. Estaba vestida 
de un huípil (túnica), y unas enaguas (cueitl) pintadas del mis- 
mo color azul claroy con unas franjas, de que colgaban caracoIjI- 
tos moriscos. Tenía en la mano izquierda una rodela con nna 
hoja ancha y redonda, que se cría en el agua, y la llaman Aüa- 
cuezona. Tenía en la mano derecha un vaso con una cruz (signo 
del año! ) hecho á manera de la custodia en que se lleva el Sacra- 
mento, cuando uno solo le lleva, y era como cetro de esta diosa.» 

Gomo el color azul se refiere al agua, así el color amarillo al fue- 
go y ala luz. Se llamaba, por ejemplo, el dios del fuego el «dios 
amarillo,» porque se pintaban siempre con este color, y uno de sos 
nombres, <rIxcocauhqui,» quiere decir cara-amarilla (según Ba- 
hagún). El mismo autor dice, que las plumas verdes se reñeren á 
las llamas. El color amarillo, las pluma<s verdes, la rodela, las pie- 
dras verdes ( Ghalchihuitl ), la medalla de oro, fueron signos del fue- 
go y de la luz, los cuales se encuentran también en las pinturas 
del dio8 del fuego y del sol ( según Sahagún, libro I, cap. XIII ). 
Oasi todas las ñguras que en los museos del país son conocidas 



DE OEOaBAFÍA T ESTADÍSTICA. 97 

pordiosea del agua ( como en los de México, Tlaxcala, Puebla, etc.), 
llevan igualmente signos de la luna, comunmente aquellas ruedas 
de molino singulares en el número «20)» ó alS» indicando los días 
del mes ó número de los mepes (meztli, luna). 

Comparemos ahora esa descripción antigua con la piedra colo- 
sal de Teotihuacán, y veremos que ea indvdablemeiíte la represen- 
tante de la luna y del a^ua* 

Es DIOSA DE LA LUNA, porquc OS hembra^ tiene en cada bor- 
la la rueda de molino ( según Sahagún el signo de la luna ), ^ y lia- 
ee ver bajo el collar el agujero que tenía la medalla de oro — él 
disco áureo de la luna. Prueba más importante ( no todavía bien 
observada) es, que contiene en cada mano 2 x ^ estrellas ó pun- 
tos, que son los veinte días del mes antiguo, y «mes » ( meztli ) sig- 
nifica (como en alemán é inglés) también « luna.» Otras estrellas 
á cinco hay en cada pie. 

Es DIOSA DEL AGUA, porquc ticue las enaguas ( cueitl ) con las 
franjas y caracolitos (no grecas, como se ha dicho), de las cuales 
habla Sahagún. Tiene también una especie de corona (ó reboza) 
en la cabeza, de la cual cuelgan las borlas mencionadas. Parece, 
además, que en cada pie se encuentra el signo del agua (aun- 
que sin las estrellas y caracolitos). Tiene, además, un collar 
de piedras, las cuales se refieren á los verdes «Ghalchihuitl,» 
y así las enaguas (cueitl, cue) y el collar (chalchihuitl) forman 
la Gombinación del nombre de la diosa, es decir: Chalghihui- 

TLI — OUE. 

Se ha encontrado esta piedra colosal en la ciudad sagrada de 
loe ToUeeaSf Teotihuacduj el Guadalupe, el Delphi, el Mecca de 
los antigaos mexicanos, y cerca del monte artificial, llamado pi- 
rámide de la luna y no lejos del río del pueblo. 

Esto no es una casualidad, como no es ni el nombre de la pirá- 
mide, ni el nombre de la ciudad como han sostenido unos autores, 
sin conocer la leyenda del lugar y la verdadera significación del 
nombre « Teotihuacán. » 

No es el «lugar de los dioses» etc., es el lugar (can) de loe men- 
M^, 6 meneajeroe (iua) de loe diosee (teotl), quiere decir, que es 
€L lugar de la revelación divina, el lugar en donde se ha criado el 
•ol y la luna y enviado los primeros mensajeros ó sacrificios á es- 

1 Liliro VII eap. II. 

18 



98 SOOIEDÁI) Mbxioáná 

tos astros, los caales han dado el ejemplo para el culto bárbaro 
de los sacrificios humanos. 

Dos autores antiguos nos cuentan esta leyenda importante, el 
fraile Mendieta y el padre Sahagún. El primero dice así: ^ 

«En el cielo había un dios llamado Gitlaltatonac (estrella calen- 
tadora y reluciente) y una diosa Gitlalicue (estrella enagua ó es- 
trella femenina). Esta diosa parió un nayajón ó i>edernal (tecp- 
catl), del cual admirados y espantados sus otros hijos, acordaron 
echar del cielo á dicho navnjón. El cayó á cierta parte de la tie- 
rra, donde decían Ghicomoztoc, i. e. siete cuevas (probable la di- 
cha ff Quemada » de Zacatecas ). Salieron de él 4 x 400 dioses y dio- 
sas, entre ellos Xolotl (pájaro ó caña de maíz), GiÜi (estrella) y 
Tezcatlipnca (espejo brillante). Estos acordaron crear hombres, 
p'or haber algún servicio con ellos. Pidieron al Mictlán Tecutli 
(señor del lugar de los muertos), capitán del infierno, que les die- 
se algún hueso ó ceniza de los hombres de otra época, para la crea- 
ción de otros hombres, según ordenó á ellos su madre. Xolotl se 
fué al infierno y volvía con sus compañeros con hueso y ceniza. 
Los dioses se sacrificaron, sacándose sangre de todas las partes 
del cuerpo. Al cuarto día salió un niño y después de otros cuatro 
días una niña. Greado ya, pues, el hombre, y habiéndose multi- 
plicado, traía ó tenía consigo cada uno de los dioses ciertos hom- 
bres, sus devotos y servidores. 

Por algunos años no hubo sol, por esta razón los dioses se reu- 
nieron en un pueblo, que se dice Teutiuacán f TeotihuacánJ^ cerca 
de México. 

Allí hicieron un gran fuego, y puestos dichos dioses á cuatro 
partes de él, dieron á sus devotos, que el que más presto se lan- 
zase de ellos al fuego, llevaría la honra de haber creado el sol. 
Porque al primero que se echase en el fuego, luego saldría sol. 
Uno de ellos se abalanzó y arrojó al fuego y bajó al infierno. 

Estando esperando por dónde había de salir el sol, a]K>Btaron 
entretanto con las codornices, langostas, marix>osas y culebras que 
no acertaban por dónde saldría. No acertándolo, fueron condena- 
dos á ser s(icrificados. Lo cual después tenían muy en costumbre 
de hacer ante los ídolos. 

Finalmente, salió el sol y detúvose. Uno de los dioses, que se 

. 1 Historia eclesiástica indiana, cap. I j ñig. 



D£ Geogbapía y Estadística. 90 

ñamaba Oitli, tomó un arco y tres flechas y tiró al sol para cla- 
varle en la frente. Enojado el sol, tomó ana de las tres flechas y 
tiróla al Citli y clavóla en la frente, de que luego murió.» 

«Desesperados los otros dioses y diosas, acordaron matarse y 8a> 
erificarse todos por el pecho. El ministro de este sacrificio fué Xo- 
lotly que abriéndolos por el pecho con un nav^jón, los mató y des- 
pués se mató á sí mismo. Todos dejaron la manta que traían á sua 
devotos, en memoria de la devoción y amistad. 

Así aplacado el sol, hizo su curso. 

Los devotos ó servidores de los dioses envolvían estas manta» 
en ciertos palos, y haciendo una muesca ó agujero al palo, le po> 
nian por corazón unas pedrezuelas verdes ( Chalchihuitlf ) y cuero 
de culebra y tigre, y le decían Tlaquimilloli (el enterrado). Este 
era — continúa Mendieta — el principal ídolo que tenían en mucha 
reverencia y no tenían en tanta como á éste á los bestiones ó figu- 
ras de piedra ó de palo, que ellos hacían. 

El padre fraile Andrés de Olmo (de quien Mendieta ha recibi- 
do esta noticia) cuenta que él halló en Tlalmanalco uno de estos 
ídolos envueltos en muchas mantas, aunque ya medio podridos por 
haberlos tenido escondidos. 

De la CBEAGióN BE LA LUNA decíau, que cuando aquel se lan- 
zó al fuego y salió sol, se metió otro en una cueva y salió luna. . 

J^ misma leyenda, la cual me parece Gomo éí fund^tmento^ el sa- 
cramento 6 dogma y la revelación del culto mexicano, repite Saha- 
gán, aunque con unas variaciones. Dice también que se junta- 
BON LOS DIOSES ^ EN TeotihuacIn para crear el astro reluciente,, 
y dijeron los unos á los otros: 

tf Dioses, ; quién tendrá el cargo de alumbrar el mundo fi> 

A estas palabras respondió primero el dios Tecuciztecatl y des- 
pués Nanaoatzin, el cual era buboso. 

Luego los dioses comenzaron á hacer penitencia cínatro días, die- 
ron ofrendas, y encendieron lumbre en un hogar hecho en una pe- 
fia, cerca de Teotíhuacán, que ahora llaman Tentezcalli. 

A cada uno de estos se les edificó una tobbe, gomo mon- 
te (las pirámides), y en los mismos montes hicieron peniten- 
cia cuatro noches. Ahora se llaman estos montes Tzaqualli (Itza- 

1 Entre ellos Qaetzalcoatl, Tlatavic, TezcatlipncA, Totee, Anaoatl, Mimiecoa,. 
7 Xmb cnatro mujerea Tíacapan, Teicu, Tlacoeoa j Xocoiotl. 

875549A 



100 Sociedad Mexicana 

'cual, probable de itztli, obsidian y qualli bueno? ó calli^ casa?) 

Después que se acabaron las cuatro noches, los dos diose.s ceba- 
ron al fin por abí los ramos y todo lo demás, con que hicieron |w- 
nitencia. 

Al día siguiente, un poco antes de media noche, diéroiile sus 
aderezos para el oficio, primero al Tecuciztecatl y después al Na- 
naoatzin. 

A media noche se pusieron todos los dioses en derredor del ho- 
gar Teutezcalli, en donde ardió el fuego por cuatro días. Ordená- 
ronse los dioses en dos hileras, y los dos dioses del sacrificio, Te- 
cuciztecatl y Fanaoatzin, se pusieron delante del fuego, las caras 
hacia el mismo fuego, y llamaban primero al Tecuciztecatl para él 
sacrificio. Él lo probó cuatro veces, pero tuvo miedo de las llamas 
y así no se echó. Kanaoatzin se esforzó, y cerrando los ojos se echó 
él primero al fuego. Viendo esto el Tecuciztecatl, siguió el ejemplo. 

Después que ambos se hubjeron quemado, los dioses se hinca- 
ron de rodillas á esperar de qué parte vendría el Nanaoatzin — Sol. 
Falta aquí el intermedio con los animales; pero no el ejemplo de 
la sacriñcación animal, pues se menciona que entraron un águila 
y un tigre en las mismas llamas. 

Primero salió el SOL I^anaoatzin y después la Luna Tecudzte- 
catly y ambos tenían al principio una luz igual. Luego los diosea 
«se burlaron con la luna» y uno de ellos fué corriendo y dio con un 
CONEJO en la cara á Tecuciztecatl — luna y oscurecióle la cara y 
ofuscóle el resplandor y quedó como ahora está su cara (tomaban 
las sombras de las montañas en la luna por conejo). 

Ambos astros estuvieron fijos sin mudarse, y para hacerlos mu- 
dar todos los dioses se mataron también aquí, para demostrar la ne- 
cesidad de los sacrificios. Pero Xolotl hace aquí un papel cómico, 
es el miedo. Sahagún dice que sólo Xolotl rehusaba la muerte, 
lloraba, y al meterse primeramente entre los maizales se convirtió 
en <r pie de maíz» ( por esta razón es llamado Xolotl), descubierto se 
escondió otra vez entre los magueyales y convirtióse al maguey 
( llamado Mexolotl ). Por último, se metió al agua é hízose el pesca- 
do ( Axolotl), y en esta trasformación le tomaron y le mataron. 

Según esta leyenda, la muerte de los dioses no fué tampoco su- 
ficiente para mover los astros, se necesitaba otro elemento, el vien 
tOj para causar su movimiento. 



DE Geografía y Estadística. 101 

Esta es la historia significativa^ que originó las curiosas pirámi- 
des y el nombre de la ciudad de Teotihuacdn. Mendieta menciona^ 
qae en su tiempo ya había encima de la pirámide más grande (del 
Bol), una piedra colosal, que no se podía destruir; esta fué el dios 
áe\ fuego y del sol. ¿Y su compañera la diosa del agua y de la 
lunaf jEn dóude está ahora t En el museo de la capital. 

Hay muchas otras leyendas antiguas mexicanas ( de toltecas, az- 
tecas, etc.) respecto de la creación del orbe, y aunque no se refie- 
ren precisamente á la ciudad sagrada de Teotihuacán, nos propor- 
cionan pruebas importantes y claras de la conexión de los austros con 
los elementos. 

La idea ñmdamental de estas leyendas, versa siempre sobre la 
creación del sol y de la luna, sirviendo de medio el fuego con el 
auxilio de los representantes de los demás elementos. Para demos- 
trar cuántas dificultades tuvieron que vencer en est^e trabajo los 
dioses-elementos, se relatan las mismas leyendas y varios ensayos 
antes del éxito final. 

Estos cuatro ensayos son las cuatro edades imperfectas del sol, 
cada una gobernada por un diferente elemento y produciendo una 
sola estación. Para crear un sol perfecto, se necesitaba la ayuda 
de todos los elementos con ciertas ceremonias y grandes sacrificios 
humanos y de animales. Los mismos dioses daban un ejemplo he- 
roico de este sacrificio. La leyenda de la creación encierra á la vez 
la doctrina principal del culto mexicano. ' 

Los cuatro elementos son también los indicios de igual número 
de estaciones del año solar. En \íí primavera (Abril- Junio), antes 
que las lluvias empiecen, prevíilece el fuego^ quiere decir, el sol, 
y en todo este tiempo sentimos la fuerza del calor celeste más in- 
tenso. En el verano es el agua el elemento que se manifiesta con 
todas sus consecuencias buenas y perjudiciales. Con mucha ra- 
zón se designa esta parte del ano con el nombre « el tiempo de 
agnas,9 porque la lluvia es el fenómeno más importante y más in- 
teresante de esta misma estación. Sigue en el otoño el tiempo del 
viento j en el cual prevalecen los violentos vientos anortes.» La úl- 
tima estación (Enero-Marzo) está bien caracterizada, especial- 
mente en la mesa central, por el elemento de la tierra, á causa de 
la cantidad do polvo que existe en el aire. El fenómeno más nota- 
ble de este « tiempo de secas,» es el remolino. 



102 Sociedad Mexicana 

Me parece que de estas cuatro estaciones y los cuatro elementos 
correspondientes, resultó la conexión del sol con los elementos-es- 
taciones, y estos son los cuatro indicios del año solar y elementoL 

Los mexicanos tenían, a<lemás, otra cronología, probablemente 
la más antigua: un año lunar y acuático^ dividido en diez y ocbo 
lufuis ó meses ( Meztli ) y cuatro estaciones, caracterizadas según 
el grado de utilidad de la lluvia para el campo. 

Esta división se comprendo bien, considerándose la importancia 
de este elemento para la tierra templada en México. En la|>rf ma* 
vera el agua llovediza es mezclada con granizo; la lluvia del verano 
es la fructífera; la del otoño es perniciosa, y la del invierno es inútil 
para el campo. 

Gomo no intento presentar por ahora en este ensayo un estudio 
completo sobre la diosa del agua, sino sólo respecto de la identifi- 
cación de ósta con la de la lunaj concluyo esta carta con unas prue- 
bas muy convenientes, que he encontrado en uno de los autores más 
antiguos. 

Los primeros comprobantes tomó del llamado Códice del Obispo 
Zumárraga sacado de pinturas mexicanas cerca el año 1547.^ 

Lástima que el autor de este manuscrito sea tan variable en sus 
expresiones, porque visiblemente confunde las cualidades y los 
nombres de los dioses, á causa del poco conocimiento del idioma 
y de la teogonia indígena. 

Para que se comprenda á fondo la leyenda curiosa ó interesante 
de la creación de los soles de que nos cuenta el autor, será preciso 
hacer una breve relación sobre el i)articular. 

Había un par de dioses primitivos, los cuales se crearon y estu- 
vieron siempre en el decimotercio cielo: Touacatecutli (señor del 
flol), y Tonacacihuatl (señora del sol). Este dios y esta diosa en- 
gendraron cuatro hijos, que vuelven también á aparecer como re- 
presentantes de los cuatro elementos. Al mayor le llamaron Tla- 
clauque (jTlatavicl ) — Tezcatlipuca, y era de color colorado. Como 
el autor del manuscrito lo compara con el dios del fuego y del sol 
Gamaxtle de los habitantes de Tlaxcala y Huexotzingo, creo que 
fué el representante del elemento del fuego. 

El segundo hijo era Yayauque — Tezcatlipuca, quiere decir, el 
Tezcatlipuca (espejo brillante) moreno oscuro ó negruzco, y parece, 

1 Libro de oro j tesoro índico, cap. I. 



DE Geogbafía. y Estadística. 103 

por su color, representante de la tierra. El autor agrega, que este 
último era el mayor y peor de todos los hijos, que conocía todas las 
cosas, por lo que le llamaban también Moyocoya ó Todopoderoso. 

El tercer hijo era Quetzalcoatl ( pluma serpiente )2 el bien cono- 
cido dios del viento. 

Al cuarto y más pequeño le da el autor el nombre de Omitecitl 
(hueso -liebre) ó Maquezcoatl (culebra de dos cabezas), añadiendo 
que era de puros huesos. El mismo autor lo compara con el Huit- 
zilipochtli ( Uchilebi ) de los mexicanos, pero me parece más pro- 
bable que éste era el dios del agua, porque falta la rex)resentación 
de este elemento, y los huesos como el conejo (liebre) eran algu- 
nos de los símbolos de la luna y del agua. El autor confiesa que 
estos dioses tenían muchos otros nombres, porque cada pueblo les 
llamaba x>or nombres diferentes. 

Después de una larga siesta de seiscientos años, resuelven final- 
mente los cuatro jóvenes celestes hacerse útiles en este mundo y 
crear algo. El dios del viento y el del fuego empezaron entonces 
la obra, procediendo prímeramente á la creación del fuego, y des- 
pués, á la mitad del sol, naturalmente de poca utilidad. Luego crea- 
ron á los primeros hombres (Uxumuco y Cipastonal) para que 
labrasen la tierra, un par de dioses para el infierno (?) (Mictlan- 
teculi y Mictlancihuatl), los cielos y el agua con una especie de 
caimán (Cipacuatli) en ella, del cual todos los hijos-elementos 
juntos formaban más tarde la tierra. La creación de esta tierra 
vino im poco tardía para los pobres hombres, ya criados!! 

Los cuatro hijos- elementos se juntaron todos para crear un par 
de dioses como santos patrones de las aguas. Tlalcoategutli 
(señor de la superficie de la tierra), y Chalchihuitligue (piedras 
verdes-enaguas). 

Estos dioses tenían su domicilio en un edificio que contenía cua- 
tro piezas al rededor de un gran patio, en donde se hallaban cuatro 
grandes receptáculos (barreñones) con igual número de diferentes 
clases de agua^ de que una clase era muy buena y servía para lluvia 
en buen tiempo, cuando crecen los cereales y las semillas ( en el ve- 
rano J^ — los naturales todavía hoy día no empiezan á labrar los 
campos hasta que la lluvia no emblandece la dura superficie); la 
segunda clase consiste en lluvia perniciosa y se crían telarañas 

2 Llamado también Yagaaliecatl. 



104 Sociedad ' Mexicana 

en los panos y «se anublan j» (en el otoño J; la tercera es agna con 
granizo ( en I», primavera Jj y la cuarta clase es insuficiente é inútO 
«cuando Hueve y no granan ó se secan» (en el invierno J, 

El autor del manuscrito no entendió bien esta interesante clasi- 
ficación y no da ninguna explicación. Esta representa, pues, el año 
lunar con cuatro estaciones, según la clase de lluvia. Es probable 
que la mansión de llps dioses del agua se refiere también á la luna, 
y los cuatro receptáculos aun á las cuatro fases; porque se repre- 
sentaba el símbolo jeroglífico del mes (luna) como un disco con 
cuatro pequeñas ruedas adentro, y esto puede representar el patio 
con las cuatro piezas y los cuatro receptáculos de la leyenda. ( Véa- 
se u Atlas de Orozco y Berra á su Historia antigua. » ) A las cuatro 
clases de aguas se refiere igualmente el escalón de cuatro gradas, 
lo que es una parte del símbolo jeroglífico del «rmes de aguas » ( Ate- 
moztli) en el calendario lunar de los aztecas (juntos con los rayos 
y caracoles del agua). 

Los dioses de las aguas tenían en cada aposento algunos peque- 
ños ayudantes (ministros) que sacaban el agua con copas (alcan- 
cías) de los grandes abarreñonesn y tenían pequeños báculos (pa- 
los) para trasformar el agua en lluvia. 

Por orden de las divinidades salían los ayudantes con las copas 
y los báculos para crear la lluvia. Algunas veces quebraban las 
copas, y entonces tronaba, y cuando los pedacitos del vaso caían 
relampagueaba. A honor de estos «ministros» se sacrificaban víc- 
timas humanas en unas cuevas de los montes. El autor del manus- 
crito menciona que los habitantes de Chalco fueron vencidos por 
los mexicanos al fin del siglo XV, porque el señor do este pueblo 
sacrificaba sólo un «corcobadoi» en una cueva del vulccino á aque- 
llos ayudantes, y este hombre doscubrió el secreto de la fabricación 
de la lluvia. 

Los cuatro hermanos divinos ( los elementos ) después de haber 
creado la tierra, pusieron á Tlaltecutli (señor de la tierra) como 
patrón del astro terrestre. . * 

Los cuatro creadores se convencieron entonces, que su semisol 
no era suficiente, y Tezcatlipuca ( ¿el segundo, la tierra f ) empren- 
dió en consecuencia trasformarse él mismo en el sol, lo que hizo 
por 13 X 52 (676) años. 

Le destronó el dios del aire Quetzalcoatl, que tiró al agua el sol 



DE Geografía y Estadística. 105 

^— Tezcatlipuca, el cual se trasformó primero en tigre y después 
en el astro «osa mayor.» 

Después de otros 676 años siguió al sol- aire un par de dioses, 
que representan el elemento agua, también para el mismo perío- 
do (TlaLiOCATECUTLI representaba el sol por 7 X 52 anos y su 
mujer Chalchiuitlicue por 6 x 52 anos ). 

Pero el sol de agua jirovcía la tierra con tanta abundancia de 
lluvia, que se caían los cielos sobre la tierra y los hombres se tras- 
formaban en pescados, con excepción de un solo par ( Picentecu- 
tii y su mujer). Esto acaeció en el primer año de la cuaterna, la 
cual se llamaba « conejo » ( Tochtli ) y este animal es también el sím- 
bolo de la luna. 

Los cuatro hermanos -elementos construyeron cuatro caminos 
por el centro de la tierra para entrar por ellos, creando cuatro 
hombres para ayudarlos en volver á elevar el cielo con todas sus 
estrellas. 

Caminando i>oi: el cielo Tezcatlipuca y Quetzalcoatl, se formó ¡a 
vía láctea. 

Tonacatecutli, el padre de los guateo jóvenes divinos, los 
hizo (por agradecimiento) señores del cielo y de las estre- 
llas, dando con esto mejor la prueba de la relacián entre loa elemen- 
iús y los astros. Los elementos son conmderados como creadores de 
las estrellas y como sus gobernadores. 

Dice el autor del manuscrito, que Tezcatlipuca (¿el I ó el Ilt) 
cambió su nombre después en Mixcoatl (culebra de nieve )i seña- 
lando como tal á los hombres la celebración de fiestas en honor 
de los dioses. 

En los primeros años después del dila\io, los cuatro hermanos 
se ocupaban en la restauración del orbe. Crearon fuegos nuevos, 
otros hombres ( Maciguales ), y se pusieron de acuerdo para formar 
un nuevo astro reluciente. 

Para prepararse mejor en esta vez para su grande empresa, se 
juntaron todos los dioses -elementos, emprendieron una guerra 
con los hombres para obtener los sacrificios necesarios (corazones 
y sangre humana), ayunaban, rogaban, sacaban sangre de las ore- 
jas y de otras partes del cuerpo, é igual á los dioses creadores en 
Teotihuacán, esperando en frente de una gran lumbrera el éxito. 

1 Dios principal de los Otomítes. 

14 



106 Sociedad Mexicana 

Veintiséis años después del diluvio, se resolvió el dios del aire 
Quetzalcoatl á sacriftear á su mismo liijo, que no tenía madre y lo 
tomó y lo arrojó á las llamas. De allí salió el soL 

Tlalocatecutli, el dios del agua, quiso imitar este ejem- 
plo heroico y ecbó el hijo que tenía con Chachiuitlicue, á las 
cenizas calientes, de lo cual salió la luna, el astro pálido y me- 
nos reluciente. 

Aquí aparece demostrada claramente la conexión del agua con la 
luna, considerándose en la leyenda el elemento fluido como crea- 
dor del astro de la noche. 

Es de sentirse que el autor del iuterescinte manuscrito no diera 
los nombres exactos de los cuatro hijos divinos y de sus elemen- 
tos correspondientes. Pero no faltan pruebas de que esos repre- 
sentan verdaderamente los elementos, encontrándose éstas en la 
copia de pinturas mexicanas del dominico Pedro de los Ríos ( Có- 
dice del Vaticano del año 1560). Es éste un calendario mexicano, 
trayendo como introducción las alegorías de las cuatro creaciones 
del sol. Un italiano ha iuter^iretado estas pinturas, pero desgra- 
ciadamente con más fanatismo religioso que con comprensión cien- 
tífica. De sus cortas anotaciones se puede concluir, que se trata 
de la misma leyenda de un par de dioses originales, los cuales se 
Uaman Ometecutli ( señor de los señores ) con la esposa OmecihuaÜ 
(señora de las señoras). El residía en un lugar Omeyoca y crea- 
ba los primeros hombres, llamándolos con los mismos nombres co- 
mo en la leyenda del Códice de Zumárraga ( Cipatenal y Humeo, 
quiere decir, Uxumuco y Cipastonal). Aparecen en las pinturas 
del manuscrito vaticano también cuatro dioses, probablemente los 
hijos de Ometecutli, aquí llamado Tzitzimitl ( ó Mictlautecutli ), 
Ixpuzteque, Kextepua y Contemoque; cada uno de estos tenía una 
mujer. Ellos son también representantes de los cuatro elementos 
y criadores de los cuatro soles, mencionados en las pinturas (pá- 
ginas 7-10). Itepresentan igualmente los cuatro, edades imper- 
fectas en un solo elemento y con una sola estación. Según mi pa- 
recer, están aquí colocados como alegorías de las mismas esta- 
ciones. 

El primer diseño representa la edad del agua en el símbolo 

de este elemento con la figura de la Ghalchiuitlicüe, creadora 
y patrona de este tiempo. 



DK Geografía y Estadística. 



107 



La segunda odad está representada por el símbolo del viento^ y 
la figura de Quetzalcoatly su creador y amo. 

La tercera edad representa el signo del fuego j con el dios de es- 
te elemento, Xiuhtecutli. 

La cuarta edad da la alegoría de la tierra simbolizado por el 
dios de las flores Xochiquetzah 

Estas pinturas nos refiere la misma leyenda que meuciona el 
autor desconocido del Códice Zumárraga, é ilustran la idea mexi- 
cana de la conexión de los elementos con los astros^ csjyecialmente 
del fuego y del agua con el sol y la luna. 

Creo que estos testimonios demuestran suficientemente mi aser- 
to, de que la diosa de la luna es idéntica con la del agua, 
y lo mismo prueba el monolito famoso de Teotibuacáu, encontra- 
do cerca de la pirámide de la luna y del río del pueblo, que repre- 
senta una figura hembra, con los símbolos de la luna y del mes 
en las borlas del paño que cubre la cabeza y sobre las manos, y 
los signos del agua debajo de las cuaguas y en los pies. 



Emilio Biedel. 



108 BOCIKDAI) MkXICANA 



APUNTES 



IIKI.AT1V08 



A alpnos Otimatorios t MiMos Meteoroldpos (le Eoropa 



vmtTAUO* rom Kl. HDCIO 



RAFAEL AGUILAR SANTILLAN 

Miembro del ObBervatorio Meteorolófrico Central de México. 



DURANTE un corto viaje en Euroi>a, de Octubre de 1888 á 
Mayo de 1889, adonde fui con una comisióu que el Supre- 
mo Gobierno se sirvió conferirme, una de mis principales 
atenciones fué visitar los Esüiblocimientos de que me ocupo en es- 
tos Ai>untes. No se crea por estx) que los detallaré minuciosamen- 
te, pues fué muy i)oco el tiempo de que pude disponer para este 
fin; sólo me limitaré á dar ligera idea de su disposición, instalación 
de instrumentos y descripción de los más importantes, terminan- 
do cada relación por una corta bibliografía de las publicaciones 

■ 

respectivas. 

(jfleina Central Meteorolós^ica de Francia 

(París, 176 me de Tüniversitó) 

Fué establecida en Mayo de 1878 como centro de todos los tra- 
bajos meteorológicos, ocui)ándose de su estudio y publicación y 
de la organización de observatorios y Comisiones de Meteorolo- 
gía. Su Director es M. E. Mascart, miembro del Instituto, bien 
conocido por sus trabajos de física y magnetismo. 

Trasladada el ano pasado de la calle de Grenelle, no está aún 
comi3letamente instalada, faltando algunos aparatos que montar. 

En una torre bay diversos registradores, cuya marcha es estu- 
diada cuidadosamente, comparando las indicaciones de varios de 
ellos, para la elección de los mejores, destinados á las estaciones 
foráneas. No se practican observaciones regulares, pues éstas se 



DE GEOaSAFÍA Y ESTAÜÍSTIOA. 109 

hacen en el Observatorio del Parque de San Mauro, «jiie <lepeude 
de esta Oficina Central. Los aparatos registradores instalados has- 
ta ahora son: Anemógrafo registrador (Giueinógrafo), que regis- 
tra la velocidad del viento en metros por segundo; Anemoscopio 
registrador; Anemómetro registrador de aspiración ; Anemómetro 
de Bobinson, que registra los kilómetros por hora, y un aparato 
heliográfíco de Campbell. Este aparato ( Fig. 1 ), con el cual se ob 
tiene la duración de la insolación^ se compone de una esfera de vi- 
drio que hace las veces de lente convergente, sostenida por un so- 
porte horizontal, que tiene detrás una banda de papel azulado pre- 
cisamente en su foco. Estas bandas, adaptadas (i una armadura 
metálica concéntrica á la esfera, son quemadas por los rayos sola- 
res concentrados, y estando en ellas marcadas las horas, medias 
horas y cuartos, se tiene el tiempo durante el cual no estuvo cu- 
bierto el sol por nubes en el día; deben variarse de posición según 
la marcha del sol durante el año. Un capelo de vidrio, concéntri- 
co á la esfera, cubre todo el aparato. Para medir la velocidad de 
las ráfagas del viento hay un pequeño anemómetro de vi£ye, ex- 
tremadamente sensible, cuyo molinete está formado por láminas 
de aluminio. En la azotea de la torre están instalados un pluvió- 
grafo, un termógrafo, un higrómetro registrador, un psicrómetro 
j nn actínógrafo. Todos los aparatos anteriores son de la casa de 
Itichard, de París, que de pocos años á esta parte ha adquirido 
una justa fama, y sus instrumentos se ven funcionar en numero- 
sos Observatorios de Europa. La disposición de estos aparatos los 
hace de un uso muy fácil, pues pueden ser manejados aun por per- 
sonas poco versadas en esto, y á estas ventajas se añade su corto 
predo. 

'En la parte baja del edificio hay varios departamentos, unos 
para comparación de instrumentos, otros para barómetros patro- 
nes, etc. Paia la graduación y comparación de termómetros hay 
un aparato que consiste en una caja cilindrica de metal en la que 
pnede calentarse agua por medio de un calentador colocado al 
lado; esta caja se cubre con una topa esférica en donde se sus- 
penden doce termómetros que se introducen en el agua y se hacen 
pasar sucesivamente frente á los cristales que tiene la caja, para 
ver la temperatura que marcan. Un agitador sirve para estable- 
cer en el agua la unidad de temperatura que se tiene con un ter- 



lio Sociedad Mexicana 

mómetro patrón. Para la graduación de aneroides se usa una fuer- 
te caja de fierro, en la que puede hacerse el vacío ó comprimirse 
el aire; los aneroides se colocan en el interior, frente á unos grue- 
sos cristales, por donde se ve la presión que marcan. De estas ca- 
jas, el Instituto posee dos de diferente construcción. Hay dos ba- 
rómetros patrones, uno de Fortín y otro fijo de Eegnault^ Este 
último se observa con un excelente catetómetro de tallo cilindri- 
co, en el que sólo se aprecian en una graduación finísima las frac- 
ciones de milímetro, pues al lado del tubo barométrico hay un me- 
tro patrón de latón en donde se leen los milímetros. Aquí funciona 
también un barógrafo de Bedier. 

El Instituto distribuye á las estaciones foráneas barómetros de 
Fortín, de Gay-Lussac, marinos y de Tonnelot. Estos últimos ( Fi- 
gura 2 ) están construidos según las indicaciones de E. Bénou; en 
ellos el nivel de la cubeta tiene un diámetro diez veces mayor que 
el del tubo y no hay que aforar, pues su variación, muy pequeña^ 
se tiene en cuenta al hacer la lectura de la presión. 

Un Museo meteorológico contiene toda clase de instrumentos 
. del ramo, de todos los autores conocidos é inventados en diversas 
épocas. Anexo á éste, hay un laboratorio indispensable para la re- 
posición de instrumentos y otras labores de física y química. 

Hay en un departamento diversos aparatos sumamente curioso» 
para la demostración de las teorías de Weyher relativas á algunos 
meteoros, como trombas, remolinos, ciclones, granizo, etc. 

Un magnetómetro registrador fotográfico quedará próximamen- 
te instalado, así como un dinamo para el estudio de las corrientes 
telúricas, que será movido por un motor de vapor. 

En el jardín se halla un gran evaporador y pluviómetro de plo- 
mo, cuyas indicaciones se registran en un aparato Richard. Hay 
además un pluviómetro común, varios termómetros, y pronto se 
establecerá también un aparato para la comparación y estudio de 
anemómetros. 

Las estaciones meteorológicas que comunican sus trabajos al 
Instituto son más de 90 en Francia y cerca de 40 en Argelia. Las 
estaciones pluviométricas pasan de 900. La mayor parte de las es- 
taciones tienen los siguientes instrumentos que la Oficina Central 
entxega después de estudiarlos y compararlos cuidadosamente: 
barómetro de mercurio, termómetros para la sombra y el sol, psi- 



DE Geografía y Estadística. 111 

eiómetro, higrómeta'o de condensación, plnviómetro, veleta y ane* 

mómetro. 

BIBLIOGEAFlA. 

AnnaleM du Bureau Central Météorologique de Franee pabliés par 
£.Ma8cart,Directeur. París. GaathierVillarsetfíls, Imprímeiirs- 
libraires. Quai des Grands-Aagustíns 55. 4? 1878-1888. 

Pablicación anual qae de 1878 á 1885 consta de cuatro tomos 
cada año, como sigue: 1? Estudios de las tempestades en Francia 
y Memorias diversas. 2? Boletín de las Observaciones francesas y 
Revista Climatológica. 3? Lluvias en Francia, y 4? Meteorología 
general. Desde 1880 cada afio se compone de tres volúmenes: 1? 
Memorias. 2? Observaciones, y 3? Lluvias en Francia. 

Buüetin International quotidien. En 4? Desde 1? de Enero de 1858 
aparece diariamente litografiado con las observaciones de casi toda 
la Europa y cartas del estado del tiempo. De 1858 á Mayo de 1878 
lo publicó el Observatorio de París, y desde esta fecha lo da á luz 
la Oficina Central Meteorológica. 

Instructions météorologiques. 2* édition. Paris. Gauthier-Villars. 
1881. 8? 120 páginas y figuras; con tablas para la reducción de las 
observaciones. 

Atlas de Météorologie maritíme publiée á Poccasion de l'Exposi- 
tion maritime intemationale du Havre, par L. Teisserenc de Bort, 
Paris. Gautbier-Villars. 1887. En 4? 33 planchas. 

Observatorio Meteorológico de Moutsourls 

(PARÍS) 

En el Parque de este nombre, en un edificio morisco que sirvió 
en algún tiempo para Exposición, se encuentra establecido en la 
parte baja el departamento meteorológico, cuyo jefe, M. León 
Descroix, tuvo la amabilidad de mostrármelo : los departamentos 
de análisis químico, micrografía, etc., se hallan en el piso alto» 
Fué establecido en 1871 como Observatorio Central, en el cual se 
recibían, discutían y publicaban las observaciones hechas en Fran- 
cia; pero en 1878, que fué instituida la actual Oficina Meteoroló- 
gica, dejó de pertenecer al Ministerio de Instrucción Pública. 

Seguramente este Observatorio no tiene ahora la importancia 
que en otra época, pues el Ayuntamiento de la ciudad, de que de- 
pende, ha reducido el presupuesto de gastos. 



112 Sociedad Mexicana 

£1 servicio meteorológico, único de que me ocuparé, caenta con 
los instrumentos siguientes: En un pequeño patio á la entrada 
del ediñcio está un barómetro patrón de sifón, que se observa con 
nn catetómetro. En unos estantes colocados en los corredores de 
este patio bay varios aparatos do refacción, ó que se usaron antes, 
como termómetros, bigrómetros, aparatos magnéticos, etc. En una 
pieza funciona un barógrafo de Eedier y en otra uno de balanza 
de Salieron, que es el más preciso que posee el Observatoría Un 
electrómetro registrador fotográfico se baila en otro departamento. 

En el jardín bay un pabellón de madera para los aparatos mag- 
néticos, cuyas indicaciones son también registradas por la foto- 
grafía. Cerca de éste se encuentra el abrigo para los termómetros 
de máxima y mínima y el psicrómetro. Además, hay en otro pabe- 
llón un anemógrafo, cuyo molinete está en lo alto de un mástil de 
madera, un pluviógrafo y un termógrafo. A la intemperie se ven 
varios termómetros de máxima y mínima, actinómetros, radióme- 
metro vaporizador, pluviómetros y aparatos para el análisis del 
.agua de la lluvia. 

Hay también en el Observatorio un fotómetro de Arago, un ac- 
tinómetro del mismo, un ciano-polarímetro de la fábrica da Dn- 
boscq y un teodolito magnético de Descroix para la determina- 
ción de la declinación, inclinación é intensidad ; con él se ha cona- 
truido la carta magnética de Francia. 

BIBLIOGRAFÍA. 

Ville de Parid. — Anuaire de VObservatoire Mtmicipal de Mont- 
souris, — Météorologie. — Chimie. — Micrographie. — ApplicationM h 
VRygiéne. — París. Gautbier-ViUars etfils. 18? 

Se han publicado veinte tomos. Cada uno contiene las observa- 
ciones meteorológicas hechas en Montsouris, tablas diversas, aná- 
lisis de las aguas y del aire y trabajos micrográfícos. 

Observatorio Real de Bruselas. 

El establecimiento de este Observatorio data del año de 1826, 
siendo su primer Director el sabio Quetelet El actual es M. F. 
Folie. 

Colocado actualmente en la parte céntrica de la ciudad, en nn 
extremo de la avenida del Jardín Botánico, adolece de varioa de- 



DE GEOaRAFÍA Y ESTADÍSTICA. 113 

fectos, que hacen que tanto las observaciones astronómicas como 
las magnéticas y meteorológicas, no tengan la precisión deseada. 
Muy pronto se trasladará este Instituto á Uccle (4 km. al S. de 
Bniselas ), en donde en editício exprofeso quedará brillantemente 
instalado, con todas las exigencias de la ciencia y tonmndo las la- 
bores un incremento considerable. 

ün ilustrado astrónomo del Observatorio, el abate E. Spée, dis- 
cípulo del sabio P. Secclii, tuvo la bondad de ser mi guía en la 
visita del Establecimiento, mostrándome detalladamente todos los 
departamentos. Con gusto le manifiesto aquí mi sincera gratitud. 

Sólo de la parte meteorológica haré una breve descripción. 

Funciona admirablemente en este Observatorio un ingenioso 
aparato que también existe en el Observatorio de nuestra Escue- 
la de Ingenieros, el meteorógrafo de F. van Eysselb^rghe, Meteo- 
rologista del Instituto. Este precioso aparato, construido en Oan- 
t<e por Th. Schubart, se encuentra instalado en la parte oriental 
del edificio y funciona hace cerca de diez años. La temperatura 
de un termómetro seco, de otro húmudo, la lluvia y la dirección y 
velocidad del viento, son registrados cada diez minutos en una lá- 
mina de zinc por medio de rayas paralelas cuyas extremidades 
forman las curvas de los diversos elementos meteorológicos. Las 
láminas de zinc son separadas cada cinco días y con ellas se gra- 
ban las curvas que aparecen en las i)ublicaciones del Observa- 
torio. 

En una gran sala se hallan instalados los magnetómetros, y en 
A subsuelo de la misma se encuentran aparatos idénticos, cuyas 
indicaciones son registradas por la fotografía, construidos por 
Adié, Londres, y un barómetro fotográfico del mismo (pie no fun- 
ciona actualmente. En otro pequeño departamento se encuentra 
un electómetrq registrador de Thomson, construido por J. White 
<le Glasgow. 

El observatorio posee también un psicrómetro registrador foto- 
gráfico, cuyos termómetros tienen en la parte superior de la co- 
lumna de mercurio una burbuja de aire por donde pasa un rayo 
luminoso de una lámpara que va á herir á un papel sensible, en 
donde se marcan las variaciones de los termómetros. 

En la azotea están un evaporónietro y dos pluviómetros ; uno 
de éstos pertenece al Meteorógrafo de van Eysselberghe, y el otro 

• 15 



114 Sociedad Mexicana 

registrador de L. Herrera, construido por Sacre (Bruselas). En 
el torreón del Esto hay un heliógrafo de Campbell ( Brownin, Lon- 
dres). 

En el jardín se hallan, resguardados del sol por persianas, un 
psicrómetro y termómetros de máxima y mínima. 

La Biblioteca, una de las más ricas de los Observatorios, cuen- 
ta ya con más de 10,000 volúmenes. 

Las estaciones meteorológicas de Bélgica, en número de más de 
50, están provistas de barómetro de mercurio, termómetros de má- 
xima y mínima, psicrómetro y pluviómetro, y se practican obser- 
vaciones á 8 am. y 1 pm. Las estaeiones de tercer orden son más 
de 60 y las pluviomó tricas 120. En el Observatorio Real se reci- 
ben diariamente por telégrafo los datos de las estaciones que se 
asientan en el Boletín diario. 

BIBLIOGRAFÍA. 

Annaloí de C Observatoire Royál de Bruxelles. F. Halles, impri- 
raeur de I' Academie Royale des Sciences, des Lettres et des Beaux- 
Arts de Belgique. En 4? La primera serie de esta importante pu- 
blicación anual consta de 25 volúmenes (1834 a 1877) que contie- 
nen las interesantes Memorias y trabajos del ilustre Quetelet y 
observaciones astronómicas y meteorológicas. La segunda serie 
está dividida en Amiales Astroiiomiques y Afínales Météorologíques. 
En estos últimos aparecen las observaciones hechas en el Obser- 
vatorio Real y en las estaciones foráneas, así como observaciones 
pluviométricas, estudio de tempestades, etc. 

Annuaire de V Observatoire Royal de Bruxelles. F. Halles. En 
18? 57 toniitos (1834 á 1890) que contienen, además de las efemé- 
rides, interesantes artículos de astronomía y meteorología. 

Bulletin Mensuel. En éste aparecen las observaciones de unas 
50 estaciones climatológicas y 230 estaciones pluviométricas. 

Bulletin Météorologíque, Publicación diaria, conteniendo cur- 
vas barométricas y termométricas, y los datos de los mensajes te- 
legráficos. 

Gabinete seismoldgico Cecchi, en el Observatorio Ximeniano 

de Florencia. 

En uno de los departamentos de la Escuela Pía se ha inaugu- 
rado el C de Enero del año de 1889 un importante Gabinete seísmo- 



DE Geografía y Estadística. 116 

lógico^ que ol P. 6. Giovannozzi ha ideado para honrar la memo- 
ria de su ilustre antecesor el P. Felipe Cecchi, distinguido sabio, 
inventor de varios aparatos para los temblores. Se encuentran allí 
desde el primitivo instrumento Cecchi ideado en 1875, hasta el más 
moderno y ijerfeccionado en 188C, poco antes de la muerte de su 
ilustre autor. 

De este último haré una sucinta descripción. Ul seismógrafo 
analizador (Fig. 3) comprende dos partes: la una destinada á los 
movimientos de oscilación y la otra que registra los de trepida- 
ción. La primera se compone de dos péndulos que oscilan en pla- 
nos perpendiculares entre sí ; de manera que uno de ellos sólo os- 
cila de N. á S. y el otro sólo de E. á W. Estos están formados por 
una varilla de metal en la cual puede resbalar una esfera pesada 
e que se fija por luedio de un tornillo á la distancia conveniente, 
ya sea para que el pendido dé los segundos, ó ya los medios segun- 
dos. En la parte inferior tienen una lámina delgada en donde se 
puede colocar, como el fiel de una balanza, nn pequeño triángulo 
t que lleva un contrai)eso y una-punta de marfil, que es la que hace 
las indicaciones en un cilindro ahumado. Éstos, colocados conve- 
nientemente abajo de los i^éndulos, se i)onen eii movimiento por un 
contrapeso cuya cuerda doble se enrolla en la polea de cada uno 
de los cilindros. La columna que sostiene los péndulos lleva un re- 
loj que está detenido siempre en las 12^". A un lado de los cilindros 
hay un avisador de esfera que pone en movimiento al reloj cuando 
se verifica algún temblor; se compone de una varilla de metal sos- 
tenida por un pie pesado que lleva una esfera que puede subirse- 
ó bajarse; en la parte superior hay un pequeño disco de metal en: 
donde se coloca verticalmente, después de algunos tanteos, un pe- 
queño cilindro que está unido por medio de una cuerda á una pa- 
lanquita del reloj. Al menor movimiento el cilindro cae y hace mo- 
ver á la palanca que deja libre el escape del reloj, y al mismo tiem- 
po levanta el gancho del regulador que detiene á los cilindros ahu- 
mados, los cuales comienzan á girar y reciben las trazas de las. 
oscilaciones de los péndulos. 

Para los movimientos de trepidación el aparato tiene en su par- 
te inferior una palanca angular apoyada en dos finas puntas de 
acero; el brazo mayor sostiene una esfera y está suspendido por 
un resorte en espiral; el brazo vertical prolongándose hacia arri- 



116 Sociedad Mexicana 

ba híisUi tocar uuo de los cilindros ahtimudos, lleva una punta de 
marfil con la que marca los movimientos de trepidación. 

Como se conoce la velocidad de rotación de los cilindros, con 
este aparato puede conocerse perfectamente, además de la natu- 
raleza y velocidad de los movimientos, su duración é intensidad. 

En el mismo gabinete se encuentran también instalados los si- 
guientes seismógrafos, todos ideados y sucesivamente perfeccio- 
nados por el P. Cecclii: Seismógrafo simple de carta fija^ Seismógrafo 
eléctrico de registrador continuo^ Microseismógrafo eléctrico conti- 
nuoj y Seismógrafo analizador de un péndulo. Además, hay una se- 
rie de siete seismoscopios ó péndulos cuya longitud va decrecien- 
do de 2 "50 á O™ 25. 

BIBLIOGRAFÍA. 

A che servono i Sismografi e la Sismología Conferenza tenuta 11 
18 Settembre 1888 in occasione della 3^ Assemblea Genérale della 
Associazlone Meteorológica Italiana da Giovanni Giovannozzi. To- 
riño. Ermanno Loescher. 1889. 23 págs. en 12? 

Alessandro Serpieri D. S, P. Scritti di Sisnwlogia novamente 
raccolti e pubblicati da G. Giovannozzi, Direttore dell'Osserva- 
torio Ximeniano.—^ Parte I. II terremoto del 12 Marzo 1873. Fi- 
renze. Tipograña Editrice Oalasanziana. 1888. 217 págs. en 8? — 
Parte II. I Terremoti del 18 Marzo 1875 e del 28 Luglio 1883.— 
1889.- 232 págs. 

II Sismógrafo analizzatore del P, Fílippo Cecchi, D. S. P. ííota del 
P. Giovanni Giovannozzi. 12 págs. (Memorie della Pontificia Ac- 
cademia dei Nuovi Lincei, Vol. III, 1888.) 

II terremoto del 14 Kovemhre 1887 in Firenze. Nota del P. Gio- 
vanni Giovannozzi, D. S. P. 7 págs. y 1 carta. ( Atti delPAccade- 
mia Pontificia dei Nuovi Lincei, Tomo XLI, 1888.) 

Estación seísmica del P. Timoteo Bertelli, en Florencia. 

El estimable P. Bertelli tuvo la amabilidad de ensenarme su ins- 
talación de instrumentos en el Colegio Alia Querce que se halla en 
unas prominencias de los alrededores de Florencia. 

Consecuente con el propósito de no extenderme demasiado en 
estos apuntes, sólo daré una idea acerca del Tromómetro y del Tro- 
moseismó metro. 

El primero se cami)one de un peso de 100 gr. sostenido por un 



DE Geografía y Estadística. 



117 



alambre metálico de 1 "50 de lougitud. En su parte inferior tiene 
una aguja de unos 4 centímetros, cuya imagen puede verse en un 
espejo por medio de un microscopio provisto de una escala micro- 
métrica que puede colocarse para la observación en todas direc- 
ciones. El alambre que sostiene el peso está encerrado en una 
columna de fierro en cuya parte inferior hay un tubo de cristal 
que permite hacer la observación. 

El aparato está sólidamente instalado en la roca y aislado de 
toda construcción. 

El TromoseisjHÓmetro lleva al rededor del peso un aro metálico, 
en el cual se colocan hasta tocar al péndulo en las direcciones prin- 
cipales, ligerísimas varillas que tienen pequeñas escalas para apre- 
ciar su desviación. 

El ilustrado P. Bertelli, dedicado asiduamente al estudio de los 
fenómenos geodinámicos, y especialmente á las vibraciones micro- 
séismicas, es autor de importantes trabajos y Memorias que se han 
publicado en las Memoric della Accademia Pontificia dei Xiiovi Lin- 
eéis en el Boletín del Observatorio de Moncalieri y en el del Vul- 
canismo Italiano. 

bibliografía. 

P. Timoteo Bertelli, B" 

JDiMCorsi pronunciati dal alie adunanze della sezioiie sismo- 
lógica della Societá Geológica iu Savona. Settembre 1887. 8 págs. 
en 8? (Bolletino della Soc. Geológica Italiana. Vol. VI, fase. 4.) 

Rispoffta ad aJcune ohhiezioni ripetute contra Je osservazioni micro- 
mmiche in occasione del terremoto d'Ischia del 1883 ed opinione 
che l'aiitore ritiene pin probabili riguardo al vulcanismo antico e 

moderno della térra. Memoria del P Roma. Tipogiafia della 

Pace di Filipo Cuggiani. Via della Pace n. 3.'5. 1885. 57 págs. en 
4? con láms. 

Onservazioni faite in ocassione di una escursione sulla Hiciera JA- 
gure di Ponente dopo i terremoti ivi seguiti nell' auno 1887. Memo- 
ria del P 14 págs. (Bolletino delP Osservatorio di Moncalieri. 

Serie II, Vol. VIII, núms. 6, 7 y 8.) 

tiopra una Memoria dei Professori T, Taramelli e G. Mercalli I 
Terremoti Andalusi cominciati il 25 Dicembre 1884. Relazione ed 
osservazioni del P 11 págs. Torino, 1887. 

Belle variazioni dei valori Wintensith relativa nelle medie tramo- 



118 Sociedad Mexicana 

metriche meusiU ed auiuiali osservatc nel Collegio alia Qaerc^í di 
Firenze ilaír anuo meteorico 1872-73, á tutto il Xoveinbrc 1887. 

Nota del P 6 págs., 1 lam. y un cuadro de observaciones. (Atti 

delP Accíidcüiia Pontificia de'Xuovi Lincei. Tomo XLI, 1887.) 
Delle iñbrazioni sismiche e miorosismiehe e dellc indicazioni is- 

trumentali delle medesime. Osservazioni del P (BoUetino 

dell'Osservatorio di Moncalieri. Serie II, Yol. IX, 1889.) 

Observatorio j Archivo Geodimimico Central do Roma. 

Dirige este importante establecimiento el sabio profesor Miguel 
E. de Rossi, quien se sirvió mostrármelo en todos sus detalles. 
Comprende dos labores : 1? Las observaciones séismicas y micro- 
séismicas. 2? La recolección de datos relativos á los fenómenos 
geodinámicos desde los tiempos más remotos basta la feclia. 

En el Observatorio, situado en un departamento bajo del Mu- 
seo Agrario (Vía Santíi Susana), se hallan instalados seisniosco- 
pios diversos, seismógrafos, aparatos microséismicos y un micró- 
fono. De todos ellos describiré él Protoseismógrafo y el MicroseiS' 
mógrafo del profesor Rossi. El i)rimero (Fig. 4) se compone <le 
un péndulo pesado que da segundos, unido á cuatro soportes, 
orientados respectivamente en las direcciones íí., S., E. y O., por 
hilos finos de seda de longitud tal, que unas agujas colocadas en 
su medio las haga formar un ángulo de 155o. Están unidas por su 
parte sui)erior á espirales metálicas nuiy flexibles y abajo de cada 
una hay pequeñas cápsulas con mercurio; de manera que cuando 
éste sea tocado por ellas, se establece una corriente que i)asa al 
registrador en donde se podrá apreciar las medias oscilaciones del 
péndulo. El Microseismógrafo (Fig. 5") difiere del anterior en que 
los hilos de seda no se unen á soportes, sino á cuatro péndulos 
de diferent<*s longitudes que no han de ser mayores de O '"75. Por 
esta disposición ingeniosa el aparato es de una extrenmda sensi- 
bilidad y registra aun las observaciones microséismicas. El regis- 
trador de los dos aparatos anteriores es semejante al receptor te- 
legráfico de Morse, pero puede ser de muy variadas disposiciones. 

En Kocca di Papa, distante poco más do 30 kilómetros al S. S. 
E. de Roma y á 807 "" sobre el nivel del mar, debe inaugurarse próxi- 
mamente un Observatorio Cxeodinámiíío en toda fornuí, en donde 
se instalarán, adeinás de los aparatos del profesor Rossi, otros mu- 



DE Geografía y Estadística. 119 

chos para su estudio y comparación. Las instalaciones se liarán 
en muy diferentes circunstancias, como diversos terrenos, profun- 
didades, ete., procurando hacer todos los estudios é investigacio- 
nes á que dan lugar los fenómenos seísmicos y microséismicos, 
dando á estos últimos un cuidado especial. 

El Archivo, además de las obras de geodinámica 3'' ciencias que 
se relacionan, comprende una important^i colección de volúmenes 
en los que el profesor Rossi, con asiduidad y constancia dignas de 
elogio, ha ido acumulando desde hace varios años la relación de 
temblores y fenómenos concomitantes, verificados en todos tiem- 
pos y x)aíses. 

Esta Oficina es un importante centro de la geodinámica italia- 
na, y no obstante la adición de esto ramo á la Oficina meteoroló- 
gica, se reciben las observaciones de más de 120 estaciones geodi- 
námicas que se publican en el Bullettxno del Vulcanismo Italiano 
ó en el del Observatorio de Moncíilieri. 

BIBLIOGRAFÍA. 

Programma delPOsservatorio ed Archivio Geodlnamico presso il 
K. Comitato Geológico d' Italia con istruzioni i)er gli osservatorii 
e descrizioni d'instrumenti redatto del Cav. Prof Michele Stefano 
de Rossi. Eoma. Tix)ografia della Pace. Piazza d(ílla Pace 35. 1883. 
8? 146 págs. y láms. 

Bullettino del Vulcanismo Italiano. Periódico dell' Osservatorio 
ed Archivio -Céntrale Geodinamico presso il E. Comitato Geológi- 
co redatto dal Cav. Prof. Miclielo Stefano de Rossi. Roma. Tip. 
della Pace di F. Cuggiani. 

Esta publicación, que forma cada año un tomo en 8? de unas 150 
páginas, cuenta ya 16 volúmenes (1874 á 1889). Fué comenzada 
en lo particular por su autor, adquiriendo cuando se estableció el 
Observatorio Geodinamico Central, carácter oficial y de órgano 
del establecimiento. Contiene interesantes estudios, cuadros, revis- 
tas, observaciones, bibliografía, etc. 

La Meteorología endógena del Prof.^Michele Stefano de Bossi. Mi- 
lano Fratelli Dumolard. 2 vols. 8? 1879-1882. 359 y 437 páginas, 
figuras y láminas. 
Obra capital en la que el autor expone con claridad todas las 



120 Sociedad Mexicana 

teorías y adelantos de este ramo del saber humano, los aparatos 
y métodos de observación, etc. 

Analiai dei princípali terremoti avvenuti dal Luglio 1880 al Oiug- 
no 1881. Memoria del Cav. Prof. Michele Stefano de Bossi. 54 
páginas (Atti dell'Accaderaia Pontificia de' Nuovi Lincei. Tomo 
XXXIX, 1886). 

Oficina Central de Meteorología y Geodinámica de Roma. 

Se encuentra esta Oficina instalada en el Colegio Romano y ad- 
junta al antiguo Observatorio Astronómico en que trabíyó el ilus- 
tre Padre Seccbi. 

El Prof. Taccliini es el actual director de la Oficina y del Ob- 
servatorio, así como del Museo Copernicano y Astronómico que 
se encuentra en el mismo Colegio. 

El Instituto tiene departamentos especiales para los diverso» 
servicios, como el pluviométrico, de temporales, geodinámico, etc., 
con empleados dedicados exclusivamente á la recolección, discu- 
sión y publicación de las observaciones de cada uno de ellos. La 
Dirección, Secretaría y Biblioteca tienen también elegantes depar- 
tamentos especiales. 

El Meteorógrafo del P. Secclii, idéntico al que posee nuestro 
Observatorio Meteorológico Central, funciona regularmente y está 
resguardado por una elegante cubierta de criatsiles. Además de 
los aparatos que usó el P. Seccbi, hay otros modernos que se usan 
para las observaciones diarias. En el mismo departamento del 
Meteorógrafo hay un ingenioso aparato para conocer en cualquier 
momento dado la dirección del viento, con sólo establecer una co- 
rriente por medio de un conmutador que se encuentra á un lado. 
La dirección aparece en uno de los IG cuadritos que contiene el 
aparato. 

En el Museo del Observatorio hay desde los instrumentos de 
más simple construcción y antiguos hasta los más modernos y pre- 
cisos. Se ven allí barómetros y barógrafos, termómetros, higró- 
metros, anemómetros, aparatos magnéticos, registradores, etc., 
todos de variadas construcciones, sistemas y autores, así como 
colecciones de instrumentos seísmicos y los que el Instituto dis- 
tribuye en las estaciones que dependen de él, los cuales son cui- 
dadosamente comparados con los patrones. 



VK (jEografía y Estadística. 121 

Liis estaciones italianas, que en número de más de 140 dependen 
de esta Oñcina Central, envían registros mensuales con sus obser- 
vaciones detalladas y diariamente su mensaje meteorológico, cu- 
yos datos son desde luego anotados en las cartas especiales para 
m discusión y publicación. Los observadores remiten también ob- 
servaciones especiales acerca de los temporales, en pequeñas tar- 
jetas, con las que se arreglan en breve tiemi)o las cartas en que 
se ve la marcha de ellos. 

En el Instituto se practican también importantísimos estudios 
y observaciones de micrografía atmosférica, para lo cual bay ex- 
celentes instrumentos. 

BIBLIOGRAFÍA. 

Annali deW üffi/no Céntrale di Meteorología e Geodinámica. Roma. 

Volúmenes en 4? Cada año se divide en cuatro partes. La 1' 
contiene estudios y Memorias acerca de los temporales, tempesta- 
des, etc. En la 2* se encuentran los registros mensuales de las 
estaciones de que se compone la red italiana y de 515 estaciones 
termo-pluviométricas. La 3* comprende las observaciones prac- 
ticadas en el Colegio Romano y algunos estudios de los miembros 
de ese Observatorio. Ocupan la 4* las observaciones y memorias 
relativas á temblores. — Se ha publicado ya el tomo VIII (1886) 
de la 2* serie. 

BoUettino meteorico delV Ufficio Céntrale de Meteorologia e Geo- 
dinámica all Collegio Romano. 

Publicación diaria en 4? de 4 págs. que contiene los datos me- 
teorológicos de las estaciones italianas y de algunas del extranje- 
ro, recibidos por telégrafo, y cartas con las isotermas, isóbaras, 
\iento, etc., en Italia. 

Obseryatorio de MoiiealierL * 

Establecido en el Colegio Real Carlos Alberto, está bajo la di- 
rección del sabio padre Francisco Denza, Director general de la 
Asociación Meteorológica Italiana. Es el Observatorio Central de 
dicha Sociedad, y en él se discuten y publican todas las observa- 
ciones de su red. Posee el Establecimiento instrumentos séismi- 
cos y meteorológicos. Los meteorológicos son: Anemo -pluviógra- 
fo del P. Denza, construido por Cravero, de Turín; barógrafo y 

* MoDcalierí osti sitaado en unas pintorescas colinas, á 8 km. al Sar de Turín. 

1^» 



122 Sociedad Mexicana 

termógrafo de Bicliard y de Hipp (Neueliatel); termógrafo y psi- 
crógrafo de Piche; barómetros de mercurio de Hicks, Tonnelot y 
Diironi ; lieliógrafo de Campbell y termómetros de varios sistemas. 
Se practican á 6 y 9 am., 12 y 3, 6 y 9 pm., observaciones termo- 
métricas^ psicrométricas, barométricas, evaporación, lluvia, nu- 
bes, viento, ozono, aspecto del cielo, electricidad y magnetismo. 
El psicrómetro usado en este Observatorio, así como en casi todos 
los de la red italiana, tiene adaptado un pequeíio molinete que se 
mueve por medio de un movimiento de relojería á la hora de la 
observación, con objeto de activar en el termómetro húmedo la 
evaporación. Este aparato y los termómetros de máxima y míni- 
ma se hallan en una ventana de {)ersianas y pueden acercarse á la 
hora de la observación hasta una vidriera que los separa del inte- 
rior del edificio. En la azotea de una torre están el pluviómetro, 
anemómetro y veleta del anemo -pluviógrafo Denza, termómetros 
de máxima y mínima, actinómetro y ozonómetro. 

Haré una ligera descripción del Anemógrafo y Pluviógrafo 
Denza. 

El árbol del anemómetro ( Fig. 6) tiene un tornillo sin fin t que 
engrana con una rueda dentada r, la cual, por medio de un excén- 
trico e á cada revolución, hace bajar una palanca n m que en uno 
de sus extremos está unida á una varilla r que va al registrador. 
Este se compone de un reloj que está fijo en una plancheta de 
madera y que hace dar una vuelta cada cuatro horas á una rueda 
Jlf (Fig. 7), en donde se enrolla una tira de papel que recibe las 
indicaciones del anemómetro, de la veleta y del pluviómetro. La 
varilla A de la veleta lleva en su parte inferior una placa en cu- 
yas extremidades hay dos lápices, uno negro y otro rojo ó azul, los 
cuales quedan equidistantes del centro de rotación del eje, y sólo 
uno de ellos se encuentra encima del papel. Un tubo de metal T, 
que se halla fijo y dentro del cual pasa la varilla A de la veleta, 
lleva en su parte inferior un disco i> (Fig. 8) que tiene por obje- 
to levantar á uno de los lápices que no ha de trazar indicaciones ; 
de manera que sólo cuando los lápices se encuentran sobre la tira 
de papel, es cuando obligados por un i^equeño resorte marcan la 
dirección. El rojo traza, por ejemplo, las direcciones comprendi- 
das del E. al W. por el K, y el negro del E. al W. por el S. 

La varilla v del anemómetro, después de haber sido elevada por 



DE Geografía, y Estadística. 123 

la palancii n m, se apoya por abajo ligeramente en uua lengüeta de 
metal A, que tiene i)or debajo uua pequeña punta que marca en el 
papel por medio de puntitos la velocidad del viento. Otra lengüe- 
ta I va trazando las horas sobre la misma tira. 

El agua recogida por un iiluviómetro cae })0t el tubo i en el ba- 
lancín B (Fig. 7), que se invierta con sólo conteuer en uno de sus 
de]>artamentos dos décimos de milímetro de lluvia, la que sale por 
nn tubo J ñ, un dei)ósito, de donde puede medirse directamente y 
con más exactitud. Los movimientos de oscilación del balancín se 
trasmiten á una palanca a ft, la cual oprime á una lengüeta k, se- 
mejante á la que marca la velocidad, que va trazando un punto por 
cada dos décimos de milímetro de lluvia. 

Los aparatos seísmicos son: Seismógrafo del P. Ccccbi (de Flo- 
rencia), Tromómetro del P. Bertelli (de Florencia), Seismoscopios 
de Tosetti y Galli y péndulos de Brassart y Cecclii. 

BIBLIOGEAFlA. 

Bollettino Mensuule deW Osservatorio Céntrale del lleal (^ollegio 
Cario Alberto in Moncalieri. Torino. 

Este importante Boletín cuenta ya dos series, la l'í de quince 
volúmenes (1866-80), y de la 2" está ya en publicación el tomo 
décimo. Aparecen en él estudios y Memorias de gran interés, ori- 
ginales, de los miembros de la Sociedad y de notables IMeteorolo- 
gistas; las observaciones de Moncalieri y las de las estaciones de 
la Sociedad; observaciones y estudios de geodinámica; las actas 
de la Sociedad Meteorológica y los trabajos de las Sociedades ex- 
tranjeras, y por último una líevista Bibliográfica. 

El Observatorio ha dado también á luz gran número de opúscu- 
los meteorológicos como instrucciones, estudios de meteoros, des- 
cripción de instrumentos, etc. 

Inslitato Central de Meteorología y Magnetismo Terrestre, 

de Víena. 

El Director es el I)r. llann, ilustrado meteorologista, Profesor 
de la Universidad y autor de notables trabajos, que ponen de ma- 
nifiesto su laboriosidad y vastos conocimientos en esa ciencia. 

Se halla establecido en un edificio aislado de toda construcción 
y rodeado de un pequeño jardín, en Hohe Warte (I)obling), uno 



124 Sociedad Mexicana 

de los barrios de la capital de Austria, y está por consiguiente le- 
jos del bullicio y nioviniiento de la ciudad. En los diversos pisos 
están las habitaciones del Director y empleados y los demá^ de- 
partíuneiitos para el servicio meteorológico, y en una torre insta- 
lados los instrumentos, que son: 

IJaró*]^rafo, termógi'afo y anemógratb del Prof. Theorell de Sto- 
ckolmo. Las indicaciones de estos se imprimen cada quince minu- 
tos con cifras en hojas de pap(»l, así como la fecha y la hora. La 
(complicada construcción de este aparato, lo hace de muy difícil 
manejo y sujeto á continuos desarreglos. 

Barógrafo del Dr. Sprung, construido por K. Fuess, de Berlín. 

Anemógrafo y pluviógrafo inglés de Osler. 

En el exterior de la torre en que están los anteriores instrumen- 
tos, hay dos grandes carátulas en que se ven las indicaciones de 
un barógrafo y un termógrafo de sencilla construcción que están 
en el interior. 

Hay un i)cqueno departamento en que están instalados los apa- 
ratos magnéticos (Edelmann de Munich ), en los que se hace ob- 
servación directa de declinación é intensidad horizontal v vertí- 
cal, tres veces al día. Además, en una i>ieza subterránea hay otros 
aparatos magnéticos (Adié, Londres) que registran fotográlica- 
mente los mismos elementos. 

En el jardín se encuentra una i)equeíia i)ieza de persianas en 
(jue hay termómetros de máxima y mínima (Kappeller de Yiena) 
y Casella de Londres, psicrómetro (llaák, lena) y un evaporóme- 
tro del I)r. Wild. En otro sitio del jardín están un aetinónietro 
(Kappeller, Vieua), 'termómetros de máxima y mínima (Baiidin, 
Taris), varios pluviómetros y cinco termómetros terrestres á di- 
versas profundidades, desde O™ 50 hasta 2 '"50, y otro para la tem- 
l)eratnra de la superfiíáe. 

BlBLIOGllAFÍA. 

Jahrlnu'h dcrK, K. GentralanstaltfürMefeoro¡ogi**UHd Erdmagne- 
tísmm. OfficieUe puhUcation, Wien, 

Publicación anual que contiene en extenso las observaciones ba- 
rométricas, termomé tricas, pluviométricas, etc., de 392 estaciones 
y del Instituto Central. 

p]n la ])rimera parte están los registros diarios de todas las es- 



DE (lEOtíUAFÍA V ESTAÜÍSTI(?A. 125 

taciones^ en la segunda resúmenes mensuales y anuales de las mis- 
mas; en la tercera los resultados do los aparatos registradores del 
Instituto Central, y en la cuarta las observaciones magnéticas prac- 
ticadas á 7 am., 2 y í) pm. y los resultados del magnetógraíb de 
Adié. 

Además, el Instituto publica diariamente un Boletín en 4?, au- 
tografíado, con las observaciones del día anterior comunicadas por 
telégrafo, de 25 localidades de Europa. . 

Instituto Real de Meteorología, de Berlín. 

Este establecimiento deberá i)róximainente instalarse en un edi- 
ficio que se levantará en Potsdam, así como el Observatorio As- 
tronómico y el Instituto Geodésico, por lo cual actualmente sólo 
se observa la marcha de algunos aparatos registradores y se com- 
paran los que deben servir para las estaciones de la red. 

El Instituto está á cargo de los Dres. von Bezold, Director, y 
HeUmann^ Subdirector, habiendo empleados encargados exclusi- 
vamente de los servicios pluviométrico, de tempestarles, bibliote- 
ca, instrumentos, etc. Para el servicio pluviométrico, que cuenta 
con 499 estaciones, hay (tartas especiales en las que se asientan 
los datos que mensualmente envían en una tarjeta postal, en la 
que tienen el registro para observaciones. Todas las estíU3Íones 
remiten, igualmente en tarjetas, observaciones detalladas acerca 
de temporales ó t<3mi>estades, cuyos datos son inmediatamente 
anotados en las cartas especiales y publi(?ados, reuniéndose así en 
un corto espacio de tiempo y publicándose datos de la mayor im- 
portancia acerca de la marcha y circunstancias do dichos fenó- 
menos. 

Las estaciones de 2°, 3? y 4? orden, envían también mensual- 
mente sus registros detallados de las observaciones practicadas 
á 7 am., 2 y 9 pm. 

Uno de los mayores cuidados que hay en el Instituto, es en lo 
relativo al buen servicio meteorológico y estado de los instrumen- 
tos de las estaciones, y al efecto los empleados hacen anualmente 
visitas de inspección, de las que rinden un informe i)roponiendo 
las diversas modificaciones y mejoras que hay que ejecutar. 

El Instituto tiene en estudio una serie de diversos instrumen- 



126 Sociedad Mexicana 

tos registradores que estáu á cargo del Dr. A. Sprung, inventor 
de varios de ellos. 

De estos describiré sucintamente el registrador de la lluvia y el 
viento, del Dr. Sprung, construido por K. Fuess. 

El colector de la lluvia está representado en la figura 9. El ba- 
lancín h oscila tan luego como en uno de sus departamentos se ha 
reunido por lo menos O™"! de lluvia, y en ese movimiento inte- 
rrumpe la corriente eléctrica y hcace que el dinamo D del registra- 
dor (Fig. 10) mueva el escape e que hará caminar á la rueda den- 
tada d dos dientes y bajará la tira de papel P que está restirada 
inferiormente por un peso. El reloj, pone en movimiento al lápiz I 
por medio de una varilla v; este mecanismo está representado en 
la figura 11. La varilla v tiene suspendido el lápiz I y estü coloca- 
da sobre dos rodillos R Y r^ de los cuales este último está en co- 
municación con el reloj, y al girar va haciendo caminar á la vari- 
lla lentamente de izquierda á derecha. Cada hora el minutero m 
al levantar el i^risma P, eleva el rodillo R' y con éste á la varilla^ 
la cual aislada del rodillo r que la ponía en movimiento, cede al 
peso 0^ cuya cuerda está suspendida hacia la mitad de la varilla 
y retrocede lentamente, ¡lues el peso está introducido en gli(íeri- 
na, que evita una caída brusca. Por medio de un contrapeso g se 
regulariza el peso que tiene que levantar el minutero. 

El eje del anemómetro tiene un tornillo sin fin t (Fig. 12) que 
engrana con una rueda R de 100 dientes, en cuyo eje hay un pi- 
fión j) de 30 dientes, el cual engrana á su vez con la rueda i de 90 
dientes; de manera que esta última gira una vuelta por cada 300 
del anemómetro. La rueda i tiene un tope que á cada vuelta le- 
vanta al cilindro hueco C, que vuelve á caer. Mientras el cilindro 
sube un tope a?, levanta á la horquilla m que gira en I y cuya parte 
superior es de marfil. Al caer el cilindro tocará el tope x la parte 
inferior de la horquilla, la hace bajar y se interrumpe la corriente. 
Cuando ^1 cilindro, al bajar, ha llegado á la mitad de su camino, 
un tope y hace bajar la horquilla y se establece la corriente, que va 
á dar al dinamo que guía el lápiz registrándose la velocidad. La di- 
rección está dada por cuatro lápices / movidos por cuatro dina- 
mos, en comunicación con cuadrantes de metal orientadas y á los 
cuales toca un sector que tiene la veleta. 



DE Geografía y Estadística. 



127 



bibliografía. 

Ergebnisse der Meteorologischen Beohacht ungen, Herausgegebea 
Yondem Koniglicli Preussischen Meteorologiscbeu Institiit durcli 
Wilhelm von Bezold, Direktor. Berlín. A. Asber & C? 

Contiene los registros de las observaciones practicadas en las 
estaciones de 2?, 3? y 4? orden y las pluviométricas, las verifica- 
das en Berlín, artículos y estudios relativos á temporales, tempes- 
tades, lluvias, etc., acompañados de cartas y figuras. 



Observatorio de Marina, de Haiiiburgo. 

(DEUTSCHE SEEWARTE.) 

De todos los Institutos Meteorológicos de Europa, éste es, qui- 
zá, uno de los más impoi*tautes, tanto por su envidiable situación 
y magnífica dotatíión de instrumentos, como por la sabia dirección 
en que se baila, pues su actual director, el Dr. Neumayer, ba be- 
cho de él uno de los principales establecimientos de su clase. 

El elegante edificio construido con todas las exigencias reque- 
ridas, se baila en una de las bellas colinas cercanas á Altona y á 
la margen del Elba, de donde se domina el puerto de Hamburgo 
y se goza de una posición excelente para las observaciones. La 
planta del edificio es cnsidrada y tiene cuatro facbatlas que miran 
respectivamente al íí. O., N. E., S. E. y S. O., siendo esta última la 
principal, en las que se ven los bustos de Dove, Maury y Rümker. 
Consta de tres pisos principales y el subterráneo, y en los cuatro 
ángulos bay pequeños torreones, de los cuales el del Norte, con 
una cúpula giratoria, contiene un instrumento universal y un cro- 
nógrafo; el del Este un instrumento de pasos; el del Sur un apa- 
rato del Dr. Neumayer para probar y comparar los sextantes de 
la marina y un electrómetro (Mascart-Tbomson); y en el del 
Oeste bay un anemógrafo de Beckley y un barógrafo de Greiner. 

Bu el patio, que está cubierto por doble tecbo de vidrios, está 
el aparato de Combes para la comparación de anemómetros, al 
cual lo pone en movimiento un motor de gas que se baila en el sub- 
terráneo. En uno de los ángulos bay un barómetro de glicerina. 

En el subterráneo están la imprenta y la litografía, un labora- 
torio de física y química, un taller mecánico, una pieza para ins- 
trumentos patrones y una sala para comparación de barómetros 



128 



Sociedad Mexicana 



y para lo8 instrumento» registradores. Eu el departaineuto de ii 
preiita y litofjrafía se Inieeu los Boletines y cartas marinas que 
blica el Instituto. Ku la pieza de instrumentos patrones esti 
instalados un excelente bíiriunetro normal de Fues¿í, un catetói 
tro de Bamberíí, un péndulo (Knoblicli, Hamburjío ) y una 
lanza de precisión (Hun^e, llamburgo). Hay en la sala de coi 
paración de instrumentos uu baro-termógrafo de Schreiber, 
péndulo de Nieberg, de Ilamburgo, un barógrafo aueroide de Hi] 
y un aparato de Fuess para probar los banhnetros marinos y ai 
roides. En el laboratorio hay un aparato de rotaeióu-para la coi 
paración de termómetros. 

Los otros departamentos del subterráneo son dependencias 
la habitación del Director. 

El piso bajo tiene diversas encinas que son frecuentadas por 
público, una sala que contiene algunos instrumentos ( barógral 
de Spruug, higrómetro de Kegnault, termómetro de Schreil 
etc.), con una ventana de persianas para observaciones, el Mi 
meteorológico, la cátedra de navegación y habitaciones del 
rector. 

El Museo contiene los instrumentos y aparatos clasifieadi 
en los ocho grupos siguientes: 1? Instrumentos geodésicos y 
astronomía náutica (sextantes, círculos, péndulos, etc.) 2? Ci 
nómetros y relojes. 3? Instrumentos magnéticos (magnetómeti 
brújulas, aparatos de compensación, etc.) 4? Aparatos bidroj 
fíeos (aparatos para estudiar la profundidad del mar, termómc 
tros marinos, etc.) 5? A[)aratos é instrumentos meteorológicos (bi 
rómetros, barógrafos, termómetros, terihógrafos, anemóinetr< 

m 

pluviómetros, etc.) G? Aparatos para el estudio de la física. 
Aparatos para señales del estado del tiempo, y 8? Modelos de mi 
quinas, motores, buques y sus diversas partes. 

En las paredes hay elegantes dibujos de máquinas y todos lo( 
aparatos están catalogados con objeto de i)oder hacerse un estii 
dio sistemático de ellos. El Museo es ])úblico dos veces por s< 
mana. 

En el i)r¡mer piso están el estudio del Director, uu vecilmlor^ 
diversas piezas de la administración, una sala i>ara couferenciaSj| 
la Biblioteca y oficina del bibliotecario y dos gabineti's de lectu- 
ra. La Biblioteca ciUMita con más de 12,(K)0 volúmenes, todos em- 



/ 



DE Geografía t Estadística. 129 

/ ^ ,^'r^- ^^■^^'^ 

pastados, que se hallan colocados eti elegante estantería, y en los 
gabinetes de lectura están los periódicos y libros de consulta para 
los empleados y el público. 

Se hallan en el segundo piso diversas oficinas para la formación 
del boletín diario del tiempo, el telégrafo y una sala con cartas 
marinas. En el techo hay un aparato para las señales del estado 
del tiempo, que hace el Observatorio á los marinos. 

El subterráneo comunica con el Observatorio magnético, que es 
también subterráneo y que se halla frente de la fachada principal. 
Es una pieza circular abovedada, en cuyo centro hay un poste en el 
que está un teodolito magnético de Bamberg, habiendo en el extre 
mo del corredor que comunica con el Observatorio, un cronógrafo 
y un péndulo. 

En el jardín hay un estanque de agua elíptico sobre el cual está 
el abrigo para el psicrómetro y los termómetros de máxima y mí- 
nima, un termógrafo, un fotómetro y pluviómetros. Oerca del es- 
tanque está un pabellón de madera para observaciones magnéti- 
eas, en el cual se encuentra instalado un magnetómetro unifllar y 
im aparato del Dr. Neumayer para el estudio de la inducción. Este 
puede caminar en unos rieles de latón colocados á un metro sobre 
el suelo al rededor del magnetómetro, pudiendo sostener mazas de 
fierro hasta de 40 kg. que se colocan á diversas alturas y distan- 
cias, á fin de estudiar su influencia en el imán del magnetómetro* 
Estas investigaciones se hacen con el objeto de corregir debida- 
mente las observaciones magnéticas practicadas en los buques de 
fierro. 

Además de todos los estudios y observaciones referidas, se ha- 
cen im]>ortantes investigaciones por medio de un globo cautivo 
provisto de aparatos registradores. 

BIBLIOGEAFlA. 

Monatsbericht der Deutschen Seewarte, 

Revista mensual que ve la luz hace trece aiios y que contiene 
las observaciones de algunas estaciones alemanas y estudios acer- 
ca de la marcha de los principales elementos meteorológicos en Eu- 
ropa, con las curvas y cartas correspondientes. 

MeteorologiBche Beóbachtungen in Deutschland. Herausgegeben 
von der Direktion der Seewarte. Hamburg. 

17 



130 Sociedad Mexioana 

Publicación anual que contiene las observaciones en extenso de 
Hamburgo y de 25 estaciones de segundo orden. 

Au8 detn Archiv áer BeuUchen Seewarte. 

Aparece también cada año y contiene la relación de los traba- 
jos y adelantos del Instituto, estudios meteorológicos de mucho 
interés, descripción de instrumentos, etc. 

Annalen der Hydrographie und Maritimen Metearologie» Organ 
des Hy drographischen Amtes und der Deutschen Seewarte. Berlin. 

Esta publicación sale cada mes con los estudios y observacio- 
nes practicadas á bordo de los buques alemanes, Memorias de Me- 
teorología marítima é Hidrografía, descripción de las costas, avi- 
sos á los marinos, etc. 

Observatorio Real de Madrid. 

Tanto el Observatorio Astronómico como el Meteorológico se 
hallan en un elegante edificio que está situado en una bella posi- 
ción, pues se encuentra en un terreno elevado entre el hermoso 
Parque del Retiro y el paseo de Atocha. Llama la atención su 
pórtico de esbeltas columnas y el templete que ocupa el centro 
del edificio con una galería circular de diez y seis columnas. Su 
Director es el Sr. D. Miguel Merino, y el primer astrónomo el Sr. 
D. Vicente Ventosa, que fué el que se dignó mostrarme el esta- 
blecimiento. 

En la parte baja están en un departamento de la izquierda los 
barómetros en uso en el Observatorio y los que distribuyen para 
las estaciones foráneas. Hay varios barómetros de Fortin, los cua- 
les tienen el termómetro fijo introducido en el mercurio de la cu- 
beta. En esa pieza funciona un barógrafo de Redier, y hay otros 

varios instrumentos para compararlos. En un pequeño dei)arta- 

« 

mentó de la derecha se halla un meteorógrafo de Secchi, de me- 
nores dimensiones que los de México y Roma, que desgraciada- 
mente no funciona. 

En el templete está un anemógrafo de Osler y un anemómetro 
de Robinson (Gasella), que está en relación con un contador eléc- 
trico (Hipp) que se halla en la oficina de calculadores, en donde 
puede valuarse la velocidad del viento á la hora que se necesite. 

En el exterior del Observatorio están los termómetros de máxi- 



DE GEOaBAFÍA Y ESTADÍSTICA. 13T 

ma y mínima y el psicrómetro en un abrigo de persianas^ y cerca 
de éste el evaporador y el pluviómetro. 

Se practican las observaciones á 3, 6 y 9^ am., 12, y 3, 6, 9 y 12: 
pm., y además se atienden cuidadosamente los registradores y se 
comparan sus anotaciones. Este es el centro de los trabajos me- 
teorológicos de España, que ya cuenta con más de treinta estacio- 
nes, establecidas la mayor parte en las Universidades é Institutos 
y á cargo de sus respectivos profesores. Están provistas de baró- 
metro de cubeta, psicrómetro, termómetros de máxima y mínima, 
pluviómetro, evaporador y anemómetro, haciéndose las observa- 
ciones por lo menos dos veces al día, á 9 am. y 3 pm. 

La Biblioteca del Observatorio tiene regular número de volú- 
menes, contando con obras de gran mérito; se baila en un espacio^ 
amplio con estantería dividida en dos pisos. 

BIBLIOGKAFlA. 

ObservcLciones Meteorológicas efectuadas en el Observatorio de Ma- 
drid. 

Volúmenes en 8?, en que aparecen con sus resúmenes mensua- 
les y anuales correspondientes las observaciones practicadas, así 
como las indicaciones de algunos registradores, estando ilustra- 
dos con varias láminas de curvas. 

Resumen de las Observaciones Meteorológicas efectuadas en la Pe- 
ní'ñsula. 

Como los anteriores, tomos en 8? que contienen las observacio- 
nes de las estaciones de España y algunas de Portugal, teniendo 
para cada una resúmenes mensuales, anuales y de las estaciones. 



íx: 






A U MÜNICIPAUDAD DE CHALCHIHUITES 



PíiSICIÓy ASTRONÓMICA. 



-25 deUtítodXorte, 
de Mérico. 



íjok viUa d& CluikhiLiaite« egtÁ smada 
j ¿ 'V'^ 'V d« k^^tnd occidental del 



ETIMOLOGÍA É HISTORIA- 

Kl lunnbre fie Chalchihiiites viene de la piedra verde ehalelii- 
baitl^ qtuí tanto es^timaban los antiguos mexicanas j que ñié uno 
de Um ifremnten que como de más valor hizo Moctesamaf por me- 
dio de MU embajadores, á Hernán Cortés, cuando supo su arribo 
á las playas de Veracmz. Esa piedra, que según los inteligentes 
es esfiatíi flor, dio su nombre á la mina que la produce y á la actual 

íjím liabitautesde esta comarca eran descendientes de la raza chí- 
cfafmci'a, frdceAón bastante numerosa, según los vestigios que aun 
exísU?n, en una grande extensión de la parte plana de la mnnicipar 
lúbul, piu;s se ven cimientos de poblaciones antiguas, montículos 
que guanlan los restos de aquellos habitantes; pedazos de objetos 
de barro muy bien pintados y labrados que se encuentran profu- 
samente exparcidos en los barbechos, y que han sido sacados por 
el arailo á la superficie de la tierra. Varias personas poseen, y en- 
tre eJIas iú que sus<;ríbc, hachas de piedra, cabezas de idolillos, figu- 
riluH (le f)Í4Mlra, representando animales que servían de adorno; y 
fragment(;H de ollas y cazuelas que manifiestan evidentemente el 
grado de adelanto á que había llegado la cerámica en las razas que 
poblaban CHie continente. 

La primera colonia que se estableció después de la conquista, 



DE Geografía y Estadística. 135 

viiio de Guadalajara y estaba compuesta de españoles y tonalte- 
cas, teniendo por jefe estos últimos á un indígena de apelativo Pé- 
rez. Después de algunos años, el jueves 6 de Junio de 1591, por 
disposición del rey de España ( según refiere un documento que 
tengo á la vista y que fué encontrado en el archivo de Kueva Tlax- 
cala), salieron cuatrocientos indios tlaxcaltecas de la antigua ca- 
pital de la república de ese nombre, de los cuales, cien traían á sus 
mujeres, formando un total de 528 personas, con objeto de conquÍ8* 
tavy enseñar y quitar sus malas y diabólicas costumbres á los chichi- 
mecas, que aun estaban apoderados de la tierra adentro : el mando 
de la expedición se confió á ocho capitanes, que fueron : D. Avlnco^ 
D. Miguel de Santiago, Buenaventura de Paz, D. Lucas de Eles, 
D. Joaquín X., D. Diego Bamírez, D. Francisco Vázquez y D. Joa- 
quín de Valencia, todos á las órdenes del gobernador D. Lucas de 
Monte Alegre. La crónica que he consultado, y que lleva por título 
«Viaje que hicieron los tlaxcaltecas de la ciudad deTlaxcala á estas 
partes de la tierra adentro,» refiere minuciosamente laB jornadas 
que hicieron, la revista que pasó á los expedicionarios en Ghalneu- 
Üán, el virrey de aquella época, D. Luis de Velasco; las fiestas re- 
ligiosas que pasaron y guardaron en el camino, una sublevación 
que tuvo efecto cerca de Zacatecas, donde se quedaron algunos de 
los expedicionarios ; y por último, su llegada á estos xmntos y á San 
Andrés del Teul, donde üraecionáindose, según parece, se fijaron 
definitívam^ite. 

El lugar en que se estableció una parte de los tlaxcaltecas, está 
inmediato al que primitivamente habían ocupado los tonalteeas; 
en consecuencia, los espaüoles quedaron al Oriente^ junto á un her- 
moso cjo de agua; los tonaltecas ocuparon el centro, y los tlaxcal- 
tecas se fijaron en la parte occidental de la nueva colonia. La po- 
blación aBÍ formada, aunque unida por calles y por huertas^ con- 
servó en el trascurso de los años tres divisiones, que se conocían 
eon los nombres de Chalchihuites, Tonalá y ^ueva Tlaxcala, per- 
teneciendo las dos primeras á Zacatecas y la última á Guadalajara, 
hasta que la Constitución de 57, en su art. 49, determinó que se 
agregara al Estado de Zacatecas el pueblo de Kueva Tlaxcala, que 
había pertenecido hasta aquella fecha al Estado de Jalisco ; por tal 
motivo, desaparecieron Tlaxcala y Tonalá^ formando con Chalchi- 
huites la población que lleva este nombre. 



134 SoGiEBÁD Mexicana 

SUPERFICIE Y POBLACIÓN. 

La municipalidad tiene unas 10 leguas de longitud por 12 de la- 
titud, teniendo aproximadamente 120 leguas cuadradas de super- 
ficie: confina al I^.E. y al S.E. con la municipalidad de Sombrerete, 
al Sur con la de San Andrés de Teul, y al Oeste con el Estado de 
Durango. 

El número de habitantes, según el padrón de 1875, es como sigue: 

Interior 6,809 

Exterior 4,716 

Total 11,525 

La anterior cifra no es exacta, pues á consecuencia del impulso 
que ba recibido la minería en estos últimos anos, el número de ha- 
bitantes es mucho mayor, y no es aventurado calcularlo en catorce 
ó quince mil, teniendo la población ocho mil y el resto la munici- 
palidad. 

MINERALES, HACIENDAS, CONGREGACIONES 

Y RANCHOS. 

La municipalidad cuenta con tres minerales, cinco haciendas, 
una congregación y treinta y cuatro ranchos, según se expresa á 
continuación : 
• Minerales. — Chalchihuites, Cieneguilla y Colorada. 

Hadendds. — Concepción, Laborcita, Dolores, Bocas y Vergel. 

Congregaciones. — San José de Gracia. 

Banchos. — Pueblito, Hormiguero, Cerrito, San Juan, Durazno, 
Manto, Ojo de Agua, Ojo del Toro, Chupaderos, Agua de la Vieja, 
Sauces, Soledad, San Juan, Soledad, Rancho del Cura, Paso de Vi- 
lla, San José de Abajo, Cofradía, Rancho Colorado, Santa Rosa, 
San Rafael, Las Pilas, Santa Cruz, Los Alamos, Refugio, Maguey, 
Piedras Azules, Pino, Madroño, Santa Bárbara, Nuevo Día, La 
Gloria, San Miguel y Guadalupe. 

INSTRUCCIÓN PÚBLICA. 

Hay una escuela de niños y una de niñas costeadas por el fondo 
municipal, concurriendo á la primera 120 alumnos y á la segunda 
93; la primera está dirigida por el Sr. D. Pedro Mendoza y la se- 
gunda por la Srita. Gertrudis Avila, aventajada profesora que hon- 



DE Geograpíá y Estadística. 135 

á la escuela de niñas de Villanueva, donde hizo sus estudios: el 
preceptor disfruta un sueldo de $ 40 mensuales y la preceptora uno 
cLe $30, pagándose ambos con exactitud. Hay además una escue- 
Isk de niños denominada «Escuela católica» dirigida por el Sr. D. 
Andrés Gurrola, cuyo presupuesto costean en su mayor parte los 
Sres. Gregorio Pérez y hermano, si bien les ayudan algunos otros 
vecinos j el preceptor disfruta un sueldo de $ 600 anuales y $ 150 el 
ayudante, concurriendo al establecimiento 173 alumnos. Existe 
también una Escuela particular de niñas á cargo de la Sra. Dt Car- 
men Martínez de Mendoza, instruida profesora: concurren al esta- 
blecimiento 50 niñas, pagando los padres de las alumnas diferentes 
cuotas. Hay, además, alguuas otras escuelas particulares de me- 
nos importancia. En San José de Gracia, Chupaderos, San José 
de Abajo y el Manto, hay escuelas primarias á que concurren 185 
alumnos, viviendo los preceptores de pequeñas cantidades que dan 
los jornaleros, pues últimamente fué suprimida por la Legislatura 
del Estado la pequeña subvención que el Gobierno daba, de sus 
rentas, para esos establecimientos. En general, los dueños de ha- 
ciendas, con excepción de los de Dolores, tienen muy poco empeño 
en la instrucción de la juventud. 

MONTABAS Y MINAS. 

La sierra de San Francisco es uno de los ramales que se despren- 
den de la Sierra Madre, y en una extensión de 7 á 8 leguas es atra- 
vesada por multitud de vetas metálicas de muy diferentes leyes y 
de más ó menos cuerpo. Las alturas principales son las siguientes: 
Cerro de la Gloria, Picacho Montuoso, Picacho Pelón, 10,800 pies; 
Cerro del Muerto, Cerro de la Candelaria. 

En las cañadas hay encinos, robles, capulines, fresnos, manza- 
nillos, madroños, romerillos, jazmines, dalias, toronjil, espuelas de 
caballero, azucenas de varios colores, y una multitud variadísima 
de flores aromáticas y hermosas; en la falda de los cerros hay pi- 
nos y diferentes variedades coniferas, así como algunas clases de 
biznagas, de flores brillantes y aterciopeladas: en la cima de las: 
montañas^ como es natural, la vegetación es menos exuberante. 

Las minas en explotación actualmente son las siguientes: 



136 Sociedad Mexicana 

NEGOCIACIÓN DE LA ESMERALDA, 

La Esmeralda^ cuyos fnitos cobrizos sirven parala formación de 
sulfato de cobre por medio de un aparato construido bajo la diree- 
eión del Sr. D. Trinidad García, dueño de esta negociación. 

La Trinidad^ en el mineral de Canoas, produce actualmente bue- 
nos frutos de plata que se benefician x>or el sistema de fuego. 

Sangre de Cristo produce metales de plata que, como los de la 
anterior, se benefician por el mismo sistema: la plata de estas dos 
minas contiene una regular ley de oro, lo cual hace subir bastante 
su Talor. 

La negociación de la Esmeralda tiene en sus pertenencias algu- 
nas otras minas importantes, siendo una de las principales la nom- 
brada « Caridad, d que en años pasados dio muy buenas utilidades 
á los Sres. Boque Bojas y Juan Castoreña: á esta negociación, por 
las ricas vetas que tiene en sus pertenencias, se le espera un bello 
porvenir. 

La negociación de u No conocida y Candelaria, » propiedad de los 
Sres. Gregorio Pérez y hermano, tiene en sus pertenencias vetas 
magníficas que producen multitud de carga de ley de 5 á 7 onzas 
que se beneficia por el sistema de lexiviación^ una compañía ame- 
ricana ha iniciado la compra de estas minas, traspasando adema» 
las existencias y la hacienda de beneficio: el ancho de la veta de 
Candelaria es de 33 varas. 

La negociación de la <r Purísima,» propiedad de los Sres. Toma» 
L. Campbell, Eduardo Wueyman y Bernardo Georgis, tiene en sus 
pertenencias, además de la mina de la Purísima, Santa Teresa y 
la Avellana, que dieron clavos regulares, y otras muchas minas 
importantes. 

La negociación de « El Coiyuro, » propiedad del Sr. D. Fermín 
Amézaga, produce metales sulfurosos que se benefician por él sis- 
tema de lexiviación. 

Además de las minas expresadas que se trabajan de raya, otras 
muchas se explotan de busca por operarios pobres que con i;na poca 
de pólvora, unas cuantas vela-s y un peso que les presta semanaria- 
mente el dueño de alguna hacienda de maquilas, emprenden des- 
atierres y trabajos verdaderamente gigantescos, si se tiene en cuen- 
ta la pequenez de los elementos con que cuentan. Muchas veces 



DE Geogbafía y Estadística. 



137 



fra<3asan esos esfuerzos; pero otras son coronados de buen éxito 
oon el descubrimiento de algúu clavo de metal, el cual se reparte 
entre los amigos j parientes, á los que, el dueño, les da campos 
que les producen más ó menos; pero que derraman la abundancia 
entre mnchas familias. El minero no conoce el egoísmo y da el me- 
tal que le ha costado descubrir inmensos sacriUcios, como si fuera 
cosa de poco ó ningún valor. Sucede algunas veces que el dueño 
de una mina en bonanza, al mes ó dos de haber concluido, está en 
la miseria, y toma otra vez su barra para continuar en sus tareas, 
alentado con la ilusión de volver á encontrar otro clavo: un ope- 
rario nombrado Manuel Delgado, descubrió así lamina de San Ni- 
colás, que vendió á los Sres. Jesús y Baltasar Castañeda, habiendo 
antes cedido una parte de ella á los -Sres. Bomán Pérez y Dona- 
ciano Alaniz; la mina expresada es una de las mejores que se han 
conocido, y su descubridor murió en la miseria. 

lias minas que no se trabajan, ni de raya, ni de busca, son mu- 
chas, pues teniendo el mineral una extensión bastante grande, y 
estando atravesado por multitud de vetas, las bocas de las minas 
son incontables; sin embargo, enumeraré las principales, esto es, 
aquellas que por los frutos que han dado en otras épocas, tienen 
alguna celebridad. 

San Nicolás, situada á 9,775 pies de altura, dio hace doce años 
una bonanza muy regular que contribuyó al engrandecimiento de 
la población; sus leyes fueron de 2, 6 y 12 marcos, y también de 6 
onzas un marco y 12 onzas, todo por carga. La veta de San Nico- 
lás corre de Sur á Norte, es casi perpendicular, y á unos cuantos 
metros al Este y al Oeste, corren paralelas otras dos vetas de cuer- 
Xio que muy poco han sido explotadas. Una negociación que con- 
tara con fondos snflcientes, es casi seguro que obtendría buenos 
resultados. 

El Ermitaño es otra de las minas que ha dado algunos miles de 
pesos, pues la abundancia de carga fué extraordinaria, y como el 
doefio no impedia el robo de metales, no sólo estuvieron en moví- 
miwto en una temporada larga las haciendas de esta villa, sino 
las de Sanchos y Gieneguilla: las leyes fueron de 6 á 12 onzas, si 
bien algunas veces salieron metales de 4 á 6 marcos por carga. 

La mina del Manto es otra de las que á principios del siglo dio 
una gran bonanza al Sr. D. Manuel Castañeda; en la actualidad 

18 



138 Sociedad Mexicana 

está casi abandonada, pues si se trabaja es en muy pequeña escala 
por buscones. 

La mina nombrada <vEl Carmen» dio también una regular bo- 
nanza que duró más de seis años, á los Sres. Román Pérez y Ger- 
vasio Uzarraga; la veta es muy formal y se asegura que tiene la- 
bores en frutos : la ley fué de 12 onzas por carga. 

La mina de San Juan dio también un clavo regular á los Sre«. 
Gregorio Pérez y Ursino Perales; sus leyes fueron variadas; pero 
salió algún metal de 00 marcos por carga. 

Existen otras muchas minas que han dado regulares productos, 
tales como la Posolera, Saü Benito, San Jerónimo, El Befugio, 
San Francisco, Colorada, El Boble, Santo Domingo, la histórica 
Chalchihuites y las que componen el mineral nombrado «Los Mar- 
ciales; » los metales que producen las vetas de este último son muy 
variables en su ley, pues desde 4 onzas suben á 20, 50, 80, 100 y 
200 marcos por carga, en cuyo caso son un hermoso sulfuro de pla- 
ta: el que esto escribe, en unión de los Sres. José Domingo Gun- 
darilla, Rafael Díaz y Manuel F. Castañeda, encontró un peque&o 
clavo en la mina de La Purísima, que dio á 100 marcos por carga. 
Este mineral, explotado de una manera formal, debe dar buen re- 
sultado; pero se necesita mucho cuidado y vigilancia, porque la ri- 
queza de sus metales excita, como es natural, la codicia de los tra- 
bajadores. 

El mineral de Chalchihuites está llamado á ser uno de los prime- 

* 

ros del Estado de Zacatecas, no precisamente por las leyes de sus 
metales, sino por la multitud de vetas que posee. Las leyes varían 
al infinito, pues desde 2 onzas se elevan á algunos marcos por car- 
ga, según se ha expresado; por lo regular, las leyes de un marco á 
12 onzas por carga son las más comunes: el compuesto de los me- 
tales es también variadísimo, pues los hay á propósito para el be- 
neficio de patio, sulfurosos para el de lexiviación, y plomosos para 
el de fuego. 

Las robustas vetas de «No conocida y Candelaria,» que han esta- 
do dando una ley de 5 á 7 onzas por carga, estarían sin explotarse, 
por no costear el arranque y beneficio de fuego como lo estuvieron 
tantos años; pero en la actualidad se explotan con buen éxito, de- 
bido al sistema de lexiviación que introdujo y planteó entre nos- 
otros el Sr. D. Fermín Amézaga, á quien Chalchihuites deberá en 



DE Geografía y Estadística. 139 

io faturo su engrandecimiento y prosperidad: últimamente ha su- 
bido la ley de los metales que producen estas vetas á 10 onzas por 
carga. 

Capitales y sistemas de beneficio e<M)nómico es lo que se necesita 
para que Chalchihuites progrese más rápidamente, pues desde 
hace algunos anos avanza lentamente, pero sin retroceder un solo 
paso. 

Hay muchas vetas que aun no han sido caladas, y otras cuyos 
pozos apenas tienen cinco ó seis varas de profundidad; en conse- 
cuencia, la mayor parte del mineral se encuentra virgen, y brinda 
á la especulación con su riqueza. La producción de plata, por el 
conocimiento que tengo de la localidad, la calculo en 2,800 marcos 
mensuales, si bien algunas veces es mucho mayor: no puedo pre- 
sentar datos absolutamente exactos sobre este punto, ni sobre la 
producción agrícola, porque es muy difícil su adquisición; pero al- 
gunas personas con quienes he consultado han dado á mi cálcudo 
su aprobación. 

Al Occidente, en la sierra nombrada de Michis, de la cual perte- 
nece una parte á la municipalidad, hay también vetas y criaderos 
de plata que hasta la fecha han sido muy poco explotados, encon- 
trándose las minas nombradas San Pascual y Chihuahuilla. 

Existe también otro mineral aislado, al lí.O., á que da su nombre 
la altura principal que se denomina Cerro Colorado; hay una mina 
antigua de quien nadie sabe la época en que se trabajó, y del te- 
rreno de esa mina se han recogido algunos granos de oro nativo: 
en las inmediaciones hay muchas vetas de cuarzo que hasta ahora 
no han sido caladas. 

HACIENDAS DE BENEFICIO. 

El sistema establecido para beneficio de metales desde bace mu- 
chos años, es el de fuego, por medio de hornos pequeños á que se 
da el nombre de castellanos; el metal fundido con greta, temescui- 
tate y grasa, forma planchas de plomo que contienen la plata, y 
á fin de separar una y otra cosa se echan al vaso, donde, oxidán- 
dose el plomo, se vuelve greta que sale por una sangría, quedando 
la plata líquida, hasta el momento en que, purificada enteramente, 
da vuelta y se solidifica. Cuando el metal es más puro, después de 
lavado, se echa al vaso poco á poco en el plomo correspondiente, 



140 SOCIEDAB MEXIGAKA 

sacando el residuo por sangría ó con un fierro curvo que se nom- 
bra garabato, y cuando ba concluido el sebo se desgreta como que- 
da expresado : el residuo á que he hecho referencia es un compuesto 
de plomo y cílíce á que se da el nombre de temescuitate. 

Existen actualmente 8 haciendas de fundición, siendo la princi- 
pal la del Sr. D. Baltasar Castañeda, que tiene por motor una rueda 
hidráulica, lo cual origina una buena economía en el sueldo de tra- 
bajadores. 

Para el sistema de lexiviación hay tres haciendas establecidas, 
una de la propiedad de los Sres. Qregorio Pérez y hermano, en que 
se beneficia la carga de « Ko conocida y Candelaria, j> otra del Sr. 
D. Baltasar Castañeda, en que beneficia el Sr. D. Fermín Amézaga 
los frutos de «Conjuro;» y otra del hr. D. Jesús Bojas. 

Hay una fábrica de sulfato de cobre con su correspondiente cá- 
mara de x)lomo, donde se forma el ácido sulñirico; en esta hacienda, 
que tiene sus tahonas y demás accesorios, se benefician algunaa 
veces x)or patio los frutos de las minas de Canoas; pero, en gene- 
ral, los productos de esas minas se benefician por el sistema de 
fuego, á cuyo efecto tiene aperadas dos haciendas esa negociación. 

En Cieneguilla y Colorada hay también establecidas algunas ha- 
ciendas de fundición. 

Los dueños de la negociación de la Purísima están construyendo 
actualmente un aparato delesiviación. 

VlAS DE COMUNICACIÓN Y TELÉGRAFOS. 

Está unido Chalchihuites con las poblaciones del Centro y del 
Occidente, por caminos carreteros de regular comodidad, pasando 
por la población la línea nombrada « Diligencias generales de la 
Bepública.j> 

Hay dos oficinas telegráficas, la una del Gobierno general, en que 
termina la línea que parte de Mazatlán; y la otra del gobierno de 
Zacatecas, en que termina la línea de San Luis Potosí, habiendo 
tenido efecto la inauguración de esta oficina el 5 de Mayo de 1871. 

RAZAS É IDIOMAS. 

En el trascurso de los anos las diferentes razas se han mezclado 
de tal modo, que no forman sino una sola, que ni sabe, ni habla 



DE Geografía y Estadística. 141 

otro idioma que el castellano, sin connervarse ni la más remota idea 
de las otras lenguas. 

CLIMA. 

La posición do Cbalchihuites, en el límite de la Zona tórrida, y 
la altura á que se encuentra, hacen que la temperatura sea benig- 
na, marcando el termómetro de Falirenheit, en invierno, de 56^ á 
620j y en verano de 74P A 80° ; mas se sufren a¡lguna8 veces varia- 
ciones bruscas que se hacen muy sensibles, afectando bastante el 
sistema nervioso. En los meses de Junio, Julio y Agosto, llueve 
macho; y la electricidad atmosférica, puesta en contacto con la te- 
rrestre, por medio de los árboles, origina el desprendimiento de 
gran número de rayos que casi siempre hacen algunas desgracias 
en la gente ó en los animales: en una iglesia que se incendió el 14 
de Abril último, existia un pararrayo de varias puntas, que fué co- 
locado hace algunos años por el Sr. Bartolomé Ballesteros. 

AGRICULTURA Y HORTICULTURA. 

El primero es uno de los ramos que ha adquirido gran desarrollo 
en estos últimos años, á pesar de que las tierras altas producen 
poco; pero en cambio los planes dan muy buenas cosechas, culti- 
vándose con éxito toda clase de cereales, papas, chile, repollos y 
coliflores de gran tamaño; produciéndose en general muy bien toda 
clase de hortalizas. Los árboles frutales crecen admirablemente, 
con especialidad los perales, de los que hay muchas variedades que 
dan sabrosísimos frutos; los damascos, los manzanos y los duraz- 
nos son magníficos, así como el ciruelo morado, que x>or su clase 
igusUa á las producciones europeas. En las huertas se cultivan mu- 
chas plantas exquisitas, siendo una de las principales el rosal, del 
cual se conocen más de 30 variedades. La morera, introducida hace 
irnos diez años, se desarrolla perfectamente, y es indudable que 
más tarde se establezcan crías de gusanos de seda. La producción 
anual se calcula en 35,000 fcmegas de maíz, 400 de frijol, y de 4 á 
5,000 cargas de trigo, lo cual no basta para el consumo, y hay ne- 
cesidad de traer de otras partes lo que fiílta anualmente de esos 
mismos artículos. 



142 Sociedad Mexicana 



INDUSTRIA. 



El beneficio de metales, como debe comprenderse, es la primera 
de las industrias de los habitantes de la municipalidad, pues casi 
todos los operarios saben lavar, fundir y afinar; sin embargo, hay 
otras que han adquirido cierto desarrollo: se fabrica muy buen ja- 
bón, no sólo para el consumo local, sino para llevarse á Sombrerete 
y muchos puntos del Esüulo de Durango, donde es muy estimado^ 
se curten pieles bastante buenas; hay carpinteros, herreros, som- 
brereros, zapateros y albañiles muy aventajiídos; sastres, talabar- 
teros, plateros y ojalateros regulares; y en fin, toda clase de arte- 
sanos, más ó menos aptos en sus respectivas profesiones. 

ANIMALES Y CRÍA DE GANADOS. 

En las montañas hay venados, osos, pequeños leones, gatos mon- 
teses y guajolotes serranos. 

En los ranchos se crían ganados, caballar, vacuno, de lana y pe- 
lo, cerdos de muy buena clase y toda especie do aves de corral. 

En las nopaleras se cría el zenzontle, cuyo canto, dulce y varia- 
do, conocen perfectamente los mexicanos. 

RENTAS DE LA FEDERACIÓN. 

OFICINA DEL TIMBRE. 
1880. 

Product/O de estampillas vendidas para documentos y 

libros $ 483 80 

Producto de idem idem para contribución federal 1,924 98 

2,408 78 
Egresos 115 4G 

Producto líquido remitido $ 2,293 32 

ADMINISTRACIÓN DE CORREOS. 

Ingresos de Junio de 1880 á Mayo de 1881 $ 645 6G 

Gastos de recaudación 120 00 

Remitido $ 525 66 



DE Geografía y Estadística. 143 

RENTAS DEL ESTADO. 
1880. 

Ingreso» de la Receptoría $ 7,041 69 

Gastos de recaudación 738 95 



Remitido á Sombrerete en numerario y documentos . . $ 6,302 74 

RENTAS MUNICIPALES. 

1880. 

Ingresos $ 4,419 89 

Egresos 4,690 90 

Deficiente $ 271 01 

REGISTRO CIVIL. 

1880. 

Hombres Mojbres. Total. 

Nacimientos 259 226 485 

Defunciones 137 126 263 

Matrimonios 80 80 80 

COMPARACIÓN. 

Nacieron 485 

Murieron 263 



Diferencia en favor de la población . . 222 

TOPOGRAFÍA. 

« 

Chalchihuites está situado en el declive de la falda occidental 
de la sierra de San Francisco, á 9,025 pies de altura sobre el nivel 
del mar. La población, formada por casas y huertas, tiene un as- 
pecto risueño y hermoso, principalmente por el lado del Norte, 
pues inclinándose el terreno hasta formar el arroyo del Toro, el 
viajero, ya sea que ven^a por el camino de Zacatecas ó de Duran- 
go, no ve otra cosa que un bosque de perales, de manzanos, de ci- 
ruelos, de capulines y de damascos, por entre cuyo follaje se ven 
algunas casitas blancas, y las chimeneas de los hornos de fundi- 
dón arrojando columnas de humo que se pierden en el espacio. Un 
ojo de agua abundante sirve para el ucto de las haciendas de bene- 



144 Sociedad Mexicana 

ficio y ñego de las huertas y solares que se siembran de maíz, de 
papa«, y de toda clase de hortalizas. No hay elegantes edificios, 
pero las casas, bastante limpias, contribuyen á formar un conjonto 
agradable. Existen dos iglesias pequeñas, y en construcción la 
que deberá ser parroquia, edificio bastante bonito que contribui- 
rá, cuando esté concluido, al ornato de la población. Se construye 
también un local á propósito y bastante cómodo que se destina 
para la escuela de niños de la municipalidad. Hay tres plazas, una 
fuente y tres piletas, que sirven para que el público se surta de 
agua; una alameda de buenas dimensiones, alumbrado público y 
un abasto x)ara expendio de carnes. En las huertas y en algunas 
casas particulares hay jardines donde se cultivan flores exquisi- 
tas y hermosas. En la huerta del Ojo de Agua hay dos estanques 
que sirven para baño, teniendo el uno 33 varas de largo por 12} 
de ancho, y el otro 12 por 5. El aspecto que presentan estos ba- 
ños es magníñco, pues decoradas sus orillas por flexibles tules, 
aromáticos floripondios y árboles frondosos, cuyas ramas se incli- 
nan sobre las aguas, doblegadas al peso de enredaderas gigantes- 
cas que forman un tupido toldo de verdura; los rayos del sol se 
deslizan tenuemente por la hermosísima bóveda, y los bañadores 
disfrutan de comodidad y de un paisaje seductor. Los baños nom- 
brados «El Eecreo» se componen de piezas independientes unas 
de otras, con su pila, asientos y demás accesorios, todas bajo de 
un corredor, desde donde se disfruta de una vista hermosa y agra- 
dable. 

El caráct43r de los habitantes es franco y hospitalario, y se re- 
cibe á los forasteros con benevolencia; las clases sociales frater- 
nizan perfectamente, y no hay esas distinciones aristocráticas que 
son tan ridiculas y odiosas en algunos pueblos. 

OBSERVACIONES. 

Aunque no fijo de un modo terminante la fecha del estableci- 
miento de la primera colonia, procedente de Guacíala jara, me han 
dicho los Sres. Jesús María y Manuel F. Castañeda, que vieron, 
ha'Ce algunos años, en el archivo de Tonalá, documentos fechados 
en los años de 1531 á 1536; en consecuencia, creo que sin cometer 
un grave error, puede fijarse esa fecha en los años de 1530 á 1531. 



DE Geografía y Estadística. 145 

La posición de Chalchihuites respecto de Zacatecas y DnrangO; 
así como á la dirección que trata de darse á las vías férreas que, 
atravesando el territorio nacional^ se pongan en contacto con el 
flistema ferrocarrilero de la Unión Americana, hace creer que al- 
guna de esas líneas pase muy inmediata á eáta población, lo cual 
le traería ventajas incalculables desde el momento en que pudie- 
sen llevarse á otras partes, por un flete módico, sus piedras mine- 
rales, sus maderas, sus frutas, sus ganados y demás producciones 
^ue en otros mercados alcanzan precios más altos; si tal cosa llega 
á realizarse, el bienestar de Chalchihuites quedará definitivamente 
asegurado. 

C^lchibuites, J««i»o7 de 1881. 

CARLOS F£BNÁin)EZ. 



19 
i 



146 



Sociedad Mexicana 



OBSERVACIONES 



BOBSB LA 



EstabGca leí Baino CriiiDal en la Beptlca leñía 



DE 1871 A 1885 



liroBiriBBo Civil t Asqvitscto, 

S* S^CRVAMO in LA SOCIBÜAD MiXICAVA DI OlOORAriA T ESTADÍSTICA. 



HÁSE publicado recientemente, en la oficina tipográfica de 
la Secretaría de Fomento la Estadística del Ramo Crimi- 
nal en la República Mexicana, que comprende un período 
de quince años, de 1871 á 188t5. El trabajo fué mandado preparar 
en 2 de Febrero de 1888, con el objeto de que estuviera oportuna- 
mente concluido para ser presentado en la pasada Exposición Uni- 
versal de París, debiendo abrazar un espacio de tiempo suficiente 
para poder apreciar el progreso moral del país y el cambio notable 
que han- impreso en su marcha la tranquilidad administrativa y los 
beneficios de la paz. Dificultades que no pudieron superarse, y que 
á nuestro juicio provienen de la falta de práctica en la organiza* 
ción de estas labores, impidieron que la Estadística de que se trata 
hubiera sido llevada á cabo, en la época que se deseaba, para su 
remisión á la capital de la República Francesa; mas no por haberse 
retardado la publicación es menos interesante el estudio de sus re- 
sultados. 

Fueron tomados en cuenta los datos del Distrito Federal, de los 
Territorios de Tepic y de la Baja California y de todos los Estados 
de la Unión, con excepción de los de Guanajuato y México, que no 
pudieron enviarlos por las razones que sus Gobernadores expusie- 
ron en sus oficios respectivos á la Secretaría de Fomento. En cuan- 



DE GEOaBAFÍA Y ESTADÍSTICA. 147 

toftl Gobierno del Estado de Puebla^ como no le faé posible remitir 
los datos relativos al carso de la justicia en el ramo penal, conforme 
á los modelos circulados, ni tampoco por el período de quince anos^ 
no se consideran en el cuerpo de la obra los datos recibidos, y sólo 
al fin se expone nn resumen de los que pudieron utilizarse, referen- 
tes al quinquenio de 1881 á 1885. 

El trabajo en cuestión contiene: la Estadística del Eamo Crimi- 
nal de cada una de las divisiones políticas de que se ha hecho men- 
ción, en el período de quince años, de 1871 á 1885 inclusives, ex- 
presándose el personal de la Administración de Justicia, sueldos 
y gastos que en ella se erogan, el número de cansas concluidas y 
pendientes, las generales de los criminales castigados, su ocupa- 
ción, origen y grado de instrucción; los delitos cometidos y las pe- 
nas impuestas. Los cuadros están divididos en quinquenios, con 
á objeto de poderlos comparar entre sí, y al fin de cada Estado se 
ha formado la comparación de un quinquenio con otro de las cau- 
sas, así como de los criminales castigados. A continuación se en- 
cnentra la Estadística general de la Bepública en cada uno de los 
quince años, donde constan los mismos datos que en los cuadros 
anteriores; viene después el resumen general, donde también apa- 
recen al fin las comparaciones de un quinquenio con otro, de las 
cansas y de los criminales castigados, y termina la obra con un 
cuadro del número de castigados en cada uno de los quince afios^ 
por cada Estado, y el término medio en un año. 

El Sr. Guillermo Herrera, oficial 1*? encargado de la ((Dirección 
General de Estadística, » en el oficio con que remite la obra con- 
cloida al Secretario de Fomento, resume los resultados obtenidos 
en los siguientes términos: 

«Como resultado final de est-a Estadística, aparece un aumento 
en los criminales castigados del tercer quinquenio comparado con 
el segundo en toda la Bepública, de 10,565, que á primera vista es 
alarmante; pero atendiendo á las comunicaciones de varios gober- 
nadores, que se servirá vd. ver adjuntas bajo los números del 4 al 
6, y á las notas que aparecen en los datos recibidos, que en copia 
también se adjuntan bajo el número 7, este aumento depende de^ 
que en el período de frecuentes revoluciones habidas en la nación, . 
que alcanza hasta el año de 1876, en que desgraciadamente lo pri- 
mero que se destruía eran los archivos judiciales, y por consiguien- 



148 Sociedad Mexicana 

te no existen ele aquella época mncbos de los expedientes, en con- 
secuencia, aparece menor número de criminales en los dos primeros 
quinquenios; mientras que estando establecida la paz desde el sño 
de 1877 al de 1885, en que termina este trabajo, los citados archi* 
vos están en perfecto est4ido y naturalmente el número de expe- 
dientes es mayor, dando por preciso resultado un aumento en la 
cantidad de delincuentes. 

«No debemos atribuir el aumento que aparece en la criminali- 
dad, sólo á las causas expresadas, sino á las muy principales que 
han determinado la paz que desde 1877 reina en la República, pues- 
to que ha quintuplicado toda clase de movimiento, atrayendo co- 
mo consecuencia natural y precisa la concurrencia de un gran nú- 
mero de criminales del exterior y del interior á los centros ó lugares 
donde se ha verificado muy especialmente el movimiento, y además 
él perfeccionamiento en el sistema de policía, la facilidad en todos 
los medios de acción por el gran desarrollo habido en las líneas te- 
legráficas, han dado el resultado natural de que multitud de crí- 
menes en la época anormal porque hemos atravesado, no eran ni 
denunciados ni descubiertos por la acción espontánea de la policía, 
mientras que en el último quinquenio á que nos venimos refirien- 
do, esa acción Uega á todos los extremos de la Eepública y es ayu- 
dada eficazmente por la cooperación de los ciudadanos. 

«Esto se demuestra de un modo palpable, en la parte relativa 
al Distrito Federal, cuyos archivos judiciales han sufrido mucho 
menos que los de los Estados en las guerras intestinas del país, y 
en su resultado final hay una diminución de 806 criminales en el 
tercer quinquenio comparado con el segundo. » — Hasta aquí el Sr. 
Herrera. 

Es verdaderamente sensible que un trabajo tan valioso y tan im- 
portante como el que da margen á las presentes observaciones, y 
que es susceptible de encontrar aplicaciones interesantísimas y 
trascendentales, no haya sido por parte de la Dirección General 
de Estadística objeto de un análisis menos compendioso y más con- 
cienzudo que el resumen trascrito precedentemente, cuyas conclu- 
siones se hayan en desacuerdo con los hechos que están al alcance 
de todo el mundo ; que discrepan también de los resultados que la 
misma obra consigna, y que prescinden completamente de la base 
que debe siempre tomarse en consideración para las comparaciones. 



DE Geografía y Estadística. 149* 

Estos análisis serán particularmente útiles, y en cierta manera 
ndispensables para la educación nacional en nn país como el nues- 
tro, en el que no es todavía suficientemente apreciada ni compren- 
dida la importancia de los trabajos estadísticos, en el que las obras 
serias pasan por lo común inadvertidas, y apenas hay quien llame 
sobre ellas la atención, porque no caben en el mezquino cartabón 
de la crítica literaria de una jirensa, generalmeute indocta é insus- 
tancial. Por lo demás, tales análisis facilitarían el estudio de les 
cuadros estadísticos á las personas que i)ueden aprovecharlos, y 
contribuirían también á hacerlos más útiles bosquejando sus apli- 
caéiones. 

En apoyo de esta opinión nuestra, podremos citar la do un dis- 
tinguido autor, que concluye así la exposición de la izarte histórica 
de la Estadística: 

«Terminaremos por una observación general. Extiéndese más 
y más el uso de no limitarse á publicar columnas de cifras, y se 
adquiere la loable costumbre de comentarlas. Generalmente el co- 
mentario se coloca en la introducción y algunas veces acompañan- 
do los cuadros. Quisiéramos que no se publicara documento alguno 
sin las explicaciones que faciliten su comi)leta inteligencia, sin la 
indicación, si cabe, de los textos de la ley que rige las cifras y que 
hacen conocer todo su alcance. Algunos estadistas han dado el 
ejemplo; que sus luiblicaciones sirvan á otros de modelos.»* 

Figura entre las subdivisiones de la demografía la Estadística 
llamada ccmoral^» exi)resión que ha consagrado el uso, aunque á 
la verdad sea imposible formar la estadística de la moralidad de 
una nación; porque si bien es cierto que la moralidad se manifies- 
ta por actos, también se hace sensible por los sentimientos, por los 
pensamientos, y sobre todo por las abstenciones de obrar, por las 
victorias que el hombre reporta sobre sí mismo. De modo que, la 
£stadÍ!»tica moral es una antífrasis, puesto que lo que realmente 
se observa es la Estadística de la inmoralidad, y aun solamente la 
de los actos inmorales de cierta categoría, los que se manifiestan 
j>or un resultado visible, ó para hablar con más precisión, los que 
llegan al conoítimiento de la autoridad. 

Estos actos son relativamente tan i)oco numerosos, que sería te- 
merario juzgar á un pueblo por los hechos á que se ha hecho alu- 

1 Traite théorique et pratique de Btnlislíque, par Maurice Block, p. 47. 



150 Sociedad Mexicaka 

sión: y si algunos autores poco experimentados los emplean con 
8emi^'ante fin, la mayor parte sólo los estudian bajo el punto de 
vista puramente psicológico, para sorprender la acción del libre 
albedrío y para conocer hasta qué grado la voluntad humana pue- 
de resistir á las influencias exteriores. 

Las estadísticas más generalmente empleadas para apreciar la 
moralidad de un pueblo, son: la de la criminalidad, la de los snici- 
dios y la de los hijos naturales; pero pudieran también agregarse 
las estadísticas de los divorcios, de la mendicidad, de la embria- 
guez, ó solamente los estados del consumo de bebidas embria- 
gantes, la enagenación mental y algunos otros hechos que ciertos 
autores consideran también como característicos. 

En materia de criminalidad, las comparaciones internacionales 
son á menudo científicamente imposibles, á causa de la diferencia 
de las legislaciones; pero á pesar de esta dificultad fundamental, 
es practicable el establecimiento de algunos paralelos, por lo> me* 
nos en lo que respecta á los crímenes x^ropiamente dichos y Á cier- 
tos delitos de naturaleza determinada. Estos actos pueden ser es- 
tudiados bajo dos puntos de vista principales, fijándose: 1^, en las 
causas interiores, ó supuestas tales, que consisten en las cualidades 
ó defectos de la raza, que no pueden manifestarse sino reprodu- 
ciéndose en los individuos de una manera pronunciada, caracte- 
rística; 2?, en las causas exteriores, sin influencia del medio moral, 
influencia del medio económico y social, influencia del medio íisico. 

Acompañamos en dos cuadros un extracto del Besumen Gene- 
ral de la estadística de la criminalidad para toda la Eepública Me- 
xicana, en el período de 1871 á 1885, sacado de la obra que veni- 
mos analizando: el primer estado se refiere á los criminales casti- 
gados y el segundo á la clasificación de los delitos, reunidos en sus 
principales agrupaciones. Al calce de las columnas respectivas 
van los resúmenes por quinquenios, y en cada columna hemos se- 
ñalado con distintos caracteres el máximum y el mínimum. 

El número total de acusados que han sido castigados en cada 
quinquenio, es como sigue: 

Aumento. I>inilnori6n. 



1871-75 74,001 

1876-80 80,451 G,450 

1881-85 91,010 10,505 



DE Geoobafía. y Estadística. 151 

La comparación de estas cifras sugirió al sefior oficial 1? encar- 
gado de la Dirección General de Estadística, las observaciones res- 
pecto del aumento de la criminalidad que más arriba hemos co- 
piado; pero para dar el valor que merecen estas conclusiones, debe 
tenerse presente que la moralidad relativa debe deducirse no de 
las cifras absolutas, sino de la relación que guarden en el número 
de habitantes, y es evidente que en cada uno de los tres quin- 
quenios no ha sido una misma la población de la República, que 
ha aoment^ado de uno á otro por efecto de las leyes naturales, y 
que ese incremento ha tenido que ser más sensible de 1876 á esta 
parte, por efecto de la paz que hemos disfrutado, del bienestar 
consiguiente que se ha experimentado y del ensanche que, aunque 
peqaefio, ha tenido la inmigración. Si pues la población del país 
ha crecido, la criminalidad absoluta, que es en cierta manera una 
manifestación inevitable de la vida social, determinada por una 
especie de coeficiente constante, ha debido aumentar también con- 
servando más ó menos la misma relación. La ley estadística sería 
perceptible si tuviéramos á nuestra disposición censos exactos pa- 
ra cada quinquenio, que nos sirvieran de términos de compara- 
ción; y si no fuera un hecho que en los dos primeros quinquenios, 
y particularmente en el primero, por el estado anormal que guar- 
daba la Bepública, agitada por frecuentes revueltas intestinas, 
nn gran número de hechos criminosos no fueron sometidos á la 
acción de la Justicia, ó bien las huellas que dejaron en los archivos 
judiciales se han borrado con la desaparición de estos, y natural- 
mente no figuran en los cómputos que se han hecho pata la pre- 
paración de la Estadística criminal. 

A pesar de estas irregularidades, si no se hace la comparación 
XK>r quinquenios sino por anos sucesivos, se llega á la conclusión 
de que en estos últimos tiempos la criminalidad tiende á menguar, 
porque en la columna respectiva del primer estado aparece el máxi- 
mum de criminales sentenciados (20,022) cu el ano de 1878 y en 
los años subsecuentes, con ligeras perturbaciones, va disminuyen- 
do hasta 1885, en que asciende el número total á 17,552. — ElmU 
nimum cae en el año de 1876, pero esto es efecto de la situación 
excei)cional por que en ese año atravesó la Nación. 

La columna siguiente del estado, que da el número de los que 
no han sido castigados, presenta también un mínimum en 1876 



152 Sociedad Mexicana 

(11,319) el máximum en 1880 (19,841), decreciendo sucesivamente 
hasta 1885 ( 13,701 ). 

Critícase, y con justicia, el sistema de comparación que sólo tie- 
ne en cuenta los datos que arrojan las estadísticas de los indi- 
viduos condenados, porque este proceder restringe demasiado d 
campo de las observaciones. Puede, en efecto, no liaberse decla- 
rado la culpabilidad de un acusado por falta de pruebas sufici^- 
tes, por la habilidad del defensor, por la lenidad de los jueces y 
sin recurrir á países lejanos y á comparaciones extrañas, no dista 
mucho de nosotros la época en que criminales convictos y confe- 
sos salían frecuentemente absueltos por la falta de valor civil de 
los jurados populares. Por otra parte, el número de causas es siem- 
pre inferior al do los crímenes cometidos, porque hay algunos 
comprobados que no so persiguen, por falta de indicios respecto 
de sus autores, ó porque no llegan al conocimiento de las autori- 
dades judiciales; ó porque los malhechores eluden algún tiempo 
la acción de la justicia y los crímenes llegan á figurar en la esta- 
dística* en un año distinto del en que han sido cometidos. Por es- 
tas razones, deben también tomarse en consideración los acusados 
que no han sido castigados; de esta manera disminuyen las pro- 
babilidades de error, y quedan compensadas con algunas ventajas. 

Sumando en el estado correspondiente los acusados que han si- 
do y los que no han sido castigados, se llega al siguiente resulta- 
do para los tres quinquenios: 

Total. Aumento. Itlminuclin. 



1871-75 135,064 

1876-80 157,362 22,298 

1881-85 168,390 11,028 



Se ve, pues, que por el primer sistema de comparación ( el se- 
guido por el Sr. Herrera) el aumento del 2? al 3? quinquenio era casi 
doble del observado entre el 1? y el 2?; mientras que por el segun- 
do sistema ( el preferido por nosotros ) se observa entre los aumen- 
tos una relación inversa, acusando una notable diminución en la 
criminalidad relativa. 

Debe por último no perderse de vista que los fenómenos demo- 
gráficos, aun los del orden moral, están sujetos á cierta ley de pe- 
riodicidad, á semejanza de las leyes que rigen otros fenómenos 



DE Geografía y Estadística. 15^ 

del orden natural, como las manifestaciones magnéticas, la oscila- 
ción secular de las lluvias, la variación de las manchas solares, etc. f 
y estos cambios, sujetos también á leyes más ó menos conocidas 
en los fenómenos de la vida social, revelan cierta regularidad en 
las acciones humanas, cuyas causas por lo complexas escapan to- 
davía al dominio de la cieucia, pero que explican las anomalías 
que aparentemente se descubren en los resultados estadísticos, 
advirtiendo que la periodicidad se acentúa mejor en uua larga- 
serie de observaciones. 

Las mujeres cometen menos crímenes que los hombres; la pro- 
pensión á la criminalidad en la mujer tiende á dismiuuir entro 
nosotros, y las comparaciones internacionales ponen de manifies- 
to qne la mujer mexicana es más moralizada que algunas de las 
extranjeras. En las cifras absolutas que nos dan los .cuadros pre- 
parados por la Dirección General de Estadística, no se perciben 
desde luego estas relaciones, pero las haremos sensibles estable- 
ciendo la proporcionalidad que guardan los sexos por cada mil 
acusados, en los tres quinquenios sucesivos, y llegaremos á los re- 
sultados siguientes: 

QuinqnenioB Hombres Mujeres 



1871-75 844 156 

1876-80 852 148 

1881-85 858 142 

Se ve, pues, que el contingente relativo do las mujeres ha ido 
disminuyendo y aumentando el de los hombres; dependiendo este 
resultado del incremento que han tenido los atentados contra el 
orden de las familias, la moral pública y las buenas costumbres, 
y los delitos contra las personas, como veremos más adelante. 

En Francia, sobre 1,000 acusados, se (contaban 170 mujeres en 
el período de 1826-1850; de 1851-60, 180; de 1861-1865, 165; de 
1866-1869, 160 mujeres solamente. La proporción de las mujeres 
es más fuerte en Inglaterra en el mismo perío<lo: 253 sobre 1,000; y 
más débil en Prusia: 150 sobre 1,000. La Estadística inglesa entra 
en algunos detalles: 1?, ataques contra las personas, 151 mujeres 
entre 1,000 acusados; 2?, ataques contra la propieda<l, con violen- 
cia, 90 mujeres entre 1,000 acusados; sin violencia, 288 mujeres; 

20 



154 Sociedad Mexicana 

3?, delito de falsedad, 291 mujeres; 4?, destrucción malévola délas 
propiedades, 83 mujeres; 5?, otros crímenes, 301 mujeres entre 
1,000 acusados. En Busia ( 1860-03 ) la proporción era de 885 hom- 
bres por 115 mujeres. 

La edad es uno de los datos más importantes, y para apreciar 
«u influencia hemos preparado el cuadro que se ve á continuación: 

1871-1875 1876-1880 1881-1885 



KDADB8. Hombras. Mi^m-m. Hombres. Miijcrca. Bonbr». ltvi¡trm. 

Menores de 18 años 58 100 62 96 54 92 

De 18 á 40 años 751 688 760 699 776 720 

De 40 á 60 años 172 187 156 185 155 165 

De más de 60 años 19 25 22 20 15 23 

1,000 1,000 1,000 1,000 1,000 1,000 

Se reconoce que en los varones menores de edad, la criminalidad 
aumentó del 1? al 2** quinquenio y disminuyó notablemente en el 
3?; entre las hembras, la críminalidad de las menores de 18 años 
ha ido progresivamente disminuyendo. De los 18 á los 40 años, la 
criminalidad de un quinquenio á otro ha ido creciendo tanto en los 
hombres como en las mujeres; de los 40 á los 60 años ha disminui- 
do en uno y otro sexo; y de los 60 en adelante no sigue una mar- 
cha determinada. 

Clasificados los acusados por edades, sin distinción de sexo, se 
•distribuyen en la siguiente proporción: 

1881-75 1876-80 1881-86 

Menores de 18 años 

De 18 á 40 años 

De 40 á 60 años 

De más de 60 años 

1,000 1,000 1,000 

Como no todos los países han adoptado la misma clasiflcaci^ 
por edades, no es fácil establecer un paralelo internacional. 

En Francia, durante el período de 1870 á 1874, la distribudón 
por edades es como sigue: 

Menores de 21 años, 179; de 21 á 40 años, 544; de 40 á 60 años, 



79 


79 


73 


720 


729 


748 


179 


171 


160 


22 


21 


19 



DE Geografía y Estadística. 155 

229; de más de 60 aSos, 48; total 1^000 criminales. En las diferen- 
cias entre estas cifras y las mexicanas están bien mareadas la in~ 
flnencia de los climas y de la diversa longitad media de la vida. 
Agregaremos todavía, que un cierto número de delincuentes, por 
su índole incorregible, tienen el carácter de reincidentes, y un mis- 
mo individuo figura varias veces en los estados, por lo que el nú- 
mero de malhechores es realmente un poco menor que las cifras 
que arrojan los cuadros estadísticos. 

Atendiendo ai origen de los criminales castigados, los mexica- 
nos y los extrai\jeros se encuentran en la siguiente proporción: 

1871-75 1876-80 1881-85 

Mexicanos 979 968 959 

Extranjeros 21 32 41 

1,000 1,000 1,000 

• 
Como es natural, y consecuencia forzosa del incremento de la 

inmigración, ha aumentado progresivamente la influencia de los 
extranjeros en la criminalidad: el máximum de individuos castiga- 
dos se observa en 1879 y a scieude á 1 ,065 ; el m xnimum ( 237 ) ocurre 
en 1876. 

Si ahora agrupamos los criminales por su estado civil, y calcu- 
lamos también el tanto al millar para cada clase y en cada quin- 
quenio, llegaremos al resultado que á continuación se expresa: 





1871- 


-1875 


1876- 


-1880 


1881-1885 




nombran. 


MuJoroB. 


Hombre*. 


MqJerM. 


Uombm. MuJerM. 


Solteros . . 


484 


527 


536 


552 


558 578 


Casados . . 


421 


316 


385 


315 


385 302 


Viudos. . . 


95 


157 


79 


133 


57 120 



1,000 1,000 1,000 1,000 1,000 1,000 

Y la inspección de este cuadro demuestra que en los tres quin- 
quenios sucesivos la proporción de la criminalidad tiende á aumen- 
tar en los solteros y las solteras, y disminuye en los casados y viu- 
dos de uno y otro sexo. — ¿ Dependerá este fenómeno de que dismi- 
nuyen los matrimonios ? — En todo el período de 15 años que abraza 
la Estadística que venimos analizando, más de la mitad de los 



156 Sociedad Mexicana 

crimencH, ó sea 54 por 100, ban sido cometidos por los solteros f 
los casados lian cooperado en la proporción de 35 por 100 y en I» 
de 11 por 100 los viudos. 

Para qne sirva de término de comparación, diremos que en Fran- 
cia, dnnintí^ el nuo de 1874, los acusados se clarifican así: célibes^ 
2,818 ó 54 por 100; casados con hijos, 1,538 ó 20 por 100; casados 
sin hijos, 491 ó 9 por 100; viudos con hijos, 205 ó 6 por 100; viu- 
dos sin liijos, 80 ó 2 por 100.— En Prusia, de 1862 á 1865, entre 
1,000 acusados se contaban 446 solteros, 85 solteras, 404 casadoa 
y viudos, y 65 casadas ó viudas. 

Pasando á informarnos de la profesión de los acusados, la Esta> 
dística nos conduce al resultado siguiente: 

1871-75 1876 SO 1881-85 

/^Trabajadores del campo 499 501 510 

I I Art(!sanos 238 225 234 

I I Industriales 102 123 108 

\Profesiones científicas 4 4 5 

8 [Destinadas á servicio doméstico. 132 123 117 

I I Ocupadas en oficio ó industria. . . 25 24 26 

1,000 1,000 1,000 

La estadística de la criminalidad en Francia, para 1874, arroja 
los resultados siguientes respecto de la ocui)ación profesional da 
los acusados: 



B 



Ocupados en trabajos agrícolas 37 7o 

„ „ „ industtiales 30 

„ „ „ comerciales 14 

Ejerciendo profesiones liberales 6 

Destinados al servicio doméstico 7 

Vagos 6 

100 

Eéstanos hacer algunas indicaciones sobre el grado de instruc- 
ción de los acusados. Buscando, como en los casos precedentes, la 
proporción en que figuran para cada quinquenio, entre 1,000 acu- 
sados los hombres y las mujeres, y clasificándolos según que sean 



DE Geografía y Estadística. 157 

enteramente analfabéticos, que sólo sepan leer, ó quo sepan leer y 
escribir, paede formarse el cuadro si^uient^: 

1871 7:> 1876 80 1881-85 

{No saben leer ni escribir 045 G34 620 

Saben sólo leer 30 29 30 

Saben leer y escribir 1G9 189 207 

¿ í No saben leer ni escribir 132 119 113 

i < Saben sólo leer 9 11 10 

( Saben leer y escribir 15 18 20 



6 

n 



1,000 1,000 1,000 

Estos resultados ponen de manifiesto el progreso, aunque lento, 
que va adquiriendo entre nosotros la instrucción popular, puesto 
que de un quinquenio á otro disminuye en el número total de acu- 
sados el tanto al millar de los analfabéticos, asi en los varones co- 
mo en las hembras; mientras que, por el contrario, el tanto al millar 
de los que saben leer y escribir, aumenta en los períodos sucesivos 
que se vienen comparando. Para saber hasta qué punto puede in- 
flair la difusión de las luces en la moralización de las masas, sería 
preciso tener en cada quinquenio el censo general de la Repúbli- 
ca^ con la clasificación de los grados de instrucción, á fin de poder 
calcular y comparar el contingente proporcionnl que cada clase da 
para la moralidad. 

No entraremos en muchos detalles, especificando todos y cada 
uno de los delitos cometidos, y nos limitaremos á estudiarlos reu- 
nidos en sus princii)ales agrupaciones, á saber: 

I. Delitos contea la propiedad, incluyéndose en esta de- 
nominación los robos con violencia, robos sin violencia, abusos de 
confianza, fraudes contra la propiedad, estafas, quiebras fraudu- 
lentas, despojo de cosa inmueble y despojo de aguas. 

n. AmcTiazaSj amagos y violencias /(sieaM, 

lU. Delitos causados en la propiedad, por incendio, por 
inundación ó por otros medios. 

lY. Delitos contra las personas por particulares, 
comprendiéndose los golpes y violencias físicas simples, lesiones 
simples, lesiones calificadas, parricidios, abortos provocados, in- 
fontícidios, homicidios simples, homicidios calificados, exposición 



158 SociKDAD Mexicana 

y abandono de niños y enfermos, plagiosj duelos^ suieidioi, ddito» 
contra la libertad individual y allanamiento de morada. 

V. Delitos conté a la ebput ación, que comprenden: inju- 
rias, difamación, calumnia extrajudicial, calumnia judicial. 

y I. Delitos de falsedad, que comprenden : falsificación de 
moneda ó alteración de ella; falsificación de acciones, obligaciones^ 
documentos de crédito público, etc.; falsificación de sellos, ca- 
ños, troqueles, punzones, marcas, pesos y medidas; falsificación de 
documentos públicos auténticos, falsificación de documentos pri- 
vados, falsificación de certificaciones, falsificación de llaves, false- 
dad de declaraciones ju|liciales, ocultación ó variación de nombre, 
falsedad en despachos telegráficos, usurpación de funciones públi- 
cas ó de profesión, y uso indebido de uniformes ó condecoraciones. 

VII. Delitos de revelación de secretos, 

VIII. Delitos contea el orden de las familias, la mo- 
ral PÚBLICA Y LAS BUENAS COSTUMBRES. Estc título Compren- 
de: suposición de infante, supresión de infante, sustitución de in- 
fante, ocultación de infante, robo de infante, ultrajes á la moral 
pública, atentados contra el pudor, estupros^ violaciones^ corrapciÓB 
de menores, raptos^ adulterios^ bigamias y otros matrímonios ilega- 
les, provocación á un delito y apología de un delito ó de un vicio» 

IX. Delitos contra la salud publica. 

X. Delitos contra el orden público, extendiéndose esta 
denominación á K)S delitos siguientes: vagancia^ mendicidad^ deli* 
tos relativos á loterías y rifas, juegos prohibidos, infracción de le- 
yes y reglamentos sobre inhumaciones, violación de sepulcros, 
profanación de un cadáver humano, quebrantamiento de sellos, 
oposición á que se ejecuten obras y trabajos públicos, delitos de 
asentistas y proveedores, desobediencia y resistencia de partícn- 
lares, ultrajes y atentados contra los funcionarios públicos, aso- 
nada ó tumulto, embriaguez habitual y delitos contra la industria, 
el comercio ó la libertad de los remates públicos. 

XI. Delitos contra la seguridad pública : evasión de pre- 
sos, quebrantamiento de condena, sobre armas prohibidas, de aso- 
ciaciones formadas para atentar contra las personas y la propiedad. 

XII. Atentados contra las garantías constituciona- 
les: delitos cometidos en las elecciones populares, delitos contra 
la libertad de imprenta, delitos contra la libertad de cultos, deli- 



DE Geoobafíá t Estadística. 159 

tos contra la libertad de conciencia, violación de correspondencia^ 
de estafetas, y de despachos telegráficos y de su supresión; ata: 
qaes á la libertad individual, allanamiento de morada, registro 6 
apoderamiento de papeles, y violación de algunas otras garantías 
y derechos concedidos por la Constitución. 

Xni. Delitos de los funcionabios públicos en el ejeb- 
oicio DE sus funciones, que comprenden : anticipación ó pro- 
longación de funciones públicas, ejercicio de las que no competen 
á nn funcionario, abandono de comisión, cargo ó empleo, abuso de 
autoridad, coalisión de funcionarios, cohecho^ peculado y concu- 
sión, delitos cometidos en materia penal y civil. 

XIV. Delitos de abogados, apoderados y síndicos de 

CONCUBSO. 

XV. Delitos contba la seguridad exterior de la Na- 
ción. 

XVI. Delitos contra la seguridad interior de la Na- 
ción. 

XVII. Delitos contra el derecho de gentes. 

De algunos de estos delitos que por su frecuencia ú otra circuns- 
tancia especial, revistan importancia particular, nos ocuparemos 
estudiándolos también aisladamente del grupo á que pertenecen. 

Para conocer y comparar la influencia proporcional que cada una 
de las distintas agrupaciones arriba mencionadas ha tenido en la 
criminalidad general, hemos formado el cuadro adjunto, sirvién- 
donos de base los números absolutos consignados en el estado nú- 
mero 2. 

La discusión de los resultados obtenidos es por todo extremo 
interesante, y su análisis conduce á importantes revelaciones. 

El grupo dominante es el de los delitos contra las personas por 
particulareSj que representa, por término medio, cerca de la mitad 
de los crímenes cometidos. En t\ primer quinquenio (1871-1875) 
su influencia relativa en la criminalidad general 

1871 1876 1861 
4 1876. á 1880. á 1886. 

L— Delitos contra la propiedad 264 291 278 (2) 

II. — ^Amenazas, amagos y violencias fisi- 

cas 26 28 20(7) 



160 Sociedad Mexicana 

1871 197e 18S1 
4 1875. á 1880. 4 1885. 

III. — Delitos cansailos eu la propiedad . . 6 6 7 (10) 

IV. — Delitos contra las personas por par- 
ticulares 478 492 622(1) 

V. — Delitos contra la reputación 28 20 22 (6) 

VL— Delitos de falsedad 14 10 10(8) 

VIL — Delitos de revelación de seéretos. .000 (13) 

VIII. — Delitos contra el orden de las fa- 
milias, la moral pública y las buenas 
costumbres 84 70 79 (3) 

IX. — Delitos contra la salud pública 2 1 1 (12) 

X. — Delitos contra el orden público 60 40 26 (4) 

XL — Delitos contra la seguridad pública. 37 28 20 (6) 

XII. — Atentados contra las garantías 

constitucionales 3 6 6 (11) 

XIII. — Delitos de los funcionarios públi- 
cos en el ejercicio de sus funciones. . 9 9 H (O) 

XIV. — Delitos de abogados, apoderados 

y síndicos de concurso O O 0(15) 

XV. — Delitos contra la seguridad exte- 
rior de la Nación O O 0(17) 

XVI. — Delitos contra la seguridad inte- 

teiior de la Nación O O O (14) 

XVII. — Delitos contra el derecho de gen- 
tes O O O (16) 

1,000 1,000 1,000 

•es de 478 al millar; en el quinquenio 2? (1876-^), 492; y en el 3? 
(1881-85), 522; de manera, que aunque la delincuencia total haya 
menguado, como hemos demostrado al principio de este estudio, 
los delitos contra las personas han ido prógreaiyamente aumen- 
tando. 

Vienen en segundo lugar los delitos contra la propiedad^ que 
después de haber aumentado del 1? al 2? quinquenio, han dismi- 
nuido notablemente del 2? al 3?, y sus valores relativos están re- 
presentados por las cifras 264, 291 y 278. 

fin tercer término aparecen los delitos contra el orden de lasfa- 



DE Geografía y Estadística. 161 

miliasy la moral pública y las huetuM costumbres^ decreciendo del 1? 
al 2? quinquenio y volviendo á aumentar en el 3?, siendo sus coe- 
ficientes respectivos: 84 — 70 — 79. 

£1 cuarto lugar lo ocupan los delitos contra el orden público^ que 
van rápidamente disminuyendo: sus coeficientes en los tres quin- 
quenios sucesivos, son: 50 — 40 — 25. 

En el quinto término de la serie figuran los delitos contra la se- 
guridad pública^ menguando visiblemente; su influencia en la cri- 
minalidad general la significan los coeficientes: 37, 28 y 20, para 
cada uno de los tres quinquenios. 

Corresponde el sexto lugar á los delitos contra la reputoAÁón : 
sn importancia decreció notablemente del 1? al 2? quinquenio, y 
aumentó ligeramente en el 3? 

£1 grupo denominado amenaoMSy amagos y violencias físicas^ ocupa 
el sétimo orden en la serie decreciente: aumentó ligeramente su in- 
fluencia del 1? al 2? quinquenio, y menguó visiblemente del 2? al 3? 

Figuran, en octavo lugar, los delitos defalsedady cuya propor- 
cionalidad disminuye del 1? al 2? quinquenio, y de éste al 3? apa- 
rece estacionaria. 

Los delitos de los funcionarios públicos en el ejercicio de sus fundo- 
«es, ocupan el noveno término de la serie; y aparecen aumentando 
en los quinquenios sucesivos; lo mismo que los delitos acusados en 
la propiedad^ á los que corresponde el décimo lugar, y los atentar 
ios contra las garantías constitucionales^ que vienen en el orden 
undécimo. Los delitos contra la salud pública^ con toda evidencia 
no están suflcientemente registrados, y los demás grupos desde el 
13? hasta el 17? inclusives no tienen influencia en la criminalidad 
general que sea apreciable en ^ 

Tales son, en conjunto, las variaciones características de la cri- 
minalidad, en sus formas dominantes, durante el período de quince 
años, cuyos datos estadísticos hemos venido discutiendo. En la 
conciencia nacional está que el progreso moral del país no corres- 
ponde al innegable desenvolvimiento que en estos últimos tiempos 
han alcanzado sus elementos materiales; y lo confirman de una 
manera irrecusable la comparación de los resultados de la Estadís- 
tica del ramo criminal, en dos de las principales manifestaciones 
de la inmoralidad que han adquirido notable incremento, á saber: 

los delitos contra las personas por particulares y los delitos con- 

21 



thi el oMen dé lá^ ñíitím^j Ih «ftorM pftbKóa y Yaft 
tres. Se», cual fuere el 6tíg^ú 9^ éskm óM^éotLiSñiÚ^mfi totimp&áé^ 
á una administración honrada-'elTeitiediárlsdlv jT étíéólrt^t^rátf «MI 
gtúTí Iu£ para sus defeimiHáMsíonéB eñ Im t^lBJcióMñ dé M Btftad&ti- 
é¿i, BüeMé, eá M «Historia ñlé la OiviC^aMén de Iñgltiiteirra^i ten 
dicho que los crímenes de loé Itotebré^sM élf^Std^dO i^ Ml> 
de los vicios de ítm indi vidtiois eéitío tstíe», sitió ñ^ «éétiído Aibral'i de 
la Sociedad á que pérténeoeú¿ íftééñ poííúñ^Íktie^tÚédáp&)r^í&étd^ 
una nianerá absoluta las accione» d^ los malh^tol:^ ^^ue eifM 
constituyen una manifestación negativa*, llaméitíés^it^, ^la btú^ 
irálidad en la ééonomía social ; n^as si és dáblé restlHii)^r hó&ta 
cie^tb HBífte la eriiniíialidad por uña ittOkKÁcaetóini ^tiütíñt^ ^é íñ 
ley penal,^ y e«ta tarea puede acoméieHwcoñtítá^adéoHd'éllégte^ 
ladot, t^tevio el análisiis de los resultados éstadístfeiis^ mí ebmo^ 
si bieü una k'^y natura! dététnfína la re/iova<^li d^ la ikfbtliirt^fe 
y hiEice tariar lá lon^^ tád tñéidififc de 1^ Vida y él ^béñ(Mkm^ lá 
mortalidad con arreglo á causas genéralas/ (íinédeii aquelltíg- Me- 
mentos deínogi^áificos modifieatise de una tñB,úéi*ÁrM\fólttitítíb6^^ 
lo por el mejoramiento de las condiciones higiénid^is(/^iJÍ0<4áíttibiéA 
por efbctó de las instituciones políticas y por IM dlWáci<yiiéir &el 
medio ecónóifaicio y rócíál. ' » . . : ; ; - 

Termina la obra (fue Vétíimó^ átialfeafitdo ce» titt é^tttMó(tMb6' 
mero de acdsadoá qite han kM<y éa^tígado^ étíló^dife^éi^a BMü^^ 
dos déla BopfAblícá, fenóad^ tino de los quintíé añd» dé Í87l á 1:886» 
y términos lne<íl08 en uli ailo. Las cifras áb^^lttta^d^qflé ÁyMltiü 
ése cuadrOy no diatt niüguná idea dé lo qile pwdiéi^ítitíOíí Haíttáií d«i 
tribución geogr«4flca de 1¿ cHtoittalidad en las fraceioiies'pofféica^ 
de la Bepública; mas si las cifras absoluta^ deles téniiitios'm^to)» 
anuales de crimiímleS castigados, las eoiripWambS tdftí lá póbla- 
ción dé cada Estódo 6 Territorio, buscfáiidó 1« irefat;f*íi íjíit^' ettdá 
100,000 habitantes^ podremos formar el tíñadtó a<^imto, ^ue ák 
uña idea de la moralidad relativa, aiinqtiélas feiWás á <iñe se Dé- 
'i^a t)ueden tknibíéñ depender de l-a mayor ó íiíenof aetÍ\Mda« dé 
la justicia y del desarrollo y perfeccionamiento qué ^i ertdti léíéa- 
Kdad hay* adquirido la Instituteióh de la policía. A Mtú de «tíii 
excuso exaeto y para la época & qiié se reflei^eti los datos ^rte vetif- 
mod estudiando, nos sei'Virémos del tfcest^mén pfaí'á "léf 8' üel' w ^tftftf-^ 

1 M. W. Drobhcb. Di\í mwaluche StalUiik and dU mén^ehlítlie ftrtUñáf^ik'íit. 



DE GÍ¿>láÍ¿i4^i'V'*íM>itÍ«féTlCA. M 

^ívo a¿.lá'^é¿rfe1iátík'tlfe^Ólifei'6áiiÍ<5tót k'ito'íkMkma 'consig- 
namos los ré^üh^ff^á d^'M^'áiitó's ¿áráii^ átfvil^i^Mo^'iié Ib^' 

eS, ínáícan Ú'Méú progréfelVb'de'íit iriókfíílka.; ' ' ' ' ' " f 

^ Tennnio Nombro de 

. .'BS^ADO^ J>I8T»IlT0 FEPEI&AI. CBÍíaO PN* ¿¿¡¡«.íi SiSÍiSS 

, (á4)i)Í8Íh^tó¿'étói^:... ' 3l>i;Soá ' '3;í7t)' ' éád^ •• • 

' (le)TJá¿táfiájaX3MóWtá ^28,ÍÍ4fe ' 'áé 11^4 .' 

Territorio de Tepic ... 127,802 ' ' '. í . .' ... . 

'" ' (W)*Agiiafe¿«Iifeíítfe&.iV.l'.' / • • 140J496 ' '- > ■ feeé > l'í» 

'■' '(l«Keba»iáila'.'i'i».iií.t.:,'..'. ;) íñl;jQ95t^r' ^mi' 173 ■= i 
•■ ■-. f(fií ) CoUmA-', ; ./, i' i ■.;.:*•;- L .-. ) ;. . 66^627 /. / ■ 480 287:: 

, ,(8) lOW^ttfthiía^ .>>.,, ...... .^Wym •>184.\9^: . 

. .(19) Pfyaniío.,,, .;.-•.,... .190,^6 4^6 2ks 

. . j. ^u^ Gnanajuató . i.- --,, , i .. . - t 729,988 

',* .(p^jGyerrero.,..., ...'."./ .301,245 2á5 04 

(22) Hidalgo . . , . . ^ .. , L ., . ', 42Í,5oO. , ' í,m ^ 3Í)4 ' - 

(i^/iáííscó..;/.:. ..'..':... 856,4ii 1,552* " léi 

" i:v.']ftfei¿y?L:^j].l-.:...''- ^'BSclobá' '•■•=:- 1 "^ -iL'-' " 

' ^•tll)MÍ¿tti>áMtíj:^:..^•:L tíél,á3¿ ^^í^^^ US^ > 

(17 )iM6téibs : : : ... . '. : ! :. : [ • i59jiéo í ' á3í^ ai^ > 

' í *( W)íF!44vt) lieó^n .• . . . . .i : . '. 18^7áB . 274 144* . > 

^' (1*) Oftficaoá . . . . . . ....... 728,569 1^416 lU 

- -r,..! Paebla 7^3,466 . 

(6 ) Qéerétato' . . : ^ : . . , 203,870 Ig? 91 , 

;. (5))Safi,LiimPot<)sí 516^4^6, 416 .81 ^ 

. (18) Si^rfoa . . . 1 . . ^ 169,231 . 372 219 

,'Í4) Señora-;...; 110,837 83 75 

(^),Tabascp.. '..;■• 104,747 128 122 

(6 ) Tamaulipas !.,.,..,.. 140,Í3Í . 128 91 

' , (i2) llas;cata. 133,498 ' 195 140 

(&) Vérácruz 538,628 2,484 461 ' ' 

(2) Yucatán. 302,315 136 45 

(20) fiSacatecas 422,502 1,112 263 

1 Memoria de U Secretaría de Fomento, 1877-18S2. totíió 1* pág. 18». 



164 Sociedad Mexioana 

Todos los delitos que constituyen el grupo lY, es decir, los co- 
metidos contra las personas por particulares, han ido constante- 
mente aumentando en los quinquenios sucesivos, exceptuándose 
los ffgoli>es y violencias físicas simples,» que han disminuido nota- 
blemente del 2? quinquenio al 3? En cuanto á los delitos del grupo 
Yin, llama la atención el desarrollo que han alcanzado los atenta- 
dos contra el pudor, los estupros, las violaciones y los raptos. 

El suicidio es una de las manifestaciones de la criminalidad que 
más ha ejercitado la sagacidad de los economistas, de los estadis- 
tas, de los moralistas y, en una palabra, de todos los pensadores 
que se sienten atraídos por los hechos que se imponen al estudio 
por su singularidad. 

Nada en efecto es más sorprendente que un fenómeno irregúlarj 
arbitrario, individual entre todos, se reproduzca con una regula- 
ridad asombrosa, á tal grado que según ha dicho Ad. Wagner en 
«US interesantes investigaciones estadísticas y antropológicas so- 
bre las leyes que rigen los actos humanos en apariencia más arbi- 
trarios, una ley determina de antemano el número de personas 
que deben suicidarse el año próximo, distribuyéndolas en una pro- 
porción conocida por sexos, edades, profesiones, estado civil, etc., 
y también por los medios empleados para sustraerse de la vida. ^ 

En la Bepública Mexicana, de 1871 á 1875 aparecen registra- 
dos en la Estadística del Bamo Criminal 142 suicidios; en el quin- 
quenio siguiente ( 1876-1880) 195, y d^e 1881 á 1885, 307. No senos 
oculta que, dada la posición social de la mayoría de las i)ersonas 
que cometen suicidio, de muchos de estos actos no toma nota la 
Justicia y frecuentemente aparecen con otro título aun en las Es- 
tadísticas del Registro Civil ; pero de todas maneras las cifras ano- 
tadas indican un aumento en ese género de delitos. Esta obser- 
vación se ha hecho en todos los países, y en todas partes es el 
aumento constante, aunque más ó ioienos rápido: se ha reconocido 
que los países más ilustrados cuentan mayor número de suicidas, 
y parece evidente que un mayor grado de instrucción hace al hom- 
bre más sensible á la vergüenza, á la deshonra, á las desgracias 
de familia, á las pérdidas de fortuna y en general á las causas de- 
terminantes del suicidio. 

1 Statistich-Anthropologische Untersnchinig der Gebetsm&Mifikeit in dea 
Scheinbar willkuhrlicheQ Handluog^n. 



1 



MEXICANA, DE 1871 A 1885 



itigados. 



Núm. 1. 



PR0FK8I0NE8 


GRADO DE INSTRUCCIÓN 


' MASCULINO. 


FRMKN? 

1 


MASCULINO. 

1 


FEMENINO. 


••o 


1 




t 

s 


J 


1 i 

«i í 
d-C i 


1 

■ 


^« 


• 


h 


■ 


■ 


Trabajadores 
campo. 




• 

S 

s 

5 


Profesiones d 
ifflcas. 


Destinadas 
servicio domas 


Ocopadas e 
oficio ó indaet 


No saben 
leer ni escrib 


1 
1 

1 


Saben 
leer j escribí 


No saben 
leer ni escrib 


«0 1 Saben sólo leer 
00 I 


1 
183 


6985 


3603 


1717 


78 


1666 


1 

314; 


1 
9565 


553 


2265 


1599 


6152 


2944 


1470 


78 


1988 


360 


8172 


£79 


2193 


1950 


146 


252 


; 7621 


3839 


1516 


68 


1997 


363 


9938 


392 


2614 


2028 


71 


261 


.8376 


3875 


1462 


50 


2017 


435: 


10503 


414 


2846 


2104 


164 


184 


7884 


3344 


1422 


52 
326 


2093 
9761 
1390 


333 

1805| 

¿98 


9539 


550 

2188 

320 


2613 
12530 


2063 


111 


252 


^917 


17605 
£665 


7587 


47717 


9744' 690 1132 


5850 


1^56 


4» 


7510 


1983 


1404 


93 


191 


6735 


3110 


1572 


47 


1848 


330 , 8429 


580 


2455 


1761 


144 


273 


9589 


4658 


2762 


66 


2449 


498 12782 


511 


3832 


2809,274 364 


.9316 


4021 


2493 


65 


2072 


418ii 11746 


479 


3670 


2008 156 326 


8846 


3606 


1797 


73 
293 


2137 
9896 
2348 


442 
1986 


10618 


425 

2315 

481 


3279 
15219 


2098 


187; 294 


10336 


18060 


9880 


51035 


9580 

1 


854*1448 


0012 


4648 


2359 


108 


492 


12590 


406G 


2286, 


201 1 353 


9152 


4980 


1827 


91 


2161 


419 11682 


«78 


3635 


20631173' 344 


9409 


4182 


2130 


69 


1797 


619, 11579 


574 


3637 


1708, 222 


386 


8715 


3693 


1807 


105 


2005 


496 ' 10057 


646 


3617 


2024 


152 


325 


9170 


3884 


1704 
9827 


72 
445 


2285 
10596 


437 

2363 

il 


10550 


361 
2736 


3919 


2179 
10260 


145 


898 


16458 


21327 


56458 


18864 


893 


1806 



36917 17605¡ 7587 
40336 18060 9880 



46458 



21327 



326 
293 



9827; 445 



9761 1805 
9896 1986 



10596 



I 



2363 



23711 56992 27294 1064 30253 6154 



47717218812530 
51035 2316 15219 
56458 2735 18864 



155210 7238 46613 



9744 

9580 

10260 



29584 



690 1132 
8541448 
893 1806 



2437 



4386 



1 



■ 



1-'^ 



^ 



705 


137 


341 


3 





2 





607 


130 


299 





(1 





0* 


532 


133 


316 














50li 


150 


241 


2 











1 520 


174 


303 














2878 


730 


1500 


5 


« 


2 


i 



ETVIOS. 



4214. 
3C87 
2878 



1062 


10 





8 


1 


1186 








14 


2 


1500 


5 





2 






DE Geogeafía y Estadística. 165 

A muchas otras cousideraciones importantes se presta el estu- 
dio analítico del valioso trabajo que ha dado á luz la Dirección Ge- 
neral de Estadística; las que hemos ligeramente expuesto no son 
sino un rápido bosquejo de lo mucho que pudiera decirse, y con- 
cluimos renovando el expresivo deseo de que, en obsequio de la 
ciencia, aquella laboriosa oñcina no se limite en lo sucesivo á pre- 
sentamos los resultados de sus trabajos en simples columnas de 

• 

números, sino que ayude á la vulgarización de los conocimientos, 
llamando la atención sobre sus aplicaciones, y lo que es más, pre- 
parando el terreno para remover las resistencias que nuestro pue- 
blo presenta todavía para la reunión de esos datos, exponiendo en 
concienzuda introducción el análisis y la discusión de los resulta- 
dos obtenidos, empleando los medios en uso para facilitar la^ com- 
paraciones, que son instructivas y constituyen el procedimiento 
más fecundo de la Estadística; y poniendo, en fin, de relieve el 
aprovechamiento que de semejantes investigaciones puede deri- 
var el Poder Público para el mejor acierto en las determinaciones 
que tenga que tomar en beneficio de los gobernados. 

Mé.Tico, Octubre 2 de 1890» 



196 SC)(;i£IIAD 'ifXXXCÁNJi 



NOMENCLATURA GEOGRÁFICA 



I 

t 



í ' 



A LA HONÓR^^LE SOCIEIXAD ÍÍE:^CANA ¿E .GJ?oÍG}RAFÍA . j 

Y. ESTAI>ÍSTI9A. , ' 




líí ls^.8jB8^ó^a p^sí^la, que celejjxpí estí^ So^i^ad ^\ día 1" del 
presente, na^^, puao,<ie mapifiefijtP ^liSf- Lie* D. Felipe San: 
chez Solís sa proyecto de foripar una carta ,^tiiiv>Iógica de 
la Bepública Mexicana, analizando^ intecp retando y reponiendo al 
mismo tiempo los nombres antiguos y signos geroglífícds de sus po- 
blaciones. 

La sociedad acogió con entusiasmo el pensamiento de uno de sus 
más eruditos miembros, y acordó unánimemente cooperar á su rea- 
lización y solicitar para ello, antes de todo, el apoyo y protección 
•del Ministerio del Kamo. No pudo esperarse de la ilustración y 
patriotismo de la Sociedad otra cosa que la aprobación de tan be- 
lla idea, que tiende nada menos á conservar puros y con todo su va- 
lor histórico los nombres antiguos de estos pueblos, ya sea que 
impliquen algún recuerdo histórico* alguna descripción topográñ- 
•ca, alguna calificación botánica ó zoológica, ó que sean o xú/iora 
-Küiyrá^ es decir, nombres formados á imitación de las voces de la 
naturaleza, como es el canto de las aves, el zumbido del insecto, el 
susurro del viento entre las ramas de los árboles, la plática arra- 
Uadora de la cascada ó el ruido- vaivén de las olas que se estrellan 
€n la playa de la mar. 

Y siendo así que esta nuestra Sociedad trata de dirigirse al Mi- 
nisterio respectivo en apoyo de las gestiones que en el sentido in- 
dicado haga el Sr. Sánchez Solís, creo conveniente el proponer y 
recomendarle llame al mismo tiempo la atención del Ejecutivo de 



DE OiíaaBÁFU Y. MmJ^J^TlCA. Wí 

la Unión sobre los embarazos y peij^MíiQt^ .QiK) se o^sionan á las 
ciencias de geografía, historia y esjl^adteti^ por la <H)9tumbre, cada 
día más generalizada en el país, .d0 i^om^^^ A mmv4o los nombres 
geQ§ráficos de las poblaciones. 

El mal €q.emplo viene de los con^i^istadQres, qne al nsar los npm- 
bre^ indígenas |>erdían 6 cambi^bi^n aleana de sns letras 6 sílabas 
y á vecesi también se s^parabap completamente de las raíces pri- 
fi^|,tJYf^para reenjiplazarlas con letras y formas españoles, diciendo^. 
PQf eii^fnplo, tratándose de Sipaloa: 

. . Ctmf^^ ^ ^«jBWr de (^ifírp.^J¡an <l^g8^r de la chía), 
!ÍW^ ^^ M M Í^J>/nflij( luciérnaga > 
TahuUole ,, ,, ,, T¿a^tttto/^i (av^o parafleebaQ)^ 
) {}m/4 ^un 7J QF^(^n < ei^tr^ lo f omántifío ). 

Cada vez qne los bkísioperos eapañples lograban bautizar los mo4 
nviiore^ de algún paeblo de indios, su ^eürpeáán ferviente por la 
propaganda cristiana, les sugirió la idea de nombrarles para patro<r 
n^;^ /^ ^nt^ip^^^rgcn 6 algúi? Sapto faejct^ y añadir la advo- 
cación de este santo patrono al nombre ya estropeado del pueblo 
convertido, resultando así un^ n.oi][Vcp9lati|ra ipixta, en que las vo- 
ces de las lenguas de ios vepeídps^. iban acompañadas por las del 
idioma del conquistador, por ^'emplo: 

Santísima Oonceppl^n de Qhicorato, 
San Miguel de Guliacán, ^ 
San Felipe y Santiago d^ Sipaloa, 
Santa Catalina de Baimena, 
Sán'Mlfeüel Ae Zuaqtie, 
Eeyés CJomiteta^ 
etc/, etc.' 

Pasada la dominadon española, los Poderes de la FederációnV 
4e los' Bdtaldos biín Seguido la misma rutina, con solo la dlferen- 
<áa de añadir á los.iioiiibitea.die laa pobliOMsi^A^ cp lugar 4c Is^ ad- 
^«taeióii tellgiOda, algún epíteto íy apeUidp profano, con \9f niirit^ 
^honrar y perpetuar la memoria de algún libertador, algúp v^-» 
iÍD ilqstre, é» ^ún aiotp de heroicidad,; dando por resultadp pQipa- 
l>m coflí)pk]i^t«ó9: fd: «¡stilo de 



168 Sociedad Mexicana 

Paebla de Zaragoza^ 

Victoria de Darango, 

Yeracniz la heroica. 

etc. 

En estos casos queda el nombre primitivo en pie y sólo se ador- 
na con algún sobrenombre ó epíteto honorífico; y al formar y osar 
la nación mexicana en sus actas y documentos oficiales estos nom- 
bres compuestos, paga apenas un tributo merecido de gratitud át 
mérito y á la virtud heroica de sus hijos, y úo podría en ello ale- 
garse ninguna inconveniencia si no llegasen á veces y con el tiem- 
po á confundirse los dos nombres y á olvidarse sobre el epíteto el 
nombre primitivo y verdadero. 

Lo que sí es del todo alarmante y merece probablemente la des- 
aprobación general de esta Sociedad, es el cambio radical de lo» , 
nombres geográficos de las poblaciones, sancionado por expreso 
decreto de las autoridadas legislativas ó ejecutivas. 

Hablando, por ejemplo, del Estado de Nuevo León, tenemos las 
villas de 

Doctor Arroyo, que antes se llamaba Valle de la Purísima Con- 
cepción. 
García, que antes se llamaba Pesqueira. 
Santiago, ,, „ Guajuco. 

Mina, ,, ,, Cañas. 

Carmen ,, ,, Chipinque. 

etc., etc., etc., 

y pasando al Estado de Sinaloa encontramos el nombre de 

Presidio de Mazatlán, trasmutado en Villa de Unión. 

Higuera, ,, ,, Zaragoza. 

Malpica, ,, ,, Bélica. 

Gratillos, ,, „ Beatriz. 

Calabazas, „ ,, San José de las Delicias, 

y la antigua villa de San Sebastián, fundada con este nombre por 
D. Francisco de Ibarra en 1563, trasformada en Ciudad de Con- 
cordia. 

Que en hora buena escojan para cada población nueva que se^ 
funde el nombre de algún héroe de la independencia, algún cam- 



DE Oeogbafía y Estadística. 16^ 

peón de la libertad, ú otro varón insigne y benemérito de la pa- 
tria; pero la costumbre de quitar á nna población ya existente sa 
nombre primitivo, consignado de mucho tiempo atrás en las car- 
tas gec^ráfícas, en los anales históricos, en los libros estadísticos^ 
tan sólo porque pasa de la categoría de rancho á la de pueblo, de 
pueblo á villa, ó de villa á ciudad, es indudablemente un vicio, 
pnesto que sin producir ninguna utilidad positiva ó práctica á los 
pueblo^ agraciados, trae en pos de sí un laberinto tan intrincable 
de sinónimos geográficos, que ha de envolver y de confundir al más 
hábil geógrafo, al más sagaz estadista, al más erudito historiador. 
!E8 lógico que cambiando la nomenclatura de una población cual- 
quiera, cambie también la del río, del cerro, del distrito, del muni- 
cipio, del curato, etc., que llevan el mismo apellido, y si es ape- 
nas dable conservar en la memoria el nombre simple de todas las 
poblacionas, ríos y montañas de un país, ¿qué sucederá cuando ca- 
da una de ellas tenga dos, tres ó más nombres sinónimost 

La respuesta es obvia. Se cometieran á cada paso errores graves 
y confusiones trascendentales, de lo cual tenemos un ejemplo á la 
vista en la carta especial de Sinaloa, formada por el distinguido 
geógrafo mexicano, nuestro consocio, D. Antonio García Cubas. 
Allí figura en la margen del río de San Sebastián la villa de igual 
nombre, y algunas cuatro ó cinco leguas más al Norte, la ciudad de 
Concordia, siendo que ambas poblaciones, como he advertido más 
arriba, no son más que una misma población con dos distintos 
nombres. 

A errores como éste se expone, en un país que juega con su no- 
menclatura geográfica, cualquiera otra persona, por inteligente que 
sea, al querer formar ó compilar la carta geográfica de un Estado, 
la historia y estadística del país ó un diccionario geográfico gene- 
ral de la Bepública. 

Los nombres que más convienen para la nomenclatura geográfi- 
ca de las poblaciones, son precisamente los nombres raros, extra- 
fios y que por lo mismo que existan una sola vez en el país, como 
por ejemplo, en Yeracruz, Minatitlán, Tampico, Oaxaca, Pátzcua- 
ro y otros por el estilo, se singularizan de tal manera, que no dan 
lugar á confundir una población con otra, á la vez que imponien- 
do á diez ó doce poblaciones del país el mismo apellido de Hidal- 
go, Abasólo, Juárez, Zaragoza ó el que fuera, tendremos con el 

22 



^)^pec(49o p^i^ di^tMpgijiir por ejevwJ^ ?) Abasplo y, ^l|^4e, dei 
líaeviQ |>9ÓQ, de lae. pobl^fíioneB qp^ han recil>i^o rpí^e/^t^f^^ipli/^ 
i^ misvfko» n(m\kf^ ^^ ^l JEbüAo de CtUbuahoif. 
' A|br4urmd«[9V9p^ jxq h^ ^^ciuisado todavía el cont^fl ^ ^. 
n^^^m eiDpeoí^ 4e fiell>jre rofpri^ist^ á loa habi^Q^ de i^^ ip^ig^-^ 
qa. £Uo3 coivitUpyen paeblop de tal ó caá) ^iiacióp, 7 qo ^^^tecen 
qi 09p»i»« 4 Ptfla, e^t^i^rl^ w4^ elevada, ^loa tiei^en ^v^ ^MÚfx^ 
Wt(ig009 y Ql^iqo^ y pQr ]>a4a. ¡ea el mando los caii)biarí¿iax 901 
oteOA I9á8 ^ItÁf^^^pte^ quie le(^ prodigara la libep:alida4 de ft|c#H 
Qm&fm*. íío jptewejüíí^ flQwpí-pijdj^^ q^qe el c^íftbio dft pomlnr^^n 
D|4ii. hlk de uf^jorar au. ^i^dieiÓQ) sino que el convenir ^n ello, 
e(|qi valdría 4 ^veirgppxarse elig^ d^ sm origen, olvidar ^t^i^nteM^., 
4mt^9 renegü^r de e(U9 ^intep^sadios y borrp^r p^ra aiempr^i^a ^i, 
twa. 

SaplicQ^ paes, & la honorable Sociedad de Geografía y .E$^dí/M^|iH 
«yi^^^irva manifSostarpie^eop fra^^queza b\ mia ob^ervad^;^ ^^ 
latDAQi^pielaíur!^ geográfl^ ^él .paÍ3 le parecen ¿ no jactas y fiiqdfk\ 
^¡Mi 2f ep xí9m é» mereoe^ £fp apfrobaci<3fn, se digne dirigin nn^ im- 
«ioMtiva! al SviKnemo Gobieinio, pidiendo: 

\V* SepriAifyi de aquí m (iddanie d oafniHq de la ^wm^ncUUura <^; 
m6/b» OT e^tpb^oidA.. í 

r^ ^ (^ismí^n^' si 69 posible^ lo9 novnbres primiitivQ9 4 las^tpftkusio- , 
nm'm^ l^ han p^di^. 

México, 8 de FebrerQ de 1879. 



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DE GQQ094JN4-' 1E ]B<eTAI^&9TICA. m 



INICIATIVA 

SOBRE UNIFORMIDAD DE. LA HORA EN LA REPIJBLICA 

..•■(•.•• 

7KK9KI(TiiDA 

4 LA JUNTA AUXILIAR Ufi LaV>CIEDaD MBXICaN^ DB OKOQRAP'íA Y BsTADlnTICA KN MONTKB^BY 

• ■ ' ' ' ron Vete tectoi ' 

1>B. PEDBO NttBIKGA y UC. PKimó BRNiTRZ T hUXt 



EL creciente desarrollo de las relaciones mutuas entre los di-' 
, v^ii^qs lugfvr/eis de^ la3ep)ibiic% ^os ^a sugerido la idea 4^ 
jQAe.s^.adppjtwa e^. ,tod!a ella unai , hora oomúu^ arreglando. 
H íí^WJ^iw^^f^ de l^ñ hov^ en cada locq.lidad, no al paso del sol 
por el meridiano de la misma, sino al paso por el nieridiano de un 
panto dado, 

£nta*areiu^ idxi algunas consideraciones sobre el particular. 

i"* £nti]e iii4ívid,uos 6. agrupaeipn^s que tieneu algo de común, 
esi bi^p pej:ceptiil|[>le la, jCpov^nieijicia de que se unlform,e en todj[>. 
aquello q\i^ les sirve, par^i sustrato mutuo. La conreniencia se i^^'. 
vertirá eu necesidad imperiosa si se trata de actos indispensables- 
pauta; sus retaeÍQues^ pop^o se patjeptíza cou el m^ del idioma, que, 
d^bQ B»v geneiral para Qa,d^ p,uebl9. • Si no ^e trata de esa clase 4^ 
aqtc|8, uo llegará á sentir^. una verdadera, necesidad, pero sí una, 
CQuy:enie^<?ia tanto m^ls ap^ntuqkda cuanto más se estreche el tráfi^ 
ep| lo pru^l^W ll^ t^ndeupip* á uniformar U>^ tipos dé l^s monedas 
y de las diferentes especies de medidas. 

2! La designación de la< hora en el reloj es pui^^men^ conv^en- 
cioqaL S^ ^t^a toii^^p, el ^igno d^ ^f^ doce pa^ra mancar el paso del 
8pl por el. iaeridi(^n/>,.poqip PP<^?Í^ b^bers^ toifiado c^ualquier oUrq; 
no ^abri^ b?^^i49; i^ppAyenieinte y.)a misino seria que el reloj se- 
flajl^^ 9i fl4ed>o dia,r^spjectáv;afuen(e las oqcp en Mérida y la un^ 
eoL GoayjQp^a^ qg^ 1^ d^^e.^u ^mba,s Ipcalidadies, cpmo sucede ac^ 
tualment^ Las bonia de los.quebapsres habituales ca.mbi¿iF'Hu na- 



172 SociKDAD Mexicana 

da más en la carátula del reloj y esto do perjudicaría. Ahora las 
doce designan el medio día en cada punto; en el nuevo régimen 
designarían un mismo instante en todo el país, y como para las re- 
laciones mutuas de las localidades importa más conocer el instan- 
te común que la posición relativa del sol, es preferible que la de- 
signación común sea de lo primero y no de lo segundo. £1 des- 
arrollo del trato mutuo entre las diversas poblaciones hace com- 
parable el efecto de su diferencia de horas al que resultaría de que 
no estuviesen acordes los relojes de los cuart'Cles de una misma ciu- 
dad; lo es también al que resultarías! los individuos tuvieran una 
hora para el servicio de su casa y otras para el servicio de cada 
otra casa. 

3* Así como no hay inconveniente en que las doce del día del 
tiempo medio difiera en algunos minutos de las doce del día del 
tiempo verdadero como difiere en el sistema actual, tampoco lo 
habría en que el intervalo de tiempo entre las doce del día de un 
lugar y el medio día verdadero fuese un poco mayor. Paiti la ma- 
yoría de los Estados de la República este intervalo no excedería de 
veinte minutos. 

4* La diferencia de longitud entre los puntos extremos de la Be- 
blica, es aproximadamente de treinta grados, que corresponden á 
ana diferencia de tiempo de dos horas, y si se toma un punto in- 
termedio, como la ciudad de México, para regular la hora, el cam- 
bio máximo que habría que hacer en el arreglo no excedería de se- 
tenta y dos minutos. Esto tiene escasa significación, pues casi tanto 
daría cambiar poco como mucho el arreglo de los relojes, si el re- 
sultado había de ser el mismo: tomar otro punto de compamción; 
pero mencionaremos el hecho para desvanecer la objeción que pu- 
diera hacerse á la reforma, fundada más que en la razón y sustan- 
cia de ella, en el grado de divergencia que introduciría respecto 
del uso consagrado por la costumbre. 

5* En el estudio de los fenómenos astronómicos, meteorológicos, 
seismológicos y demás en que entra como dato necesario el momen- 
to del suceso, es también manifiesta la ventaja de usar una hora 
común; esto evita el tener que traducir la del lugar en que se ve- 
rificó el fenómeno á la del lugar en que se recoge y almacena la > 
observación. Actualmente, para formar idea clara del momento, 
se necesita hacerse la correspondiente conversión, lo cual se evita- 



DE GEOaBAFÍA Y ESTADÍSTICA. 173 

TÍa tomando un solo panto de partida para la designación de las 
lloras. El nso del telégrafo para esa clase de observaciones evita, 
podría decirse, la necesidad de hacer un cambio general en el arre- 
glo de la hora; pero hay que notar que si esto sucede, es precisa- 
mente porque los telégrafos están ajustados á una hora común. 

6f El aumento diario de los ferrocarriles en el país, y el consi- 
^íente contacto que provocan y crean entre los lagares que enla- 
zan, es quizá el principal motivo de la ventaja que resultaría de 
uniformar la hora. Las vías férreas, como los telégrafos, necesi- 
tan tener una hora común, que será por precisión distinta de la'de 
<»da punto que toquen, menos uno, si acaso aceptan la hora de és- 
te; de aquí resulta una verdadera confusión para el viajero que ha- 
ya de tocar varios puntos, mal cuya trascendencia puede apreciar- 
le mejor si se recuerda que el enlace de las diversas líneas, como 
todos los servicios ferrocarrileros, es á horas fijas. Cada ciudad ne- 
cesita llevar por duplicado la hora: la de su meridiano y la del fe- 
rrocarril, y ni así sabrá el viajero á qué horas llegará al punto de 
«u destino. Tal estado de cosas ha existido hasta ahora, sin que se 
<5onstituyera un inconveniente grave; pero hoy las relaciones son 
mayores, y sobre todo, el tiempo entra por mucho en esas relacio- 
lies, y de aquí nace que ya sea deficiente un sistema que anto pu- 
4o no serlo. Actualmente, este mal es inevitable, y adoptando una 
hora común se corregiría. 

.7* Como en las oficinas telegráficas federales se recibe diaria- 
mente la hora de México y están arregladas á la misma, se alcan- 
zaría la ventaja, aunque secundaria, de tener fácilmente la hora 
precisa, hasta en los lugares que carecen de los elementos necesa- 
rios para tomar con exactiud la hora astronómica. Puede asegu- 
rarse que, por lo menos, en donde quiera que hay reloj público, 
hay oficina federal de telégrafos. Probablemente las demás líneas 
se rigen por la misma hora. 

En oposición á las ventajas enumeradas, no vemos ningún incon- 
veniente serio. Sólo prevemos para la adopción práctica del régi- 
men, la resistencia que siempre opone á toda innovación el apego 
á usos inveterados, y aun esta dificultad creemos que en poco tiem- 
po se vencería, porque la reforma no sería de las que hieren senti- 
mientos 6 alteran prácticas bien queridas, sino que afectaría á un 
simple hábito de poca sustancia. 



Gtebgmfia y E8tádMi<!¿ és ítk'déftpérMlÓa ñiáft {it)i^ittdb j^aréi'^ 
trociüiit la íáeáj d la ^tittíñ aééfytáblé,' f'^ltk '<Súé éáA «ft in^^r ¡énfis 
títná para so^teñerta, propagarla y ¡niocatat* ^tttéáUis^ióhi édn^ 
doiiboei sujetando á lá delibehición dé ia Jtnka'liiíi^i'Opóbiiñáép isL-^ 

Soíoétáse al é^amieñ de la S^i^dad Meiiéátíá'dé 6^G(gt^a y 
E^ítádfstica, la idea de que se adopte ntia hora 'Cdbiúil ptíra ffodds^ 
lód lugares de la Itepébli^ea, y pídasele qu^ si la -á^ttet^a, geftíoM-' 
lo iícynducente para que éé lleve á la ptácftica. ' • 

Monterrey, Junio 14 dé 1890: -¿-P; BÉüíi-i^ÉK.YliftÁij.— Fteüto 

«La Comisi6tí que suscii'ibe ha i^xáiniÉado mutlaí&átííétté la ^iñ-' 
éiatiVa héehá ante la JWta Auicilisir del Enfadó de Ntte^oIidÓSí 
pof iosáefldred ¿oéfos eéi'i^éspkmsáles P: Béñítés y Ééa!, y Péd^ 
Kóríei^á, sobre la unifida'cióh dé la hóM eh lA^^ptMítái Meí^iéakiifir^ 
y tiene lá hoi^ra-de poner én éonbcimlénW dtd ésta Sdclécbd; ^^ 
todos los pantos eh qué ^é íhnda'láTeforiliaiiropttcSiit:^, éái&npdt* 
fectantente de actíerdó bon* los itrediós que actualiiiétíte^^ Uacé né- 
Ofesário • iwtródTidf én nfeéátW páfe'páítí feoilitíaty'éfetréchaiKíítíftr 
lás relaciones inercatrt!1és y de tráfico de utísfd péhVáéiOééé^. éOttf 

En concepto de la Comisión, entre las i^ái^á^'óh^e^dM» q«lé ID^ 
niistai^é intciaüóreá etpótitki; lá de tíiayoi-^iáéó^ai^elcé ^et él '^lítor 
de qne la diferencia de lOs tieinpofe locáis cotí Í4 hbrtKcriiáAfl,''8éaí 
Aitiy ¿on^idéWWé; péró'^ó^ótt'oíi, editfó éllés, "éi'eeiiios qtié lá^ difé- 
reticias qtle réalmentie existen^, fió pueden aéíirrear ti^a^t^rñoe deí 
(SOnétdéracfód porque sbn relütivameiite péqtiéfiás/ En éféét6/ W 
slttráWóñ geogi-áfieá de la República hace que él terilWrio esté éta' 
íu ttiayór parte en el sentido de K. á S., y por 'eonsigurtéÉíte, ^t¡ 
la diferencia de los tiempos entre los puhtos'coloeadds bajó loé tíiO- 
ridianbfe extremos, no sea de mucha magnf tu^tV. Éá Oatoo Oa^ocÜe^ 
qtie és la punta más oriental dé la República, tiene- isólo Una íón- 
¿itud'de'1'2*' al Este de México, y la diferencia entre él t!éi]bp€^ Id- 
eal dle aqiiel í)unto y él dé la capital, es de 0^ 48"^. La ixdrU itító 
occidental dé la. Baja Cálifotnia tiebe 18"^' al Oesle^ ó= sea 1*'112^^ 
¿>br lo que se ve (^ué ambas diferencias extremas nb pueden oéWéi- 
derarse como perjudiciales para los usos dé hi Vida^sbdfaí. Adéí- 



DE G^IÚ^MÉtk Y ISWÜKb^tCA. 19V 



nSlf'ipttímbi mi itíetí«i^á¿ éel^ tilads^ dé MéSÉiéd; t>Md ftfisrtWii 
nUOMMe^fléiriMSi^ Ittáb itti]^rt8(iiteé' c^i«<» de b^ jKlMáéléll W^) 
se encaentran tan ^Mantés, isitto^iie, pcfi éí etifíibtárió^ esláti-éa'Blii 
itti!^ ^AHíe agHipftdiM €fn tH eúitíigk d^ t>áfk, tidMftAfado ^eatilh- 

Ift^^iteü,' 9 UáhiéttoMft niil^MM^'^ ttás'cót^B^ iqftte kB uliiti^FWr 

»■': '.'QaftyaaB.. .:• ^j.o-..f -,.:.-. 47 ; 06' :■.••: J) 

La Paz ..-i,.a^.:.-^- 44 :0^ ;. . M 

• • ' ■ • j tfétída - -•. t- .. i ,.'.'....». 4 .J »;.'., i .^ -j» ♦ ♦ « 38 • ,• • 17 ; ' : I \ ' ■' ¿ 

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Oaxaca* v. .'. L i .».--.* *^.j.'ií> :»j..: ♦ j-v- lio.' OÍ'* -v . ¡i 

fv. -'. ÍSain Luía Potosí. 1 -•'vjv-vx .*-. •- 7 30 ! •..• .'o 

Morelia 7 45 . . , .- . : j 

Silao. a u. 6 17: W» 

aaítiMd. :.:-.; : : 5 48 ', ' ,::j 

' Puebla. .L i.... 1 .6 ¡OS , : . ;» 

Tatqpioo^.^ -.- 4 66. « ^n 

• Querélíiro; . - , j .*..;.»*.*•..* i .- 4 • 50 . m « -i 

Acapulco.. . :v. ....' .w 2 25 . 'i 

;Tcriobai.i..-,....i. 2. 00 

' Pacboca...'... w.. w..... 1 49 . . , . .j 

Caeroavaca . 16' . ^ ; : » 

'tfeiréi, tme», qué la mayor parte die edtaB diferencias 'soin muy 
eortas, 7 afgana^ ba^ta menores ^üe loe errores ooq que geaenl^ - 



176 Sociedad Mexicana 

meete marchan los relojes públicos de las pequeñas poblaciones, 
^ne por falta de arreglo no marcan ni la hora media ni verdadera, 
«ino nn tiempo qne depende de la yolantad y de la mayor ó menor 
pericia y habilidad de la persona que los maneja. 

Fuera de lo expuesto, recordaremos á la Sociedad que en cnanto 
i los medios de que podemos disponer para llevar á cabo la inno- 
vación de que se trata, los juzgamos suficientes, porque en el Dis- 
trito Federal existen dos Observatorios Astronómicos, y algano de 
ellos podría encargarse de practicar las observaciones relativas á la 
determinación de la hora; existiendo, además, una red telegráfica 
extensa y bien servida, cuyas líneas pueden utilizarse para trasmi- 
tiv periódicamente el tiempo ó la hora á la mayor parte de las po- 
blaciones principales de la República. 

Por último, diremos que, habiéndose ya reunido en Washington 
un Congreso Internacional, que se ocupó, entre otras cuestiones, 
-de la relativa á la unificación de la hora en todo el mundo, y al que 
asistieron, en representación del Gobierno de México, los Astróno- 
mos é Ingenieros Sres. D. Ángel Anguiano y D. Leandro Fernán- 
-dez, hemos creído conveniente consultar las resoluciones aproba- 
das por esta sabia reunión, á efecto de apoyar la decisión que pro- 
ponemos respecto de la cuestión que venimos examinando, y tam- 
bién para averiguar si la iniciativa que hoy estudiamos no está en 
oposición con los acuerdos del referido Congreso; habiendo encon- 
trado que está perfectamente de acuerdo con ellos. 

La cuarta de las resoluciones, tomadas por el Congreso Interna- 
cional de Washington y que se refiere á la unificación de la hora^ 
dice asi: 

« lY. La Conferencia reconoce que para ciertas necesidades cien- 
tíficas y para el servicio interno de las grandes administraciones 
de las vías de comunicación, tales cojno ferrocarriles, líneas de bu- 
ques de vapor, telégrafos y correos, será muy útil adoptar una ho- 
ra universal al lado de las horas locales ó nacionales, que neoesa- 
Tiamente seguirán siendo empleadas en la vida civil.» 

Y por esta decisión se reconoce que cada país queda en libertad 
para tener horas locales ó nacionales, sin que estén en oontraposi- 
•ción con la universal. 

En virtud de lo expuesto, la Comisión tiene la honra de someter 
-á la aprobación de la Sociedad las siguientes proposiciones: 



DS Geogbas'ía y Bstabístioa. 177 

1* La Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística aprueba y 
apoya la iniciativa hecha por los señores socios corresponsales P. 
Benítez y Leal y Pedro Noriega, y remitida i>or la Junta auxi- 
liar de Knevo León, relativa á la unificación de la hora en toda la 
Bepública. 

2* Diríjase, con atento oficio, copia de este expediente á la Se* 
cretaría de Fomento, para que por su conducto el Gtobierno Gene- 
ral, si lo estima conveniente, acuerde 6 promueva ante qnien co- 
rresponda la unificación de la hora en toda la Bepública Mexica- 
na^ reglamentando la mejor manera de llevarla á cabo. 

3? Comuniqúese esta resolución á la Junta auxiliar de Nuevo 
León, como resultado de su iniciativa. 

México, Septiembre 18 de 1890.— Guillermo B. y Püga.— V. 
Beyes. -L. Salaz ab. 



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Adjunto tengo la honra de poner en conocimiento del sefior Pre- 
sidente de esa respetable Sociedad, por el digno conducto de vd., 
un estado general de la instrucción pública primaria, secundaria 
y profesional del Estado de Hidalgo, cuyo desarrollo, no menos 
que su costo, dan una idea de lo que podrá alcanzar, dentro de po- 
co tiempo más, tan importante ramo. 

Se trata igualmente de procurar que, con un nuevo censo, se au- 
mente más el número de Establecimientos escolares, no sólo para 
la mujer sino para los indígenas, bajo la dirección más experta y 
análoga á las necesidades de esas numerosas clases de nuestra po- 
blación, cuya civilización y adelanto, sólo dependen de la enseñan- 
za, siquiera sea la más rudimental. 

Tales esfuerzos son los que el Sr. Gobernador del Estado pone 
en práctica, estimando más el apoyo que merecen las mejoras in- 
telectuales, que el que el mismo presta á las materiales, para los 
más deseados fines que se propone llenar. 

Protesto á vd., con este motivo, mi consideración y aprecio. 

Pachuca, Junio 19 de 1890.— S abas Gabcía. 

Sr. Secretario de la Sociedad Mexicana de Greografía y Estadís- 
tica. — México. 



DE QtHO&RArÍA. T BSTASÍSTIOA. 



179 



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IVOT-A.® 



1* Loe gftstoB de loe Erteblecimientoe perticalaree de Inetroeción primaria do 
ha sido posible oonsignarloe, por no poderse recabar ni comprobar, como lo eeUo 
los demás en ette cuadro. 

2^ En esta íecba, las escuelas primarias, la secundarla y profesional del Insti- 
tuto, son sostenidas por el Erario del Estado. Por la Federación, sólo la Escuela 
Práctica de Minas. 

8* Los datos expresados se tomaron de las estadísticas que en cada trimestre 
forman los profesores de las escuelas, bajo la garantía fehaciente de los Jefes poli- 
tlcos y Presidentes municipales. 

4* La Tigilancia de la instrticción primaria está bajo el cargo de seis Inspecto- 
res que recorren sus respectlyas zonas, examinando la instrucción de loe alumnos, 
la aptitud de los profesores, su puntualidad, así como corrigiendo las faltas que no- 
tan, poniendo en práctica la coacción que la ley da á los Jefes políticos, para hacer 
efectlFa la instrucción obligatoria, uniforme y laica. 

6* En cada escuela de varones principal de cabecera de Distrito, se está forman- 
do una biblioteca escolar, con las publicaciones pedagógicas que recibe el Estado. 

6* La distribución del tiempo y del trabajo es uniforme y se formó por el que 
suscribe, así como en general todas las disposiciones orgánicas del ramo primario en 
esta Sección 4* de la Secretaria de Gobernación, desde Enero á la fecha. 

7* Estos datos se han pedido y remitido al Ministerio de Fomento. 

Estos datos son tan completos como no podrán obtenerse fácilmente en cualquie- 
ra otra Entidad Federal, á causa de la buena organización y vigilancia constante 
sobre el ramo. 

Pachuca, Jnlig I"" de ^890. 

Sahds García. 



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DE GEOGRAFÍA Y ESTADÍSTICA. 181 



Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística. 



JUNTA AÜXILIAR.-MONTERREY. 



Tengo la honra de acompañar á vd. an ejemplar del Periódico 
Oficial del Estado, en que consta publicado un Cuadro Sinóptico 
relativo á las escuelas públicas y particulares de ambos sexos que 
existen en las diversas Municipalidades del mismo, con expresión 
del número de educandos que han concurrido á dichas escuelas en 
el mes de Noviembre último, para lo que tenga á bien acordar esB 
honorable Ck)rporación. 

Monterrey, 16 de Enero de 1891. — El Presidente de la Junta, 
B. Beyes. 

Al G. Secretario 1? de la Sociedad Mexicana de Geografía y Es- 
tadística. — México* 



SOCIXDÁD MeXIOÁXÁ 



CUADRO SINÓPTICO 

PRESENTADO AL CONSEJO DE INSTRUCCIÓN PUBLICA 

PltB HE BECBCTIIIO 

j qu DUDÍficíta el eiUdo de iu íiCoelii pñlilkai ; pirtidireí di uiboi uiu 

qae eilstea en lu divenas municipalidades del EsUdo, 

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Al fíente. .[m j 124 fis] 3fi [ss] 6007 1 2372 1 8679 [uGl Cii 8 i 238 1 



DE GboobafIa. y Estadística. 



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180 
288 
187 

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114 
567 
159 
174 
126 


2372 

525 
46 
27 

169 
57 
24 

187 

2075 

24 

102 
11 
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219 
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185 
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123 
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124 
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Los Herreras 


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Mina 


Montemorelos 

Monterrey, Capital* 
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Pesquería Chica 

Rayones 


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Salinas Victoria*... 

Santa Catarina 

S. Nicolás Hidalgo. 

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Vallecillo 


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Mota. — La noticia de las municipalidades anotadas con asterisco correspondo 
al mes de Octubre- último. 

. OraA.-— En el presente cuadro aparecen 873 alumnos menos, del del mes pasa- 
do; pero esto es debido á que v^ias escuelas estuvieron en ?acaciones durante el de 
Notieiiibre. 



184 Sooi£DAD Mexicana 

Tengo el honor de acompañar á vd., en 5 fojas útiles, las observa- 
clones y enmiendas que la Junta auxiliar de Oeografia y Estadfs- 
dica de esta capital hizo al Tratado de Geografía y Estadística de 
Nuevo León, escrito por el Sr. Alfonso L. Yelasco, á fin de qneae 
sirva dar cuenta con ellas á la honorable Corporación de que es 
digno Secretario, para lo que tenga á bien acordar. 

Monterrey, Enero 16 de 1891.--- El Presidente de la Junta, B. 
Reyes.— AuBELio Labtigue, Secretario. 

Al C. Secretario V de la Sociedad Mexicana de Geografía y Kb- 
tadistica. — México. 



Observaciones y enmiendas al Tratado de Geografía y EstadlsUca dd 
Estado de Nuevo León^ por Alfonso L. Velasco, aprobadas por la 
Junta Auxiliar de Oeografia y Eatadistica de Monterrey^ en seíi6n 
déldiaW de Noviembre de 1890. 



ENMIENDAS Y ADICIONES. 



ir¿in. rir U Pkff. d« !• 
obMrvacl¿ii« ubr». 



1 7 No está comprobada la existencia de criaderos de 

carbón de piedra en el Estado. 

2 8 La fecha 1565 debe ser 1585. 

3 9, 127 El Dr. González no era originario de Nuevo León, 
y 205 sino de Jalisco, aunque toda su vida de hombre 

público, de filántropo y de apasionado por el es- 
tudio, la pasó en Nuevo León, de cuyo Botado 
fué declarado hijo y benemérito por sus servicios. 

4 9 Merecen mencionarse como hyos distinguidos de 

Nuevo León el Dr. Fray Servando Teresa de Mier 
y Noriega^ Dr. Lázaro de la (Jarza y Ballesteros 
y el General D. Juan Zuazúa. 

5 9 No está determi nada con exactitud la situación geo* 

gráfica del Estado, pero sí con aproximación. 
Los datos más aproximados son los recogidos por 
la comisión geográfica exploradora al servicio de 
la Secretaría de Guerra, los caales sirvieron al geó- 






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BE Qeo&bafía y Estadística. 185 

Nia. de Ia Piff. de U J 
•toervacMa. obra. ^ 

grafo García Cabos para fijar la posición del Es- 
tado, según se ye en sa último Atlas de Geogra- 
fía del país. Es, pues, preferible esa demarca- 
ción í 23^ 18' á 27° 49 de lat. N. y O" 33' al E. y 
2° tf al O. del Meridiano de México) á la que da 
•el aator Yelasco, con la observación de que la 
latitud N. probablemente pasa del grado 28 se- 
gún reconocimientos someros hechos por el In- 
geniei'o D« Miguel F. Martínez. 

•6 10, lo iN^uevo León no está separado de Coahnila al N. ni 

á otro rambo alguno por el río Salado, sino por 
una línea geográfica convencional. 

J 10 Los datos relativos á la extensión superficial y á la 

>mayor longitud ( de N. á S. y mayor y menor an- 
•chura de E. á O.) son inciertos, y por las mismas 
razones que se expresan en la observación n? 5, es 
preferible adoptar las cifras de García Cubas en su 
Atlas citado ( 65,000 kils. cuads), á las del autor« 

S 10 Las rentas del Estado ascienden á $ 100,000. 

:9 11 Exprésese si es posible si el trópico pasa de N. ó 

S. de Dr. Arroyo, en el paraje donde se dice que 
pasa á 4 kilómetros de la ciudad antes dicha. 

10 11 La mesa central no ocupa la región oriental del Es- 

tado, sino la del Sur. 

11 13 En donde dice cerro de « Salinas» debe decir de 

((Mioas Viejas,» ubicado éste en jurisdicción de 
Salinas Victoria. 
112 14 La tf Sierra de Gomas» no termina en la ((Mesa de 

Cartujanos,» que está á considerable distancia. 
La Iguana no merece citarse como sierra, por ser 
de pequeñas dimensiones las lomas que la for- 
man, y sí son de mencionarse la sierra de Lam- 
pazos, las lomas de Vallecillo, importantes como 
minerales, la Ceja madre y el Cerro de enmedio 
{en Mina), todas ellas en el "Norte del Estado,- 
«n el centro las lomas de Higueras y los Berna- 
lejos (estas en Linares) y en el Sur el cerro pe- 

24 



186 Sociedad Mexicana 



Vém. de I» Ttg. de la 
•lM«rv ación . obra. 



drofio, limítrofe entre Coahnila, San Luis Pote- 
sí y Nuevo León, y la pequeña Sierra del Goro^ 
en la parte occidental del extremo Sur del Esta- 
do y que es divisoria con San Luis Potosí. 

13 14 Los ríos del Estado por lo regular son vadeables^ 

pues sólo dejan de serlo cuando hay avenidas, y 
mientras duran estas nada más, que casi siempre 
es por pocos días y aun por pocas horas. 

14 15 El río de Salinas riega también las Municipalida- 

des de Ciénega de Flores y General ZuaztSa. El 
de Santa Catarina riega también la Municipali- 
dad de Garza Gkircía. 

15 16 ^Al hablar del río grande de San Juan, se usa una^ 

redacción que puede dar lugar á que se crea que 
Camargo pertenece á Nuevo León, siendo que 
pertenece á Tamaulipas, por 1^ que conviene evi- 
tar esa antigüedad. El río de Potosí no riega la 
parte Sur del Estado, sino la central. 

16 17 El río de Hualahuises riega también una pequeña 

parte de la Municipalidad de Linares^ El río de 
Conchos recibe afluente al de Pablillo, y así debe 
decirse, en vez de que éste reciba á aquel, por ser 
el nombre del primero el que prevalece. Est-e río 
de Conchos ó de San Femando, no es conocido 
con el nombre de «r Tigre,» que sólo se le da á la 
«Barra,» que forma al desembocar en el Golfo ^ 
laguna del litoral. 

17 18 En Mina, como á un kilómetro al N. O. de la villa,. 

hay una fuente de aguas termales llamada de las 
«Blancas,» con propiedades medicinales. 
19 23 Entre los principales mamíferos falta enumeran 

caballo, toro, asno, muía, cerdo, borrego, cabra^ 
perro, gato doméstico, venado, berrendo, oso ne- 
gro, tejón, armadillo, tusa, onza. Entre las aves^ 
aura, canario, gallo, ganso, pavo real y común,, 
cardenal, martín pescador, garza, grulla, palo- 
ma doméstica, cotorra, perico, guacamaya. 



DE Geografía y Estadística. 187- 



Stm. ém U rig. de la 
racite. obra. 



20 35 Entre los insectos falta mencionar el gegén. 

21 37 El valor de la lana que se produce en el Estado, ex- 

cede mucho de $41,536 que le asigna el autor, 
pues puede calcularse en $150,000 anuales. 

22 41 Las fábricas de mezcal de que se habla, no se hallan 

precisamente en Ciudad de Lampazos, sino en la 
Municipalidad del mismo nombre. 

23 42 El comercio de exportación de Lampazos es de la- 

nas y otros esquilmos de ganados, más que de 
maíz y vino mezcal. El ferrocarril Nacional tie- 
ne en la misma Municipalidad dos estaciones que 
no se mencionan: la de <(HuisachitO)>y la de^Ja- 
rita.» 

24 78 Higueras colinda al N. con Salinas Victoria y Ce- 

rralvo, y al S. con Marín, al E. con Cerralvo, Dr. 
González, y al O. con Ciénega de Flores y Sali- 
nas Victoria. 

25 81 Ciénega de Flores no colinda al Oeste con Higue- 

ras sino que está al' Oeste de la segunda, según 
se dice en la pág. 78; sus colindancias son estas: 
al N. y al O. con Salinas Victoria; al S. con Zúa- 
zúa y Marin y al O. con Higueras. 

26 93 Juárez no colinda con San Francisco de Apodaca, 

y sí con las demás Municipalidades que se ex- 
presan. 

27 % Cadereyta está limitada como sigue: al K. con Pes- 

quería Chica y Cerralvo; al O. con China y Qe- 
neral Terán; al S. con General Terán^ Montemo- 
relos y Allende, y al O. con Santiago y Juárez. 

28 98 No es Cadereyta la Municipalidad en donde está 

más adelantada la agricultura; en todas ellas con 
poca diferenciase usan los instrumentos y útiles 
de los mejores conocidos para las diversas opera- 
ciones, como preparación de las tierras, cultivos, 
recolección de los frutos, etc. En el Estado, los 
labradores se hallan bien animados en el sentido 
de aprovechar los adelantos de la ciencia en este 



188 Sociedad Mexicana 



N lini . «le la r4ir- <!• I* 
•ltiirr\M«*i6n. obra. 



ramo de la riqueza pública, que Xuevo León es 
el principal. 

29 100 y Cadereyta dista de Monterrey por la vía del feíTO- 
101 carril al Golfo, 37 kilómetros. 

30 107, 108 La palabra « Cos » se escribe con una « S » y no con 
y 109 dos. — Menciónese el arroyo del <f Lobo» más im- 
portante que el de la «Campana» (pág. 107 ). 

51 116 Agnalegnafi colinda al N. con Vallecillo y Paras; 

al E. con Mier (Tamanlipas); al S. con Greneral 
Trevifio y Cerralvo y al O. con Sabinas Hidalgo 
y Salinas Victoria. 

52 136 Allende colinda al N. con Cadereyta y al S. con Sa- 

yones. 
33 137 Eiega también la Municipalidad de Allende el 

arroyo de Margaritas, que cuando llueve recoge 

mucha agua. 
M 140 y Montemorelos no colinda con Hualahuises. LaMo- 
141 nicipalidad comprende una ciudad, no una villa 

(Montemorelos). 

35 143 y Montemorelos (la ciudad) dista por la vía del fe- 
144 procarril 97 kilómetros de Monterrey, no 96, y 

ahora es cabecera de la 7* fracción judicial. 

36 147 El ferrocarril de Monterrey al Golfo Mexicano, tie- 

ne estación en jurisdicción de General Teráo, no 
en la villa del mismo nombre. 

37 149 La villa de Hualahuises no está sobre la vía d^ 

ferrocarril, y por consiguiente, éste no tiene es- 
tación en aquella. Los productos que se expor- 
tan de esta villa para Linares se extraen por ca- 
mino carretero, no por ferrocarril que pasa dis- 
tante de aquella con relación á lo que la misma 
dista de Linares. 

38 150 No hay proyecto para unir Linares con Hualahui- 

ses por ferrocarril. Pretil tiene 229 habitantes, 
no 339. 
39 151 Linares es poco montañoso hacia el Oriente; el fe< 

rrocarril no pasa por entre montañas. 



DE Geografía y Estadística. 189" 



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«hMraci6ii. ubr». 



40 153 El vertiente de ((Aguacate» no es el único que provee* 

á Linares de agua en la estación de sequía, pues 
hay en la Municipalidad tal elemento en abun- 
dancia. 

41 154 Linares dista 147 kilómetros por la vía férrea de 

Monterrey, no 180. 
40 155 En Linares hay también oficina de Correos y de- 
telégrafos y sección fija de Gendarmería Fiscal. 
Las rentas municipales exceden actualmente de 
$ 12,000 anuales. 

43 156 No está en vía de construirse ferrocarril urbano en 

Linares, aunque se agita el proyecto. 

44 191 Monterrey colinda al N. también con General Es- 

cobedo; con Santiago colinda al S. E., pues al 
Sur sólo colinda con Santa Catarina. Por el Oes- 
te colinda con Garza García también. 

45 102 Eq Monterrey residen más de 76 extranjeros,' pue- 

de calcularse que el número de ellos asciende á 
600 y aumenta diariamente con mucha rapidez, 
debido en gran parte á la constante inversión de 
capital extranjero en la ciudad. 

46 197 La situación geográfica de Monterrey, según el 

Atlas de García Cubas, es 25° 28' 21" de latitud 
X. y 1° 29' y 15" longitud O. del meridiano de 
México, distintíi de la que da el autor (véase ob- 
• servación núm. 5). Entre los edificios notables 
de Monterrey, merece citarse como tal el «Mer- 
cado» y también el <f Casino,» y deben omitírsela 
Maestranza y el cuartel de Iturbide por no ser 
notables. Monterrey tiene colegio de abogados, 
no consejo como lo llama el autor. Menciónese 
también el Canal para las aguas del Ojo de Agua. 

47 199, 202 Ya no existe la fábrica la «Fronteriza» y sí hay 

y 206 otras de muebles, cigarros de papel, betún, aguas 
gaseosas, cerveza, fundiciones de fierro y de pro- 
ductos en bruto de minas, banco de emisión de 
moneda, etc. 



190 SoíJiKDAD Mexicana 

Ndm. de U V»g. úf U 
observación. obra. 

48 201 £u donde dice « Hacienda Pública » agr^aese ád 

Estado, para mayor claridad. 

49 202 SegiiD datos oficiales, los ingresos de la Municipa- 

dad ascendieron el año de 1889 á 9 131,645 33 es., 
y los egresos á $128,921 87 es., inclusos en am- 
bas partidas $ 20,655 33 es. que importó la con- 
tribución federal. 

60 203 El ferrocarril de Monterrey al Golfo, está en servi- 

cio hasta Victoria por el S., y hasta el Venadito 
por el N. E. En la ciudad hay más lineas férreas 
urbanas que las que se mencionan; son las líneas de 
ferrocarriles urbanos de Monterrey, la de «Tran- 
vías al O. y S. de Monterrey,» y por construisela 
de esta ciudad al río de la Silla v á Sta. Catarina 

61 204 En la Municipalidad de Santiago no son raros y sí 

frecuentes los ojos azules. 

52 205 En Nuevo León nacieron los generales Treviüo, 

Naranjo y Martínez Pedio. — No se publicíin en 
el Estado doce periódicos sino siete. Hay en el Es- 
tado mucho más de 144 extranjeros residentes; 
aproximadamente habrá unos 2,000, cifra que 
crece todos los días, pues las ventajas del Esta- 
do están haciéndose niuv conocidas en el exte- 
rior y hay grande inmigración espontánea. 

53 -206 Aclárese que de los Ingenieros residentes en Nue- 

vo León, no todos han sido titulados en el EiSta- 
do sino tres solamente. 

54 222 El Estado no da más instrucción profesional que la 

que se imparte en la Escuela Normal para pro- 
fesores de instrucción primaria. La instrucción 
profesional j)ara los médicos, farmacéuticos, abo- 
gados y escribanos, la protege, dictando las leyes 
concernientes que acuerdan las [rentas de las es- 
cuelas correspondientes, y expidiendo los títulos 
respectivos. 
Es copia. — Monterrey, Enero 8 de 1891.— El Secretario de la 
Junta, AuKELio Laktiguk. 



BE Geografía y Estadística. 



191 











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192 Sociedad Mexigara 



La Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística ha tenido la 
satisfacción de recibir la siguiente nota y documento adjuntos, qae 
por su importancia mandó que se |>ublicaran en el Boletín. 

CONGRESO INTERNACIONAL DE AMERICANISTAS 

OCTAVA 8K8ION.— 1890 
FA.RIS.— 184, Boulevarcl Saint -Grermain 



París, Mayo de 1890. 
SeísOR: 

Tenemos la honra de remitiros adjunto el Pírograma del Congre- 
so Litemacional de Americanistas, que se abrirá en París el 14 
de Octubre de 1890. 

Nos permitimos esperar que, por interés de la ciencia, tendréis 
á bien honrar al ( 'ongreso con vuestra snscrición y con vuestra 
presencia. 

Con los agradet'imientos que os anticix)amos por el eñcaz con- 
curso que esperamos de vuestra parte, os suplicamos, Señor, que 
aceptéis la expresión de nuestra más distinguida consideración. 

El Presidente del (Comité de Organización. — A. de Quatrefáges. 
— El Secretario general del Comité de Organización,. Démré Pector, 



DE GeooraiíIa y Estadística. 193- 



CONGRESO INTERNACIONAL DE AMERICANISTAS 



Octava Sesión.— Paris, 1890 



Protector; S. M. DON PEDRO DE ALCÁNTARA. 

I*rt*HÍíieiite8 de Honor : 
F. Denin, Cooservatlor ad ministrador honorario de la Biblioteca de Sta. Genoveva* 

Dr. D. Jonrdanet. 

COMITÉ \)E ORGANiZArióN: 

Presidente: A. de Quatrefages^ Miembro del Instituto, Profesor 
en el Museo de Historia Natural. 

Vicepresidentes: Dr. E. 7\ Hamy, Miembro del Instituto, Con- 
servador del Museo de Etnografía. Marquen de Xadaillac^ Corres- 
pondiente del Instituto. 

Secretario general: Bésiré Pector^ Cónsul de Nicaragua en París.. 

Tesorero: Marqués de Basanno. 

Tesorero adjunto: C. Aubry, Agente de la Sociedad de Geogra- 
fía de París. 

Miembros del Consejo: Luciein Adam^ Presidente de Cámara 
en la corte de Kennes. Barón Joseph de Baye^ Exigéne BeauroiSy 
Príncipe Eoland Bonaparte^ Conde H. de Charencey, Bésiré Char- 
nay^ Renry Cordievj Profesor en las Escuelas de lenguas orienta- 
les y de ciencias políticas. 

Emile H. BaireatiSj Publicista. 

•/. Burandy del Instituto Bmithsoniano de Washington. 

Paul Gaffarelj Profesor de la Facultad de Letras de Dijon. 

M, J. Girard de Riallej Ministro Plenipotenciario y Jefe de la 
I)i\isión de los Archivos en el Ministerio de Negocios Extran- 
jeros. 

26 



194 Sociedad M]^icatía 

Marqués JJ^Hervey 8t-Deny8, Miembro del Instituto. 

Sres.: Pedro 8. Lamas, Publicístíi. 

Auguste Lesonef, Miembro de la Sociedad Amerieaua de Francia. 

Dr. Letornean^ Secretario general de la Sociedad de Antropo- 
logía. 

Entile Leva88€ur, Miembro del Instituto, Profesor en el Colegio 
<le Francia y del Conservatorio de Artes y Oficios. 

Gabriel Marcela Director de la Sección de Cartas en la Biblio- 
teca Nacional. 

Faul Margry. 

Conde de Marny, Director de la Sociedad Francesa de Arqueo- 
logía. 

Gastón Manpero^ Miembro del Instituto, Profesor en el Colegio 
•<le Francia. 

Maunoir, S(»cretario general de la Sociedad de Geografía de 
París. 

Al/red Maury^ Miembro del Instituto, 

Marcel Monnier. 

Jules Opperf,, Miembro del Instituto, Profesor en el Colegio de 
Francia. 

J)r. de OrnellaH, 

Alphonse X. Pinar t. 

Léon de Rosny, Director adjunto á la Escuela de altos estudios. 

F. de Santa Anna Néry^ Miembro del Instituto de Historia y de 
Geografía de Kío Janeiro y de la Academia lieal de Ciencias de 
Lisboa. 

Rene de ¡SeinaUé, 

Rémi Simeón^ Vicepresidente de la Sociedad Americana de 
Francia. 

Dr. José Trian a j Cónsul general de Colombia en Francia. 

Br. R. Verneauj Preparador en el Museo de Historia Natural. 

Jvlien Vinsonj Profesor en la Escuela de Lenguas Orientales. 



DE Geografía y Estadística. 195 



PROGRAMA 



Por decisión del Congreso Internacional de Americanistas ve- 
rificado en Berlín en 1888, la ciudad de París ha sido designada 
para celebrar la octava sesión, que tendrá lugar del 14 al 18 de Oc- 
tubre de 1890. 

El Congreso Internacional de Americanistas tiene por objeto 
contribuir al progreso de los estudios científicos relativos á ambas 
Américas, especialmente por lo que se relaciona á los tiempos an-, 
teriores é inmediatamenlé posteriores á Cristóbal Colón; y servi- 
rá además para poner en relación á las personas que se ocupan de 
estos estudios. 

Toda persona que se interese en el progreso de las ciencias pue- 
de pertenecer al Congreso pagando la cuota fija de doce francos. 

El recibo del Tesorero da dercclio al billete de miembro del Con- 
íjreso y á todas las publicaciones que éste baga. 

Se suplica á los miembros que remitan a la mayor brevedad el 

importe de su cuota, ya sea por una orden postal ó por un cheque 

,á alguna de las grandes capitales europeas, para el Sr. C. Aubr}', 

tesorero adjunto, en el núm. 184 del Houlevard St. Germain de 

la ciudad de París. 

Las conferencias serán orales ó escritas, y no podrán durar más 
de veinte minutos. Las memorias cuyu lectura exija mayor tiem- 
po, se depositarán en la Mesa y serán presentadas al Congreso con 
nn resumen escrito ó verbal que dé á conocer su objeto, así como 
los pantos y conclusiones imi)()rtantes de la misma memoria. 

Los autores de las memorias á los cuales sea ai^lictable esa pre- 
vención, deberán acomidan a rías con un extracto. 

Las memorias délas personas que no residan en París, <leberán 
ser dirigidas al Secretario generíil del Comité de Organización, 
antes del 1? de Octubre de 1890. Se recíomienda á los miembros que 
quisiesen dar personalmente sus conferencias, lo avisen al mismo 



196 kSocikdad Mexicana 

Secretario antes de la fecha expresada, para que pueda distribuir- 
se el programa del Cougreso al comenzar la reunión. 

A los autores que asistan á los trabajos del Congreso, se les su> 
plica que sustituyan la lectura de sus trabajos C/On una exposición 
oral. 

Los libros inanuscritxís ú otros objetos ofrecidos al ('ongreso, se- 
rán donados á los establecimientos científicos de París, y su desti- 
no definitivo se determinará ])or el Comité de Organización des 
pues de la clausura de la sesión. 

El Comité de Organización propone las siguientes cuestiones- 
para someterlas á la discusión del Congreso: 

Historia y (tEografía. — Relatores: Sres. C Marcel y M. Mo- 
nnier. 

1* Sobre el nombre « América.» 

2" ntimns investigaciones acenra de la historia y viajes de Cris- 
tóbal Colón. 

.'i* De la inHucHcia lírnducida jhh* la llegada del europeo en la 
organización de las «comunidades indígenas de la América del Nor- 
te (Confederaeión de las cinco naciones, etc. etc.) 

4* ¿(Jué moditicaciones ha operado el contacto europeo en la or- 
ganizaííión social y ])olítica, entre las poblaciones de la región An- 
dinaf — Densidad de la ])oblación antes y después de la conquista; 
española. 

5" Si se t<mian ]>or términos de (M)m]>aración las estadísticas for- 
madas por orden de los virreyes y los últimos (tensos efe(;tuados 
j)or el gobierno i)eruano, la ley de diminución gradual de la po- 
blación iiulígena al (ton tacto del blanco, ¿se aplica con el mismo 
rigor á la América latina y á la América anglo-sajona? 

(>* Los últimos descubrimientos efectuados en las grandes ne- 
crópolis de los estuarios del Amazonas y del Ilio Tocantín (islas 
Marojo, etc.) ¿ ])ermiteii deducir la existencia de una raza anterior 
y diferente de la indígena actual, y que alcanzó un grado de civi- 
lización relativamente avanzado f 

7*^ Estudiar los documentos cartográficos relativos al descubri- 
miento de América, últimamente encontrados, y asignarles su lu- 
gar en la serie (conforme á las informaciones que los han inspinido. 

AU(¿UE()i.()GÍA. — Relatoreft: Sres. D. (^liarnay y el marqués de 
Nadaillac. 



i)K Geografía y Estadística. 197 

1" Noticias descubierta 8 relativas al hombre ciiaternario aine- 
TÍcano. 

2" |,Cuále8 son las primeras iumii^raeioues de i azas extraujeras 
eu la Amér¡(!a de que teuemoa conocimiento f 

3*^ Señalar las analogías que existen entre las civilizaci(mes pre- 
colombianas y las civilizaciones Asiáticas (China, Japón, Gam- 
bodge, Malesia, Caldea y Asiría). 

4' Dar á conocer los descubrimientos más recientes que se han 
hecho en los nwunds de la América del Norte, y las conclusiones 
que se pueden sacar para la civilización de sus constructores. 

5? ¿Cuáles son las antiguan poblaciones del itsmo de i*anamá 
•que han dejado las colecciones cerámicas, (jue se encuentran hoy 
eu «Yale College» ó « Smithosonian Institutiou « etcf 

6" ¿Qué relaciones pueden tener entre sí las diversas alfarerías 
de la América ? 

Antropología y Etnoguafía. — Relatortis: Sres. prince Ro- 
land Bonaparte y Í\ de Santa Anna Néry. 

1* Nomenclatura de los pueblos y poblacion(*s de América an- 
te^ de la conquista. — Cartas etnográficas i)rec/Olombiana8. — Ele- 
mentos étnicos del extremo 8ud-americano. 

2' Los estudios craneológicos permiten aíirmar que las actua- 
les razas americanas existían en América en el período de cuater- 
nario (diluvinm), y (pie la conformación de los (trancos de los hom- 
bres de estas razas era la misma que entre los indios de hoy ó de 
la Oceanía. 

3! ¿Existen entre ios indios de la America en general, y eu par- 
ticular entre los de la costa noroeste, caracteres distintivos que 
indiquen afinidades con los pueblos asiáticos ? 

4* Esquimales y sus mestizos. 

5* Eítos funerales en América, antes y después de Cristóbal 
€olón. 

6' Escrituras figurativas de América y especialmente de su dis- 
tribución geográfica. 

7' Cómo penetraron las razas africanas en América, y particu- 
larmente en la América del Sur. 

8* Distribución etnográfica y posesiones territoriales de las na- 
ciones ó tribus aborígenes de la América en el siglo XVI y en * 
nuestros días. 



198 Sociedad Mexicana 

Lingüística y Paleografía. — Relatores: Sres. J. Giraré d& 
Rialle y K. Simeón. 

1^ Principales familias lingüísticas de los valles del Amazonas 
y del Orinoco. 

2^ Diferencias entre las lenguas de las costas y de las monta- 
ñas del Perú. — ¿Hay analogía entre las primeras y las de la Amé- 
rica central? 

3* ¿ Pertenecen á la misma familia el Quicliua y el Aymara! 

4* ¿Los idiomas de la costa occidental de la América presentan 
algunas afinidades gramaticales con las lenguas polinesianas! 

5* i La composición con juxtaposición é incorporado del pronom- 
bre personal ó del nombre regido, tienen procedencias comunes á 
la mayoría de las lenguas americanas! 

6^ Orígenes de las terminaeiones del plural en el náhuatl y en 
algunos otros idiomas congéneres. 

7? Persistencia de caracteres y formas de los dialectos de las 
lenguas habladas en América (francés, inglés, español, portugués 
y holandés) por los descendientes de colonos europeos, según las 
provincias de que son originarios. 

8? Estudios de las lenguas en formación de la América. 

Según consta en el programa de donde hemos tomado lo ante- 
rior, todo asunto relativo á América podrá ser tratado en el GcMi- 
greso, aunque no conste en el número de euestiones propuestas 
para el debate. 

Prometen, pues, ser muy interesantes las reuniones del 8? Con- 
greso iuternacii^nal de americanistas, y por nuestra parte desea- 
mos que redunde en beneficio de las ciencias^ 



DE Geografía y Estadística. 19» 



EL CASCABEL 



DE LA CULEBRA MITOLOGUCA DB TBGTIHUAOAN 




R. Charnay, en su libro titulado «Les aucieunes villes. 
du Nouveau Moude,» en la pág. 124 da á conocer por 
medio del grabado dos piedras esculpidas de la época 
antigua de Teotihuacán, llamándoles «pierres votives a Teotihíia- 
can.9 

La escultura que da el carácter á estos monumentos es de for- 
ma semejante en ambas, lo que demuestra que las dos tienen la 
misma significación. Estos ejemplares se encontraban en el pue- 
blo de San Juan Teotihuacán en una casa particular, cuando las. 
copió el explorador francés. 

Además de los ejemplares que muestra el Sr. Charnay, he vista 
otros idénticos en el mismo pueblo. Miden de altura 80 centíme- 
tros. 

El cascabel de la cidebra crótalo de América^ se halla perfecta- 
mente representado en estas esculturas. El dibnjo simboliza lo» 
anillos que forman la campanilla de la serpiente, y he notado que 
todas estas esculturas son idénticas entre sí y de las mismas di- 
mensiones, pero difieren algunas de otras en el número de anillos, 
qae le ponen al cascabel, unas cuentan cuatro anillos y otras cinco. 

Desde que vi los ejemplares que acabo de mencionar, me pare- 
ció que esas raras esculturas no eran otra cosa que la fiel repre- 
sentación de la campanilla de la serpiente; pero como no había 
tenido prueba cierta para afirmar mi apreciación, reservé mi jui- 
cio hasta el año de 1889 en que remití al Museo Nacional una de 
estas piedras que encontré tirada en una de las calles del pueblo 
de San Juan, y en el oficio de remisión le llamé cascabel de cu- 
lebra,' 

Hoy, debido al azadón del labrador, confirmo mi presunción. 

1 Este ejemplar que remUi al Mnseo, era el mismo qae copió Mr. Charnay para 
darlo & la estampa en su obra de Tiajes. 



200 SoGifiDAD Mexicana 

Un campesino de uno de los pueblos cercanos á la Pirámide dd 
fSoly labrando la tierra descubrió una serpiente hecha de pórfido 
Hjue media de alto 30 centímetros por otros tantos de diámetro. 
(Fig. núm. 1.)' 

Como se ve eu el dibujo núm. 1 de la lámina adjunta, la serpien- 
te se halla provista del cascabel. La forma de la campanilla es de 
un pequeño cuadrado que tiene perfectamente marcados los cua- 
tro anillos del cascabel en la misma forma que la figura represen- 
tada en las obras de Cliarnay y de Chavero. Hay alguno que otro 
ligero variante en las líneas de dibujo, pero sin importancia, pues 
en la forma general y la manera de representar los anillos hay 
idéntica semejanza, como se puede ver en la lámina adjunta entre 
•el cascabel de la culebra de pórfido, fig. niim. 1, y lü>pierre votive 
de Teotihuacanj como le llama Charuay, ó la Teotihuacán, pilastra 
de los pórticos, como le llama Chavero. 

Para mayor claridad en el estudio comparativo que hago entre 
el cascabel de la fig. núm. 1 y la llamada pilastra de los pórticos, 
hice amplificar el dibujo del cascabel de la culebra de pórfido á 
la proporción de tres partes más, y este dibiyo es el que se haUa 
en la lámina señalada con el núm. 2, quedando en mi concepto cla- 
ramente demostrado, por medio de este estudio comparativo, que 
Ja verdadera representación de la llamada pilastra de los pórticos 
es el cascabel de la culebra mitológica de Teotihuacán. 

El Sr. Chavero, en el tomo I de «México á través de los siglos,» 
pág. 400, muestra por medio del grabado este monumento copia- 
do de la obra de mi buen amigo el Sr. Charnay, y al referirse á él 
en las págs. 309 y 400 del mismo tomo, dice lo siguiente: 

«A la mitad de la distancia que hay entre ambas pirámides, cin- 
co grandes plataformas de piedra forman una plaza triangular. Se 
cree que sirvieron de base á los palacios de los sacerdotes. Llaman 
los campesinos plazuela de las columnas á ese lugar, y en efecto, 
ise conoce todavía que ahí hubo dos grandes pórticos. Queda de ellos 
en pie una pilastra de forma muy especial, pero que es la caracte- 

1 La que me fué propuesta en venta, no comprándola & mi pesar, porque en esos 
"momeiitofl no estaba en disposición de iiacer nn gasto extraordinario, y deseando 
-que se quedase en el Museo Nacional este interesante ejemplar, le indique á su due- 
ño la propusiera en venta ¿ dicho establecimiento. No sé lo que pasó, el becfao es 
que hoy pertenece á In colección articular del joven Aristides Martel. 



BE Geografía y Estadística. 201 

rbtica en Teotihuacán. Es la nueva arqnitectara qne tiende en sos 
líneas á fignrar el rostro humano, idea qne prodnjo los mascarones 
de Ghichen y Uxmal y que dio forma geométrica á las facciones de 
los ídolos tzapotecas de ese tiempo. Fórmase la pilastra de cuatro 
figuras semejantes cuyos dibujos encajan los unos con los otros, ter- 
minando el superior en un remate análogo. El remate de la pilas- 
tra es algo curvo, lo que prueba que no sostenía vigas ni otra cons- 
tracción. Fueron entonces aquellos pórticos series de columnas 
«imbólicas sin techos, y acaso tenían el mismo objeto las pilastras 
dclópeas de Aké y las columnatas de Ghichen.)» 

Dice el Sr. Chavero «r Queda de ellas en pie una pilastra deforma 
muy especial^ pero que es la earactetistiea en Teotihuacán.» 

Esta escultura qne el Sr. Chavero llama pilastra, no puede ser 
pilastra, porque sus dimensiones indican perfectamente que no de- 
be haber servido de pilastra para los pórticos en la arquitectura 
tolteea, pues sólo mide de altura 80 centímetros, y racionalmente 
es increiblc que los pórticos de Teotihuacán hayan medido de al- 
to 90 centímetros, porque en esta proporción arquitectónica los in- 
dividuos que pasaban debajo de ellos no hubieran medido de talla 
«rriba de 30 centímetros, cosa inverosímil. Que sea ésta la forma 
característica de las pilastras de Teotihuacán, tampoco es exacto, pues 
(as únicas pilastras qne se conocen de la arquitectura de Teotihua- 
cán son las que descubrió Mr. Charnay en uno de los palacios de 
Teotihuacán, y la forma de estas pilastras es la de un soporte cua- 
drado que termina por una base formada con cuatro planos incli- 
nados que se cortan en ángulo recto. Lo mismo que el que se ha- 
llase la llamada pilastra de los pórticos en el lugar que indica el 
8r. Chavero cuando escribió su obra, tampoco es exacto, pues des- 
de tiempo inmemorial se conserva en la casa habitación del Sr. 
Salcedo, en el pueblo de San Juan. 

Dice también el Sr. Chavero «fueron entonces aquellos pórticos se- 
ries de columnas sin tedio, etc., etc» Veo en esto una impropiedad 
^en la clasificación arquitectónica, pues si fueron pórticos deben ha- 
^r tenido techos, porque pórtico en arquitectura quiere decir ^a- 
leria cubierta al aire libre cuyas bóvedas ó entramados están sostenidos 
por columnas; si no tenían techos, serían entonces corredores ó espla- 

Qadas, pero no pórticos. 

Leopoldo Batees. 

26 



a02 SOGIBDAD MbXIOANÁ 



LOS judíos Y EL NUEVO MUNDO 



8iü vos non vobt^. 



AFINES del siglo XY, tres frágiles cámbelas cou proa hacia 
el Occídeute, cruzaban, en busca de nueva ruta á las In- 
dias Orieutales, la inmensidad del solitario océano. Era 
la flota ¿el ilustre navegante genovés que, en viernes 3 de Agosto 
de 1492, mediante la decisiva intercesión y dineros oportunos del 
hebreo Luis de Santangel, y con el consentimiento de los Cat4ili- 
eos Beyes, había salido de Palos, pequeño puerto de Huelva. Nin- 
gún fraile venia á bordo: cristianos, moriscos y judaizantes cons- 
tituían las tripulaciones de la tillada Santa María, de la Pinta y 
de la Nina. Fiado en sus secretos datos, grande era el ánimo de 
Colón acometiendo tan aventurada empresa; pero mayor todavía 
el de los que, sin ningunos, resueltos acompañábanlo. Sucedíanse 
unos á otros dilatados días, y los vigilantes ojos sólo veían cielo y 
agua é ilimitado horizonte en derredor de sus veleros bajeles. Es- 
peranza y esperanza, decepción tras decepción, inquietaban sin 
cesar á los ansiosos viajeros. Treinta escudos de pensión la mu- 
nificencia real solemnemente ofrecía á quien primero descubriese 
la sonada tierra. Por esto la buscaban á lo lejos los marinos, y, á 
menudo, engañados anunciábanla. Para terminar estas alarmas^ 
falsas, que tan contrarias le eran, dispuso el Almirante que quien- 
qjaiera que diese tal noticia, si dentro de tres días no se avistaba 
la costa, perdería de allí adelante todo <lerecho al señalado premio. 
Por mares desconocidos seguían su rumbo las naos, hasta que, una 



D£ Oeogbapía t Estadística. 203 

fiMista noche, horas dospaés de la media, á bordo de la Piuta y en 
4 alcázar de proa, de guardia nn marinero converso, como para no 
exponerse, exclamó en hebraico: 



*if ^n 



I, i, (¡tierra! ¡tierra! J. Otro de su misma raza y que á su lado se 
hallaba, le preguntó en igual lengua: 



Ti;iHi 



weana f¿^ hacia dónde t) 

hen*i (¡hé ahí tierra!) respondióle Bodrigo de Triaua. 




Tiajín 



muuui lien«i (¡y haoia alláy hé ahí tierra! Jj afirmó su compañero 
oon profunda convicción. ¡Tierra! /TVerra/ grita entonces Rodrigo 
de Triana. Un fuerte cañonazo de la Pinta anuncia á todos el fe- 
liz descubrimiento. 



71 ' 1 Vin 



hüleluyahj exclaman los judaizantes, 



«^ oMá^í 



dlhamdo lil-lahy dicen los moriscos : ; alabado sea Dios ! repiten los 
cristíanos. Eran las dos de la mañana. A dos leguas de distancia 
Caramente se dibuja ya la costa: acortan entonces vela, man- 



^04 Sociedad Mexicana 

tiénense á la capa, y esperan con ímpacienoía la aurora. Ua aiD»- 
iiecido, en fin, j por la vez primera, el viernes 12 de Octubre del año 
1492, contempla absorto Colón lo que él ignora ser un Nuevo Mon- 
do. Pisa luego la tierra hospitalaria^ y, al extremo de la India, cree 
Cristóbal haber desembarcado en una isla, la cual, según Luis de 
Toares, el intérprete indio, sus naturales llamaban Guan^hani, 
(honni soit qui mal y pense J. San Salvador denominóla el Almi- 
rante. T salvadora será la republicana América para Israel per- 
seguido en la autocrática Europa. 

De regreso en España, la incitante pensión de treinta escudos 
decretada por Isabel de Ga^stílla y Femando de Aragón, fué adju- 
dicada á Colón injustamente. Y Rodrigo de Triana, el marinero 
converso, cuya voz en aquel viaje fué la primera en anunciar ¡tk 
rra! ¡tierra! al ver que la regia ingratitud perjura le arrancaba 
•el tan decantado y bien merecido premio, renunciando religión y 
patria, pasóse al África. Allí contó á los hebreos esta fídedign» 
historia, y cómo Gi/aiut/uiiti',estoes, waana-hen-l, siempre daria 
testimonio de la iofluencia ejercida por judíos hasta en lo.s eaboe 
mismos del universo. 

Y cuando en 1892, con inusitada pompa celebre España á Co- 
lón, y el Zar de todas las Rusias, atizado el fanatismo de la orto- 
doxia griega hasta hacer palidecer las inhumanidades del catoli- 
cismo ibero en 1492, entre filas de bélicos cosacos, expulsando esté 
quizá al último judío, América bendita, en recuerdo de aquel Ro- 
drigo de Triana, al pneblo heroico, á la proscrita raza sus puertas 
abrirá por orden del Altísimo. 

F. KlVAS PUIGCEBVER. 



Nota.- l'or DO hacer largo este articulo, so autor «e ha reservado expre- 
!<ar en otro los fundamentos de lo que brevemente ha expuesto en el presente. 



irésí^^y^ Sv^^C^--^ 



DE Geoorafía y Estadística. 205 



biografía 



DXL BB. B. 



ANDRÉS MANUEL DEL RIO 

frímer (atdfátieo de Xioenlogia del Colegio de línerfi , 



BSCIUTA POB IL CCOCNIBRO OB MUAB 

I 



SANTIAGO RAMÍREZ. 

■OCIO BB xncí 



A la esclarecida meiuoriü del respetable decano de nuestros Ingenieros de Minas. 

♦*! virtuoso Sacerdote 

D. JosE Sebastian Segura, 

digno discípulo de tan sabio Maestro, 
•ujasentitta muerte deja un vacio en las Ciencias, en la Literatura y en el Altar, consagrar 

este pequeño estudio 
como testimonio de inextinguible cariño, el último de sus amigos. 



INTRODUCCIÓN. 

NINGÚN Mexicano, por más que no sea sino niediauamente* 
patriota, y ningún minero, por más que no sea sino me- 
dianamente ilustrado, podrán censurar con razón que al 
trazar un cuadro de mexicanos como el qne es e) objeto de las pre- 
aentes líneas,' coloquemos en él ciertas figuras como la muy noble, 
elevada y prominente del ilustre sabio de quien nos cabe la satis- 
fiíecion de ocupamos; el que, si bien es cierto que fué Español por 
el nacimiento, por el corazón, por las simpatías, por los servicios 
prestados á México y por la inteligencia, fué, es y seguirá siendo 
Mexicanp. 

La inhumana ley de expulsión de españoles, expedida por la 
¡Nisiou en un momento de ceguedad, condenada por la razón y por 

] Bsta biografía forma parte de la Galería de Mineros Mexicanos que be f or- 
inado y tengo arreglada para su publicación. 



206 SOOISDAB MEXIOAKA 

el patriotismo, y cuya existencia es un testimonio de nuestros erro» 
res, exceptuó de sus efectos al sabio Sr. del Eio; quien, sea dicho 
de paso, se ne^ó á aprovecharse de esta excepción, por un exceso 
de delicadeza que lo honra; lo que no le quita, sin embargo, el gran 
significado que en sí tiene, en cuanto á que declaró Mexicano ai 
personsye que con ella fué distinguido: y si prueba de estimación 
semejante le fué otorgada por un Cuerpo ebrio por el rencor y por 
las aberraciones, qué mucho que nosotros, los que nos hemos for- 
mado en el Colegio de Minería que le debe una parte no pequeña 
de su fundación; los que hemos bebido en la fuente que él abrió 
con mano maestra, y de donde hizo brotar la eoseftan»! y la doo- 
trina; los que hemos estudiado^n sus obras, escritas expresamente 
para los alumnos de su Colegio; los que ante su recuerdo evocar 
mos una grata memoria, ante sus virtudes tributamos un respe- 
tuoso homenaje, ante su saber nos inclinamos con respeto y ante 
sus servicios sentimos exaltarse nuestra gn^atítud; qué mucho, de- 
cimos, que le hagamos la justicia de una distinción semejante, asig- 
nando á su respetable figura un lugar en nuestro cuadro. 

Solamente la ingratitud, de la que nos sentimos muy lejos, pues 
nuestros afectos más entrañables vibran en una conmoción gene- 
ral, á la acción galvánica del más pequeño beneficio, podría arran- 
car de nuestro presente catálogo el respetable nombre del Sr. D. 
Andrés Manuel del Bio, á quien vamos á contemplar en su lumi- 
nosa carrera, siguiéndole en una rápida ojeada, «lesde la cuna hasta 
el sepulcro. 

I 

Patria j Faidres^e D. Andrés M. del Kio.— Su imciuiiento, lufánelM f 
«educación.— Sus primeros estudios.^ Sus primeras of-iipaeiones en las ni- 
nas.— Sus Tildes de estudio.— Sus maestros. 

Cuando México formaba parte esencial de la Corona do Casltí- 
lia; cuando estaba envuelto en su misma política, participaba de 
los mismos hábitos, se regia por Iha mismas leyes y obedecía al 
mismo Soberano; cuando la división geográfica no tenia significi^ 
cion alguna, pues no era parte para establecer una solución de 
contiunidad en los vastos dominios de los lieyes Católicos, cuyo 
trono ocupaba el inmortal Carlos III, tocó venir al mundo al Sr. 
t D. Andrés Manuel del Rio, quien nació en Madrid el 10 de No- 



DE GEOaBAPÍA Y ESTADÍSTICA. 207 

viembre de 1764, del matrimonio de D. Jobo del üio y D*^ María 
Antonia Fernandez, quienes al dia siguiente lo acercaron á la pi- 
la bautismal, donde recibió los nombres de Andrés Manuel (Do* 
comento núm. 1 ). 

Hemos señalado esta circunstancia, que contribuye á considerar 
al Sr. del Bio como hijo de un país del que México formaba parte. 

Muy nífio debió comenzar á nutrir con el estudio su privilegiada 
inteligencia, pues á la edad de nueve años habia concluido su edu* 
caeioB primaria, y entrado á cursar latinidad al Colegio de San Isi- 
dro, donde terminó en un año el estudio de este ramo, sin embargo 
de que le estaban asignados dos años en el programa de ese Co- 
legio. 

Las buenas calificaciones con que fué aprobado en el examen de 
ambos cursos que sustentó el ano de 1774, lo pusieron en aptitud 
de emprender el de 1775 el estudio del griego, en el que adquirió 
tal instraeción, que al concluir este ramo, también en un solo año^ 
no sólo eonocia á fondo las nociones que formaban la asignatura 
escolar, sino que leía con perfección los clásicos griegos lo mismo 
que los latinos. 

Contaba apenas diez anos, cuando comenzó el curso de Filosofía^ 
del que formaban parte las Matemáticas; y siendo las nociones 
elementales de esta ciencia, insuficientes para un espíritu tan pen- 
sador, para un talento tan claro, para una inteligencia tan supe- 
rior y para una capacidad tan vasta como la de este estudiante 
modelo, que en los dos años que llevaba de estar en el Colegio, 
Damaba ya la atención de los superiores y de los alumnos, rompió 
los diques que se oponían á sus investigaciones, y excediendo los 
Bmites en el curso establecidos, ensanchó el estudio de esta cien- 
da, en la que llegó á sobresalir tanto como en Ism otras ciencias 
exactas, naturales y de observaron. 

No fué este ramo el único á que tuvo que consagrar su estadio: 
la extensa literatura y la profunda teología ocuparon una parte 
de su tiempo y su atención; y demostrando sus conocimientos en 
ims respectivos exámenes, y siguiendo en su carrera el plan que 
€l programa de estudios dominante le trazaba, se graduó de Ba* 
chiller en la Universidad de Alcalá de Henares, el año de 1780, 
enando apenas entraba en el tercer lustro de su vida; cuando apó« 
nas pisaba los umbrales de su florida juventud. 



908 Sociedad Mexicana 

Aunque en aquella época las ciencias morales ocnpabMi el pri- 
mer lugar en los programas de enseñanza, los adelantos natarale» 
hacían que se diera acceso á las ciencias de observación ; y el ano 
de 1781 se dio un curso especial de Física por el acreditado Pro- 
fesor D. José Solano. 

Los resultados de ese curso, en el que se practicaron todas la» 
experiencias que fijan los hechos, acreditan los principios y haoeik 
palpar los fenómenos, se hicieron sensibles por medio de un acto- 
público que debió sustentar el más aprovechado de los alumno» 
cursantes. 

Grande fué el interés que causó en la Corte este certamen, qa% 
era el primero que se iba á efectuar en España, y en el que la eor 
riosidad, la novedad y el interés reunieron una ilustrada y selecta 
concurrencia, que presenció, aplaudió y admiró en el alumno sus- 
tentante, Andrés Manuel del Bio, la memoria, la instrucción, el 
talento, la pericia y demás cualidades que raras veces concurreí» 
' en un hombre formado y que tan de lleno se dejaban ver en el ac- 
tuante de diez y seis anos. 

La naturaleza de los estudios á que del Eio se dedicó, así en sua 
cursos escolares como en sus elucubraciones privadas; el gusto y 
la disposición que manifestaba por las ciencias exactas y las de 
aplicación ; su actividad, juventud y demás cualidades que le ador- 
naban y que todos le reconocían, hicieron que el Gobierno, por Beal 
Orden de 13 de Junio de 1782, lo destinara en las minas de Alma- 
den, cuya explotación se sostenia en grande escala, con el carác- 
ter de Alumno de su Academia, donde daba sus lecciones el sabio 
fundador de aquella Escuela, D. Enrique Cristóbal Storr. 

Vasto y adecuado era el campo que se presentaba á un espirita 
observador que habia atesorado tan profunda instniccion, que ha- 
bia asimilado tan variados conocimientos y que sentía la necesi- 
dad de aplicar su ciencia á los hechos que se presentan en el te- 
rreno de la práctica. 

Pocas industrias, en efecto, necesitan tanto el concurso de la» 
ciencias exactas, como la Industria Minera: de las Matemáticas 
para el trazo de las obras, que debiendo cortar los criaderos en 
condiciones fijadas de antemano, establecen, y sostienen, y consti- 
tuyen el laboreo de las minas: la Mecánica, para el empleo de las. 
fuerzas destinadas á vencer la serie no interrumpida de resisten» 



D£ Geografía y Estadística. 209 

eias que constitayen el trabcyo: la Física, para la ventilación do 
las labores, llevando á ellas el aire respirable que sostiene la vida> 
y expulsando de ellas el aire viciado por los gases meüticos que 
^saiisan la muerte: la Química, para preparar, graduar y disponer 
los explosivos, para destruir las combinaciones y para reducir los 
inetales: la Mineralogía, para conocer los compuestos y sacar las 
oonsecuencias industriales que se deducen de este conocimiento: 
la Geología, para fijar las condiciones de yacimiento de los cria- 
deros, anticipar su importancia y juzgar sus resultados 

Si dejándonos llevar por el empuje de nuestras ideas, nos fuera 
lícito trastonar el orden á que debemos si^jetamos^ fijaríamos la 
atención desde luego en los trabajos científicos con que el Sr. del 
Rio ha innioitalizado su memoria* para demostrar cómo el joven 
minero de Almadén utilizó lo8 couocimientOH que habia adquirido 
en estas ciencias; pues su simple examen nos permitiría contem- 
plar al profundo matemático, al hábil físico, al ingenioso químico, 
al entendido geólogo, al célebre mineralogÍKta, al eminente sabio; 
pero no anticipemos afirmaciones (]ue ileben ^er las consecuencias 
deducidas de la observación y del examen, y volvamos al centro 
minero, en que tanto se distinguía el joven practicante. 

£n loH países civiliz^ulos y cultos, donde las ciencias ocupan un 
logar preferente, donde la Minería figura como un ramo de impor- 
tancia en la Administración pública y en el bienestar privado; en 
que el trabajo de las minas está sujeto á una inspección facultativa 
y sa marcha se halla regularizada por una estadística rigurosa, el 
Crobiemo sabe, porque ni puede, ni debe, ni quiere ignorarlo, cuá- 
les son los elementos que influyen sobre su desarrollo en un sen- 
tido favorable ó adverso para aprovechar los primeros y destruir 
loe últimos, contribuyendo así á los adelanton del ramo. 

Bajo este interesante aspecto, preciso es c(uifesarlo, aunque con 
rubor y desconsuelo: la España de 1780, estaba más adelantada 
que el México de 1891. 

Las aptitudes del joven del Ilio, que de una manera tan venta- 
josa figuraban entre los elementos favorables para el desarrollo 
de la Minería, determinaron al Ministro del ramo, D. Diego 6ar 
doqni, á enviarlo pensionado á Francia, Inglaterra y Alemania, 
para que ensanchara sus conocimientos y los aplicara después en 
su patria. 

27 



210 Sociedad Mfxicana 

Benéfico, noble, elevado y patriótico pensamiento, cuya realizar 
<5Íon infinyó mny poderosamente para qne la España oonqnistaia 
la legítima satisfacción de baber dado á luz an sabio cuyos traba- 
jos honran á dos siglos. Provisto de extensos y vanados couod- 
mientes, salió para Paris el año de 1783, don4le se dedicó al esta- 
dio de la Qnímica bajo la dirección del sabio profesor Darcet, em- 
prendiendo á la vez los de Anatopiía, Fisiología y demás ramos 
que forman la carrera del médico, para la que tenia adquiridos los 
estudios preparatorios, extendiendo su aprendizaje á los demás 
ramos de la Historia Natural, en cuya ciencia se conquistó el ti- 
tulo de oélebre naturalista. 

En 1787 se trasladó á Freiberg, Hungría y Sujonia, donde ae 
dedicó al estudio de la Orictognosia, con el inmortal Wemer, fiin- 
<lador de la Escuela que lleva su nombre. 

La Orictognosia, cuya esencia estaba en relación con la étimo- 
logia de la palabra,^ no se limitaba al estudio de la Mineralogía: 
comprendía también la geognosia y la paleontología, con cuyas 
ciencias han establecido ramos especiales los adelantos modernos. 
En este estudio ñié condiscípulo de Weaber, de Saussure, Dolo- 
mieu y el Barón de Hnmboldt, con quien conMbuyó para ayudar 
4(á su gran maestro á echar los cimientos de la geología ha- 
ciendo huir de la Alemania la absurda teoría del ñogisto, para abrir 
paso á los luminosos sistemas de Berthollet y Lavoisier.»^ 

Con el Profesor Lempi continuó sus estudios de (j^metría Sub- 
terránea, ayudando á este sabio á escribir la obni dé una ci^ieia 
que tanto contribuyó á asegiirar su merecida fama, de cuya obra, 
escrita en alemán por encargo especial que le confirió el BeaJ Trir 
bunal de Minería el 16 de Agosto de 1802, hizo nna traducción que 
desgraciadamente quedó inédita ; y á la vez qne en el gabinete oob 
Wemer y en las minas con Lempi, cultivaba los ramos de que tanta 
necesidad tiene el minero, en el laboratorio de la Academia de 
Chemnitz, con Hupert, se dedicaba á la Química y á la Metalor- 

1 T.a palabra orictognosia se deriva del griego y consta de las dos oryhto$t 
fósil, y ffnosÍ9y conocimiento, por lo que dignifica conocimiento de los fÓBÜM. 
La palabra fósil se deríva de la tos latina fogsus^ que es el participio pasado 
del verbo /odere, excavar; y en ella se comprendían antignamente todas las 
sustancias útiles extraídas de la tierra por excavaciones directas. 

2 Miguel Velazquez de León. — Elogio fúnebre del Barón de Hnmboldt. — 
Anuario del Colegio de Minería de México. — 1859. — Póg. 72. 



j)K (tRogravía V Estadística. 211 

^a; mnios igfualineiite indispensables ni Metalurgista. Allí volvió 
é estar al lado del Barón de Hiimboldt, j del distingnido médieo 
y naturalista D. Luis Lindnert, primer profesor de Química del Co- 
legio de Minería, cuyo nombramiento) fué decretado el O de Octu- 
bre de 1798. ' 

En las minas de Freiberg y en sus Oficinas metalúrgicas, donde 
tnvo origen el sistema de amalgamación por toneles, hizo un mi- 
nucioso estudio teórico practico, y en 1791 se dirigió á Inglaterra, 
enyas principales negociaciones de minas visitó y estudió con el 
misno aprovechamiento. 

De allí pasó á Francia, donde asociado al inmortal Lavoisier^ se 
oeux>ó de preparar los fundamentos de la Química moderna; y en 
esta ocnpacion, tan útil á las ciencias y á la humanidad, lo sorpren- 
dió el cataclismo de que esa culta i>orcion de la Europa fué teatro 
el año de 179^, en que, con su ilustre compañero, estuvo á punto 
de ser víctima del espantoso desbordamiento de las pasiones más 
innobles, más groseras y más salvajes. 

Aprovechándose los ciegos partidarios del decreto expedido el 
H^ de Setiembre de ese año terrible, para corregir los abusos de la 
Administración en el ramo de Hacienda, tin diputado indigno, an- 
tiguo criado de la familia política de Lavoisier, cuyo suegro, el no- 
ble Paulze, i>or caridad lo habia recogido y educado, el malvado 
Dnpin, presentó á la Convención, en la sesión del 2 de Mayo de 
1794, nn dictamen contra los contratistas generales de los diver- 
sos ramos. Apoyado por un cómplice, de los que á los criminales 
nunca faltan, el diputado Collot d'Herbois, el dictamen tomó el ca- 
rácter de una acusación formal, la que dio por resultarlo la prisión 
-de veintisiete contratista^t, entre los que no se encontrnlm^ Lavoi- 
sier, oculto en el Louvre, donde la Academia de Ciencias celebra- 
Ini sus sesiones, por el anciano Lúeas, Conserje de la Academia; 
pero avergonzado el noble sabio de no particixmr de la suerte de 
SBL% compañeros, se presentó espontáneamente y fué reducido á 
prisión, donde se ocupó de Ja defensa de los demás, desentendién- 
dose de la snya propia. 

Bl 6 de Mayo, el inicuo Tribunal revolucionario, presidido i>or 
45l Juez d'Obrcn, xiondenó á muerte á los veintiocho aensados, cu- 

1 Para el servicio de esta Cátedra estaba Dombiado el Sr. I>. Francisco Cc- 
4oD, qaien retardando sti salida de £aropa, fué reemplazado por el Sr. Tiindnert. 



212 SociKDAD Mexicana 

yaB cal>eza8 rodaron en el cadalso el 8 de Mayo, manchando el suelo 
de la Francia con sn sangre, a los Anales de la civilización con ub 
hecho salvaje, y á la historia de la humanidad rx)n un crimen inau- 
dito. 

El Sr. del Kio, contra quien dirigió sus persecuciones y sus atar- 
ques la toi*pe canalla, tuvo que apelar á la astucia para salvarse 
de sn encono; y con el disfraz de aguador salió de ese país, domir 
nado por las furias del averno, donde según la expresión que el 
estúpido Dumas dio á Loyssel, quien á nombre del Liceo de las Ar- 
tes solicitó se a])lazara el asesinato de Ijavoisier, mientras este sa- 
bio terminaba sus experiencias sobre la traspiración y el calor ani- 
mal, «la República no tenia necesidad, de químicos.» 

Dijo bien ese insensato: una República tal como esos revolucio- 
narios la entendieron, y la proclamaron, y la pusieron ante la crí- 
tica de hi Llist4)ria y ante la vista de la posteridad, no necesitaba 
químicos, ni sabios, ni hombreas lion nulos: no nec^esitaba más que 
malvados, atrevidos v (criminales. 

Huyendo de Francia se tiasladó <i Inglaterra, donde se ocup6 
en los trabajos de las minas. 

^o pasaron inadvertidivs á la sapiz ])enetracion de los miuerot^ 
ingleses las raras cualidades que adornaban al Sr. del Rio; y que- 
riendo utilizarlas en provecho de sus negociaciones, le brindaron 
empleos tan honrosos como lucrativos que no pudo ni quiso acep- 
tar, pues la Proviílencia nos lo ttMiia reservado. 

11 

Apertura del Coleirio de Mloerín.— Xombramienlo del t$r. del Rio pam 
eatedrático de este Colegio. — Sa vl^Je, desembarco fU \ erucniE j llegada á 
esta Capital.— Apertura de la cátedra de Miuemlogrla.— Primer Acto Ptfbli- 
eo.~~Sas trabajos en favor del ramo.— Publica la primera parte de rms Ele* 
■leiitofl de Urlctoirnosla.'— SuH eMriios y tralM^OB elentfflooN. 

£1 ano de 1792 debía abrirse, como en efecto se abrió, el estable- 
cimiento creado por el título X VIH de las Ordenanzas de Minería 
en su artículo 1? 

El Gobierno Español, que prestó una decidida protección al ra- 
mo de Minería en México, á i)esar de lo que han dicho en contrario 
escritores destituidos de conocimientos y provistos de pasión, al 



DE Geografía y Kstadística. 

decretar la ereecion del Real SemiDario de Minería, r 
tarlo de nn cnerpo de profesores competentes; y además 
húyar, li quien por Real Orden, fecha 18 de Jalio de ITíí 
Director (reneral d«» Minería, para reemplazar al Sr. I 
Velazquez de León, muerto el 7 de Marzo, envió al Sr. 
Manuel del Rio, a quien expidió el nombramiento de C 
de Química* 

Al tener el 8r. del Rio noticia de su nombramiento, i 

deseo deservir de preferencia la clase de Mineralogía, á h 

dio el Rey, nombrando con fecha 28 de Octubre de 179! 

Francisco Codon Catedrático de Química, y expresando 

cencía por conducto del Ministro Gardoqui, quien se la 

el 28 de Febrero de 1793 al Marqués de Llano, residente 

el que á su vez la hizo saber al Sr. del Rio diciéndole, 

de aquel funcionario, «que no hay inconveniente en que 

peñe la Cathedra qnarta del Colegio metálico de Méxic< 

te ser este ramo el que mas á fondo ha estudiado y qu 

consiguiente mas apto para enseñarlo, que no al que ai 

bian destinado; pero siendo ya urgente la residencia de 

sores que deben ocupar estas Cathedras en aquella Cap 

Grardoqni ine dice se le prevenga á Y. para que cuanto 

gan efecto las intenciones del Rey en esta disposición, 

perdida de tiempo se ponga en camino para darle cump 

El 30 do Mayo siguiente, el Ministro Cardoqui partic 

rey Kevillagigedo, que debiendo pasar á México este P 

había dado la orden al Juez de Alzadas y Arribadas de ( 

el f^uste de su viaje, que había de pagarse en Veracru: 

gada, por cuenta «leí Tribunal, el que desde dicho día h 

el sueldo de 2,000 pesos que se le habían asignado. 

El Virey, con fecha 24 de Setiembre comunicó esta ón 
bnnal, quien en su auto fecha 2G se quejó de la falta de 
mentoB encargados á Europa, por lo que no podía abrirse < 
Qnimica, y suplicando se activara su envío, en su oficio < 
bre 26 (Documento núm. 2), á lo que accedió el Virey, 
do al Tribunal su conformidad, en oficio que le dirigió coi 
Con fecha 18 del mismo Setiembre avisó al Yírey el 
Gardoqui la salida del Sr. del Río, y el Virey la común 
bnnal el 17 de Enero de 1794. 



214 Sociedad Mekicama 

£1 2 de Agosto del citado auo de 94 ae embarcó en Cádiz, y el 
20 de Octubre desembarcó en Veracruz, á cuyo puerto llegó eu el 
navio de guerra San Pedro Alcántara, cuyo capitán era D. Fran* 
cifloo de Uerrera y Cruzat, y el 20 del mismo lo avisó el Intenden- 
te interino al Virey Hranciforte, quien el 5 de Noviembre lo comu- 
nicó al Tribunal. 

Este, aprovechando unn circunstancia que se le presentaba tan 
pi*opicia, lo cxiniisionó el 14 de Noviembre |)ara recoger y empa- 
car los útiles é instrumentos qtu^ estsiban en Venu^ruz, despnes 
de lo cual emprendió su viaje para esta Oapital, á la que llegó el 
18 de Diciembre de 1794. (DcMnunento nitni. H.) 

Ya en México el Sr. del Rio, el 8r. D. I'^austo de Elhúyar^ qiie 
lo había conocido en Sajonia, deseoso de utilizar la especialidad dé 
su instrucción en favor del Colegio que dirigia, lo estimuló á que 
abriese cuanto antes su curso. 

£1 23 de Abril el Sr. Elhúyar avisó al Tribunal haber diapüenla 
la apertura del curso de Mineralogía el inmediato Ifmes 27 ( I>a- 
oumento uúm. 4 )^ á lo qoe ese Cuerpo accedió con fecha 24 ( Do- 
cumento núm. 5). 

• a 

El 27 de Abril de 1795 se abrió eu México el primer curso de Mi- 
neralogía, cnysk ciencia es de tanto interés eu la carrera del mine' 
no. El Acto Páblico de esta clase se verificó el 38 de Noviembre, 
ante el Tribunal de Minería y una escogida concurrencia. 

Este curso, como todos los demás que formaban la asignatu- 
ra del Real Seminario de Minería, se dio en la calle del Hospicio 
de San Nicolás, donde provisionalmente se estableció este Co- 
legio. 

En la enseñanza de esta ciencia, el aprovechado discípulo de 
Werner estableció, como era natural, la interesante Esimela de su 
sabio maestro; pero sujetándola á un examen científico, desapasio- 
nado y verdaderamente filosófico, en el estudio de los combnstiblea 
y metales en cuyas clases merecen un lugar preferente los carac- 
teres químicos, sustituyó al sistema de Werner el establecido y fon- 
dado por Karsteu. 

El curso de 1795 lo dio con apuntes especiales, que coordinados 
y puestos en limpio fueron remitidos el 27 de Agosto por el Tribu- 
nal al Virrey, quien en su oficio de 16 de Setiembre dispuso que 
se publicaran ( Documento núm. O ) ; y al tocar á su término dio á 



DE Geografía y Estadística. 216 

Ift estampa la primera parte de sus elementos de Orictognosía, ' 
qae fué enviada á España y al Perú, y al Virrey y á los Ministros, 
4 los Diputados y á las Diputaciones, y cuya segunda parte publi- 
có en 1805. 

En esta obra modifica la nomenclatura que tenia adoptada y que 
en parte le era propia, pues algunos de sus términos habían sido 
propuestos por él. 

Aceptando la nomenclatura del entendido químico D. Juan Ma- 
nuel de Aréjula, liabia designado con el nombre de cay0s los com- 
poestos en que entra el oxígeno, por la propiedad comburante de 
este elemento, que es la expresada en aquella denominación; pero 
en esa época la química estaba sufriendo esa benéfica trasforma- 
don que, quitándole las sombras y los misterios con que la rodea- 
ba la alquimia, le imprimiera el carácter de verdadera ciencia. 

Los multiplicados descubrimientos de Lavoisier — dice uno de 
«ns biógrafos, ^ — la claridad de sus experiencias, el alcance de sus 
discusiones, obligaron poco á poco á los químicos á abrir los cgos; 
j en vess de la desdeñosa indiferencia con que recibieron al inno- 
vador, lo escuchaban con atención, examim^iíaii sus ideas, quedan- 
do desde este momento ganada su causa. 

Para afirmar los fundamentos de la doctrina moderna, j romper 
los laa^s de unión con el pasado, los químicos franceses tuvieron 
la idea de reformar de una manera completa el lenguaje químico, 
7 establecer para todos los compuestos una nomenclatura confor- 
me con las teorías de la nueva Escuela. 

Con tal olyjeto se reunieron los sabios Lavoisier, Foureroy, Ber- 
thollet y Guyton de Morvean, quienes formaron la nueva nomeu* 
dtotora, que dieron á conocer en una publicación especial titulada: 
^Método de la nomenclatura químieapropue%tapor lo» Sres* MorveaUy 
láavoMer, Bertkollet y Foureroy ,» cuya Introducción fué escrita por 
el aprovechado discípulo de Oondillac. 

Estaobrafné traducida á todos los idiomas de Europa, y lanomen- 
idatnra francesa fué introducida en todas las naciones cultas, que la 
adoptaron con las alteraciones reclnmadas por la índole del iáJioma. 

1 De esta obra se imprimieron 1.000 ejemplares en la cafa de D. Mariano José 
de ZúQiga j Ontiveros: sacó de costo liv impresión, $ 816 4 rs ; y la encuadirnacion- 
«n perfraroino $ 280. 

2 Fíguier. — Vidas de los sabios ilustres. 



216 Sociedad Mexicana 

Gomo era natural, el Sr. del Rio adoptó esta modificación. 

« Ya no nao— dice — ^los términos arxica/yo ó mejor arcieayo ni ar- 
•cioayado ni eayoH,^ porque el uso lia admitido oxigeno^ oxigenado j 
óxidoBj y así es inútil toda discusión sobre la materia.»* 

Como parte esencial de sus estudios sobre Laboreo de Minas, 
«scribió una Memoria en la que explica el modo más conveniente 
de dar los barrenos en las minas, cuya Memoria mandó imprimir 
«1 Tribunal por su auto de 22 de Enero de 1796, y circular á todos 
los minerales. 

Su espíritu de observación, la solidez de sus juicios y la impor- 
tancia de sus deducciones, le habían permitido relacionar los pun- 
tos que á primera vista parecían más independientes; y las relacio- 
nes establecidas, no solamente presentaban un ínteres científico^ 
sino que tenían importantes aplicaciones industríales. 

Gomo ejemplo de esta afirmación, x)odemos citar el discurso que 
ante el Beal Tribunal de Minería pronunció el 16 de Koviembre de 
1796 en el acto público de su clase, y que se insertó en el suplemen- 
to á la Q aceta de México de 18 de Enero de 1797.'' En él establece 
preciosas relaciones entre la composición de un mineral y las soa- 
tancías que en su criadero le sirv^eu de acompañantes. 

ffLa« galena» — dice en el documento citado — acompañadas de 
poca Uenda parda, de pirita, cu»rzo y mucho brunoespato, son ri- 
quísimas en plata; con mucha blenda parda, pirita, algo de cobre 
^amsurillo, cuarsso solo ó con poco brunoespato, son ricas, mas na 
tanto; con mucha pirita, blenda parda y ocre de hierro, ó en su la- 
^ar espato pesado y flúor, y cuarzo, son más pobre^ y véase nna 
•de las utilidades de las matrices en que nadie fijó la atención hasta 
ahora, sí se exceptúa el brunoespato rosado <)ue se tiene por buen 
indicio en Guanajuato y Zacatecas. 

«Lo que decimos de la plata es aplicable á los demás metales, pe- 
ro nos hemos limitado á ella por complacer á aquellos que dicen 
•que sólo la plata les importa, en lo que se engañan torpemente^* 

£n una obra que tendremos que mencionar más tarde' por la 

1 Elementos de Orictogno8ia.--2* Parte.— 1806.- -Pág. 176. 

2 En ese affo el curso comprendió Mineralogía, Qeognosla y Laboreo de Minaiw 
8 Gacetas de Méxíco.-^Tomo YIII.~Pág. 249.— Enero de 1797.— -Memorial lU 

«terario, instructivo y científico de la Corte de Madrid. — Tomo 38.— Págs. 89 á 106. 
—Julio 1797. 

4 Elementos de Orictognosia. — Parte preparatoria. ■ 



I>ia GSOGRAPÍA Y BSXATDfeTIOA. 

^T^\id«y utilidad que tiene como obra didáotíca y por 

te lugar que ocupa entre sus escritos, tratando la i 

saute cueaüon deñjar las célaekmes que ligan entre sí 

maniíestaeioaes de la naturaleza^ hace notar la conc 

laridad y uniformidad á que ésta se sujeta en sus lej 

Clones; y asentando el hecho de que «no bay criad< 

«n laEepúblicaquenotenga sus semejantes en Euro 

Américay en las partes conocidas de África y Asia,» < 

estrecha analogía entre la formación de la veta de \ 

Guanajaato y la de las vetas de Schémnitz eu Hungr 

do en esta semejanza el sabio barón de Hnmboldt. ^ 

Continuando en las mismas curiosas observaoiom 

cía de la zeolita estriada, qae se encontró á más de 

2»rofundidad, y la de la vacia grís, á que pertenece la 

Ja misma del Harze, fueron datos geognósticos quel< 

premisas, para llegar á la conclusión de que en la 

Yalenciana se reunieron dos formaciones: la de Hn 

iíannover. 

Para afirmar esta notable deducción, echaba de i 

4.'edom'a acompañada de antimonio, que abunda en 

Hungría; pero pronto se descubrió la calcedonia, \u 

ner á nnestro sabio que no tardaría en encontrarse ( 

•como en Zacatecas, que es de la misma formación que 

Procurando seguir paso por paso la interesante vi 

pasamos forzosamente por lugares en que nos enconti 

bre; y en este encuentro, el corazón se dilata, se ex( 

tía y la estimación crece cuando contemplamos al hi 

El 27 de Marzo de 1797, lo vemos acercarse al Tr 

sitando en sus manos 300 pesos economizados de su 

que por conducto de su apoderado en Madrid, IX Ju 

sean entregados á la señora su Madre. 

Muy natural, muy justa, muy debida nos parece est 
vemos repetir periódicamente ; pero ella es en alto | 
H^tiva, en cuanto á que revela que oonocia y sabia oa 
deberes de hijo, que tonto subliman al hombre, porq 
bre su cabeza las bendidones de la Madre! 
A pesar de que el servicio de su cátedra y las atenc 

1 Obra citada. — Seganda edición. — Pág. 167. 






218 Sociedad Mexicana 

lo retenian en la Gapital, su aptitud «e hacia extensiva á todos los 
puntos del país en que era solicitada su ciencia; y así^ cuando el 
29 de Abril tuvo el Tribunal noticia del descubrimiento de un cria- 
dero de mercurio, hecho i)or D. Francisco Jiménez de Gisneros^ 
en el cerro del Huamuchil, en Tétela del Bio, comisionó á su sabio 
catedrático de Mineralogia para estudiar los minerales que le fue- 
ron remitidos. 

A la vez que esciíbia sus obras, disx)onia sus colecciones y da- 
ba sus cátedras, se ocupaba, asociado con el constructor D. Pedro 
Lu Chaussé y D. Nicolás Tabuira, en la invención de una máqui- 
na de columna de agua para el desagüe de las minas, sobre la que 
el Director dio un Informe favorable, que quedó lista para mon- 
tarse el 20 de Julio, según «1 aviso dado al Tribunal, quien lo apro- 
bó en su auto de 1? de Octubre, quemando imblicar en La Gacetof^ 
en conformidad con el pedimento fiscal. 

Excediéndose, por decirlo así, en sus obligaciones, para el me- 
jor servicio de su clase, siendo insuficiente la colección existen- 
te, pidió prestada la suya al Jefe de la Expedición botánica, D. 
Martín 8eHé, y por conducto del Director gestionó su compra, que 
aprobó el Tribunal como era de esperarse. 

Al finalizar el mes de Octubre de 1799, el Seminario de Minería 
celebraba sus Actos Públicos, tocando presentar el suyo á la vhh- 
se de Mineralogia el dia 26. 

En este acto, el sabio profesor del ramo, en observancia de lo 
I>rescrito por las Ordenanzas y los Reglamentos, leyó un discurso 
sobre los volcanes, en el que impugna lo opinión que entonces do- 
minaba relativa al origen volcánico de algunas rocas, fijándose di^ 
una manera especial en el basalto, cuya clasificación es debida á 
su proximidad con los volcanes en ignición. 

Para el establecimiento de sn máquina, la aplicación de sus prin- 
cipios, la ejecución en grande escala de sus experiencias y méto- 
dos y ocuparse de una manera directa de su profesión, el 3 de 
Enero de 1799 denunció ante el Tribunal las minas de Moran v 
anexas, situadas en el Eeal del Monte, cuyo denuncio pasó al Fis- 
cal para los efectos legales correspondientes. 

El 30 de Marzo de 1802, el sabio Director del Colegio de Minería^ 
D. Fausto de Elhuyar, elevó al Tribunal un ocurso pidiéndole que 
su Secretiirio certificara, entre otras cosas, «sobre el concepto que 



DE Geografía y Estadística.. 219" 

así íA Tribunal como al público, merece D. Andrés del Kio, cate- 
drático de dicho Seminado, en cnanto & instrucción en la» ciencias 
auxiliares y propias de la Minería, y le conste así por los documen- 
tos del Archivo, como por lo demás que haya llegado á su noticia.» 

£1 Tribunal, con la misma fecha, mandó, con pn^via citación del- 
Fiscal, exi)edir la certificación solicitada, en cuyo documento, fír- 
mado el 8 de Abril, se encuentran las siguientes palabras: vquv 
D. Andrés del Bio, catedrático de Mineralogía del 8enn'uario ci- 
tado, fué enviado anteriormente por S. M. á Hungría y otros pa- 
rajes del Norte de Europa, á instruirse profundamente en todos 
loa ramos de la Minería^ y así por esto como por las pruebas que 
ha dado en la enseñanza de su clase, en la edición de la Oríctog- 
nosia y en la construcción de la máquina de columna de agua que 
ha dirigido, se le considera por el Beal Tribunal y en el concepto' 
del público con una ilustración sobresaliente en h\s ciencias pro- 
pias y auxiliares de la Minería.» 

El 7 dé Julio del mismo ano, el expresado Director del Colegio 
de Minería elevó al Tribunal iina exposición manifestándole que 
á j^esAT de los esfuerzos del diñinto D. Francisco Antonio Bata- 
llares y D. Andrés Rodrignez, encargados sucesivamente de en- 
señar la Geometría Subterránea, para formar apuntes, por la falta 
de una obra especial no se habia logrado el objeto; y proponiendo 
para corregir el mal que de esto resultaba, se comisionara al Pro- 
fesor D. Andrés del Kio, para que, acudiendo á la fuente de estas 
ciencias, tradujera del alemán una obra especial del ramo, adap- 
tándola á la enseñanza establecida. 

El Tribunal aprobó esta propuesta el 23 de Julio, extendiéndole^ 
el nombramiento respectivo el IG de Agosto. 

En el año de 1804, observando los adelantos obtenidos en la Mi- 
neralogía, que según su propia afirmación, en los nueve años tras- 
corridos desde la publicación del primer tomo de su obra sobre-* 
esta materia, habia hecho «más progresos que en otro tiempo en 
muchos siglos,» juzgó necesaria una nueva publicación en que cons- 
taran dichos progresos; y habiéndose todos ellos consignado en la 
tercera edición de la obra escrita x>or Karsten y dispuesta en for- 
ma de tablas para las lecciones de este sabio profesor de Berlín, . 
emprendió la tarea de traducirla. 

Adoptando su clasificación, según lo hicimos notar con otro mo- 



220 SooLBDAD Mexicana 

tívo, se sujetó á ella en lo geueral, iatroducienílo, uo obstante, 
modificaciones de importancia. 

Suprime las doce primeras tablas, que comprenden los caracte- 
res exteriores de los minerales, por ser los mismos de su Orictog- 
uosia; pero al consignar esta supresión, hace notar las diferencias 
que liay entre unas y otras. 

La 5*^ columna de las Tablas de Karsten, cita los autores en cu- 
yas obras se hallan las descripciones, entre cuyas obras prefiere 
la Mineralogia de Emmerling, impresa en Giessen en 1703 y 1797, 
y el entendido traductor reemplaza estas citas, que considera de 
poca importancia para !os lectores^ con la de los lugares de Amé- 
rica en que los minerales que corresponden tienen su yacimiento; 
salpicando su traducción con datos llenos de interés, que consti- 
tuyen el principio de un trabajo importantísimo: la Geografía mi- 
neralógica de México, ó la distribución geográfica de nuestros mi- 
nerale^s. 

En las Tablas de las rocas que publica Karsten después de las 
Tablas de los minerales, se nota otra modificación, por la que se 
consignan las observaciones hechas por el Barón de Humboldt, las 
noticias comunicadas por el sabio viajero al sabio traductor y los 
ejemplos que éste presenta relativos á México. 

A todo esto agrega la descripción de los minerales posterior- 
mente descubiertos, enriqueciendo su traducción con numerosí- 
simas notas, completando el primer tomo de su obra, publicado 
iiueve anos ánt^s, y preparando el segundo tomo que, como ya 
dijimos, publicó un ano después. 

En este laboriosísimo trabajo toma las ilescripciones, según él 
mismo asegura, de varias partes, «hasta de la traducción inglesa 
de las análisis químicas de Klaproth, las que uo puedo (dice) afir- 
mar sean fieles, por uo estar seguro de que los inglesen tengan ya 
un lenguiye orictognóstico bien formado.» 

Los preciosos estudios de Haüy sobre los cruceros de las hojas, 
observados directamente ó por algún carácter de relación, como 
la refracción y el viso, sobre la constancia de los ángulos de estos 
cruceros; sobre la trasparencia, el magnetismo y la electricidad, el 
orden seguido i)or Widenmann, y en una palabra, todo lo útil con- 
signado en las obras más recientes, sometido á una crítica científi- 
ca, á una discusión ra;sonada^ y á un análisis riguroso, lo aprove- 



DE Geografía y Estadística. 221 

chó para sus claras, preirísas, completas c interesantes descrip- 
ciones. 

Entre estas descripciones merece mencionarse de una manera 
especial, porqne tiene la importancia de un descubrimiento, la de 
la Plata azul de Catorce, iiublicada en La < i aceta de México del 12 
de Noviembre de 1802, cuyo análisis, que salió equivocado, recti^ 
ficó en la traducción á que estamos haciendo n»ferenc¡a. 

Dicha traducción, aunque presentada con este carácter, puede- 
considerarse como xma obra original del 8r. <lol Rio, para cuyin 
formación se sirvió de los trabajos llevados á cabo por distinguí-, 
dos mineralogistas, entre los que Karsten fijiura de una manera 
preferente; siendo este camino el único i>or el que se puede escri- 
bir sobre ciencias, piíes solamente las obras de pura imaginación 
pueden escribirse sin apoyarse en los datos alcanzados por el es- 
tudio, por la observación y por la experiencia. 

Otro descubrimiento mineralógico de importancia que le corres- 
ponde de derecho y qxie pone en relieve la instrucción de este sa- 
gaz analista, es el del Plonm pardo de Zimapan, descrito en la 
página 01 de sus Tablas, ó más especialmente ú la sustancia nue- 
va que entra en este mineral como elemcMito de combinación. El ' 
interés que esta sustancia i)resenta, merece que nos detengamos 
en los puntos principales de la historia de su descubrimiento. 

Analizando el Sr. del Rio el plomo i>ardo de Zimapan el año de 
1801, encontró que este mineral estaba compuesto de 80.72 partes 
de óxido amarillo de plomo y 14.80 de una sustancia á la que cre- 
yó llamar «j}v\meTO pancromoj ])or la universalidad de colores de 
sns óxidos, disoluciones, sales y i)rec¡pitados, y después entrono^ 
por formar con los álcalis y las tierras, sales que se ponian rojas 
al fuego y con los ácidos. » 

Muy poco tiempo ha<*ia que Vauquelin habia descubierto el cro- 
mo en un mineral i)rocedente de la Siberia, conocido con el nom-^ 
bre áe plomo rojo, qiu"^ es el cromato de ])lomo; y en los cuatro año» 
trascurridos desde 1707 en que el químico citado hizo este descu- 
brimiento, hasta el dt» 1801 en que hizo el estudio de que hacemos 
mención el Sr. del Rio, éste no habia tenido ocasión de ver el me- 
tal descubierto, y por lo mismo no lo conocia. Comunicando sus 
observaciones al Barón de Ihnnboldt, este sabio extraordinario, 
falible como lo son to<los los hombres, afirmó que el nuevo cuerpo ^ 



'222 Sociedad Mexicana 

€'ra el cromo, fundándose en algunos caraetéres qne coinciden con 
este metal. 

El Sr. del Kio, sin embargo, dio al Sr. Humboldt á su salida de 
México una copia en francés de su análisis para qne lo publicara; 
|)ero este documento, con otros muchos objetos que llevaba el sa- 
bio Barón, se perdieron en el naufragio que sufrió cerca de Fer- 
nambuco el buque en que se trasportaban. 

Veintinueve años después, es decir, en 1830, el profesor Sefe- 
4:roem, analizando un mineral procedente de Faber Joenkoeping, 
en Suecia, encontró en él un fierro de una ductilidad extrema, 
<lcl que sepan) un metal nuevo, que designó con el nombre de t?«- 
nadiunij voz derivada de Vanadis, nombre de una diosa escandi- 
nava. El profesor Featlierstonhaugh, editor y redactor de un pe- 
riódico geológico de Filadelfla, propuso que este nuevo metal se 
llamara RioniOj eu honra de su descubridor, pero ya la denomina- 
i'ion anterior estaba aceptada. 

Extendida la noticia de este «lescubriniiento, cayó, como era na- 
tural, bajo la jurisdicción de los quími(;os; y el profesor Woehler 
demostró en ese misino año, que el vanadio era el mismo metsd 
encontrado treinta años antes ]>or el 8r. del Uio en el plomo par- 
do dé Zimax)an. 

El Sr. del Rio, que ignoraba la suerte que liabia corrido su ma- 
nuscrito, se queja de la a]mrente negligencia del Sr. Humboldt 
cuando dice: «no es cromo el metal del ]>lomo pardo, sino ranadiOj 
el mismo, mismísimo <]ue yo llamé pancromo y eritronio en la pá- 
gina 61 de mi traducción citada. * Allí expongo el trabajo que hi- 
4;e, bastante exacto para aquel tiempo, que comuniqíu^ al Barón 
de Humboldt, á quien suponia bien impuesto en los caracteres del 
<5romo; y así le fué fiicil persuíwlirme de que lo era el mió. A su 
calida de México le di, sin embargo, uiui <5opia en francés, de mis 
ex]>erimentos, para que los publicase: si los hubiera juzgado dig- 
nos de la luz pública, habrían excitado la curiosidiul de los quími- 
cos, y no hubiera tardado treinta años en dcncubrirnc el metal nuevoj 
que es la objeción que me hacen ahora, sin culpa mía. 

«Ni siquiera enseñó á Descx)tils la copia de mis experimentos, 
pues como era químico, los liabria apreciado más, los hubiera re- 
jietido, y cx)n los conocimientos (¡ue tenia del cromo, que á mí 

1 Las Tablas: MincralógicHH de Kaisten. 



DK (fSOaR>LFÍA V ESTADÍ8T1GA. 223 

me faltaban, le habría si(k> fácil decidir que era diverso metal.)> ' 

Ketocaiido catorce aüos después este punto al asentar sus ideas 
sobre la nomenclatura mineralógica, se expresa así : « Los mejores 
nombres son los que indican alguna propiedad característica^ co- 
mo ortoclasia, anhidrita, apofílíta, escolecita, etc., que son pocos 
por desgracia. 

Así llamé yo eritronio á mi nuevo metal, por la bella propiedad 
característica de que sus sales blancas de amoniaco, potasa, sosa, 
barita, cal, etc., se vuelven, al fue^o y <x)n tocar una sola gota de 
ácido concentrado, del más hermoso rojo escarlata, y si es más 
ñojo, primero amarillas y luego rojas: propiedad que no conviene 
á ninguna otra sal metálica; pero %ic vos twn vobi8j el uso, que es 
el tirano de las lenguas, ha querido que se llame Vanadio j por no sé 
qué divinidad escandinávici^ más derecho -agrega en tono satírico 
— ^tenia otra mexicana, qtíe ensiut tierras se halló treinta años ántes.y^ ^ 

ifYo — dice en una oportuna nota — no me sentí ni poco ni mu- 
cho, porque lo que interesa á las ciencias son los descubrimien- 
tos» y no el nombre del que los hace. 

Impulsados por lahistoriade este descubrimientoquehacehonra 
H nuestro pais y á nuestro sabio, nos hemos adelantado cerca de 
medio siglo; y advertidos por el orden trastornado, nos vemos obli- 
Pfados á retroceder hasta el año de 1802 , en que hallamos al descu- 
bridor de la plata azul de Catorce; y en seguida al de 1804, en que 
nos encontramos al laborioso autor dando la última mano á la Se- 
gimda Parte de su Orictognosia, que el Tribunal envió al Virey el 
^1 de Julio solicitando el permiso para su publicación, concedido el 
6 de Setiembre, merced á lo que vio la luz en 1805 ; al experto quí- 
mico, asociado á su aprovechado discípulo I). Manuel Gotero, ana- 
lizando en su laboratorio un nuevo mineral procedente de los Mi- 
jes de Oaxaca; al profundo mineralogista, describiéndolo en su 
gabinete, y al sabio descubridor, dando á conocer un mineral nuevo 
y añadiendo al catálogo de los minerales conocidos la marganesa 
sulfúrea. ^ 

1 Elementos de Orictognosia. — Paite práctica. — Segunda edición. — Filadelfia. 
—1832.— Págs. 484 y 486. 

2 Elementos de Orictognosia. — Parte preparatoria — Segunda edición. — Méxi- 
co— 1846— Pág. 150. 

3 Posteriormente se ha encontrado este mineral en el Estado de Puebla, Dis- 
trito de Libres, Municipalidad de Tepeyataualco. 



224 Sociedad Mexicana 

En 1h 4l<»Acripeion de este mineral no pasa inadvertido á sa con- 
cienzuda y Heyera crítica, el carácter especial qne de la uatoraleza 
de los cruceros se desprende, tomando de él un argumento pode- 
roso contra el pensamiento de tomar la forma cristalina como fun- 
damento para la clasiflcacion. 

Mientras en el laboratorio interrogaba á los minerales con los 
reactivos y on el gabinete fijaba sus caracteres con las descripcio- 
nes, i'n la cátedra derramaba la instrucción en sus alumnos, no 
solamente explicándoles las lecciones como maestro, sino prepa- 
rándolas y disponiéndolas como autor. 

Además de la Mineralogía y la Geología, daba el curso de ex- 
I>lotacion de Minas, que era entonces conocido cou el nombre de 
Arte de Minas. 

Sobre este ramo tan esencial en la carrera del minero, escribió 
un tratado, en el que se ocupa de las nociones geognósticas que 
coutiibuyen á la determinación de los criaderos, fijando los prin- 
cipios y deduciendo reglas prácticas para su aplicación : da á co- 
nocer las obras que constituyen las excavaciones: las define, las 
describe, las compara y las discute, sometiéndoIa.s á un minucioso 
estudio, (»n el que se ocupa de su naturaleza y de su conjunto, sin 
perder ni el nuís x^equeño de sus detalles: entra en consideracioue» 
esi)eciales respecto de las diversas clases <le madei*as, dediuíiendo 
sus ventajas de sus propiedades: hace presidir en mis reglas la más 
prudente economía al aconsejar las labores de reserva: detalla los 
sistemas de laboreo, las herramientas, las variaciones de estas con 
relación á la dureza de la roca, las diversas operaciones del tuní- 
be, trasporte, extracción, limpia, ventilación, ^rtifícacíou, distri- 
bución de trabajos, cálculo de máquinas, ct<*., etc., aclarando sus 
cxT)licaciones con figuras dibujadas en el cuerpo del libro. 

Esta obra quetló inédita, y de desear seria su impresión á pesar 
de que los adelantos de la época la hacen in.suticient/e; pen) con- 
tiene detalles que faltan en las obra^ moilerna^ de explotación. ^ 

Además <le esta obra y la de Geometría Subterránea de que ya 

l Kd la edición quede las Ordenanzas de Minería lii/o on ParU ia ca«a eJiíu. 
ríal de RoAa, Bourel y O*, el aüo de 1861, se pone al fíu un extrAciu de enta olna. 
en la parte que se refíere á laboreo de las minas; y el Decreto núin. '¿9 del l^ptudo 
de México, correspondiente al 2 de Junio de 1861, permite ((ue Us minas se Isbrt^f» 
conforme á las doctrinas de este sabio profesor» 



DE GeoukafIá y Estadística. 225 

hicimos menciou, quedaron inéditas otras ouyo iuterós lo pone fue- 
ra de duda la suficiencia de su autor: un Tratado especial de Cris- 
talografía, traducido del alemán; otro de Filosofía, y muchos de 
sus discursos mineralógicos y geológicos leidos en los Actos públi- 
cos de su clase. 

III 

8a riB¡e á Coalcoman./— Entableclmlento de ana F«rrerfa.'-^alkfactorios 
resoltados. — Votáis de grracias.-^Sa yaelta á la Capital.— Se aprueban tüís^ 
fieatas j se le decreta un premio por sus trabajos j serTicios. 

Al mismo tiempo que este distinguido profesor difundía en su 
cátedra la instrucción entre sus discípulos, el experto minero ha- 
cia aplicaciones de los principios científicos para el desaiTollo de 
ia industria en el terreno de la práctica. 

Nadie ignora que en el Distrito de Goalcoman, perteneciente al 
Estado de Michoacan, se encuentran, entre los yacimientos de di- 
versas sustancias metálicas y no metálicas que tienen interesantes 
aplicaciones industriales, extensos y abundantes criaderos de fie- 
rro, que producen este metal, de clase suprema. En diversas oca- 
siones se ha tratado de explotar estos privilegiados criaderos, sien- 
do la primera á principios del presente siglo, en que la escasez de 
fierro, causada por la guerra entre España é Inglaterra, se hacia 
sentir en los trabajos de las minas de plata, para cuya explotación 
comenzaba á faltar la herramienta. 

El Beal Tribunal de Minería, deseoso de atender á esta necesi- 
dad tan apremiante, resolvió explotar los mencionados criadeix)s 
y establecer una Perrería para beneficiar los minerales explotados; 
y procediendo con el acierto, que era el alma de todas sus deter- 
minacioneSy instruyó un exx)ediente sobre este punA^ que con el 
dictamen de »a Fiscal pasó al Dii^ctor General del ramo el 2 de 
Junio de 1805, á fin de que informara sobre los puntos en él con- 
tenidos, indicando la persona de que el Tribunal podría valerse 
I>ara reoonocer los criaderos, estable(*.er y dirigir la negociación 
é instniir á los operarios. 

£1 Sr. filhuyar propuso al Sr. del Kio como la persona más á 
pro|>ós¡to para este delicado cargo; y el líeal Tribunal, en su auto 
de 5 de Agosto, comisionó á este sabio i)rolesor para que pasadas 
las aguas se trasladara á reconocer y estudiar los puntos señala- 

29 



226 Sociedad Mexicana 

dos por el Director, y eu el más conveniente establecer y dirigir 
•una Perrería. 

£u el mes de Noviembre se le dieron los fondos necesarios para 
tlísponer su viaje, y el 24 de este mes se trasladó á üoalcoman, que 
fué el lugar en que debia emprender sus trabajos. 

Xo pasó inadvertida íi las dotes administrativas del 8r. del Kio 
la necesidad de tener dispuestos con <»port unidad los fondos nece- 
sarios para emprender y desarrollar los trabajos conducentes á un 
trabajo nuevo, complexo y delicado; y para atender á este punto 
tan esencial, llevó cartas de crédito y órdenes para la Factoría de 
Valladolid y para el comercio: mas no considerando estos medios 
suficientemente eficaces, con fecha 9 de Diciembre solicitó del Tri- 
bunal de Minería recabase una orden especial del Director de la 
Uenta del Tabaco, para que en la citada Factoría y sus dependen- 
cias se le cubrieran los libramientos que hiciera á cargo del refe- 
rido Tribunal. 

Desde su llegada áCoalconuui se ocupó de reconocer los criaderos 
de fierro y las fundiciones establecidas, encontrando estas defec- 
tuosas, entre otras razóneos, piu* el soplo con brazos, y aquellos, 
explotables; notando la e^ca^M^z de gente, que se propuso remediar, 
recibiendo operarios de Zapotlan el Grande, Apazingan y Colima. 
A la vc*z recogió noticias de la localidaiU y conforme á ellas, con 
'fecha H i\v Enero xle 180G, ' indicó al Tribunal la conveniencia de 
rec(ni(MHM' los criaderos de Lalo y San iSelmstian, inmediatos á Za- 
potlan el (iraude, cuya indicación a]irolK) el Tribunal cx>n fecha 
2U de Enero. 

El 2 de Marzo rindió al Tribunal el Informe correspondiente, y 
«del reconocimiento hecho 4le los criaderos del Halo Chico, junto 
á Maquilí, jdtl de San Sebastian, junto á Zapotlan el Grande^ y 
ile los del Halo Grande, i*on una travesía de 200 leguas, resultó 
•que los minerales de Zapotlan y del Halo Grande, de hierro mag- 
nético y rojo con algún espejado, todo revuelto, son pooo á propó- 
sito para fundirlos á la catalana, y menos para producir acero, 
aunque en el país saquen alguno á costa de muchísimo carbón. 
Los del Halo Chico, de hierro pardo, como aquí (Coalooman), y 

1 En la carta oiiginal aparece 1805; pero esto es una equivocación de! escri- 
liiente en que frecuentemente se incurre al comenzar nn año. La fecha de la 
•con testación v la fccuela del ne^^oeio, fundan es«te areno. 



DE Geografía y Estadística. 227 

<1e aguas y matteras abundantes, serían muy buenos si no fuera 
por la escasez de gente y la diflculta4l de la extracción del hierro 
y acero que se labrase, mayor aún que la de aquí (Coalcoman), 
por cualquier rumbo que se quisiera hacer, en virtud de la aspe- 
reza de los caminos.» * 

Al regreso de su larga expedición, se ocupó en buscar un sitio 
á propósito para aprovechar el agua del río de Aztala, decidiéndo- 
se después de tres nivelaciones, por uno que, necesitando 3,300 
varas de zanja, era preferible á otro que no demandaba más que 
500, por tener en éste que abrirse el acueducto en roca dura, y 
aquel en tierra vegetal. 

Con fecha 23 del mismo informó al Tribunal sobre los abusos 
cometidos en la aplicación y cobro de los impuestos, cuya conse- 
cuencia inmediata era la falta de gente y la escasez de víveres; 
inconvenientes graves para establecer una Negociación de esa im- 
l)ortancia. 

El 20 de Abril avisa haber recibido cuarenta trabajadores, y 
abierto 350 varas de zanja, y el 4 de Mayo, aunque con muy pocí^ 
gente, pues la que con trabajo recibia Ja ahuyentaban los tribu- 
tos, tenia 1,500 varas de atarjea; había construido la carpintería 
y herrería, formado el plano de la fábrica que sometió á la apro- 
bación del Tribunal, y denunciado la mina de Cochistla, á cinco 
leguas, «cuyos metales son los mejores y más abundantes de los 
contornos. » 

El 18 de Mayo informa tener abiertas 2,700 varas de atarjea, 
casi conclnido el depósito de agua ])ara las máquinas, en activi- 
dad el corte de maderas, la fabricación de adobe y teja y la que- 
ma de la cal. 

En su carta del 25 ile Mayo, informa al Tribunal «que están 
^abiertas 3,000 varas de las 3,300 de atarjea, y corre el agua i)er- 
lectamciite p<n* ella: que en la semana próxima se acabará el ca- 
marado ó depósito del agua, tirando á acabar la atarjea antes de 
las aguas, para que la poca gente que hay se reúna después tmla 
en la fábrica.)» El camarado, en efecto, quedó concluido el 1** de 
Junio y la atarjea el 25. 

En estos trabajos el Sr. del Río tuvo que luchar con la escasez 
de gente, con la carestía de víveres, con el excoso de lluvias y con 

1 Palabras textuales del Informe original. 



228 Sociedad Mexicana 

la impertinencia de los alcabaleros, qne le cobraban alcabala por 
las herramientas, maderas y útiles introducidos, contra cuyas pre- 
tenciones se quejó al Real Tribunal con sobrado fundamento. 

Para atender la necesidad causada \}ov la carestía de los artícu- 
los de primera necesidad, íicopió maíz y frijol, logrando C4>n esta 
medida evitar el inmwlerado aumento en el pre<*io á qne estos ar- 
tículos se elevan en la estación de las lluvias. 

También consagró su previsión y su actividad al interesante 
pun(o de los caminos, excitando A las autoridades, ya por sí, ya 
por la mediación del Tribunnl , para que procediesen á hacerlos 
transitables. 

Con fecha 14 de Diciembre indicó al Tribunal la <»onven!encia 
de solicitar la exención de derechos iiara el fierro y el acero que 
se fabricaba en el país, logrando entre tanto, con sus gestiones, 
su empeño y la fuerza de su persuación, que se disminuyeran los 
impuestos á los artículos que los «causaban, de los que tenia nece 
sidad el establecimiento que se estaba formando. 

En el Informe que (íon fecha 15 de Marzo de 1807 remitió al Tri- 
bunal, «el dinero — dice — que va gastado hasta ahora que estamos 
á punto de empezar á fundir, es <rasi la mitad de lo que expuso á 
V. 8. S. en su informe, que costaría esta fábrica, I). Pwlro Ace- 
vedo, dueiío de ferrerías en Asturias, á quien, por lo versado que 
suponía en el ramo, propuse á V. S. S. para que se sirviesen darle 
esta comisión. Yo no sé si este señor preveeria la« dificultades que 
hemos tenido que vencer aquí con dinero y con tiempo, por las 
cuales, con el Ijeneplácito de V. S. S. me hubiera resut»lto á esta- 
blecerme en Zapotlan ó en otra parte, á haber sido los metales los 
mismos que aquí. 

fí Lo cierto es que él sólo nie hablaba de un horno, y nosotros he- 
mos levantado dos; y que él hablaba de fuelles de madera, y nos- 
otros hemos puesto bóvedas de 30 pies de altura, qué sólo podían 
afianzarse en las pareóles de una fábrica de bastante elevación^ 
Además, hay de este dinero muchos enseres vendibles luego lue- 
go, y yo me propuse que esta fábrica fuera un modelo para otras, 
muclias semejantes. » 

Ya el 12 de Abril estaba lista la galera de metales, en conclu- 
sión el mortero, en corriente el canaleo, puesto el yunque y el mar- 
tíñete, y en disposición de funcionar las trompas y los hornos: el 



DE Geografía y Estadística. 229 

barro refractario bacía falta, siu embargo, pues después de ensa- 
yar luás de cuarenta clases, hubo que servirse de uua que sólo 
podia suplir provisiouahnente. 

Cou un soplo excelente, un nuirtinete muy bueno, con uu barro 
acoi>table y con una construcción bien meditada y perfecta, se co- 
lueuzó a fundir el 2Í) de Abril de 1807, siendo los primeros lances 
dirigidos exclusivamente por el Sr. del Rio y los jóvenes alumnos 
de Minería que lo acompañaron. 

Corregidas las imperfecciones notadas en las primeras exi)erien- 
cias, hicieron otras fundiciones, de las que sacaron de 18 arrobas 
de metal, 4 arrobas 17 libras de fierro de buena calidad. 

En estas experiencias hubo un incidente que pone de relieve la 
lealtad y la modestia del Sr. del liio, de cuyas cualidades más de 
un testimonio encontramos en su ejemplar y larga vida. 

Trabajaba á su lado uu maestro herrero llamado Dionisio Pilla- 
do, quien creyéndose más competente que su entendido director, 
pidió á éste uno de los hornos para hacer unos ensayos á su modo; 
y el Sr. del Rio «se los he franqueado — dice — luego luego, pues 
mi deseo es que salga bien la cosa, y sea quien quiera el que la 
saque mejor.» El resultado fué poco satisfactorio; y el Sr. del Rio, 
a.1 dar cuenta de él al Tribunal, dice con una moderación que le 
honra: «Pillado no ha salido muy bien; pero son los primeros ex- 
perimentos. » Sin embargo, el horno quedó inutilizado, y hubo ne- 
cesidad de reponerlo. 

Los trabajos hechos y los resultados obtenidos por el Sr. del 
Kio le merecieron un voto de gracias, que el Tribunal le dirigió 
el 1? de Julio en términos muy lisonjeros. 

Con fecha 12 del mismo dice al Tribunal: «En cinco ó seis ho- 
ras fundo 24 arrobas de metal crudo, y saco zamarras caldeadas 
de 6, 7 y 7¿ arrobas de fierro estirado, tanto, como se puede con 
el pequeño martinete , al que estamos tratando de sustituir otro 
mayor, mientras Pillado acaba los cilindros. Sin embargo, no me 
doy por satisfecho, y espero más producto de mis hornos frauce- 
ees en cuanto los fundidores se impongan mejor en la maniobra 
de ellos, por estar acostumbrados solamente al castellano.» 

Pronto sus esperanzóla se vieron confirmadas, como que tenían 
por base la inteligeneíiHBlila buena fe; pues en su Informe al Tri- 
bmial, de 2G de Agosto, decia: «Esto va cada dia mejor, á Dios 



230 Sociedad Mexicana 

gracias. Autes de a3'er fundí en seis horan y medía 30 arrobas de 
ana clase de metal crudci, y el pro<hieto fué 9 arrobas 15 libras de 
fierro; y ayer he fundido la misma cantidad de otro metal, tam- 
bién crudo, en el mismo tiempo, y me lia dado una hermosa zama- 
rra de 11 arrobas v 10 libras. 

« Sigo sacando 1)olaH ó zamarras de U y 12 arrobas, limpias, en 
el espacio de seis á siete lioras — decía el 9 de Agosto — y de cual- 
quier uio<lo están ya vencidas las dificultades de la fundición, de 
suerte qile no necesito realmente de fundidor ninguno. » 

El Tribunal de Minería,. justo apreciiulor del mérito del Sr.de) 
Kio, le expidió un nuevo voto de gra<Mas el 23 de Setiembre de 1808. 

Desde tiempo inmemorial los peritos facultativos en el ramo de 
Minería, han tenido que luchar con la ox)osicion de los puramente 
prácticos, que no soportan ni pueden ver con indiferencia á lo» 
testigos de su tori)eza, de sus errores y de su ignorancia. 

Así pasó á nuestro D. Andrés con el ya referido Dionisio Pilla- 
do, quien después de separado de la Ferrería por inepto, se per- 
mitió presentar el 7 de Noviembre una acusación contra su direc- 
tor, que el Tribunal recibió con el desprecio que se merecía. 

En el plan de trabajos, gastos y productos que presentó al Tri- 
bunal el 8 de Noviembre, calcula en 12 pesos el costo del quintal 
de fierro. Este plan fué aprobado por el Tribunal, quien dio sn 
aprobación el 25 del mismo mes. 

El 17 de Diciembre falleció el Administrador D. .Juan Manuel 
López, siendo nombrado interinamente por el Sr. del Rio, el alum- 
no del Colegio de Minería, D. José Mariano de Oteiza, quien por 
enfermedad déla señora su madre salió para la Capital el 2 de Ene- 
ro de 1808, regresando el 10 de Marzo, acompañado de D. Rafael 
Gardoso. 

El continuo trabajo, el nud clima y el conjunto de circunstan- 
cias en que el Sr. del Rio se encontraba, le desarrollaron un reu- 
matismo que puso en peligro su vida, afectándole el cerebro: por 
fortuna pronto se restableció, quedando en aptitud de continuar 
sus trabajos. 

El 24 de Octubre quedó concluido un nuevo martinete de 50 arro- 
bas; y el alumno 1>. Manuel Herrera pidió licencia para regresar 
á México á curarse. El 7 de Diciembre 9il|6 con una honorífica re- 
comendación del Sr. del Rio. ^ <* 



DE Gkogbafía y Estadística. 231 

£1 4 de Diciembre presentó el Sr. del Bio uua cuenta generali 
de los gastos erogados en la fundación de la Perrería llamada de 
Guadalape, desde el 2o de Noviembre de 1805 hasta la misma fecha 
de 1808, la que arroja un total de 86,641 pesos O reales i de real. 
La calidad del fierro no dejó que desear: de la primera remesa 
que hizo á Ouan^juato, adonde llegó el 18 de Agosto de 1808, el 
Sr. Casimiro Ghovell, Administrador de Valenciana, tomó cuatro 
trozos para experimentarlos, y tan pronto como hizo la experien- 
eia, compró toda la cantidad existente; habiendo tenido igual aco- 
gida las remesas posteriores. 

El acierto con que fué establecido y guiado el tratamiento me- 
talúrgico, unido á la buena clase del fierro, dieron el resultado que- 
era de esperarse; y el mismo Sr. del Rio, fijándose en las piezas 
más delicadas, en cuanto á que miis necesitan toda la solidez y 
resistencia que sólo puede dar un tratamiento perfecto, las alma- 
danetas de los mazos y las chapas de los morteros, afirma que es- 
tas piezas resultaban de mejor clase y de mayor duración que la» 
de Vizcaya. 

Organizada la marcha de la Negociación, el 12 de Abril de 1809* 
pidió {)ermiso al Tribunal para retirarse de ella, proponiendo á los 
Sres. José Mariano de Oteiza y Rafael Gardoso, para quedar al 
frente del Establecimiento. El Tribunal manifestó su conformidad 
el 26 del mismo, disponiendo quedara Oteiza en primer lugar y 
Caldoso en segundo. 

A principios de Mayo salió para Guan£guato, de donde ofició el 
29, llegando en seguida á la Gapital. 

En la cuenta presentada de los gastos desde 25 de Noviembre 
de 1805 hasta igual fecha de Abril de 1809, los gastos ascendie- 
ron á 98,509 pesos 2^ reales. 

Con una minuciosidad que revela su dedicación, con una exac- 
titud que pone en relieve su lealtad y con un orden que es el ma- 
yor testimonio de sus dotes administrativas, presentó el dia 9 de 
Noviembre de 1810 la Guenta General de la Negociación por los 
tres anos cinco meses que la tuvo á su cargo, en la que aparece 
un saldo á su favor de 416 pesos 5'¿ leales. Prueba irrecusable de 
la pureza de su manejo. 

Esta cuenta fué presentada al Sr. Lazo de la Vega, Fiscal Con- 
tador de Minería, por auto de 10 de Noviembre, quien en una mí- 



232 Sociedad Mexicana 

imciosa glosa hace alguuas observaciones eu su pedimento de 8 
de Octubre de 1811, El Tribunal, en auto del dia 10, pasa el pe- 
dimento al Sr. del Rio, por quince dias, para que informe; y este 
siííior, con fecba 24, rinde el Informe pedido, en el que somete á 
un riguroso análisis cada una de las catorce observaciones que se 
le hacen por el Fiscal, á cuyo poder vuelve el expediente por auto 
<lel 25, quien repitió su pedimento modificado en el sentido de las 
observaciones hechas el 16 de Noviembre. 

£1 resultado de la comisión desempeñada y los trabajos inipen- 
ilidos por el Sr. del Rio fué de tal manera satisfactorio, que el 
mismo Fiscal Contador, en su pedimento fecha 5 de Noviembre de 
ISll, se expresa en estos términos: «Los servicios que hizo se re- 
comiendan por cualquier aspecto que se consideren, pues la Fe- 
rrería se calificó, y con sobrado fundamento, no sólo útil, sino 
necesaria para beneficiar á los mineros. Su establecimiento de- 
mandaba la particular instrucción y conocimientos que poseía el 
indicado D. Andrés, y además un trabajo no común, á causa de 
que cuanto se iba á hacer era nuevo eu el Reino; y si á estas con- 
sideraciones se une la de que aquellos climas son tan perjudiciales 
ú la salud, que apenas hubo quien se empleara en la Negociación 
que no la perdiera, debe confesarse que así por lo expuesto, como 
por haberla dejado en buen establo el referido D. Andrés, se gran- 
jeó un distinguido mérito. Que por él sea acreedor á premio, no 
puede reducirse á cuestión; pues las naciones todas, por bárbaras 
que sean, han convenido en el principio que dicta la voz de la Na- 
turaleza, de que deben compararse los premios con los servicios. 
En esta atención, siendo del agrado de V. S., se servirá declarar 
tenerlo merecido los hechos por D. Andrés, y graduar el que es- 
timare corresiKMidiente á ellos.» 

El Tribunal, compuesto de los Sres. D. José Mariano Fagoaga, 
Administrador^ I). Fausto de Elhuyar, Director; D. Fermín An- 
tonio de Apeziechea, D. Pedro Galindo; Fiscal, D. José Domingo 
Lazo de la Vega y Secretario, D. Fernando Tamayo, dispuso, en 
•en su auto de S de Noviembre de 1811, se diera al Sr. del Rio una 
gratificación á razón de 100 pesos mensuales, iK>r los tres anos 
cinco meses que estuvo al frente de la Negociación, librando á 
<^argo del Factor una Libranza por los 4,100 pesos á que asciende 
«sta oantidaiL 



DE Geografía y Estadística. 233 

• 

Con toda intención nos hemos detenido en esta historia, porqne 
ála vez que el Establecimiento á que se refiere es una de las prin- 
cipales obras del Sr. del Bio, cuyo examen forma parte de nues- 
tro programa, marca una época notable en los anales industriales 
de nuestro país. 

A la separación del Sr. del Bio, siguió dirigido por el Sr. Otei- 
sa, 7 hubiera segni<lo progresando si no lo hubieran destruido loa 
trastornos de la insurrección, que acabaron con él en Octubre de ^ 
1811. 

Hé aquí los términos en que refiere este hecho un historiador 
digno de fe. ^ 

«Teniendo noticia de que los insurgentes dueños de la Ferreria 
de Goalcoman, establecida por el Tribunal de Minería durante la 
escasez de fierro que causó la guerra con Inglaterra para prever 
de éste á las minas, se aprovechaban de ella para fundir cañones^ 
municiones y otros útiles de guerra, y siendo de temer que desde 
aquel punto intentasen atacar á Colima, hizo Cruz que marchasen 
de esta ciudad dos divisiones, la una á cargo del Subdelegado 
de la misma, D. Juan N. Cuéllar, y la otra bajo las órdenes del 
Capitán D; Miguel de la Mora, para que siguiendo diversos cami* 
nos, cayeran á un tiempo sobre Coalboman, impidiendo la fuga 
de los insurgentes. 

ir Esta combinación no pudo tener efecto x>or obstáculos del ca- 
mino, que los de Coalcoman intentaron defender, aunque luego 
lo abandonaron, y Mora llegó antes que Cuéllar á aquel Mineral, 
en el que encontró gran cantidad de fierro fundido, é inutilizó las 
máqainas, no pudiendo dejar guarnición, con lo que se perdió el 
gasto muy considerable que se hizo para plantearlas.» 



IV 

ComisloDeg clentífleas.— Criaderos de mercurio.— 8a nombramiento do 
Diputado á liu Cortes Espafiolas.— 8a regreso ai país.— Su ingreso al Tri» 
banal de Minería.— Naeros descabrlmientos. 

Desde que el Sr. del Rio llegó á esta Capital, después de haber 
prestado á nuestro país un servicio de tan notoria importancia, 
el Tribunal de Minería, que en su empeño por impulsar y favoro- 

1 Niceto de Zamacois: Historia de México, tomo VII, págs. 593 j 591. 

80 



234 Sociedad Mexicana 

cer este ramo no perdía de vista los medios más adecuados para 
proceder con acierto, le confió los reconocimientos más delicados 
respecto de los criaderos de mercurio que le fueron propuestos y 
que más directamente debían influir en asunto tan esencial. 

En Marzo de 1810 le encardó el de la mina de mercurio llamada 
Santa Gertnidis, inmediata á la Hacienda de Pregones, en el Mi- 
neral de Tasco; y en un bien meditado informe, que en desempe- 
ño de esta comisión rindió el 20 del mismo, describe bajo sn as- 
pecto geológico, geognóstico, mineralógico y minero, esta veta y 
la de plata de Negrilla que está al Norte; y fundando sus juicios 
en los hechos observados y en las consecuencias deducidas, in- 
dica los trabajos que deben emprenderse y los términos de llevar- 
los á cabo. Estas indicaciones fueron aceptadas por el Tribunal, 
quien con fecha 21 ordenó al Sr. Alvarez üoria (D. José Mariano), 
86 sujetara á ellas en la continuación de los trabajos. 

En Junio del mismo afio salió con el mismo objeto, en compañía 
de su discípulo D. Manuel Herrera, que había estado con él en 
Goalcoman y cuya aptitud le era conocida. El 1? de Julio llegó al 
Mineral de Atarjea, y el 4 rindió un completo Informe, en que ha- 
ce constar la formación de las montañas de caliza alpina, que al- 
terna con piedra fétida, piedra de toque, betún marga y hierro 
pardo; la naturaleza é importancia de las llamadas vetas de la 
Victoria y los Bemedios, que no son sino capas cuya posición fija, 
cuya composición estudia y cuya espectativa prevee; los elemen- 
tos geognósticos que contienen estos puntos y otros del Cerro 
Blanco, terminando con una opinión definitiva, fundada en impor- 
tantes observaciones. 

El 19 de Julio remitió al Tribunal otro Informe relativo á la ex- 
ploración hecha en Gasas Viejas. 

En este documento comienza por fijar la formación del terreno, 
en el que la arenisca está sobrepuesta al pórfido y sirve de arma- 
dura á la veta del Santo Cristo de Chalma, en cuya composición 
domina otra arenisca que en los trabajos profanos se había con- 
fundido con la primera: estudia también la composición de la veta, 
en cuya profundidad se tenían grandes esperanzas, que destruyó 
el pronóstico del sabio profesor, quien aseguró que desaparecería 
al entr<ar al pórfido, opinión confirmada por el cuele seguido en 
los trabajos. 



i 



PE Geografía y Estadística. 235 

Extendió su estudio al Vallecillo y otros puntos, estableciendo 
relaciones geológicas interesantes. 

En esta excursión fué atacado de una angfna qne lo obligó á 
gnnrdar cama, haciendo que entretanto el Sr. Herrera se trasla- 
dara al punto llamado La Campana, de que el Sr. Cura D. Andrés- 
Hinojosa les babia hablado, hiciera el estudio y recogiera los ejem- 
plares necesarios. 

El 26 de Julio rindió su último informe de Casas Viejas, de cu- 
yo punto salió el 27 para visitar los yacimientos liidrargiricos de- 
Pozos. Allí estudió las minas del Llano, Animas y San Eafael , en^ 
centrando en esta última una veta en caliza de transición, sobre- 
puesta á la vacia gris, en cuya veta reconoció ciertas semejanzas 
eon las de Almadén, por la presencia del espato calizo y el pesa- 
do entre las matrices. Proyectó una obra de investigación bien 
medit'ada, que propuso al Tribunal se encargara al Sr. Herrera^ 
en su informe fecha 4 de Agosto, dirigido del Eincon de Centeno^ 
adonde se trasladó con sus interesantes exploraciones. 

A consecuencia de haberse reagravado su mal de garganta, co- 
misionó al Sr. Herrera para ir á Onanajuato á estudiar la mina 
de San Bafael, trasladándose él á Querétaro, donde el 1? de Se- 
tiembre dio aviso al Tribunal de su regreso á México. 

De nuevo en la Capital, se ocupó desde luego de su clase de Mi- 
neralogia, derramando la instrucción que en tan alto grado poseia, 
no sólo en sus lecciones, sino en todos los puntos en que con tan- 
to empeño se pedia y con tanto provecho se utilizaba. 

El 12 de iíoviembre de 1814 dispuso el Virey Calleja que se 
nombrase un catedrático del Colegio de Minería para que, asocia- 
do al individuo nombrado por el Superintendente de la Casa de 
Moneda, examinara el proyecto de D. Tomas Eodriguez Campo- 
manes, para separar el oro de la plata de un modo fácil y ecenó* 
mico, presenciase las experiencias que debia hacer el inventor y 
rindiese sobre su utilidad el informe correspondiente. 

lia naturaleza de esta comisión era delicada, y por esto fué de- 
signado para ella el Sr. del Eio, á quien noiUbró el Tribunal por 
sa decreto fecha 15, comunicándole el nombramiento respectivo; 
«on inserción del Decreto del Virey el 17. 

Ix>s extensos y profundos conocimientos que poseia en este ra- 
mo, hicieron que el Tribunal de Minería lo recomendara de una 



230 SociKDAD Mexicana 

mniicra especial para la dirección de las Gasas de Moneda provi- 
sioiíales, el IG de Agosto de 1815. 

Deseando utilizar "su instrucción en favor de la enseñanza, por 
]a que este respetable Cuerpo tuvo siempre el empeño más deci- 
dido, el 10 de Julio de 181G lo nombró catedrático de Gramática 
Castellana é idioma Francés, cuyas clases liabia ya servido y esta- 
ba sirviendo con el carácter de interino. 

Otro trabajo de nuestro entendido minero, digno de mencionar- 
se, lo constituye el establecimiento, en la mina de Moran, déla 
máquina de columna de agua. 

La mina de Moran, abierta en la veta del mismo nombre, en el 
Beal del Monte, presentaba, á la corta profundidad de 75 varaSi 
labores más ricas que las de la veta Yizcaina; extrayéndose de 
ellas metal de fuego de 100 y 110 marcos por mouton; pero laaflaen- 
cia de agua obligó á abandonar los trabaos, x>ara cuya continua- 
ción se trató de establecer el desagüe. 

Puesta en acción la citada máquina, tuvo que paralizarse por 
la falta de agua, prevista por el Sr. del Bio, quien para evitares- 
te mal trató de impedir, sin conseguirlo, los desmontes que la 
ocasionaron. 

Además de estos trabajos científicos que la sucesión cronológi- 
ca de los hechos nos obliga á interrumpir, un servicio^ ó por me- 
jor decir, una serie de servicios de no menos importancia, prestó 
á nuestro país en el orden patriótico. 

]^ombrado con D. Tomas Murpby Diputado á las Cortes Espa- 
ñolas el año memorable de 1820, el 16 de Noviembre cedió al Co- 
legio, en menos de su valor, la colección mineralógica y el surtido 
de reactivos químicos que acababa de recibir de París y los Esta- 
dos Unidos; y al separarse del Colegio nombró en su lugar á D. 
Jusm Méndez en la clase de Mineralogía y á D. Honorato BiaSo 
en la de Español y Francés, cuyos nombramientos aprobó el Tri- 
bunal el 26 de Noviembre. 

En el desempeño de este delicadísimo cargo, empleó los inago- 
tables recursos que la claridad de su talento, la profundidad de 
su instrucción, el conocimiento que de nuestro país había adquiri- 
do, el amor entrañable que le profesaba y la inquebrantable ener- 
gía de su carácter ponian en sus manos, para abogar en favor de 
la independencia mexicana. 



DE Geografía y Estadística. 237 

JBsta cuestíoD, tratada á posteriori por un mexicano en la tribu- 
na popular^ en las columnas de un periódico ó entre los bríndis^ 
de nn festín cívico (f ), nada tiene de extraordinaria y sí mucho 
de vulgar; pero tratada por un español, ante el Poder de España, 
que por razón natural veía en ella, á la vez que el despojo de sus 
más ricas posesiones, una mancha sobre sus más gloriosas conquis- 
tas, era un asunto grave, elevado, excepcional y sublime, que por 
8i sólo da la talla del hombre extraordinario que lo emprendiera. 

Aprovechando su viaje á Europa, el Tribunal, con fecha 7 de 
Diciembre de 1818, ofició al Sr. Apezechea, residente en Gáíliz, 
diciéndole que le diera una carta credencial para su apoderado en 
la Corte, á fin de que lo instruyese detalladamente délos negocios 
del Cuerpo, solicitando á la vez la ayuda de aquel para el desem- 
peño de las comisiones que el mismo Tribunal le habia confiado^ 
en servicio del Colegio. 

Estaba aún la Diputación en España cuando la Independencia 
se consumó en México por la entrada del Ejército Trigarnnte á su 
Capital el 27 de Setiembre de 1821; y creyéndose, con fundamen- 
to, que nuestro D. Andrés no volvería á nuestro país , se le ofre- 
cieron en Europa puestos distinguidos, como correspondían á su 
aptitud, tales como los de la Dirección del Museo de Madrid y la 
de las minas de Almadén. 

£1 lo rehusó todo por volver á México, donde lo llamaban las 
afecciones más dulces, los placeres más tranquilos y el alboroto, 
digámoslo así, de ver á México independiente. «Me vuelvo á mi 
Patria, i> contestó sin vacilar á la Sra. de Elhuyar, quien asom- 
brada de saber que partía para un país en cuya última década se 
habia hecho notable por su odio á los españoles, le preguntó 
adonde se dirigía, con acento de sorpresa y desaprobación. ^ 

Sin temor á los odios ni á los rencores, volvió, en efecto, al 
país que con ansiedad lo esperaba y que siempre lo ha considera- 
do como á su hijo; y en su cátedra, y en su gabinete y en su labo- 
ratorio, siguió prestándole sus servicios. 

La muerte del Diputado General D. José Joaquín de Eguía, 

l Esta notable respuesta, asi como muchos de los datos consignados en este es- 
tadio, noe han sitio conservados por el distinguido mexicano 1). Joaquin Velazquez 
éc León, en el Elogio Fúnebre del Sr. del Ivio, pronunciado en el Salón de Actos 
dd Cotopo de Minería el 81 de Mayo de 1849. 



238 Sociedad Mexicana 

acaecida el 18 de Diciembre de 1822; la decisión del Tribunal to- 
mada en su sesión del 22 de Enero de 1823, j la enfermedad del 
Consultor D. José Garces, que entró á cubrir la vacante con el 
carácter de interino, y que sucumbió el 29 de Octubre de 1824, 
dejaron el Tribunal incompleto é inhabilitado para presidir las 
Juntas Generales. 

Era indispensable integrarlo para el desempeño de esta eleva- 
da misión, y con tal objeto se nombró á nuestro D. Andrés el 24 
de Setiembre, Laciéndole la honra que merecian sus talentos, sn 
instrucción y sus servicios. 

El año de 1825 descubrió la liga natural de oro y rodio; el de 
1827, el biseleniuro de zinc de culebras, y en ese mismo año dio á 
la estampa su traducción del «Nuevo Sistema Mineralógico por 
J. J. Berzelius. n 



ExpaUion de E^pafloles.— 8n riajc á lo» Kstados Unidos.— Has trabujos 
científicos en sn destierro.— Su Orictof^noxia Purte Práctica.— Su vuelta al 
país.— Nu«Y08 tnibajos científicos.— Su Manual do Geología.-- Sus ICIemen- 
tos de Orictog^noHiu Parte Preparatoria.— ICs n<»iiibrado Director iuteriao 
del Colegio de Minería.— Su Suplemento Á la Orictognosla.— Rangos de su 
ciu'ácter*— Honores recibidos.- Sociedades científicas.- SnJubilacioD.— 
8n enfermedad.— Su muerte.— Honores p<Jstumos. 

Siguiendo el curso de nuestras ideas, encaminadas por los he- 
chos con cuya narración se relacionan, llegamos á un punto del 
que sinceramente desearíamos que nos fuera lícito retroceder. 

El 20 de Marzo de 1839, nuestros anales patrios, en los que por 
desgracia no siempre ha tocado escribir á la virtud, á la ilustra- 
ción y al patriotismo, se mancharon con un borrón indeleble, dd 
que México no es responsable, pues fué un arranque de la pasión 
y del vértigo de algunos de sus malos hijos: la inhumana ley de 
expulsión de los españoles, que dividió tantas familias, que sem- 
bró la amargura en tantos hogares, que hizo derramar tantas lá- 
grimas, que hizo desaparecer tantas fortunas, que paralizó tantos 
centros de trabajo, que costó al país tantos sinsabores y á la hu- 
manidad tantas vidas 

El Senado creyó deber hacer algunas excepciones, y entre los 
nombres que formaban estas, figuraba en primer término el del 
Sr. D. Andrés Manuel del Rio. 



DE Geografía y Estadística. 239 

!Este, que aunque mexicano de corazón era español de nacimien- 
to, quiso seguir la suerte de sus paisanos; y obedeciendo á los im- 
pulsos de su delicadeza, salió de México, yendo á fijar su residen- 
cia en los Estados Unidos. 

Allí signió trabajando en el adelanto de las ciencias en general 
y especialmente de las que se relacionan con la profesión del mi- 
nero, causando la admiración y haciéndose acreedor al aprecio de 
los norteamericanos ilustrados. 

En el ano de 1830 publicó el Diario de Farmacia ^ de París, en 
uno de sus números correspondientes al mes de Diciembre, un 
trabajo metalúrgico del Sr. Karsten, que consiste en una serie de 
experiencias sobre el beneficio de amalgamación. 

Estas experiencias fijan de una manera que no deja duda, la 
descomposición del sulfuro de plata, los términos en que se veri- 
fica y las causas que la producen; el influjo que ejercen en el be- 
neficio de los bicloruros de cobre y fierro, el magistral y la sal ma- 
rina; y fundándose en los principios obtenidos por los resultados, 
explica las reacciones, exponiendo la teoría del beneficio de patío, 
estableciendo ligeras comparaciones con el de toneles y el de cazo. 
El Sr. del Eio, comprendiendo la importancia que en nuestro 
país presentaba este trabajo, lo tradujo, ilustrándolo con notas, 
y lo publicó en Filadelfia el 1^ de Abril de 1831. 

A su vez hizo experiencias propias sobre el mismo asunto, apli- 
•cando, para ilustrar los hecbos, fijar los principios y precisar las 
consecuencias, los procedimientos electro-químicos de Becquerel. 
Los resultados de sus experiencias se publicaron en las v Memo- 
rias de la Sociedad Filosófica Americana. » 

Mientras colaboraba en estas y otras publicaciones científicas 
conartíciüos siempre llenos de interés y de doctrina; mientras 
cubría su contingente de socio en las Academias que se honraron 
llamándolo á su seno; mientras sostenía, instruyendo y^ enseñan- 
do, ese comercio intelectual tan fecundo en resultados de utilidad 
práctica, ' preparaba otro trabajo cuya importancia está recono- 
cida por todos nuestros Ingenieros de Minas y en general por to- 
dos los alumnos del Colegio de Minería que sin cesar se han ve* 
«ido sucediendo en este plantel de instrucción: la segunda edi- 

1 £1 Sr. del RIü da & conocer un método carioso j sencillo, que dice aprendió 
«a Filadelfia del Dr. Haré, para purificar el mercurio impuro. 



240 SOCIEBAB MEXIGAH A 

don de la Parte Práctica de sas Elementos de Orictognosia, oon la 
fiinonimia inglesa, alemana y francesa, que «scribió para serrir de 
texto en la clase de Mineralogía que había fundado en el menciona- 
do Colegio, de cuyo centro lo alejó temporalmente la oleada turbia 
de una pasión desencadenada. 

Esta obra, aunque por sí sola es insuficiente para el estudio del 
ramo, es esencialísima para completarlo; y el autor, como lo dice 
en sit prólogo, se apresuró á publicarla temeroso de que no le al- 
canzara la vida para imprimir la otra parte. 

Con acierto y con maestría está dividida en dos partes, de las 
que, la una, contiene en extracto los principales caracteres de loe 
minerales, y la otra, la descripción completa de cada uno de ellos. 
Estas descripciones están llenas de interés: pues ademas de la 
precisión con que se fijan los caracteres, presentándolos con todo 
el valor que el inmortal Wcrner supo comunicarles y su aventa- 
jado discípulo supo sostenerles, contienen en la parte final las t^ 
laciones geológicas del mineral á que se refieren, y una noticia de 
los puntos en que se encuentran, figurando los de México; loque 
ministra un importante material para nuestra Geografía Mine- 
ralógica. 

Alguien ha dicho, amplificando el pensamiento del inmortal Ge^ 
van tes, que no hay libro bueno que no contenga algo malo; pero 
de esta obra creemos poder decir que nada malo, nada inútil, na- 
da supérfluo contiene en sus GDO páginas, llenas, por el contrario, 
de doctrina, de datos, de luz y de interés. Para ilustrar las nocio- 
nes dadas en el texto, le acompañan diez láminas con doscientas 
seis figuras litografiadas. 

El uso de este precioso libro, como obra de consulta, lo facilitan 
notablemente los dos índices, el español y el extranjero, que tiene 
en la parte final, por orden rigurosamente alfabético. 

Vuelto* de nuevo al país á la conclusión de su en parte volun- 
tario destierro, el Colegio batió palmas al verlo ocupar de nuevo 
sa cátedra, en la que no podia ser ni reemplazado ni sustituido^ 
7 casi cubierta la necesidad que la falta de texto sostenía en la 
clase de Mineralogía por la publicación de la obra de que acaba^ 
mos de hacer mención, su entendido profesor completaba las leo* 
cienes con sus apuntes privados, que más tarde habían de consti- 
tuir un interesantísimo libro. 



DE Geografía y Estadística. 241 

Sos escritos ob la prensa siempre Uevabaii el sello d« la utilidad 
7 el ínteres; y en Xa Revista Mexicana j correspondiente á los me- 
ses de Junio y Julio de 1825^ describió el nuevo mineral que llamó 
Zifnapanio. 

Ijas Ordenanzas de Minería ^ en el título XYIII, que se ocupa 
tf I>e la educación y enseñanza de la juventud destinada á las mi- 
nas,» dicen en su art. 12 qae los profesores del Colegio, «ademas 
de enseüar ditiriamente por lecciones teóricas y prácticas, estarán 
obligados á presentar cada uno, de seis en seis me^es, una Memo- 
ria ó Disertación sobre algún asunto útil y conducente á la Mi- 
aería*y perteneciente á las facultades aplicables á este ejercicio.» 

lioa reglamentos posteriores redujeron esta obligación á solo 
una vez en el año á la presentación del Acto Público de la clase 
respectiva.^ 

£1 Sr. del Bio, fiel á este sabio precepto y consecuente con esta 
benéfica costumbre, abrió siempre el certamen de la clase que con 
tanto acierto dirigía, en la función de los Actos, con la lectura de 
un discurso que siempre versaba, como lo queriau las Ordenanzas 
del ramo, «sobre un asunto útil y conducente á. la Minería.» 

En el que leyó el 30 de Octubre do 1S40, se ocupa en refutar la 
opinión del mineralogista Brongniart, conforme á la que no es po- 
sible determinar un mineral nuevo cuando no se conoce su forma 
cristalina; y lo hace victoriosamente, agregando á las razones más 
sólidas, los hechos más indiscutibles, como los que dieron á cono- 
cer la bnstamita, la marganesa sulfiírea, el biseleniuro de zinc^ el 
manganato de zinc y el sulfuro doble de plomo y cadmio; ^ de- 
muestra la utilidad do los descubrimientos, combatiendo la opi- 
nioQ contraria sostenida por el atrevimiento de la ignorancia. 

A la vez que el laborioso profesor de Geología daba sus leccio- 
nes, formaba sus apuntes y los hacia copiar á sus alumnos, el 
entendido autor se ocupaba con el escribiente y con el dibujante^ 
primero, y después con el impresor y el litógrafo, para proporcio- 

1 Esta útil práctica se conservó cu el Colegio hasta el ailo de 1859, en el que 
losdiKareos pronanc!ado8 en los Actos, el acta de premiofi j otros trabajos clentf- 
fiMSy literarios se publicaron en un Anuario semejante ¿ los publicados en los 
afiosde 184dy 1848. 

2 Otros muchos minerales se pudieran citaren el mismo caso; y losnuevamen* 
te descubiertos, cuya composición química no deja duda de que pertenecen á una. 
especie nueva, no se han presentado cristafixidoa al examen de sus descubridores 

81 



242 Sociedad Mexicana 

nar an texto á los cursantes; y en 1841 publicó su Manual de 
Geología, al que pone como introducción un discurso geológico 
del profesor Fucbs, de Munich, que establece tres series para expli- 
car la constitución del globo; cuyo cuerpo de doctrina lo extracta 
de la lethaea geognóstica de Broun ; que cierra con un resumen 
de los principales distritos de minas de nuestro país estudiados 
por Burkart, y que ilustra con veintisiete láminas que contienen 
trescientas cincuenta y dos figuras iluminadas. ^ 

En el discurso geológico que leyó en el Acto público de Mine- 
ralogía el 29 de Octubre de 1842, trata de las adiciones que se de- 
ben hacer á su Manual de Geología, conforme á los adelantos de 
la ciencia: explica y funda estas adiciones, ilustrando su exposi- 
ción con doce fósiles litografiados. 

En el discurso con que abrió el Acto público de su clase el 14 
de Koviembre de 1845, habla del origen del granito, estudian- 
do este punto con sensatas reflexiones teóricas, con hechos prác- 
ticos bien observados, de un orden meramente litológico, y citando 
un hecho reciente, de un orden paleontológico que tuvo ocasión 
de observar en el curso de ese año, y que consiste en que partien- 
do un ejemplar de hialomicta con carfolita, encontró en el inte- 
rior un fósil, la héleinnita mínima^ trasmutada en una especie de 
litomarga blanca: refuta algunas objeciones hechas á la teoría de 
las vetas de Werner: discute las relacionéis entre los principales 
caracteres de estas y su composición mineralógica, y examina 
otras cuestiones geognósticas que pueden considerarse como ca- 
pitales en la ciencia de la Tierra. * 

En el mes de Julio del mismo aOo fué objeto de una distinción 
que estaba reclamando su mérito, y que reliusó por razones que 
no conocemos: el Tribunal General de Minería lo nombró Direc- 
tor interino, por la ausencia del Director propietario D. José M. 
Tornel. 

Ademas de su grande aptitud, sus extraordinarios servicios y 
«US relevantes méritos, tal vez influyeron en este nombramiento 
las sensatas, justas y enérgicas observaciones que unos dias an- 
tes, el 23 de Junio, hizo el profesor de Cosmografía, D. Tomás Ba- 
mon del Moral, en la opinión que le pidió la Comisión de Visita 
•del Colegio, y que extendió en la citada fecha. 

c Permitidme — dice después de informar sobre la clase de Mi« 



DE Geografía y Estadística. 243 

neralogia — detenerme nn poco pam explayar mi seutimiento de 
ver á D. Andrés del Rio vivir por elección suya entre nosotros, 
que lo depreciamos ó no lo apreciamos como es jnato. 

«Este venerable octogenario, que durante medio siglo se ha 
ocupado en difundir la luz de las ciencias en toda la extensión 
mexicana, sobrelleva una mezquina subsistencia á la vista do los 
que han podido hacerlo dichoso, haciéndose ellos ilustres. 

«Cuando la Academia de Ciencias de Paris le asigna el asiento 
del grande D'Aubuisson, en México se dice y en México se pien- 
sa que no tiene aptitud suficiente para ser Director del Colegio 
de Minería! 

« Cuando la Sociedad Geológica de Pensil vania lo colocaba en sa 
silla presidencial, en México se le negaba un sobresueldo de qui- 
nientos pesos por enseñar la Geología ! 

«¡Qué contraste! Si alguno de los Ministros del actual Gobier- 
no leyere este Informe, recordará con placer un tributo que pagó 
ala virtud y al mérito, proporcionando recursos para la impre- 
sión de una obra de este sabio que no puede entregarse al des- 
canso porque el estudio es su alimento. 

«Me atrevo á suplicar á esa Comisión, que al dar su respetable 
Informe, se sirva trascribir este párrafo, porque no dudo que el 
Supremo Magistrado colocará á D. Andrés del Bio en el puesto 
adonde es llamado por su virtud y su ciencia, d 

La Comisión no sólo trascribió este párrafo, sino que acompa- 
ñó integro el informe del Sr. Moral, á quien el Tribunal General 
de Minería dio las debidas gracias, expresándole el interés con 
que recibió su trabajo, y su decisión de atender sus justas obser- 
vaciones. 

Siempre infatigable, siempre solícito, siempre laborioso, el año 
de 184G llenó el vacío que aun quedaba en la clase de Mineralo- 
gía, publicando la parte preparatoria de sus Elementos de Oric- 
tognosia. 

En esta publicación, el examen menos diligente descubre el 
método rivalizando con la instrucción, constituyendo su base. 

Los caracteres exteriores, que son los caracteres mineralógicos 
propiamente dichos, están en forma de tablas que facilitan su es^ 
tudio, y ademas, en un índice alfabético que permite consultarlos 
oon comodidad. 



244 SociBBAD Mexicana 

La exposición de los caracteres geométricos 6 cristalográficoBj 
constituye un verdadero tratado de Cristalografía, en el qae sien 
todas sus partes se descubre al inteligente mineralogista, en la 
que se ocupa del cálculo de los cristales no se puede menos que 
admirar al ])rofundo matemático. 

Los caracteres físicos y químicos, la composición de los mine- 
rales, sus diferentes clases de fórmulas, la clasificación y la no- 
menclatura, completan este libro Heno de doctrina, de ciencia, de 
erudición, de crítica y de utilidad; del que, como del anterior, pue- 
de decirse que nada superfino contiene en sus 224 páginas; cuyo 
contenido, en la parte que lo necesitíi, está ilustrado con ochenta 
y siete figuras distribuidas en cinco láminas. 

En el Prólogo de esta obra anuncia la publicación de un suple- 
mento de adiciones y correcciones á la Parte Práctica impresa 
catorce anos antes, en cuyo tiempo, según su propio testimonio, 
«se han descubierto muchísimos fósiles * nuevos, y se han anali- 
zado, se han suprimido otros, reduciéndolos á sus verdaderos gé- 
neros, y se han corregido muchos análisis antiguos.» 

Kose hizo esperar mucho tiempo este Suplemento, que vio la las 
pública en 1848, y en él constan, en una lista alfabética, los mi- 
nerales realmente nuevos, y los que los últimos análisis hablan 
reducido á sus verdaderos géneros y especies. Consta este Suple- 
mento de 243 páginas y diez y siete figuras. , 

En la publicación de este libro ocurrió un incidente que pone 
en relieve la modestia del Sr. del Kio, que era una de sus princi- 
pales virtudes, y que casi siempre acompaña y caracteriza al ver- 
dadero sabio. 

El inteligente tipógrafo D. José Mariano Lara, justo apreciador 
de los méritos del Sr. del Eio, con cuya amistad se honraba, cre- 
yó que este sabio debía ser conocido en una esfera más amplia 
que la de la sociedad en que vivía, y á este fin concibió el pensa- 
miento de acompañar á la mencionada obra el retrato de su autor» 

Solieitó y obtuvo permiso del Director del Colegio de Minería, 
D. José María Tornel, para sacar una copia del retrato al óleo 
que existe en la Sala de Actos, y confió la reproducción á nuestro 
hábil y modesto litógrafo D. Hipólito Salazar, quien la ejet^itó 
con la maestría que siempre ha caracterizado bus trabiyoa. 

1 Minerales. 



DE Geografía y Estadística. 245 

Nada se dijo al Sr. del Ilio, á quien se trató de sorprender con 
este obsequio; y cuando este sefior vio su retrato en el primer 
ejemplar empastado que el Sr. Lara le presentó, no pudo conte- 
ner sa disgusto, que fué tal, que el Sr. Lara se vio obligado á re- 
coger los que se habian remitido al encuadernador. 

Otra de las virtudes que lo hicieron tan recomendable en vida 
j qae bicieron tan sensible su muerte, fué la caridad. 

Todos los días, á la salida del Colegio, lo rodeaban multitud de 
indigentes que lo esperaban cómo su ángel salvador, en la puer- 
ta, pues constituía su Providencia, en cuanto á que á sus intere- 
santes donativos debían el consuelo de llevar un pan á sus ham- 
brientos hijos. 

La energía era un rasgo prominente de su carácter, y de esto 
constituye una prueba el incidente que pasamos á referir. 

Estando en su cátedra un dia del año de 1841, llamaron á la 
puerta, y uno de sus discípulos, * previo el permiso de su maestro, 
acercándose á ver quién llamaba, se encontró con un caballero de 
aspecto garboso y distinguido, quien manifestó el deseo de hablar 
con el Sr. del Bio, para lo que dio su nombre y posición. Era el 
Sr. Calderón de la Barca, Ministro Plenipotenciario en México, 
donde acababa de llegar de la Corte de Madrid. 

Otra persona de espíritu menos levantado, abrumado por la 
honra que le dispensaba la visita de tal personaje, habría aban- 
donado su ocupación para rendirle sus respetos. El Sr. del Bio, 
que creia que ante todo está el cumplimiento del deber, y que és- 
te lo obligaba á permanecer en su clase mientras no fuera la hora 
establecida por el reglamento jjara terminarla, no se movió de su 
asiento, encargando al alumno portador del recado dijese al señor 
Ministro, que si lo tenia á bien, lo esperase hasta la conclusión 
de la cátedra. 

No se dio por ofendido el prudente diplomático, quien lejos de 
ver en este recibimiento un rasgo de descortesía, le dio, por el 
contrario, su verdadero valor, y pasó á un saloncito adyacente al 
Gabinete, donde al sonar la campana que marcaba el término de 
la clase, el profesor pasó á saludarlo y á recibir su visita. 

1 El Sr. Presb. D. José Sebastian Segura, su discípulo predilecto, que llegó & 
fler el decano de nuestros Ingenieros de Minas, quien nos ha referido estos deta* 
lies, 7 á caja inolvidable memoria dedicamos este trabajo. 



246 Sociedad Mexicana 

El Sr. del Rio fué tan conocido como estimado, no sólo en el 
país, sino también en el extranjero, de cuyos sabios y sociedades 
científlcas recibió las más merecidas atenciones. 

Una de las que más pueden halaí^ar á un sabio, y la que más 
que cualquiera otra puede coronar sus esfuerzos, recompensar sus 
servicios y satisfacer sus aspiraciones, es aquella en cuysi virtud, 
incrustándose su nombre en la ciencia, se le identifica con ella, se 
inscribe en sus anales, en sus aulas, en sus academias y en sus li- 
bros; se le inmortaliza en la bistoria de la bumanidad y se le per- 
petúa en los no interrumpidos estudios de los sabios. 

El Sr. del Rio, á quien, como lo liemos dicbo ya. se trató deba- 
cer esta distinción, designando con su nombre la sustancia que 
descubrió en el plomo de Zimapan en 1801, lo recibió del miuera- 
logistii Brooke, quien designó con el nombre de Riolita ó Riouita 
el doble sulfoseleniuro de mercurio y cadmio encontrado cerca de 
la culebrita de Zimapan. 

Las sociedades científicas más caracterizadas lo llamaron á sn 
seno, babiendo sido miembro corresponsal de la Real Academia 
de Ciencias del Instituto de Francia; déla Sociedad Werneriána^ 
de Edimburgo; de la de Medicina, de Strasburgo; de la Linnea- 
na, de Leipzic; de la Real Academia, de Sajonia; de la Real Aca- 
demia Médica Matritense, desde 1703; de la Sociedad Filosófica 
del Instituto de Washington; del Liceo de Historia Natural, de 
Nueva York; Presidente déla Sociedad Geológica, dcFiladelfia; 
socio del Instituto de Ciencias, de esta Capital, en la formación de 
cuyos reglamentos tomó parte; miembro del Instituto de Geogra- 
fía, y después de la Comisión de Geografía y Estadística; socio 
de número de la Academia de Medicina Práctica, de esta Caxñtal^ 
y miembro del Consejo Superior de Salubridad. 

No solamente geólogo y mineralogista, que fueron las faces en 
que más se dio á conocer este sabio, el Sr. del Rio fué también, y 
así lo acreditó en numerosos escritos, matemático , físico, quimi> 
ca, zoólogo, botánico, médico, filósofo, teólogo y literato. 

Algunos críticos notan confusión en sus escritos ; pero ésta re- 
sulta de la superabundancia de sus ideas, y de que, como en sus 
obras didácticas, en sus discursos académicos, y en general en sus 
txabajos científicos, escribió para lectores instruidos, suplió ma- 
chos conocimientos que echan de menos los lectores profanos. 



DE Geografía y Estadística. 247 

El mismo lo expresa así en el Prólogo de la Parte Práctica de 
su Orictognosia, cuaudo dice que esta obra está principalmente 
destiuada á los alumuos del Colegio de Minería de México, quie- 
nes entienden bien el lenguaje orictognóstico. 

Aunque retirado de su clase por la jubilación con que el Go- 
bierno recompensó mezquinamente sus importantísimos servicios, 
no cesó de trabajar en su ramo favorito; y todavía en el aíio de 
1848 la prensa periódica de esta Capital se honraba con sus sabias 
producciones. 

Su salud, su robustez, su actividad, su inteligencia, todo reve- 
laba en él la fuerza y la virilidad; pero si por el desarrollo de sus 
facultades intelectuales era un genio, por el origen de su natura* 
leza era un hombre, y debia, como todos los mortales, pagar á la 
inexorable muerte el forzoso tributo de la vida. Un desarreglo de 
estómago, complicado con un ataque pasajero de apoplegía, lo 
XK>stró en el lecho del dolor, que un ataque cerebral debia pronto 
convertir en lecho de muerte; y el 23 de Mayo de 1849 entregó su 
alma al Creador, poniendo término, con el último suspiro, á una 
vida, fecunda en trabajos útiles para las ciencias y para la huma* 
nidad, que duró 85 aüós, 4 meses y 13 dias. 

El Colegio de Minería, tratando de expresar su sentimiento por 
la muerte de un miembro tan distinguido, su admiración por los 
méritos que lo adornaron y su gratitud por los servicios que de 
él recibió, le consagró un apoteosis en el Salón de Actos de su 
suntuoso edificio, donde uno de sus más sabios profesores y de 
BUS más ilustres hijos, el Sr. D. Joaquín Velazquez de León, cate- 
drático de Zoología y Geología, pronunció el Elogio Fúnebre del 
ilustre muerto: pieza notabilísima que mereció el aplauso gene- 
ral, en la que consigna los rasgos más brillantes y los trabajos 
más prominentes de la vida científica de uno de los más grandes 
sabios con que se honraron los siglos XVIII y XIX. 

Más de ocho lustros hace que el Sr. del Ilio desapareció de la 
tierra, y su nombre se conserva fresco en el recuerdo de los mexi- 
canos, y más fresco aún en el corazón de los mineros. 

Para materializar este recuerdo y este carino, se mandó inscri- 
bir su nombre con letras de oro á la entrada del Colegio de Mi- 
nería, al lado de los de Velazquez de León y Elhuyar; su retrato 
se colocó en el Salón de Actos, en un lugar preferente, y los cur- 



248 Sociedad Mexicana 

santes de Mineralo^a del año de 62 ' concibieron el pensamiento 
de fundar una Sociedad que denominaron «Sociedad del Rio;» 
pero después de formado el Reglamento, veriñcadas algunas rea- 
niones y ejecutados algunos trabajos, la necesidad de salir á prac- 
ticar obligó á estos alumnos á separarse sin dqjar consolidada la 
Sociedad. 

Posteriormente diez alumnos del mismo establecimiento tuTíe- 
ron la misma idea, yapara realizarla se reunieron por primera ves 
el 21 de Febrero de 1873, organizando la « Sociedad Andrés dd 
Bio, » cuyo Reglamento fué aprobado el 1? de Julio de 1875. 

El ano de 1864, estando la clase de Mineralogía del Colegio de 
Minería á cargo del que escribe estas líneas, y siendo Director 
interino el Sr. D. José Salazar Ilarregui, se colocó en dicha dase 
ana estatua de yeso de su sabio fundador, ejecutada por*los her- 
manos Islas. 

En el Estado de Chihuahua hay nn Cantón que lleva su nom- 
bre; y el autor de estas líneas, deseoso de rendirle homenaje en 
pequeñísimo tributo, dedicó á su memoria el trabajo que por co- 
misión especial de la Secretaría de Fomento escribió para la Ex- 
posición de Nueva Orleans en 1884 y dio A la estampa con el tí- 
tulo de «Noticia Histórica de la Riqueza Minera de México y de 
su actual estado de explotación. » 

Así se ha tratado de perpetuar su memoria, que, lo hemos dicho 
para comenzar y lo repetimos para concluir: más que en el lienzo, 
en el mármol y en el bronce, se conserva en el recuerdo de los 
buenos mexicanos y en el corazón de los buenos alumnos de Mi- 
nería. 

1 Manuel Rivera Cambas, f FrancÍBco Javier Lavista, f Pablo Ocampo, Julio 
Arancivia, Felipe Zavalza y el autor de estas lineas. 



DB Geogeafíá y Estadística. 2í9 



A LA 

biografía del SR. D. ANDRÉS MANUEL DEL RIO 



Docamento iiúm. 1. 

VíGAuÍA Eclesiástica di Madrid y su Partido. 

Gomo Teniente Mayor del Cura de la Parroquia de San Sebastian. de esta Cor- 
te, Certifico: Que en el Libro cuarenta y uno de Bautismos de la misma, al folio cab- 
rea ka y nueve vuelta se halla la siguiente Partida: 

•*En la Iglesia Parroquial de San Sebastian de esta Villa de Madrid, en once días 
átl mes de Noviembre de mil setecientos sesenta y cuatro afios. Yo, Don Pedro Ló- 
pez Castafieira, Teniente Cura de esta dicha Iglesia, baptizé solemnemente & Andrea 
Hannei» que nació en esta Villa eo diez del mismo mes y afio; hijo de Joseph del Rio, 
latnral del lugar de Linas, Obispado de Huesca, y de María Antonia Fernandez, su 
mnjer, natural del lugar de Biruedo, Obispado de Lugo; viven Calle del Ave Maria. 
Fué na madrina Marfa Teresa Tropati, casada con Juan Lorenzo Elegido; vive Ca- 
lle de Santa Polonia; ambas de esta Feligresía; y la advertí el parentesco espiritual, 
y la obligación de enseñarle la doctrina, y lo firmé. — Don Pedro López CattaHeira, 

Concuerda con su original á que me remito. San Sebastian de Madrid, y Febre- 
ro diez y seis de mil ochocientos ochenta y seis. — Jote Lázaro. — V" H«— El Vicario 
Kceo. — Dr. Julián d$ Pando y López, 

Consulado de los Estados Unidos Mexicanos en Madrid. — Xúm. 5.— U. Juan R. 
Castellanoa, Vicecónsul de los Estados Unidos Mexicanos en Madrid y encargado del 
Consulado, Certifico que el Dr. D. Julián de Pando y Valle, es como se titula Vica- 
rio Eclesiástico de Madrid y su Partido, y suyas al parecer la firma y rúbrica que 
anteceden. T para que conste lo firmo en Madrid^i veintidós de Febrero de mil 
ochocientos ochenta y seis. — Juan R, CazUüanot, 

Este documento me fué proporcionado por mi compafiero y amigo el Sr. D. 
Eduardo Garay, quien obsequiando mi deseo, lo pidió á Madrid, sier.do Oficial Ma- 
yor de la Secretaría de Relaciones. 

Docmnento nüin. 2. 

£. S. Por el superior oficio de 24 del corriente que V. £. nos ha diilgldo con in- 
aereión de la Real orden de 80 de Mayo último, quedamos enterados de la venida de 
D: Andrés del Rio, nombrado Maestro del Colegio Metálico, y que los gastos de bu 
trasporte loa debemos satisfacer en Veracmz, como lo verificaremos luego que ten- 
gamos noticia de los que sean. 

Con la llagada de este Profesor no avanzamos por ahora cosa alguna en este Co* 
legio» por falta de los instrumentos y utensilios que se encargaron por medio de 
V. B. á la Snperiñtendefióiá^Mieral de Minas; pues entrépitos han de venir loa qu« 

82 



200 SociBDAi> Mexicana 

te neeeBitan para la Cátedra de Chímfca, que es la qoe ha de regir el citado D. An- 
drea, 7 debe comenzar con el año próximo venidero. 

Lo hacemos presente á Y. £., saplicándole que, en vista de lo urgentes qae son 
ja dichos utensilios, se sirva recordarlos por el inmediato correo marítimo. Dios 
gue. i V. £. Ms. As.— Real Tribunal de la Minería. México, Septiembre 26 de 17^ 
— Fausto de Elkuyar. — Antonio dé Battoeo y Torrulia, — El Marques del Apartado.'- 
El Conde de Meyla. 

Documento nüm. 3. 

Habiendo llegado á esta Ciudad el 18 del pasado, después de concluida la comi- 
sión que y. S. se sirvió darme del empaque de utensilios químicos en Veracruz, ha- 
go presente & Y. £. que tengo recibidos á cuenta de mis sueldos, en Madrid, de D. 
Juan Escolano, quatrocientoej clnquenta pesos, y otros ciento y cinquenta del mis- 
Bio en Cádiz; que recibí en Yeracrus de las Caxas Reales trescientos pesos, j de D. 
Miguei Miranda, trescientos j sesenta; j que aquí he recibido del Mayordomo del Co- 
legio, doscientos pesos & mi llegada. Todo hace mil quatrocientos y sesenta pesoa 
fin España cobré mi pensión por el Rey hasta fin de Julio; habiéndome erabareado 
«1 dos de Agosto en el navio San Pedro de Alcintara para Yeracmz: con lo que sólo 
he devengado cinco meses del sueldo de mi cátedra hasta fin de Diciembre de 1794. 
Lo que hago presente k Y. 9. para que se arregle el ajaste de mis sueldoa. 

Nuestro Señor güe. 4Y. S. Ms. As. México, 20 de Enero de 119^,^ Andree del 
Mío. — Al Real Tribunal gral. del Importante Cuerpo de MineHa. 

Documento núm. 4. 

• 

Habiendo I). Andrés del Rio, Catedrático de este Real Seminario, puesto en el 
correspondiente orden las muestras de Piedras y Minerales que forman la oolecdott 
que en el di a posee este Establecimiento, y dispuesto asimismo la nomenclatura da 
los caracteres externos de los fósiles necesaria para su exposición, en loe términos 
que reconocerá Y. S. por las adjun^ tablas y su explicación en orden alfabetice, 
de que han sacado copias todos los alumnos que deben seguir este alo su clase, m> 
hay ya embarazo para que desde luego se abra y dé principio á ella el lunes próad- 
mo 27 del qae rige. 

A este primer trabajo, que comprende la parte preparatoria de la Orietognosi» 
ó conocimiento de los Fósiles, debe seguirse el formalizar ésta, exponiendo en di» 
su clasificación individual y las propiedades ó caracteres propios de cada uno. En 
ello se ocupa eñ el día dicho D. Andrés, que tiene bastante adelantada la primera 
parte que comprende la clase de las tierras, y estará concluida para cuando acabe la 
explicación de la preparatoria con que debe empezar, á fin de que los alumnos ten- 
gan siempre una obra para seguir y repasar sus lecciones. 
. Cuando esté concluida esta parte daré cuenta á Y. S., y expondré lo que juzgo 
eonveniente se haga con ella. 

Tanto por el tiempo que va ya oorrtdo de esto alto, cavo por el que necesita ál<-> 
i»ho Catedrático para continuar la obra que está trabaJAndo, será indispensable U-» 
mite este año ívl ensefianza á sola U Orlctogttosia, reservando para el aiguieote dar 
principio á la 4ol Laboreo de Minas, que por no haber aún U» modeloa neoesarioa ni 
ia obra correepondiente, seria aún sin esto de poe<^ provecho ettpeaarla por ahara. 

Con el fin de que asi este Catedrático conM) D. Fraaeiaco Batallcr, que lo ea d« 
la clase de Física» paedsA tasabiea ooa raáa denhftga ir disponiéndola obra que pa* 



DE Geo&sapía t Estadística. 251 

n 8QB respectiyaB clases están trabajando, es conveniente qne por ahora alternen 
por las mafianas en sns lecciones, dando cada nno tres por semana para que asi le» 
qaeden las otras tres libres para todo trabajo, j se consiga por este medio lo con- 
dayan cnanto antes, j qne en lo sucesivo puedan sus discípulos seguir sus lección e» 
ún los embarazos que en el dia les ocasiona la falta de obras Elementales adecuadas. 

Todo lo hago presente á Y. 8., para que impuesto de ello, se sirva determinar lo- 
que juzgue más oportuno. 

Dios guarde á V. S. muchos afioe. México, 23 de Abril de I79ó.^ Fausto de El^ 
kuyar. — ^Beal Tribunal general del Importante Cuerpo de la Minería de esta N, £.. 

Documento núm. 5. 

Aprueba este Tribunal las disposiciones que ha tomado V. S.^ y nos propon» 
en su Oficio de 23 del corriente, tanto sobre que el 27 del mismo se abra la Cáte- 
dra qne corre á cargo de D. Andrés del Rio, limitando éste su enseñanza á sólo la 
Orictognosia» como sobre que este propio Catedrático y D. Francisco Bataller al- 
ternen sus lecciones dando tres por semana, á fin de que puedan dedicarse á la» 
obras qne para sus respectivas clases se hallan trabajando; lo que participamos á 
y. 8. para que desde luego se ejecute as(. 

I>io8 güe. á y. S. Ms. As. Real Tribunal general de la Minería. México, 24 
de Abril de 1795. — Mcuiuel Oarda de ZevdUo», — Juan Marmel Oviles. — José Ma- 
and Valcarze y Ouzman, — S, D. Fausto de Elhuyar, 

Docnmento núm. 6. 

Bl Bzuior. Sr. yirey, ooo fecha 16 del oorriente^ me dice lo que sigue : :* **Por 
ésoreto de ayer me he conformado eoa el pedimento del Sr. Fiscal de Real Ha- 
teada que subscribió el Sr. Asesor del yireynato, y cuio tenor es el que sigue: » 
"£xmo. Sr. = £1 Fiscal de Real Hacienda Dice: que ha vuelto ha examinar la pri- 
mera parte de los elementos de Oiictognosia escrita para el uso y enseñanza de Ios- 
alumnos del Colegio Metálico de esta Capital, por D. Andrés del Rio; y no encoa- 
trando ya reparo en que esta obra se dé á la Prensa; si es dd Superior agrado de 
y. SL podrá conceder el permiso que para ello solicita el Real Tribunal de la Mi- 
nería; quedando en Secretaría este original para cotejar con los impresos^ sin cuio 
requisito no deberán salir á luz, lo que asi contexte al mismo Real Tribunal para 
su inteligencia y cumplimiento."» ST lo traslado á y* S. en contestación á su ofi* 
cío fecha 17 de Agosto último para su noticia y que disponga su execucion.^=> 
Buticipándolo á y. S. para el mismo efecto. » Dios guarde á y. S* muchos afios» 
a Real Tribunal de Mineria. México, 25 de Septiembre de 1795. ^Manud Gar- 
Ha de ZevaUo». » Juan Manuel GuUes, s José Manuel Valcarze y Ouzman, s Sr. D» 
Fausto de Elhuyar. 



252 SOOXBDAD MBXIOANÍ. 



8E8I0N EXTRAORDINARIA SOLEMNE 

» 

CBLBBKASA POl LA 

SOCIEDAD MEXICANA DE GEOGRAnA Y ESTADÍSTICA 

KL fiS DE ABBIL DE 1891 
Cuadrafi^óaimo A-niversario de sti ixistalaolón. 



Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística. 

2" calle de Humboldt núm. 51. 

La Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística, en acuerdo 
de hoy, ha dispuesto celebrar una sesión solemne el día 28 del ao- 
tual, á las siete de la noche, con motivo del cuadragésimo aniver- 
sario de su instalación, conforme al programa que tenemos el gus- 
to de adjuntar á vd. 

A fin de honrar dicha sesión, invitamos á la Sociedad que vd. 
dignamente preside, para que nombre una Comisión que la repre- 
sente en la expresada solemnidad. 

México, 20 de Abril de 1891. 



t\ TloapiMidAiitc. 

FÉLIX BOMEBO. 



Julio Zábate, Ángel M. Domínguiiz, 

Piiin«r Kecr«Url«. 8«rnndo Seervlario. 



C. GENERAL MARIANO ARISTA 

Presidente déla República Mexicana y 
Protector de la Sociedad de Geografía _y Estadística. 



D£ GeOGUAFÍA y ESTApiSTIOA. 253 



PROYECTO presentado por el socio vicepresidente^ Lie, Félix Ro- 
mero, y aprobado por la « Sociedad Meocicana de Oeogra/ia y 
Ustadistica» el 20 de Abril de 1891. 

I. Todos los años, el 28 de Abril, celebrará esta Sociedad una 
sesión solemne, en recuerdo de su organización é instalación deft- 
oitivas, en igual día de 1851. 

EL Uno de los secretarios dará cuenta en ella de la Memoria de 
los trabajos hechos en el año anterior, y un socio de los de núme- 
ro pronunciará un discurso alusivo. A continuación, serán adjudi- 
cados los premios acordados á los autores de las obras designadas 
por la Sociedad, y se presentarán los temas que deben servir para 
los certámenes del año que entonces se inicia para ella. 

m. En la sesión del día 28 próximo, terminado el discurso de 
conmemoración, el presidente descubrirá el busto del General Ma- 
riano Arista, durante cuyo Gobierno se promulgó el decreto que 
dio á la^Sociedad su forma actual. 

lY. Serán invitadas á concurrir á la sesión las Sociedades cieii- 
Üficas y literarias de esta capital. 

y. Se dirigirá también respetuosa invitación al Primer Magia- 
trado de la Bepública, para que se digne presidir el acto. 

Julio Zábáte, Ángel M. Domínguez^ 

I*iiiiMr BccivUiia Be<UDdo Sccn Urio. 



254 BOGlIfiDAD MEXIOAfCA. 



SOCIEDAD MEXICANA DE GEOGRAHA Y ESTADÍSTICA 



Acta Número 10 

DI LA BE810N BXTKAORDINARIA GBLBBKÁDÁ BL 28 DB ABRIL DB 1891 



Presidencia del 8r. ILtio. T'éliJc Romero. 

Asistieron los señores Socios Aguado, Aguilar, 
Barcena, Batres, Buelna, Castillo, Chávarri, Díaz 
Tezanos, 2^ Secretario Domínguez, Epstein, Fer- 
nández Villareal, Michel A., Puga, Readel, Ruiz, 
Salazar, Sánchez Santos Francisco, Sánchez San- 
tos Trinidad, Soriano, Vera, Zarate Eduardo; los 
representantes de la Academia N. de Medicina; de 
la Academia N. de Bellas Artes, Sres. Pina, Norie- 
ga y Torres Torrija, de la Asociación de Ingenie- 
ros civiles, de la Sociedad científica «Antonio Ál- 
zate,» de la Sociedad de Historia Natural, de la 
Sociedad Farmacéutica Mexicana, del Liceo Mexi- 
cano, de la Prensa Asociada de México, de los pe- 
riódicos El Universal, El Correo Español, y el i en 
Secretario Julio Zarate, que suscribe. 

Leida y aprobada el acta de la sesión anterior, el 
2^ Secretario, Sr. Ángel M. Domínguez, dio lectu- 
ra á la siguiente breve é importante reseña de los 
trabajos de la Sociedad durante la presidencia del 
Sr. Romero: 



DE GEOOBAFÍ A; T BSTADfBTIOA. 255 

Señobes : ; 

£1 Beglamento Interior de la Sooíedad Mexicana de Geografía 
y Bstadíatica, impone respectivamente á los miembros de la Mesa 
Directiva el deber de formar cada afio una Memoria histórica de 
los trabajos de la Sociedad, y por más que al cumplir ese deber^ 
en el presente caso, no podemos enorgullecemos de la calidad ni 
de la cantidad de los sumandos que deben producir el total de lo 
que se ha hecho, sí nos cabe el placer de demostrar que nos pres- 
tamos gustosos al cumplimiento de la ley y que, por pequeños j 
acaso estériles que hayan sido nuestros esfuerzos, ellos no han te- 
nido otra mira que la que puede y debe tener una agrupación de 
buenos ciudadajios, sean' nacionales ó extraigeros: <cla honra de 
la Sociedad á que pertenecen, y la gloria de la Patria que los al- 
berga.» 

Circunstancias excepcionales han hecho que recaiga en mí la 
ardua tarea de formar la reseña histórica correspondiente al año 
próximo pasado ; me felicito, porque por indigno que uno sea, siem- 
pre es altamente honroso y satisfactorio llevar la voz oficial de una 
asociación distinguida; pero á vosotros, señores, os compadezco, 
porque en vuestra cortesía, vais á tener que conceder vuestra in- 
dulgencia al malaventurado narrador que os han deparado, el de- 
ber suyo y la desgracia vuestra-* 

• Hace veinte meses, el 17 de Agosto de 1889, fué electo vicepre- 
sidente de esta Sociedad el Sr. Lie. D. Félix Homero, elección ex- 
traordinaria que se verificó para reemplazar al Sr. Lie. D. Ignacio 
Altamirano, que debía marchar á Europa en desempeño de un im- 
portante puesto que 1^ confiaba el Supremo Gobierno; á la vez, y 
c(m motivo de la sentida muerte de nuestro consocio el Sr. D. José 
M. Beyes, se procedió á la elección de segundo Secretario, la que 
recayó en el Sr. D. Juan de D. Yillalón. Este cambio tan radical en 
la Mesa Directiva, efectuado en fecha tan avanzada, tenía que re- 
fluir en la organización4e los trabajos, de manera que al terminar 
d año de 89, la Secretaría no estuvo en aptitud de producir el in- 
forme anual que previene el Reglamento. 

Al finalizar el año próximo pasado también se omitió ese deber^ 
porque se tenía en proyecto la creación de esta solemnidad y pare- 
dó oportuno dar en ella cada año la debida cuenta de los trabólos 
de la Sociedad, buscando por este medio no sólo el debido premio 



250 SOOIEBAD MEXIOANA 

que pueda merecer la laboriosidad de los socios con la publicación 
aolemne de sus trabajos, sino un estímulo muy convenientey que 
aliente á los que se vean próximos á perder su fe por la indiferen- 
cia que presienten para sus esfuerzos^ En virjknd, pues, de las dos 
razones enunciadas^ este informe tiene que abrazt^r un período de 
T^nte meses, ó lo que es lo mismo, toda la época desde que reci- 
bió la yicepresidencia el Sr. Lie. D. Félix Bomero, hasta la fecha. 
• Las asociaciones, ya sean científicas ó literarias ó de cualquier 
Otro género, siempre que tengan el carácter de estables, están sa- 
'jetas en lo general i)or la misma naturaleza á ciertas fluctuaciones 
de brillo y declinación, que comunmente se derivan de l^s condi- 
-ciones de sus principales miembros con las de la época que se atra« 
viesa. La Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística no ha 
estado, ni podía estar, exenta de esa ley general de la humanidad, 
y en el primer semestre del889 se notaba algo así como un principio 
delapíientable decadencia, precisamente en los momentos en que la 
dirección de sus trabajos pasaba á manos del Sr. Lie. Bomero* La 
situación no era, pues, en aquella época codiciable y sí muy com- 
prometida. Disposiciones poco meditadas, un trastorno violento 
de lo establecido sin preparar antes la sustitución, herir suscepti- 
bilidades, cualquier acto |de ligereza, en fin, podria haber produ- 
cido la disolución, y esa disolución, tratándose de la primer Socie- 
dad científica que ha tenido México, habría sido un escándalo. El 
Sr. Somero con suma prudencia y tino ha venido preparando las 
formas que^ha creído oportunas, y de la síntesis general de esta re- 
seña podrá deducirse hasta qué punto merece el aplauso público 
quien ha merecido ya el de los miembros de la Sociedad. 

Uno de los medios á que desde luego recurrió el Sr. Eomero fué 
el de procurar regularizar las sesiones y aumentar el número de 
los socios concurrentes. Esto se logró de una manera completa res- 
-pecto al primer punto, y bastante satisfactoria respecto del segan- 
do; pero habiéndose observado que por la absoluta falta de socios 
de número, el Reglamento se infringía constantemeute y la Socie> 
dad carecía de la genuina representación legal y respetabilidad 
4ue debe tener, el señor vicepresidente, al estudiar este punto, vio 
que de los cuarenta sucios de esa clase que debía haber según el 
Beglamento, sólo existían quince, y de ellos, unos por estar fueaní 
.de la República, otros por enfermedades habituales ó por los pnea- 



DE Geografía y Estadística. 257 

tos que desempeñaban, y los más por su avanzada edad, estaban 
todos imx>osibilitados para concurrir á las sesiones. Con el fin d6 
conjurar este mal, la Sociedad aprobó dedicar una sesión, procu- 
rándose que fuera lo más numerosa xK)8Íble, para nombrar en ella 
los veintieinco socios de número que faltaban de los cuarenta que 
debe haber, respetándose tal categoría en los quince que existían, 
por más que no pudiesen prestar ya su valioso contingente. La se- 
sión electoral tuvo verificativo el día 4 de Diciembre del ano pró- 
ximo pasado, y desde esa fecha la Sociedad entró en pleno régimen 
reglamentario. 

El manejo de los reducidos fondos que forman el haber de la So- 
ciedad era otro de los puntos que, afectos á la vicepresidencia, de- 
mandaban un tino especial; y sin ser del caso descender en este 
punto á cansados pormenores, puedo aseguraros que se han admi- 
nistrado con estricta probidad, remitiéndose ménsualmente á la 
Secretaría de Fomento las cuentas justificadas de lo que se recibe 
y gasta. 

Crear en los Estados las Juntas Auxiliares que debe haber y que 
son los brazos poderosos de la Sociedad, era otra de las ingentes 
necesidades que se presentaban á fines de 1889, por lo que desde 
luego se procuró empeñosamente ir estableciendo todas las que fal- 
taban, y hoy puede decirse que, con muy cortas excepciones, la 
Sociedad tiene ya esos importantes auxiliares en casi todos los Es- 
tados de la Bepública. Entre estas Juntas es muy digna de una 
mención especial la que preside el digno Oobemador de Knevo 
León, Gral. D. Bernardo Beyes, por los importantes trabajos que 
ha emprendido en su Estado y que constan especificados más ade- 
lante, al tratarse de los realizados por los señores socios, aunque 
de unos y otrOs sólo consignaré los más esenciales en obsequio de 
la brevedad de esta reseña. 

Honrar la memoria de los hombres ilustres por su saber, ha si* 
do siempre uno de los gratos deberes que ha cumplido esta Socie- 
dad con religioso empeño; y si á Humboldt, á Thiers y algnnos- 
otros sabios se les habían concedido los honores de una sesión so* 
lemne, nuestro ilustre consocio D. Manuel Orozco y Berra nos 
demandaba á su vez esa apoteosis. La Sociedad se lo concedió á» 
moción del señor vicepresidente, acordándose que la velada tu- 
viera lugar la noche del 31 de Diciembre de 1889. Así se verifica 

88 



366 SoOnSDAD MBXIOA.NA 

y el séfior Presidente de la Bepública tuvo la bondad de presidií 
la sesión, que estovo tan lucida como imponente. 

La respetable Prensa Asociada invitó á nuestra Sociedad para 
que apojrara una petición que aquella dirigía al Supremo Gobier- 
no en favor de la libre exportación del papel extrai^ero para im- 
presiones, y, previo un detenido estudio del asunto^ se apoyó taa 
liberal pensamiento con algunas variaciones respecto de la forma 
y en los términos que oportunamente se publicaron. 

Vuestro estimable consocio el Sr. D. Bafael Aguilar SantíUÍDi 
amenizó una de nuestras sesiones con la lectura de su «Memoria 
descriptiva de los principales Observatorios Meteorológioos » que 
visitó en su viaje á Europa, acompañándola de dibujos represea- 
tando algunos de los instrumentos descritos. La Sociedad, en de^ 
mostración del aprecio con que recibía tan curioso y útil trabajo, 
acordó que se insertara en el Boletín y asi se verificó. 

Otro de nuestros más distinguidos miembros, el laborioso señor 
Ingeniero D. Vicente Reyes, en tres diversas épocas presentó á la 
Sociedad, primero : un artículo relativo á « Observaciones sobre la 
estadística del ramo criminal en la Bepública en el período de 1871 
á 1885 ;» después un tratado que tituló crToponomatotecnía Nahoa^» 
y en el cual hace científicas y bien explicadas correcciones á la iii- 
terpretacíóu dada á los nombres de algunos pueblos que traen sa 
origen del idioma nahoa; y por último, su interesante disertación 
sobre los orígenes de las terminaciones del plural en el Náhuatl, 
y algunos otros idiomas congéneres, obra que, impresa en espafiol 
y francés por cuenta de la Sociedad, fué leida con sumo aplauso 
en el Congreso Internacional de Americanistas celebrado en París 
el áfio próximo pasado. 

El Sr. D. Leopoldo Batres, también estimable consocio nuestro, 
presentó á la Sociedad su obra titulada c Civilización de algunas 
de las diferentes tribus que' habitaron el territorio, hoy México, 
en la antigüedad,» la que pasó para su examen á una comisión 
compuesta de los Sres. Presb. D. Fortino H. Vera, Ing.D. Santiago 
Ramírez y D. Emilio Readel. Esta comisión presentó un dictamen 
haciendo el juicio crítico déla obra y opinando que la consideraba 
acreedora al premio de una medalla de oro que la Sociedad debe- 
ría conceder como extra(H*dinario con arreglo al art. 67 del Begla- 
mentó, por no tratarse del resultado de un oonourso. Así se aprobó, 



DE GEOaBAPÍA T ESTADÍSTICA. 260 

7 esta noche recibirá el Sr. Batres el premio concedido á su talento 
j laboriosidad* 

Con motivo del Congreso Internacional de Geodesia reunido en 
París el año de 1889, nuestro consocio el Sr. Ingeniero D. Joaquín 
Mendizábal Tamborrel, delegado por México, tuyo ocasión de ver 
los trabajos emprendidos por las naciones de Europa para llegar 
al conocimiento exacto de las dimensiones de nuestro planeta, y 
deseando el Sr. Mendizábal que México no permaneciera indife- 
rente á ese movimiento, propuso á la Sociedad que iniciase al Su- 
premo €k>biemo la creación de un instituto geodésico con el fin 
de medir un arco del meridiano desde nuestra frontera del Norte 
liasta nuestros límites con Guatemala, prolongando así en esa di- 
rección el arco que tienen ya medido los Estados Unidos del Norte 
y el que por su parte estaban midiendo en el Sur, Chile, el Brasil 
y la Bepública Argentina. Estudiado convenientemente este asun- 
to, se acordó someterlo á la decisión de la Secretaria de Fomento. 

El mismo Sr. Mendizábal propuso que la Sociedad se dirigiera 
á la Academia de Ciencias de París para que esta Honorable Cor 
poración invite á los Directores de los principales Observatorios 
del mundo para que se reúnan en aquella capital con el fin de es- 
tudiar y discutir la manera de obtener el mejor éxito en las obser- 
vaciones para determinar la paralaje del sol, aprovechando la 
oiK>sición de Marte que debe tener lugar el próximo año de 1892. 
La Sociedad aprobó la idea y se comuDÍcó la excitativa á la Aca- 
demia de París. 

El señor socio D. Emilio Keadel presentó un interesante e49tüdio 
.sobre el colosal monolito llamado «Diosa del Agua,» proponién- 
dose demostrar que podrá llamársele indistintamente « Diosa del 
Agua» ó «Diosa de la Luna.» Contrariada esta opinión por el Sr. 
Batres, la Sociedad nombró á los Sres. Dr. D. Jesús Sánchez é 
Ingenieros D. Vicente Reyes y D. Juan Orozco y Berra para que 
estudiasen el punto y consultasen lo conveniente. Después, por 
muerte del Sr. Orozco, integró la Comisión el Sr. D. Julio Zarate. 

Al comenzar el presente ano, el que habla tuvo la honra de ini- 
ciar la formación de una obra histórico-geográflca-estadística de 
la República mexicana, capaz de llenar el gran vacío que sobre 
«ste particular se nota. Esta obra, de verdadera exposición, pre- 
sentará á los Estados la oportunidad de ostentar todo lo que ten- 



20Q Sociedad Mexicana 

gan de patriótico eu su historia, de poético en sus leyendas, d» 
adelantos y bellezas en sus construcciones y vistas, y de riqueza» 
en su estadística; así como la Sociedad, al formar la síntesis de 
todos los datos, tendrá la oportunidad de presentar á México tan 
bello, tan rico, tan lleno de halagadoras esperanzas, como plugo al 
Autor de la naturaleza hacerlo. Pendiente aún de discusión este 
asunto, no es fácil predecir el resultado que tendrá; pero si se 
aprobara en toda la magnitud del pensamiento, con nada más 
provechoso para nuestra patria podría en mi humilde juicio ha- 
cerse representar la Sociedad en la exposición de Chicago. 

La Junta Auxiliar de Kuevo León no sólo ha mantenido una 
comunicación constante con la Sociedad, remitiéndole informes 
periódicos que revelan su dedicación, y copias autorizadas de sna 
actas, sino también algunos trabajos intere8ante8, como el cuadro 
de los ferrocarriles construidos en aquel Etstailo sin subvencióu 
del Gobierno, el de las vías telegráficas y el de alturas determi- 
nadas en la ruta de Linares. Además, toiiuiudo una iniciativa dig- 
na de aplauso, propuso á esta Sociedad la idea de adoptar una 
hora común x>ara toda la República, arreglada al Meridiauo da 
México, proyecto que estiidiculo con el mayor detenimiento por 
una respetable comisión del seno de la Sociedad, fué aprobado } 
presentadlo al Supremo Gobierno. 

Las principales sociedades Geográficas y Asociaciones Cieutíih 
cas del mundo, han mantenido sus constantes relaciones con uue% 
tra Sociedad, enriqueciendo nuestra biblioteca con las obras cientl;' 
ficas que por casi todos los correos se reciben. Nuestras congéneres 
de Lisboay de Madrid invitaron á todas las sociedades Geográficas 
para que en nombre de esta ciencia secundasen la protesta que for- 
mulaban contra los procedimientos del Gobierno inglés en el África 
Oriental, origen del conflicto anglo-lnsitano. Esta Sociedad limitó 
«u contestación á manifestar sus vi von deseos porque la acción di- 
plomática logre fijar los justos derechos de ambos países en el Con- 
tinente africano. 

El Congreso Internacional de Ciencias Geográficas reunido en 
París con motivo de la Exposición Universal, en vista de los bue- 
nos resultados que aquel concurso había dado, acordó volver á 
reunirse periódicamente, aunque haciéndolo en distintas nacioneS| 
siempre que estas se manifestasen dispuestas á recibir la reunión, 



DE Geografía, y Estadística. 261 

y encargando á la Sociedad de Geografía de París que inquiriese 
la voluntad de las diversas sociedades. Como consecuencia de es- 
te acuerdo, nuestra congénere parisiense preguntó si México esta- 
ría dispuesto á inscribirse en el número de las naciones que se pres- 
taban á recibir el Congreso, advirtiéndonos que Berna se había 
inscrito para recibirlo el ano de 91, Ginebra para el año de 92 y 
Lisboa para el año de 97. Este asunto, por su misma gravedad, es- 
tá todavía en estudio. 

La Sociedad Geográfica de Berna avisó ya que en el mes de A gos- 
to de este año se celebrará en aquella ciudad el segundo Congreso 
Internacional Geográfico, invitando á esta Sociedad para hacerse 
representar en él. La invitación quedó aceptada, y oportunamente 
será nombrado como representante alguno de los ilustres socios 
que tenemos por allá. 

En Octubre del año próximo pasado se reunió en París el 8? Con- 
greso Internacional de Americanistas, y nuestra Sociedad se hizo 
representar en él por el señor socio de número D. Ignacio Altami- 
rano, cónsul de México en aquella capital. Como una muestra del 
aprecio con que se ve en el extranjero la marcha progresista, jui- 
ciosa y eminentemente patriótica de los mexicanos, nuestro dele- 
gado recibió. el muy honroso cargo de vicepresidente del Congreso, 
y por cortés deferencia del Sr. de Quatrefages, Presidente electO| 
el Sr. Altamirano tuvo el placer de presidir la segunda sesión y de 
concurrir con tal carácter el mismo día á la recepción que del Con- 
greso hizo en el Eliseo el Sr. Qarnot, Presidente de la Eepública 
S^ancesa. La Sociedad se cofnplace con el homenaje de aprecio y 
honrosa distinción que en su representante recibió toda la Bepú- 
Mica Mexicana. 

El último acto á que tengo que referirme, es al de la institución 
de esta solemnidad anual. Buscar un premio y á la vez un estímu- 
lo para los socios; mantener de una manera latente el espíritu de 
vida para la Sociedad ; y fomentar en nuestra reducida esfera la 
laboriosidad de nuestros sabios para que se dediquen á aumentar 
las obras científicas y de utilidad práctica para nuestra patria: ts¡L 
es la mente que ha presidido á la institución. La Sociedad desde 
hoy pone en ejercicio el art. 58 de su Reglamento, y ofrece un pre* 
mió á la mejor obra sobre « Elementos de Geografía Nacional para 
la enseñanza, » según' los términos que para el concurso especifica- 



262 SocisDAD Mexicana 

rá la convocatoria que dentro de pocos días va á publicarse. Se h» 
escondo para el primer año una obra de enseñanza^ como un tri- 
buto de la Sociedad á la Instrucción Pública; y se lia preferido co- 
mo materia ¿ la geografía nacional, porque conviene más que otr» 
alguna á la misión de la Sociedad. También se abrirá un concursa 
sobre este otro tema : Estudios sobre la historia y tradiciones de la» 
tribus indígenas de México antes de la conquista. 

Señores: los miembros de esta Asociación se sienten apenado» 
por lo poco que han podido hacer; pero si tenéis en cuenta lo re- 
ducido de nuestros elementos, y las constantes remoras inherentes 
á los cuerpos colegiados, seréis benévolos al juzgar á los que, ooñ* 
tando con la protección del Supremo Gobierno, se proponen redo- 
blar sus esfuerzos para que esta Sociedad honre y prestigie á una. 
patria que tanto amamos. 



México, Abril 28 de 1891 



Bit o S«a«tario, 

Ángel M. DoMíNauEz. 



El primer Secretario Sr. Julio Zarate, desigDado 
por la Sociedad como orador oficial, pronunció el 
siguiente discurso: 

Señores : 

Si grato es el recuerdo de un glorioso hecho de armas qu^ h» 
concurrido á afirmad la independencia ó la libertad de la patria^ 
dignísima es de remembranza solemne la fecha en que se fundón 
cualquiera institución alta y fecunda, destinada á culüyar el an- 
churoso campo de las ciencias, Á difundir los conocimientos útiles^, 
á estrechar con ellos los vínculos internacionales que ligan eotr» 
8Í á todos los pueblos dvilizados, y á engrandecer á la naciiki qn» 
la sostiene y fomenta, porque ningún pueblo pudiera aspirar en 
nuestro tiempo á robusto poderío, ni al respeto universa^ ni á Im> 
aplausos de la historia, si sólo fiase el desarrollo de sos destino» 
á la prosperidad de sus elementos naturales ó á la bravura y j¡f^ 
triótioa abnegación de sus h^os. 

ISo es maravilla que hoy, cuadragésimo aniversario d^ la fimdU^ 



DE OfiOOBÁFÍi. T BSTABÍSTIGA. 90^ 

eiÓB de la Sooiedad Mexieana de G^grafía y Estadística, nos r^* 
Hamos para conmemorar ol nacimiento de esta institución qae ha 
honrado á México ante los demás países cultos, y ha coutribuid(> 
& sa progreso intelectual. Luce para la patria una época repara* 
dora y feliz en cuyo advenimiento creyeron y esperaron dos gene- 
raciones: la paz, pródiga y bienhechora, ha cicatrizado antiguas y 
enconosas Uagas, é impulsa vigorosameiite á la nación por la sen- 
da de su engrandecimiento^ todos los elementos que á su sombra 
Tiven y florean, se conciertan armónicos para concurrir á la obra 
magna de la grandeza ilimitada de nuestro país, y en ese desper- 
tar enérgico del alma nacional es preciso que las ciencias, las letras 
j las artes ejerzan también su prestigiosa influencia. 

Entre todas las vastas y opulentas regiones que sometió Espa- 
fia en el Nuevo Mundo, desde el postrer decenio del siglo quineei 
hasta ya muy entrada la décimasexta centuria, ninguna Cvjuu a 
de México excitó tanto interés en los conquistadores, ni reveló, co« 
mo ella, mayores riquezas que las atesoradas en su saio. Así, vemo» 
al mismo audaz y talentoso caudillo que derrumbó los antiguos rd^ 
BOB del Anáhuac, envainar luego su vencedora espada y ocuparse» 
en extender los descubrimientos que había iniciado con la devasta* 
eión y la guerra. Después de él, contemplamos á los misioneroa 
-^BÍ dedicados preferentemente á moderar las iras triunfantes in- 
terponiéndose, heroicos, entre dcmiinadores y vencidos — estudiar 
con igual ardimiento las nuevas tierras sobre cuyos habitantes 
iban derramando el consuelo y la civilización cristiana; y ya en las 
postrimerías del siglo diez y seis, tras aquella serie de ilustren 
gobernantes que se llamaron Mendoza, Yelasco y Enriquez de Al- 
manza, Espafia pudo saber que la tierra conquistada por Hernán 
Cknrtés, la que llevaba su mismo nombre rejuvenecido por ék amor 
de sus hijos, la que por al rumbo del Septentrión terminaba sus 
dominios en el continente americano, era la más valiosa de sus co- 
lonias en el hemisferio de Occidente; pudo uHEuiarse con poseer 
Hna r^ón de donde brotaba una áurea é inagotable corriente que 
B8 hundía euL las pavorosas simas abiertas 'pot sus guerras coíntra 
Flandes, Inglaterra y Francia; contó orgollosa los pueblos que en 
3fiieva Bspafia se doblegaban á so» leyes; pero ignoraba más que 
lo qae sabia de esta hermosa pcsdón de América^ y la geografia 
4elas posesioMs hi8]^ifias ea él mundo oecidental fipareee ape* 



264 SOCI£DiLl> Mexioana 

I 

ñas bosquejada en aquella éx>ocay que grande era el campo de la 
observación y del estudio y corto el número de sus constantes y 
meritísimos cultivadores. 

No sería pertinente en esta ocasión seguir paso á paso y ni si- 
quiera trazar á grandes rasgos los progresos de la ciencia geográ- 
fica en las colonias españolas de América, y particularmente ^l 
nuestra patria, durante los siglos XYII y XVIII. Ello es que el 
tiempo, la mayor difusión de las luces, y las sucesivas exploracio- 
nes que con fines políticos á la vez que científicos se emprendieron 
durante ese largo período, debían de producir su natural efecto. 
Así, aun bajo el desmañado régimen de -los dos últimos Austrias,' 
brillaron varios genios que contribuían con sus trabajos al adelan- 
tamiento de la geografía, distingiéndose entre los mexicanos el 
erudito Sigüenza y Oóngora, poeta, historiador, filósofo, anticua- 
rio, cosmógrafo y autor de varias obras geográficas que en su ma- 
yor parte han desaparecido, quizás para siempre. Entre los autores 
de origen español que escribían en México, sobresalieron entonces 
el ilustre Enrico Martínez, los frailes Antonio de la Ascensión y 
Jerónimo Zarate de Salmerón, Juan Díaz de la Galle y algunos 
más que prodiyeron obras de cosmografía, de geografía, de esta- 
dística y multitud de relatos y descripciones, con acopio de impor- 
tantísimos datos, de las provincias, ciudades y villas de Kaeva 
España, formando una colección que de haberse conservado coi* 
dadosamente, sería el monumento más completo de la geografía 
y estadística de México en aquella centuria. Más atrevido vuelo 
remontaron el saber, y en especial los conocimientos geográficos 
bajo la nueva dinastía de los Borbones, y ya durante la segunda 
mitad del siglo diez y ocho brillaron en nuestro país, distíngnién- 
dose en muchas ciencias y con particularidad en las matemáticas 
y naturales, tres eminentes hijos suyos: Yelázquez de León, Ál- 
zate y Gama. 

4 Pudiera decirse que al despuntar el glorioso siglo á cuya ago- 
nía nos ha sido dable asistir, nuestra patria, estudiada por la geo* 
grafía, se revelaba á sus propios h^jos y á los demás pueblos de la 
tierral Fo, que esa misión estaba destinada á un profundo y uiü* 
versal ingenio cuyo nombre es justo título de orgullo para la cen- 
turia que espirará dentro de breves años. Oon la intuición de los 
inmensos talentos, con la mirada serena del genio, oon el tesoro 



BE OEoaQAFíÁ Y Estadística. 285 

4e múltiples y vastos estudios, Alejandro de Humboldt observa 
por sí xoismOy adivinó lo que no pudo ver y trazó luego ^i su JEi^ 
m^o poUtíoo sobre el reim ie N^uevi^ Esfaña^ una admirable siuop- 
ais geográñoa y estadístiea ea la que por vez primera fué despritOy 
Iméo iui método cientifieo, el vasto país, siempre y bajo todos as- 
pectos el primero, entre los dominados por España en el fTuevo 
Viudo. La obra del eminente sabio prusiano difundió entre me* 
xíeajios y extranjeros noticias exactas y precisas de la estructura 
y coBfiguración del suelo de nuestra patria, de sus variados climas^ 
de sus infinitos productos naturales y de sus industrias, de las ra- 
sas de sus habitantes, de su comercio y de la administración pú- 
blica, tales cual se hallaban constituidos en los primeros años del 
siglo diez y nueve. T los trabajos de Humboldt fueron más que 
«1 punto de partida de la geografía y estadística del México mo* 
derno, el estímulo más poderoso que impulsó luego á nuestros 
compatriotas para estudiar su propio país en todas sus admirables 
oondiciones. 

La aparición del JBnsayo político sobre Nueva Espiona coincidió 
eon el término de aquella x)ortentosa lucha de once años, sosteni- 
da por nuestros padres para alcanzar la independencia. México 
entró á figurar al lado de las naciones libres, y al mismo tiempo 
1» obra de aquel sabio inmortal hacía conocer á IO0 demás pueblos 
«1 ^ne á costa de su sangre y de sacrificios sublimes se había ele- 
vado hasta la «mancipación y el goce de sus gloriosos destinos. 
Con la vida propia, con la libertad, vinieron para México tiempos 
tormentosos y fecundos, que si la tempestad lleva en bus fulmíneas 
alas gérmenes de renovación y de imponderable vigor á la desma- 
yada naturaleza, las luchas que sustentan los pueblos para gozar 
de los bienes de la libertad y la justicia, renuevan, bajo los escom - 
Ipfos y en medio de los horrores del combate, el estado social, y 
preparan mejores días á las sucesivas generaciones. Al estrépito 
4e aquellas porfiadas contiendas, léxico fundaba benéficas y úti- 
les instítocioaes, y entre otras y con el nou^^re de Itísíí^iU^ aMioo- 
iuri de Qeofrafia t EsU4Í9tiesk^ se establecía en 1$33 el gerpaen de 
«9ta sociedad científica, destinada 4 ser la primeira entre t'O^^s las 
de so clase que .se han erigido en nuestra patria. 8eis añpfi más 
4wde, en 1839, se le dio el título de Oomisién miliiwr fie 0^gr€^ 
9 B$ti9ii$tim^ y fiMlmeñte, por decreto de 28 d9 Abril de 1851, la 

84 



266 Sociedad Mexigai^a 

fiociedad quedó organizada con la denominación y sobre las bases 
que ha conservado basta la época actual. 

En los cuarenta años de su existencia, esta noble instítudÓB 
pudiera baber hecho más de lo que ofrece como resultado de sos 
tareas en que han tomado participación, y una en pos de otra, dos 
generaciones. Pero si se advierte que la mayor parte de ese perío- 
do de tiempo marca en nuestra historia la salvadora revolución 
de Ayutla, las épicas luchas de la Beforma, la guerra contra la más 
odiosa y atentatoria de las invasiones, y las intestinas discordias 
que surgieron después del triunfo de la Bepública; si se atiende á 
que una sociedad científica sostenida por el Estado ha de resen- 
tirse profundamente de los trastornos que perturban y embarazan 
la marcha de éste, lejos de parecer exiguo, debe considerarse abun- 
doso el fruto producido hasta ahora por nuestra ilustre y ya anti- 
gua institución. 

La historia de la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadísti- 
ca está comprendida en la ya larga serie de volúmenes que forma 
8U Boletín^ publicado con la posible regularidad. Complácese el 
ánimo al hallar en las páginas de esa preciosa colección innume- 
rables datos acerca de la geografía y estadística de nuestro país, 
documentos importantísimos relativos á su historia, luminosas di- 
sertaciones en que se estudian comparativa y filosóficamente las 
diversas lenguas de las razas aborígenes, eruditas adquisiciones 
sobre los monumentos y ruina.s que señalan el paBO de los antiguos 
pueblos, estudios arqueológicos, etnográficos y etnológicos, repro- 
ducciones de viejos é interesantes escritos que por la escasez de 
las primitivas ediciones hubiéranse perdido para siempre, y verda- 
deros tratados sobre diversos ramos del saber humano. Goza y se 
lisonjea nuestro sentimiento patriótico al ver estampados al pie 
de muchas de esas laboriosas producciones, hijas del ingenio y del 
estudio, los nombres de ilustres mexicanos, y es motivo de justí- 
simo orgullo para la Sociedad de Geografía y Estadística contar 
en la lista de sus miembros á Bío'de la Loza, Orozco y Berra, Fer- 
nando Bamírez, Mendoza, Díaz Govárrubias, Ignacio Bamírez y 
otros que ya desaparecieron, después de honrar á la patria con 
BUS talentos y sus obras. Viven aún muchos que dan á nuestra 
Sociedad prez y estimación dentro y fuera de la Bépública, y 
la generación que suceda á la presente sabrá y i>odrá sostener 



DE Geografía y Estadística. 267 

oon creces los merecimientos de esta antigua y útil institución» 
Cerca de medio siglo ha vivido ya, y no ha sido el menor de sus 
servicios el de haber estrechado, en el tranquilo y cosmopolita 
campo de la ciencia, fraternales relaciones entre nuestra patria y 
todos los pueblos civilizados del mundo. Antes que la diplomacia 
nos uniese con otras naciones, antes que los heroicos esfuerzos de 
México por defender su independencia, afirmar sus libertades y 
engrandecerse á fuerza de trabajo y de patriotismo, le hiciesen 
merecedor del respeto universal, ya la Sociedad de Geografía di* 
fundía el claro nombre mexicano en remotos países, y el envío de 
sus publicaciones, acogido siempre con grandísimo aprecio, es re- 
tribuido con el de las producciones de las sociedades científicas más 
prominentes del extranjero. Para mantener estas relaciones cons- 
tante^, cordiales y dignas de la civilización moderna, no han sido 
óbice la distancia ni la falta de intereses recíprocos, y desde la 
remotísima Australia y la apartada Finlandia se envían á nuestro 
instituto geográfico las manifestaciones de simpatía que unen y 
estrechan hoy, como sí miembros de una sola familia fuesen, á to- 
dos los hombres de buena voluntad. 

Grande es, por último, la deuda de gratitud que la Sociedad tie- 
ne para con el ilustre gobernante que promulgó hace cuarenta 
anos el decreto de su fundación; por eso ha querido que la efigie 
del General Don Mariano Arista se alce esta nophe en medio de 
nosotros para tributarle el más respetuoso homenaje; por eso su- 
plico en su nombre al señor Presidente que se sirva descubrir el 
busto que representa á ese venerable y esclarecido varón, integé- 
rrimo mantenedor de la ley, que prefirió el ostracismo al perjurio, 
y cuyas cenizas, que por tanto tiempo guardó el extraño suelo, 
descansan ya en el amoroso seno de la madre patria. Honrando 
sa memoria, la Sociedad Mexiea^na de Geografía y Estadística 
cumple un deber sagrado, y cree celebrar así dignamente la fecha 
de su nacimiento. 

En seguida el señor Presidente descubrió, con- 
forme al programa respectivo, el busto del General 
D, Mariano Arista, que se habla colocado en el cen- 
tro del salón, como un homenaje de la gratitud que 



268 Sociedad Mexicana 

le debe la Sociedad de Geografía y Estadística por 
la protección que le dispensó siendo Presidente de 
la República en el año de 1851. 

El Sr. D. Trinidad Sánchez Santos, en represen- 
tación de la Prensa Asociada de México, pronunció 
el discurso siguiente : 

Señob Vicepresidente de la Sociedad : 
Señores: 

La Prensa Asociada de México tiene aquí, en estos momentos so- 
lemnes, no sólo nna comisión representante de su amistad respetuo- 
sa para con el más antiguo é ilustre de nuestros cuerpos científicoS| 
sino también una misión propia, un asiento de familia, una interven- 
•ción genuina, y en verdad tan debida cuanto placentera. Porque 
aquí, en esta nocbe, vais á laurear las páginas escritas por uno de 
nuestros más estimados consocios, y esta honra esclarecida, única 
en vuestros augustos y brillantísimos anales, que abarcan medio 
siglo de glorias intensas, ha reflejado en la frente de la «Prensa 
Asociada, i> ha henchido de entusiasmo nuestros corazones, que vi- 
ven del mutuo amor, como el árbol de la savia; ha despertado en 
nosotros el orgullo santo de familia, ha traído á los labios de cada 
quien, en esta comunión de la gloria, una partícula en que toda ella 
viene íntegra, y ha destellado un rayo caluroso y fecundo en este 
paraíso que sembró sobre la haz inmensa de las letras, la más pu- 
ra, la más rica y exuberante fraternidad. 

Ko menos grato es, señores, para la corporación amiga, que tan 
delicadas muestras de afecto ha recibido de la « Sociedad Mexica- 
na de Geografía y Estadística, » venir á tributarle un saludo en el 
cuadragésimo aniversario de su instalación; saludo tanto más cor- 
dial y venturoso, cuanto que trasciende en sentido muy amplio i 
la patria; sí, señores, porque ella ha tenido aquí, durante ocho lus- 
tros, el sol de sus espacios científicos, el almacigo é invernadero de 
sus más preciados laureles, el santuario á que la sabiduría de allen- 
de los mares dirigiera sus sacras peregrinaciones, y en que la cien- 
cia y la libertad se refugiaron en días de prolongada y asoladora 
turbulencia. 



DE Geogbapía y Estadística. 269 

Benemérita de las patrias y más privilegiadas letras ; benemérita 
de las ciencias entre las razas latinas del JSTnevo Mando, signiñca 
esta Sociedad un monumento venerando de la Sabiduría entre las 
naeiones americanas, y asístele, por lo tanto, indisputable justicia 
al recordar con júbilo el día feliz en que sus puertas se abrieron, na 
como las del edén del Génesis para ver salir al hombre expatriada 
y lloroso, sino como las de la tierra prometida, para ver entrar en 
sas vastos jardines, una á una, todas las grandes figuras en nues- 
tras ciencias, nuestras letras y nuestra política^ todas las figuras 
oolaaales de que se enorgullece la patria mexicana. Este ha sido el 
asilo de todas ellas; por aquí han desfilado del estudio á la gloria 
y de la gloria al sepulcro. El aldabón de oro con que se llama á las 
puertas de este magno santuario, ha dado loa golpes con que de- 
mandaron entrada cuantos alcanzaron en México y para el mundo 
de la sabiduría, un renombre imperecedero y una antorcha inex- 
tinguible. Por eso la Prensa Asociada, que va al porvenir, á ese 
cielo que está más allá de las águilas y de los astros, saluda con 
efasióu á tan esplendoroso pasado, á este presente digno sucesor 
de él, y se descubre con respeto y admiración ante esas figuras 
grandiosas, ante esos colosos de nuestra Academia, cuyo hálito di* 
vino le parece respirar aquí, cuya presencia majestuosa, imponen- 
te con la gravedad abrumadora del genio, experimenta; y paro- 
diando la frase de los antiguos romanos, les dice : « Sombras vene- 
rables de Orozco y Berra, de liío de la Loza, de Cortina, de Alamán 
y demás esclarecidos varones : los que caminan hacia el porvenir os 
saludan. » 

Hé aquí, señores, expuesto el doble objeto de nuestra visita: fe- 
licitaros por el plausible aniversario que celebráis; por todos y 
cada uno de los innumerables eminentes servicios que esta Socie* 
dad ha prestado á las letras y las ciencias en el semicircular pe- 
ríodo de su gloriosa vida, y felicitaros, felicitándonos á la vez, por 
la honra señaladísima que habéis concedido á uno de nuestros 
consocios ; honra merecida y trascendental, con la que habéis pues- 
to una vez más de relieve no sólo vuestra sabiduría para juzgar^ 
stno también vuestra justicia al conceder no sólo la ausencia del 
perjuicio y de las pasiones dolosas, sino vuestro afán por el estí- 
mulo, vuestro generoso anhelo porque la ambición vuelva sus mi- 
radas hacia los tesoros del saber, hacia las arcas repletas de la 



270 Sociedad Mexicana 

ciencia; porque el estadio reciba el óbolo de la gloria, y porque 
agrupados en deslumbradora miríada los entendimientos de alas 
caudales, levanten á la patria, eleven este amadísimo Anáhuac en 
asunción poderosa, hasta el azul de los cielos, hasta más allá, has- 
ta donde puedan llegar los vuelos de la gloria y de la admiración 
y respeto del extranjero. 

H 

• ^ 1 q^é mejor elogio pudiera, señores, hacer aquí de gestión tan 
benemérita que demostrar la justicia con que habéis procedido al 
premiar los trabajos de nuestro consocio, así como las fecundas 
consecuencias que este acto producirá para el estímulo t 

La Prensa Asociada, obedeciendo á una ley de plausible solida- 
ridad, se asimila esa honra; pero al asimilársela, desea patentizar 
que no es una gracia, sino una justicia; no un favor dispensado, 
sino un premio merecido ; y desea patentizarlo, porque los honores 
arbitrarios, los que prodiga el favor y no la justicia, más que ala- 
banzas producen vilipendio, y desdoran á quien los recibe no me- 
nos que á quien los dispensa. 

Afortunadamente, para mi propósito, cuento también, señores, 
con un asiento entre vuestros socios de número; asistí al debate 
de gloriosos resultados para nuestro consocio, y tuve la honra de 
sostener el dictamen de la comisión que pedía el primer premio 
á que se refiere el capítulo octavo de nuestro reglamento, para la 
obra de aquel. Poseído en éste, como en todos los de mi vida, del 
valor de mis actos; apasionado inmensamente de la justicia y del 
mérito, vine á sostener aquí, ante vuestra sabiduría y equidad, lo 
mismo que había sostenido en mi periódico ante la malicia; conoz- 
co, pues, vuestros conceptos y estoy, por lo tanto, en aptitud de 
probar la proposición asentada. 

III 

4 Qué habéis premiado, señorea! jQué mérito apareció á los ojos 
de la comisión cuando pidió el primer i)remio, la medalla de oro, 
para laurear unas cuantas páginas, rudamente combatidas en 
aquellos momentos? Lo diré concisamente: la originalidad en la 
investigación histórica, la excelencia de método al aplicarla; y la 
novedad en el estudio del arte cultivado por las razas aborígenes 
de México. 



DE Geografía y Estadística. 271 

4 Era éste^ acaso, mérito suñcíente para el premio y honor altísi» 
mo qae habéis concedido Y ¡ Ah, señores! Harto lo saben y tienen 
de estimarlo enantes conocen el itinerario de la ciencia histórica 
al través de los tiempos; cuantos han podido asombrarse ante la 
maléfica unidad de ruta seguida por escuelas seculares; ante la 
monotonía del sistema adoptado por numerosas series de sabios; 
ante la aparente imposibilidad de descubrir y andar nuevos sen- 
deros; ante la ausencia de originalidad en las investigaciones cien- 
tíficas de la crítica. 

Abramos, señores, la carta de ese itinerario y observémoslo bre« 
vemente. 

IV I 

El grande Herodoto, el padre de la Historia, inició la suprema- 
cía de la forma sobre la crítica. Palpitante el alma de la Grecia 
en su espíritu sublime; enamorado ciegamente del arte y de las 
glorias helénicas; prefiriendo la hermosura del estilo á la severi- 
dad de la ciencia; concibiendo la historia no más que como un mo- 
numento de la raza heredera de los Pelasgos, su libro es una Ve- 
nus bellísima tallada sobre las letra», cual Milo la tallara sobre 
la roca. Y esa obra de arte, mucho más que de ciencia, al ser aplau- 
dida en Elida, se erigió en modelo para los pósteros, así como loa 
poemas de Homero determinaron el molde para todos los cultiva- 
dores de la epopeya. 

Por esto la Historia, que fué en manos de aquel preclaro inge> 
nio de todos los tiempos, lo mismo que faé la Grecia, un* grande é 
inmortal tributo á lo bello, una gentil y encantadora esclava de la 
poesía, siguió siéndolo en manos de los sucesores de Herodoto» 
Desde Thucidides hasta Amiano Marcelino no presenta la menor 
quiebra, no ofrece la más leve curva el sendero. La misma ausen- 
cia de crítica como base de la Historia; el mismo aislamiento de 
las partes, idéntica falta de conjunto; el mismo maravilloso pri- 
mor de la forma, absorbiendo para el arrobamiento de la belleza^ 
para el fuego del orgullo patriótico, toda la actividad del ingenio 
y todo el objeto de la historia. Ko brilló desde Heredo to hasta 
Marcelino, ni hasta el mismo Tito Livio, aquella mirada de sol que 
abarca una época, que busca y sigue los senderos por los que la 
humanidad ha rastreado la solución de sus grandes problemas, es« 



272 Sociedad Mexicana 

peoialmente la libertad; qae penetra á las profaadidades de nn 
siglo para escudriñarlas, y allá en las más recónditas osouridadcB^ 
donde hay vapor de lágrimas y de sangre, estudia al hombre ata- 
reado habata el sacrificio en la cien veces secular empresa de con- 
quistar su felicidad. 

Por tanto, Aristóteles colocó la Historia en grado inferior á la 
Poesía, de la cual venía á ser un simple confluente; y aquella imi- 
tación á Herodoto, aquella uniformidad estética^ pero antídenti- 
fica, llegó íntegra hasta Trogo-Pompeyo que puso en la magnífica 
lengua del Lacio la narración de las más ínclitas hazañas de los 
griegos. En período tan prolongado, después de tan larga pere- 
grinación en que las plantas de los historiadores, en fuerza de 
pisar los unos sobre las huellas de los otros, habían trazado un 
sendero bajo los encinos de Atenas, el primer progreso que se pre- 
senta, la primera iniciativa que aparece, estáen las páginas del Po- 
tivio. Una aurora de filosoña baña los horizontes del historiador. 
Comienza ahí la investigación de las causas de los fenómenos his- 
tóricos. Asoma la crítica, preguntando á los efectos su origen; la 
Historia escala los peldaños que le había negado Aristóteles ; vien^ 
Salustio, y lanzando una mirada inteligente sobré la brecha abiér- 
€a por Polivio, la signe con el valor del genio, abriéndose paso ooñ 
el acero de la más brillante filosofía. Pero la nueva escuela fué un 
relámpago; la antorcha que hubiera alumbrado todas las rutas de 
la humanidad, allá desde aquellos los más felices y vigorosos tiem- 
pos del ingenio del hombre, fué apagada de un soplo por la anti- 
gua escuela. 

Es, señores, tan inflexible el espíritu de ésta, y es, por ota» 
parte tan difícil dar á las ciencias un nuevo sendero, que Dionisio 
de Halicamacio y Catón, los primeros sabios que se consagraron 
al estudio de la Arqueología como auxiliar de la Historia, no cam- 
biaron de ruta, ni á impulsos de las grandes exigencias de este 
oscurísimo estudio. «No se despojaron, dice el más célebre histo- 
riador de nuestros días, del egoísmo de aquellas sociedades, ni su- 
bordinaron tampoco la forma al pensamiento.» Nada hablaré de 
Suetonio, rebuscador de anédoctas; pero el mismo Plutarco, ecléc- 
tico de erudición, de moral, de estilo, en cuya sencillez se revela 
el fruto de una sociedad decrépita, j nos da á conocer, por ventura^ 
de un modo completo á Solón, Arato y Pompeyo? Tácito, que en 



DE Geografía y Estadística. 273 

sa indignación agníjoneó el ingenio para penetrar al fondo de las 
aedones y profundizar sos causas, presenta en toda su desnudez 
los personajes y los hechos; pero en balde le preguntareis sobre 
las leyes, las artes, la religión, ni sobre nada de lo que oonstitaye 
el carácter de un pueblo. Sus noticias, exactas, pero deslavazadas 
é incompletas, no nos harán comprender el gobierno imperial, Gla- 
yados sus ojos en Eoma, ignora de todo punto las costumbres del 
Asia y hasta su geografía: con pesar echa de menos la Bepública, 
y no advierte que ha muerto irremisiblemente y bajo sus golpes: 
T6 ax>arecer una secta de hombres exentos de los vicios de que acu- 
sa á los demás, pero los confunde con los astrólogos y los magos: 
réft^re las persecuciones de que son víctimas, sin que se cure de 
averiguar si son justas, y sin columbrar siquiera que la religión de 
Koma se destruye, y que el mundo está ya maduro para una rege- 
neración. En suma, el arte era el ídolo perpetuo de los antiguos 
esoritores. Discursos de tanta belleza como de verosimilitud es- 
casa, debían amenizar el relato y hacer para el historiador las ve- 
ees de la tribuna, que había enmudecido. De aquí resulta haberse 
aibandonado á la erudición el lado pintoresco de la Historia. Tito 
Livio no menciona los tratados de comercio entre Boma y Gartago^ 
y nunca hubiera dado Tácito cabida en sus relaciones á la «pin- 
tara de las costumbres de los germanos.» 

Bntrado el cristianismo á la gran escena de los tiempos, tenía^ 
por sólo su doctrina, que abrir á la historia nuevos y anchurosos 
caminos. Al proclamar la unidad de Dios, proclamaba la anidad 
de la especie humana, y al proclamar ésta, presentaba al historia- 
dor un conjunto homogéneo: nnidad de causas, de efectos, de inte- 
reses, de origen y destinos; el embrión de un todo cientíñco que, 
más que las primaveras de la Betórica, pedía el escalpelo de la 
Klesofía. 

S/ra el momento de llamarla con su cortejo de ciencias para cons- 
tituir la Historia. La libertad, perseguida cruelmente y sin tregua^ 
desde los primeros días de la Asiría, por todos los ámbitos del glo- 
bo, acababa de rugir como leona acosada, sobre la cumbre de las 
siete colinas, con la pujanza de una era y con el sufrimiento de 
cuatro mil años. Aquel rugido que estremeció la tierra, caminan- 
do en alas de los huracanes, había despertado á los pueblos que 
yacían en letargo embodegados en los sótanos de la esclavitud-^ 

36 



274 Sociedad Mexicana 

Era el momento de preguntar al hombre por el hombre; era el ins- 
tante de preguntar al armiño y á la púrpura de los Belos, los Fa- 
raones 7 los Césares: Caín, 4 qué has hecho con tu hermano! Era 
el momento de que brotara la idea de una armonía universal Mi- 
tre todos los tiempos y todos los pueblos, para hacer de la Histo- 
ria no sólo un proceso de lo pasado, sino como la había llamado 
Cicerón, la «maestra de la vida.» Y en efecto, señores: Snlpicio 
Severo, Eusebio y San Agustín, dieron este gran paso al declinar 
el Imperio de Boma; pero sea que la toma de Constantinopla inun- 
dó la Europa de preceptistas, sea que los bizantinos, en cuyos 
claustros se había refugiado la ciencia, se engolfaron en el clasi- 
cismo; sea que la Edad Media se ocupó exclusivamente en prepa- 
rar con los hechos, que son el lenguaje de Dios, los grandes suce- 
sos del porvenir; sea que las irrupciones de los bárbaros trastor- 
naron y hasta suspendieron por mucho tiempo el maravilloso pro- 
grama de la Weva civilización, ello es que la iniciativa de aquellos 
sabios inmortales no llegó á adquirir su forma verdadera, sus pro- 
porciones titánicas, su fisonomía científica, sino hasta en manos de 
Bossuet. El y Vico, pensadores portentosos, fueron los verdaderos 
creadores de la filosofía de la Historia, ciencia desconocida de loa 
antiguos. En vano los filósofos del siglo XYIII pretenden haber 
creado una escuela nueva; lo que ellos intentaron lo había intenr 
tado ya Maquiavelo; y sus teorías habían sido ya expuestas por 
Fray Pablo Sarpi, en su lucba contra el Papa, y en favor de Vene- 
cia y de los regios poderes. 

Trazado ya ese camino de luz por el sol de la Francia, vinieron 
en su pos con las manos abastecidas de caudal científico, Kant, 
Herder, Boulanger, Furgot, De Maitre, Hegel, Segur, Cantú y Se- 
rrano, dando á la crítica su grandiosa forma presente, llamando á 
la Geo^grafía, á la Estadística, á la Antropología, á la Literatura, 
la Jurisprudencia, la Arqueología, las ciencias médicas y las mo* 
rales, las matemáticas y las políticas, para constituir ese todo mag- 
nífico, ese oráculo sublime á que llamamos historia. 



Veis, señores, por esta brevísima mirada que hemos dado al ití< 
nerario de la historia, que en tan enorme espacio de tiempo median* 
te entre Herodoto y nuestros días, sólo tres grandes novedades, só« 



DE Geografía y Estadística. 275 

lo tres iniciatívas y creaciones ha tenido esa hermosísima ciencia: 
la que señalaron Polivio y Salustio, la que introdujo el Obispo do. 
Hipona, y la desplegada con éxito prodigioso por el águila de la 
escuela galicana. Ahora bien, señores : si tan rara y difícil aparece 
la iniciativa, la originalidad, la nueva ruta en la ciencia histórica, 
^no he de estimar como justo, muy justo y merecido el premio que 
habéis acordado? No os hablaré de un descubrimiento que asom- 
bre á los siglos; no os hablaré de una novedad que maraville á las 
academias; ni la estimación ni la justicia necesitan acudir á la hi- 
pérbole: pero en materia tan obstrusa, en tan oscuro sendero, una 
inítíatíva, una novedad, con ser importante, sin asumir las propor- 
ciones de lo asombroso, es digna por mil títulos del alto honor que 
habéis otorgado. En esas páginas que hoy reciben un lauro de vues- 
tras manos, aplícase por primera vez, en México, sin imitación del 
extranjero, la Química al estudio de la arqueología; aplícasela por 
primera vez á identificación de las alfarerías prehistóricas entre 
nosotros; aplícase una forma de la antropología á la identificación 
y correlación de las divinidades simbolizadas respecto de las ra^as 
que les rindieron culto idolátrico, y se da al estudio del arte de las 
tribus aborígenes, primeros principios^ punto seguro de partida, 
desde el cual será posible alcanzarlo, sin las ilusiones del lirismo ni 
las preocupaciones de un sistema puramente hipotético. 

VI 

Cruza México, señores, por una época en que al lado de colosa- 
les empresas del orden material, es palpable el decaimiento del 
estadio. Entrégase la hoja periódica, con muy señaladas excepcio- 
nes y con fiebre sorprendente, á sólo la noticia que impresiona; • 
nuestra producción literaria, aparte de escasa, ha caido en la peor 
de las manías, en el más funesto de los gongorismos: la frivolidad; 
el libro científico es un cometa que visita muy rara vez nuestro 
cielo tenebroso. El talento no quiere más que la empresa. No se 
dirige ya á las bibliotecas, sino á las aduanas; no intenta brillar 
en la cátedra, sino en la oficina. Las letras de cambio valen más 
que las de Cervantes; su linterna no busca ya al hombre, sino á 
la veta. jPor qué, señores, se entristece y marchita ese árbol en 
otros días tan frondoso, ese árbol que fué comparado con los más 
corpulentos de Atenas y Salamanca? Porque le fiílta la poda, el 



270 Sociedad Mexicana 

estímalo, el ipso ferroj de que hablaba Horacio. Las letras y las 
ciencias vienen del estímulo, como el fuego del oxígeno; es paira 
ellas, para su marcha, lo que la hélice ó la vela para la nave. 

Hé aquí, señores, por qué vuestro enérgico llamamiento al es- 
tímulo, vuestra voz, como ninguna autorizada, que se hace oir en 
medio de la balumba y tragí n del negocio, para pronunciar la pa- 
labra de la gloria y sostener los fueros de la ciencia, significa un 
merecimiento más, y en verdad brillantísimo, que agregáis al bla^ 
son de vuestras envidiables noblezas. 

La Prensa Asociada, que suspira i>or el porvenir de las ciencia» 
Y de las letras en México, os felicita por tan amable merecimien- 
to; y al celebrar con vosotros este aniversario, felicita á la patria 
mexicana; sí, la felicita con él amor, con el orgullo, con la espe- 
ranza filiales, porque aun no ha muerto su antiguo y victoriosa 
adalid en la cruzada de las ciencias de Anáhuac; porque aun está 
en el combate; porqtié aun su loriga de oro brilla entre todas^ á. 
la vanguardia; porque empuñan aún sus manos el acero y el es- 
cudo; porque todavía tiene quien llame á la juventud con el cla- 
rín del caudillo á las invictas filas del saber; y porque aun dará 
para esa patria sedienta de lo futuro, mucha luz y muy floridas 
primaveras: quien fué un sol, en lo pasado, lo es en lo presente y 
sabrá serlo en lo porvenir. 

. A continuación el señor Presidente entresfó al 
señor socio Leopoldo Batres un diploma, y lo con- 
decoró con una medalla de oro que le fué acordada 
por la Sociedad, como premio de primera clase por 
•su obra titulada: «Civilización de las diferentes tri- 
bus que habitaron el territorio mexicano en la an- 
tigüedad.» 

Después, haciendo uso de la palabra, dijo: Como 
lo veis, señores, esta Sociedad acaba de pagar una 
deuda de gratitud que tenía con un soldado vale- 
roso, que se mostró tan noble en el poder supremo, 
como fué amigo de la instrucción, de las artes y la 
historia. Pues bien, hoy, como en 185 1, se halla á 



DE Geografía y Estadística. 277 

la cabeza de la Nación otro caudillo, que más afor- 
tunado que el primero, después de combatir por la 
libertad de la patria, nos ha dado la paz y la con- 
serva. ¿ No sería entonces digno de esta agrupa- 
ción científica, que también vive y se levanta al alien- 
to de la paz y de la libertad, dar una muestra de su 
alta estimación al ilustre cildadano que tantas co- 
sas útiles ha hecho por el país ? Hacerlo así, sería 
honrar de un modo especial esta sesión, uniendo á 
los recuerdos que hacemos del excelente patriota, 
General Mariano Arista, los sentimientos de adhe- 
sión que nos inspiran los hechos del Presidente 
Porfirio Díaz. Por lo mismo, y á fin de reducir á 
práctica este pensamiento, hago la siguiente propo- 
sición : 

Se nombra Presidente honorario de la Sociedad 
Mexicana de Geografía y Estadística, al ciudadano 
General Porfirio Díaz. 

Esta postulación fijé tomada en consideración 
inmediatamente, y en seguida aprobada por unani- 
midad de votos. 

Para concluir, el mismo Sr. Romero dio las gra- 
cias, á nombre de la Sociedad, á las Sociedades cien- 
tíficas y literarias que se habían servido concurrir 
por medio de sus representantes á esta sesión, lo 
mismo que á las demás personas que se hallaban 
presentes. 

Se levantó la sesión á las nueve de la noche. 



Sociedad SIexk'ana 



DE Geografía y Estadística. 279 



ANTROPOLOGÍA Y ETNOGRAFÍA 



RESUMEN por orden geográflco de las cuestiones antropológicas y et- 
nográficas tratadas en la 8* reunión del Congreso Internacional 
de Americanistas. 

( Trsdiioldo por el socio de número Y ICK>'TR BEYES. } 




|l Congreso luternacional de Americanistas celebró en Pa- 
rís SU octava reunión, del 14 al 20 de Octubre de 1890, ha- 
biendo correspondido cuatrocientos suscritores al llama- 
miento de la junta de organización. Fué más sensible la elevación 
del nivel amerit^anista respecto de las sesiones precedentes, y es- 
tuvieron mejor representadas las diversas nacionalidades del Nor- 
te, Centro y Sud América. 

Las comunicaciones verbales ó escritas hicieron particularmen- 
te referencia á la historia, la geografía, la cartografía, la antropo- 
logía, la etnografía, la arqueología, la lingüística y la paleografía 
de América, en las épocas precolombiana é inmediatamente pos- 
terior á la conquista española. 

Aunque todas estas cuestiones se relacionan y se completan unas 
á otras, sólo nos ocuparemos aquí de las relativas á la antropolo- 
gía y la etnografía, resumiéndolas rápidamente y enumerando des- 
de luego por orden geográfico, de Norte á Sur, las diversas regio- 
nes del Nuevo Mundo que fueron especialmente estudiadas por 
los miembros del Congreso. 

Begián ártica. — Origen asiático de los esquimales, — El señor abate 
Bhilio Petitot (de Mareuil, Seine-et-Marne) trató del origen 
asiático de los esquimales. Según las tradiciones de esos pueblos, 
vinieron del Asia bajo la conducción del gran castor Kigheark, 
dividiéndose eu dos fracciones, la del Oeste ó tchoublouraotit (en- 



280 Sociedad Mexicana 

cantadores ) y la del Este ó tchiglit ( hombres ), los actuales esqui- 
males y los aleúdanos. — ^Los del X. ^N*. O. acostumbran insertarse 
en las mejillas zarcillos de hueso, mármol, serpentina ó marfil^ se- 
mejantes á los botoques de los caribes, tupís y botocudos. Los otros 
no llevan ese adorno. — ^Aseméjanse bastante las lenguas de ambas 
familias y tienen los mismos usos y costumbres. El Sr. Petitot en- 
cuentra numerosas analogías entre el idioma de los esquimales y 
las lenguas llamadas tur^^niana, altaica, uraloaltaica, tártara y es- 
cítica, que hablan las tribus blancas de origen aryano. Los iu»a- 
bres de los esquimales <r tchiglit,)» para designar los cuatro pon- 
tos cardinales, son una prueba de la procedencia asiática de los 
«Linoit,» es decir, de su marcha del Oeste al Este primero y en 
seguida hacia el Sur, para volver finalmente al l^orte. Los recuer- 
dos de los crlnnoíti» no se remontan sino hasta las márgenes asiá- 
ticas de Akilinerk ó á lo más hasta las islas de los Castores ó Aleu- 
oianas asiáticas; pero los hechos atestiguan: 1? que no son origi- 
narios de esas islas, aunque en ellas han podido y debido inaugu- 
rar las costumbres extrañas que caracterizan á los esquimales; 2? 
que tienen numerosos puntos de contacto con los asiáticos oriau- 
tales ribereños del Pacifico y del mar de Behring. 

Unidad de la raza enquimal. — El señor profesor YAjUOEiCAJt 
ScHMiDT (de E^obnhavn) habló de la unidad de la raza esqui- 
mo, segán los últimos trabajos de Bink. 

Este sabio ha comprobado, que los nombres de las embarcacio- 
nes y sus accesorios, de las armas y utensilios, de los animales y 
también las apelaciones etnográficas y geográficas, se parecen en 
todo el territorio de la raza esquimal, sin excluir las tribus más 
distantes y aun aquellas que ignoran la existencia de otras tribus. 
El Sr. Bink admite, que los esquimales han podido emigrar del 
Asia por el Estrecho de Behring, pero opina que han salido más 
bien de las regiones centrales de América hacia la costa occiden- 
tal, y que ha habido contacto entre los indios y los aatepafíiadqs 
de los esquimales. 

^hromUkinde$eB actuales.— E\ Sr. Capitán D'lBaENS-BBsafi (de 
Sjobnhavn ) dice, que los groenlandeses, ó más bien los actuales 
esquimales, son cerca de diez mil, de los cuales solamente algnaos 
centenares habitan la costa Oriental. Dánse el nombre 4o kalalelL 
y hablan la lengua kalale. Tienen la cabeza de forma piramidiiil; 



DE G-EOOBAPÍA Y ESTADÍSTICA. 28t 

anchas las mandíbulas; la frente en forma de triángulo más ó me- 
nos pronunciado hacia la extremidad superior; la cara muy aplas- 
tada; los ojos oblicuos; la tez muy morena y los cabellos negros j 
eriaados. Son aficionados á la música; de gustos sencillos, é indo* 
lentes : se dedican á la pesca y á la caza del reno y son de carao* 
ter pacífico y afable; muy dados al aguardiente los hombres y 
mujeres al baile. 

Continente Norteamericano. — Período paleolltieo. — El Sr. Tomas 
WcLSON (de Washington, D. G.) se ocupó del período paleolítico 
en la región septentrional de la América. 

La atención de los sabios se ha fijado preferentemente en el pe* 
cfodo neolítico de la edad de piedra, al que probablemente perte- 
necen los ffMóund-builders» y otros indios más civilizados toda- 
vía, habiéndose dedicado poco al período paleolítico, que el Sr. 
Wilson ha estudiado de una manera especial, comenzando por reu- 
nir los resultados de algunas observaciones que se han hecho en 
localidades distantes unas de otras, y ha impreso á estos estudios 
un impulso uniforme y metódico en todo el territorio de la Amé- 
rica del ^orte, desde las playas del Atlántico basta las costas del 
Pacífico. En todo este vasto territorio, el Sr. Wilson ha encontra- 
do el mismo género de instrumentos, que difieren absolutamente 
de los que se han reconocido pertenecientes al período neolítico, 
tonto en Europa como en América, y el Sr. Wilson deduce de estas 
observaciones que los instrumentos de los Estados Unidos perte- 
necen á la misma civilización paleolítica que los descubiertos en 
las arenas de río en Trenton ( New Jersey), en Ghelles, en Saint- 
Acheul y otras localidades de la Europa Occidental ; probando asi 
la existencia de un período paleolítico en los Estados Unidos. 

Supervivencia de las tribus nómadas; desaparición de los Mound-^ 
tuUders.— El Sr. 8. B. EvAKS (de Ottumwa) señaló la existencia 
actual de tribus errantes en los Estados Unidos, á pesar de la ci- 
vilización y del progreso de nuestra época: el sentimiento que las 
impele hacia su destiuo tiene sobre ellas tanta fuerza como el ins- 
tinto de los pájaros y otros animales que los confina en sus resi>eo- 
tivas esferas. La barbarie y la tendencia natural á la vida nómada 
existen todavía en esas tribus, y en cuanto á los que construyeron 
los túmulos no existen ni en América ni en ninguna otra parte. 
Bl Sr. Evans contradice á los sabios oficiales de los Estados Uni^ 

86 




282 SooiEDAB Mexicana 

dos, qae opinan que loa antecesores de esas tribus errantes fuerw 
km constructores de los « nv>unds.j» 

Jf lechas de loe mounds.— El señor Barón J. de Batb (de París) 
presentó al Congreso flechas de piedra, encontradas en un «mound» 
devado sobre una roca escarpada, que domina el río Missouri, cee- 
4» de su confluencia en el Mississippi, en el sitio de un campo de 
batalla entre Sion y Pottawatonies. 

CUff^dtoellere fnodernoa.—Bl Sr. Dr. E. T. Hamt (de París) 
señaló el descubrimiento de cliff-dwellers contemporáneos en la 
Sierra Madre ( California ), efectuado en 1889 por el sabio holan- 
dés ten Kate y los serios estudios que hizo sobre ellos. Esta ex- 
ploración, unida á la que está llevando á cabo el doctor Noruego 
Cari Lumholtz, completará los datos adquiridos sobre los movi- 
mientos migratorios de todas las poblaciones sedentarias del Nor- 
te, que van corriéndose hacia el Sur en sus cacerías. 

Sucede con esas tribus lo que ha acontecido con los mound-- 
builderSj si se atiende que en la Florida y en las comarcas vecinas 
se han encontrado poblaciones cuyos caracteres corresponden á 
los de los mound'-buildere; y de la misma manera en la Sierra Ma- 
dre se comprueba la existencia actual de cUff-dtoellere semejantes 
á las tribus similares, que probablemente fueron expulsadas da 
Norte á Sur. 

Cacerías sagradas. — El capitán John G. Boubks (de Washing*- 
ton)'envió una memoria sobre una cacería sagrada á la que asis- 
tió con los Zufiis de Nuevo México, y que tenía por objeto el abas- 
tecimiento de carne para las águilas sagradas. Verificaban esas 
cacerías los Tlaxcaltecas, en honor de su dios de la caza, Camax- 
tli; y la misma ceremonia practicaban los antiguos pueblos de Mé- 
xico y Guatemala, según cuentan Fray Diego de Duráu, Herrera, 
Ctomara, Torquemada, Clavijero, Motolinia y Sabagán ; y Garei> 
laso de la Vega demuestra que también existió entre la raza inca 
del Perú. En la memoria del Capitán Bourke se hace además men- 
eión de los bastones hechos con las plumas de las águilas sagra- 
das en el momento de esas cacerías ( que se plantan en las milpas 
para procurarse una buena cosecba, con esa especie de oración ó 
sacrificio ); — del incienso en los sacrificios ; -— de los hoomera'ngs pa* 
xa la caza de ciertos animales; de las cacerías comunes, y de la 
domesticación de los animales salviue& 



DE Geografía, y Estadística. 283 

Sombre cuaternario mexicano. — El Sr. Lie. Ignacio M. Alta- 
HIBANO (de México) afirmó la exiatencia del hombre cuaternario 
en México, porque se posee un hombre fósil descubierto en 1885 
por el ingeniero Bamírez en una excayación hecha en una capa geo^ 
lógica que pertenece á la época cuaternaria. 

Anomalías étnicas tarascm. — El Dr. I^icoiJLs León ( de More- 
lia) comunicó al Congreso las diversas obs^vaciones que ha hecho- 
de los cráneos tarascos preoolombianos, del Estado de Michoacán.. 
Los colmillos estaban sustituidos por un diente que presenta todos 
kw caracteres de los pequeños molares y en ningún caso encontró 
las muelas del juicio. En los indios de raza pura, de nuestros días^ 
se observan anomalías en la dentición y en el maxilar inferior ( mu- 
cho más estrecho 4ue el de los europeos ), semejantes á las que se 
reconocen en los cráneos precolombianos. iNótase, además, la ca- 
rencia de vello en los puntos de unión del tronco y de los miem- 
bros. La barba, ó falta absolutamente, ó es rudimentaria. 

^ay correlación entre estas diversas anomalías : la falta de vello 
ea las axilas, en el pubis, y en el cuerpo del indio tarasco de raza 
pora, da la razón de la ausencia de las muelas del juicio. El Dr. 
León hace justicia al Sr. E. T. Hamy que se ocupó por primera- 
vez de las mutilaciones de los cráneos mexicanos. En Michoacán 
el Dr. F. Planearte encontró un cráneo de esa especie. Los inci- 
sivos superiores é inferiores, así como los pequeños molares, reem- 
plazan á los colmillos, como en todos los cráneos tarascos precolom- 
hianos, y presentan además una ranura ó muesca longitudinal 
sobre su borde libre, semejante á una cola de pato. 

£1 Sr. León ha encontrado en Michoacán muchos cráneos depri- 
midos artificialmente. Una obra antigua, « La Eelación de Mechua- 
eánj» refiere que no se reputaban por valientes á los hombres de 
cabeza redonda y que por eso se aplastaba la cabeza de los señores 
esk forma de galleta. 

Analogía de las civilizaciones mexicanas y asiáticas. — El Sr. DÉ- 
si^ Cabnay ( de París ) comunicó al Congreso sus observaciones 
sobre las analogías que ha encontrado entre las civilizaciones de 
México y de la América Central, por una parte, y las del Asia por 
la otra. Respecto de China y el Japón, estableció una aproxima- 
ba entre el fundador de la monarquía china Taiho Fou-hi-ché^ 
representado por una serpiente de cabeza humana, y el dios mexi- 



284 Sociedad Mexicíjva 

cano Quetzalcoatl. Los regocijos por el ano nuevo son idénticos en 
China y entre los mexicanos precolombianos. La crnz grabada en 
China protege las cosechas y es símbolo de la lluvia; lo mismo su- 
cede en México^ donde simboliza al dios Tlaloc. £1 uso de papeles 
de colores recortados en las ceremonias religiosas para expulsar & 
los espíritus y tener á los dioses propicios, es común á Ghina^ al 
Japón y á México. Los katunes del bajo relieve del sacrificio de la 
lengua, de un templo de la ciudad Lorillard, han sido últimamente 
descifrados por un sabio japonés. Cuanto á las afinidades con Cam- 
boja, las encuentra el Sr. Chamay entre las cariátides del palacio 
de Angkor-thom y las de Chichenitza (Yucatán ) ; entre el juego do 
pelota del país y el tlachtli azteca; entre el vestido nacional de los 
hombres, el c patoi » y el mantli tolteca. Bespecío de Caldea y Abí- 
ría, ofrecen numerosos puntos de contacto con el antiguo México: 
religión ( globo alado, símbolo del dios supremo) , relaciones del ni- 
ño recién nacido y de los astros, vestiduras del rey ( Khotsabad y 
ciudad Lirollard) , enterramientos de los muertos en cofres y vasi- 
jas de barro, — materiales, formas, posiciones, ornatos de los tem- 
plos y palacios, idénticos. El orador insistió sobre los caracteres 
de las costumbres y el sistema arquitectónico semejantes en esas 
dos apartadas regiones, aunque en vista de las necesidades de los 
países, esas manifestaciones tenían más razón de ser en Asiria que 
«en México. Explicó este hecho por la tradición llevada de Asia por 
los antecesores de los mexicanos precolombianos. 

Etnografía mexicana. — El Profesor D. *G. Beinton (de Media 
P.) , aconsejó á los americanistas que borren de los vocabularios ét- 
nicos los términos chontaly popoloca^ que sólo sirven para designar 
poblaciones extranjeras en general, sin aplicarse á una raza deter- 
minada. Demostró que los diversos pueblos de ese nombre que se 
encuentran en México y en Centro América, son de razas y lenguas 
absolutamente diferentes; y para evitar la confusión, el Sr. Brin- 
ton propuso que se llamen tequistlatecas á los chontales de Oaxaca 
y de Guerrero que tienen analogías con los Jumas, y dividir á los de 
Kicaragua en dos ramas: los Matagalpanes y los Lencas. No ofre> 
<ii6 nombre alguno para los chontales de Tabasco, del grupo Tzen- 
dal de la rama maya, ni para los de Honduras de la familia chortí, 
ni para los de Mosquitos, que son ul vas. En cuanto á los popolocas, 
el profesor americano identificó á los de Puebla, Veracruz, etc., con 



DE Geografía y Estadística. 285 

los mixeSy tlapanecas, cohaiscas y yopes, á los de Michoacáu con la 
lama náhoa de los cnitlatecas, y á los del Salvador y Honduras con 
los Lencas. No aventaró opinión alguna respecto de los popolocas 
de Gonguaco ( Guatemala ) • 

Religión.-^'El Db. Eduardo Seleb (de Steglitz) se extendió 
tratando de Huitzilopochtli, el dios de la guerra de los aztecas. Las 
tradiciones confusas y las relaciones incoherentes relativas á las 
diversas divinidades mexicanas, tienen un aspecto diferente desde 
el momento que se considera que indudablemente proceden de las 
concepciones sencillas y casi análogas de cualquiera tribu que se 
trate de raza mexicana. En cuanto á Huitzilopochtli, forma parte 
de una serie de dioses que pasan por otras tantas variantes del 
antiguo dios del fuego, del de la luz, del fuego celeste, del sol, y que 
por la misma razón son al mismo tiempo las divinidades tutelares 
de la caza y de la guerra. Forman parte de ese grupo de divini^ 
dades: Xiuhtecuhtli ó Ixcozauhqui, dios del fnego, fundador de la 
raza Tepaneca; Mixcoatl, dios de la caza, identificado con Gamax* 
tu, dios Tlaxcalteca; Tezcatltpoca, ídolo de Tetzcoco; Atlahuac y 
Opoclitli, dioses de los chinampanecas de Guitláhuac; Xipe, el dios 
rojo de la nación tlapaneca y otras divinidades de un culto más lo- 
cal. Lo que probaría también que Huitzilopochtli puede ser coloca- 
do en la misma categoría, es que el Xiubcoatl, la serpiente inflama- 
da del cielo, ePcometa, era considerado como el nagual de ese dios, 
su disfraz, la figura viviente que se creía íntimamente ligada al ser 
del dios; y que el mismo Xinlicoatl era el nagual de Ixcozauhqui, 
dios del fuego. Así, ambos llevan sobre la espalda, en forma de 
bandera ó divisa distintiva, la cabeza fantástica de ese animal. El 
ealto del terrible dios de la guerra, al mismo tiempo que dios coli- 
brí, en su acepción verdadera y original, no es otra cosa que culto 
de la idea de la resurrección de la naturaleza y de la inmortalidad 
en general. 

£1 Dr. Eduardo Seler hizo la historia de algunas industrias 
favoritas de los antiguos mexicanos y que denotaban una civiliza- 
eión bastante avanzada, fundándose en la autoridad de un manus- 
crito origina] azteca de la obra del P. Sahagún, que pertenece ala 
Beal Academia de la Historia de Madrid. 

Orfebrería. — Gapítulo primero. Valíanse los mexicanos de una 
piedra para martillar y retundir el metal, y estas piezas de orfebre- 



286 SootEDAD Mexicana 

ría servían particularmente para el ornato de los tocados militares 
guarnecidos de plumas. Distinguíanse dos sistemas de fundición y 
el método precolombiano era el más delicado y artístico. En una 
mezcla de arcilla y de carbón, machada y endurecida al sol, mode- 
laban cx)n un instrumento de cobre todos los detalles del objeto que 
deseaban fundir, cubriendo el molde así formado con una capa del- 
gada de cera que se adaptaba á todas las sinuosidades y detalles. 
En cuanto al método del tiempo de la conquista española, consis- 
tía en cubrir con una mezcla de barro y arena, secada en el sol, los 
contomos del objeto que se iba á fundir, ejecutando los detalles de 
la ornamentación con cera y cubriendo el molde con barro. Antes 
de aplicar la concha sobre la cera que cubría el molde, untábase 
el objeto con una capa de carbón pulverizado ; la concha misma es- 
taba hecha de una mezcla de barro y carbón toscamente machaca- 
do, y un cilindro de cera, encerrado en una concha, servia de canal 
de escurrimiento. Calentando el molde se expulsaba la cera; colo- 
cábase en seguida el molde en una vasija y se echaba el oro ftm- 
dido en una cuchara de barro mezclado con carbón. Una vez va- 
ciada la pieza, se introducía en un baño de alumbre y se la frotaba 
con una mezcla de sal y de tierra fangosa; después venía la ope- 
ración del pulimiento. 

Capítulo segundo. El hecho más curioso que encontró relatado 
el Br. Seler, fué ql uso del esmeril para tallar y putir las piedras 
preciosas. 

Capítulos tercero y cuarto. — Industria plumajera. — Dos proce- 
dimientos diferentes seguían los mexicanos en la ejecución de los 
trabajos de plumajería. Por uno de ellos disponían las plumas so- 
bre una especie de pequeño armazón, enfilándolas y anudándolas 
entre sí con hilo y cordel. El otro método consistía en pegar las 
plumas sobre un papel delgado de algodón. La primera manera 
servía para hacer las divisas ó estandartes que los jefes y guerre- 
ros mexicanos usaban en la guerra y con motivo de las danzas re- 
ligiosas; el otro procedimiento se empleaba para confeccionarlos 
mantos de plumas que servían de ornamento á los ídolos y exigía 
mucha habilidad y un gusto artístico muy desarrollado. Los me- 
xicanos tenían un talento especial para realzar el vigor de los colo- 
res de la«r plumas por superposición de los tonos, y al mismo tiempo 
llevaban en cuenta la economía, poniendo solamente en las capas 



DE OEOaBAFÍA Y ESTADÍSTICA. 287 

inferiores plomas corrientes, pero del mismo matiz que las que os* 
tentaban por encima* Sin embargo, ambos procedimientos de apli- 
cación de las plumas no se excluían el uno al otro, y el Sr. Seler 
entró en minuciosos detalles sobre este particular. Comunicó sus 
observaciones relativas al mosaico de plumas del museo de Yiena; 
al delantal del museo de Berlín; á los campos de rodelas del mu- 
seo de Stuttgart y al manto rojo del museo de Bruselas. La indus- 
tria plnmajera, de la que todavía sé conservan en el siglo XTX 
veatígios en el Estado de Michoacán, muy poco ha conservado del 
gusto y de los métodos técnicos de los antiguos mexicanos. 

La Sba. Cblia Nuttall (de Cambridge, Mass.) llamó la aten- 
ción del Congreso: primero, sobre la mitra de plumas que en el si- 
glo XYI fué ofrecida por una princesa de su familia al Papa Máxi« 
mo de Médicis, que está actualmente en Florencia en el palacio 
PittL En su concepto, esa obra maestra del arte plumajero es oon 
mncho superior á las piezas conocidas que se conservan en Méxi- 
co, Yiena, Stuttgart y Bruselas. Esas piezas de mosaico de pinta- 
ra natural de plumas han sido indudablemente montadas por una 
mano europea, pero el trabajo capital no ha podido ser ejecutado 
óno por los famosos amantecas, artistas aztecas. Segundo, sobre 
la magnifica obra de pluma hecha en México en el siglo XV y con- 
servada en el museo de Yiena. Ajuicio de la Sra. Nuttall, esa pieza 
es un apaneeOj^otl^ destinado, al principio, al uso de Motecuhzoma 
en sus funciones de sumo sacerdote de Huitzilopochtlí, y después 
pasó sucesivamente por manos de Cortés, Carlos Y y el Archidu- 
que Femando de Tyrol. Contrariamente á la opinión del difunto 
Dr. Hochstetter y del Dr. Eduardo Seler, que quiere que esa reli- 
quia histórica sea un estandarte, una bandera en forma de abanico^ 
laBra* Nuttall sostiene que era un penacho; desde luego esa pieza 
figura en el inventario de 1596 como sombrero; y en seguida el au- 
tor ha podido reconstituir exactamente el penacho de que se trata» 

Qquipu mexicano. — El Sb. E. Pihan (de París) presentó una 
prueba cromolitográfica de un fragmento de Qquipu mexicano^ 
<»piado por el Sr. Oppeti en 1832 de un manuscrito, que no se ha 
vuelto á encontrar, de la Biblioteca del Eey. Es la séptima línea 
de la segunda carta enviada á Motecuhzoma por Akkolaokobjy. 

ífelodias indígenas de Quaismala,--^ El Sr. B. Pilet ( de Bennes ) 
4i6 una conferencia verbal é instrumental sobre las melodías po« 



2j38 Sociedad Mexicana 

putares de los indios de Guatemala. La música guatemalteca es 
casi exclusivamente instrumental; poco ó nada vocaL Los instra- 
mentes en boga son de viento ó de percusión, trompetas, flautas, 
chirimías, marimbas, tambores. El pueblo quiche de Sabinal, del 
que fué cura el abate Brasseur de Bourbourg, tiene una iglesia sin 
campanas; y para llamar á rezar á los fieles se usa una trompeta 
larga, hecha sobre el modelo de las antiguas trompetas de los qui- 
chés. Se asemeja á una trompeta asiría y se escucha á enorme» 
distancias. Esa melodía muy antigua ha debido resonar en otra 
época sobre los teocalis de los alrededores. El Sr. Pilet tocó otra 
melodía llena de ingenuidad y de gracia campestre, que aprendió 
en Babinal y que se toca en la flauta con acompañamiento de tam- 
bores. Citó la danza del pueblo Pokomame de Ghinautla. La me- 
lodía se toca con el pito, los ritmos están marcados con el tambor, 
una especie de sonaja hecha con un calabazo lleno de granos secos 
que se sacude, y en fin, por el ruido de las sandalias de los dan- 
santes. 

Yinieron después el aire del lago de Atitlán ó de Pan^jachd, 
silbado por los cackchiquelas y dos melodías ejecutadas en Qnet- 
zaltenango sobre la marimba. Esta armónica de láminas sonoras 
de madera, aunque pretende ser de origen africano, pudo muy bien 
haber sido inventada simultáneamente en Guatemala. El Sr. Pi- 
let cree que debe atribuirse á esos aires un origen precolombiano,. 
y garantiza su perfecta autenticidad indígena. 

Itsmo de Panamá. — El Sr. Alph L. Pinabt ( de París) citó la 
Bdutilación de los caninos, en forma de sierra, que ha comprobado^ 
entre los guaymie en particular y los indios del Itsmo en general* 
Kotó también entre las jóvenes la ausencia del canino del lado iz- 
quierdo superior. En el momento de la primera menstruación y du- 
rante las fiestas que se hacen con ese motivo, se rompen ese diente 
para probar la nubilidad de la joven. 

. En otra comunicación, el Sr. Pinart señaló en el Itsmo de Pana- 
má y las regiones adyacentes los vestigios de las poblaciones prin- 
cipales siguientes: 1? La familia caribe continental ala que se re- 
fieren: I, los chontales de Nicaragua, que se servían de cerbatanas 
(chonta) como la mayor parte de las tribus centro y sudamerica- 
]|as; II, los guetares de Gosta Bica que han sido asimilados á los 
conquistadores mexicanos. — 2? Las últimas colonias nahuatlacaa 



DE GSOaBAFÍA T ESTADÍSTICA. 289 

que se encuentran hacia el Sar, que tienen como pauto extremo la 
Isla del Bey ó Jurareqni ( grnpo de Las Perlas) y el territorio de 
los gaayme como centro civilizador importante. — 3? Los indios ca- 
nas de Darien, qae han permanecido refractarios & toda inflaencia 
civilizadora, ya del Norte, ya del Sur. — 4? La nación chocoe, que 
bajo los otros nombres de Bando, Gitarae y Noanama, vuelve á en* 
centrarse desde el Cauca hasta el Ecuador. Eran bravos, alzados 
y trabajaban el oro de una manera superior. 

Caribes. — El Sr. Bené de Semallé ( de Yersailles ) escribe que 
IKir los anos de 1830 había todavía algunas familias caribes en la 
isla de Guadalupe. Existen aún en Santa Lucía, la Trinidad, la 
Margarita y San Vicente, á pesar del trasporte hecho por los ingle- 
ses de 1779 á 1800. En cuanto á la Dominica, el obispo de esa isla, 
Mgr. Kanghten, de Boseau, dice que hay cerca de 300 en la parte 
oecidental montañosa de la isla, que viven aislados de los demás 
habitantes. Son de costumbres sencillas, dulces, inofensivos, cató- 
lieos; sólo aceptan la instrucción á título gratuito; su principal in- 
dustria consiste en la fabricación de canastos de bambú, pintados 
é impermeables. Cultivan los granos y la patata que comen con el 
pescado. Son marinos hábiles y están regidos por un rey, asistido 
IK>r uno ó dos ancianos. En los asuntos graves recurren al obispo 
ó al pastor. 

Isla de Aruba. — El Sr. Alph Pinabt ( de París ) evocó el recuer- 
do de su visita á la isla de Aruba, cerca de Curazao. Kada notable 
presenta el actual tipo de mestizos, siendo las costumbres de su» 
antepasados tan poco conocidas como su historia. Empero el Sr. Pi- 
nart dio algunos detalles sobre el enterramiento de los muertos en 
esa isla, siguiendo la relación de una anciana indígena de Saba- 
neta, muerta recientemente. Inmediatamente después del falleci- 
miento, doblábase el cadáver en dos, con la cabeza sobre las rodi- 
llas y los brazos aplicados al cuerpo, introduciéndolo en seguida 
en una gran urna cónica, qae dejaba salir un poco la cabeza y cu- 
briéndola con una vasija redonda, que, invertida, cerraba herméti* 
camente el orificio. Hecho esto, se enterraba la urna á poca profun» 
didad y sobre ella se levantaba un montón de tierra. 

Urnas funerarias caribes. — Don Marcos Jiménez de jla Es- 
pada (de Madrid) dijo, á propósito de la inhumación en las urnaa 
funerarias, que donde quiera que se observe, demuestra la influen- 

87 



290 Sociedad M^xicaka 

«ia de las tribas caribes, ya se trate de la Isla de Marajo, de Ye- 
nezuela, de la yertiente occidental de los Andes 6 de las oercaniaB 
del curso inferior del río Magdalena. Ese género de sepultara es 
el mismo en la América del Sur, que en España y en Caldea. 

Bonii. — El Sr. L. Fournebeáu ( de París ), que ba explorado el 
alto Maroni. envió al Congreso dibujos suyos relativos á esa expe- 
dición, de los tipos y moradas de los indios bonis polígodas. 

Brasil. — Los Sres. Paul Gafpaeel y Ch. Gaeiod ( de Dijon ), 
en su memoria sobre los descubrimientos de los portugueses en 
tiempo de Cristóbal Colón, mencionan la llegada de Alvarez Oa- 
bral á la vista de una montaña que llamó Monte Pascoal el 22 de 
Abril de 1500, según cuenta Pedro Yaz de Caminha. Al día si- 
guiente, Nicolás Coelho desembarcó y entró en relaciones con los 
indígenas del país; tenían la tez cobriza, de color moreno oscniOy 
tirando al rojo, estaban enteramente desnudos, y armados de aróos 
y flechas, aunque no eran hostiles. Su figura no era desagradable^ 
y eran de estatura aventajada. Tenían el labio inferior perforado 
y atravesado x>or un pedazo de hueso de gran diámetro y usaban 
una especie de peluca de plumas amarillas que cubría la parte pos- 
terior de la cabeza, estando pegada pluma por pluma á los cabe- 
llos con una composición blanca. Parecían de raza más fuerte y 
alzada que los de las Antillas y no se inclinaban ante los euro- 
peos. 

Cerca del abra de Porto-Seguro, la misma expedición encontró 
á los tupiniquines y sus grandes ciudade-s. Estos indígenas obe- 
decían dócilmente á los portugueses. 

El Sr. Paul Ehbekbeich ( de Berlín ) presentó fotografías de 
los tipos indígenas del Brasil, hechas por él de 1884 á 89. Vien^i 
primero los Bofocudosj que liabitan las selvas vírgenes de Espíri- 
tu Santo y Minas Geraes. Sus chozas son de hoja de palma, los 
Nep-n^ep 6 Ndk--v?€p del río das Pancas. En seguida habló el autor 
de su expedición á las fuentes del río Xingu. Divide á los habi- 
tantes de esa región en indígenas del Brasil^ caribes, Nu-aroaky 
Tupis y Gez. Estos últimos están representados por la tribu feros 
de los 8uyaj descrita en 1884 por el Dr. Yon den Steinen. Existen 
también los Trumai, que forman un grupo aislado, distinguiéndo- 
se completamente de las otras tribus ds esa región por su len^a 
y sus caracteres físicos. 



DE Oeogbafía y Estadística. 291 

Caribes del Brasil. — Los Caribes se dividen en Bakatri y Na- 
kuq[ua: 

1? Los BaJcaíri tienen el tipo más original y primitivo de esté 
grapo caribe. Su idioma es la clave de las lenguas caribes de la 
Gaayana. El centro de la América del Sur es realmente la cnna 
de la gran familia caribe. Generalmente tienen la tez amarillenta, 
fino el cabello, la nariz encorvada j la barba fagaz } más que al tipo 
mongol se aproximan al Judío. El índice cefálico indica la meso 6 
braqoicefalía. Su estatura es regular; sus miembros soü graciosos 
y bien proporcionados ; las mujeres son más pequeñas que los liom* 
bres. Algunas veces sus caracteres se acercan á los de la rasa 
eaacásica. 

2? Los Ifahuqua constituyen la tribu caribe más numerosa del 
alto Xingu y habitan las márgenes del Buluene. Tienen un pueblo 
sobre el Buligeu y su tipo difiere del Bacairi : son más altos y más 
fuertes; su cabeza es gruesa y su cara casi rectangular. El ángulo 
mandibular es muy prominente ; tienen la barba saliente, los ojoü 
pequefios, poco oblicuos y la nariz corta y arremangada. 

Nu-aroah, — La familia yu-^roak se compone de los Custenau^ 
Yauroj los Jaulapiti y los MebrinaJcu. Estos últimos, que son los 
más civilizados, tienen la cabeza grande y redonda, chicos los ojos 
7 poeo distantes uno de otro ; la nariz corta, algo corva y la frente 
baja. Su prognatia mandibular especial no tiene un alto grado. 

Tupi, — La familia Tupi se divide en: 

1? Los Aueti. Difiere tanto su lengua de la tupi en general, que 
solamente bsyo ciertas reservas pueden ser considerados como per< 
tenecientes á esa familia. Tienen algunos caracteres de semejanza 
con los nahuqua. 

2? Los Camayura, que hablan el tupi puro tal como lo hablaban 
hace trescientos anos los tupis del litoral, se encuentran todavía 
en la edad de piedra, y su estado precolombiano está confirmado 
por la carencia absoluta entre ellos de las plantas y de los auiraa* 
les introducidos después del descubrimiento de la América. Sus 
{dantas cultivadas se reducen al maíz, la a mamona» ( f ) el algodón 
y el tabaco. Usan hachas de piedra, se labran sillas en la madera 
que trabajan esmeradamente en forma de trineos, pájaros y cua- 
drúpedos. Su alfarería es muy artística. Para la danza usan más- 
caras y vestidos especiales. Estos vestidos son casi los mismos que 



292 Sociedad Mexicana 

el Dr; ürevaax encontró entre los Bacnyanos de la Gaayaua. £1 
interior de una choza camayura contiene grandes vasijas en forma 
de animales y hamacas, estando las de los maridos encima de las 
de sus mujeres. Estas últimas por todo traje asan nn peqneño trían- 
galo de hojas secas de maíz. 

Baroros. — ^El Sr. Ehbenbeich describió en segaida los tipos de 
Bototos estadiados en la colonia militar de Sao Loaren zo, en don- 
de sólo están desde hace algunos años. Esta gran nación salvaje 
habita el S. y el S. E. de la provincia de Matto Grosso y se extiende 
en Ooyaz hasta los aflaentes del Paraná, los ríos Yave y Turvo. 
Esta tríba es más bárbara qae las del alto Xinga. Yiven de la 
caza, sns habitaciones son may primitivas; pero fabrican armas y 
objetos artísticos. Son los indios más altos de la América del Sar, 
llegando á tener á menudo 1.90 y 1.94 m. Tienen la cabeza grande, 
los ojos pequeños y un poco hundidos, con grandes prominencias 
saper-orbitales, la boca grande. Los mozos son de nn aspecto agra- 
dable. Los jefes bororos llevan una triple corona de plumas; sos 
arcos están adornados de mosaicos de plumas y sobre el pecho lle- 
van collares de dientes de tigre ó de «rdasypus gigas.» Pintante 
de rojo el cuerpo y los cabellos para las grandes fiestas, y se cubren 
los brazos con plumas de pericos. Las mujeres y las doncellas lle- 
van un gran cinto negro de cortezas y ostentan gargantillas de 
dientes de mono. Quince días después de la muerte se entierran 
los cadáveres en cestones ricamente adornados con plumas, cu- 
briendo el cráneo con pequeñas plumas rojas y tiñendo de rojo los 
haesos. Las ceremonias y las danzas duran entonces tres días. 

PaTeeis, — Los PareciSj de Cuyaba, son una tribu Nu- Aroak, que 
conserva todavía la tradición de su emigración del Norte al Sur. 

CaTojas. — En 1888, durante su viaje por el río AToguaya-To- 
eantin á Para, el Sr. Ehrenreich recorrió una gran parte del cami- 
no de la célebre expedición Gastelnau y tuvo ocasión de conocer á 
los Cayapos y Carajus. Esta última población se divide en tres 
grandes tribus: los Oarajahis, pacíficos, en la parte alta del río; los 
JavahiSj independientes y no explorados aún; los Cheruhioas^ in- 
dependientes, belicosos, en la parte media. Los Carajas son un 
pueblo enteramente singular; cuya lengua no puede ser compara- 
da con alguna otra. El tipo antropológico es muy uniforme; su 
cráneo muestra una hipstdolicocefalía muy pronunciada; en el labio 



DE Geografía t Estadística. 293 

inferior perforado llevan un bezote, una clavija de madera ó de 
piedra. Un circulo tatuado sobre la mejilla es el signo nacional. 
Los hombres se aprietan el prepucio con un hilo de algodón. El 
vestido de las mujeres es una especie de rebosillo hecho de una pe- 
queña corteza de árbol. 

Cayapas. — Los Cayapas son tal vez la nación más belicosa de 
todas. La mayor parte de esa tribu habita actualmente las regio- 
nes desconocidas situadas entre el Araguaya y el Xingn. Pertene- 
cen á la gran familia de los OéSy muy parecidos en todo á los Api- 
nages, los Garahoi y los Suya del Xingu. Ningún vifgero los ha 
visitado todavía y sólo se conocen los Gayapos civilizados del Sur. 

Chavantes. — Igualmente poco conocida eS la gran nación A- 
Kuen 6 los Chava/ntesy que habitan las márgenes del río das Mor- 
tes. Forman parte también de la familia de los Gés; su talla es 
elevada, su color claro y su tipo casi europeo. 

Apiacas. — Los Apiacas habitan la margen izquierda del Tocan* 
tin, abajo de las últimas caidas del Itaboca. Son verdaderos cari- 
bes que se aproximan á los Bakairi por la lengua y los caracteres. 
Desde hace treinta años han emigrado hacia el centro, perseguidos 
por los suyos, y esta circunstancia hace muy plausible la hipótesis 
de los Sres. L. Adam y K. Yon den Steinen, de que la cuna de las 
naciones caribes debe buscarse en el centro del Brasil. 

SYibus del río Furus. — El inmenso territorio regado por este gran 
afluente del Amazonas, que fué explorado hace veinticinco años 
IK>r el inglés Ghandless y que es ahora el centro de la explotación 
del hale, había permanecido, sin embargo, poco conocido bajo el 
punto de vista etnográfico. Estas tribus pertenecen á la familia 
Ku- Aroack y se asemejan bajo muchos aspectos á los Aroak de 
la Ouayana. 

Los Paumaris 6 Purus^Purus viven en la parte baja de la co- 
rriente del Purus. Aunque civilizados al contacto de los blancos, 
viven á la manera de las antiguas tribus lacustres, estableciendo 
sos chozas en medio de las lagunas sobre troncos de árboles flo* 
tantes. Son pescadores y extraen el hule. Tienen los ojos oblicuos, 
hundidos ; muy salientes los pómulos, grande la boca, la nariz corta 
Y encorvada; la tez relativamente oscura y ofreciendo la curiosa 
snomalia de la distribución del desarrollo del pigmento. La piel 
está cubierta de manchas blancas y negras, sobre todo en las 



294 Sociedad Mexicana 

extremidades. La misma deformación se encuentra en machas 
otras tribas del alto Marañón y de Bolivia. — Los Jamamadis hn* 
bitan la margen izquierda del Purus, en la parte media de su corso. 
Aseméjase su lengua á la de los Paumaris y viven y tienen sus plaut 
taciones en medio de los bosque» y nunca van cerca del río. Su 
faz es casi europea, su color claro, pero tienen la misma enferme- 
dad en la piel que los paumaris. Son simpáticos y hospitalarios y 
su arma natural es la cerbatana. — Los Ipurinas ó Cangiii son las 
más belicosas y numerosas de todas las tribus del alto Purus; ex- 
tendiéndose sus pequeñas agrupaciones hasta Bolivia. Son bárba- 
ros, pérfidos y crueles, y hay algunos antropófagos. Obsérvause 
entre ellos dos tipos, el uno de estatura elevada y de cara cm 
caucásica, — el otro mucho más bajo, de ojos oblicuos, la boca muy 
grande, la cara redonda y la nariz agarabatada. Tienen el diafrag- 
ma de la nariz atravesado por un hueso de pájaro. Sus grandes 
chozas son parecidas á las del alto Xingu ; pero la armazón es más 
ligera y elegante. 

Todas estas tribus usan flechas envenenadas. 

La Plata. — El Profesor Juan Vilanova y Pieba (de Madrid) 
habló de un esqueleto fósil encontrado cerca de un megaterio por 
él Dr. üarles en la cuenca del Samborombon, afluente del rio de la 
Plata y que está aetualmente en Valencia (España). Este esque* 
leto, de notoria y muy remota antigüedad, ofrece las siguientes par- 
ticularidades: 13 vértebras en^'lugar de 12; una abertura natura) 
en el esternón; el agujero occipital más posterior de lo ordinario^ 
la mandíbula inferior con una parte horizontal muy ancha; todos 
los dientes gastados ofrecen en el centro de la corona una oonca^ 
vidad producida por el régimen granívoro; la apófisis articular eñ 
la mandíbula superior un poco oblicua, en vez de estar transversal 

El Dr. Vetmeau ( de París ) llamó la atención del Oongreso sobre 
los numerosos é importantes descubrimientos antropológicos que 
ha efectuado en la Pampa el Sr. Dr. Francisco Moreno, de la Plata» 
Citó especialmente una colección de cráneos formada por este sabio 
y que comprende mil ejemplares. 

Tierra de Fuego. — El Sr. Gabbibl Mahoel (de París ) hizo oo^ 
Dooer al Congreso unas relaciones y diarios de bordo inéditos so* 
bi-e los fuegnéños y que datan de fines del siglo XYIL Segiíin los 
ingenieros Du Plessis y De Labat, que formaban parte de la expe* 



BE Geogbafíá t Estadística. 29S 

dición de Beauchesne-Goain, de San Malo, con el filibqstero Juan 
de la Gnilbaadiere, los habitantes del estrecho de Magayanes te- 
nían en esa época la cara y la nariz anchas, la boca grande, los la- 
bios gruesos, los ojos chicos, los cabellos negaos, ásperos y corta- 
dos sobre la cabeza y delante de los ojos en forma de cerquillo, Son^ 
dicen los narradores, de color de aceitana, de estatura regular y ro« 
bustos; se embijan la cara y las otras partes del cuerpo con alba-^ 
yaide y rojo, se ponen alas de pájaro en torno de la cabeza, á guisa 
de adornos, y collares de Conchitas en el cuello. Hombres, mujeres 
y niños no tienen otros vestidos que las pieles de lobos marinos, 
de los hombros á las rodillas. Oarecen de habitaciones fijas y circu- 
lan en pequeñas canoas de corteza, en medio de las cuales siempre 
tienen encendida lumbre. Cada familia tiene su canoa y por las 
noches van á dormir á tierra en casillas que levantan con palos cu" 
biertos de pieles. Los hombres se ocupan en armar las casillas y 
^1 la caza de la ballena con flechas y harpones; las mujeres tienen 
cuidado de la canoa y se meten al agua para buscar las almejas y 
otros moluscos. Las quijadas de los peces sírvenles de peines, loa 
huesos aguzados de agujas, las tripas de hilo; emplean las piedras 
talladas como hachas y cuchillos, los juncos tejidos para amarrar 
SQS canoas á las playas del mar y de los ríos; los pedazos de las 
conchas de almejas los usan para pulir sus arcos, flechas, vasijas, 
mangos de los arpones y remos; se cortan el pelo con tizones en- 
cendidos; las pieles de penguino les sirven para envolver á sus pe- 
quefiaelos que cargan las mujeres en la espalda, en una especie de 
capuchón amarrado á las grandes pieles. Son mansos, serviciales 
y muy humanitarios. Unos adoran al sol, otros al mar, y otros al 
diablo, que los golpea cuando no lo adoran. Se prosternan ante la 
lona. 

El Sr. Dbnikee (de París), después de dar una conferencia so- 
bre los fuegueños, concluyó que ; 1? existe en la América Merídio* 
nal una raza de pequeña talla, meso ó dolicocéfalos, hipsicéfalos, 
I^tróscopos, de nariz cóncava á menudo arremangada, estrecha 
en la raíz, ancha en la base, las arcadas de las cejas prominentes, 
la cara losángica, angulosa, y la boca grande; 2? que esta raza ha 
debido ocupar en otra época una buena parte de la América Me- 
ridional; sobre todo el país situado al Sur del Amazonas, como lo 
poraeban los restos fósiles ó subfósiles ( Lagoa Santa, Pontimelo, 



296 Sociedad Mexicana 

Paraderos); 3? qne actaalmente esa raza, al estado más ó meBos 
parO| está reducida á algunas tribus distantes unas de otras : los 
fnegae&os, los botocudos, ciertas tribus del Ghaco y de los afluen- 
tes de la derecha del Amazonas; 4? que los representantes de esa 
raza vuelven á encontrarse aislados ó formando pequeños grupos 
en muchas de las poblaciones actuales del Brasil^ de Bolivia^ del 
Perú y de Chile; 5? que esa raza forma un contraste notable no sólo 
con los patagones (grandes y braquicéfalos ) , sino también coa 
otras razas sudamericanas (araucanes, caribes, pampas, etc.) que 
siendo todos más pequeños, son, sin embargo, braquicéfalos, platí- 
rrineos, tienen la nariz recta ó convexa, la cara redonda, etc.; 6? 
que es probable que la mayor parte de las poblaciones de la Amé- 
rica del Sur hayan salido de la mezcla de estas tres razas: los fue- 
gueños, botocudos, etc. (pequeños y dolioocéfalos), los patagones 
(grandes y braquicéfalos) y los araucanes y caribes (pequeños y 
braquioé&los); siempre empero que no llegue á ser admitida una 
cuarta raza para la región del Noroeste de ese continente, qne está 
todavía imperfectamente conocida, bajo el punto de vista antropo- 
lógico. 

Aolimataetón. — La Srita. BoSA Lton se ocupó de una cuestión 
que, aunque de lejos, se relaciona con la antropología y la etnogra- 
fia. Dijo que los europeos que observen las principales reglas de la 
higiene, tendrán seguridad de aclimatarse perfectamente en cual- 
quiera región de la América. El Dr. Jouráanet ( de París ) dio cuen - 
ta de sus numerosas é importantes observaciones climatológicas 
que hizo en México, y señaló las condiciones favorables en que se 
encontraron los primeros conquistadores de ese país, bajo el punto 
de vista sanitario, condiciones que actualmente existen aun para 
los emigrantes. El Sr. Désiré Pectar ( de París ) hizo extensivas las 
observaciones del Dr. Jonrdanet á las cinco Bepúblicas de la Amé- 
rica Central; el señor profesor TA. Ber (de Lima) confirmó la i>er- 
fecta salubridad del Perú, en donde ha pasado muchos años, y los 
fires. Santa-Anua Nery (de Bío Janeiro) y el Profesor Ftnceyuro 
Orosso (de Genova) dijeron lo mismo respecto del Brasil. Besulta 
de las declaraciones precedentes, que los climas diversos, y gene- 
ralmente sanos, de ambas Américas, han podido y debido atraer en 
todo tiempo, en las épocas cuaternaria, terciaria y en la inmedia* 
mente anterior á la llegada de los españoles, las emigraciones su- 



DE Oboobafía y Estadística. 297 

eesiyas de las tribus prehistóricas que se han aclimatado fácil- 
mente. 

Omeralidade8.—Bl Dr. H. Tbn Katb (de La Haya) envió un 
manuscrito sobre la pluralidad y el parentesco de las razas ame- 
ricanas. Opina con el profesor Yirchow^ que debe renunciarse de* 
flnitívameute á la construcción de un tipo universal y común de 
los indíg^oas americanos. Sus propias observaciones sobre los crá- 
neos, en una región de 600 kilómetros, entre el Oabo San Lucasy 
el Bío Gila, le han enseñado que hay todos los extremos de las 
formas cefálicas, desde la dólico-hipsistenoce&lía de los antiguos 
ealifomios hasta la ultrabraquicefalía. Hay narices aguileñas, rec- 
tas^ cóncavas, arremangadas, sinuosas, anchas, aplastadas, delga- 
das, infladas, lepto, meso y platirrincas, tanto en el cráneo huesoso 
como en el vivo. Comparando las estaturas, el Dr. Ten Kate enr 
eontró las mismas variaciones; de 1.73 m á 1.87 m entre los iroqué- 
ses, los dakotas y los yumas; de 1.59 m á 1.60 m entre los zuñiz y 
los Btoquis: la talla de los patagones difiere 0.40 m de la de los in* 
dios de la Ouayana. Comprobó la misma diferencia en cnanto á la 
fisonomía, el desarrollo y las proporciones del cuerpo, el color del 
«ntis y del pelo. Bespecto al número de tipos, aún no se fija para 
toda la América^ Sin embargo, del San Lorenzo y el Arkansas al 
Orinoco, se distinguen por lo menos cinco ó seis primordiales, en- 
txe otros el llamado «piel roja,» que no tiene el cutís rojo. El indio 
de smbas Amérieas tiene el cutis m<»renuzoo y amarillento, varian- 
do él tono desde éí muy daro hasta él muy oscuro, y dependiendo 
estas variaciones del sexo, de la edad, del estado de salud, etc., 
etc. El Sr. Ten Kate concluye afirmando, en oposición al jnido del 
Sr. Gustavo Fritsch, que los americanos, por el ooi^unto de sus 
<saracteTes, pertenecen á las razas amarillas, que son, como los ma- 
lajros y polinesios, congéneres de las i>oblactoiies asiáticas llama- 
das mongólicas. 

El Sr. Masques bx Nadaillao (de Paris), después de haber 
hecho una revista de los principales descubrimientos geológicos, 
paleontológicos y antropológicos efectuados en las diversas regio- 
nes de América, llegó á la c(mélusión de que el hombre americano 
par sa estmctnra ósea es semc^iante al de las regiones europeas, 
en tonto qae la íknna mamalógica americana difiere singularmente 
de la fiíuna de los antiguos continentes. Las creaciones del hom- 

38 



298 SOCIBDAI) MBXIGÁNA 

bre flon las miMnaa, sea que se trate de armas, de utensilios, de 
alfarerías, etc. Ignórase el origen de esos hombres: no se sabe si 
son autóctonos, á lo menos para la época cuaternaria, ni & qué épo- 
ca remontan los hechos arriba citados* Los más recientes desea- 
biúnientos permiten aceptar la existencia del hombre, si no duran* 
te la primera extensión de las neveras, por lo menos en los tiempos 
interglaciales. Ese hombre ha debido ser testigo jr acaso yíctíma 
del segundo periodo de ftio, menos intenso que el primero» No es 
posible aún afirmar un paralelismo entre los fenómenos glaciales 
de Europa y América. En resumen, sólo existen muchas hipótesis 
j todavía hay mucho que trabajar. 

El profesor £. Virohaw ( de Berlín ), que honró con su presencia 
todas las sesiones del Congreso, no tomó una parte activa en las 
discusiones. 

En concepto del Sr. DE QtrAtBBFAass (de París), las leyes ge- 
nerales de la distribución geográfica de los seres, y sobre todo la 
del acantonamiento progresivo, permiten afirmar que el hombre 
sólo ha ocupado primitivamente una región muy limitada del glo- 
bo, y que si hoy se extiende por todas partes, es porque ha cubierto 
la tierra entera con sus emigraciones. La América fué poblada por 
colonos venidos del vi^o mundo, y las primeras emigracioneB da- 
tan de los tiempos geológicos. Antes de la época cnateruaria, 
América y Asia estaban separadas como ^i nuestros días, y cuaa- 
do estalló el gran invierno geológioo, las viejas tribus terciarias 
viéronse obligadas á emigrar en todas direcciones. Algunas de 
ellas acertaron á pasar por él puente helado que el frío había ten- 
dido entre las dos costas^ y llegaron á América juntamente con el 
reno. Quedó abierta para el Kuevo Mundo la era dé las emigra^ 
cienes: 1? por el puente que cada invierno une él Oabo Oriental al 
del Principe de Gales f 2? por la cadena que forman las islas Aleu* 
cianas y Alaska para las tribus algo navegantes. 

La tarea de los americanistas consiste en remontarse á las fuen- 
tes del río etnológico que de Asia deepacramó su excedente sobre 
América, y por medio de nuevos descubrimientos en el estudio de 
los terrenos y de sus fósiles, la craneoiogía coa^>arada, la lingüís- 
tica y la etnografía, soldar entre si los dispersos eslabones de los 
itinerarios emigratorios ya reconocidos en América por algunos 
sabios. 



DE GEoaBiiPíA Y Estadística. 299 

La octava reunión del Qongreso Internacional de americanistas^ 
celebrada en FaríB, atentos su carácter de iniciativa privada y su 
exclusividad científica^ no tuvo el brillo de las sesiones preceden- 
tes, por lo que respecta á las recei>ciones mundanas. — Sin embar- 
go, los miembros extranjeros del Congreso fueron recibidos por ék 
Consejo Municipal de París en la Casa de Ayuntamiento, por el 
Presidente de la Bepública en el Palacio del Eliseo, por los Sres. 
Qoatre&ges y Principe Boland Bonaparte en sus domicilios par- 
ticulares, y en fin, por sus colegas franceses en el Hotel de las So- 
ciedades sabias. 

DÉSIRÉ Pector. 



300 Sociedad Mexicana. 



INFORME 

DEL SR. Lie. D. IGNACIO M. ALTAMIRANO 

COMO BBPBttINTANTE 

■I LA MOIIMt 01 QIOOBAdA Y ItTAOitTIOA 



EN EL CONGRESO INTERNACIONAL DE AMERICANISTAS 



ParÍA, Octubre 24 de 1890. 
S£ÑOB SECBBTABIO : 

LA Sociedad Mexicana de Greografia y Estadística, de la qae 
es vd. digno 1"^- Secretario, en su sesión celebrada el día 12 
de Junio del corriente año acordó aceptar la invitación qae 
le f aé hecha para suscribirse y concurrir al 8? (Congreso Internacio- 
nal de Americanistas que debería reunirse en esto ciudad el 14 del 
presente mes^ y acto continuó, la misma Sociedad se sirvió nom- 
brarme su representante en el expresado Congreso, segán tuvo vd. 
la bondad de comunicármelo en su oficio de 16 de Junio que recibí 
'Oportunamente. 

Después, el 11 de Agosto siguiente, el activo y laborioso Secreta- 
rio del Comité de organización del Congreso, Mr. Désiré Pector, 
Oónsul de Nicaragua en París, se sirvió darme aviso de que había 
ya recibido directamente de esa Sociedad la comuniéación en que 
se le participaba mi nombramiento. Este aviso oficial que el Sr. 
Pector escribió en espafiol, va copiado en el anexo núm. 1 . En tal 
virtud contesté al Sr. Pector que asistiría á las sesiones. 

En efecto, aunque no pude, por ocupación, concurrir & la prepa- 
ratoria que para formar el programa de las sesiones se celebró la 
noche del día 13, sí me apresuré á asistir á la sesión inaugural del 



DE Geografía y Estadística. 301 

dia 14, que se celebró, como todas las demás, en el gran salón de la 
Sociedad de G^grafia de París, número 184 del bonlevard St. Ger- 
main. 

La sesión comenzó á la nna y media de la tarde con la asistencia 
de las Delegaciones de Alemania, Estados Unidos del Norte, Ar- 
gentina, Austria Hungría^ Bélgica, Solivia, Brasil, Canadá, Chile, 
Colombia, Costa-Bica, Cuba, Dinamarca, Bepública Dominicana, 
Ecuador, Espafia, Gran Bretafía, Guadal npe, Guatemala, Haití, 
Honduras, Italia, Luxemburgo, México, Nicaragua, Noruega, Pa- 
raguay, Países -Bajos, Perú, Puerto -Bico, Portugal, Bumania, 
Bnsia, Isla de San Martín, Salvador, Snecia, Suiza, Trinidad, Uru- 
guay, Venezuela y la numerosa de Francia, formando todas estas> 
Delegaciones un conjunto de más de doscientas personas. 

Presidia la sesión, en su calidad de Presidente del Comité de or- 
ganización, el ilustre y venerable Mr. A. de Quatrefages, miembro 
del Instituto, Profesor en el Museo de Historia Natural y uno de 
•los sabios de mayor renombre en Francia y en el ymundo. 

Sentábanse á su lado el Presidente del Congreso Municipal de 
París, Mr. Bichard, elDr. G. Helimann, Secretario general que fué 
del V Congreso Internacional de Americanistas que se celebró en 
Berlín hace dos años; los vicepresidentes del Comité, Dr. E. Hamy, 
miembro del Instituto, Conservador del Museo de Etnografía, el 
Marqués de Navaillac, miembro correspondiente del Instituto, el 
Secretario General Mr. Désiré Pector, Cónsul General de Nicaragua 
en París, y los miembros del Congreso cuya lista tengo el honor de 
acompafiar á este Informe, como anexo núm. 2. 

£1 Sr. de Quatrefages leyó un erudito discurso en el que después 
de dar las gracias á todos los Delegados que habían aceptado la in- 
vitación del Comité de París, haciendo resaltar la importancia de 
loe estudios sobre América, emite su opinión acerca de los habitan- 
tes primitivos de ese continente. Tan pronto como se publique in 
extenso tan notable pieza científica, me apresuraré á enviarla á esa 
Sociedad. 

Inmediatamente después el Sr. de Quatrefages declaró abierta 
la sesión inaugural. Entonces el Dr. Helimann manifestó que en 
su calidad de Secretario General del 7? Congreso Internacional de 
Americanistas celebrado en Berlín, había recibido la comisión de 
venir á París á entregar los poderes de aquel Congreso, y la publi- 



302 Sociedad Mexicana 

cadón de sus trabajos en un Tolameo impreso b^jo la diroocióa del 
mismo Hellmann y que ponía en manos del Presiiente del Oomilé 
de organización. 

En seguida el Presidente del Consto Monidpaly Mr. Bíehard, pi- 
dió la palabra para invitar en nombre del Oonsigo Mnnieipal de la 
ciudad de París ai pongreso de Americanistas, i ana reb^eión so- 
lemne en el Hotel de YiUe, en la que aquella Gorpoiueión deseaba 
saludar y hacer los honores debidos i los hombres científlooe que 
habían acudido de todas partes para celebrar el 6? Congreso en la 
eiudad de París. Esta recepción, afiadió, deMa yerificarse á las tres 
de la tarde de ese mismo día, es decir, una hora después, por lo cual 
pedia permiso para retirarse. 

El Sr. QuatrefiAges, después de haber dado las gracias al Presiden- 
te del Consejo Municipal por aquella invitación, y de haberla acep- 
tado en nombre del Congreso, suspendió la sesión á fin de que los 
Delegados se pusiesen de acuerdo para la elección de la Mesa Direc- 
tiva del Congreso. 

Momentos después se procedió á esta deeción y dio por resaltado 
la lista que como anexo núm. 3 acompaño también. ' 

Instalada la Mesa Directiva, el Presidente Mr. de Quatrefaiges de- 
claró solemnemente inaugurados los trabi^os del 8? Congreso Inter- 
nacional de Americanistas, y levantó, acto continuo, la sesión á fin - 
db concurrir al Hotel de Ville, donde el Consejo Municipal de Pa- 
rís esperaba al Congreso. 

Efectivamente, veinticinco miembros del Consejo, en represen- 
tación de éste, y teniendo á su cabeza al Presidente Mr. Bichard, 
recibieron al Congreso en el Oran Salón de Sesiones, y colocados 
en el lugar de honor los miembros de la Mesa Directiva, y ocupando 
los demás asientos los trescientos y tantos miembros del Congre^o^ 
el Presidente del Consejo Municipal, Mr. Bichard, dirigió á nuestra 
Corporación el discurso que publicado por el Boletín Mufádpál del 
día 15 de Octubre acompaño en doble ejemplar como anexo núm. 
4; así como la contestación de nuestro Presidente, Mr. de Quatre- 
fages. 

Después se nos invitó á pasar al salón en donde se había prepa- 
rado un lunch suntuosamente servido, habiendo brindado el Presi- 
dente Mr. Bichard y los demás miembros del Consejo Municipal 
por el éxito de los trabajos del Congreso. 



DE GSO0BÍlPÍÁ y SSTADfSTICA. 303 

£1 aoieditado periódieo de París Le Tempa^ da cueota de esta re- 
oepeiÓD en eu número del día 16 de Octubre, de que acompaño un 
templar como anexo ntim« 5. 

Lo mismo hizo el periódico intitulado L ' Ét?énenhenty en su número 
del día 17, en un artículo que consta en el anexo núm. 6, y casi todos 
loe periódicos de París copiaron este relato, asi como los discursos 
de Mr. Bichard y de Mr. de Quatrefages. 

El día 15, y en conformidad con lo determinado en la orden del 
4ía que acompafio como anexo núm. 7, los miembros del Congreso 
hicimos en la maQana una visita al Museo de Etnografía del Tro* 
«dero, del que es conservador el eminente sabio americanista Dr. 
EL T. Hamy, miembro del Instituto y uno de los Vicepresidentes 
de nuestro 8? Oongreso. 

Allí, bs^o la dirección de este ilustrado profesor á cuyos empe- 
fiofioe esfuersos y profundos conocimientos en la Arqueología é His- 
toria americanas, se debe en gran parte haber reunido una impor- 
tantísima colección de antigüedades y monumentos prehistóricos 
de América, de que con razón puede estar orguUosa la ciudad de 
París, recorrimos los diversos departamentos consagrados á las di- 
Tersas secciones de la América del Norte, del Centro y del Sur. 

la Dr. Hamy conoce fomiliarmente nuestra Historia de México, 
nuestros monumentos, el carácter de nuestras lenguas indígenas, 
especialmenteel de la lengua náhuatl, que ha estudiado con afición, 
habiendo escrito, como es notorio, algunas obras sobre nuestras an- 
tigiiedades, de las que yo he traducido y publicado uña en México, 
hace algunos años. 

En la tarde se verificó la primera sesión general del Congreso, y 
de común acuerdo con los miembros de la Mesa Directiva, el Pre- 
sidente, Mr. de Quatrefiages, cedió el sillón de la Presidencia al Dr. 
Oustavo Hellmann, uno de los Vicepresidentes, en consideración 
á su carácter de Secretario general del 7? Congreso de Americanis- 
tas celebrado en Berlín, con el cual vino á entregar al 8? los poderes 
deaquei ; y en consideración también á que siendo delgado de Ale- 
mania, era convcDiente aprovechar la oportunidad de devolver á 
esta nación la cortés preferencia que había manifestado hacia los 
delegados franceses, tanto en el Congreso Socialista de Berlín, co- 
no en el más reciente de Medicina que acaba de celebrarse en el 
mes de Agosto, también en Berlín. 



304 SooiBDÁD Mexicana 

El Dr. Hellmann presidió, pnes, esta sesión, teniendo como yi- 
cepresidentes á los Bres. Peralto, Ministro Plenipotenciario de la 
Eepública de Costa-Bica, y al Dr. Hamy, y como secretarios á los 
Sres. Dr. Eduardo Belez, qae faé Becretario del 7? Ck>ngreso delega- 
do de la Sociedad de Antropología de Berlín, y al Br. J. Deniker^ 
Preparador en el Mnseo. 

En esa sesión presenté á la Secretaría General yeinticinco ejem- 
plares de la Memoria intitulada : (higenea de tas terminaciones dei 
plural en el NáhuaÜ y en algunos otros idiomas congéneres^ escrita por 
el Ingeniero D. Yicente Beyes, 2? Becretario de esa Sociedad. 

La remisión de estos ejemplares me había sido anunciada x>or la 
comunicación de 3 de Setiembre firmada por el miraio Sr. Beyesy 
como Secretario; pero los cuadernos no llegaron á mis manos sino 
dos días antes de que se abriera el del Congreso, por lo cual deter- 
miné entregarlos yo mismo en la primera sesión, á fin de que se 
presentaran y distribuyeran en la cuarta» que debía consagrarse, 
con arreglo al programa, á la Lingüística y Paleografía, puesto que 
la citada Memoria responde á la 6' pregunta del cuestionario de es» 
Sección. 

Pero la impaciencia de los Americanistas y especialmente de loa 
mexicanistas, no permitió esperar la distribución de los ejemplares 
hasta ese día, sino que después de haber acogido el trabajo del Br. 
Beyes con aplausos, recogieron los cuadernos que había, pidiéndo- 
melos con instancia las personas que no pudieron obtenerlos. 

Hubiera sido preciso enviarme por lo menos trescientos ejemplar 
res, y aun suplico á vd. que, si puede, me los remita, para mandar- 
los á las numerosas personas y Sociedades que los desean. 

Tuve, sin embargo, cuidado de reservar los sayos á los distin* 
guidos lingüistas Sres. Conde de Gharencey, Bémi Simeón y Dr. 
Hamy, cuyos trabajos como nahuatlistas son bien conocidos. 

Por lo demás, esta primera sesión se consagró á la historia y á la 
G^grafía. Lo que en ella se trató consta enunciado, aunque breve- 
mente, en los periódicos Le TempSj La Justéoe^ y Le Matin^ de que 
acompaño recortes en el anexo núm. 8. 

Debo advertir aquí, de una vez, que no me fué posible, así como á 
ninguno de los miembros del Congreso, formar crónicas minuciosas 
ni completas de las sesiones, por la abundancia de materias que se 
trataron, por la rapidez de las comunicaciones orales hechas en di- 



BE Geograpía y Estadística. 305 

Tersas lesgaas, por las namerosas obras presentadas manascríta» 
6 impresas y de cayos títalos apenas ba podido tomar nota la Secre- 
tarla. 

Los periodistas que asistían á las sesiones para tomar apuntes, los 
recogían también incompletos, y sólo el representante del Temp» 
pudo formar crónicas menos deficientes. 

El único cronista que ba tomado apantes estenográficos ba sido- 
el Sr. Próspero Mallendorf, Delegado del Luzembargo, estenógra- 
fo de los Congresos precedentes, y que ba s^aido con asidaidad y 
atención todas las sesiones del 8*^ Congreso. El Sr. Mallendorf est& 
pnblicando sos crónicas en la Gaceta de Colonia y en alemán. Yo- 
estoy tradnciéndolas y las enviaré como Apéndice de este Informe. 

(Continuará.) 



iid» 



80Q SOCIBDA.D MfiXIOANA 



LENGUA HUASTECA 




Honorable Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística: 

|N 1868 dediqué al 0. Benito Juárez un manuscrito que con- 
tenía algunas nociones del idioma huasteco, esto es, algunos 
elementos gramaticales y diccionario del idioma, y según 
parece, el expresado manuscrito se publicó en el Boleiin de la Socie- 
dad de Geografía y Estadística de México. 

Examinado nuevamente dicho manuscrito, pude convencerme de 
que podrían darse muy extensas reglas gramaticales, para la mejor 
instrucción de los lingüistas y de las personas que sin necesidad de 
maestro quisieran emprender su aprendizaje, porque esto es posi- 
ble en este idioma ; no sucediendo lo mismo con otros, supongamos 
«1 francés, en que para la pronunciación de varias x^alabras se ne- 
ceñitsk de la voz viva del maestro. También me convencí de que las 
pocas palabras que contiene el diccionario en aquel manuscrito, 
apenas bastan para darse á entender, respecto de lo más necesario, 
y que estos males que hasta cierto punto hacen despreciable el idio- 
ma por creérsele pobre, me movió á reformar la obra, aumentando 
las reglas gramaticales y el diccionario, adicionando este último con 
un copioso número de voces, y especialmente con muchas palabras 
técnicas del derecho ; nombres de lugares y pueblos con la defini- 
ción de las palabras ; religión, vicios y costumbres de los antiguos 
indios huastecos ; antigüedades ; tradiciones de la conquista espa- 
ñola ; frases que pueden ofrecerse en una conversación ; y por últi- 
mo, una poesía tradicional. 

Esta reforma no es una obra especialmente mía, sino de las luces 



BE UEOGBAFÍA Y ESTADÍSTICA. 307 

y dalos qne sobre la materia me han proporcionado mis parientes y 
amigos, más competentes que yo en el idioma. Yo no he hecho otra 
eosa qne coordinar la obra y aprovecharme de los conocimientos de 
aquellos. 

Ko tengo la presunción de que mi obra sea perfeota, y al darla 4 
la prensa^ la^o qne mis recarsos lo permitan, es eon objeto de qne 
se le hagan las observaciones qne se crean necesarias por personas 
competentes en el idioma, pnes muy bien puedo haber cometido 
grandes errores. 

Al emprender este nuevo tralxúo, consulté también el 2? tomo de 
Filología mexicana escrito por D. Francisco Pimentel, publicado 
en 1875, por haber tenido noticia de que este eminente literato, al 
iaratar en su obra de las lenguas indígenas, había hablado también 
de la gramática huasteca ; mas nada vi en el 2? tomo, único que po- 
seo. Tampoco vi que ninguno de los idiomas de que ahi se trata, 
tuviese analogía con el huasteco. Sólo en la página 356, tomo 2**, 
pude ver que comparando el tarasco con el hiuibey había tres frases 
únicas que tenían analogía con el huasteco. Estas frases son las si- 
guientes: 

Huabe. Htia«teco. 

Tat. Tat, pap, pailom. 

Kana, nan, mim. 
Ata, quima. 

Es de advertir que los indios huastecos varones^ al referirse á sus 
padres, dicen : nupaüoniy nu nanaj nu mim; ó lo que es lo mismo: mi 
padre, mi madre. 

Ck>mo estas aclaraciones pueden ser de alguna utilidad, lo con- 
signo aquí para la mayor inteligencia de nuestros lectores. 

£1 idioma huasteco se habla todavía entre los indios de Tantoyu- 
ca, Chontla, Tantima, Amatlán, San Antonio, Tancoco, y muy rara- 
mente en algunas rancherías de Ozuluama, del Estado de Veracruz. 
En estos pueblos, menos en el último, todavía se observan las cos- 
tumbres primitivas, especialmente en el vestido. 

Para terminar estas líneas, voy á poner en seguida la relación de 
nombres de algunos pueblos y lugares huastecos, que no tiene el 
manuscrito que dediqué al Sr. Juárez. Seguirá después la poesía 
tradicional de que hice mención al principio, y conclairá con el 



CMtéHaok). 


Tarasoo. 


Padre. 


Tata. 


TMTadre. 


Nana. 


Oasa. 


Euahta. 



308 



Sociedad Mexicana 



análigis de algunas frases huastecas, de las que constan en la prK 
mer foja del mannscrito tantas veces repetido. 

Ese trozo de poesía huasteca llama la atención acaso no por sa 
mérito, que no puedo calificar, sino porque sorprende que entre- 
aquellos indios primitivos hubiese algún poeta, y también por la 
ninguna relación que tenían con el Yi^o Mundo, de donde única- 
mente podían haber adquirido algunas reglas. Esta sorpresa acas^ 
puede cesar, si se atiende á que Netzahualcóyotl fué poeta y astró- 
nomo, y fué también el único de su tiempo que tuvo un conocir 
miento más exacto de Dios, renegando de sus ídolos ; y por último,. 
Alé quien recomendó la abolición de los sacrificios. 

Esa poesía, según la tradición, parece que fué el canto de despedb- 
da de los indios que vivían en la Barra de Tampico, al abandonar 
sus hogares cuando Juan de Grijalva se apareció en aquellas aguas,, 
surcando por primera vez el caudaloso Panuco. 

NOMBRES DE LUGARES Y PUEBLOS* 



HE DICE. 

TamoDtado.f 
Tancochín.f 



Tamalin.t 



Tancoco. 
Tamputo.t 



DEBE DECIR8R. 

Tamontao. 
Tancnachim. 



Tamal i. 



Tamcucú. 
Tampaté. 



Tantimal. ( No ea lugar ni pueblo.) 



Tamacuil.t 



Tam acutí. 



EXPLICACIOIf EN CASTELLANO. 

Lugar montuoso, castellanizado. 

Dicción compuesta de TVín, que dice canoa, 
y euaehim^ ropa. Y en efecto, lo que boj 
se conoce por Tancocbin, es un eatero que 
tiene embarcadero para Tampico j Tux- 
pan. 

Lugar donde debe buscarse y hallarse algo. 
Tam quiere decir sitio ó lugar; y ati, 
buscar. 

Sitio de palomas ó palomar: eueú^ paloma. 

Dicción compuenta de Tam^-pu-ié. Tatn, 
sitio, punto ó lugar; 7 (¿, madera. En la 
silaba p«, está figurada la sílaba ¡lab, coo 
que termina, porque para decir arco, se 
dice puüab; de manera que Tamputé, di- 
ce: "Sitio de donde se tira con el arco de 
palo." 

Apretar ó apretado^ ó más bien, un paso 6 
sitio estrecho. 

Sitio de aluvión, donde se produce un lodo ó 
barro resbaladizo, que en el idioma huas- 
teco se llama acuiL 



* LoB lagares van anotados con este signo t , los pueblos con éste t ; y P^ra la pronuncia- 
ción, v^se la nota del fin. 



DE Geogbafía y Estadística. 



309 



SE DICE. 


DEBE DECfRSB 


TanteqniTal.t 


Tamtiquivel. 


Tampaaayalt 


Tampauyal. 


Tanoaayalab.t 


Tamouayablab. 


lVtfi]aco.t 

l*aiüm]áa.t 


Tanjaco. 
TamlajáB. 


Ta]nbojoche.t 
Tampnche.t 


Tamboyoch. 
Tampoch. 


Tancuajabe.f 

1 


Tamcuajabe. 


Tamalojnoo.f 


Tamalacuc. 



Tampacao.t 


Tampacax. 


Tandiaia.t 
TancnllLt 


Tanchai. 
Tamcaili. 


Tanchomaqae.t 
l^mpachiehi. 


Tanchamaq. 
Tampachicb.f 


Tamolao. 


Tamolao.f 


Tanqoian. 


Tonqaiyao.f 


Tampasqain. 


Tampaxqain.t 


Taachanaco. 


Tamtzanaco.f 


TainpoaiL 


Tampoan.t 


Tanelnchin. 


Tamteitzim.t 



EXPLICACIÓN EN CASTELLANO. 

Sitio donde se pierde ó perdió. Tamt dice 
donde; ¿t, dice á^ por^ et; quivel, áloe per ~ 
der. 

Sitio de ahumadero, ra;p(ftf, humo; pauyal 
ahumar, ahumadero, ra. 

Sitio ó residencia del que tiene !a vara, del 
que manda, etc., etc.; euayahlah^ vara. 

Sagrado recinto: jueo^ sagrado. 

Panto de aguas: 7*amZa, indica el punto; /o, 
agna; Jat. aguas. 

Sitio de reyolcadero: boyoek^ revolcar. 

Lagar, fabricado mantas; puek, manta, re- 
bozo. 

Lugar de los cuates ó cuati toé: cuayá^ quie- 
re decir cuates; euñyabe, en diminutlYO, 
dice cuati tos. La palabra euaya se ba cas- 
tellanizado para el aso; pero no es sino 
huasteca. Cuando yemos dos plátanos 
nnidos, decimos euaya. 

Sitio de adobes: Tatna indica el cuerpo, ta- 
mafio ó forma; lueue, la materia que es 
el lodo Ó barro. Sin conocer la tradición 
ni el punto de Tamalojueo como se le lla- 
ma en la actualidad, puedo asegurar que 
existió allí alguna fábrica de adobes en 
alguna época. 

Sitio de ganado vacuno: 7\im, sitio; paeax^ 
vacas. 

Mercado: eha{ comprar; cAai'n, compró. 

Pesquería: etitl, tahabal^ pescar; cuiU, pes- 
quería. 

Mirador: cAti, mirar; ehumaq, mirador. 

Sitio donde se hacen caznelas: paek, cazue- 
la; paehieh^ caznelería ó cazuelera. 

Sitio de oración ó rezo: Tam^ sitio, lugar; 
ok rezo; oláot oración. 

Dicción compuesta: Tonqui, cazar; yan^ 
mucho; de que se deduce que la dicción 
Tonquiyan, dice Cazadero. 

Dicción compuesta de IVim, que dice sitio; 
7 paxquin^ oerrar, cerrado ó estrecho. 

Punto donde hay fri]ol: ehanaca se escribe 
así: ttanaeo^ j esto dice frijol. 

Sitio donde se produce una frutilla dulce, 
llamada lo mismo que el árbol que la da, 
Poan. 

Punto de pájaros ó pajaritos. El dialecto 



310 



SooiBDAD Mexicana 



SE DIO. 



DBBB DECIR8B. 



T«mpu)«). 
TampfttaL 


ídem t 
Id€mt 


TaDcbicoin. 


TaDchicnl.t 


T«Dciisej. 

Tancocol. 

• 


ídem t 
Tamcocol.f 


TeDechaco. 


Teneetsaeol.t 



QMiJcaaco. 



Cbapaeao. 



Tsaouact 



Faiía. 
Yichincbijol. 


Viohimcbijol.t 


GaalaL 


Idemt 


Tecuanal. 


Idemf 


Cliamftl. 


Teamat.f 


Tamapatal. 


Tompatal.f 



Tzapacab.f 



EXPLICACIÓN EK CASTELLANO. 

potoaiDo baasteco, qae es más «legante 
que el veracnizaDO, pronuncia la pala* 
bra de que se trata a»i: Ui'tf i'm, y el últi* 
mo, de esta manenu eAtciUn, que facilH*- 
mis la pronunciación. 

Sitio donde ae banÜBa; Pújal, baatisar. 

Sitio del fierro: tam, sitio; patal, fierro. Fa- 
tal acentuado, dice todo». Otros élomz 
putal putaU todos todos. 

Paso de las flecbap, ó donde se flecba; euiy 
fiecbar. 

Panto de recreo, cii««y, recreo. 

Punto donde truena ó ruge: cocol ó lococoly. 
tronar. 

Indio bravo: tenee^ indio; ttacu!^ bravo. Lo» 
buastecos yeracrueaBoe, para decir indio 
hravo^ dicen ttacuUenee^ anteponiendo §i 
adjetivo. Los potoeinoe, lo mismo, puea 
es una regla del idioma. 

El sapo, ó donde hay muchas espeeÍeB4o8a<» 
pos; y en efecto, en el punto del Chacuaco, 
que es un estero, que está en el camino- 
de Ozuluama á Panuco, hay mucho sapo» 

Donde baja el agua: pai bajar; j'á agua. 

Dicción compuesta: caballo de Cbijol ó ma- 
dera. Vichitn caballo, ckijol &rbol llama- 
do asi. Viehimehijol es el paso de un lii», 
que más abajo se llama ya **£1 Panuco.'" 

Árbol llamado asi, por otro nombre **Ja-> 
boncillo." 

Aqui está, aquí vive, té aquí; cuanal, está» 
estar. 

Pais ó tierra f Ha. Los veracnisanos dleeii 
chámate siguiendo su dialecto en las si- 
labas tza, tte^ cAtf, che. 

No estoy seguro de esta frase; pero si el 
punto de que se trata es, ó está en Ilami- 
ra, es indudable que dice ''llano del fie- 
rro," porque Tom es llano ó zacate, y 
patal dice fierro. 

(Es una vasta hacienda perteneciente á Pa- 
nuco.) Carrizal ó carrizo: tMa tzab que 
loe veracrnzanos pronuncian cha^ eáa¿. 
En la primer sílaba aparece figurada ó 
suplida una 6, la cual se omite para fa- 
cilitar la pronunciación. La razón es és- 
ta : que la dicción ttáeab quiere decir ^ItB 



SE GEOOBAFIí. y BSTlDfSTICA. 



311 



SE DICE. 



DBBS SVCnSB. 



Topila. 



Tacnba. 



Aqniamon. 



Chocoj. 



Chicajan. 



Topile.t 



ídem 



Aquitzmomt 



Tzocoy.t 



Idemf 



Caschey. 
Temapache. 


Aeantaey.t 
Tamapatz.t 


Tantima. 
TempeaL 
Tanceme. 


Tamtimát 

Tempoale4 
Tamlzedieis.t 


Tantala. 


TarntaULt 

• 


Tamocul. 

Tampieo. 

Tamesln. 

Tamoin. 

Tancanlinitz. 


Tamucnl.f 
Tattptcó.t 
Tamagin.f 

Idcmt 
Ta]iioaiihiii(z4 


TarapamoIoQ. 
Tamazaocbale. 


Tampamolom4 
Tamazamtzale4 


Tampacan. 
Tantuite. 


íáttnt 
TaiBtlt«.t 


TantojoD. 
Tftmpkladie. 


Tamiohon4 
Tampalaob.t 



Timpaca. 



Tampacact 



EXPLICAGIOM BM CASTELLANO. 

cafias,'* otra especie de cafia, y para de*- 
cir dos, se escribe dab. Paeáb alargando 
la Toz dice carrizo: y abreviándola asi, 
páeáb^ dice cafia. 
Ministril qne porta vara, seguramente qne 
donde boy es Topila (en Pueblo Viejo d* 
Tampieo) bubo alguna casa de antiguas 
comunidades de indios, donde bubo to- 
piles. (Cortés en sos cartas ¿ Carlos V 
babla de estos pueblos.) 

Esta no es frase buasteca; pero está tan cla- 
ra, que si la traducimos dirá asi: Tá abi; 
cuba para, parar ó paras. 

Quiere decir Pozo de la Ouatima 6 del gua- 
simal; aquiíM^ guásima, árbol huasteco; 
mom pozo. 

Bermejo: la frase Ghoeoy no es castellana 
sino buasteca, y se escribe como lo está 
en la segunda columna. 

Oran quemado, ckieá arder, quemat; yan 
mucho. 

Pies de cama; écan pies; /s^y cama. 

Palmar, sitio de palmas: tam lugar; apatt 
palma. 

Lugar de timas ó tecomates. 

Sitio de milpas: alé milpa, labor. 

Sitio de muertos: Tam sitio; ttemtiM muer- 
to. (Dicción compuesta.) 

Lugar donde acaba: Tam sitio» lugar; Talé 
acaba. 

Sitio de cucharas: ueul cuchara. 

Lugar de perros; picó perro; pieott perros. 

Sitio de lagartos ó lagartero: Agin lagarto. 

Sitio de moscos ó mosquitos: oin mosco. 

Sitio ó lugar de flores: Tam lugar; can don- 
de; hMitz flores. 

Sitio de cerdos; ólom cerdos. 

Residencia del principe ó del que gobierna; 
Tzale sefior, príncipe. 

Que está á la falda, bám ó pie; áóén pie. 

Donde hay maderas: tamU donde hay; Té 
madera, palo, árbol. 

Donde se trabaja: ToAon trabajo, trabajar. 

Sitio de guajolotes: pa/acA guajolote; eázau 
significa lo mismo. 

Agua resbaladiza que parece de nopal; pá~ 
cae nopal. 



312 



Sociedad Mexicana. 



81 DICE. 


DBBI DKC^IBtB 


Tftmante. 


TamAiitd. ^ 


Tamicho. 


TAaioclio.t 


Tancnlnan. 


TamcalBim.f 



BXFLICACION KM CASTELLAHO. 

Punto donde haj ¡ntlo amarttlOi 6 moni, 
aanqae el moral en huaetooo ae Ueai 
(^iehiU ó propiamente TsUtif. 

Lngar de gatoi monteeea: ochó gato moo- 
tée, onza. 

Logar de algodón: euinim algodón. 



VERSOS TRADICIONALES HUASTECOS 



HUASTECO. 

U chatal ftn ínic lab, 
Itá tzob jota chich, 
iÁJitó alai na ichich, 
U sracaalní na p%jab 
Abal ib té ca hoichl! 

Gali patal na atio 
Netz oa jilá^ aze y tzabal, 
Jota zitá na exlal 
Tay on tohon ti tzapíc, 
Ahal ca capú pátaL 

K ana ú calel ta pazel 
Ani talé na paiiomchic, 
Oal axé y qaital alchic 
Ib ahail nezal naqael 
Abal qaivel capalchic. 

Elbaz an coazamtalab 
Ani na ichioh pqaz 
Max ca japchi ti janax, 
Mab alel ti caachamlab, 
Tam ibatz xitom atax. 

Na ajatic á Dios tzaool, 
An haalab ibatz tzob, 
Ani in pahabal nin ooob 
Ani xitom lab nabal, 
Elbaz atax an tocob. 



CASTELLANO. 

Vi an hombre desconocido, 
Qaién sabe de donde viene, 
¿Qaé me dices, corazón. 
Tomaré yo mis caclis 
Para no volver aqoif 

Con todos los hijos míos 
Yoy á d^ar esta tierra, 
Donde nadie me conozca 
Ahí con dnro trabajo. 
Comeremos algo todos. 

Yo camino á mi jacal 

Y me segnirán mis padres, 
Con esta pesada carga 

Qae no paeden llevar pronto, 
Porqne les fiílta alimento. 

Este es on daro tormento 
Qae me parte el corazón, 
Pero sofriremos j antos 
Hasta llegar á an poblado 
Donde no haya gente mala. 

Naestro Dios est& enojado, 
La cnlpa no la sabemos, 

Y nos descarga sn brazo 

Y á gente extrafia nos vende, 
May fiera es la tempestad. . 



1 Tamante es diooidn oompaetta Tá qae dice áki; hmm Hgnrado qae dioe «norMí», 7 ti qot 
dice palo. La palabrm amarillo ee manuntü; per» flffarada ee m«fi, porque ao ee poede decir 
TamanuntUti, 



1» y,*'^ 

DE Geografía y Estadística. 313 * 

* Yeaeoi, En el idioma huasteco, dice Aprüa. Es adverbio simple 
de modo, aunque también se puede usar como adjetivo. Ejemplo: 
«¿ leer aprisa; pero estos casos son muy raros, hablando con respec- 
to al último. , 

J^nál, Quiere decir apretar. Nombre del verbo, ó bien sea pre- 
sente de inñnitivo del mismo verbo, a^'etivo en sus frases ó termi- 
naciones; es activo, irregular, simple y personal. 

Tincal. Quiere decir can él. La primera de estas palabras es pre- 
^K)sición invariable del caso ablativo, pues sólo para denotarlo se 
usa de ello. La segunda es pronombre personal, sustantivo, y en 
caso le conviene el que rige la preposición que le antecede, la pre- 
posición es de ablativo, y por consiguiente se encuentra en ese caso, 

Zipac, Quiere decir amarrar. Verbo, sea su nombre 6 presente de 
infinitivo en igual caso al antedicho apretar, con la diferencia que 
éste es regular, porque conserva sus letras radicales en todos sus 
tiempos, números y personas. 

Antes de terminar estas líneas, confieso que sólo me falta inves- 
tigar de dónde trae su origen el idioma huasteco; ya lo he intenta- 
do; pero mis investigaciones se han estrellado contra la dificultad 
ó la oscuridad de los tiempos y de la tradición. Sólo he consegui- 
do averiguar que los primitivos huastecos traen su origen de las 
r^ones del Norte: ¿procederían acaso del Asia, y pasarían por el 
Estredio de Bering t ¿Habrá indios huastecos en el Asia? ¿ T)e allá 
traerá su origen el idioma? Lo ignoro. 

Tampoco he podido saber de dónde procederían los primitivos 
habitantes de este gran continente. Esto para mí está todavía en- 
vuelto en un misterio; pues aunque algunos creen que todas las ra- 
zas traen su origen del Asia, como cuna del género humano, ésto 
no está demostrado todavía de una manera evidente; pero tampo- 
co puede objetarse lo contrario. Yo creo, á mi juicio, que el origen 
de los idiomas de este continente, me refiero á los idiomas indigenaSj 
ha sido obra de la naturaleza, pues dotado el hombre de racionali- 
dad, como ningún animal lo ha sido, le fué preciso crearse un len- 
guaje, como elemento indispensable de sociabilidad, para poder 
•expresar sus pensamientos, y que ese lenguaje se ha ido perfeccio- 
nando por el hombre hasta nuestros días, de la misma manera que 
se signen perfeccionando con el tiempo todos los conocimientos hu* 
manos. 



314 Sociedad Mexicana 

GoQclayo saplicando á la Sociedad Mexicana de CreograCa y Es- 
tadística se sirva aceptar este pequeño trabajo qne le dedica d 
suscrito como socio corresponsal, sintiendo únicamente qne diche^ 
trabajo no sea digno de los ilostrados miembros de la referida So- 
ciedad. 

NOTAS. 

1* Se advierte, para la inteligencia de los lingüistas, qne la « se 
pronuncia de la misma manera qne la primer sílaba de estas frases 
del idioma francés: chantef*, chercher, chien. 

DIALECTO VERACRUZANO. 

Jjas sílabas tzá, tzé, tzí, tzó (tzn no hay), pronúncianse : ch&y 
che, chi, cho. La sílaba chn, se escribe en ambos dialectos como 
está: V. g< chntal, que dice mirar^ verj vi. 

DIALECTO POTOSINO. 

Las sílabas tza, tze, tzi, tzo, se pronuncian como están escritas, 
entre t y z. 

2* Generalmente todos los nombres de pueblos y lugares huas- 
tecos son compuestos, y comienzan en Tam, que significa: sitio, lo- 
gar, punto, y en este caso es un nombre sustantivo común, del gé- 
nero masculino y número singular, y en el caso vocativo, primiti- 
vo y simple. 

Se usa también el Tam como adverbio simple de tiempo, y como 
preposición: v. g. Tam chich, que dice cuando vino. Tam LábUm^ 
que dice de México. En el primer caso se usa dicha palabra ttm 
como adverbio simple de tiempo. 

En el segundo es una preposición propia, variable de genitivo y 
ablativo; en esta frase se encuentra en el caso genitivo. 

Marcelo Alejandre. 



DE Geografía y Estadística. 31& 



P£RE6RINACiON DE LOS AZTECAS 



\^ 



Y NOMBRES GEOGRÁFICOS INDÍGENAS DE SINALOA 

OBBA C0XPÜB8TA 

P0& EL LIO. EUSTAaUIO BUELNA 

Miembro 
<t« la Kocledail Mexicana de Oeograna y Bttadlutf ca. 



S«f«ada edlcléa, e«nTffliU 7 aaMrBlala, mm lea JeretlMMa del lUarrarle aitMB^ 



INTRODUCCIÓN. 



D 



ESDE que en 1872, por primera vez, formé un cuadro esta- 
dístico del Estado de Sinaloa, me apercibí de la multitud 
de nombres geográficos de etimología indígena, que en él 
existen, y son como la huella impresa por las naciones y tribus que 
han recorrido su territorio, ó que en él habían sentado su residen- 
cia. Beuní esos nombres, que por entonces sólo eran los de algu- 
nos de los distritos, directorías, alcaldías y celadurías en que se 
divide el Estado, sin haber podido adquirir noticia de los de las 
poblaciones pequeñas en que se subdividen las fracciones políticaa 
últimamente mencionadas, y me serví de ellos como de base y pui^ 
to de partida para clasificar otros, obtenidos después paulatina- 
mente, ya de informes de personas entendidas, residentes en va- 
rias poblaciones de esa parte de la Bepública, ya de los expedien- 
tes de denuncio de algunos baldíos, ya de los edictos sobre registro 
de minas en que se enunciaban los puntos que servían de linderos. 
Be este modo, y por otros conductos que sería prolijo enumerar, 
logré acopiar más de seiscientos nombres de pueblos y lugares de 
dicha procedencia, formando una colección, que si no es completa, 
debe estar á punto de serlo, y es la que publico en esta obrita co- 
mo la geografía indígena del referido Estado. 



3lC Sociedad Mexicana 

Conforme iba yo formando la colección, procuraba traducir los 
nombres de que se componía, tarea difícil para mí en un principio, 
pues no contaba más que con escasos elementos de estudio; agra- 
vándose mí embarazo con el estropeo que el uso ha producido en 
algunos de aquellos, desfigurándolos; con las diferencias que pre- 
senta el dialecto del idioma mexicano que se liablaba en Sinaloa; 
con la escasez de noticias gramaticales respecto del idioma cahita, 
y la carencia absoluta de ellas respecto de los otros, de que han 
dejado algún vestigio en los nombres de sus pueblos las tribus que 
los habitaron. Ki podía llamar en mi auxilio los jeroglíficos, que 
contribuyen á dar una significación de las palabras, puesto que no 
fueron usados, ó á lo menos trasmitidos hasta nosotros, por los pue- 
blos del noroeste de México, y si en algunos cerros de esas comar- 
cas se han visto rasgos de escritura híerática, hasta, ahora han per- 
manecido indescifrables. 

A pesar de todo, y tomando por guía la Gramática de la lengua 
náhuatl del padre Olmos, el famoso Vocabulario mexicano de Mo- 
lina, y el Arte y Vocabulario de la lengua cahita por un autor anó- 
nimo, que es de presumirse fué el padre Juan Bautista de Velasco, 
citado por Alegre como autor de una obra de esa clase ; consultando 
á veces el Arte del mexicano por el padre Cortés y Cedeño, confoi- 
me se usaba en la Nueva Galicia, de la que un tiempo formó parte 
el actual Estado de Sinaloa; y recogiendo informes sobre las cir- 
cunstancfas especiales de algunos lugares, cuando estas no me cons- 
taban de vista, á fin de atinar con la más a<lecuada interpretación, 
pues entre los aborígenes del país eran los animales, las plantas, 
los terrenos, las aguas, las figuras de los cerros, los sucesos histó- 
ricos y otros muchos accidentes locales, motivo para imponer de- 
terminados nombres geográficos, he conseguido por tales medios 
darla significación de muchos de estos como verdadera, la de otros 
como problemática, quedando todavía la de varios como inexpli- 
cable, y rectificando á la vez la de algunos que dejó erróneamente 
consignada en la obra que publiqué en 1878, titulada <r Compendio 
histórico, geográfico y estadístico del Estado de Sinaloa. » 

Este estudio de nombres de lugar anteriores á la época de la con- 
-quista, puso desde luego bajo mis ojos las huellas etnográficas que 
en su tránsito por el territorio sinaloense habían dejado las dos na- 
ciones más importantes, tolteca y mexicana, que vinieron del Norte 



DE UEOOBAFÍA Y ESTADÍSTICA. 317 

á poblar la^ tierras de Anáhuac, y iiatnralmeute me condujo á la 
investigación del problema histórico, todavía tan debatido, acerca 
del origen y peregrinaciones de las mismas, problema cuya reso- 
lución puede, á mi juicio, lograrse con aquellos datos, y más si es- 
tos se enlazan con la interpretación de los jeroglí tiros relativos á 
dichos sucesos. 

Como resultado de mis trabajos doy, pues, á luz este opúsculo^ 
conteniendo las materias siguientes: Primera, una exposición so- 
bre el origen de las tribus naLoas y su paso por Sinaloa para el 
Valle de México. Segunda, ligeras nociones sobre los dos idiomas 
indígenas principales de dicho Estado, que son el mexicano y el 
cahita; procurando emplear, como ejemplos para el primero, algu- 
nos de aquellos nombres de lugar que aún no se habían interpre* 
tado debidamente. Tercera, la nomenclatura de los lugares de pro- 
cedencia indígena en el orden de las divisiones políticas á que co- 
rresponden; la de las palabras que de los mismos idiomas se han 
adoptado en el trato vulgar, con sns significaciones, como las de 
la anterior; y un registro alfabético de todas ellas, para que pue- 
dan hallarse en la obra más fácilmente. 

No tengo pretensiones de éxito literario ni científico, sino sólo 
contribuir con mi grano de arena, por exiguo que sea, al estudio 
y dilucidación de las cuestiones que discuten los sabios acerca de 
los puntos indicados, y á dar á conocer á Sinaloa también bajo el 
punto de vista de su geografía indígena. 



EXPOSICIÓN 

sobre el origen de las tribus nahoas y su tránsito por el territorio 

de Sinaloa para el Valle de México. 

LUOAR DE ORIGEN: LA ATLÁNTIDA: INTERPRETACIÓN 
DEL JEROGLÍFICO RESPECTIVO. 

£1 origen de los primeros pobladores de América se pierde en la 
noche de los tiempos, y es una cuestión histórica muy discutida^ 
sobre la cual no ha recaído todavía el acuerdo definitivo de los sa- 
bios. Por unos es atribuido á inmigraciones asiáticas á través del 
estrecho de Behring, donde tanto se aproximan las costas de Asia 



318 Sociedad Mexicana 

y América; por otros á viajes de cartagineses en el Atlántico y Á 
barcos impelidos por las tempestades en dicho mar y en el Pacífi- 
co; y por varios, á la facilidad de las comunicaciones provenientes 
de la presunta unión de los continentes de Europa y África con el 
de América por medio de la misteriosa Atlántida, isla inmensa que 
servía como de puente entre ellos, y que desapareció por debajo de 
las aguas, dejando su nombre al mar que vino á ocupar su asiento. 

Quizá todo eso pudo haber sucedido, pues ninguno de los dichos 
medios de comunicación excluye al otro ; antes bien, ellos en su con- 
junto confluyen á demostrar, que en los tiempos prehistóricos, cuya 
oscuridad no han podido aclarar todavía las investigaciones huma- 
nas, esas inmigraciones deben haber sido múltiples, en épocas dis- 
tintas y por causas diversas, siendo así como se han de haber in- 
troducido en el continente americano las variadísimas razas que 
lo pueblan; y esto sin contar con las que se forman por la mezcla 
de unas con otras, y por las modiflcaciones que en sus rasgos ca- 
racterísticos se producen, introducidas en el organismo humano 
por el clima, las condiciones geográficas y demás circunstancias 
especiales que sirven de factor á su desarrollo. 

Sin embargo de esto, hay que convenir en que la comunicación 
amplia y fácil por la Atlántida es la que explica más satisfactoria- 
mente las abundantes inmigraciones que debieron surtir de tan di- 
versos pobladores á América; y además la existencia de esa isla, 
hoy desaparecida, y que por mucho tiempo se tuvo como creación 
fantástica de Platón, surge ya, de las lucubraciones de la ciencia, 
con la pretensión de erigirse en un hecho real, sirviendo de acla- 
ración á hechos geológicos indisputables, y á la interpretación de 
ciertos jeroglíficos y etimologías de que luego me ocuparé. 

Entre la« razas que poblaron nuestro continente, una de las más 
notables fué la nahoa, que según la opinión del Lie. D. Alfredo 
Ghavero, eruditísimo historiador mexicano, procede del Oriente, 
y avanzando desde la Atlántida hasta encontrar las grandes lla- 
nuras del Pacífico entre los grados 35 y 45 de latitud Norte, se ex- 
tendió después por la costa hacia el Sur, penetrando en los terri- 
torios actuales de Sonora y Sinaloa, y fué á fundar en el Valle de 
México los imperios más civilizados y poderosos de la antigua Amé- 
rica. Las relaciones que dicho autor encuentra entre la Atlántida 
y la raza nahoa, consignadas en el tomo primero de la historia de 



DE Geogbáfía t Estadística. 319 

«México á través de los Siglos,» página 72, son las siguientes: 
«r Según el relato de Platón, la ciudad principal de aquel conti- 
nente sumergido estaba construida sobre un lago; era paludeana^ 
y es notable que los nahoas buscaban de preferencia los lagos para 
establecerse: conocemos por lo menos las siguientes ciudades la- 
•Gastres: Azüán, Mexcalla, Pátzcuaro, Texcoco, Ghalc^, Tzompan- 
co, Ghapultepec, Atzcaputzalco y México, grandes centros ó estan- 
cias importantes de civilización nahoa. El idioma poco nos puede 
decir á este propósito, y sin embargo llama la atención la última 
Thole del trágico latino, que parece que Islandia fué otra Tula, y 
que no faltan nombres de ciudades con la misma raíz, como Tou- 
lon y Toulouse en Francia, y Tolosa y Toledo en España, El mis- 
nao Platón nos conserva el nombre de una ciudad de la Atlántida^ 
y una sola voz del idioma atlante que tiene gran relación con la 
palabra chalekihuitly que en nahoa quiere decir piedra preciosa, y 
que acaso puede ser clave preciosa para la cuestión. Tenemos en 
las tradiciones teogónicas del África, que Hermes, el dios del co- 
mercio, es hijo de Atlas y de Maya: Atlas, montaña que está en 
África, es representante de la raza de esa región, y Maya es la raza 
•de Yucatán, la raza americana. El vascuence no tiene relación nin- 
. guna con las lenguas europeas, y sí tiene muchas cou las america- 
nas, y especialmente con el nahoa ; y es de notarse que los vasconga- 
dos sostienen que son el pueblo más viejo de la Iberia. En aritmé- 
tica la combinación nahoa del 4 y el 20 se encuentra en los vascos, y 
como recuerdo en la edad de 4 veintes de los irlandeses, y en el 80 
de los franceses, que sin duda lo recibieron de los celtas y estos de 
pueblos más antiguos. » 

«Las relaciones entre vascos y nahoas son probables; parece que 
son los atlantes que se extendieron al Occidente en lo que hoy es 
«1 Nuevo Mundo, y ocuparon el Oriente de la AÜántida con el nom- 
bre de iberos. Llegaron allí sin duda hasta lo que es hoy la Bu- 
sia, pues en ella se encuentra una Tula, y fueron detenidos por los 
•etmscos, que es el hecho recordado por Platón : son los hiperbóreos 
<le Theopompo, la población que, según las tradiciones célticas, fué 
obligada por la mar á abandonar sus islas lejanas y establecerse 
en lo que después fué Galia. En nuestro continente avanzaron has- 
ta enoontrf^r las grandes llanuras del Pacífico entre los grados 35 
y 45. Extendiéronse todavía al Norte empujando á la raza mono- 



320 Sociedad MaxicAif a 

silábica ; pero la época glacial los obligó á bascar el rumbo del Sor, 
y es probable que, siguiendo siempre la costa del Pacifico, llega- 
ron hasta el Perú, en cuya raza inca encontramos parentesco con 
losnaboa.» 

A lo dicho por el sabio escritor añadiré, que Atlántida es evi- 
dente que tiene etimología nahoa, procediendo de (Matlany palabra 
compuesta áeatlatlj reduplicación ó plural de atlj agua, y de la pos- 
posición tlauy y significando «junto á las aguas ó al mar.» Para tra- 
ducir en estos términos la referida palabra, me ñindo en que aü 
significa de una manera general el agua en todas sus formas, como 
se ve en el diccionario de Molina, entre otras, en las palabras: huei- 
atly compuesta de huei y atl, mucha agua, el mar; ilkuioatly de ti- 
huica y atly agua del cielo, el mar; atentlij de atljientHy orilla del 
agua ó del mar; ateputzco niauhj de ail^ teputztli y niauhj ir de la 
otra parte del agua ó del mar; y en que atUm expresa más remar- 
cadamente el mar, como se observa en las palabras: ahuecaüany de 
ahuic y atlany alta mar; atlan temictianiy corsario, matador en el 
mar; y en atlan tepehuay alijar navio, arrojar algunas cosas en él 
mar. De consiguiente la palabra atlatlariy que se reviste de una for- 
ma tan expresiva como es la reduplicación, indica aún más enfáti* 
cameute la abundancia de las aguas, que en el azteca se traduce 
]>or el mar. 

Pero llamaré la atención sobre otra coincidencia todavía más- 
notable, y q^ne viene á corroborar la etimología y significación re- 
feridas. Cerca de la ciudad de Culiacán, que fué lugar de tránsito- 
para las tribus de raza uaboa, existe el puerto de Altata, nombre 
cuya procedencia más racional es también Atlatlany compuesto de 
atlatly reduplicación de atly y de la posposición tton, lo cual da el 
mismo significado de «lugar cerca de las aguas ó del mar, » que es- 
tá enteramente conforme con la realidad de la ubicación. Y lo que 
acentúa más la singularidad de este caso, es la afición que esas tri- 
bus tenían á recordar los nombres de sus antiguas estancias, afi- 
jándolos á las nuevas por donde pasaban, como sucedió en el men- 
cionado Altata, en Tlapallanconco, Tula, Golhuacán de México y 
otras poblaciones, de que volveré á hacer mérito más adelante. 

La conjetura racionalísima, fundada en coincidencias etimológi- 
cas sorprendentes, de que la raza nahoa procede originariamente 
de la Atlántida ó Atlatlán, esto es, de una población ó país cerca- 



DE Gbogeafía y Estadística. 321 

no á las aguas del mar, llamado así por esta causa, se convierte 
casi en una verdad palpable/ si se apoya en la interpretación que 
con toda naturalidad y fuera de toda idea preconcebida se puede 
dar al jeroglífico con que principia la narración del viaje de los az- 
tecas y consta en la que se llama Tira del Museo, porque esa for- 
ma afecta el que se conserva en dicho establecimiento. El punto 
de partida del viaje se expresa allí por una isla, pues se representa 
por un espacio rodeado de agua, con una pirámide escalonada en- 
medio, y tres calli 6 casas agrupadas á cada lado, signo de poblar 
cienes, estando las familias ó tribus figuradas por dichas seis calUy 
y por las dos personas, marido y mujer, pintadas al calce de los re- 
feridos signos, los cuales hacen otra calli 6 familia. Esta tiene por* 
nombre el designado arriba de la pirámide, que es el del país, tras- 
mitido á toda la nación y á su jefe; en comprobación de lo cual pue- 
de verse el propio signo representando en la persona de éste á di- 
cha familia durante el curso de la narración hierática, hasta que 
ella cambió de nombre, como se referirá más adelante. La mujer 
se llamaba Chimalnia, según se deduce del signo á ella adherido; 
y tanto la misma como el hombre que lleva el signo de Atlatlán, 
se ven después marcados con sus respectivos jeroglíficos en el cur- 
so de las peregrinaciones aztecas, lo que prueba que sus nombres- 
no eran propios, sino los de las diguidades que dichos personajes^ 
representaban. 

De paso haré una observación, y es, que el nombre de esa mu- 
jer era reverenciado seguramente por tradición entre los indígenas 
del Gila, pues cuando algunas partidas de Cocomaricopas solían 
venir de aquel río al interior de la República, pasando por Sinaloa,. 
el autor de esta obra veía que hacían por la mafiana y por la tar- 
de en su campamento, arco al brazo y cantando, las plegarias que 
acostumbraban en su idioma, en las que se les oía repetir con fre- 
cuencia la palabra Ghimalma. 

El jeroglífico puesto arriba de la pirámide, que nada autoriza á 
suponer sea el nombre de una divinidad allí adorada, puesto que 
no se ve encima de aquella templo alguno, y menos es de creer que 
sea el nombre de Huitzilopocbtli, como alguien ha querido decir, 
el cual para quitar dudas aparece en seguida de la isla figurado 
especialmente por el huitzitzilin 6 colibrí que lo representa, ese je- 
roglífico, repito, sólo contiene el nombre de la nación ó raza que 

41 



^2 Sociedad Mexioana 

-se rodea de la pirámide aludida, como ne va á ver acto continuo. 
£1 está compuesto del signo atl, agua, y de otro adjunto, que todo 
podrá ser menos el de acatlj caña, como se ha pretendido también, 
si no es que se tomasen arbitrariamente del signo atl^ las ondas que 
figuran el agua, para construir las hojas del acatl. El signo que 
acompaña al del agua, no es otro que el de atlatl, una arma arro- 
jadiza, especie de dardo, que junto con el primero, da fonéticamen- 
te el nombre del país, pues formado atlatlatl de la manera expresa- 
da, y poniendo n en lugar de la última ti, para integrar la posposi- 
•ción ubicativa tlan, queAsb Atlatláuj lugar de origen de los aÜaiectUy 
ó bien aztatecas, como son llamados en ciertos anales antiguos.^ 

La conversión de la ti en j? no es irregular, cuando la palabra 
•entra en composición ó de algún modo se altera, como sucede en 
los siguientes nombres geográficos del Estado de Sinaloa: Chiqui- 
huiztita, que significa lugar abundante en canastos, procedente de 
ehiquihuitl; Tecuciapa, río grande ó principal, de teeutU y apan; 
TapaquiakuiZy lugar de aguas-nieves, de tlapaquiahuitl: como su- 
cede también en Ayacaztepec, lugar de Oaxaca, que significa cerro 
al extremo del agua ó de la laguna, compuesta de aü agua, yacaU^ 
nariz ó punta, y tepecj cerro: y como .se ve en meztallotly cogollo 
blanco de maguey, cuya primera sílaba es metí; en amatzcallij al- 
meja, compuesta de mnatl y calli; y en qttaehicpaÜij almohada, com- 
puesta de quaillj cabeza, é icpalli, asiento. Y menos impropio padie- 
ra eso parecer cuando se trata de una alteración, verificada desde 
tiempos remotísimos, como sucede con Atlatlán en Altatldnj Azta- 
tlán 6 Aztláfiy nocibres los dos últimos de una significación aparen- 
te más común y de una pronuuciación similar y más fácil, que es 
la trasforma-ción á que todos los idiomas propenden y que realizan 
con el trascurso de los siglos. 

Otra prueba más de lo que llevo dicho es, que á pesar de que la 
denominación de Aztláu ó Aztatlán es universalmente admitida 
como la propia del lugar de origen de la raza nahoa, nunca se ha 
visto figurar una garza, significación de aquellos nombres, en los 
jeroglíficos en que aparece consignado el comienzo de su peregri- 
nación: y esto se explica muy sencillamente, pues á mi juicio no 
iiay tal Aztatlán, sino Atlatlán, compuesto délos elementos foné- 

l Lámina I*: Principio del rlaje de los aztecas. 



DE Geografía y Estadística. 323 

ticos que se han expresado, y con ana significación perfectamente 
adecuada á la cosa que se quería representar, corrompiéndose el 
nombre con el trascurso de los tiempos, en gracia á su mayor flui- 
dez y eufonismo. 

Tres observaciones son aquí muy oportunas. Primera: que el je- 
roglífico de que acabo de ocuparme, no representa el principio de 
un viaje, sino de los viajes de los nahoas, pues desde la Atlántida 
hicieron su peregrinación en varias etapas y por espacio de muclios 
siglos. Segunda: que á todas las familias peregrinantes era común 
él nombre de atlatecas ó aztecas, aunque á una sola de ellas, la de 
mayor representación en la historia, y autora de los mismos jero- 
glíficos, se dio con más especialidad, nombre que ésta cambió des- 
pués en el de mexicanos, cuando se separó de las otras. Tercera: 
que como la peregrinación á que se refiere el principio del jeroglífi- 
co, fué la primera de todas, de la que por lo tanto debieron los azte- 
cas conservar menos recuerdos por la gran distancia de los tiempos, 
ésta es la razón por qué en él aparece solamente consignado el 
punto de partida Atlatlán, y el punto de parada más importante 
para ellos, Hueicolhuacán, el Culiacán de Humaya donde, se fundó 
su teogonia, y en cierto modo su nacionalidad independiente, su 
agrupación al rededor del ara de un dios que los guiaba y regía 
con sus oráculos. Kótese bien, que ambos puntos no aparecen entre 
sí ligados más que por medio de huellas humanas, que indican trán- 
sito, pero no la duración del tiempo en él impendido. Es verdad 
que al lado del cerro torcido con que se significa Hueicolhuacán, 
se ve el signo cronológico ce tecpatl, mas éste expresa el año de la 
llegada á dicho punto, no el de la salida del primero, y mucho me- 
nos el intervalo del tiempo gastado en el viaje del uno al otro. 

Los aztecas, en el sentido lato que he explicado á esta denomi- 
nación, también se llamaban nahuatlacas, ó sencillamente nahoas. 
El nombre gentilicio nahuatlacatl 6 náhuatl produce el geográfico 
Síahuatitlán 6 Náhuatldn^ país de los nahoas, que se compone de 
nahuij cuatro, atl^ agua, y de la posposición Üan^ significando « en- 
tre cuatro aguas ó mares, » lo que no podía dejar de ser asi, tratán- 
dose de una isla, y más sí ésta tenía por los cuatro vientos mares 
de notable importancia. Quizá dicha significación sea la clave para 
descifrar el jeroglífico de Mr. Aubin, representando el punto de 
partida de la peregrinación azteca por una isla de fignra cnadri- 



324 Sociedad Mexicana 

fomie, con cuatro casas dispersas y un cerro entre ellas, expresión 
de otros tantos pueblos 6 naciones habitadoras de esa tierra. Lo 
cierto es que, según se admite generalmente, las tribus atlateca» 
eran de origen nahoa; que líahuatlán, entre cuatro mares, expresa 
una isla; que Atlatlán, cerca del mar, indica una ciudad 6 comarca 
marítima, la que tal vez por su importancia llegó á dar á toda aque- 
lla su nombre; y que trasmitido éste hasta nosotros por tradiciones 
conservadas en Grecia, quedó generalmente convertido en Atlán- 
tida, ó país de los atlántidas, patronímico de forma griega, que sig- 
nifica hijos ó descendientes de Atlantla ó Atlatlán.' 

LOS NAHOAS SUBEN Á LAS ESTEPAS DE NORTE -AMÉRICA. 

Pero volvamos sobre la materia que dejamos pendiente. Si los 
nahoas procedían de la Atlántida, y se vieron estrechados á aban- 
donarla por el trastorno geológico que la hundió debajo de las olas, 
era natural que buscasen refugio en otras tierras. Una parte de los 
que se salvaron frente á Europa, hacia el Oriente, probablemente 
fueron á guarecerse en el Korte de España, donde se halla el pue- 
blo vasco, que se reputa por el más antiguo de la Iberia, y cuyo 
idioma se dice no tener relación alguna con los demás de dicho con- 
tinente, y sí con los de América, especialmente con el nahoa. Y iK)r 
otra parte, los habitadores de la costa occidental de la isla, debie- 
ron navegar hacia el vecino litoral de las Carolinas y de Georgia, 
en los Estados Unidos, donde aparecen también huellas etnográ- 
flcas del mismo idioma: como es Axacán, citado por el padre Ale- 
gre en el capítulo 1? de su Historia de la Compañía de Jesús, y 
Atlanta^ que es hoy capital del último de los Estados mencionados. 
El primero, que es el nombre de una provincia que hacía parte de 
la Georgia y de la Virginia en las antiguas colonias inglesas, nom- 
bre también de un pueblo antiguo de México, viene de atzaqua^ en- 
cerrar ó contener el agua, significando alberca ó presa, y de la pos- 
posición can; y el segundo se desprende fácilmente de Atlanta 6 
Atlatlán^ que ya he dicho que es el originario de la Atlántida. 

En seguida debieron atravesar el actual Territorio Indiano, en 
los mismos Estados Unidos, y subir por las estepas escalonadas de 
esta parte del continente americano, siguiendo poco más ó menos 

• 

1 Lámina l*:A2tlán: Códice Áubin. 



DE Geooeafía y Estadística. 325 

los mismos paralelos de latitad correspondientes al lugar de su sa- 
lida, pues eran inclinados á llevar en sus viajes una dirección sis- 
temátíca, de la que no se distraían sin motivos poderosos, y asi 
arribaron á las tierras más altas de ese país, como si todavía se 
encontrasen dominados del temor de ser sorprendidos por los fu- 
rores del mar, que se había tragado un territorio tan extenso como 
era el de su primitiva procedencia. 

Probable es que, inducidos por su grande afición á vivir cerca 
de los grandes depósitos de agua, hayan ido á parar á los lagos 
Utah y Salado, el último de los cuales tiene varias islas, en las que 
pudieran construir poblaciones seguras. Y á la verdad, si la Atlán- 
tida no era su punto de origen, figurado en los jeroglíficos por un 
hombre en una canoa, navegando de una isla en dirección al con- 
tinente, como loq datos antedichos conducen á demostrarlo, no pa- 
rece que ese punto debiera colocarse en otra parte más congruente 
que en el último de los lagos referidos, pues en la zona del conti- 
nente americano, comprendida entre los grados de latitud ya cita- 
dos, no hay otro, á lo que sé, cuya situación reúna las circunstan- 
cias que indican las tradiciones. 

Para fundar la probabilidad de este aserto, no hay necesidad de 
buscar en el terreno el nombre de Aztlán, que, si existió en esta 
forma, debe haberse perdido ó adulterado profundamente con la 
emigración de las tribus nahoas hacia el Sur; emigración en masa 
como solían hacerla los pueblos de la antigüedad, los que si algo 
dejaban en el territorio abandonado, era comunmente barrido por 
los que les sucedían en su posesión, borrándose luego el recuerdo 
de los nombres de lugar, que eran sustituidos con otros de idioma 
diferente. En el particular de que nos ocupamos, son autoridad 
más atendible las tradiciones, puesto que constituyen im testimo- 
nio más persistente. Ellas refieren que los nahoas vinieron á poblar 
las orillas de los ríos Gila y Colorado desde regiones más septen- 
trionales, y el lago Salado está en esa posición respecto de dichos 
ríos, hallándose precisamente al Xorte de la que con toda certidnm* 
bre fué posteriormente mansión de las referidas tribus. 

El capitán Mateo Mange, en la relación de los viajes del padre 
Ensebio Francisco Kino y otros misioneros al descubrimiento de 
los mencionados ríos, escrita por él como cronista y jefe militar de 
las expediciones, y publicada en 1856 en el tomo 1? de los Docu^ 



326 Sociedad Mexigaiya 

mentos para la historia de México, cuarta serie, corrieudo de la 
página 226 á la 402, liace frecuente mención de las tradiciones con- 
servadas entre los indios que habitan las márgenes de aquellos^, 
acerca de las razas que poblaron el valle de México, y en la pági- 
na 281, que cae bajo el capítulo 5?, dice: «Tomando un refresco y 
dulces en la junta ( habla de la del Gila con uno de sus confluentes), 
declinamos al Poniente por la vega del río abajo, y á tres leguas 

dormimos en sus márgenes, y de la otra banda, nos dijeron 

los que nos acompañaban, hay varios ediñcios antiguos de casas 
grandes que se conjetura las hizo la nación mexicana cuando salió 
del Norte. 1» En la página 283 reflere, que «dijeron los guías queá 
distancia de una jornada hay otros varios edificios de la misma fá- 
brica hacia el Korte, y de la otra banda del río en otro arroyo que 
viene á juntarse con éste que llaman Verde, y qye Um fabricaran 
unas gentes que vinieron de la región del Norte,» 

El Sr. Orozco y Berra, en su Geografía de las lenguas, cita al 
padre Sedelmair en unos párrafos, que en sustancia dicen lo mis- 
mo que el cronista Mange; y también al general D. Pedro García 
Conde, que en su Ensayo estadístico sobre el Estado de Chihua' 
hua, 1842, dice que la primera mansión de los aztecas fué cerca dd 
lago de Teguyo (teeuyotl^ señorío, ) al Sur de la ciudad de Qni vira, 
antes de ir á sentarse en el Oila. 

Seria un esfuerzo inútil de erudición hacer aquí mérito de las 
bien conocidas opiniones de muchos historiadores, que fundándo- 
se en la tradición, en las escrituras jeroglíficas y en las crónicas 
antiguas, colocan el origen de la raza nahoa máá al Korte de las 
Gasas -Grandes del Gila, ya de una manera clara y terminante, ya 
algo equívoca, pero apuntando casi siempre en esa misma direc- 
ción. SóloMadiré, que la tradición trasmitida por Pantecal, señor 
de Tzapotzingo, cerca del pueblo de Jalisco, según se lee en la His- 
toria de !N^ueva Galicia escrita por el Sr. Mota Padilla, refiere que 
de lo más interno del Norte, de una provincia llamada Aztatlán, sa- 
lieron varías familias en dos diversos tiempos, y entraron por ék 
Nuevo México, Cíbola, Sonora, etc. Según el padre Prejes, en sxk 
Historia de la conquista de Jalisco, la referida tradición era que 
las familias emigrantes habían venido de lo más interno del NorUy 
y poblaron 1% Quivira, Sonora, Sinaloa, etc. Ahora bien, si ellas- 
entraron por Kuevo México y Sonora, cuyos territorios en aquel 



DE Geografía y Estadística. 327 

tiempo 86 extendían al Norte sin límite conocido, luego venían de 
más allá con rombo al Sur, y ese más allá debía quedar, según to- 
das las probabilidades, en el Lago Salado ó en las comarcas adya- 
centes. Es de llamar la atención que cuarenta leguas, con poca di- 
ferencia, al Poniente del Lago Salado, se halla un lugar llamada 
Tulaacoy y cosa de ochenta más adelante se halla Tule; nombreS' 
de origen nahoa, que demuestran que hasta allí avanzaron algu- 
nas de las familias prófugas del Oriente. 

SE SITÚAN EN EL Gil. A. 

Dejando este punto histórico acerca de la primera mansión de 
los nahoas después de su salida del Oriente, que sólo puede discu- 
tirse por presunciones, aunque vehementes, sigamos á los pere- 
grinantes á su segunda estancia, que nos es más conocida por las 
construcciones que en ella dejaron, y por los demás medios de ave- 
riguación que nos la han hecho de ubicación indubitable. 

Desde luego puede decirse que los toltecas, que parece eran los 
que ocupaban en el Norte una posición más occidental, al bajar 
hacia el Sur, aproximándose á la costa del Paeífíco, debieron pa- 
sar por el lago Tulares, sito entre las ciudades modernas de San 
Francisco y los Angeles, en la Alta California. A propósito ocurre 
preguntar aquí: 4 acaso á orillas de este lago sería donde se halla- 
ba la antigua Tollan, en recuerdo de la cual los toltecas pusieron 
el mismo nombre á la que fundaron en el que es hoy Estado de Hi- 
dalgo? No es posible afirmarlo; pero sí puede tenerse en cuenta^ 
que tule no es palabra de origen español, ni inglés, que son los idio- 
mas que se han hablado allí sucesivamente desde la conquista, ni 
al parecer es de otra lengua que del nahoa; y de consiguiente las 
palabras Tulares^ Tollan y Tula mejor vienen de tolliny tule, espe- 
cie de junco que dio nombre á la primera Tollan, no á la moderna 
Tula en el Estado de Hidalgo, que no produciendo esa planta en 
sus tierras, lo lleva solamente en memoria de la otra. 

Esa familia, que había avanzado más al Occidente que las otras^ 
prosiguiendo su camino al Sur, llegó entonces hasta la confluen- 
cia de los ríos Colorado y Gila, el último de los cuales fué ocupa- 
do al propio tiempo por las demás familias nahoas, y cuyo nombre,, 
nno de los rarísimos de lagar que allí han quedado de etimología 



328 Sociedad Mexicana 

• 

azteca, acasa con claridad su procedencia, pues viene de Xillay 
<M>mpue8to de xilotlj qnitada otly y de la partícula abundancial tía 
ó Uij significando país abundante en jilotes, fértil, ó quizá uno en 
que se usaba mucho comer en tal estado las mazorcas de maíz. 

En la vecindad de e«a confluencia, pero sin saberse la situación 
precisa, fundó dicha familia la famosa Tlapallanj que por enton- 
ces fué su asiento principal y deñiiitivo, y en opinión de algunos 
la capital de toda la nación; aunque yo infiero que si tal hubiera 
eido, nos habría dejado las huellas de su importancia, mejor que 
Oasas- Grandes y otros lugares, cuyas ruinas se ven esparcidas 
^ás arriba en las riberas de dicho río. La referida ciudad, deno- 
minada también Huehuetlapallan, en contraposición á Tlapallan- 
eonco, 6 Tlapallau la menor, que los toltecas fundaron después en 
el primer descanso de su posterior y última peregrinación, debió 
su nombre á las circunstancias de la localidad en que fué estable- 
cida. Tlapallan significa « lugar cerca do la tierra colorada,» y efec- 
tivamente de ese color es, según dicen, la de la comarca en que se 
unen el Gila y el Colorado, el último de los cuales, asi como el Mar 
Bermejo adonde lleva sus aguas ferruginosas, tienen por tal mo- 
tivo las referidas denominaciones. 

Consta por la historia, que la familia tolteca fué la que, al reem- 
prender muchos siglos después su peregrinación del Gila al A.ná- 
huac, siguió el camino de las costas de Sonora y Siualoa, y esto 
confirma la posición que yo le he venido asignando en su tránsito 
desde las regiones del Norte hasta Huehuetlapallan, pues ya des- 
de aquí no hizo ella más que escurrirse por las orillas del golfo de 
Cortés, y seguir su ruta ha^ta subir á las tierras alta« de México, 
fundando en ellas á Tula y á Texcoco. 

Si la posición de los toltecas puede determinarse con aproxima- 
ción en las comarcas vecinas á la junta de los ríos antes mencio- 
nados, no sucede lo mismo con la de las demás familias, de las que 
solamente puede decirse que se hallaban alojadas sobre las már- 
genes del Gila, pues en todo su curso, desde la junta de aquellos 
hasta cerca del origen de éste, se ven de distancia en distancia rui- 
nas de edificios antiguos, con otros vestigios de la ocupación del 
territorio por una raza relativamente civilizada. Y quizá no sería 
muy aventurado afirmar que á lo largo del expresado río se en- 
contraban tendidas las famosas siete ciudades, tan buscadas en 



DE GEOaBAPfA Y ESTADÍSTICA. 329 

tiempo (le los descubrimientos de los países del Norte, que yo tra- 
duzco por siete pueblos, centros de otras tantas tribus, y que de- 
bían formar un cuerpo uacional homogéneo, no sólo por la iden- 
tidad de origen, idioma y costumbres de sus habitantes,* á pesar 
de hallarse distribuidos en siete parcialidades, sino también por 
la calidad similar de las regiones que escogían para vivir, siem- 
pre á orillas de un río ó lago. 

Tal sucede todavía en la actualidad con la tribu yaqui, congé- 
nere de la nahoa, que vive distribuida en los siete pueblos Coco- 
ritj Bácumy Tórim^ Bícam^ Pótam^ Eaum y Huiribis^ sentados en 
ambas márgenes del río de su nombre, en la parte cercana á la 
costa, sin contar con el de Belén, que fué de fundación español», 
ni con Cumvripaj que por estar distante once leguas río arriba de 
los pueblos mencionados, no parece pertenecer á ese grupo, sino 
haber sido una colonia desprendida de ellos: lo mismo sucede con 
la tribu mayo, de la propia procedencia, que vive en los siete pue- 
blos de Macoyahuij Conicarij Cajuóa, Tesía, Nabojóa, Guírimpo y 
Echcjóay no contando á los de Santa- Cruz y San Pedro, porque no 
fueron de fundación indígena, como se comprende por sus nom- 
bres: é igual coincidencia se observa también en los ])«eblos an- 
tiguos de indígenas, situados río abajo de Ouliacán, que son Ba- 
ckigualatOy Aguaruto, Culiacancito ( antiguo Colhujicán, que pro- 
bablemente debió ser, antes de la invasión de las tribus nahoas, 
conocido con algún nombre cahita), San Pedro (antes Comoloto), 
Nabolato, Bachimeto y Otameto. Parece que era costumbre de los 
nahoas y de sus congéneres darse unn organización septenaria, 
donde quiera que formaban una agrupación nacional independien- 
te, y que ella obedecía á un recuerdo de su modo de ser en su pa- 
tria primitiva. 

En la carta del Padre Bartolomé Sánchez al Padre prior Juan 
Antonio Baltazar, lecha 6 de Marzo de 1757, que corre impresa á 
la página 88 de los Documentos para la historia de México, cuar- 
ta serie, tomo primero, se dice á este propósito lo siguiente: « Des- 
de este paraje de Todos Santos ( que es cerca de donde el río (rila 
nace en la Sierra de Mogollón ), empiezan á verse ruinas de edifi- 
cios antiguos, con patios cuadrados y otros vestigios de loza de 
jarros, ollas y tiestos con variedad de colores, y advertí también 
palpablemente, por el terreno que conducían la acequia para la 

42 



330 SoGisDÁD Mexicana 

agaa que serviría á sus sementeras en el dicho bastantemente ex- 
playado sitio, capaz de una buena villa ó misión, si llegara el caso 
de reducirse est^a belicosa nación apache; en el paraje de la Casi- 
ta, río abajo al Poniente, hay otro semejante, y vi también tan fa- 
tales ruinas; habrá diez leguas de cli.stancia, y mepernuaño que dejt- 
de dqui hanta la Fimeria ( los pimas vivían cerca de la unión de los 
ríos Gila y Colorado), estarían fahrixíadas las siete citidades de qíte 
ha/y alguna noticia.» 

Mota Padilla, en su Historia de la Nueva-Galicia, reñríéndose 
al viaje que D. Francisco Vázquez Coronado hizo al Norte en 1540 
en busca de las siete ciudades, dice que llegaron las tropas de este 
general al Valle de los Corazones, diez ó doce leguas antes de to- 
car á la provincia de Sonora, que entonces comenzaba en el río 
Yaqui, y de allí allegaron á Tzíbola, que era un pueblo dividido 
en dos barrios, que estaban cercados, de manera que hacían al 
pueblo redondo, y las casas unidas de tres y cuatro altos, cuyas 
puertas caían á un grande patio ó plaza, dejando en el muro una 
ó dos puertas para entrar y salir.» Cíbola era evidentemente un 
pueblo uahoa, pues lo dice su etimología, y significa lugar donde 
abundan los cíbolos, cierta especie de toros: además, su descrip- 
ción parece que no puede convenir más que á un pueblo de los que 
se ven hoy arruinados en el país que baña el Gila, y que estaría 
habitado en tiempo de la conquista por alguna de las tribus que 
sucedieron á los nahoas en la ocupación de aquel territorio. Des- 
pués dice el mismo histoiñador: ((Habiéndosele! general y su gen- 
te aposentado en los dichos barrios, procuró enterarse de toda la 
comarca, y descubrió otros seis puMos semejant^Sj que son los que 
debieron de dar cuerpo á la vulgaridad de las siete ciudades.» 

Pero sea lo que fuere acerca de estas ciudades del Gila, que yo 
traduciría por siete pueblos de tribus, ocurre aquí otra cuestión : 
¿Cuál de esas poblaciones, cuyas ruinas se ven hoy esparcidas por 
las arenas de dicho río, sería la residencia de los aztecas! 4 Aca- 
so aquella, que todavía hoy aparece más graudef No es fácil ave- 
riguarlo. De ninguna de ellas nos ha quedado el nombre; y si Hue- 
huetlapallau y Cíbola son las únicas que se han salvado del olvi- 
do, en cambio se ignora su ubicación determinada, y sólo de la pri- 
mera puede decirse, que fué la mansión de los que después habrían 
de ser llamados toltecas. 



DE Geografía y EstadIstioa. 331 

Se ha dicho por alguien, que los nahoas erau una raza, no una 
nacionalidad. Yo no lo creo así : ellos debieron formar una nacio- 
nalidad y una raza compactas, á lo menos desde antes y durante el 
tiempo de su permanencia en el Oila; y la razón es bien clara, por- 
que si hubiesen tenido gobiernos independientes, como naciones 
distintas, no hubieran peregrinado en masa, ni posádose todos jau- 
tos en una misma comarca, como obedeciendo á una voluntad úni- 
ca y consecuente con un propósito tijo. La prueba más concluyen- 
te es, que cuando peregrinaron de nuevo, pero ya bajo la dirección 
de gobiernos particulares que se dieron después de la separación 
de las tribus, entonces poblaron regiones diversas y aun muy dis- 
tantes entre sí, dando origen á diferentes nacionalidades; y sólo 
hasta entonces pudo decirse que los nahoas no eran una naciona- 
lidad, sino una raza. 

SIT rUVíTJZAOlÓN SE EXTIENDE AL SÜK: FORMACIÓN DE LOS 

IDIOMAS SONORENSES Y SINALOAS. 

Una vez posesionados de las riberas del histórico río, era consi- 
guiente que los recién llegados comenzaran á ])ouer en ejercicio la 
civilización que traían desde su origen, labrando ia tierra, abrien- 
do canales para el riego, levantando los grandiosos editicios cuyos 
restos admiran los viajeros, y desarrollando ias demás industrias 
que no habían olvidado en sus peregrinaciones: en suma, se aco- 
moilaron bien en su nueva y rica patria, como to<la nación que se 
convierte en estado, creyendo establecerse alH para siempre, pues 
esa intención revelaban con las grandes construcciones que em- 
' prendieron, y que todavía, á pesar ile su abandono, no han podido 
ser aniquiladas por el tiempo. 

La importancia de su estable^cimiento y de su progreso fué tras 
ceudental á los pueblos situados al Sur, pues éste era el i^umbo pa- 
ra donde esas gentes hacían todo su empuje; y si es verdad que 
vivieron en la demarcación mencionada, desde el siglo tercero antes 
de la era cristiana, en que se dice que á ella arribaron, hasta el sex- 
to de la propia era, en que emprendieron otra peregrinación, re- 
solta que allí estuvieron diez siglos, espacio de tiempo muy suft- 
cíente para que pudiesen introducir cambios profundísimos en el 
modo de ser de los pueblos comarcanos, habitados por razas primi- 



332 Sociedad Mexicana 

tivas, tanto más débiles cuanto más ignorantes y aisladas, ya influ- 
yendo lentamente en su idioma y en sus costumbres por medio de 
una civilización roá^s adelantada, ya violentamente por medio de in- 
vasiones armadas, ya por los mil otros uiímIíos que conducen á la 
modificación de las nacionalidades y de sus gobiernos. Mucho me- 
nos tiempo bastó á los mexicanos, rama desprendida de ese tronco, 
para llevar sus armas, su influencia, su idioma y su cultura desde 
el lago en que fundaron á Tenochtitlán, habata Soconusco y Tehuan* 
tepec por un lado, basta la Huasteca y los confínes de Michoacán 
por los otros. 

El poderío é influjo del nuevo estado se hizo sentir á muy larga 
distancia, y no se limitó á la zona situada entre el golfo de Cortés 
y la Sierra-Madre, en que por los impulsos de su expansión parecía 
que iba á desarrollarse, sino que se desbordó por las montañas so- 
bre los territorios vecinos. Entonces han de haber desaparecido, 
barridas por la conquista ó trasformadas por el predominio y la 
ilustración del Norte, varias tribus independientes en Sonora y Si- 
nal oa, cuyo multiplicado número acusaba aislamiento y barbarie, 
y se han de haber levantado fuertes imperios, como lo revelan las 
extensas demarcaciones en cada una de las cuales se hablaba una 
misma lengua. Y durante ese mismo período histórico se han de 
haber formado los idiomas ópata y pima en Sonora, el tarahnmar 
en la parte occidental de Chihuahua, el guazapares, el varogio y el 
tubar en la parte superior del rió del Fuerte, el tepehuán en el linde 
occidental de Duran go, y el cahita en todo el territorio en que se 
extendía la antigua provincia de Sinaloa; todos los cuales deben 
su actual estructura á la infiltración del náhuatl, del que tomaron 
algo de la forma, riqueza y suavidad que lo distinguen y que falta- 
ban á los pobres y duros idiomas primitivos, pues está averiguado 
que aquellos en su estado presente tienen un inmediato parentesco 
y suma analogía con éste. 

El cahita que, como he dicho, era el idioma de la antigua pi^ovin- 
cia de Sinaloa, que por consiguiente se usaba desde el río Yaqui 
hasta el de Mocorito, y aun llegó á extenderse hasta el de Cnliacán, 
puesto que en este distrito existen varios lugares con nombres de 
esa procedencia, fué el último que se formó hacin el Sur por la in- 
fluencia ya lejana de la raza que dominaba desde el Gila; y por eso 
se observa, que si bien la nomenclatura geográfica antigua perte- 



DE Geografía y Estadística. 333 

nece invariablemente á esa lengua en los ríos Yaqui y Mayo, sobre 
la zona donde habitan las tribus que llevan esns mismas deuomi- 
uaciones, pero desde el río del Fuerte, conforme se avanza con el 
rumbo indiciuio, se van progresivamente mezclando los nombres 
cahitas con otros de origen diferente, lo que debe atribuirse á que 
desde este río basta el de Mocorito la referida influencia no fué com- 
pleta, iba ya disminuyendo por la distancia ó por otras causas, y 
no fué bastante para originar el cambio total de los nombres de lu- 
gar. La prueba está en que las tribus en esta demarcación no sufrie- 
ron grandes trastornos políticos, puesto que fueron encontradas to- 
davía por los conquistadores en tan gran número, que no revelaban 
tener gobiernos medianamente regularizados. 

Así, por ejemplo, en la parte superior del río del Fuerte, corres 
X)ondiente al Establo de Sinaloa, habitaban los buites, zóes y baime 
ñas, que tenían lenguas particulares hace tiempo ya extinguidas; 
en la parte media los sinaloas, tehuecos y zuaques, que hablaban 
el cabita y eran los más numerosos; en la parte baja y en las co- 
marcas adj'acentes, los ahornes, ba<;orehuis, batucaris y comoporis 
que hablaban el bacorehui, perdido también, pues no se oye hablar 
de él. En el río de Ocoroni estaba la tribu del mismo nombre, con 
su idioma especial ya desaparecido. En el de Sinaloa, hacia el mar, 
residían los guazaves que hablaban el bacorehui; más arriba los 
nios, con su idioma especial perdido; después los bamoas, proce- 
dentes de los pimas, introducidos allí con su idioma después de la 
conquista; en la parte superior los ohueras, cahuimetosy chicora- 
tos, etc., cuyos idiomas también han desaparecido. Y en el río de 
Mocorito, la puebla de ese nombre, que probablemente tuvo asi- 
mismo su idioma especial, que hoy no aparece. Claramente se ve, 
por lo dicho, el número crecido de tribus, con sus idiomas parti- 
culares, que aún no habían sido refundidos en el cahita, y se ad- 
vierte la manera como éste avanzaba por el centro de la comarca, 
como si fuera una cuña que trataba de introducirse entre los otros, 
á los cuales, sin embargo, dejó profundamente afectados de sus ca- 
racteres distintivos, según se comprueba con los nombres geogí á- 
fícos que de ellos nos han quedado. 

De lo expuesto se colige, que los uahoas no impusieron su idio 
ma en Sonora y la antigua Sinaloa, pero llegaron á modificar los 
de estas comarcas, ocasionando la formación de lenguas congéuu 



a34 SOCISDAB MBXIOAKA. 

res con la suya. También se infiere, que si acaso ellos invadieron 
y dominaron alguna vez por la fuerza dichos países, no pudieron 
conservarlos, ni se asimilaron las naciones que los poblaban, lo que 
á mayor abundamiento se patentiza con el hecho de que los tolte* 
cas, cuando emigraron al Sur, tuvieron que abrirse paso con las 
armas por entre esos pueblos. 

Si la oleada de las invasiones y del poderío material y moral de 
los nahoas sólo llegó hasta el río de Mocorito, ó aun hasta el de 
Guliacán, es oportuno preguntar: j,qué otras naciones poblarían 
entonces la tierra, desde allí para el Sur del actual Estado de Si- 
naloaf No hay datos para responder á esta pregunta, ni sé que al- 
guien se haya ocupado de satisfacerla; y yo puedo aventurar sola- 
mente un parecer, fundado en una inducción. Si el país hubiera 
estado ocupado por pueblos de alguna importancia, conservaría 
algunos vestigios, principalmente etnográficos, de esa ocupación ; 
pero no sucede así, y esto me hace presumir que debió estar po- 
bhido por tribus salvajes, á las cuales aún no había alcanzado la 
luz de la civilización que asomaba por el !N'orte. Ellas, sin embar- 
go, pronto deberían percibirla, conducida directamente por los mis- 
mos nahoas, en sus próximas peregrinaciones y tránsito por dicha 
región. 

DISPERSIÓN DE LAS TRIBUS: LOS AZTECAS Y CONCHOS SE DIRIGEN 

AL ORIENTE. 

Efectivamente, en el siglo sexto de la era cristiana, se conmovió 
la Eptápolis del Gila, de tal manera, que con el sacudimiento se 
produjo la dispersión de las tribus ó familias que la componían, y 
el abandono completo de aquellas tierras, para ir en busca de otras 
donde posarse. El motivo de este extraordinario suceso no es co- 
nocido con toda certidumbre. Según algunos historiadores, fué la 
guerra civil ; pero no es raeional admitir que ésta haya sido el úni- 
co móvil, porque si el partido vencido se vio por eso obligado á emi- 
grar, debió el vencedor quedar poseyendo la tierra, siendo así que 
es notorio que la emigración fué completa. Pudo haber allí, efecti- 
vamente, guerra de esa clase, pero sería mucho antes de la disper- 
sión, y sobre todo, no sería ella el motivo determinante de ésta. 

Mejor debe buscarse la causa en las guerras traídas por enenu- 



BE GEOaBAFÍA Y ESTADÍSTICA. 335 

gos de afuera. La relación ya citada del capitán Mateo Mange, en 
la página 283, cuenta que los indios, que guiaron á los misioneros 
en una de sus excursiones á Casas - Grandes del Gila, dijeron, re- 
firiéndose á las gentes venidas del Norte y constructoras de dichos 
edificios, ffque por las sangrientas guerras que les daban los apa- 
ches V veinte naciones con ellos confederadas, muriendo muchos 
de una y otra parte, despoblaron, y parte de ellos por disgusto se 
dividieron y volvieron para el Norte, de donde años antes habían 
salido, y los más hacia el Oriente y Sur. » La tradición recogida 
por los padres jesuítas en el terreno mismo de los sucesos, es á mi 
juicio más creíble y digna de fe, que la razón incongruente de la 
guerra civil. 

La emigración comenzó en el año de 544, según el Sr. Orozco y 
Berra, cuyo cómputo sigo, por considerarlo más conforme con las 
opiniones que después deberé desarrollar, aunque atreviéndome á 
hacerle alguna modificación. Y ella se verificaría ó no simultánea- 
mente en dicho año, pero lo cierto es que al fin se llevó á efecto, pues 
no parece haber quedado ningún nahoa sobre el terreno, y si que- 
daron algunos, de seguro fueron exterminados por sus enemigos. 
Los pimas y otras tribus bárbaras, que hasta hace poco tiempo va- 
gaban todavía por las orillas del río, no son descendientes de los 
emigrantes, sino sus sucesores en la ocupación del suelo abando- 
nado. Si fueran sus descendientes, hubieran conservado la lengua 
patria, como la han conservado los pueblos del Sur del Estado de 
Sinaloa; y sobre todo, no hubieran olvidado ó alterado tan por com- 
pleto los nombres de los lugares donde vivieron sus ascendientes. 
Pero ha sucedido todo al contrarío^ no hay allí huellas notables 
del idioma nahoa, ni de los nombres de lugar impuestos por ésa 
raza que por tantos siglos ocupó aquel suelo, comprobándose de 
esa manera, que la nación toda se vio obligada á levantarse de raíz 
y trasladar su residencia á países más tranquilos y menos expues- 
tos á irrupciones de enemigos. 

Ya sabemos lo que la tradición nos refiere, esto es, que de los na- 
hoas del Gila, acosados por las incomodidades de la guerra, unos 
se volvieron al Norte, de donde todos habían venido, otros se diri- 
gieron al Sur, y otros al Oriente. De los i>rimeros nada se ha vuelto 
á saber; quizá llegaron hasta Atapdsco^ nombre que parece proce- 
dente de ail-apctsÜí-co^ con la significación de lago^ bahía, ó re- 



336 Sociedad Mexicana 

cipiente de agua. De los segnudos paeden marcarse los itinerarios 
con racional exactitud, tomando por guía no sólo la tradición, sino 
las huellas etnográficas, que son un poderoso auxilio para ciertas 
investigaciones bistórica», aparte de otros medios de especulación, 
que al parecer no escasean en el aaunto: las familias que se dirigie- 
ron al Sur (mejor debía decirse al Sureste) fueron aquellas que, 
cuando llegaron al fin de su peregrinación, fundaron á ToUan, y 
se llamaron por esto toltecas. Para el Oriente se movieron los que 
continuaron llamándose aztecas, denominación que, á mi juicio, era 
la primitiva de toda la raza, y en Gasas-Orandes de Janos insta- 
laron su nueva mansión. Yo no podré decir si ellos fueron los que 
levantaron los edificios que allí se admiran, de la misma calidad y 
primor que los del Gila, ó si no hicieron más que retocarlos y aco- 
modarlos á su modo de vivir, por haberlos encontrado ya construi- 
dos ; pero basta que esos edificios revelen de algún modo la mano 
ó el genio de los aztecas, para que prueben la residencia de estos 
en ese lugar. Con ellos iban otras familias de la propia nación, que 
pasaron más adelante hacia el mismo rumbo del Oriente, estable- 
ciéndose á orillas del río Conchos, que desemboca en el Bravo, j un 
to al Presidio del Norte, donde todavía se encuentran sus descen- 
dientes. 

De entera conformidad con los itinerarios referidos se halla lo 
que dice el señor general D. Pedro García Conde, en su Ensayo 
estadístico sobre el Estado de Chihuahua, en cuya página 74 esta- 
blece que en Casas -Grandes, pueblo de dicho Estado, sito á la 
orilla occidental del río del mismo nombre, entre Janos y Galeana, 
está la tercera mansión de los aztecas, según la tradición de los in- 
dígenas: que en Casas -Grandes del Gila fué la segunda; y que la 
primera fué cerca del lago de Teguyo ( al Sur de la ciudad fabulosa 
de Quivira, el Dorado mexicano). Esta versión no difiere en nada 
de la que dio Mateo Mange, como ya he referido, y á fe que con- 
firma y precisa las que con alguna vaguedad han dado diferentes 
autores, refiriéndose al viaje de los nahoas desde el Norte. 

VIAJE DE LOS TOLTECAS AL SUR, 

Pero sigamos por orden la marcha de las tribus, y ocupémonos 
desde luego de las que se dirigieron al Sur. Los toltecas salieron 



DE OBOGBAFf A Y ESTADÍSTIOA. 3S7 

de Tlapallan el alio de 544 en número de siete familias: ñjese la 
atención en el arreglo septenario de las agrupaciones peregrinan- 
tes. Combatiendo contra los pueblos que se les oponían al paso, 
siguieron siempre su camino aproximándose á la costa, y pudieron 
al fin llegar á un sitio en que descansaron con tranquilidad, des- 
pués de un viaje de ocho años, fundando allí en el de 552 la ciudad 
de Tlapallanconco, ó Tlapallan la menor, en recuerdo de la anti- 
gua, que denominaron por esto Huehuetlapallan. En toda la ruta 
que siguieron desde su salida del río Oila hasta el de Sinaloa, no 
dejaron señales de su estancia, pues en toda ella no se encuentra 
nombre alguno geográfico de etimología naboa, y esto se compren- 
de bien, puesto que los emigrantes, guerreando para abrirse paso 
por entre los pueblos del tránsito, eran empujados constantemente 
hacia adelante, y además no se sentían todavía tan cansados para 
dejar en el camino grupos de gente en número capaz de fundar po- 
blaciones permanentes. 

Pero sintiendo por fin el cansancio consiguiente á un viaje tan 
dilatado, estando ya más distantes de sus enemigos y atravesando 
por entre tribus más pequeñas y menos temibles en la parte me- 
ridional de la región cahita próxima á la costa, donde podían de- 
tenerse algo más en sus marchas y dejar sin tanto peligro algunos 
rezagados, los emigrantes f aeron desde entonces marcando rastros 
notorios de su paso en una serie de nombres de lugares de etimo- 
logía nahoa, los cuales se distinguen bien de los demás que les ro- 
dean, procedentes del cahita ó de otros idiomas, y se van aumen- 
tando en número ó esparciendo hasta el río de Guliacán, en cuya 
comarca se confunden ó mezclan nombres de las diferentes etimo- 
logías. 

Pueden registrarse desde luego: en el distrito de Sinaloa, Tamor 
zuiUij Napaláj Navachiste, que entiendo es procedente de la lengua 
nahoa: en el de Mocorito, contiguo al Sur con el de Sinaloa, las tres 
islas de SMioca, Altamura y Talchichiltej y en la tierra firme del 
mismo, Cupira^ que á mi juicio debe ser Cupila, llaman Alhuei^ Cai- 
Umey ChumpulihuistCy TuUitay Acatita, ChcusJiactídstey Cdcalotita y 
Tule: y en el de Guliacán, Alicama ( antiguo nombre del rancho del 
Patagón), Ti¡^hv4tolej Muyoto^ MoyotitayAltatay Tequanij otros más, 
que sin seguir ya una senda bien marcada, se esparcen por todo el 
distrito, mezclándose con otros de origen diverso. 

48 



3SS Sociedad Mexicana 

Con mncbas probabilidades de acierto puede sostenerse la opi- 
nión de que la ciudad de Tlapallanconco, fundada en el Ingar en 
que llegaron á descansar con tranquilidad los toltecas, estaba don- 
de abora se baila el pueblo de Culiacancito; que ella fué después 
la Huelcolbuacán de los aztecas; y que en tiempo de la conquista 
española fué la que trasladó Ñuño de Guzmcln adonde boy está 
Culiacán, tres leguas río arriba de aquel sitio, y en frente de la 
confluencia del rio de este nombre con el de Humaya. Lugares bay 
que parecen destinados á servir de teatro de grandes suceíjos bis- 
tóricos, y esa suerte cupo en la antigüedad á la población mencio- 
nada, punto de contacto de las diferentes peregrinaciones naboas 
y de la invasión castellana. Las razones que tengo para sostener 
la opinión antedicba, son las siguientes. 

Si en Tlapallanconco descansaron los toltecas después de ocho 
años de peregrinación y de combates, no pudieron haber fundado 
esa ciudad en Sonora ni en el territorio que de allí se prolonga has 
ta el río de Sinaloa, por el peligro que les ofrecía la presencia de 
naciones belicosas, semicivilizadas por la misma influencia naboa; 
ni tampoco en la zona marítima que se explaya del citado río para 
el Sur, por donde se vieron obligados á ir dejando algunos de los 
suyos, pues los emigrantes, que procuraban un lugar seguro para 
descansar, deberían advertir el peligro en que quedaban coloca 
dos, entre el mar por un lado, y la proximidad y obsesión de los 
cahitas por el otro. Era lógico, por lo tanto, que sólo pudiesen 
creerse tranquilos en aquella comarca que estuviese ya fuera del 
alcance inmediato de los pueblos fuertes, como lo eran los cahitas 
por el Norte, y que fuese rayana por el Sur con la« tribus salvajes 
que por allí se extendían y eran impotentes para inspirar serios 
temores. Esa comarca, con las condiciones requeridas, no [>odía 
ser otra que la del antiguo Culiacán. 

Además, en recuerdo de la antigua Tlapallan, que estaba men- 
tada cerca de la confluencia del Gila y del Colorado, fué fundada 
Tlapallanconco, también cerca (tres leguas) de la de los ríos Cu- 
liacán y Humaya, y para que la semejanza fuese más remarcable en 
cuanto á las circunstancias bidrográñcas de ambos lugares, pues- 
to que ellas atraían siempre la preferente atención de esa raza, la 
corriente más caudalosa, tanto en la una como en la otra de dichas 
confluencias, se desprende del Norte en dirección al Sur, á unirse 



DE Oboobjlpía y Estadística. 3S9 

en ángulo recto con la más débil, venida del Oriente, yendo jun- 
tas á desainar á corta diRtancia en un mismo golfo ó bahía. 

Es cierto que no aparece en el país el nombre de una población 
tan notable en la geografía indígena, y en medio de una demarca- 
ción donde se conservan tantos otros de igual procedencia; pero 
el qae haya desaparecido, se explica satisfactoriamente por la sus- 
titución que de él se hizo con el de Colhuacán, impuesto después 
por los aztecas, y que fué mucho más célebre y conspicuo en la his- 
toria. 

Bn Tlapallanconco descansaron los toltecas tres años, pero al 
oontinnar su viaje en 555, dejaron un núcleo de población que con 
el tiempo creció y se extendió por el país, influyendo con su civi- 
lización hacia el Norte entre los cahitas, donde fueron introducien- 
do su habla, que al ñn llegó á adoptarse como usual en algunos 
pueblos, y como medio común de entenderse entre los más de ellos, 
y conquistando hacia el Sur las tribus bárbaras, cuyos restos se 
remontaban á la sierra, por huir de la sujeción á los invasores, 
como los sabaibos, xiximes, etc. Así fué como debieron imponer 
por completo su idioma, con todo y nombres geográficos, en la mi- 
tad meridional del actual Estado de Sinaloa, conquistando el te- 
rreno por la fuerza y poblándolo con individuos tle su propia raza. 
Sólo así se explica también, que siendo el Oila el asiento del im- 
perio nahoa, la lengua que allá desapareció con la dispersión de 
las tribus, haya venido á implantarse de cuajo en las orillas del 
Humaya, á cosa de trescientas leguas de distancia hacia el Sur. 
T asi se demuestra, una vez más, que el antiguo Culiacán, como 
aparece haber sido el punto de partida de la expansión tolteca por 
el territorio sinaloense, fué por consiguiente el punto de descanso 
donde había quedado fundada Tlapallanconco. 

Dice el Sr. Orozco y Berra que habiendo salido de esta pobla- 
ción, y rendidas doce jornadas, llegaron los caminantes á Hueixa- 
llan. Pero el Sr. Ohavero indica que antes hicieron otra estancia 
en un lugar cuyo nombre no se dice. ¿ Sería en Tolimán, punto hoy 
perteneciente á la alcaldía de Coyotitán, en el distrito de San Ig- 
nacio, distante de Culiacán cosa de cuarenta leguas! Ese nombre 
puede traducirse por «lugar donde están los toltecas,» pues viene 
de toly primera sílaba de tolteca; de la ligadura i por eufonía, y de 
m€mihy tercera persona plural del verbo manij estar. En cuanto á 



340 SOOIEDAD MEXIGA1?A 

Hneizallan, qae es traducido por «logar junto al gran arenal,» es 
probable que mejor signifique Xallau la grande, eu contraposición 
á otro lugar del mismo nombre que hubiesen fundado después du- 
rante el vi^je, y esa significación me hace conjeturar que se trate 
de Jalpa, que significa «sobre la arena,» pueblo en la alcaldía de 
Matatán, directoría de Gacalotán, en el distrito del Rosario, y que 
dista de Tolimán algo más de cuarenta leguas. Pero en lo que no 
cabe duda es que los tolt<ecas llegaron á Jalisco, pueblo que se 
halla situado cerca de Tepic y dista cosa de setenta leguas de Jal- 
pa, cuatro años después de haber dejado á Nueva-Tlapallan, esto 
es, en 559, y que por consiguiente su paso por Tolimán y Jalpa no 
sólo no es imposible, sino que parece que fué positivo. 

Por supuesto que al descansar en esos y en otros parajes del Es 
tado de Sinaloa, se quedaron algunos de sus companeros reza 
gados por cansancio ó por afición al país, y estos seguramente 
contribuyeron á extender por allí la infiuencia tolteca. á repeler ó 
domeñar á los naturales y á fundar señoríos más ó menos impor 
tantes, haciendo prevalecer el idioma en toda la zona que se ex 
tiende al Sur de Culiacán, modificando los de las tribus refugiadas 
en las fragosidades de la cercana sierra, é incrustándolo también 
en varias comarcas del extenso territorio, que al salir de Sinaloa 
se explaya al Sur del río de las Cañas, que lo divide del Estado 
de Jalisco. 

Gomo se ve, estos viajeros se aproximaban en su ruta á las ri- 
beras del mar, y continuaron así con la misma dirección, fundan- 
do sucesivamente, después del pueblo de Jalisco, á Chimalhuacán- 
Atenco, á Tochpan, Quiyahuitztlan-Auáhuac, etc., hasta que su 
biendo á las altas tierras de México, se establecieron en Tollau, que 
hicieron capital de su imperio, y destruido éste, fundaron á Tex- 
coco en unión de los chichimecas, que recogieron algunos restos 
de la nación dispersa. 

VIAJE DE 1.0S AZTECAS Á CüLlACÁN: INSTITUCIÓN DEL CULTO DE 
HUITZILOPOOHTLI: IMPOSICIÓN DE NOMBRE Á AQUELLA 

í!IÜDAD. 

He dejado anteriormente á los conchos establecidos á orillas del 
río que les dio su nombre, y á los aztecas en Casas -Grandes de 



DE GEoaBAPíÁ T Estadística. 341 

Chihuahua, adonde habían venido de Gasas -Grandes del Gila. 
Ahora voy á reconducir á estos últimos en la nueva peregrinación 
que emprendieron hacia el Sur, procurando en seguida obviar al- 
gunas dificultades que ofrece la coordinación de los datos jeroglí- 
ficos é históricos que versan sobre este punto. 

A mi juicio, no cabe duda que los aztecas se desprendieron de 
Gasas -Grandes de Chihuahua con rumbo directo al Sur, sin des- 
viarse de su ruta porque se interpusiesen montanas, ríos ni otros 
obstáculos, hasta que en el término de un año llegaron á Guliacán : 
así lo demuestran los itinerarios geográficos, las tradiciones y los 
jeroglíficos. Cuál haya sido la cansa de su nueva determinación, 
no se dice; pero como habían quedado demasiado cerca de los apa- 
ches y otras tribus guerreras, que los habían ahuyentado del Gila, 
quisieron seguramente verse al fin exentos de sus continuas hosti- 
lidades, ó tal vez tuvieron noticia de la bondad de las tierras que 
llegaron á ocupar sus antecesores en la peregrinación, y codicia- 
ron para sí la misma suerte. El tiempo que moraron en la demar- 
cación que abandonaban fué de cosa de cien años : esto se paten- 
tiza deduciendo 544, año en que salieron del Gila por la dispersión 
de las familias, de 648 en que llegaron á Culiacáu según el jeroglí- 
ñco del Museo, pues se ve que restan 104, de los que sólo hay que 
rebajar uno que duró el viaje de Casas-Grandes á la ciudad refe- 
rida, y el tiempo que debe haber durado el tránsito desde el Gila 
á las mencionadas Casas- Grandes. 

Al principio hicieron lo que los toltecas; todos ellos en masa, la 
nación entera, se alzaron para emigrar, como solía hacerse eu los 
antiguos tiempos, y tanto por la cercanía de los enemigos que de 
jaban atrás, como porque no irían aún tan cansados á consecuen- 
cia de la duración y molestias del viaje, es el caso que no dejaban 
rezagados en número bastante para formar población. Por esto es 
de observarse, que ni en la comarca donde residían, ni en todo el 
trayecto de allí hasta llegar á las cumbres de la Sierra-Madre, en 
la parte que se llama Tarahumara, dejaban tampoco huella de nom- 
bres geográficos, que yo sepa. Pero cuando ya iban volteando las 
faldas occidentales de la gran montaña, y ponían ésta de por me- 
dio entre ellos y sus ya lejanos enemigos, y marchaban con más con- 
fianza, y podían abandonar sin peligro los cansados y maltrechos 
en el camino, entonces debieron andar más despacio y fundar las 



342 SCMIBDAD MEXIOANA 

varías poblaciones que desde esa sierra existen hasta Guliacáii con 
nombres de etimología azteca^ en medio de otras con denominacio- 
nes extrañas á este idioma. 

Probable es, que á llegar á esta ciudad, la Tlapallanconco de los 
tolteca^, hayan sido inducidos por la identidad del habla de sus ha- 
bitantes, descendientes de los fundadores de la misma, asi como 
por el sentimiento amistoso que engendra la comunidad de raza. 
Pero es seguro que para no pasar de ella con el rumbo directo al 
»Siir que invariablemente habían seguido, se hayan atenido al obs- 
táculo insuperable que les presentaba el próximo mar, qae á las 
pocas leguas les cerraría la marcha. 

Los nombres de lugar de etimología azteca, que desde la Sierra 
Tarahumara corren en dirección á Cuiiacáu, bifurcándose á uno y 
otro lado de la pequeña Sierra Blanca que se enfila en el tránsito, 
son: Huisiapüj Temaste^ Mapiloa^ Telalaguay Tecuciapaj Soyatita, 
Tepaca^ Chapulmita^ Atotonücoy Alpatagtiaj Alicama, OcualtitOj y 
otros que pertenecen al distrito de Badiraguato: Ckoootita, TocM- 
nolpaj Talagua^ Mezquititaj Humayaj Ctilinoánj en cuyo dístríto se 
extienden y esparcen varios más, confundidos con los de otras pro- 
cedencias. 

Muy remarcables son las dos series de nombres geográficos que, 
como se ha visto, parten de la ciudad de este nombre, una por la 
costa para el Noroeste, y otra por las faldas de la Sierra -Madre 
con dirección al Norte, indicando ambas los itinerarios que siguie- 
ron las tribus, que como dos ríos fueron á desembocar en la región 
culiacanense, viniendo la primera de Huehuetlapallan por Sonora 
y el antiguo país de los sinaloas, y la segunda de Gasas-Grandes 
de Chihuahua por la Tarahumara y los actuales territoríos de Ba- 
diraguato y Norte de Culiacán. Ni una ni otra tnbu dejaron ras- 
tros etnográficos en el principio de su peregrinación en Sonora ni 
en Chihuahua, pero sí en el Estado de Sinaloa, á cuyo centro van 
á confluir las dos series antedichas. Es cierto que en el resto del 
Norte de dicho Estado existen otros nombres de lugar, de origen 
azteca, pero están dispersos, no llevan cierto orden de localidad 
progresiva como las dos series indicadas, y son debidos, no á la 
ocupación de los emigrantes, sino á las influencias del idioma, que 
en tiempos ulteriores llegó á hablarse en muchas partes de la re- 
gión referida. 



DE Geogbafía y Estadística. 343 

Lo8 aztecas llegaron á Culiacán el año ce tecpatlj 648, segán se 
dedace del jeroglíñco del Maseo, pues si la sitaación de los signos 
indica algo, allí está colocado el cronológico respectivo, no en la 
isla de donde aqaellos salieron, sino enfrente del cerro torcido que 
expresa á Culiacán, y ya fuera, aun de las aguas que rodeaban al 
panto de partida. Además, si ellos, como lo creo, vinieron de la 
Atlántida, es más seguro en este supuesto atribuir la fecha citada 
á la llegada á Culiacán que á la salida de Atlatlán, de la que por 
la enorme distancia de los tiempos no podían conservar ese porme- 
nor. Algunos pretenden que esa fecha es de la salida de Culiacán, 
lo que es menos combinable con la posición del signo que, como he 
dicho, está al lado por donde los peregrinantes llegaron, y no á 
aquel por donde se alejaron del cerro torcido. 

£ insistiendo á propósito sobre la inteligencia de ese jeroglífico, 
comprendo que no hay que extrañar el que sus autores sólo hu- 
biesen querido dejar en él consignado el punto de origen de la raza 
y su tránsito por la mencionada ciudad de Colhuacán, con la con- 
tinuación de su itinerario desde este lugar hasta el valle de México, 
porque, en primer lugar, era fácil que no conservasen el recuerdo 
de lo pasado en las primeras peregrinaciones, á proporción de la 
lejanía de los tiempos, lo que se confirma con el hecho de que aun 
en la más reciente de Colhuacán de Humaya hasta el valle referi- 
do no consignaron sino escasísimos sucesos, llenos de oscuridfld en 
cuanto al tiempo y á la situación y nomenclatura de los lugares, y 
sólo pudieron disponer de abundantes datos respecto de las que 
hicieron en el propio valle, que fueron las últimas: en segundo lu- 
gar, quizá el orgullo nacional les movería á omitir la mención de su 
salida de las orillas del Gila y de Casas-Grandes de Chihuahua, 
y de otros lances históricos, porque según las tradiciones el éxodo 
de la raza en dichos casos no fué otra cosa que una verdadera fu- 
ga por temor á los enemigos: y en tercer lugar, si la mansión de 
su origen era importante para los aztecas como punto histórico, 
no lo era menos para los mismos la del lugar en que se verificó el 
suceso más trascendental de toda su historia, y este lugar fué Cu- 
liacán. 

£n efecto, allí ñié fundada su religión, allí tomó cueri)o y con- 
sistencia su nacionalidad, agrupada de entonces para lo sucesivo 
al rededor del ara de su dios, y por eso la ciudad ha sido llamada 



344 Sociedad Mexioana 

también Teocolhuacán, esto es, Golhnacán santa, misteriosa, dÍTÍ- 
na. Allí fué donde ellos creyeron que se les había aparecido Huit- 
zilopocbtli, cuyo distintivo, el colibrí, se vé detrás de la cabeza hu- 
mana que lo representa en el jeroglífico, diciéndoles que él era el 
que los había sacado de su tierra, y quería ser su dios para favore- 
cerlos. Allí comenzó el culto de la feroz divinidad, que habría de 
fanatizar á sus adoradores hasta el heroísmo y el sacrificio, pues 
se le hizo una estatua de madera que le daba una figura simbóli- 
ca, se le colocó en una silla de juncos y cañas para conducirlo y se 
le dotó de un servicio sacerdotal que entendiese en las cosas déla 
religión, siendo nombrado al efecto Texcacoatl, Ouauhcohnatl, 
Apanecatl, y como sacerdotisa la esposa del jefe de la tribu, con 
el nombre de Chimalma, en memoria de la del primer jefe que en 
Atlatlán se llamaba de igual modo.* Después de Atlatlán no po- 
día, pues, haber un lugar que les ofreciese un recuerdo histórico 
más interesante, y por decirlo así, más obligado que Guliacán : este 
recuerdo debía durar cuanto durasen la divinidad que lo motivaba 
y el pueblo que lo guardaba en calidad de mito sagrado, y como un 
símbolo de su primitiva organización nacional. 

Tres años, se dice, estuvieron los aztecas en el lugar, tres anos 
como los toltecas. Se ha llegado á proclamar la importancia polí- 
tica de dicha ciudad, y su antiguo brillo como centro de ilustración 
relativa; yo creo que nunca tuvo semejantes cualidades en los tiem- 
pos anteriores á la conquista. Jamás he sabido que en sus alrede- 
dores ni en todo el Estado de Sinaloa, se hayan descubierto raina« 
de edificios ni otra clase de indicaciones que demuestren el pode- 
río y la civilización adelantada de los pueblos que allí se asenta- 
ron, y esto se comprende bien, pues Culiacán sólo fué un lugar de 
tránsito para las tribus peregrinantes. Si estas permanecieron en 
otras partes por diez, veinte y treinta años, sin crear por eso an 
gran foco de ilustración, sería una exigencia irracional, al propio 
tiempo que un fatal error, el pretender que lo hubiesen formado 
en dicha ciudad, donde sólo hicieron mansión por tres. La impor- 
tancia que Gnlia«án tuvo y mantiene en la historia, no proviene por 
cierto de esas circunstancias, sino, como ya dije, de haber sido pro- 
piamente la cuna de la religión de los aztecas, y el lugar donde que- 

1 Lámina U: Loe cuatro oondoctores de la tribu. 



DE Oeogbafía y Estadística. 345 

dó cousagrada su nacionalidad, donde se elaboró el mito de Huit- 
zilopochtli, acogiendo y amparando á un pueblo que se distinguió 
después ante el mundo por la barbarie de su culto y por su valor 
indomable y estoico. 

Repuestos de las fatigas del viaje que basta allí habían segui- 
do con dirección constante al Sur, quisieron continuarlo, pero ya 
no por ese rumbo, sino al Oriente, lo que prestó mérito para que 
Tlapallaneonco se llamase en lo sucesivo GoloacáUj 6 lugar donde 
los caminantes tuercen camino, componiéndose la palabra de coloaj 
rodear yendo camino^ y de la partícula ubicativa can. Dicho lugar 
se llama también Colhuncdnj y significa lo mismo, pues esta pala- 
bra se deriva de eolhua^ compuesta de eolochtli^ rodeo en el cami- 
no, y de la partícula posesiva kua^ con la terminal cartj de manera 
que escrita con propiedad sería ColohíMcáUj y queda en Colhua4sán 
por eufonía. 

Asimismo se llamó Hueicolhuacány Colhuacán la grande, para 
distinguirla de la del lago de México, á la cual los aztecas darían 
ese mismo nombre en recuerdo de la del Humaya, ya porque cer- 
ca de ella habían comenzado su nueva peregrinación en el Valle, 
como en la otra habían dado principio á la que hicieron para las 
tierras altas de México, ya porque en ambas habían tenido impor- 
tantes revelaciones impulsándolos á seguir adelante, ya porque ha- 
biendo entrado al Yalle por Tula con direceíón al Sur hasta cerca 
de Oollmacán, donde fueron reducidos á servidumbre. Ubres ya 
del yugo colhua y recobrada su independencia, retrocedieron al 
Norte hasta Mixquiahuala, cambiando rumbo, como habían hecho 
en Colhuacán de Humaya. 

Me confirma en este sentir la consideración de que si Golhua- 
cán del YaUe fué fundada, como se dice, por los chichimecas des- 
de mucho antes del arribo de los aztecas á diciía comarca, no pudo 
haber recibido de aquellos un nombre derivado del idioma de estos; 
seguramente el nombre actual le fué impuesto después en recuer- 
do de la dudad del propio nombre en Sinaloa, y es lógico que am- 
bos proceden de la misma tribu azteca, pues sólo la misma tribu 
pudo obedecer á esos recuerdos, distinguir la ciudad grande de la 
meñaty la vicga de la nueva, y oonsignftr esas dominaciones en sus 
jere^iflcos. Yo no sé que Colhuacán del Yálle mereaea haber sido 
así llamada por otras oireunstaneias que las ya expresadas. 

44 



346 Sociedad Mexicana 

Erau los uaboas muy afectos á estas recordaciones geográficast 
<le lo que pueden citarse como prueba los siguientes lugares: To- 
llau ó Tula, del actual Estado de Hidalgo; el antiguo Mamenhi de 
los otomíeSy llamada así en recuerdo de la Tollan del Korte 6 de 
las tierras orientales; Tlapallanconco, en recuerdo de Huehuctla- 
pallan; Ghicomoztoc del Valle, por el fantástico Cliicomoztoc del 
origen de la raza ; Tecuyo, en Sinaloa, sobre el río de Elota, en me- 
moria seguramente de Teguyo, que estaba al Xorte del Gila; Al- 
tata no parece ser más que una corrupción de Atlatlán, tal vez la 
evocación de la Atlántida, lugar ó país cerca del mar, y quizá tam- 
bién con una posición similar en las costas occidentales de otro 
continente. Por eso todos estos lugares nuevos no siempre corres^ 
poudeu por sus circunstancias, como los antiguos, á la siguiñca- 
ción que dan los elementos gramaticales de que se componen sus 
nombres. 

Además, de conformidad con los accidentes de las localidades, 
ó con los sucesos habidos en ellas, solían también cambiar los nom- 
bres, no sólo de los pueblos que habían conquistado ó sujetado á 
la influencia de sus relaciones, sino aun de los que nunca pudie- 
ron someter, perpetuando el cambio por el uso ó por su consigna- 
ción en las narraciones jeroglíficas; y de estos últimos es uno de 
los ejemplos más notables Michoacán, nombre de etimología me- 
xicana, que de seguro no debió ser usado por los tarasco, y me- 
nos por las tribus aborígenas de esa comarca. Nada extraño, pues, 
sería, que el nombre de que me ocupo, se encontrase repetido en 
países tan distantes por alguna de las causas sobredichas. 

CONTINÚAN EL VIAJE CON OCHO TRIBUS MÁS: CUALES SON ESTAS. 

Salidos de Culiacán, y no en la propia ciudad, pues así lo indica 
el jeroglífico, pero sin saberse en qué lugar ni en qué tiempo, los 
emigrantes encontraron otras ocho tribus, que quisieron acompa- 
ñarlos en su viaje. De ellas, dos eran de origen extraño á la raza 
nahoa: la de los matlatzincas, figurados en el jeroglífico de la pe- 
regrinación por una red, matlalt; y otra, de raza chichimeca, que 
por ser cazadora, está designada por un arco y una flecha. | Serían 
estas dos autóctonas ó advenedizas f Creo lo segundo, aunque ig- 
noro haya datos para resolver la cuestión de una manera terminan- 



DE (lEOGRÁFÍA Y ESTADÍSTICA. 347 

te. Noticias ciertas existoi de que la priuiera fué á posarse eu el 
valle de Tolnca, pero no de dónde vino, ni si dejó eu Siualoa ó en 
otra parte huella* etnográficas; al menos yo no he po<li(lo adver- 
tirlas. La segunda fué la de los tarascos, que tomó uua posición^ 
contigua á la primera, ocupando á Michoacán; opinión que aven- 
turo con algunos fundamentos, según voy á exponer eu seguida. 

Consta que el territorio de Michoacán estaba ocupado primitiva- 
mente i)or los tecos j y que en cierta época se presentó en his orillas- 
del lago de Pátzcuaro una tribu cazadora, de raza chichimeca, la 
que á poco tiempo descubrió ser sus hermanas en saugre é idioma 
las que habitaban las islas del lago, hecho que demuestra haber 
sido invadida la provincia michoacana por esas tribus congéneres 
en dos partidas y en dos épocas distintas. La recién llegada fundó 
sobre los bordes del lago supradicho la ciudad que lleva el nombre 
de éste, y extendiéndose después por todo el país lo dominó por 
completo, llegando á consolidar su gobierno en una sola monar- 
quía, tal como fué encontrada por la conquista espailola ; y como 
la monarquía encontrada por los españoles fué la de los tarascos^ 
no cabe discutir que de la raza de los tarascos, cualquiera que hu- 
biese sido su nombre primitivo, eran también las tribus que viníe> 
rou primeramente á asentarse en las islas. Esto es lo que se de- 
duce de la relación presentada á D. Antonio de Mendoza, primer 
virrey de Kueva-España, según pude leer en la Historia antigua 
de México por el Sr. Orozco y Berra. 

Supuesta la ascendencia de los tarascos que procedían de los 
chichimecas, y se mantenían de la caza como estos, no es invero* 
símil que fuesen representados por un arco y una flecha, y que á 
ellos se refiriese ese signo en el jeroglífico que enumera las fami- 
lias que se acompañaron con los aztecas después de su salida de 
Goliacán. Y esta verosimilitud crece de punto, teniendo en cuen- 
ta que dicha tribu pasó por Sinaloa, como se deduce de las nume- 
rosas huellas etnográficas que dejó en su camino. Aunque no pue- 
do discernir bien los nombres geográficos tarascos, pero entre es- 
tos creo que pueden clasificarse los siguientes: 

AterOj en la costa del Fuerte, nombre de un punto al extremo de 
una península angosta que se avanza dentro de la bahía de Agia- 
bampo con el nombre de Bolsa de San Pablo, es derivado de Ate- 
rio y significa en dicho idioma lugar avanzado ó internado; en la 



a4s Sociedad Mexicana 

llamada relación de Michoacán se cita un lugar Atirió como próxi- 
mo á Pátzcuaro: TecorOy en el mismo distrito, «lugar de los tecos,» 
"que tanto por su significado como por su terminación, demuestra 
•ser de la indicada procedencia : Charay^ en la orilla del río del Fuer- 
t>e, á diez leguas de su desembocadura, que en cahita significa nal- 
gas, y en tarasco trasero (Charán): Ocoro, en el distrito de Sinaloa, 
de la palabra ucuriy con la terminación en ro, lugar de tlacuaches: 
Yaquirdgiiato 6 YoquiraguatOj en la costa del distrito de Mooorito, 
ahora de Guliaoán, que significa « cerro redondo y alto,» como así 
es en efecto : Ira^uatOj en la costa del distrito de Guliacán, á orillas 
del Humaya, que significa «cerro redondo: » Jeroehij un lugar del 
distrito de San Ignacio, nombre procedente de una planta así lla- 
mada en el idioma expresado; en Michoacán )Lay un lugar llamado 
del mismo modo: Quaraoliay en el distrito de Concordia, que viene 
del vocablo qtuirachej cacle viejo ó sandalia; en Michoacán hay 
otro Otuirachán: Zaeantay en el propio distrito, que viene de Z4ih 
candaj y significa «lugar x>6dregoso:D Asituiguay en el distrito del 
Fuerte, ignoro su significación en tarasco, pero me hace presumir 
que pertenece á este idioma, la circunstancia de que en Michoacán 
hay otro nombre geográfico así, 8%na^ua. 

Aunque no por la costa de Sinaloa, existen otros nombres de la 
misma procedencia esparcidos por diversas comarcas de su terri- 
torio, como son : Curagua^ en el distrito de Sinaloa, de ote Awrogtki, 
que significa brasil: Tepaca^ en el de Badiraguato, procedente de 
t^aqua^ llano: Zurutato^ en el mismo distrito, lugar donde hay za- 
catón: CapiratOj en el de Mocorito, cerro donde hay capiris, cierta 
especie de zapotes: ComanitOy lugar donde se ataja el agua, lo que 
seguramente se dirá por las grandes peñas que allí se atraviesan 
en el cauce del arroyo : Aráparaj en el distrito de Guliacán, que 
significa «avispa ahogona:» Timbiriohe^ en el propio distrito, que 
significa lo que en mexicano se llama jocuiste y en Sinaloa agaa- 
ma: úfuarachüj otro pueblo de este nombre en el de San Ignacio; y 
Gorupoy otros dos pueblos en los distritos de San Ignacio y Cósa- 
la, que son de igual procedencia. 

A esto se agrega la multitud de vocablos tarascos que son usua- 
les en dicho Estado, lo que sería mny raro, si esto no proviniese 
de la permanencia de la raza en aquellas regiones. Tales son, por 
cumplo: ehara^ que significa niño, y se aplica á las personas moy 



DE Geografía y Estadística. 349 

bajas de cuerpo : coruco^ de curupoy cierto insecto : chacuaco^ de cha- 
euacuj cigarro de tabaco: guarache, cierta especie de sandalia que 
osa la gente muy pobre: tambache, lío ó volumen de ropa ú otras 
cosas envueltas para mejor trasportarse: tildillo, que viene de Un- 
guiyOj un pájaro que también se llama en Sinaloa tapa- camino. 
Para mejor enterarse de la etimología de todos los nombres ante- 
dichos, puede consultarse la nomenclatura que sigue de los voca- 
blos geográficos y usuales en el referido Estado. 

En el Codex Planearte, publicado en los Anales del Museo Michoa- 
eano, se dice, que al saberse la venida de los españoles, algunos 
tarascos, temerosos de la invasión, dejaron su patria y se fueron 
para Sinaloa por ser tierra larga. No podían saber esta circunstan- 
cia, ni haber escogido para asilo un país tan remoto en aquellos 
tiempos, si no es debido á la noticia que de él hubiesen recibido 
X)or tradición de sus ascendientes que por allí pasaron, y atraídos 
por la idea de encontrarse con gentes de su misma raza é idioma 
con quienes entenderse. Si ellos hubieran venido de la América del 
Sur, como algunos afirman, habrían preferido regresar á las tierras 
de ese rumbo para escapar á la invasión española. Cuenta el pa- 
dre Alegre, en su Historia de la Compaiiía de Jesús en Nueva- 
España, libro 3?, página 260, edición de 1842, que el padre Gonzalo 
de Tapia encontró en Topia, en los i)rinc¡pios de las misiones de 
los jesuítas en Sinaloa, umchos indios tarascos que trabajaban las 
minas: esto confirma la noticia que se tiene de que esa tribu, jun- 
to con las demás que salieron de Culiacán, atravesaron por allí la 
Sierra -Madre, debiendo haber dejado en ella, como dejaron, las 
huellas de su paso en Acachoani, Papasquiaro, etc. 

La situación de los lagares que he atribuido á fundación de los 
tarascos en Sinaloa, revela que ellos habían recorrido desde el Nor- 
te la misma ruta que los toltecas siguieron, quedando restos de la 
tribu en la comarca culiacanense, cuyos descendientes fueron los 
que acompañaron después á los azteeas en la continuación de su 
viaje. Igualmente, eso confirma la especie referida por algunos cro- 
nistas, sobre que dicha tribu salió del Norte, lo mismo que los na- 
hoas, y que también viajó junto con los aztecas. El Sr. Chavero, 
en el tomo 1? de « Méxi(¿o á través de los siglos, » página 466, asien- 
ta lo siguiente: «Larrea, en su Crónica de Michoacán, libro ya 
sumamente raro, dice que los tarascos conservaban un lienzo jero- 



350 Sociedad Mexicana 

glífíco (le sil viaje en el pueblo de Cacutacato, en el cual constaba 
que habían caminado con los mexicanos, y les da por primera pa- 
tria á Chicomoztoc. » Ya después hablaré acerca de la ubicación de 
este lugar; por ahora, lo dicho basta para afirmar que una parte 
de la tribu referida llegó al lago de Pátzcuaro en tiempo de la pe- 
regrinación de los toltecas, y la otra en la de los aztecas, en com- 
pañía de los cuales viajó por un corto espacio de tiempo, según él 
jeroglífico. 

Las otras seis tribus, de origen nahoa, los tepaneca, malinalca, 
chololteca, xochimilca, chalca y huexotzinca, están designadas, sin 
lugar á equivocación, con sus respectivos signos en el jeroglífico, 
y fueron así llamadas por los nombres de los lugares que vinieron 
á ocupar cerca de México. Ella« debieron ser los descendientes de 
los rezagados que dejaron los tol tecas en su tránsito, los que es- 
parcidos por las riberas del río de Culiacán, se habrían multipli- 
cado y establecido en diferentes pueblos; y es de inferir que estos 
se hallaban situados sobre el río mencionado y al Oriente de la 
ciudad del propio nombre, puestaque sus moradores se levanta- 
ban para acompañar á los aztecas en el viaje que estos empren- 
dían de nuevo con dicho rumbo. En verdad, si esas tribus no des- 
cendían de los toltecas, se haría difícil explicar la venida de un 
número tan respetable de las mismas, sin que haya quedado me- 
moria alguna de su movimiento desde el Norte hasta, la región si- 
naloense. Como quiera que sea, conviene observar una vez más, 
que ellas, reunidas á la azteca, formaban el número de siete, que 
parecía procurarse siempre como sacramental en las emigraciones 
y asientos de la raza. 

Uno de los primeros pueblos que los expedicionarios debieron 
encontrar después de su salida de Colhuacán, ha de haber sido el 
Barrio. Ya he manifestado antes que la actual Culiacán, fundada 
por Ñuño de Guzmáu, está tres leguas al Oriente de la antigua 
ciudad indígena (probablemente Culiacaucito), depositaría délos 
más preciosos recuerdos de nuestros antepagados. Pues bien, á 
tres cuartos de legua al Oriente de la villa española, ahora capi- 
tal del Estado, se halla el mencionado pueblo del Barrio, que en 
tiempo de la conquista de los castellanos, que por allí pasaron, se 
llamaba Cuatro -Barrios, y era población dividida en dos partes 
por el río, de la que no queda más que la que con aquel nombre 



BE Geografía y Estadística. 351 

;se halla á la margen izquierda del Galiaeáu. ¿Sería Cuatro-Ba- 
rrios la residencia de cuatro de las tribus nakoas, ó un recuerdo 
de las cuatro naciones del Kabuatláuf ¿Tendría alguna conexión 
con los cuatro ministros de la religión nombrados en Golbuacán, 
é con los cuatro barrios en que se dividió, al ser fundado después, 
México Tenochtitlán ! Xo lo sé, pero estas coincidencias tienden 
á afirmar la creencia de que por allí pasó la raza, que en el refe- 
rido punto de salida y en el de su final destino había repartido 
de esa manera su servicio religioso y municipal, 

SEPARACIÓX DE LAS TRIBUS: CHICOMOZTOC: TRADICIÓN 

DE PAKTECAL. 

Algún tiemx)o después de la salida de Colliuacán, pero sin sa- 
berse dónde ni cuándo, aconteció que los aztecas tuvieron que se- 
pararse de sus compañeros, por mandato de su dios, para quien 
ellos habían venido á ser el pueblo escogido. El jeroglífico de que 
me he venido ocupando, representa, con relación á este episodio 
histórico, tres escenas bien remarcables. En la primera se ve á 
Haitzilopochtli puesto en un sitial junto á un árbol frondoso, y á 
los aztecas á la sombra de éste comiendo tranquilamente, quando 
de repente quebróse el árbol con estrépito, y ocurriendo los cau- 
dillos á consultar á la divinidad, obtuvieron por respuesta que de- 
bían dejar seguir su viaje á las ocho familias, quedándose sólo el 
pueblo escogido para continuarlo después. En la segunda, el jefe 
atlateca, conocido por el signo jeroglífico que lleva á la espalda, 
y es el mismo que coronaba la pirámide erigida sobre la isla, de 
<londe se había verificado la salida para Golhuacáu, comunica el 
oráculo al jefe de los chololteca, para que lo haga saber á las otras 
tribus, y como resultado se ve abajo al rcdeilor del dios un grupo 
de individuos llorando; siendo de observar, que desde este punto 
ya van divergentes las huellas de las ocho tribus y las de la azte- 
ca, pues ésta tomó camino hacia la derecha. En la tercera, que de- 
bió ser en tiempo y lugar diversos del de la separación, porque en- 
tre una y otra se observan huellas que indican tras])Osición de lu- 
gar, se representa la institución délos sacrificios humanos, con las 
víctimas colocadas sobre dos biznagas y un maguey ó mezcal, sa- 
crificios que, por ser los primeros, merecieron especial mención en- 
tre los grandes acontecimientos del viaje. 



352 Sociedad Mexicana 

Xo cabe duda que el sacrífícador era el jefe de los atlatecas, co> 
nocido por el signo que lleva á la espalda, el mismo de la pirámide 
de Atlatlán; y los escritores queihan pretendido que era Huitzi- 
lopochtli, ó el sacerdote Aa^íatlj no han reflexionado que el prime- 
ro es representado por un huitzihilitij colibrí, y que el segando no 
figura entre los cuatro ministros dedicados al culto de aquel, ni el 
signo de atlatlatl puede traducirse por aacatlj como antes he de- 
mostrado; además, si los emperadores de México sacrificaban i>or 
su propia mano, no es extraño que otro tanto hubieran hecho sos 
antecesores los jefes de la tribu, sin necesidad de ser sacerdotea., 

En cuanto á las víctimas, la que está colocada sobre una de las 
biznagas y no tiene signo, se presume que sería azteca; la sacrifi- 
cada sobre la otra biznaga tiene por signo al parecer una turque- 
sa con indicación del número cuatro, y como se dice que uno de los 
jefes de las ocho tribus se llamaba Xiuhneltzinj señor de la faja azul 
ó de la faja con cuatro turquesas, yo supongo que él puede haber 
sido una de las víctimas: la otra, puesta sobre un mezcal, tiene por 
signo un pescado, por lo mismo era de la tribu tarasca, y tal vez. 
su caudillo, puesto que se dice que el otro jefe de las ocho tribus 
era nombrado Mimich^ ó mejor Mimítzirij señor de los michoaca- 
nos. Esto no prueba que la escena pasase en Michoacán, sino que 
la historia jeroglífica ha sido <K>mpuesta después que Michoacán 
obtuvo ese nombre nahoa y su jeroglífico respectivo. 

Ahora, como todos los nahoas reconocían como patria común á 
Atlatlán, todos podían llamarse atlatecas, y Huitzilopochtli, para 
más separar á los suyos de las demás tribus, les dijo que quería 
que en lo sucesivo ya no se llamasen así, sino mexicanos; y efecti- 
vamente, en. los signos que describen el resto de la peregrinación, 
ya no se ve la tribu figurada con el atl y el atlatf como hasta allí, 
lo que también es prueba evidente de que ella era la que llevaba 
con especialidad el título de atlate<)a, ella la que eu la pirámide del 
punto de partida estaba representada con los signos referidos, y 
ella la que con otras familias había salido de la repetida isla, que 
con el curso de los tiempos vino á sonar Aztatlán ó Aztláu, y á mi 
cuenta no era otra que la Atlántida. 

Se dice que los aztecas vivieron nueve anos en el lugar en que se 

1 Lámina 1': Separación de Ioh mexicanos. 



DE Geografía y Estadística. 353 

v^íficó la separación de las tribus. Torquemada coloca allí el Gbi- 
c<Mnoztoc, lugar de las siete eueva^^ tan famoso en las narraciones 
de los historiadores que se ocuparon de investigar su ubicación. 
Yeytia opina que estaba en la costa del estrecho de California. 
Otros autores traen muy diferentes pareceres, y esta divergencia 
me obliga á ocuparme de la cuestión, procurando fundar en cuan- 
to me sea posible mi modo de pensar. 

|D6nde estuvo Cbicomoztocl A mi ¿uicio, en ninguna parte, 
pues no era un punto geográfico, ni un lugar en la superficie de la 
tierra. Esa palabra no era más que el significado de la organiza- 
ción septenaria de las tribus ó de las familias nahoas, y bajo este 
concepto el CMcomoztoc, lejos de estar afijo á un lugar, pudo ha- 
llarse en todas partes, donde quiera que andaban ó se posaban los 
peregrinantes: en Atlatlán, donde había siete casas; en el Gila, 
asiento de siete ciudades; en el camino de los toltecas por Sonora 
y Sinaloa, donde anduvieron en número de siete familias; en la de- 
marcación de Guliacán, de donde salieron siete tribus nahoas. La 
misma multiplicidad de lugares, reconocidos por los cronistas con 
más ó menos congruencia, como la ubicación de las siete cuevas, 
conduce á confirmar el aserto que acabo de emitir, teniéndose en 
cuenta que por cueva se entendía lo que en espailol se llama estir- 
pe, y que con el jeroglífico del primer progenitor se significaba toda 
la familia ó tribu que de él descendía. Así es que todas las tribus 
de la raza atlateca podían con justicia reivindicar para sí el honor 
de haber venido del Chicomoztoc. 

Pero donde con más razón puede decirse que existían las alegó- 
ricas siete cuevas, es en el lugar donde se verificó la separación de 
las tribus íiue caminaban con los mexicanos, que fué en la demar- 
cación de Culiaeán, y allí se ha hecho más insistente el empeiio de 
encontrar su ubicación, porque allí fué donde por última vez existió 
esa reunión septenaria, de la que como más reciente debió quedar 
recuerdo más vivo en la memoria, y allí fué de donde se desprendie- 
ron las últimas tribus nahoas para ir á poblar el valle de México 
y otras tierras cercanas. Hasta los tarascos, ([ue no eran de esa 
raza, ni del número de las siete estirpes, se jactaban de venir del 
Chicomoztoc, sólo porque procedían también del lugar en que acon- 
teció la dispersión referida. 
Hay quien afirme que las siete cuevas eran la inmensa región en 

45 



354 Sociedad Mexicana 

que se hallaii actualineute Utah, Nevada, Nuevo México, Califor- 
nia, Arizona, Sonora, Sinaloa y la parte septentrional del Estado 
de Jalisco; pero, á la verdad, el ühicomoztoc, entendido en tales 
términos, no se podría compaginar con tantas tribus y tuitos idio- 
mas, como se hallaban diseminados en más de seiscientas leguas 
de extensión longitudinal que alt^arcau los referidos Estados. 

He dicho antes que los itinerarios de las peregrinaciones nahoas 
por Sinaloa, podrían registrarse por las huellas geográñco-lingüís- 
ticas, los jeroglíficos y las tradiciones. Ya me he referido á los dos 
primeros, ahora voy á presentar el último de dichos medios demos- 
trativos, citando al efecto la tradición completa trasmitida por Pan- 
tecal, que nos han conservado algunos autores. Dice el Padre Fre- 
jes, en su Historia de la conquista de los Estados independientes 
del antiguo imperio mexicano, publicada en Zacatecas en 1839 y 
reimpresa en Guadalajara en 1878, en la página 39: «Con respec- 
to á la población de estos Estados independientes del imperio, hay 
una noticia auténtica y que dio un cacique ó señor de Tzapotein- 
go, que está entre Jalisco y Gentispac, llamado Pantecal, á qnien 
bautizó el Padre Fr. Juan Padilla, sirviendo de padrino Nnfío de 
Ouzmán. Decía el cacique haber oido decir varias veces á su pa- 
dre, hombre de mucho nombre y crédito en todo el Estado, que sa- 
bía de sus ascendientes, que de lo más interior del Korte, de una 
provincia llamada Aztatlán, salieron varias familias en diversos 
tiempos, 3' entraron poblando las provincias de Sonora, Sinaloa, 
Acaponeta, Gentispac, Jalisco, Aguacatlán, Tonalán y Gplima, y 
que pasando la Sierra de Michoacán, fueron á poner su asiento y ca- 
pital de su gobierno á Texcoco: que por segunda vez salieron otras 
gentes con muchas familias, que entraran invadiendo la Sierra-Ma- 
dre, y sálieyído por Guadiana, Zacatecas, Gomanja y Querétaro, po- 
blaron la laguna de México: que unos y otros hacían mansiones de 
diez, veinte y treinta años, y daban guerra á las demás naciones 
que les impedían el paso, de donde se comenzaron á poblar los mon - 
tes y barrancas, huyendo las gentes pacíficas de tan injustas agre- 
siones, y quedando algunos mezclados entre los invasores, se fue- 
ron adulterando los idiomas y aun las costumbres.» 

La primera de las peregrinaciones á que se refiere la narración 
precedente, fué sin duda la de los toltecas, que bajaron del Noroes- 
te, bordeando las costas del golfo de Galifornia y del Pacífico, has- 



DE Geografía y Estadística. 355 

ta subir á fundar á Tula, y finalrneute á Texcoco. La segunda fué 
de los mexicanoBy que partieron del leerte (Gasas-Grandes de Chi- 
huahua), atravesaron la Sierra-Madre por la Tarahumara, bajan- 
do al 'paÍB adyacente á la parte occidental de la misma montaña, 
que era el lado donde se encontraba el narrador, quien usa de la 
I>alabra entrarim por esa causa, y repasaron la propia cordillera, 
saliendo á la parte oriental por Guadiana (Estado de Durango), y 
continuando por Zacatecas, Comanja y Querétaro á fundar la ciu- 
dad de México El mismo Padre Frejes, en su Historia de la con- 
quista de Jalisco, dice expresamente que la primera expedición 
fué de los toltecas, y la segunda de los aztecas. Más adelante ex- 
plicaré el itinerario que precisamente siguieron estos hasta llegar 
á México, el cual no debe confundirse con el de las ocho tribus, 
que fueron las que llevaron el ya indicado, después del paso de la 
Sierra. 

LOS MEXICANOS PASAN LA SIERRA -MADRE: LLEGAN 

A COATLICAMAC. 

Hemos dejado á la tribu azteca separada de las otras ocho. Es- 
tas emprendieron luego su camino, y adelantándose á la primera, 
debieron llegar más pronto al valle de México, atravesando la Sie- 
rra-Madre por Topia, y continuando por Guadiana y demás países 
ya indicados, en cuyo tránsito pocas huellas dejaron del idioma na- 
hoa, quizá porque iban más de prisa, hacían más cortas sus man- 
siones y singularmente eran poco numerosas. Pero los mexicanos, 
que dilataron más tiempo paní salir, acaso no siguieron el mismo 
camino, y sobre este particular voy á emitir una opinión que, sin 
desmentir las tradiciones que hablan del cambio de rumbo desde 
Ouliacán hacia el Oriente, establezca el itinerario de la peregrina- 
ción azteca sobre las mismas huellas, precisas y numerosas, que los 
emigrantes fueron dejando en los nombres délos lugares por las co- 
marcas que atravesaban. Ellos caminaban más despacio, se abrían 
paso con su valor contra cualquiera resistencia, y hacían estancias 
más prolongadas por muchos años; así es que nada extraño debe 
parecer que dejasen de esa manera señalado su tránsito, en tanta 
mayor extensión cuanto más era el tiempo de su residencia. 

Si las ocho tribus tomaron el camino de la izquierda al separar- 
se de los mexicanos, estos siguieron el de la derecha, como se ve 
en el jeroglífico, y á diferencia de los toltecas, que se deslizaron 



356 Sociedad Mexicana 

por las playas del mar, ellos subieron por tierras más altas metién- 
dose por las demarcaciones de Gosalá, San Ignacio y Cópala, en las 
que hay numerosos pueblos con nombres mexicanos, en algunos de 
los cuales sus habitantes hace poco que hablaban todavía el idio- 
ma de los transeúntes. Y á propósito del primero de los puntos que 
se acaban de mencionar, conviene fijarse en que, antes de llegar á 
él, los peregrinantes debieron tocar á Mexcaltitán, que significa 
lugar de mezcales, planta muy parecida al maguey y de la misma 
fiímilia. i Sería allí donde ellos sacrificaron las primeras víctimas 
humanas sobre unos magueyes 6 mezcales, según representa el je- 
roglífico anteriormente aludido! i O, á lo menos, esa sería una de 
sus m^insiones, puesto que dicha palabra puede también significar 
lugar de las casas de los mexicanos! No lo sé: sólo me limito á ex- 
poner la coincidencia de las circunstancias, para que se aprecie en 
su verdadero valor. En cnanto á Cópala, fíjese la atención en que 
ella había sido, segiin Clavijero, una de las antiguas mansiones de 
los mexicanos en el Norte de Anáhuac. 

En seguida treparon A la sierra pam salir á Guadiana por Panu- 
co, palabra que significa lugar de tránsito, ó lugar donde se pasa 
el río. Este nombre no pudo ser impuesto por los españoles, ni por 
los indios que les acompañaban como auxiliares en la conquista^ 
puesto que los conquistadores llegaron á Siualoa y atravesaron sn 
territorio por muy distante camino. Este nombre, que consta en 
las crónicas como existente ya al tiempo de la invasión referida, 
sólo pudo ser impuesto y conservado por los antiguos indígenas, y 
no simplemente por ser un paso de caminantes, como los hay en 
multitud de lugares, que por lo tan'to bien pudieran merecer el 
mismo nombre, sino con motivo de un suceso tan notable como 
era el paso de la nación mexicana por esa parte de la gran cordi- 
llera. Ahora, dirigirse de Colhuacíln á la demarcación de Cósala, 
como lo hicieron los peregrinantes, era tomar el rumbo á Oriente, 
más ó menos aproximado, que indica la tradición; y caminar de 
Cósala á Cópala y Panuco, era ir declinando al Sur, rumbo que ha- 
brían de tomar determinadamente una vez pasada la montaña. 

Pero sea que efectivamente pasaron ésta por Panuco, 6 que lo 
hicieron por Topia, como las ocho tribus, es lo cierto y no puede 
ponerse en duda, que luego cambiaron totalmente de ruta para el 
último rumbo indicado, internándose, al poco andar, por el cantón 



DE Geografía y Estadística. 357 

de Colotláu en el actual Estado de Jalisco, atravesando el partido 
de Jachipila en el de Zacatecas, que se avanza muy adentro en el 
territorio del primero, y continuando en la misma dirección, lle- 
garon al lago de Chápala y al cantón de Zapotlán, que es el más 
meridional de los que forman el referido Estado de Jalisco, donde 
se pusieron en contacto con los pueblos fundados por los toltecas, 
que habían pasado por el vecino Estado de Colima. La huella azte- 
ca está muy bien acentuada en la demarcación comprendida entre 
los dos cantones mencionados, pues en toda ella, y especialmente 
en los territorios pertenecientes á los mismos, abundan los nom- 
bres geográficos de filiación mexicana; y la lengua azteca se habla 
más en los dichos cantones, lo que arguye que en su comprensión 
hicieron los emigrantes sus estancias más predilectas y duraderas. 
El itinerario jeroglífico indica que después de la separación de 
las tribus, y del sacrificio de las primeras víctimas humanas, los 
mexicanos Ufaron á Cuextecatlichocayan, lugar cuya ubicación 
es ignorada, y en seguida á Coatlicamac, sobre cuya situación mu- 
cho se ha discutido, pero que yo opino se encontraba á orillas del 
lago de Chápala, allí donde el pueblo de Mexcala se halla asentado. 
Porque si se atiende á que Alicamac significa «lugar á la boca del 
rio;» á que en Sinaloa se registran dos lugares Alicama que se ha- 
llan en la misma situación que su nombre indica; y á que (haüica- 
macy si bien tiene la significación literal, « en la boca de la culebra,» 
admite mijo^ ^^ metafórica, dándose á la serpiente la acepción de 
río, por las vueltas y tomos que éste hace á la manera de aquel rep- 
til, aeepdón que en el caso es más adecuada y congruente que la 
primera, que en sí nada explica, puede sostenerse con racional fun- 
damento que dicho pueblo se hallaba á la boca de una corriente 
fluvial. Ahora bien, en todo el trayecto seguido por los expedido- 
ERiioB desde que salieron de Sinaloa y traspusieron la Siena, yo no 
aé qne haya otra eorriente fluvial que reúna las condiciones referi- 
dla, como el Tololotlán, puesto que de las orillas del Chápala se 
desprende para bañar las tierras de Jalisco, y que cerca del lugar 
de SQ salida, ó en la boca, se halla el pueblo de Mexcala, que por 
la tradición y por su nombre demuestra haber sido residencia de 
los mexicanos.^ 

1 Lámioftl*: Coatlicamac. 



358 iSociEDAí) Mexicana 

El jeroglífico que representa á Coatlicamac, está compuesto de 
un cerro, signo de población, y la boca de la culebra, que indica 
hallarse aquella en la embocadura de un río; pero nótense dos par- 
ticularidades que completan, digámoslo asi, la interpretación de 
que me ocupo: la primera, que la culebra está figurada con la boca 
abierta, lo que parece dar á entender que no se trata de una co- 
rriente que desemboca en el lago, sino de la que traga las aguas 
que de él salen: la segunda, que al pie del cerro se ven pintadas las 
huellas de los caminantes, marchando en demanda de la emboca- 
dura del río y con rumbo contrario al curso de éste, como lo de- 
muestra la misma posición del cuerpo de la culebra. Pues bien, es- 
tas circunstancias coinciden perfectamente con las que debieron 
concurrir en el viaje de los aztecas por esa parte del país, y todas , 
ellas conspiran á demostrar que Mexcala era el Coatlicamac de la 
peregrinación mexicana, ó estaba cerca de él. 

(íONTINÜAX A CHAPULTEPEC, 

DONDE SON REDUCIDOS Á SERVIDUMBRE: ENLACE 

J)E LOS JEROGLÍFICOS DEL MUSEO Y DE SIGÜENZA: FUNDACIÓN 

DE MÉXICO: CONCORDANCIA DE LAS FECHAS. 

Los viajeros llegaron á dicho punto en el año ce tecpaü un peder- 
nal 700, y desde el siguiente onie calli dos casas 701 comenzó el je- 
roglífico del Masco á consignar con toda exactitud y sin interrup- 
ción alguna los afios en que aquellos verificaban su traslación á 
eada lugar y la duración de su residencia en él, circunstancia que 
no aparece en época anterior, á pesar de haber habido sucesos de 
grande importancia que fijar cronológicamente. Veintisiete afios 
después, en orne acatl 727, instituyeron allí mismo, ó al menos ano- 
taron por primera vez en sus crónicas, la ceremonia cíclica del fue- 
go nuevo, que tenía un período de cincuenta y dos años, represen- 
tado en el jeroglífico por el tequaJmiUf afijo al año en que caía la 
fiesta. 

En seguida, tomando rumbo al Oriente, llegaron á Michoac&n, 
donde estuvieron poco tiempo, pues así se deduce, tanto del epi- 
sodio que algunos ponen en duda, que nos refiere la marcha re- 
pentina de la tribu, dejando abandonados en el país, sin aviso y sin 
su ropa, á los miembros de la misma que habían entrado á bañar- 



DE (tKOGUAFÍA y P]STADÍSTl(!A. ii5í) 

86 eo el lago de Pátzcuaro, como del propio jeroglífico del Mnseo^ 
dcude se veo rennidos, eu frente del yei tecpaü tres pedernales 728, 
el signo de Michoacán eu la forma de un pescado, y el de Tollan 
representado por nn manojo de tules; lo qne hace ver palpable- 
mente que en la pri.mera de dichas comarcas no estuvieron los pe- 
regrinantes más que de paso, puesto qne en un mismo año tocaron 
á ella y llegaron á la segunda. 

Desde Tollan, cambiando rumbo hacia el Sur, y pasando por los 
pueblos de Atlitalaquia, Tlemaco, Atotonilco, Apasco, Zumpango 
y otros, con residencia en ellos por diferentes años, llegaron en ocho 
cañas 863 al cerro de Chapultepec, al corazón del Valle de México, 
doscientos quince años después de su llegada á Culiacán, y en él 
vivieron por espacio de veinte, celebraron en dos cañas 883 la fies- 
ta del fuego nuevo, tuvieron guerra eu el mismo año con las nacio- 
nes vecinas y fueron reducidos á servidumbre por el rey de los col- 
huas. El jeroglifico se extiende todavía hasta cuatro años después 
del ciclo, y allí termina/ 

Muy oportuno es llamar aqui la atención sobre que, si de Tula 
á Chapultepec se multiplica el número de los signos que indican 
los lugares y accidentes del viaje, esa multiplicación es debida á 
la mayor proximidad de estos al sitio en que se hizo la pintura (en 
México, cuando la nación gozaba ya de estabilidad), y á la menor 
distancia de los tiempos en que se verificaron los sucesos, porque 
era natural que en ese caso hubiera mayor abundancia de recuer- 
dos de la peregrinación y de datos para su historia. Y por una ra- 
zón inversa debe observarse, que de Culiacán á Tula los signos son 
en menor número; así como de Atlatlán á Culiacán no los hay más 
que de esos dos puntos, que fueron el de partida y el del término 
del tránsito. Esta es otra demostración más de que la tira del Mu- 
seo no comienza á marcar la peregrinación azteca, sino desde muy 
l<^os del Valle de México. 

Haciendo la cuenta de los años corridos desde que los mexicanos 
llegaron á Coatlicamac hasta qne fueron subyugados en Colhuaeán, 
se ve que hay tres ciclos y veintisiete años, lo que da nn tot>al de 
ciento ochenta y tres de estos. Ese año cíclico en que ocurrió la 
servidumbre, como se demuestra con el teqtiahuitl, es el mismo con 

1 Láminas 2*, 8*, 4^ y 6*: (Tontinúa y conclnye la peregrinación de los aztecas. 



360 Sociedad Mexicana 

que comienza su narración el jeroglífico llamado de Sigaenza, se- 
gún Be ve en el caadrete que lo encabeza, á cuyo lado se encaen- 
tra el xiúhmólpiüij que es el signo que en él se emplea para s^lalar 
el período de cincuenta y dos. Esto persuade que no hay intermp- 
ción alguna entre una y otra pintura, entre la tira del Museo y el 
cuadro de Sigüenza, según pretendía el Sr. Orozco y Berra; y como 
cabalmente ellas ajustan hasta con sobrada exactitud, pues la pri- 
mera cruza cuatro años más sobre la segunda, es inconcuso que tal 
accidente no puede impedir que ésta sea continuación de aquella. 
El Sr. Ghayero sostiene, por otra parte, que las dos versan sobre 
la misma peregrinación en el Valle de México; con permiso de per- 
sona tan erudita voy á demostrar que no puede ser asi.^ 

Desde luego se advierte que ambas pinturas no coinciden en la 
figura de los signos, y si tal coincidencia se ve en los que repres^oi- 
tan & Zumpango, Apasco, Pantitlán, Chapultepec y Golhuac&n, es 
porque en ambos visges hubo rei>etición de tránsito por esos laga- 
res, lo que no podía dejar de suceder en una extensión tan reduci- 
da como la del valle expresado. Tampoco coinciden en el número 
de los afios que comprende cada una de dichas narraciones, pues 
mientras el cuadro de Sigüenza tiene ocho períodos cíclicos y vein- 
tiséis afios, que hacen cuatrocientos cuarenta y dos por todo, la tara 
del Museo tiene sólo tres periodos y veintisiete afios, sin contar los 
sobrantes del ciclo, lo que da únicamente un total de ciento ochen* 
tay tres, y si se afiade un ciclo deCuliaoán á Goatlicamac, apenas 
se completarán doscientos treinta y cinco afios. En la primera de 
dichas pinturas están consignados todos los ciclos en orden perfec- 
to y no interrumpido; mientras que en la segunda, con excepcíún 
de la llegada á Culiacán, todos los demás suceaos hasta la libada 
á Goaticamac carecen de numeración cronológica, sin que esto pue- 
da atribuirse á intento de recortar la cuenta de los afios, pues los 
que se dice que practicaron esta alteración, deberían haber heeho 
lo mismo con la otra pintura, que se supone versar sobre el mismo 
asunto, so pena de Mtar á las más simples precauciones que para 
tal caso aconsejaría el sentido común. 

Además, la una comienza en un lugar donde hay un cerro, «na 
canoa y unos hombres sumei^idos, lo que según algunos quiere de- 

1 Limin» 6*: PeragrinMión Azteca: jeroglifieo de Sigteoxa. 



DE GEOGBAFf A Y ESTADÍSTICA. 361 

<^ir Acocoloo, cierto punto en el lago de México; y la otra en ana 
isla, con nn signo que significa Atlatlán, y de la qne salen los ha- 
bitantes navegando. En aquella está el xiuhmolpilli ftl lado del 
•cuádrete que representa á Acocolco, en la esquina el cerro torcido^ 
y en el lado superior un pájaro hablando á losque van á empren- 
der el viaje: y en ésta, la isla tiene junto á sí un cerro torcido, una 
fecha al llegar á éste, unas huellas de planta humana que lo atra- 
viesan, y en medio al dios Huitzilopochtli hablando. Ni confron- 
tan en el número de las tribus peregrinantes, porque si el jeroglí- 
fico de Sigüenza trac quince, el de la tira sólo nueve, y después 
ana sola. 

En verdad, si los dos documentos hieróticos se refirieran á una 
misma peregrinación, el punto de partida al menos debería ser idén- 
tico, representado de la misma manera y sin diferencias tan sustan- 
<ciales. Es cierto que los principios de ambos, no obstante tales di- 
ferencias, son también algo parecidos; pero esto es porque las dos 
per^rinaciones comenzaron bajo parecidas circunstancias, salien- 
<io los emigrantes de lugares lacustres 6 marítimos, por insinnacio- 
nes de un dios 6 un pájaro que les hablaban, dando desde Colhua- 
•can un giro violento á la dirección de su ruta, y dejando por últi- 
mo, debido á tantas remarcables coincidencias, el mismo nombre 
Á dos poblaciones tan distantes entre sí. T esto también explica 
por qué siendo el fin de la tira el Golhuacán del Valle, el princi- 
pio del cuadro, que es su continuación, comienza en el mismo lu- 
gar, terminando, ya no en éste, que sólo es entonces un punto inter- 
medio, sino en la fundación de México en medio de la laguna. 

Ahora, puesto que en el año de 883 coinciden los dos jeroglíficos 
del Museo y de Sigüenza, sigamos la narración del vi»je conforme 
á las indicaciones que da este último. Ya queda referido que en 
dicho afio sostuvieron guerra los mexicanos en Chapultepec con- 
tra varias naciones vecinas, y fueron vencidos. El primer signo del 
jeroglifico últimamente citado es el xiuhmolpilli, manojo de yer- 
bas equivalente al tequahuitl del primero, y nótese que no está al 
lado del cerro torcido que representa á Golhuacán, sino algo aba- 
Jo, dando á entender que esa ^ha en que ocurrió la guerra, no fué 
precisamente la en que los colhuas redujeron á servidumbre á los 
vencidos, sino algo anterior á este suceso: adviértase, además, que 
el signo de dicha población está en la esquina del cuádrete del j^ 

46 



362 SoomDAD Mexicana 

TOglíñco, denotando que de allí torcieron estos su ruta: y que el 
pájaro, situado en la x>arte media superior del referido cuádrete, 
les indicó prosiguieran la peregrinación, Ufando en 935 á Atza- 
coalcOy donde ataron otra vez el manojo cíclico. 

De aquí se infiere, que si en 883 habían sido derrotados, y en 
, 936 aparecen ya fuera del alcance del yugo colhua, los pobres emi- 
grantes habían sido siervos por cerca de cincuenta y dos años, de 
cuya opinión participa también Torquemada, durante los cuales, 
es decir, en el intervalo de tiempo comprendido entre el primero y 
el segundo xiuhmolpilli del jeroglífico, ocurrieron algunos sucesos 
que éste no se ocupa de mencionar, y fueron los siguientes. Lu^o 
de la derrota, los mexicanos se refugiaron en Acocolco, y de allí 
se retiraron á Gontitlán, donde fueron reducidos á la servidumbre, 
ó á lo menos sus reyes hechos prisioneros, pues así consta haber 
acontecido en el afio de 885, por la tira del Museo en la parte so- 
brante de su último ciclo. En seguida tuvieron guerra contra los 
xochimilcas, dando auxilio á sus dominadores; después fueron con- 
finados á vivir en Tizaapán; y por último, sacrificaron á la inujer de 
la discordia, emprendiendo la supradicha peregrinación hacia el fin 
del ciclo, puesto que al cumplirse éste, aparecen ya en el mencio- 
nado pueblo de Atzacoalco. 

Desde aquí siguieron caminando rumbo al Korte hasta Mixquia- 
huala, fuera del Yalle, de donde volvieron otra vez á éste, hacien- 
do en él muchos rodeos y contramarchas, y fundando por fin á Te- 
nochtitlán en 1325, unos veintiséis años después de haberse cum- 
plido el ciclo precedente, que fué en 1299. 

Terminada como está la discusión del vis^o de los mexicanos, 
sólo me queda precisar ó ratificar los años en que tuvieron lugar 
los principales episodios que en él se realizaron, y de los cuales de- 
pende la cuenta de los demás sucesos del mismo, para lo cual pue- 
de echarse mano de una fecha bien averiguada, como es la de la 
fundación de México en 1325. Si pues de esta fecha se deducen 
442, que es el número de años contenidos, según he dicho, en el je- 
roglífico de Sigñenza, resultarán 883, año en que comienza dicho 
jeroglífico, y en que finaliza el último ciclo del jeroglífico del Mu- 
seo, que es el mismo de la derrota de los mexicanos por los col- 
Jxuas. Y si de 883 se sustraen 183, que es el número de los que he 
dicho se contienen en este jeroglífico desde la llegada á Coatliea- 



DE Geografía y Estadística. 365 

mac hasta la derrota referida, quedan 700, que se^úu la cronolo> 
gia azteca cae eu ca tecpatl un pedernal. Y como la llegada á Cu- 
liacán corresponde al mismo signo, pudiera inferirse que en 700 
también se babía veriñcado ese suceso; pero la sola distancia en- 
tre ambos lugares, que pasa de doscientas leguas, y la tardanza in- 
dispensable en la marcha de una nación numerosa, demuestran 
que ese trayecto no pudo ser recorrido por ella en un solo ano, 
sino en muchos, y que la llegada á Gulia<^áu debió haber sido en 
ce tecpatl 648, un ciclo antes, como trataré de i)ateutizarlo en se- 
guida. 

Entre Guliacán y Coatlican^ac hay un vacío de anos que el iti- 
nerario azteca no se cuidó de llenar, como lo hizo con relación á 
tiempos posteriores entre Goatlicamac y los otros puntos de la pe- 
regrinación que le subsiguieron. No ayudaba á los tlacuilloy 6 es- 
critores de los jeroglíñcos, el recuerdo de años tan retrasados, ni 
la institución del ciclo que había venido después, y que debía con- 
tribuir en mucho á la ordenación de los tiempos y á facilitar la me- 
moria de antiguas fechas. La cuenta de los años entre los aztecas 
dependía de la revolución continua de cuatro signos que giraban 
progresivamente en períodos de trece años, y cuatro de estos pe- 
riodos hacían el ciclo de cincuenta y dos años; de manera que esos 
signos progresivos no daban de por sí una fecha determinada en 
la marcha general del tiempo, sino en la marcha especial del ciclo,. 
y era necesario algún dato particular para i^ar éste. Así es que el 
ce tecpatl un pedernal de Guliacán bien podía ser el año 648, lo mis- 
mo que el 700 después de un cícIq, el 1064 despuép de ocho^ el 1116 
después de nueve, y debido á esta circunstancia hay autores que 
interpretan dicho signo con la variedad expresada. 

Pero debemos considerar que si los mexicanos comenzaron á 
marcar los años y los ciclos en el jerogliflco desde que anotaron su 
negada á Goatlicamac, y no desde antes, es porque no debieron te- 
ner los datos cronológicos correspondientes á épocas anteriores, y 
apenas conservaban en la memoria el ce tecpatl de la llegada á Gu- 
liacán, época memorable por los motivos que antes he dicho, y que, 
á pesar de su vaguedad, bien puede servir de base para hacer de- 
dacciones más seguras. Y la prueba de que no tenían esos datos 
esy que no los pusierpn en sucesos de tan capital importancia, co- 
mo la salida de Atlatlán, el encuentro de las ocho tribus, su sei>a- 



304 Sociedad Mkxioana 

ración de ellas, y la iiistitucióii de los sacriflcio» humanos, que ocn- 
rrieron antes de que ellos llegaran á Coatlícamac. 

Que loK aztecas no pasaron de Culiacán á este illtiino lugar eu 
el mismo año ce tecpaíl, por más que así aparezca casualmente de 
la sucesión ordenada de los signos, es bien claro, si se considera 
que sólo en Culiacán demoraron tres años, en Ohicomoztoc, des- 
pués de la separación de las tribus, nueve, y el resto del ciclo en 
otras partes del trayecto, especialmente en el territorio de Jalisco, 
donde por sus largas residencias quedó extendido y preponderan- 
te su idioma hasta la época actual. A dejar el vacío de un ciclo, ó 
quizá más, entre las poblaciones referidas, creo que también pnede 
haber contribuido la circunstancia de que, suprimido en la cuenta, 
parecía que no hacía falta en la serie regular délos signos crono- 
lógicos. Pero contando con él, como debe contarse, á fin de llenar 
el hueco, es de inferir que los aztecas permanecieron en Culiacán 
hasta el año de 651, y de 652 hasta 700 tuvieron lugar los sucesos 
posteriores que aparecen sin fecha en los jeroglíficos. 

REFUTACIÓN DE LAS OPINIONES QUE SITÜAN A AZTLÁN EN LAS 
LAGUNAS DE CHÁPALA Y MEXTICACÁN. 

He terminado la relación discutida de las peregrinaciones de 
los toltecas y aztecas. Creo que éste es el primer itinerario com- 

■ 

pleto y seguido que se hace recorrer á esas tribus, alumbrando su 
camino con las luces que suministran la tradición, las crónicas an- 
tiguas y las huellas de los nombres geográficos, especialmente es- 
tas últimas, que descubren la verdad con tan extraordinaria cer- 
tidumbre, como el rastro que el pie deja en el suelo sirve á los in- 
dios de Sinaloa para encontrar con admirable seguridad, aun á 
través de grandes distancias, al hombre fugitivo ó á la bestia per- 
dida. Pero no juzgo haber concluido del todo mi tarea, pues ha- 
biendo sostenido desde el principio de esta exposición, que la pa- 
tria originaria de la raza nahoa á que pertenecen dichas txibns, es- 
taba al Forte del río Gila, si no lo era la isla Atlántida, que se ha- 
llaba al Orient'C, tengo que discutir todavía dos opiniones contra- 
rias, las de los distinguidos historiadores mexicanos D. Manuel 
Orozco y Berra y D. Alfredo Ohavero, que por ser más modernas 
y fundarse en razones que á primera vista revisten apariencia de 



DE Oeogbapía y Estadística. 365 

verosimilitudy merecen examen más minucioso y severo, sin que 
por esto sea dado desconocer el ingenio con que ellas lian sido pro- 
dncidas por sos autores. 

El primero de los mencionados dice en la padrina Oo tomo 3" de 
BU Historia antigua de México, que en su concepto Aztlán era la 
isla de Mexcala, en el Mar Ghapálico, y lo fiiuda de esta manera 
en la nota que trae en la página siguiente : « Mexeala viene de mexi^ 
de eallif casa, y el abundancial tlüj formando Mex-cal-la, donde 
abundan las casas de los mexi, donde están las casas de los azte- 
ca. Debe saberse que en las excavaciones practicadas en aquella 
localidad se encuentran fragmentos de vasos, utensilios é ídolos de 
barro del tipo azteca. Al Oriente del lago, en tierras del Estado de 
Goauajuato, cerca de la orilla derecha del río Lerma ó Tololotlán, 
que en el Mar Ghapálico se precipita, se encuentra el cerro de Gu- 
liacán, en la demarcación de la hacienda del mismo nombre. No se 
puede pedir más para dar gran verosimilitud á la hipótesis, y con- 
vertirla casi en evidencia, que las circunstancias topográficas, los 
nombres geográficos, los vestigios dejados por los antiguos mora- 
dores. Si se objeta que la isla no conserva el nombre de Aztlán, po- 
demos contestar que abandonada por los azteca, trocaron estos so 
nombre por el de mexi 6 mexitin^ de donde dimanó en el recuerdo 
de los pueblos que desapareciera la primera denominación, colo- 
cándose en su lugar la de Mexcala. » Me voy á encargar de reba- 
tir las antecedentes razones, aunque sea de un modo muy pasajero. 

No hay tradición alguna en los pueblos de la comarca chapálica, 
de que allí haya estado el Aztlán de los mexicanos, á pesar de que, 
en el supuesto de que así hubiese sido, el punto inicial venía á que- 
dar tan cerca del punto terminal de la peregrinación, como lo está 
Mexcala de México. Además, la residencia primitiva de esa nación 
constituía por sí un hecho tan notable, que no parece fácil se hu- 
biese borrado de la memoria de aquellos pueblos en que se la su- 
pone, como no se ha borradlo, entre los pimas que habitan el Gila^ 
el recuerdo tradicional de que en las riberas de ese río vivió en 
tiempos muy pasados la nación referida, constructora de los gran- 
diosos edificios cuyas minas allí se admiran. 

El que en las excavaciones hechas en Mexcala se hayan encontra- 
do fragmentos de vasos, utensilios é ídolos de barro de tipo azteca^ 
probará cuando más el tránsito de esa tribu por el lugar menciona- 



366 Sociedad Mexicana 

do, como por otros donde ha dejado semejantes fragmentos, pero 
no que éste sea el pnnto de su originaria procedencia. Si lo faera^ 
ó á lo menos el de su residencia por un considerable espacio de 
tiempo, como en el Gila ó el río de Gasas-Orandes de Chihuahua, 
lo mostraría en construcciones parecidas á las de aquellos lugares, 
ó á las que la raza hizo en México, 6 en las ruinas que de ellas nos 
hubiesen quedado en la localidad referida. 

La hacienda y el cerro de Gnliacán, cerca de Gelaya en Guana- 
juato, nunca han tenido la notoriedad que corresponde á un lugar 
tan importante en la historia y etnografía mexicanas; como no la 
ha tenido la hacienda del mismo nombre, sita á tres kilómetros de 
Gomalcalco, Estado de Tabasco, en la margen derecha del Bío Seco 
y en un rumbo completamente opuesto. Esos nombres más bien 
parecen impuestos en los tiempos modernos, pues no se justifican 
por su significado, ni es explicable que un vocablo comoGolhuacán 
pudiera alterarse de una misma manera, convirtiéndose en Gnlia- 
cán en lugares tan distantes entre sí como los Estados de Sinaloa^ 
Guanajuato y Tabasco á que ellos pertenecen, y menos en aquellos 
tiempos, en que el acuerdo para verificar el cambio debería ser casi 
imposible y aun inmotivado. 

Si Aztlán estuviese en Mexcala, quedarían nulificadas todas las 
tradiciones que la sitúan mucho más al Norte, y no tendrían expli- 
cación las emigraciones de los aztecas de que se conserva memoria, 
de regiones mucho más lejanas que el lago de Ghapala. Además, 
era natural que al pasar ]os conquistadores españoles por Mexca- 
la, hubiesen los mexicanos auxiliares reconocido en dicho lugar su 
patria primitiva, lo que no hicieron ni aun por la sospecha que pu- 
diera infundirles la significación de tal nombre; 

En cuanto á la opinión del Sr. Ghavero, sobre que el lugar de 
origen de los aztecas no era otro que Aztatlán, pueblo que se ha- 
llaba en la demarcación de Acaponeta, en el í^orte del mismo Es- 
tado de Jalisco, hacia las orillas del mar, juzgo que se compadece 
menos todavía con los datos históricos y tradicionales conocidos. 

El nombre de Aztatlán es una indicación muy vaga, si no tiene 
en su apoyo otros fundamentos más precisos, porque pudo impo- 
nerse á cualquier lugar donde hubiera garzas, pues eso significa 
en el idioma azteca, y las garzas suelen abundar donde hay abon- 
dcancia de aguas. Se hace mérito de que ese lugar está en una la- 



DE Geografía y Estadística. 367 

gana que se llama Mexcaltitán ó Mexticacán, y que la raíz de esas 
Yoces es mexij que quiere decir mexicano; pero hay otro Mexcal- 
titán en el distrito de Cósala, Estado de Sinaloa, y otro Mexticacán 
en Teocalticlie, cantón de Lagos, en la parte oriental del referido 
Estado de Jalisco; circunstancias que dificultan y vuelven dudosa 
la calidad de aquellos lugares como mansión primitiva de los me- 
xicanos. 

Aztatlán se halla en Tepic, actual Territorio del mismo nombre, 
j no es ésta la demarcación donde está más extendido el idioma 
azteca, en cuanto á la población que lo habla, m en cuanto al nú.- 
mero de nombres geográficos de esa procedencia, como debería ser,, 
si en ella hubiera estado el asiento primitivo de esa nación, y más 
cuando por la misma había cruzado también la de los toltecas, que 
hablaban la propia lengua; al paso que en los cantones de Oolo- 
Üán y Zapotlán se habla ésta más, y ha dejado más huellas etno- 
gráficas. 

En el lugar referido, que yo sepa, no hay ruinas de edificios, ni 
aun de mediana importancia, ni otros indicios de antigua civiliza- 
ción, como los que la raza nahoa dejó en Gasas -Grandes. 

I?i la tradición, ni los vagos recuerdos, favorecen la idea de la 
situación de Aztlán en la costa de Acaponeta. Pantecal, cacique 
de un pueblo cercano á Aztatlán en tiempo de la conquista, comu- 
nicando á Nuuo de Guzmán las tradiciones de sus antepasados, le 
dijo que los toltecas y los aztecas habían venido de más al Korte^ 
los primeros pasando por Sonora, Sínaloa, Acaponeta, Gentispao, 
Jalisco y otros puntos, y los segundos entrando por la Sierra Ma- 
dre y saliendo después por Guadiana, Zacatecas, etc., lo que de- 
muestra que estos últimos no pudieron ni siquiera pasar por Az- 
tatlán de Acaponeta. Pero aun suponiendo que estos también hu- 
bieran pasado por dicho lugar, i cómo es que Pantecal no manifestó 
que allí cerca se hallaba la cuna de esas dos tribus, y la madre pa- 
tria de la más famosa nación de la antigua América, que acababa 
de ser sojuzgada en México por los españoles Y ¿Y cómo los nume- 
rosos auxiliares mexicanos que en su ejército llevaba el conquia- 
tador de la Kueva Galicia, algunos de ellos muy entendidos coma 
ilacuillOj no reconocieron á la tierra de sus ascendientes en Azta- 
tlán, ni aun por la identidad del nombre que llevaba! Por otra 
parte, ninguna de las expediciones que fueron después en busca 



368 SoGiBDAB Mexicana 

de las siete ciudades fabulosas, pensó nunca detenerse en el Norte 
de Jalisco para comenzar á buscarlas, y siempre supusieron su ubi- 
cación más al Norte de Sonora. 

No da mayor fuerza á la hipótesis que estoy combatiendo, la cir- 
cunstancia de que el susodicho lugar aparece señalado con una 
garza en el estandarte que llevaba al combate un aztateca, sobre 
el llamado lienzo de Tlaxcala, en el que se describió con caracte- 
res jeroglíficos la expedición de Ñuño de Guzmán á la conquista 
de la Nueva Galicia ; pues eso sólo prueba que en el Territorio de Te- 
pie bay un pueblo de ese nombre, y que fué conquistado por dicho 
jefe, pero no que él haya sido la patria de los aztecas ni reconocido 
como tal. 

Añádase á esto que el citado lienzo, en la parte relativa á dicha 
expedición, no debe consultarse sino con alguna desconfianza, pues 
menciona los lugares con tan evidente dislocación, que pone más 
al Sur á los que, en el orden progresivo que deben tener, se hallan 
más al Norte. Así, por ejemplo, después de Aztatlán, coloca en el 
orden de Sur á Norte que llevaba la conquista, á Chametla, Quet- 
zalán, Colipan, Colotlán, Culiacán, de los que sólo el primero y el 
último son conocidos. Asienta después á Tlaxichco (rancho délas 
Flechas) que debía estar antes, en seguida á Tonatiuhihuetziyan 
y Xayacatlán, desconocidos, y á continuación á Piaztlan, que de- 
bía ser nombrado antes que Culiacán y las Flechas, pues está más 
al Sur que ellos. La verdadera situación de esos lugares conocidos 
en el orden ya expresado de Sur á Norte, es: Aztatlán, Cbametla, 
Piaztla, Flechas (un poco desviado al Oriente) y Culiacán. Estas 
trasposiciones hicieron al Sr. Chavero incurrir en la equivocación 
de suponer que Piaztla era el punto más septentrional á que había 
avanzado la conquista de la Nueva Galicia bajo Nuuo de Guzmán, 
cuando ésta no llegó sino hasta Culiacán, limitándose en seguida 
el conquistador á meros reconocimientos. Se conoce que los tlacui- 
lio pintaron el lienzo referido á su regreso á Tlaxcala, cuando ha- 
bían perdido ya el recuerdo preciso y puntual de los hechos y de 
las cosas que habían visto en la expedición -, circunstancia que des- 
autoriza en mucha parte el documento expresado. 

No hago mérito de otras varias razones que pudieran a<lucirse 
para demostrar la poca congruencia de las dos hipótesis de que me 
he venido ocupando, porque con las ya expuestas creo bastante 



DE Geograi^ía t Estadística. 369 

para ese efecto. La cuestión sobre el origen de las tribus nahoas, 
de tanto debatirse, inquiriendo la verdad con cierta idea precon- 
cebida, forzosamente degenera y se sale de sus bases naturales, 
despreciándose datos irreprochables que debieran servir de punta 
fijo para la más acertada resolución. 

Quizá yo mismo incurra también en ese defecto; y tanto por esta 
consideración como porque mis pobres opiniones son en gran parte 
divergentes de las de autores muy respetables, he trabajado esta 
exposición con profundísima desconfianza, arrepintiéndome á veces 
y alentándome otras con la convicción, quizá errónea, de que en 
ella se explican satisfactoria y completamente los puntos que pa- 
recían dudosos en la historia del origen y peregrinaciones de nues- 
tros antepasados. Confieso mi audacia, pero conño que se me per- 
donará en gracia al fin que me he propuesto en estas especulaciones- 
históricas: contribuir ni descubrimiento de la verdad. 

LIGERAS NOTICIAS SOBRE LAS LENGUAS INDÍGENAS 
EN EL ESTADO DE SINALOA. 

La antigua Sinaloa abarcaba todo el país en que se hablaba ge- 
neralmente el idioma cahita, comenzando desde las tierras del rio^ 
Yaqui por el Norte hasta las del río de Mocorito por el Sur, y com- 
prendiendo, por lo misDio, las extensas regiones bañadas por los 
ríos Mayo, Fuerte y Sinaloa, contenidas entro aquellas dos corrien- 
tes fluviales. Demarcación tan extensa, cuyos habitantes estaban 
ligados por ]a unidad del idioma, según se comprueba por los ras- 
tros etnográficos que aún se observan, no pudo menos de haber 
sido en algún tiempo el asiento de una gran nacionalidad, que se 
fraccionó después, por una de tautas evoluciones que sufre la vida 
de los pueblos, en tribus más ó menos importantes, y en este es- 
tado de fraccionamiento fué encontrada* por los conquistadores es- 
pafioles. 

Se comprende que el cahita fué el idioma do un pueblo que pro- 
pendía á extenderse hacia el Sur, como todos los del Korte, pues* 
aparece que se iba introduciendo gradualmente en las comarcas, 
meridionales. El prevalecía por completo en la gran zona adyacen- 
te al mar, ocupada por las tribus yaqui y mayo, á ambas márgenes 
de los ríos de su nombre: ya en el del Fuerte se reducía á la parte 

47 



370 Sociedad Mexicana 

media del territorio recorrido por dicho río en el actual Estado de 
Sinaloa, quedando hacia la costa el bacorehui, que hablaban los 
ahornes, los batucarís y comoporis, y en la parte alta el zóe, el hoi- 
tis y otros: en los ríos de Sinaloa y de Mocorito, aunque no siem- 
pre se puede decir con precisión cuáles eran los pueblos que usaban 
el cahita, debido quizá á la mezcla causada por las concentracio- 
nes de las parcialidades de indígenas hechas por los misioneros, 
pero en toda esa comarca se hablaba dicho idioma con bastante ge- 
neralidad, de lo que dan testimonio los nombres geográficos de esa 
procedencia, aún existentes. 

No tengo datos para afirmar, aunque parece probable, que á con- 
secuencia de la invasión del cahita desaparecieron muchos idiomas 
de tribus establecidas en el país con anterioridad: lo cierto es que 
los padres misioneros asientan en sus crónicas, que ya en su tiem- 
po eran lenguas muertas el zóe, el huitis, baimena, ocoroni, nio, 
ohuera, cahuimeto, chicorato, basopa, mediotaguel, tahucea, paca- 
sa, subsistiendo el bacorehui en la costa de los ríos Fuerte y Sina- 
loa, aunque ahora parece también perdido, pues no se oye hablar 
de él, y las lenguas tebaca y acaxee en la parte alta de los ríos Hu- 
mayay Guliacán, de las que tampoco se oye hablar en la actualidad, 
por lo que es de presumir que ya no se usen. En las fragosidades 
de la Sierra Madre, y en cierta parte de los Estados de Chihuahua 
y Durango, lo mismo que en una muy Qorta extensión del de Sina- 
loa, quedan todavía el tarahumar y el tepehuán. 

El cahita se divide en tres dialectos: el yaqui y el mayo, que se 
hablan por las tribus de los mismos nombres; y el tehueco, usado 
por los tehuecos, zuaques, sinaloas y otras tribus que se asentaban 
en las orillas del río del Fuerte, hacia la parte central de su curso 
por el actual territorio siualoense. Dicho idioma avanzó también 
no sólo á los ríos de Sinaloa y Mocorito, como ya se ha dicho, sino 
aun al de Guliacán, donde existen todavía varios nombres de lu- 
gares de ese origen. Hoy sólo se habla en los mencionados ríos Ya- 
qui y Mayo, en los pueblos de indígenas del río Fuerte hacia la 
costa, y en algunas otras localidades del Estado, siendo el español 
el habla común para los habitantes de esta parte de la Bepública 
Mexicana. 

Guando, con posterioridad al desarrollo del idioma cahita, los 
toltecas, costeando el golfo de Gortés, y los aztecas, descolgándose 



DE Geografía t Estadística. 371 

por aqaella parte de la Sierra qne llaman Tarahumara, arribaron 
en épocas distintas á Caliacán, donde hicieron una de sus más im- 
portantes mansiones, no sólo dejaron allí establecido su idioma, si- 
no que lo propagaron por todo el Sur del actual Estado de Sinaloa^ 
en el que llegó á hablarse exclusivamente, si se exceptúan las al- 
taras de la Sierra, donde los acaxees, sabaibos, xiximes é hiñas, 
asilados contra la persecución de los invasores, pudieron conser- 
var los suyos particulares, aunque modificados por la influencia 
nahoa, como sucedió á los primitivos de Sonora y de la antigua 
Sinaloa. 

Y no sólo fué impuesto el azteca en dicha parte del Estado por 
la irrupción de los nahoas, sino que se introdujo también paulati- 
namente por adopción en varios lagares del ]!7orte, desde Guliacán 
hasta el Fuerte, pues siendo más culto y más flexible para la ex- 
presión de las ideas, vino á ser el medio de comunicación entre di- 
ferentes pueblos de aquellas comarcas, y aun se hablaba con exclu- 
sión de las lenguas aborígenes en Mocorito, Bacubirito, Ohuera^ 
Bamoa, Nio, Ouazave, Ahome, y en algunos otros pueblos de la 
parte superior del Humaya, como Guaténipa, Atotonilco, etc., se- 
gún refieren las crónicas de los padres misioneros. 

I^o obstante esto, los nombres de los pueblos de esa parte sep- 
tentrional del Estado, como qne en su mayor número habían sido 
impuestos de más antes, son allí todos, con pocas excepciones, de 
origen eahita, como lo son casi exclusivamente del azteca en la par- 
te meridional del mismo, según llevo dicho, perteneciendo varios 
á otras lenguas menos conocidas y de menor importancia. 

El azteca apenas se habla todavía en poquísimos pueblos, y es- 
tá á punto de convertirse allí en lengua muerta; en todas partes 
predomina el habla eHpauola, que es la que se usa generalmente 
en el país. 

En resumen : los idiomas á que deben atribuirse los nombres geo- 
gráficos indígenas de Sinaloa, son principalmente el azteca y el ea- 
hita; los demás pueden haber dado origen á otros nombres de lu- 
gares, pero estos son en número relativamente escaso. Mas como 
sólo tengo elementos de estudio para los dos primeros, á los nom- 
bres de su procedencia he debido limitar mis investigaciones, ad- 
virtlendo, además, que partida casi por mitad la antigua provincia 
de Sinaloa en tiempo de la dominación española, su fracción más 



372 Sociedad Mexigai^a 

meridional vino á ser la más septentrional del Estado del mismo 
nombre, por lo que únicamente be podido recoger los datos etno- 
gráfico -lingüísticos de este último, que terminan con los límites 
del mismo Estado en la línea septentrional del distrito del Faerte. 
Antes de exponer la interpretación de los nombres de que voy 
á ocuparme, conviene dar á conocer, aunqne sea muy someramen- 
te, las reglas gramaticales que ban debido tenerse presentes en este 
trabajo, correspondientes á los dos idiomas referidos. 

IDIOMA AZTECA. 

Mncbo se ba escrito acerca de este idioma. Además, respecto de 
los elementos gramaticales que entran por lo común en la forma- 
ción de los nombres geográficos, bay tratados escritos por los Sres. 
Orozco y Berra, Mendoza y Peñafiel; por lo que no será necesario 
empeñarse sino en la exposición de ciertas nociones muy genera- 
les, especialmente de las que tengan aplicación á las interpretacio- 
nes que se van á discutir. 

LETRAS. — Faltan en esta lengua las letras b, d, /, </, j. ñy r, s. 

La c tiene á veces un sonido aparente de g, y por eso muchos nom- 
bres que tienen aquella letra, adoptan ésta en su lugar en el uso 
vulgar, como en Huexotzinco, que se acostumbra decir Huexotzingo. 
La misma c se elide á veces, cuando precede á «, como en necutU, 
miel, neutlL 

La /r, al principio de dicción, tiene una aspiración poco menos 
que nula, por cuya causa el diccionario de Molina y algunos escri- 
tores antiguos la suprimen casi del todo. Ks íispirada en medio y 
fin de dicción, como puede verse en teuhtli^ polvo, que se pronun- 
cia teujtU, y en iauh^ se fué, que se pronuncia ¿auj. 

La I frecuentemente se duplica, sin adquirir el valor de la ü es- 
pañola, sino sólo la prolongación en el sonido, como en calli, casa, 
que se pronuncia cal-^L 

La o y la u se cambian á menudo una por otra, como en Min ó 
uUin, bule. 

La ^ se dice que tiene el valor especial de la sh inglesa. En las 
palabras mexicanas que se ban españolizado, conservando la x^ ésta 
tiene el valor áej, como en Méxicoj que se pronuncia Méjico; Xa- 
lapan, que se pronuncia Jalapa; Xico, que se pronuncia Jico, A ve- 



DK Geografía y Estadística. 373 

ees también degeneiTi en «, como en Xaxdlpa, un lugar del Estado 
de Sinaloa, que allí se escribe y pronuncia Sasalpa. 

La ¿Z, tan frecuente en las terminaciones de las palabras aztecas^ 
se reduce á í 6 á Z solas en el dialecto de la Nueva Galicia, de cuya 
circunstancia depende muchas veces «1 que se vea una ú otra de 
dichas letras en las palabras compuestas. Así, A'temajac, que sig- 
nifica «en la confluencia de las aguas» ó (r en el ángulo de dos arro- 
yos juntos,» se compone de at (atl), de la partícula expletiva e, y 
de maxac; y Alicama, que significa « boca de río,» viene de al (atl), 
de la partícula expletiva i y de camac. 

La tz, letra complexa muy frecuente también en el idioma, de- 
genera en z, en la pronunciación vulgar, como en Tzapotlan, que se 
pronuncia Zapotlarij 6 en eh, como en tzinacan^ que se traduce chi • 
nacate ó murciélago. 

Muy comunmente se observa que adulterándose la palabra por 
el uso, se cambian unas letras por otraade sonido similar ó menos 
difícil i>ara la pronunciación castellana, ó bien se corrompen nom- 
bres enteros, derivando siempre en voces menos ásperas, ó fonéti- 
camente análogas á otras usadas por el vulgo corruptor. Así suce- 
de oon Tequanij el león, que se cambió en Tetuán, y es un estero del 
Estado de Sinaloa; con TzompUihuizÜíj el romadizo, cambiado en 
ChumpuUhuiatej otro lugar del mismo Estado; y con QtiauhnahuaCj 
cerca del bosque, convertido en OuemavacOy en el Estado de Morolos. 

COMPOSICIÓN. — En la de los sustantivos se pone en primer 
lugar el que califica, que es el genitivo en español, perdiendo las 
letras finales ó la última silaba, y en seguida el calificativo, que no 
pierde nada. Con las voces calUy casa, y tetl, piedra, se forma teca- 
Ui, casa de piedra. 

Lo mismo sucede en la composición de adjetivo y sustantivo, que 
se oolocan en el orden expresado, y con las mismas pérdidas XM)r 
parte del primero. De quatihüi, águila, é iziac, cosa blanca, se for- 
ma iztaquauhUi, águila blanca. 

Tratándose de un nombre y un verbo, éste ocupa el último lu- 
gar, como en Cacahmacány compuesto de cacalott, cuervo, ma, ca- 
zar, y la posposición verbal can: lugar donde se cazan cuervos. 

Los numerales se colocan antes del nombre á que se refieren, co- 
mo en MacuüxoehiCy compuesto de macuiUif cinco, xochiU^ flor^ y la 
terminación local c: lugar de las cinco flores. 



374 Sociedad Mexicana 

Advieito, sin embargo, que estas colocaciooes do son rigurosas, 
paes hay veces en qne el sustantivo se deja ver antes del adjetivo: 
como en Alhuey ó AlhueiaCj laguna larga, nombre compuesto de atij 
agua, y hneUic^ cosa larga: y lo mismo sucede con la composición 
de sustantivos, como en Tlatizapán, tierra de tiza ó tierra blanca, 
compuesto de tlaUij tierra, y tizail, tiza, piedra que da un color blan- 
co para ciertas pinturas. 

En la composición de nombres aztecas suele observarse la supre- 
sión de alguna otra sílaba, además de la final, como se ve en Chal- 
00^ que en recta composición debiera ser CJutlchinhco, y so forma de 
ehalchihuUlj una piedra verde estimada como preciosa entre los me- 
xicanos, y la posposición de lugar co: lugar de chalchihuites. Chol- 
eo puede ser aplicado al lugar en que viven los chalcas. 

A la vez, hay otros nombres con sílabas repetidas, demostrando 
pluralidad ó abundancia, como PapantiOj compuesta de papantíñj 
plural áepanüij y la terminación abundancial ÜOj significando «la- 
gar de las banderas.» El jeroglifico' con que se representa el lagar 
es conducente á esta interpretación, pues se compone de ana ban- 
dera y dos plumas, para dar á entender que se trata no precisa- 
mente de un numeral (800 banderas), sino de una multitud inde- 
terminada, como sucede con la palabra centzonüi aplicada á cierto 
p^j^o Q^^ tiene muchas voces. 

Otro caso de silabas repetidas se ve en TlaÜachco^ derivado de 
Üaüaóhíin^ plural de Üachtiij taste ó sitio destinado al juego del hule, 
significando «lugar de tastos,)» ó en que hay juegos de esa especie. 
El jeroglífico no es inconforme con este significado; es un tlachBiy 
cayo suelo, además, está pintado con el signo de tlálUj para dar el 
fónico Üa de la primera sílaba del nombre, y representar por ese 
medio la pluralidad que quiere darse á entender con tiaÜoMm. 

En otros nombres, al componerse, hay cambio de unas letras por 
otras fonéticamente análogas: como en Tepechpaity qne yiene de te- 
pexiOj pefíasco, y de la posposición jmi», «sobre el pefiasco:Jt en Te- 
pechiapanj compuesto también de tepexiU y de opan, significando 
«agua de la peña,» como lo demuestra en el jeroglifioo respectivo 
el si^no de agua sobre el cerro, y las manchas negras que tal V6& 
sean símbolo de pozos: en T^^echupa^ compuesto de UjpedhOy aínoo- 

■ 

1 Los JeroglfficoB á qne me refiero aquí y en el resto de esta obra, son los qae 
trae la obra del Sr. Peftaflel, titulada: ««Nombres geográficos de M6zioo.*' 



DE Geografía y Estadística. 375 

pa de tepechiyo^ adjetivo derivado de iepexitl^ y de jKi, « en lo pefias- 
0080.» £d todos los casos referidos la x se convierte en ch. 

Machas veces entran en composición palabras de una significa- 
ción muy general, que no paede aplicarse á casos concretos, si no 
€8 conociendo las circunstancias de la localidad. Una de ellas es 
aü, qae significa agua, y que á veces se refiere á manantial, como 
en ameyaUij compuesto de aÜ y de meyálUj fuente; á veces á laga- 
na, como en Alhuey, -de que ya di la significación; á veces á un arro- 
yo, como en Atemajacj cuyo significado también tengo dicho; á ve- 
ees á río, como en AtoyaÜ, compuesto del repetido atl y de toyahuay 
correr ó extenderse un liquido; á veces al mar, como en hueiatl, que 
literalmente quiere decir «mucha agua.j» El a de Atotonilco es re- 
lativo á manantial de agua caliente; el a de aieputzco á río ó lagu- 
na^ el a de aiej^zco nianh, á rio ó mar; atenüi (aü-tentli), es la ri- 
bera de río ó mar; y así por ese estilo sucede con otros muchos nom- 
bres que se componen con aÜ. 

Casi lo mismo acontece con ÜalU, que no siempre significa tierra; 
á veces es monte, en el sentido de tierra cubierta con árboles ú otros 
v^etales, como en Tachinolpa, lugar del bosque quemado ; á veces 
lo es, en el sentido de tierra más 6 menos elevada sobre el nivel de 
las adyacentes, como en Tlaiucapan^ al extremo de los cerros. Tlai' 
nepanUoj compuesta de Üaüi y neparUla, no puede tener la estulta 
significación «ren medio de la tierra, » que no determina localidad, 
y sí admite propiamente la de « en medio de los cerros, » por los que 
cercanos se hallan á lados opuestos de la población. Tlalpam no 
puede traducirse «sobre la tierra, » conforme al uso común, pues el 
sentido de esa traducción seria generalmente aplicable á toda clase 
de lugares ; pero sí puede significar « sobre la loma, » porque la po- 
blación descansa sobre una de estas montañas poco elevadas. TU- 
hudCj palabra compuesta de ÜaUU y ahuiCj de la que procede Tláhui- 
eaüj nombre de una tribu que pobló á Guemavaca, carecería de to- 
do sentido si tuviese la versión que se le da « hacia la tierra ; j> pero 
es patente que sólo puede entenderse por «bosques á uno y otro 
lado, j» que es la signi^cación que da el nombre, por cierto bien 
adecnada, y lo que quiere decir también Ouaúhnahuacy cabecera de 
la provincia donde los tlahuicas se asentaron. 

A este tenor, hay varios otros nombres que sólo pueden interpre- 
tarse á presencia de las circunstancias que hayan podido darles orí- 



376 Sociedad Mexicana 

gen ; como sucede en TuUUa, lugar del Estado de Sinaloa, que no 
puede llamarse «lugar de tules, » porque Dolos tiene, ni puede te* 
nerlos, debido á la calidad del terreno, y en CJiametla, que jamás se ha 
tenido como notable por sus chías ó magueyes, por más que su nom- 
bre se haya querido representar fonéticamente con dichas plantas. 

POSPOSICIONES Y TERMINACIONES.— El azteca abunda 
en preposiciones que indican ubicación ó significan lugar, y qne 
por yenir colocadas comunmente al fin del nombre, se han llamado 
posposiciones con toda propiedad, de las cuales mencionaré sólo las 
siguientes : 

C. — Es una posposición local que se afija á los nombres acabados 
en tí, si después de perder estas letras terminaren ellos en vocal, 
como se observa en tepec, que viene de tepeU, cerro j TepiCy de t^jnc- 
qui, compuesto de teüj piedra, y picqui, cosa macisa ; lugar de pie- 
dras macisas. A veces c es terminación verbal, como en Toyac^ de 
ioyáhuaj derramarse algún líquido, significando derramadero. 

CO. — Posposición sinónima de o, y que se afija á nombres de la- 
gar terminados en Üi, Zi, in. Ejemplos : Ayotochco, de ayotochüiy Big- 
nificando « lugar del armadillo, » cuyo jeroglífico se compone de un 
conejo, tocMi, sobre el agua, aü, cuyo adjetivo es ayOy y con estos 
elementos se forma fonéticamente el nombre referido : Quauhioekeo^ 
lugar de conejos en el monte : Teacalco, alberca de piedra, pues aea- 
Ui es también casa ó recipiente de agua, como lo demuestra el jero- 
glífico : Tehuüzco, piedras agudas, compuesto de teU, piedra, y de 
huüztic^ cosa aguda : Tlachyahitálcü, taste redondo : Acoeolcoj reco- 
dos del agua : Texcoco, lugar de tejocotes, compuesto de texoeoO^ te- 
Jocote, y CO, de suerte que resultará texococo, pero se elide la primera 
o, por efecto natural de la debilidad de su pronunciación: Cküemchco, 
primitivo nombre de Texcoco, que viene de quauhtenixcoy compues- 
to de quauhtla, bosque, teuüi, boca, é ixco, enfrente, que á su vez se 
descompone en iocüi, cara, y la posposición co^ tr enfrente de la entara- 
da del bosque.» Todos son nombres que se hallan en el mismo caso 
respecto á la posposición expresada. 

CAN. — Esta posposición es ubicativa, y significa propiamente 
lugar, como en Coaüayaucánj que viene de coaUj culebra, sin qui- 
tarle Ü, y añadiéndole la partícula expletiva a, para que la vos no 
resulte dura de yauhy color moreno ó prieto, y de ecm, <r lugar de cu- 
lebras prietas, » como lo patentiza el color del jeroglifico. 



DE Geografía y Estadística. 377 

8e afija á nombres sustantivos, yerbos y adverbios, pero másoo- 
mnnmente á adjetivos ó posesivos en sus terminaciones Uo, yo, huaj 
e; siendo doctrina del padre Olmos, que las dos primeras son de 
adjetivos, y Paredes que son de posesivos lo mismo que las otras 
dos. Pondré copia snficiente de ejemplos : Nopálucan, «derivado de 
nopaUOy adjetivo de nopáUij nopal, y de can, es como si dijéramos 
tugar nopaloso ó que tiene nopales : IztaciMocanj viene de can y de 
iztaeÜaUOj posesivo de iztacÜaUi, compuesto de iztac, cosa blanca, y 
ÜaRij tierra, signifícaudo «lugar de tierra blanca ; » de conformidad 
con el jeroglífico del nombre, que es un cerro blanco, y el símbolo 
del dios Tlaloc, fonético de Üallo, posesivo de tiaUi: Tlalocan, el pa- 
raíso, literalmente «r lugar montuoso,» pues una de las signifícacio- 
nes de ÜalU es monte ; Tlaloc quiere decir en el monte, y efectiva- 
mente, la estatua del dios de ese nombre se hallaba en la cumbre de 
una montafia, no lejos de Tezcoco : Alfajayucan, que yo creo es Al- 
aaxayocanj nace de can y alxaxayo, posesivo de aixaxaUí, compuesto 
4e ally agua, y de xaaaUi, reduplicación enfática de xaUi^ arena, sig- 
nificando lugar que tiene aguas arenosas : Quaukyocán^ lugar bosco- 
so: Oozohuipüecány de can y de cozohuipüe, posesivo de cozohmpüU, 
•camisa amarilla, «lugar de camisas amarillas:» Qnezcofuahuacán, de 
4X111 y de guezcomáhuay posesivo de quezcomaü, troje; lugar de trojes. 

CUITLAPÁN.— Significa detrás: AcmOapán, detrás del agua, 
ó al otro lado del río, derivado de aü y cuiüapán^ cuyo jeroglífico 
figura á la vez aü, cuiüaü y panüi^ que son sn representación foné- 
tica : Taeuüapaj de tiaUij tierra, monte, y cuiüapán, tras del monte. 

LA, LLA, TLA. — Las tres son una misma posposición, que sig- 
nifica lugar de abundancia, como en MicllanquauhÜa, arboleda entre 
los muertos ó en el cementerio. 

La es una síncopa de Üaj pero cuando en la composición se ha de 
seguir Üa después de una Z, entonces se pone Ua en lugar de Üa; 
eomo en xaUi, arena que, perdiendo li, debería decirse xaltia para 
significar arenal, pero por la regla antedicha queda en xalUí, Cha- 
paHOj que á mi juicio viene de tzapaUj enano, ó cosa pequefía en sen- 
tido metafórico, y de aUoy abnndanciál de aü, voz de múltiple signi- 
ficación según sus composiciones, queriendo decir «r mar pequeño, » 
«(Hoo lo es en efecto, sólo recibe una ^ por no hallarse en el caso 
referido. Teag^ála es una sincopa de TmpaUa. 

A veces, para exagerar la abundancia, se pone también el nom- 

48 



378 Sociedad Mexicana 

bre en plural, como en Chametla, compuesto de chamen plural de 
duZf casa, en el dialecto de la Nueva (xalicia, y de la posposición Üa, 
significa «caserío.» 

En Sinaloahaj muchos nombres de lugar que terminan en ta por 
Ha^ y otros que además toman la ligadura ti antes de la posposición 
expresada : como Elota por JSloüa, lugar abundante en elotes : Ama- 
ta por Amatia, lugar abundante en árboles llamados amaü, de que 
se hacía el papel. 

PAN. — Posposición que significa : en, sobre. EJjemplos : Tuxpany 
que viene de íoiMli ó iuchüij conejo, y de la referida pospoaiciÓD, 
se traduce : en el conejo. Los nombres de lugar terminan frecuen- 
temente en apan, compuesto de atí, agua, y de la posposición re- 
ferida |>an, como vemos en Cosamaloapan^ que viene de cozamáUúj 
adjetivo ó posesivo de cozamaU, comadreja, y de apauy significando 
agua ó río que tiene comadrejas ó es abundante en ellas ; y en 2^- 
Moapan que significa río de las piedras bolas, compuesto de ieüy 
piedra, ololo, cosa redonda, y apon. Si cMoaj según Molina, es hacer 
cosas redondas, luego ólolo es cosa redonda, según la formación de 
estos verbos. 

En Sinaloa, á excepción de Ttacopán, todos los demás nombres 
que tienen esta posposición, la convierten en pOy como JalpOy que 
viene de araZ¿¿, arena, Uacuinapay deüzcuintlif perro, 3a9alpay dexoaa- 
Uoy cosa arenosa. 

TLAN. "- Significa : en, cerca, junto, entre; como en BtzaÜánj 
lugar de abejas, pues elzaü significa abeja en el dialecto de la Nue- 
va Galicia ; TóloloÜány compuesto de tetly piedra, oMjOy cosa redon- 
da, y Üan^ resultando TeololoÜány cerca de las piedras redondas 6 
piedras bolas ; NarUzinÜáfij junto á las nanchis, cierta especie de ár- 
boles, aunque el jeroglífico relativo, interpretado por el Sr. Orozco 
y Berra, trae pintada la parte inferior del cuerpo de una mujer, en 
cuyo centro se ve el símbolo de la matriz, por lo que él lo tradnoe 
por lugar donde se reverencia la maternidad. A mi entender, el 
jeroglífico es fonético, y sólo puede significar lo que al principio 
dije? la pintura no alcanzaba á especializar ideográficamente todos 
los árboles, y por eso ocurría á la representación fonética. 

Sólo dos nombres geográficos hay en Sinaloa con esta termina- 
ción : MazcUlánj lugar del venado, y Petaüán^ lugar de petatee ó es- 
teras de palma, nombre antiguo del río de Sinaloa. Los demás que 



BE Geografía y Estadística. 379 

debieran llevarla, la tienen en tan, y algnnos reciben antes la liga- 
dnraft: como Cacálotárij de cacálotly cuervo, «lugar de cuervos;»* 
Ooyotüány de coyoü, coyote, «lugar de coyotes. » 

YAN". — Terminación verbal de nombres de lugar, comoen Quanh- 
panoayauy que quiere decir : donde se pasa el río por un palo, lugar 
del puente de madera; como lo demuestra el mismo jeroglífico del 
nombre, siendo éste procedente de qxiahuüly palo ó madera, y del 
verbo j>a72aa, pasar el rio, con la referida partícula yan. 

Hay entre los nombres geográficos sinaloenses de origen azteca 
algunos que terminan en ito, expresión del diminutivo en el dialecto 
local, como Sotolito, de zoioUn, cierta palma, que con ese afijo se lla- 
mará palmita. Otros terminan en hua, que es quizá un posesivo, que 
espera para integrarse la posposición cauy como en Telálagíca, com- 
puesto áetetlj piedra, y alahuac, cosa resbalosa, significando: lugar 
que tiene piedras resbalosas. Otros, por fin, no tienen afijo alguno 
qne indique localidad, como sucede en Tahuitole, que simplemente 
es TlahuitolUy arco para flechas, en llama, vieja, y en Chichi, perro. 

IDIOMA CAHITA. 

LETRAS. — Este idioma carece de las letras d,/, g, II, ñ, x. 

La a es partícula expletiva para los pretéritos, cuando á estos, 
después de la Cj sigue otra dicción ó semipronombre que empiece 
con consonante, como hibtuioaney comí, cochocatej nos dorminos, en 
los cuales ejemplos la última a después de la c es puesta conforme 
á esta regla. 

La d se cambia algunas veces en i, como se observa en los verbos 
acabados en eie, he y te, al formarse el futuro : Aete, beber, hinaque; 
muhcj flecliar, muhinaque; puhte, abrir los ojos, puhtinaque. 

La A es muy usada, aspirada con lentitud, dice la gramática; yo 
encuentro que esta regla suele infringirse en la práctica, debido 
quizá á la corrupción de las palabras. Esta letra parece soñar co- 
moj en Bibajaqui, compuesto de biba, tabaco, y haquiy arroyo, sig- 
nificando «arroyo del tabaco.» Es probable que tenga una aspira- 
don muy suave, casi imperceptible, en Zataqui, compuesto de za- 
tOj almagre, y el mismo haqui, significando «arroyo de almagre.» 
Su sonido aparece muy semejante al de g, en Ona^a^ derivado de 
huasay cerco ó labor del campo, y en Ooime, derivado de huoimey 
plnral^de huaiy coyote, que significa lugar de coyotes. Ko se distin- 



380 Sociedad Mexicana 

gae coumnmente en principio de dicción, como en Opochi^ que yie- 
ne de hopoy cierto árbol llamado palo-blanco (de contestara macisa, 
no el otro fofo), y de la proposición tzL 

La i saele interponerse en los verbos en que hay una a precedi- 
da de otra vocal, como en ea, pensar, eia; hiaiía, hablar, hiiaucu Esa 
misnia letra suele quitarse, cuando media entre dos vocales, como 
en machiyeco, en amaneciendo, machieco; cupteyo, en anocheciendo, 
cupteo. 

La 7 se cambia á menudo en r, 6 viceversa, poniéndose, por ejem- 
plo, tuvli por tuurij que significa bueno. 

A su vez la r suele mudarse en y, como sucede en buru, mucho, 
que también se dice buyu. 

No debe extrañarse ver al ñn de algunos verbos la partícula le, 
que se añade por elegancia, como en hiaua 6 hiiauoj hablar, kiauál^ 
ó hiiahuale. 

También se les añade una I entre vocal y vocal, como eu el mis- 
mo verbo hiaua j hüaua; en túi, decir, tüa. 

La s suele convertirse en h cuando está en medio de dicción, co- 
mo en TopacOj que viene de tohpaco ó tospaco, compuesto de tásali, 
cosa blanca, y paxx>j tierra llana, significando tierra blanca ó llano 
blanco; maso^ venado, caso oblicuo, masía ó mcMa. 

La ¿9 es una letra compuesta, que en la pronunciación parece una 
z fuerte, y en el uso común degenera en cft, como en Tepuche^ cier- 
to pueblo, cuyo nombre se compone de tepuJt^ V^&y 7 ^^ posposi- 
ción local tzi^ ó en f, como en Batatecariy de baiaizecat*ij compuesto 
de baialze, caso oblicuo de batatj rana, y de cátHy casa, significando 
<fca8adelarana.j> 

La sinalefa es muy frecuente, comiéndose la vocal de la dicción 
siguiente á la vocal terminal de la antecedente. 

COMPOSICIÓN. — Parala de los nombres con nombres, hay que 
entender primero las declinaciones y casos. 

Esta lengua tiene tres declinaciones, dos para sustantivos y una 
para adjetivos; con dos casos para cada una de ellas, el recto 6 no- 
minativo, y el oblicuo ú objetivo; cuyas respectivas terminaciones 
son las siguientes: 

A la primera declinación pertenecen los nombres sustantivos aca- 
bados en vocal, así como los participios en me y u, los cuales hacen 
el oblicuo en ta, aunque en distintas formas. V. g. etzo, el cardón, 



DE GEOGBAFf A Y ESTADÍSTICA. 381 

genitivo etzota; mma^ calla de comer, sania; tzoni, el cabello, tzanta; 
haquiy el río, hada; cari, la casa, cala; vaso, el zacate, vahta; eriamcj 
el qne ama, etianta; crian, el qne amaba, criaia, 

A. la segunda pertenecen los sustantivos acabados en consonante, 
que hacen el oblicuo afiadiendo al recto una e, 6 tze si acaban en t; 
como turus, una arafia, turusc; hacot, culebra, hacotze ó hacoche. 

La tercera declinación para adjetivos hace el oblicuo afiadiendo 
c al recto. Y. g. iómli, cosa blanca, tómlic. 

Explicadas las declinaciones y casos, digo que la composición de 
nombres con nombres se verifica por medio de la yuxtaposición de 
los mismos, cuando la cosa poseída es inherente al poseedor, po- 
niéndose primero el nombre de éste; como en cobatzoni, cabello de 
la cabeza, compuesto de coba, cabeza, y tzoni, cabello. Pero si la 
cosa poseída no es inherente al poseedor, sino, como dice la gramá- 
tica, cxírtnaecus adveniens, los nombres se colocarán en el mismo or- 
den, pero el del poseedor en el caso oblicuo; como en Fedrota bchua, 
piel de Pedro, no la de su cuerpo, sino cualquiera otra que él ten- 
ga; catactUa, madera de la casa, de cata, oblicuo de cari, casa, y cuta, 
madera. 

Es frecuentísima en los nombres geográficos cahitas la composi- 
ción de nombres con nombres, como son raras las demás especies 
de composiciones, por lo que limitaré su explicación á lo ya ex- 
puesto. 

POSPOSICIONES Y TERMINACIONES.— Son muchas las de 
este idioma, pero las más usuales, entre las que demuestran ubica- 
ción, se reducen á las siguientes: 

TJI. — Esta partícula tiene varias significaciones, pero la concer- 
niente á nuestro objeto es la local. Así, por ejemplo, tehuecaui quie- 
re decir «en el cielo,» y se compone de tehueca y la posposición 
referida iti. Dicha partícula se parte comunmente por la mitad, 
suprimiéndose la t, y entonces se diría téhuecau, en el cielo. Yo en- 
cuentro que esta u suena algunas veces go, adulterándose la pronun- 
ciación, como en Gipago, que viene de hipau 6 hipaui, en el lavadero; 
y que á veces se escribe hui en lugar de ui. 

TZI. — También tiene, además de la ubicativa, otras significacio- 
nes, y se junta con sustantivos en nominativo, degenerando comun- 
mente en chi su pronunciación vulgar: haquitzi, en el río; ietatzi, en 
la piedra; bacotzi, en la culebra; aimiizi, en los mezcales. 



383 Sociedad Mexicana 

PA. — Bsta posposición viene depatziy qae significa «delante^iy 
€6 sinónima de vepaizi; en ambas snelen suprimirse las dos últimas 
letras. La gramática dice que parece no juntarse sino solamente á 
los pronombres j á la partícula ietCy que significa tía gente;» sin 
embargo, yo la encuentro en composición con nombres, como en 
Chmténipa, que viene de bcuij agua, ienij boca, jpaizi ópatj signifi- 
cando c delante de la boca del río, » significación que es bien adecua- 
da, pues en frente de la población desemboca el río de C!opalqaín 
en el de Humaya. 

Con más frecuencia|>a es un nombre terminal procedente áepaarij 
que significa campo llano: como en Tabcdopaj campo de tabelos, una 
esi>ecie de árbol grande, así llamado en cahita: IripOj llanito, de 
üi, cosa pequeña, y paari: Máripa, campo de varas, varal. 

PO. — Júntase con nombres sustantivos, en lugar de la partícula 
con que se forma el caso oblicuo, y significa ubicación de cosas que 
tienen interioridad, profundidad ó concavidad: oapoy de mrí, y de 
jpo, en la casa, dentro de la casa; baapOf en el río, arroyo, laguna, 
etc., refiriéndose á las aguas que los forman. 

Comunmente se compone eon nombres en plural, denotando abun- 
dancia de lo que ellos significan, en eljlugar que lleva el nombre com- 
puesto, y de esta clase hay muchos en la nomenclatura geográfica 
de Sinaloa: como CohuibampOj de cokuiy marrano; battiej plural de 
baUj agua, y jpo, lugar del agua del marrano: Sébelbampo, en el agua 
fría; Tamlibanipoj en el agua blanca. 

MR — ^Esta partícula denota plural, y es al mismo tiempo termi- 
nación ubicativa, significando el lugar donde abundan las cosas ex- 
presadas por el nombre: como en Goime ó Ilxioimej los coyotes; Oh 
baime, plural de cobaij aumentativo de coba, cabeza, que quiere dedr 
«los cabezones;» Ayacame, las víboras. 

UA. — ^Esta es á veces una corrupción de u¿, de la que ya hablé; 
como sucede en Buragua, que también he visto escrito Burahuij y 
en Bagiagua, que es BaJiiahuiy lugar donde el agua suena; otras ve- 
ces significa posesión, á la manera del idioma azteca, como en Se- 
guagua 6 Sehuahua, lugar que tiene flores; Bacacaragua 6 Bacaoora- 
JmOj lugar que tiene corral de carrizos. 

Muchos nombres terminan en cahui, cerro, y en hagtUy río; como 
Mochicahuij cerro de la tortuga, Cuchujaquij arroyo del pescado. 

Una de las terminaciones que más abundan, especialmente en la 



DE OEOaBAPÍA T ESTADÍSTICA. 363 

mitad septentrional del Estado, es to, en todas sos variantes de aío^ 
eiOy üOjOtoj utOj enya verdadera etimología no me ha sido posible 
averiguar, aunqae me inclino á creer qne proceden de la mezcla del 
tarasco, qne tiene terminaciones abicativas en to, con otros idiomas, 
siendo mny remarcable qne ellas calzan nombres geográficos de ori- 
gen tarasco, azteca y más generalmente del cahita, así como otros 
de filiación desconocida para mí. Daré algunos ejemplos de nom- 
bres con las referidas terminaciones. Oahuinahuato, nombre cahita> 
de eahuiy cerro, nahua, raíz, y to; Ingar al pie del cerro: IraguatOf 
tarasco, de ira, cosa redonda, y hxiuata, cerro, con la terminación 
referida; cerro redondo: Conimeto, cahita, áeconimej plnral de coni^ 
enervo, y to; Ingar de enerves: Toyahiieto, azteca, de toyahui, derra- 
marse cosas líquidas, y to] derramadero: BatequUo, cahita, de hide" 
quij pozo, y to; Ingar del pozo: Comauito, tarasco, de omaui^ atajar 
cosas líquidas y to; represa ó dique: Muyoto, azteca, de muyoü y to; 
lugar de mosquitos: Balaoto, cahita, de hatzauj pato, y to; lugar de 
patos: VUantlo, cahita, de huilao, trucha, nombre al que por las re- 
glas antedichas puede ponerse una 16 r entre la a y la o, qne tam- 
bién puede convertirse en «, quedando en huitaru y to; lugar de 
truchas. 

Entre los nombres geográficos cahitas, muchos de ellos no tienen 
partícula terminal, son solamente los nombres simples ó compues- 
tos entre sí: como Gwiza ó Huasa, cerco ó labor de campo; Mazoca- 
riy casa del venado; Baconi, cuervo del agua, pato prieto. 

Es de observar que en este idioma, como en el azteca, hay pala- 
bras de una significación tan general, que se necesita conocer las 
circunstancias de la localidad para poder precisar su significado. 
Así se traduce, por ejemplo, boa, agua: en Bábuyo, laguna grande: 
en BatevCj laguna larga: en Bahite, el mar, compuesto de boa, agua, 
y ahuij cosa gorda ó grande: en Bacubirito, rincón del río, compues- 
to de baa, y cóbii 6 cobiriy rincón, con la partícula to: en Bayehuei^ 
manantial de agua. 



384 SooiBDÁi) Mexicana 



Nombres geográficos Indígenas del Estado de Sinaloa 
puestos según el orden de la división política de éste, en distritos, 

directorías y alcaldías. 

DISTRITO DEL ROSARIO. — DIRECTORÍA DEL ROSARIO. 

AlcáldUi del Bomrio. 

lATJCO (an cerro), voz azteca que, integrada con la palabra te- 
j^y diría Tepeiauhco, cerro prieto. Viene de iauh, cosa prieta 6 mo- 
rena, y de la posposición local co. 

JOLOPETE (nn cerro), voz corrompida que debe leerse XoHote- 
j^c, cerro pelado. Viene de tepeUj cerro, con la terminación loca! 
en c, y xolo, pelado, según la significación qne tiene en xóloüzcuin' 
Üiy annqne no he encontrado ese adjetivo en el diccionario de Mo- 
lina. 

Alcaldía de Chanietla. 

CHAMETLA, lugar abundante en casas, cafierio. Viene de cha- 
me, plural de cha, que en dialecto azteca de la Kueva Qalicia, com- 
prensiva que fué de la provincia de Sinaloa, significa « casa,» según 
el vocabulario del padre Cortés y Cedefío, terminando en la abun- 
dancial Üa, para hacer- más enfática la significación. 

También puede venir de Xametla, significando xamitly adobe, y 
mudando la i en e, lo que no es raro en la composición de algunas 
palabras aztecas. 

Kada indica que ese nombre proceda de c/iian, por más que la pin- 
tura jeroglífica de esta planta pueda haber sido empleada para sig- 
nificar fonéticamente el lugar referido. Pero sí puede venir de CM- 
nanieUanj puesto que éste es el nombre que al pueblo da el lienzo 
de Tlaxcala, y en este caso significará «junto á los cereados.j» 

DIRECTORÍA DE CACALOTÁN. 

Alcaldía de Cacáloián. 

CACALOTÁN, nombre de pueblo, que significa: cerca de los 
cuervos, ó lugar de cuervos, cuerval. Viene de cacaloílj cuervo, que 
pierde ti en composición, y de la partícula pospositiva tan, que en 



DE OBOaSAFÍÁ T ESTADÍSTICA. 385 

los nombres geográficos aztecas de Sinaloa sastitaye casi siempre 
á tlariy significando cerca, en. 

TAN AHJJ ASTA, que viene de tenahuaztliy 6 más propiamente 
tenaolhiuiztli, se compone de tenayo, cosa cercada ó murada, que en 
la composición pierde la última sílaba, y de aolhuazíliy pozo de agua, 
significando «pozo de agua ademado ó cercado de piedra.» 

CHELE, de ignorada etimología. Quizá deba decirse cétec, en lo 
verde; y en este caso procede de ceU, que significa lo ya dicho, y 
de la terminación ubicatiya c. Chele era un nombre gentilicio en 
Yucatán antes de la conquista. 

ZOLCUATE, culebra vieja; viene de zólli, viejo, y cohuaüj cu- 
lebra. 

AlcaMia de Matatán, 

MATATÁX, nombre de pueblo, que quiere decir « cerca de la 
red ó zarandan ó tal vez «lugar donde hay zarandas.» Viene de 
matíaü, red, que pierde la ti final, y de la partícula terminal tan 6 
tlon. También puede venir de matatj que en el vocabulario dfe Cor- 
tés y Cedefío significa «honda,» en cuyo caso todo el nombre dirá 
«lugar de hondas,» quizá porque allí las usarían. 

OTATITÁI^^ más propiamente Otlatitlán, nombre que significa 
«en los otates,» ó simplemente «Los Otates,» para usar el verda- 
dero modo de llamar los nombres geográficos en castellano, que no 
se cura de expresar las preposiciones ubicativas, como lo hace el 
azteca. Viene de otlatl, perdiendo la última ti, de la ligadura tij 
la posposición tan. 

JALPA, nombre de pueblo, que quiere deeir «sobre la arena.» 
Está compuesto de xalliy arena, perdiendo li en la composición, y 
de j?an, que significa «sobre.» 

MALO YA, nombre de un pueblo que significa lugar donde cazan 
ó cautivan, «cazadero.» Viene de tlamaloyanj ó simplemente ma- 
loyany quitada la partícula tía, generalidad que en la construcción 
gramatical azteca significa «algo, ó alguna cosa,» y está compues- 
to de mallOy impersonal de malliy cazar, y de la terminación ver- 
bal jHin. 

GXJAMUCHILTITA, de quamochitly cierto árbol, la ligadura tiy 
y la partícula abundancial ta, que viene de tía, significando «lugar 
de muchos guamuchiles.» 

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386 Sociedad Mexicana 



Alcaldía de Plomosas, 



COLOMOS, nombre que significa «vueltas ó rodeos del camino.» 
Viene de tlacolochme 6 colochme, plural de tla^lochtlij al que, tras- 
locando sus letras, se ha dado la terminación plural del castellano. 

COABORTITA. Me parece muy estropeado este nombre, y no 
le he encontrado origen más adecuado que el muy problemático 
de coapoltitaj que estaría compuesto de coatí, c\úehT9,j pulh ópolhj 
partícula que significa grandor con denuesto, la ligadura ti, y la 
posposición abundancial tía 6 ta. El to<lo dirá: lugar donde hay 
muchos culebrones. 

DIRECTORÍA DE ESCUJNAPA. 

Alcaldía de Escuinapa. 

ESCÜINAPA, villa cuyo nombre se traduce a agua del perro.» 
Se compone de itzcuintli, perro, y de apan, significando « en el arro- 
yo del perro.» 

OACIHUE Y, mesón, según Cortés y Cedeño. Galliy easa, hueg, 
grande. 

GALIM AYA, del verbo caimana, edificar casas, y de la termi- 
nación verbal yan: lugar donde se construyen casas. 

TIAC APÁN se llama el estero en que desagua el río de las Ca- 
fias, y es también el nombre de la punta de tierra que por el lado 
de Sinaloa forma uno de los extremos de la boca de dicho estero. 
Cabalmente quiere decir «punta de tierra, » y viene de tlayacapan, 
convertido por el uso en tiacapán, componiéndose de tlalli, tierra, 
iacatlj nariz ó punta, y la ])osposición pan que denota lugar, per- 
diendo los dos primeros nombres algunas de sus letras finales, 
como sucede en toda composición de palabras. 

En los !N'ombres Geográficos de México, publicados por el Sr. Fe- 
fiafiel, existe también Tlayacapan, figurado en el jeroglífico con un 
cerro que tiene nariz. Pero aquí la significación de ilaUi, indicada 
por el mismo jeroglífico y las circunstancias de la localidad, es di- 
ferente, debiendo el nombre traducirse «al extremo del cerro.» 

En Michoacán hay otro nombre parecido, Atliacapán, que signi- 
fica « en el extremo del agua» ( laguna tal vez) y viene de atly agua, 
iacatljpan. 

TECUÁN, arroyo confluente del río del Baluarte; viene su nom- 



DE Geografía y Estadística. 387 

bre de tequa^iij que significa león, según el vocabnlario de Cortés 
y Cedeño. 

Alcaldía de la Concepción, 

No tiene nombres geográficos indígenas. 

DISTRITO DE CONCORDIA. — DIRECTORÍA DE CONCORDIA. 

Alcaldía de Concordia. 

MOLOLOA, presa de agua; de mololOy arregazado, y atl^ agua. 
Oreo que la ti de esta última palabra debe convertirse en c locál^ 
para tener así mololoac con toda propiedad. 

MALPICA, CHIVIEIOAQCTES, TAMBA (arroyo), nombre» 
de significación desconocida. 

Alcaldía de Mesillas. 

GITAGO YOL, un lugar, que deriva su nombre de un árbol lla- 
mado quauhcoyolU. 

Alcaldía de Aguamliente. 

6UABAGHA. En tarasco quaracJíc; significa cacles viejos. En 
Miéhoacán hay un punto llamado Guarojchan. 

DIRECTORÍA DE PANUCO. 

Alcaldía de Panuco. 

PANUCO, paso del río; palabra procedente de^iano, pasar el 
río, y coj terminación verbal. El nombre debiera ser Pdnoco, pero 
á veces se cambia la o en t¿ en el azteca. 

PATOLITO, áepatolli, cierta especie de juego de azar que usa- 
ban los mexicanos, y reputo igual al que en Sinaloa llaman a el quin- 
ee.» La terminación ito es diminutiva, según se usa en el dialecto 
déla Nueva Galicia. El nombre significa <( el patolito, » ó lugar del 
juego del patoli. 

OOAGOYOL, nombre de lugar, que viene de qtuiuhcoyolli, un ár- 
bol asf llamado. 

SOTOLITO, de zotolin, cierta palma, y la terminación diminu- 
tiva ito: significa «la pulmita.» 



388 Sociedad Mexicana 

TE JUINO, nombre dd etimología dadosa : conjeturo que sea nna 
voz híbrida, compuesta de las tres primeras letras de texocoüy cier- 
ta fruta, y de la voz espaOola vinOj significando en este caso «vi- 
no de tejocotes.» 

JOAGHINQUE, de interpretación tan dudosa como el anterior; 
supongo que el nombre esté alterado en sentido análogo á la pro- 
nunciación de ciertos nombres españoles, y que el verdadero sfea 
coatzincOj compuesto de coatí, culebra, del diminutivo tziniliy y la 
posposición cOj lo que quiere decir «lugar de la culebrita.» 

BOCOSÉ, de etimología y significación ignoradas. 

Alcaldía de Cápala. 

CÓPALA viene de capaila, los copales ó copular, compuesto de 
copallij resina que lleva ese nombre, y que perdiendo li en la com- 
posición, recibe la, síncopa de la abundancial tía. 

DIllECTORÍA DEL VERDE. 

Alcaldía del Verde. 

ÜACAXTLA, de CacojctU, cierto pájaro, y la partícula abun- 
dancial tía; lugar donde abundan esos pájaros. 

Alcaldía de Zavala. 

CUATEZÓN, de quaitl, cabeza, y tezontle, cosa dura; palabra 
que se refiere por lo común á los borregos y á las personas que tie- 
nen cabeza grande. 

Alcaldía de Tepuxta. 

TEPUXTA, palabra que viniendo de tepuxtli y de la termina- 
ción abundancial tía, debiera significar « lugar donde abunda el co- 
bre. » Pero según informes verídicos, no corresponde la realidad al 
significado, ni hay allí asomos de existir ese ni otros metales. 
Probablemente el nombre ha sufrido una alteración profunda, qae 
impide obtener su verdadera etimología. 

ZACANTA (un cerro), de zacandu; en tarasco, pedregoso. 

JUMAYES, de un árbol que se llama jumay, y que en otras par- 
tes tiene el nombre de beco. 

TAGARETE, de etimología y significación desconocidas. 



DE Geografía y Estadística. 389 

DISTRITO DE MAZATLÁN — DÍRECTOKÍA DE MAZATLÁX. 

Alcaldía de MazaÜán, 

M AZ ATLÁN, viene de mazatl, venado, y de la posposición Üatiy 
significando «cerca de los venados.» 

COKCHIS, de COXCHI, nombre de cierto árbol parecido al gua- 
muchil, que allí abunda. 

ESCOPAMA, de ignorada significación. Copamoj en tai^asco, quie- 
re decir «otate.» 

Alcaldía de Palnuisola. 

MANGÓLA, de ignorada etimología. En CJiiapas hay un nom- 
bre geográfico parecido: Quingola. 

Alcaldías de Siqueros y dd Recodo. 
E^Btas dos alcaldías carecen de nombres geográficos indígenas. 

DIRECTORÍA DE LA NORIA. 

Alcaldía de la Noria, 

TALGO YONQUE, de tlaUi, tierra, y coyonqui, agujero ; dando 
por significado «agujero en la tierra.» 

TEPAHUITA (una laguna ó estero); aventuro su etimología, 
manifestando que puede venir de tepetlj cerro, ahuiCy que significa 
€á una y otra parte,» y la partícula abundancial Üa: cerros á una 
y otra parte, serranía por todos lados. Quizá el conocimiento de la 
localidad podría motivar una interpretación adecuada. En Sonora 
hay un punto llamado TepahuL 

PUEMAS, CÁMBARA, TAM ACOCHE, PICHILINGUE, nom- 
bres de ignorada significación. 

Alcaldía del Quelite, 
QUELITE, de quüiUj una yerba comestible así llamada. 

Alcaldía de Puerta de San MarcoB, 
Ko tiene nombres geográficos indígenas. 



390 SociECDAD Mexigaká 

DIRECTORÍA DE VILLA -UNIÓN. 

Alcaldía de Vüla-Unián. 

POZOLE, áepozotli, raposa; no hay que cod fundirlo con pozcU^ 
maíz cocido, en idioma cahita, palabra que no era regular se usa- 
se donde se hablaba el azteca. 

DISTRITO DE SAN IGNACIO. — DIRECTORÍA DK SAN IGNACIO. 

Aladdia de San Ignacio. 

GUAIMINO, de dudosa etimología; quizá proceda de quaül^ ca- 
beza, y de minij verbal de mina, tirar flechas, significando el que 
tira flechas á la cabeza. 

HÜMAYES, que también se dice Jumayes, viene dejuniay, nom- 
bre de un árbol allí abundante, y que en el centro del Estado se 
llama beco. 

ISTITÁN (los indios le llaman con más propiedad Eztitán), vie- 
ne de eztliy sangre, y de la terminación tán^ significando «r lugar de 
sangre.» En una altura cercana á esta población hay gran núme- 
ro de metates quebrados y tejas de barro, cuya destrucción parece 
haber sido efecto de la guerra, y en realidad hay tradición de que 
allí se libró un combate, y esta circunstancia puede haber dado ori- 
gen al nombre. La misma interpretación debe tener el JüsUtlánj á 
que se refieren tanto el Sr. Orozco y Berra en su Historia antigoade 
México, como el Sr. Pefiafiel en sus hombres geográficos de Héxi- 
00, y cuya etimología no pudieron encontrar; con la diferencia que 
en este caso la sangre no era la obra de un combate, sino de la pe- 
nitencia que, según he leido en alguna parte, hacían los indígenas, 
sigándose el cuerpo con uíias de aves de rapiña, y la prueba está 
«n que el jeroglífico de Izlülán es una uña en el dedo de una ave 
de esa clase. Tal vez había en dicho lugar esa práctica religiosa, 
ó algún suceso extraordinario movió á sus habitantes á haoer esa 
penitencia. 

COLOMFO, alteración de colompodUij compuesto áecolochtiiy vuel- 
ta 6 rodeo, y de ompoalli, cuarenta, dando á entender con éste an nú- 
mero considerable: el todo así compuesto dirá: las vueltas. Y efeo- 
tívamente, el arroyo que lleva el nombre referido hace mnchoa y 



DE Oeoobafíá t Estadística. 391 

muy quebrados giros, ha^ta que llega á unirse á la derecha del río- 
Piaztla, á un lado de San Ignacio. 

ACATITÁN. La etimología de esta palabra parece bien indi- 
cada, teniéndola como compuesta de acatl^ caña ó carrizo, la liga- 
dura ti, y la proposición tan, con la significación de «lugar de ca- 
rrizos, 6 cerca de ellos.» Pero he sido informado de que allí no se 
produce esa planta, y pudiendo el nombre tener otra signiñcación, 
como se verá más adelante en la palabra Acaiita, me refiero á las 
explicaciones que daré respecto de ésta. 

COCOYOLB, de quauhcoyoUi, cierto árbol. 

CHACO, le viene el nombre de la fruta de un árbol así llama- 
do, que allí se cría. 

GUAKACHA, palabra de origen tarasco; es lugar de guaraches. 
Quarache quiere decir cacle viejo, y también sandalia. 

GOBUPO, palabra también tarasca, viene de curupu, que en M- 
naloa se dice corneo, un insecto pequeño que persigue á las aves 
de corral. 

Alcaldía de San Juan. 

TACUITAPA, de üalli, tierra, y cuülapan, posposición que sig- 
nifica detrás, ó á espaldas de El nombre quiere decir: detrás 

del monte; pues tlalli es tierra, monte ó cerro. 

ISTAGUA, de ixtahua, que en el dialecto azteca de la Nueva 
(Galicia significa «llano,» «llanura.» La palabra se compone de la 
primera sílaba de iomnani, cosa llana, ÜaUi, tierra, y hua, termina- 
ción posesiva: lugar que tiene la tierra llana, el llano. 

B ACOCHE, palabra cahita, de bacot, culebra, y tzi: en la culebra. 

JAJALPA, de xaxallo, adjetivo de xaxáUi, reduplicativo deo^f, 
arena, y la posposición pan; sobre lo arenoso. 

TELCONAL, presumo que es una composición de telconudU, va- 
sija destinada al fuego. 

TIN'APA, de significación ignorada. 

MAOOCHE, de dudosa interpretación. Creo que debería decir- 
se maeoehoc, lugar donde se cazan papagallos, nombre compuesto 
de ma, cazar ó coger, cocho, papagallo, y la partícula local e. Hay 
en Sinaloa una especie de tabaco que se nombra tnactiche, pero ig- 
noro si tendrá este nombre alguna relación con el anterior, que no 
provenga únicamente de la semejanza del sonido. 



392 SOGIBDAD MSXICANA 

TAPAQUIA.HUIZ, aguas-nieves, ó lluvias de invierno^ en el 
dialecto de la llueva Galicia, segdn Cortés y Gedefio; en mexica- 
no es ÜapaquiahuUI, compuesto de ÜapaUij cosa teñida de color, ^ 
quiahuiü, lluvia. Como la nieve no es diáfana, y tiene un- color blan- 
quecino, en lo cual el agua-nieve se diferencia de 4a lluvia de agua, 
á esta circunstancia debió s^nramente aquella su nombre. Tam- 
bién se significa lo mismo con la palabra cepaiahuiüj compuesto de 
ceU y iáhuiüj significando literalmente «hielo turbio ó moreno.» 

CHIQUELITITÁN, nombre compuesto de chichic, cosa amarga^ 
quüiüy yerba, la ligadura ti, y la posposición ton, lo que da por sig- 
nificado una yerba conocida con el nombre de chichiqueHÜe 6 yerba- 
mora. 

TENCHOQUELITE, de tentzani, cosa velluda, y quüiüj yerba; 
ignoro el nombre propio de la yerba, por el que pudiera traducir- 
se el nombre del lugar. 

Alcaldía de San Javier. 

CABAZÁN. Ko hallo traducción satisfactoria para este nom- 
bre, y menos si debo tener en cuenta la letra b, de que carece el 
azteca. El primitivo debe estar muy estropeado, y si puedo aven- 
turar una interpretación, diré que viene de cohuachAnj compuesto 
de coaü ó cohuaü, culebra, y de cháuj casa, y significa «coasa de las 
culebras:» frecuentemente las criaban los indios. 

CUICHE, ave de la fiunilia de las gallináceas, que en mexicano 
se llama chachalaca. Hay quien afirma que aquel nombre es tarasco. 

DIRECTORÍA DEL LIMÓN. 

Alcaldía de Coyotitán. 

COYOTITÁiN', de coyotlj coyote, zorra mexicana, la ligadura tiy 
y la posposición tan: en los coyotes, ó cerca de los coyotes* 

CACASTA (una serranía llamada Mesas de Cacasta); el nom- 
bre viene de caoaxtli, cierto pájaro, cuyo nombre no da el diccio- 
nario de Molina, y la abundancial tía sincopada: significa lugar 
donde abundan esos pájaros. Ese nombre no puede referirse á las 
esportillas que se conocen con el nombre de cacasües, porque no 
es un cerro donde ellas pueden abundar. 

TULIMÁI^r, viene de la primera sílaba de tulteeaj que significa 



DB Geografía t Estadística. 393 

los toltecas, de la partícula expletiva t y de mcmihj tercera perso* 
na de plural del verbo irregular mani^ estar, signiñca: los toltecas 
se estacionan, ó estancia de los toltecas. De este verbo mani se ex- 
presa así el padre Olmos en su gramática de la lengua mexicana, 
página 111: «Dícese de cosas llanas y anchas, así como libros. Y 
también se dice del agua que está en vasija ancha ó en laguna, y 

del pueblo donde hay muchas casas y también de árboles » No 

creo que la palabra se interprete con exactitud, dándole la signi- 
ficación de lugar conquistado por los toltecas, pues la construcción 
no parecería gramatical. 

JEBOCHE, de xe7*otzi, en tarasco; nombre de una planta. En 
Michoacán hay otro nombre geográfico igual. 

TACÓTE, de tlacotl, un palo llamado jara ó vardasca. 

Alcaldía de Ispalino. 

ISP ALIÑO. Ignoro la etimología y significación de este nom- 
bre. Parece que sale de ixtli, cara, y Aepalliniy que figura ser un 
yerbal, con significación análoga á la depallij barro negro; en este 
supuesto, podía el nombre traducirse «los que se embarran la cara 
de negro,» como lo usaban algunos indios* 

PIAZTLA, áepiaztU y la abundancial ¿2a, lugar donde abunda 
la especie de calabazas largas y delgadas que se expresan con ese 
nombre. No debe confundirse con el Piaztla^ cuya interpretación 
escapó á las investigaciones de los Sres. Orozco y Berra y Peña- 
fiel, pues éste es, á mi entender, Apiaztlaj al que se suprime la a 
micial por corrupción, y significa lugar donde hay muchas canales 
para desaguar los techos de las casas. El jeroglífico no representa 
más que el tubo que sirve para dicho objeto, y el agua, atlj que se 
pinta en el extremo más ancho, por donde ella penetra en el ins- 
trumento. La composición del nombre confitaste en atly agua,|>ia2r- 
tic, que según el diccionario de Molina significa cosa larga y del- 
gada, y según Olmos ( página 53 de su gramática, y la nota) cosa 
larga, derecha y hueca ( tubo ), y la abundancial tía. De modo que 
Apiaztlay el verdadero nombre del pueblo, á mí modo de entender, 
significa: lugar en que abundan las canales en las casa«. Esta pa- 
labra, pues, nada tiene de común con su homónima del Estado de 
Sinaloa, que sólo significa lugar abundante en calabazas. 

60 



394 Sociedad Mkxicaicá 

directoría de JOCUIXTITA. 

Alcaldía de Joouixtíta. 

JOCUIXTITA, de xocuixtlij cierta fruta silvestre llamada jo- 
cuixte, la lig}idura ti en lugar de ilí que se suprime, y {a, síncopa 
de tUij posposicióu abundancial. Siguiñea «lugar abuudaute en jo- 
cuistes. D 

POPOEOCHE, de ignorada significación. 

Alcaldía de Ajoya. 

A JO Y A, de acxoyatl^ cierta yerba olorosa, cuyo nombre no ex- 
presa el diccionario de Molina. 

PANALTITA. Este nombre es evidentemente de origen espa- 
ñol, |7a7iaZ, con la ligadura y desinencia aztecas. Significa: lugar 
donde hay panales. 

TEPACO, de tepeü^ cerro, y la posposicióu ooo, arriba de 3e 

traduce: lugar arriba del cerro. 

BORDONTITA, palabra de origen español, bordón^ con la for- 
ma propia de los nombres de lugar aztecas. Quizá en dicho lugar 
hay en abundancia la madera á propósito para hacer esos instru- 
mentos. 

HÜIAPA parece nombre cahita, procedente de Atiia, yerba, y 
pa; llano del yerbazal. 

En este mismo distrito de San Ignacio, sin ]iaberse podido ave- 
riguar su ubicación en las respectivas alcaldías, se encuentran los 
nombres geográficos indígenas siguientes: 

HUICH APA, de huitzilífiy colibrí, que por la composición pier- 
de las dos últimas letras, y apan^ compuesto de atl y pan. Queda 
huitzilapany ó huitziapa por metaplasmo, que significa « agua del 
colibrí.» 

TAYOLTITA, punto cerca de la raya con Durango: viene el 
nombre de tayolli^ maíz, en el dialecto azteca de la Nueva Galicia^ 
la ligadura tf, y la posposición ia; significa a lugar abundante en 
maíz.» 

TE JOCO, de texocotl^ tejooote; lugar de tejocotes. 

MEZAPA, AGÜITES, GUAYOSO, CASTILAJÁ, de signi- 
ficación desconocida. 



DE Geografía y Estadística. 395 

DISTRITO DE CÓSALA.— DIRECTORÍA DE CÓSALA. 

Alcaldía de Cósala. 

eos ALÁ, nombre de interpretación difícil. A mi entender, vie- 
ne de cuzatlíy comadreja, que debiendo. perder la última silaba por 
composición, retiene sin embargo la I por enfonfa, y de ae, com- 
puesto do atl^ agna, y do la partícula local Oy quedando el vocablo 
euzalaCj con la significación de «agua ó arroyo de la comadrejá.ji 
En Jalisco hay un lugar Cuzalapaj que es indudable tiene la mis- 
ma etimología, con la sola diferencia de la partícula final. También 
puede Cósala proceder de Queizalac, compuesto de quezalli, cierta 
ave de hermoso plumaje llamada coa, y de ac, como dije antes, sig- 
nificando «arroyo do las coas,» lo que parece probable, pues allí 
hay de esas aves. 

CHÜCHÜPIRA, ó cliochopila, palabra procedente de ciapiliy 
grillo que canta como cigarra, con la terminación abundancial la 
en lugar de la sílaba final Zí, y con la reduplicación de la primera 
sílaba cho para denotar x)lural ; significa lugar donde abundan gri- 
llos de esa especie. 

ÜOMOA, de etimología desconocida en el idioma azteca. Puede 
ser mejor palabra cahita^ compuesti^ de comi^ abajo, y houa^ casa 
ó caserío, significando: casas abajo. Efectivamente, las del lugar 
están al pie de la montafia que se interpone entre él y Cósala. 

TINI aquí, otro vocablo cahita, procedente de tei%i^ boca, y ha- 
qui, arroyo, que quiere decir «boca del arroyo.» 

6UA JINO, de huaxin^ hatge, un árbol de eac aombre, 

OACHAQUA, de oatzahuacy compuesto de cqUahuaj cosa 9uci^, 
y aCf proveniente de atlj agua, y de la terminación local e: en el 
agna sncia« O bien procede de cuetzahuac^ compueato de (mct^^huaj 
eosa húmeda, y o, partícula local, significando lugar húmedo. Des- 
conozco la« circonstanciaa de li^ locaUdad pari^ poder fijar la in- 
terpretación. 

IPUCHA, de ichpochtUj la doncella, aunque no estoy seguro de 
la Interpretación. Ixputzal era el nombra del señor que fundó á 
Azcapotzalco. 

CALAFATO, de ignorada etimología. 



390 SOOIEDAD MeSCIOANA 

Alcaldía de Xuestra Señora. 
No tiene lugares de nombre indígena. 

DIRECTORÍA DE GUADALUPE DE LOS RETE& 

Alcaldía de Guadalupe de los Reye$, 
TULE, de tollín^ planta conocida. 

DIRECTORÍA DE ELOTA. 

Alcaldía de Elota. 

BLOTA, de efotí, mazorca de maíz tierno, y la abundancia! toó 
Üa; elotal. 

TEMALTITA, de temalUy pudridero, la ligadura ti y la pospo- 
sición ta; donde abunda la corrupción. 

TECUYO, de tecuyotlj señorío. 

DIRECTORÍA DE CONITACA. 

Alcaldía de Coniiaca. 

GONITAGA, de conetly muchacho, é itaeatl, bastimento ó comi- 
da, significa «comida del muchacho.» También puede venir de eo- 
m, cuervo, en cahita, y taca^ fruta, significando «fruta del cuervo.» 

SOQUITITÁIT, de zoquiüj lodo, la ligadura ti y la posposición 
tan; cerca del lodazal. 

APACHA, de apachoa^ regar hortaliza, y ao, compuesto de atlj 
agua, y de la partícula locativa c, significando agua de riego, agua 
para regar hortaliza. 

GOGOTA, de eocotla^ compuesto de eocotlij tórtola^ y la abun- 
dancial tía; lugar donde abundan las tórtolas. O bien, procede de 
eocotlany compuesto de eoeotly gargüero, y la posposición flan, sig- 
nificando «cerca de la garganta,» porque cerca del lugar pasan las 
aguas del río de Elota entre dos cerros acantilados. 

GOBXJPO, de curupuy en tarasco, que es un insecto. 

OHTRIMOLE, JAPÜINO, IBONlA (Rincón de), de signiflca^ 
ción desconocida. 



i 



DE OEOaBAFÍA T ESTADÍSTICA. 397 

Alcaldía de San José de his Bocas. 

TAPAGOYA, de tapacoy impersonal de tapaca (en el dialecto de 
la Nueva Galicia, en el mexicano ilapaca) j la terminación verbal 
yan; signiñca lavadero, lagar donde lavan. Allí, efectivamente, 
por ser mineral, hay lavadero de metales. 

Alcaldía de Santa Cruz. 

AL AYA, nombre cuya significación precisa no he podido hallar; 
quizá no es palabra de origen azteca. Aventare, sin embargo, la 
suposición de que proceda de atl y aiahuitlj alayauco, degeneran- 
do en Alayáj con la significación de neblinas en el rio. 

AMATA, de amatlj el árbol de que los antiguos mexicanos ha- 
cían el papel para sus escritOH jeroglíficos, y que el Sr. Orozco y 
Berra, en su Historia Antigua de México, tomo 1?, pág. 337, citan- 
do á otro autor, dice que es el que se conoce también con el nom- 
bre de siricote y trompillo: con la posposición ta 6 tía tiene la sig- 
nificación de lugar donde abundan dichos árboles. 

JUMAGUA, áQxumahtta, compuesto de animaf^i, júmate, especie 
de cuchara que se hace de la cascara dura del fruto de cierto árbol, 
que al efecto se parte por la mitad, y de la partícula posesiva Atm, 
significando «lugar de jumates.» 

QÜEJUPA. No he podido atinar con la significación de este 
nombre; puede venir de quetzalliy que significa también cosa her- 
mosa, y de xupanj verano, significando «verano hermoso.» 

CHÁPALA; este nombre, que significa mar pequeiSo, como es 
el lago de su nombre en Jalisco, no conviene por su significación 
á la localidad de que ahora se trata, por lo que entiendo que le fué 
impuesto en recuerdo del lago referido. 

Alcaldía de la Rastra. 

MEZCALTITÁN, de mexij de callij de la ligadura ti y la pos- 
posición tan: en las casas ó el pueblo de los mexicanos. También 
puede venir de mezcallij mezcal, planta parecida al maguey, de la 
ligadura ¿t, en lugar de li que se pierde en composición, y de la 
posposición tauj síncopa de tlan. Ignoro la etimología de mezcalli; 
si este nombre (iene alguna analogía con su congénere metlj ma- 
guey, no puede, sin embargo, decirse que desciende de metzcalla- 



398 SOGIEDAB M£2:iOAKA 

lliy como algiiion ha propuesto, paes callalli significa a solar ó tierra 
que está juuto á la casa,» y todo el nombre «tierra con magueyes 
junto á la casa,» calificación que se refiere á la tierra productora, 
uo á la planta. 

JACOPA, de xallij arena, y la posposición copaj en; lo que da 
por significación: en la arena. 

ILAMA, de ilamatl, vieja. 

TACmCHlLTE, viene de tlalU, tierra, y chichiltiCy cosa colora- 
da, significando tierra colorada, almagre. 

KAPALÁ, de napaloaj llevar el agua á brazo, y atl^ agua, ooil 
la terminación locativa en c; lugar donde se acarrea el agua 6 
brazo. 

NORAGUA (un cerro), palabra cahita que significa compadre. 

PIABA, comí VAR, BAOATA, nombres de significación des- 
conocida. 

DISTRITO DE CüUACÁíf. — DIRECTORÍA DE CÜLIACÁN. 

Aloaldia de Culiacán. 

CXTLIAC AlT, de coloacin^ compuesto de coJoa^ verbo que signi- 
fica rodear camino, y la terminación verbal can^ que indica loca- 
lidad, significando: lugar donde el caminante torció camino. Ld 
mismo significa Colkíiacán, compuesto de cotochilij rodeo, la par* 
ticula posesiva hua, y la posposición can. Dicha significación se 
refiere al viaje que hicieron ios aztecas desde el Norte, dirigiéndo- 
se generalmente al Sur, atravesando por la Sierra Madre, en lik 
parte que llaman de la Tarahumara, y haciendo estancia por algu- 
nos anos en Culiacán, de donde, porque habrían de encontrar el 
mar cercano, si seguían la misma dirección, torcieron su ruta ha* 
cia el Oriente para repasar la sierra, y continuaron su peregrina- 
ción hasta el valle do México. 

Comunmente sucedía que los aztecas dejaban & los lugares de 
su tránsito el nombre adecuado á las circunstancias que en él ob- 
servaban, ó á los acontecimientos notables que allí les habían pa- 
sado. Lo que demostrará que Culiacán, si estaba ya fundado an- 
tes del tránsito de los aztecas, ó si lo fué por ellos mismos, no llega 
á tener su nombre actual sino después que los peregrinantes pro- 
siguieron su viaje. • 

No creo que dicho nombre pueda interpretarse como lugar donde 



DE Geoghafíá t Estadística. 399 

el río, atly voz p:enérica para toda clase do agnas, hace recodo; pues 
si en frente de la actnal población fundada por Ñuño de Guziu&d, 
el Hnmaya, viniendo del Norte, se quiebra hacia el Poniente, pe* 
ro en frente de la ciudad azteca, que debió estar tres leguas más 
abajo, donde boy se halla Gnliacancito, y que fué la que prestó sa 
nombre á la nueva, no presenta el río una curvatura tan notable 
que mereciese por sí haber motivado dicha denominación. 

El nombre de Sueicolhuacán que se le daba desdo la antigüedad^ 
parece referirse á la circnnstancia de haber sido la primera Col- 
huacáuy comparada con la población del mismo nombre en el Ya* 
Ue de México, á la que se dio también después y en recuerdo de 
aquella. 

Colhuacán tenía por jeroglífico un cerro torcido en la cima, re- 
presentación fonética de ese nombre. 

ITAJE, palabra cahita compuesta de ilichi^ cosa pequeña, y de 
idkij lumbre (pronunciada la h comoj), que quiere decir lumbrita. 

MOJÓLO. Dudo acerca de la etimología del nombre. Quizá pro- 
^&Aa de la palabra española mvjoly cierto pez que abunda en el río 
de Hnmaya que por allí pasa y que también se llama liza. De to- 
dos modos no tiene procedencia de moho^ como quieren suponerlo 
los que con toda impropiedad le llaman Moholo. 

YBTATO, de ietlj tabaco, y at/, agua ó río, tomando la tenni* 
üación tOj de origen desconocido, significa: agua ó río del tabaco^ 

HUMATA, lugar situado en el ángulo de confluencia de los ríos 
Humaya y Guliacáu: el nombre' está compuesto de ome, dos, atlj 
agua; y la partícula yan: om-a-^a, lugar de dos aguas ó dos ríos» 
Los indios llamaban al río de Hnmaya Htteiatly agua ó río gran» 
de, lo que demuestra que esta palabra no es exclusiva significación 
del mar, que también con ella se expresa. De aquí vino la equivo* 
<^ación de algunos cronistas antiguos, que decían que Guliacáu es» 
taba á tres leguas del mar, pues el antiguo Guliacán, hoy Gulia- 
eancito, está realmente á esa distancia al Oeste del lugar frente 
del cual se junta el río de Guliacán al de Humaya, el que por otro 
nombre se llamaba Hueiatl^ que también significa mar. 

Macho tiempo vacilé en admitir la partícula yan como termina» 
ción nominal en esta palabra, puesto que comunmente se le con* 
^ede la calidad de verbal ; pero he creído que algunas veces podría 
ser lo primero, en vista de que así aparece en Xicayan^ del Estada 



400 Sociedad Mexioan a 

de Oaxaca, compuesto de xicálli y yan^ lugar de jicaras; en Tloi- 
cuechakuayanj compuesto de Üalli^ tierra, y del adjetivo cuechdhuaCj 
cosa húmeda, significaudo tierra húmeda; en CuachqueizalQyan^ 
compuesto de etMchtliy manta, y quetzalloj adjetivo de quetzalli, co- 
sa preciosa, lo que da por significado « lugar de mantas preciosas; » 
7 en Atlacuihuayan (de donde se ha originado TacubayaJ^ com- 
puesto de atlucuij aguador, y hua, partícula posesiva, debiendo tra- 
ducirse : ff Ingar que tiene aguadores ; » nombres todos en que se ve 
la terminación yan calzando adjetivos y sustantivos, sin haber ver- 
bo alguno en ellos. 

COYONQUE, que en realidad es Alcayonguef procede de at7, agua, 
y de coyonquiy agnjero, en su terminación plural coyonqucy y signi- 
fica: pozos de agua. 

TACUILOLE, de ílacuüloUiy cierto pájaro así llamado. 

CHICHI (un cerro), significa perro. 

QIFA, de interpretación desconocida. 

MUCüEIMI, de interpretación problemática. Si es palabra ca- 
hita, como lo parece, está algo estropeada, pudiendo venir de mu- 
cwrimey plural de mucun, muerto, pues aunque mucac lleva esta sig- 
nificación, no parece fuera de las reglas gramaticales la terminación 
r^ular en ri para el adjetivo. El nombre se traducirá entonces: los 
muertos, ó lugar de los muertos; significación que quizá dependa 
de la circunstancia de haber habido allí gran mortandad por la de- 
rrota que la caballería de Kafío de Ouzmán dio á los indios, al man- 
do del señor de Colombo, que era el nombre de la localidad. 

OBA.BÁ, nombre antiguo del valle y del río donde se fundó la 
villa española de Culiacán. Parece procedente de las palabras ca- 
hitas, oolay anciano, siendo frecuente en el idioma la sustitución de 
la I por la r, y &a, agua ó río; significa: río del viejo, ó tal vez, río 
viejo. 

AYU!N'É. Evidentemente ha sido estropeada esta palabra para 
darle una pronunciación parecida á una voz castellana, y parece 
venir de las palabras aztecas, ayo^ agnado, y neithti, miel, en el dia- 
lecto de la Nueva Galicia, terminando en né con el fin ya expresa- 
do, y significando «miel agnada» ó «agua miel.» También puede 
descender de ayiUlij calabaza, perdida tli en composición, y aña- 
diéndole ne de neuhiic, como en la interpretación anterior, lo que 
le hará significar: lugar de calabazas dulces. 



DE OEOGBAFf A Y ESTADÍSTICA. 401 

MEZQT7ITITA, de mixquiU^ mezquite, cierto árbol, la ligadura 
Uylsi posposición to, síucopa de Üa^ siguificando: lugar abundan- 
te en mezquites, mezquital. 

JOTAGTJA. de hoidhuij vocablo cahita, procedente de hota^ en- 
ramada, cuya h aspirada la hace equivaler á j, y de la posposición 
local tify diciendo: en la enramada. 

B ACHIOUALATO. Paréceme que traerá su origen de Ixichtbwi- 
latOy compuesto de Imchi^ maíz, y hudUi ó buara^ aumentativo de 5ua, 
comer, seguido de la posposición <o, de origen desconocido, signi- 
ficando: lugar de los comedores de maíz. En alguna parte he visto 
este nombre escrito así: Bachicalato, y supuesto que en la comarca 
culiacanense predominaron sucesivamente cahitas y diversas ra- 
millas de la luza nahoa, no debería ser extrafia la formación de 
nombres geográficos híbridos, como éste, que parece componerse 
ábbacki, maíz, voz cahita, y de la azteca caUalli, tierra ó labor que 
está junto á la casa, significando: tierras de maíz, ó milpas, junto 

alas casas. 

Alcaldía de Aguarvio. 

AGXJAEUTO. No estoy seguro de la interpretación que voy á 
dar á este nombre cahita. Parece que viene de ahuaraj aumentati- 
vo de ahuaj cuerno, de la primera sílaba de /¿uta, yerba, y de la pos- 
IMWición io, significando: lugar de plantas con cuernos, vulgarmen- 
te llamadas «toritos.» 

CHIEICAHUETO, también nombre cahita, proveniente de chi- 
UCj cierto pájaro, que hace sus nidos colgantes de los brazos de los 
árboles, y se llama vulgarmente «tangalaringa,» de cahui, cerro, y 
de la posposición lo: cerro de los tangalaringas. Puede asimismo 
venir de chüic, de la partícula a como expletiva, y de hueto, gua- 
recerse: lugar donde se guarecen esas aves. Al Norte de Sonora 
existe una tribu de apaches que lleva el nombre de chiricahues. 

Alcaldía de Culiacancito. 

GüLIACANCITO debió haber sido en azteca ColhuatzincOj Co- 
loaizinco, ColoacatUzincOy Culiacán el chico, después que Ñuño de 
Gozmán le usurpó el nombre de Culiacán, al fundar con él la villa 
espafiola que ahora lo lleva y es capital del Estado de Sinaloa. 

ALIMAKETO. Aventuro la opinión de que este nombre proce- 
de de atl, agua, de mani, estar, en la tercera persona del verbo, y 

61 



403 SOOIBDAD MEXIOANÁ 

de to: lugar donde está ó permanece el agaa, lagaña permanente. 
En Michoacán hay nn paeblo llamado AUnux^ y otro Alimanxi. Cer- 
ca de Gulíacán existe otro lagar llamado «La Lima,» que hay la- 
gar á sospechar sea también Alinm. En tarasco, maneíi signiflca 
virgen 6 cosa entera. 

TOYAHUBTO, de toyaíiui, voz azteca, derramarse cosas líqui- 
das, y to: derramadero, lugar en que las aguas pía viales han abier- 
to alguna zanja 6 barranco. 

MOYOTITA, de moyotl 6 muyotl, mosquito, la ligadura ti y la 
abundanctal la: lugar en que abundan los mosquitos. 

TABAY, nombre de un lugar, procedeutedennárbolasíllamadOb 

MAOORITO, VIQOOHI, BONARAHUBTO (laguna grande en 
el cami no de Lo de Verdugo á Tahnitole), nombres de ignorada 6ig- 
nificación. 

MOBIBATO, lo mismo. Quizá venga de moreac, palabra cahi- 
ta que significa hechicero, y de to: lugar del hechicero. 

TAVÍBAHUBTO, de iavira^ lisiado, y ^weto, guarecerse: lugar 
donde se guarece el lisiado. En alguna parte he visto también es- 
crito Tavirahuato. 

B ABIOMETO) de ignorada significación. 

Alcaldía de San Pedro, 

GOMOLOTO. La población se ha llamado San Pedro desde la 
conquista. Ignoro la sígniflcaoión de aquel nombre: comoloa quie- 
te decir en azteca, hacer barrancos ; emolotaj en cahita, causarse; 
pero no sé qué aplicación pueda esto tener en un pueblo. Quizá 
sea mejor cemolotla^ lugar de muchas mazorcas, habiendo degene- 
rado el nombre en eomoloto por corrupción, ó por equivocación dd 
amanuense que escribió el título de las tierras del pueblo, pues en 
este documento es donde vi tal nombre. 

MU YOTO, de muyotlj mosquito, y de la posposición to: lugar de 
mosquitos. 

OCOBONI, quizá es nombre que viene del ocoronij lengua per- 
dida en Sinaloa. Si no es así, puede venir de ocolani^ en azteca^ 
compuesta de oili, camino, y colonij verbal de coloa^ dar vudta^ 
significando: camino que tuerce, que hace rodeo» 

PISIS, palabra cabita, que significa «papachito,» un árbol. 

TOBOLOTO, YEVABITO, de ignorada interpretación. 



DE Geografía y Estadística. 403 

Alcaldía de Tepuche. 

TEPUCHE, palabra cabita, compuesta de teputj pulga, y Usi^ 
pospOBicíón ubicativa: en la pulga, ó lugar de pulgaR. 

CAMINAHUATO. Eu el vocabulario del dialecto azteca déla 
llueva Galicia hay caminaroa^ camiuar. Aquí el nombre puede ve- 
nir de catninoj vocablo español, con la partícula posesiva Jinaj y la 
locativa tOy significando: lugar que tiene caminos, lugar de trán* 
sito. 

TECOBITO, palabra cahita^ sale de tecoriy tiesto ó tepalcate^ 
compuesta de teta, piedra, corij cosa curva, adjetivo procedente del 
verbo eare^ dar vuelta, torcer; junto con la partícula to significa 
lagar donde hay tepalcates. Y aun la misma palabra entera teco- 
rito se emplea para designar esos tiestos algo cóncavos, hechos á 
propósito para hacer girar sobre ellos las vasijas de barro que los 
alñireros están construyendo. 

6U ADATO, lugar de guadaris, cierta especie de árboles. 

CHOUOTITA, xocotitay compuesto de xocotl, fruta agria, que en 
Sinaloa se llama aguama, muy semejante al jocuiste, de la ligada* 
ra ti y de la posposición abundancial ta ó tía: lugar de aguamas, 
aguamal. 

TACOBITO, su etimología, para mí muy problemática, viene 
de la primera sílaba de iocoj tigre, de las dos primeras de cobii^ 
rincón, y la posposición to. En tal supuesto, el nombre es cahita, 
y significa: en el rincón del tigre. 

ABÁPABA, en tarasco significa «avispa ahogona.» 

MAGUGHE, de significación desconocida, es el nombre de una 
especie de tabaco. 

MOBADITO, de significación desconocida. 

Alcaldía de Imala. 

IBIALA parece de etimología azteca, pero ignoro su significa» 
don. Sospecho que venga de Imalacatlány compuesto de la partf- 
culaornativa im, malacatl, rueda, y atlan, significando: «agua qae 
hace una rueda,» porque el río, poco después de haber dejado á la 
población á su derecha, gira hacia la izquierda formando un arco. 

l'ALAGUA, de tlalagua, compuesto de tlalatl, agua lodosa, y 
la partícula posesiva Aua;íugar que tiene agua lodosa. 



'404 Sociedad Msxioana 

GCTAYABAZTITAy nombre evidentemente espaiiol con desi- 
nencia azteca, puesto que en este idioma la guayaba se llama «al- 
xocoü: lugar abundante de guayabas. 

AM ATÁNy de amail^ un árbol así llamado, de que los indios ha- 
cían el papel, y la posposición tan ó tlan^ significa: cerca de los 
irboles de ese nombre. 

TAGHINOLPA, de ilachinollij compuesto de ilalli^ tierra ó mon- 
te, y chi7u>llij cosa quemada, con la posposición |ia ópanj signift- 
ca: en los montes quemados. En Sinaloa se llama también tacki- 
nole á la ortiga, acaso porque su contacto produce sensación de 
ardor y quemadui*a, y en este supuesto pudiera ese nombre tradu- 
cirse «lugar de ortigas.» 

GOCOBOCHI, palabra cabita, procedente de oócority chiltepin, 
boOy camino, y la posposición tzi: chiltepines en el camino, ó cami- 
no de los chiltepines. También puede veuir de cocoborem, plural 
de eoborej gallina de la tierra, guajolote, y de la posposición tzi en 
lugar de rem, que se elide por composición, y entonces significará 
€ lugar de los guajolotes.» 

TOMO, también palabra cahita, de toma, la barriga. 

TIMBIRICHI ó TUMBIBIGHI, vocablo tarasco, que significa 
aguamas ó jocuixtes; viene de thumhirij racimo, porque efectiva- 
mente, el fruto se presenta en esa forma. 

CHIPI L, azteca detzipitly niño enfermo por la mala leche que 
mama. 

QUIATA, de interpretación dudosa; puede venir de {icúticAtía, 
compuesto de quiahuitly lluvia, y la terminación abundancial tía: 
lugar de lluvias. 

MAYOS. No he encontrado la significación de esta palabra, ni 
en el idioma azteca, ni en el cahita., que es el que habla la tribu Ma- 
yo, colindante con Sinaloa por el Norte. La ranchería cuyo nom- 
bre se trata de interpretar, contendría probablemente algunos in- 
dividuos de esa tribu, de los muchos que emigran para el Estado 
de Sinaloa, y á esa circunstancia ha de haber debido su denomi- 
nación. Sólo en el idioma otomí encuentro que mayo significa pas- 
tor, y efectivamente, la tribu sentada á orillas del río de ese nom- 
bre en Sonora tiene costumbres pastoriles, y frecuentemente las 
familias cambian de hogar para llevar sus ganados adonde estos 
puedan pastar. • 



DB Geografía y Estadística. 405 

TAOPO: taori en cahita quiere decir manta. 
CAMANACA, SAN ALONA, CÜPIAS, de ignorada significa- 
ción. 

Alcaldía de las Tapian. 

VICHE (un cerro); la palabra^ en el lenguaje vulgar de Sina- 
loa, quiere decir pelado, como lo está dicho cerro; pero ignoro su 
etimología. En zapoteco biche significa cosa seca, como árbol. 

TLAXICHCO, de tlaxichtli, especie de dardo que se tiraba con 
ballesta, y de la posposición co. "So existe este lugar bajo tal nom- 
bre, ni hay memoria de él; pero se cita en alguna historia como 
ano de los puntos por donde pasó Nuüo de Guzmán antes de lle- 
gar á Guliacán, y tanto por la posición que se le atribuye como por 
su significado, puede referirse al Bancho de las Flechas, pertene- 
ciente á la alcaldía de las Tapias, llamado así porque los conquis- 
tadores allí encontraron multitud de estas armas. En el jeroglífi- 
co de Tlaxcala aparece representado este punto con tres flechas, 
lo que aumenta la verosimilitud de la presente interpretación. 

CUCUY achí, cerro, de ignorada significación. 

DIRECTORÍA DE ALTATA. 

Alcaldía de Aliata. 

ÁliTATA (puerto de mar); la composición genuina de esta pa- 
labra es aü-atl-tlan, reduplicando el atl para denotar la super- 
abundancia de aguas ó el mar, y terminando en tlan para signift- 
ear la proximidad del lugar á él ; entonces el nombre Atlatlauj que 
alterado ha venido á quedar Aliata^ puesto que la ti se reduce con 
frecuencia 6kl6t solamente, significará <f cerca ó á orillas del mar,» 
lo que cuadra perfectamente á la condición propia de la localidad. 

Mar en mexicano se dice hueyatlj pero la abundancia del idioma 
no podía quedar limitada en esa significación, pues vemos en el dic- 
cionario de Molina muchas frases en que atl se traduce por mar, y 
otras más en que atlan tiene el mismo significado, debiendo con 
muclia mayor razón tenerlo atlatlauy que más enfáticamente ex- 
presa la abundancia de las aguas, la magnitud del océano. Asi te- 
nemos que atlan es mar en ahueeatlan^ compuesto de akuic y atlany 
que significa aguas por una y otra parte, alta mar; en atloM temic^ 



406 Sociedad Mbxigaii a 

Uanij matador en el mar, corsario; en atlan í^Mua, arrojar alga- 
ñas cosas en el mar, alijar navio. 

At1ánti<la tiene segaramente etimología nahoa, nombre de la 
raza á que pertenecían los toltecas y los aztecas, así como del idio- 
ma común que hablaban: también se dice, apoyándose en el dicho 
de Platón, que la ciudad principal de ese continente sumergido 
estaba construida sobre un lago. La analogía de los nombres no 
puede entonces ser más remarcable: la base de la palabra Atlán- 
tida es atl^n 6 atlatlan, de donde vimos que desciende Altata, si- 
tuado también á orillas de las aguas, y quizá con situación topo- 
gráfica parecida. 

Era una costumbre de las gentes de esa raza recordar sus anti- 
guas mansiones, poniendo sus nombres á las que fundaban ó ha- 
bitaban en otros países, especialmente cuando les encontraban se- 
mejanza. Así, por ejemplo, á Colhuacán pusieron ese nombre en 
recuerdo de Hueicolbuacán ó Guliacán de Sínaloa, x)or el que pa- 
saron durante su peregrinación; á Tula en recuerdo de la Tollan 
que habían dejado en los países del Norte ó del Oriente; y no era 
nada inverosímil que hubiesen fundado á Altata de Occidente, en 
memoria de Atlatlán de Oriente ó de la Atlántida, cuna de su raza 
y punto de partida de sus peregrinaciones. 

TAIPIME parece vocablo cahita; sin interpretación satisfac- 
toria. 

8ALIACA (lugar en la península de Lucenilla, frente ^ AltA- 
ta), viene de xalli^ arena, atl^ agua, y la posposición co, lagar del 
agua en la arena; ó de xalli y de iticailj nariz ó punta, significan- 
do punta de arena. 

HUEHUENTO, voz cahita, de huehuem^ piara) de &«a, bledo, y 
de la partícula terminal to: lugar de bledoa, bledal. Tambiéü pu^ 
de venir de huehuentiny qae en azteca significa: vi^'08« 

OPOBITO (una isla cerca de la boca del estero del Tetnán); 
ignoro su etimología. Cerca de Morelia, en Michoacán, hay un l^• 
gar llamado Oporo, y en la misma región otro llamado Góporo. 

TETUÁN (un estero), nombre muy alterado, de procedeucii^ az- 
teca; viene de tequaniy que significa león en el dialecto de la Ku^ 
va Galicia. 

YAIVIETO, voz cahita, de hiameto^ compuesto de kiamey plural 
de hiaj voz, bramido, y de la posposición to: lugar de ]>ra(QÍdoS| 



DB Geografía y Estadística. 407 

por el macho ruido del mar que allí so oye, á causa de la reventa- 
zón de sus olas. Hiá en otomí también significa voz. 

TOMPISOLB, nombre de lugar, por el de un árbol frutal llama 
do tempisque. 

Alcaldía de Sataya, 

8 ATAYA, nombre á mi entender profundamente alterado. Yo 
lo hago procedente de Cetaya^ palabra azteca, compuesta del ver- 
bo ceti^ derivado del numeral ce^ uno, significando unirse, juntar- 
se, de ai/, agua 6 río, y de la terminación verbal yan; do manera 
qae el todo quiere decir: lugar en que están juntas las aguas. Y 
efeetivaniente, basta un poco más abajo de este lugar corren así 
las del Humaya, pero ya después se bifurcan en dos cauces, uno 
de los cuales es el llamado Río Viejo, por donde antes corrííin, y el 
otro, el actual por donde desembocan en la bahía de Altata. En 
cahita, «aia quiere decir «barnizar,» y también «almagre;» pero es- 
tas significaciones no tienen analogía alguna con las circunstan- 
cias del lugar. 

PIPIMA, nombre cahita, procedente de j^/p/twe, plural A^pipi^ 
teta; en dicho lugsir abunda un árbol que lleva ese nombre, y cuya 
corteza está llena de protuberancias que parecen tetillas. 

IRAGÜATO: evidentemente éste es un nombre de origen ta- 
rasco. En el vocabulario del Padre Gilberti, iraqua quiere decir 
cosa redonda, y huuata monte ó cerro, por lo que dicho nombre 
debe significar «cerro redondo.» Algunos dicen que ato quiere de- 
cir cerro; entonces el nombre debería con propiedad escribirse Jra- 
quato» Gomo quiera que sea, la significación es en extremo adecua- 
da, pues de lejos se ve dicho cerro como uu segmento esférico di- 
bujado en el horizonte. 

BATAOTO, voz cahita, de batzau^ pato (la pronunciación de la 
iz es muy parecida á la tj^ y de la posposición to: lugar de patos. 
Allí hay una laguna, sitio en que abundan generalmente esas aves. 

PUYEQUE, nombre azteca, que viene depuiecatlj agua salada, 
tal vez porque hasta allí lleguen á subir por el río las aguas déla 
bahía de Altata en las mareas altas; ó de uu pez del mismo nom- 
bre que sube de los esteros por el mismo río. 

GHIBAMETO, de ignorada significación. 



408 SOCIEBAI) Mexioai^a 



Alcaldía de Ba^shimeto. 



BACHIMETO, vocablo cahita, compuesto de ImehUne^ plural de 
hachi^ maíz, y de la posposición to: lagar de maíces, maizales. 

OTAMETO, voz del mismo origen, compuesta de hotame^ plu- 
ral de Aoto, enramada; con la posposición io dice «en las enrama- 
das.» También ota significa hueso, y el nombre entonces se tradu- 
ciría: lugar de huesos, osamenta. 

ALIC AMA, así se llamaba el rancho hoy conocido con el nom- 
bre de Patagón, según sus antiguos títulos. Ese nombre viene de 
atlj agua, y de camac^ compuesto de camatlj boca, y la posposición 
local c, significando: boca del agua, desembocadura del río. En 
efecto, el Humaya, que hoy desagua en la bahía de Altata, cinco 
leguas al Sur de la población de este nombre, antes lo hacía á ma- 
yor distancia hacia el Norte, en la ensenada de Tachíchilte, tor- 
ciendo cerca de Bachimeto para la derecha, pasando sobre el cau> 
ce del que hoy llaman allí Bío Viejo, y entrando al mar por el ac- 
tual estero del Tule, cuya desembocadura, y el terreno adyacente 
indicado, merecieron por esto el nombre de Alicama. 

LIMOKTITA, nombre español, limón, con terminación azteca: 
lugar de los limones, limonal. 

Alcaldía de Naibolato. 

l^ABOLATO, vocablo cahita, de la primera sílaba de naboj tu- 
na, y de las dos últimas de Uhola^ cosa redonda, con la posposición 
tOj traduciéndose: lugar de las tunas redondas. 

BABIGUETO, nombre del mismo origen, compuesto de hari^ 
cosa aguanosa, tierna, A«e, bledo, y la posposición to: lugar de ble- 
dos tiernos. 

MULAHXJETO, también de dicha procedencia, compuesto de 
mula^ animal conocido, y Aueto, guarecerse: lugar donde se guare- 
ce la muía. 

TAHXJITOLE, de tlahuitollij arco para flechas, en azteca. 

YAGOCHITO. En Oazaca hay un nombre de pueblo, Taeoéh¡^ 
que en lengua zapoteca significa árbol del sueño, compuesto de 
yaagaj árbol, y gochi 6 cochij sueño. 



DE Geografía y Estadística. 4fft 

DIRECTORÍA DE QUILA. 

Alcaldía de Quila. 

QUILA, de quilapa^ palabra azteca, compuesta de quiUic^ cosa 
verde, atl^ agaa ó río, y la terminación local pa: río verde, por la 
vegetación de sus orillas. En el interior de la República hay un 
nombre de pueblo igual. 

HÜINACASTE, de huinaeaztliy un árbol con ese nombre que 
quiere decir orejas grandes. 

ZOPILOTITA, de tzopilotlj zopilote, cierta especie de buitre, 
de la ligaduitt ti, y de la posposición abundancial tía: lugar de zo- 
pilotes, zopilotal. 

ALHUATE, un terreno así llamado, cuyo nombre viene de ahu^itlj 
una especie de espinita muy fina. 

OSO, palabra cabita, procedente de hoso, árbol llamado palo- 
alto, á manera del mezquite. 

VASO, de igual procedencia; significa pasto ó zacate. 

TAMIJA, de significación desconocida. 

Tí AVITO, nombre de difícil interpretación ; parece que descien- 
de áenáhuilüj palabra cabita que significa amujerado, suprimién- 
dose el la iK>r composición, y i>oniendo en su lugar la posposición 
io; en este caso el nombre será propiamente Nahuito, y significa- 
rá: lugar amujerado ó de miyeres. La propiedad del nombre pu- 
diera justificarse históricamente, recordando la circunstancia de 
no haber encontrado los conquistadores más que mujeres al apro- 
ximarse al río que hoy se llama de San Lorenzo, el mismo de Na- 
vito, y al que también se dio entonces el nombre de Ciguatdn, en 
azteca. If^ahui en chiapaneco también quiere decir mujer. 

GIGUATÁN, nombre antiguo del río que hoy se llama de San 
Lorenzo, compuesto de eihuatlj mujer, y tan 6 tlan; significa lugar 
de mqjeres, porque el conquistador, al aproximarse al rio, antes 
de entrar á Navito, no veía más que personas de ese sexo, hallán- 
dose los hombres legos, disponiéndose para dar guerra á los inva- 
sores. Tanto este nombre como el anterior, se conoce que fueron 
impuestos en tiempo de la conquista. 

MAJAHUA (lugar en la extremidad de la península de Que- 
vedo, enfrente de la bahía del mismo nombre y de la desemboca- 

52 



410 Sociedad Mexioana 

dará del río de San Lorenzo), viene de maxacj que significa enera- 
cyada, confiaencia, quitándosele ac por composición, y añadiéndo- 
le a de atlj agua, y el posesivo hua; con lo qae significa: lugar que 
tiene la confluencia de dos aguas, esto es, las de la baliía, que es 
angosta y prolongada, adyacente á la costa, y las del rfo que des- 
emboca en el extremo de aquella, para desaguar Juntos en el mar. 
Acaso el nombre sea una síncopa de atemajahua. Pudiera tambiép 
venir de mahauy que significa tortuga en cahita, y cuya h equiva- 
le á una j', siendo entonces majahua lugar de tortugas. 

OBIGUTO, puede venir de la palabra cahita wrisy cierto pájaro 
cuyo nombre no expresa el vocabulario, de la primera sílaba de 
eusij sonido, canto, y de la posposición to: lugar donde canta el 
pájaro oris. Oriento puede ser adulteración de Orocutín^ que en 
tarasco significa «dando vuelta:» y efectivamente, el lugar está si- 
tuado al dar vuelta sobre el extremo de la bahía de Altata. 

SOYATITA, palabra azteca, de zoiatly palma, la ligadura tú y 
la posposición abundaucial ta 6 tía: palmar. 

TULE, lo mismo, de tollinj tule. 

Alcaldía de San Lorenzo. 

COPACO, nombre de difícil interpretación. Es posible que ven- 
ga de copalliy copal, cierta resina, y de la terminación co; pero en- 
tonces diría copalooy salvo las alteraciones que con el tiempo sue- 
len sufrir los nombres. En cahita, la terminación |mioo quiere decir 
«campo de tal nombre;» así es que si copaco viniese de cohuipacOy 
se traduciría campo de marranos. 

TACüICHAMONA, otro nombre de interpretación difícil : pue- 
de venir de las dos primeras sílabas de tlacuetlayany recuesto de 
cerro, y de Uotnonij adjetivo salido de izomoniay romper, destro- 
zar: ladera de cerro rompida; ó de ilaeohtliy flecha, y el mismo izo- 
monta: flechas rompidas. Pero no se puede atinar la verdadera 
significación sin conocer las circanstancias de la localidad. 

TABALÁ, de ignorada interpretación. Parece por su termina- 
oión y la proximidad del lugar á Alayá, nombre del miamo origen 
que éste, que probablemente es del idioma sabaibo. 



DE Geoqbafía y Estadística. 411 

Alcaldía de Abttya. 

ABÜYA, su interpretación es problemática j pnede veuirde íz/íit- 
yacj cosa gastosa^ agradable, adjetivo que lleva ya consigo la ter- 
minación locativa Cy significando lugar agradable. 

VINAPA, de vinOj atl jpa: en el agua- vino, la vinatería. La- 
palabra es híbrida, compuesta de voces española y azteca, con la 
desinencia propiade los nombres geográficos deesta íiltimaleiigua^ 

CANACHI, palabra azteca como la anterior, viene de canaHhi¡i\, 
pato. 

OBA, vocablo cahita que quiere decir ascua, brasn de fuego. 

BAYLA, de interpretación desconocida. 

A esta directoría de Quila pertenecen también, aunque sin sa- 
berse, las alcaldías á que deben ascribirse, los lugares siguientes: 

OLAGO, de ollamaj jugar al hule, perdiendo en composición la 
última sílaba, y de la posposición co: lugar en que se juega al hule. 
En Sinaloa se llama también ulama al juego mismo del hule, y tas- 
te al sitio en que se juega. El Sr. Peñafiel, en sus nombres geográ- 
ficos de México, dice que Olac significa « entre el agua negra.)> Qui- 
zá yo esté en un error, pero me parece que el jeroglífico respectivo- 
no autoriza á decir eso. En él se ve la mancha negra y redonda 
que denota el color y figura del olUn^ hule, y el signo de atly agua^ 
dando los dos nombres combinados la significación fonética ola. 
La calidad locativa c6 co está expresada por el signo de campo 
florido, demostrando que la ulama no se jugaba allí en tlachtli ó 
taste á propósito, sino en el campo llano. El nombre Olac, pues, 
según BU expresión fonética y la interpretación del jeroglífico, sólo 
dice: en la nlama, en donde se juega al hule. 

CHIQUIHXJIZTITA, viene de chiquihuitlj canasto ó chiquihui- 
te, convirtiéndose ti en z por eufonía, de la ligadura ti y la abun- 
dancial ta 6 tía: lugar de chiquihuites. 

COI^TO, de conetly muchacho, y la terminación to, 

JACOLA, MACA VIS, SALA YA, de significación desconocida. 

DISTRITO DE BADIRAGUATO. — DIRECTORÍA DE BADIRAGÜATO. 

Alcaldía de Badiraguato. 

BADIRAGUATO, ignoro la etimología y significación de este 
nombre. En ópata, baidaraguato quiere decir «lugar de muchas 



413 Sociedad Mexicana 

l^olondrinafi:» en tarasco, dirá qniere decir «muchos,» huuata^ ce- 
rro, y vtty de una parte á otro. Pero no me atrevo á señalar á dicho 
nombre un origen determinado. 

CONIMETO, de conimey plural de conij cuervo, y la posposición 
to: lugar de cuervos. 

BATOPITO. El vocabulario de la lengua cahita trae huaitapi- 
ehinij lagartija, que es plural de huaitopity pues en dicha lengua 
los nombres indeterminados se ponen comunmente en ese núme- 
ro; y si á huaitopit se hace terminar en to, se tendrá hiíaitapito 6 
hatopitOy que quiere decir lugar de lagartijas. 

BATAÜOMITO, de bato, caso oblicuo de &a, agua; en el idio- 
ma cahita, comiy brazo, y la posposición to: en el brazo del rio. 

AGATITA, vocablo azteca: ó viene de a4Mtly cafia ó carrizo, ó 
de (icalUy casa del agua^ en la acepción de pozo, noria, algive, etc., 
acompañándose con la Ugadura ti y la terminación tn: lugar de 
carrizos ó de norias. El conocimiento de la localidad contribuiría 
mucho á precisar la verdadera interpretación. 

0AEAMATÉI7, de cara>cOy cosa brillante, y matény cigarra, sig- 
nificando «cigarra brillante.» En algún documento antiguo, refi- 
riéndose á este lugar, he leido Caramatenito; pero bajo esta forma 
no le puedo dar interpretación admisible. 

ALCOYONQFE, vocablo azteca, de atl, agua, y coyonquij poz(^ 
significando pozo de agua. 

HUEPAGUA, TEGORIPA, NOYAQUITO, HUICH ARABÍ- 
TO, BACAHUAHUA, de significación desconocida. 

Alcaldía de Santiago de los Caballeros. 

TEPACA, de tepaqua^ nombre tarasco que significa llano. 

ALPATAGUA, de atly agua, y j^ati^aAteoo, cosa ancha; significa 
agua ó río ancho. 

TAMIAPA. Ignoro la etimología y significación de este nom- 
bre. Tamia en el dialecto azteca de la Nueva Galicia significa acá- 
bar; y tami en cahita diente. 

Alcaldía de Bainopa. 

BAMOPA, de significación ignorada. 

TULE, de toUiny tule. 

€AIQUIVA (un cerro), nombre que parece de origen aiteca;: 



DE OsoaBAFÍA Y ESTADÍSTICA. 413 

aventurando mi parecer sobre su significación, imagino que pae- 
da venir de qtiaitly cabeza, de quiltiCj cosa verde, y 1» terminación 
posesiva hua^ indicando que el cerro tiene lo que el nombre expre- 
sa, cabeza ó copete verde. 

GHAPÜLMITA, ó con más propiedad chapulimitay de ehapúUmj 
plural de chapulín^ langosta, y de la partícula expletiva i, con la 
abundancial ta 6 tía: Ingar con mucha langosta. 

BABISTJBIAPA, al parecer vocablo híbrido, compuesto de fta- 
¡ñ&urif nombre de un animal, que no tiene su procedencia del az- 
teca, y de aparij que es evidentemente una terminación azteca; sig- 
niftcando Ingar del agua del babisurí. 

HUANAJUATO, palabra evidentemente tarasca, que sólo en 
la primera letra se diferencia de Ouanajuato, aunque la pronun- 
ciación es igual. Su significación debe ser idéntica, cerro de las ra- 
nas, ó lugar de muchos cerros, como otros quieren. 

BABIPA, de significación desconocida. 

Alcaldía de San Luis Qonzaga. 
No tiene nombres geográficos indígenas. 

DIRECTORÍA DE SAN JOSÉ DEL ORO. 

Alcaldía de San José del Oro, 

ATOTONILCO, palabra azteca, de atl, agua, totonillij caliente^ 
y la posposición co: el agua caliente. 

TECUÁN, de tequaniy león, en el dialecto de la Nueva Oalicia. 

BAEHUSABE, palabra cahita; conjeturo que venga de bahimy 
plural de bahi^ cierta especie de langosta, y osari, adjetivo que sig- 
nifica cosa pintada, significando «langosta ó chapulines pintados 
de colores.» 

HATÚBIPA, de ignorada significación. Matu en cahita signi- 
fica carbón. 

Alcaldía de Alicama» 

ALIGAMA, palabra azteca, compuesta de atl, agua ó río, la par- 
tícula expletiva í , y cama^y que viene de camatlj boca, y la pospo- 
sición e: en la boca del río. Allí efectivamente se verifica el des- 
agüe del río de Badiraguato en el de Humaya. 



414 Sociedad Mexicana 

SOQUITITA, nombre de la misma procedencia; viene de zo- 
quitl^ lodo, la ligadura ti y la abnndancial ta: en el lodazal. 

OCUALTIT A, nombre azteca que también he visto escrito Eo- 
cualtitaj presenta muchas dudas en su interpretación, pues puede 
venir de octliy vino, ó de otlij camino, del adjetivo qualliy bueno, 
de la ligadura ti y la posposición to, significando : lugar de buenos 
vinos ó caminos; ó de ocuiltitaj donde abundan los gusanos, ó de 
teoeuiltita, donde hay gusanos de fuego, luminosos. No he podido 
comprobar cuál de dichas significaciones pueda ser la más ade- 
cuada. 

BALLACA, me supongo que venga depaiatlj cierto gusanitto 
velloso, según el diccionario mexicano de Molina, y de la posposi- 
ción oa: lugar donde hay esos animales. 

G ABIETAPA, palabra cahita, compuesta de eart, casa, y etapa^ 
del verbo etapOj abrir: la casa abierta. 

CAGALOTITA, del azteca, procedente de eacalotlj cuervo, la 
ligadura tiy y la terminación abundaucial tía; cuerval, lugar abun- 
dante en cuervos. 

ATOBIBITO, de ignorada significación. 

Alcaldía de Ouaténipa. 

GUATÉNIPA, vocablo cahita, procedente de ba^ agua ó río, que 
á menudo he visto escrita vaa, de teni, boca, y de la posposición 
patzij en que suele suprimirse la última sílaba, y significa en fren- 
te; el todo quiere decir «frente á la boca del río.» Y así es en ver- 
dad, porque allí desemboca en el Humaya el río de Gopalquín. 

TEGUANI, de tequani, león. 

MORIGATO, TARIAPA, de ignorada procedencia. 

DIRECTORÍA DE LAS YEDRAS. 

Alcaldía de las Yedras. 
Esta no tiene nombres geográficos indígenas. 

Alcaldía de Soyatita. 

SOYATITA, de zoyatl, cierta especie de palma, la ligadura H y 
la posposición abundaucial ta: palmar. 



DE Geografía y Estadística. 415 

TEGUGIAPA, palabra azteca como la anterior; viene de tecu- 
Üi, señor, y figuradamente cosa principal, grande, de atl, agua 6 
río, y la posposición j)a: en el río grande. La población está á la 
orilla del río de Sinaloa, que es uno de los de más largo curso en él 
Estado, y á esto debería seguramente su nombre, cuya interpreta- 
ción está apoyada en el diccionario de Molina, que pone tecuzayólin 
por mosca grande, componiéndose esa palabra de tecuíli y^zayólin* 

HUISIOPA. A primera vista pudiera entenderse que este nom- 
bre procede de huüzo y áepa, significando «en lo espinoso;)» pero 
no 86 conforma con esta significación la noticia que tengo de que en 
dicho lugar no hay árboles ni plantas espinosas. Próximo á él se 
halla un precipicio, circunstancia que puede dar la clave de la in- 
terpretación. En efecto, el nombre expresado parece ser el mismo 
que htUtzopOj compuesto del impersonal del verbo huetziy caer, y de 
la posposición |>a, significando : lugar donde caen, precipicio, des- 
peñadero. Si el cambio de la e en i no es irregular en el idioma az- 
teca^ especialmente por causa de buen sonido, como sucede en fio- 
díezffij grana, que da Nochistián, lugar de la grana, y en ezUi^ san- 
gre, que da IzlU&nj lugar de sangre, bien puede explicarse el nom- 
bre en cuestión déla manera dicha ; como creo que puede explicarse 
también AlahuizÜán^ compuesto de otZ, agua, con la partícula expíe* 
tiva o, de huetzi, caer, convirtiéndose la e en t, y de la posposición 
tíauy significando «lugar donde el agua se despeña, salto de agua,» 
lo que va de acuerdo con el jeroglífico que representa al lugar, en 
que aparece el signo del agua soltándose de una mano, con una 
huella humana de arriba abajo, para indicar la caida ; lo mismo que 
HutznahuaCy compuesto de huetzi, como el anterior, y de nahtuiCy sig- 
nificando «junto adonde se precipitan, » que es lo que fonéticamente 
da á entender la espina huüzUi del jeroglífico respectivo, puesta en 
actitud de venir al suelo, y el nahuac, representado por una boca 
con la vírgula, completándose la idea con la figura del templo de 
donde se verificaba la caida ; y lo mismo que el de MoquihuiZy que. 
debió ser ai>odo postumo del rey de Tlaltelolco, que se cayó de lo 
alto de un templo, pues moqiiihuetz significa « el que se cayó, ji lo que 
se confirma i>or su jeroglífico, en que se ve al templo incendiado por 
la guerra y al rey precipitado cabeza abajo, según refiere también 
la historia. En todos estos casos el huüz aparece como si fuera fticefo, 
y con una significación exactamente adecuada. 



416 Sociedad Mexicana 

ZUBUTATO, nombre tArasoo ; viene de eurumuta, que significa 
zacatón, y la partícula nbicativa to; de allí eurumuiato 6 zuruUdo^ da 
pronunciación más expedita, Ingar donde hay zacatón, aignifioaa- 
do que parece convenirle con toda propiedad. 

OCUBAOUA, de significación ignorada. 

A este distrito i>ertenecen también los lugares siguientes : 

TEL ATiAGUA, de teüj piedra, y alahwic^ cosa resbalosa : lugar 
de piedras resbalosas. 

MOPILOA significa «caer de alto el chorro de agua. a El nom- 
bre está compuesto de mqpüOj aüy suprimiéndose Ü en composición^ 
y la partícula terminal c: en el agua que cae de arriba, salto de agua. 

TEMOSTE, de atemozUij compuesto de o/Z y teniosüiy significa «des- 
censo de agua,» « quebrada.)» 

TALGO YONQUE, de Üaüi, tierra, y coyompiij agujero, significa 
«agujeros en la tierra.» 

OHAPABAHUETO, de significación ignorada. Chaparía en oa- 
hita quiere decir «cresta de gallo.» 

OTJ AGHABABITO, también de ignorada significación. Hmeha- 
raquia en cahita significa « honda para tirar. » Chuickaro^ en tarasco» 
lugar de muchachos. 

'BAOAGOBAGUAf vocablo cahita, compuesto de haca^ carrizo, 
corat, corral, y el posesivo hwi: lugar que tiene corral de carrizos. 
También puede venir de hujoca^ vaca, en combinación con los de- 
más componentes ya dichos, significando «corral de vacas.» 

BABUNIGA, de dudosa significación. Bobu en cahita se tradu* 
oe por tierra para ollas, uni posposición que significa abundancia 
de lo significado por el nombre : sólo supliendo cahui por ca, puede 
integrarse el nombre, que en tal caso significaría « cerro de tierra 
para ollas.» 

LAÚDETE, NOCÓBIBA, YAMOBITO, MOBIBUTO, TB- 
PBNTUGA, de ignorada significación. 

DISTRITO DE MOCORITO. — DIRECTORÍA DE MOCORITO. 

Alcaldía de MocoíHto. 

MOGOBITO, de ignorada significación. Quizá esté compuesto 
de miiCttri, que aunque usualmente no significa muerto, puede gra- 
maticalmente entenderse por tal cosa, y de la posposición to; en ca- 



DE Geografía y Estadística. 417 

yo caso significará el lugar de los muertos, aludiendo á la matanza 
del cacique y de 150 indígenas que ocrea del pueblo hizo D. Fran- 
daoo Vázquez Coronado, por calumnia que á sus habitantes levan- 
taron, de qne se querían sublevar. En apoyo de esta interpretación 
viene bien manifestar, que el referido pneblo en un principio se lla- 
mó de Sebastián de Evora, por el nombre de su encomendero, y es 
probable que el nombre de Mocorito se le haya dado después por 
dicha circunstancia. 

SOSOITE puede venir de zozoUinj plural de zóUin^ palabra az- 
teca qne significa codorniz. En Oaxaca hay un pueblo llamado Yo- 
soUSj qne en mixteco significa : llano del enebro. 

TEPANTITA, de tepaníi, en el dialecto azteca de la Nueva Ga- 
licia, pared de piedra mampuesta, y la abundancial ia: en las pa- 
redes ó cercados de piedra. 

MAZATES, de mazatl^ palabra del mismo origen, venado, con la 
terminación plural española : los venados. 

MECATITA, de mecatl, palabra de la propia especie, que signi- 
fica cordel, y de la terminación abundancial ta: lugar abundante 
en cordeles ó mecates. 

HALINfAL, de malinaUiy cierta yerba que se dice tener el nom- 
bre de zacate del carbonero^ dura, áspera, fibrosa, y sirve fresca para 
formar las sacas del carbón, y para las sogas que las aseguran. 

CAGALOTITA, de eacálotl, cuervo, palabra azteca como la pre- 
cedente, de la ligadura U y de la abundancial ia: lugar en que abun- 
dan loB cuervos, cuerval. 

BATAMOTITA, ignoro la etimología del nombre, que parece 
cahita con terminación azteca. En Sinaloa se da el nombre de ba- 
tanóte á cierta vara ó jarilla que se cría en las orillas de los ríos y 
en terrenos húmedos. 

MABINGAHUY, de marinij plural de mare ó mari, voz cahita 
qne significa madera : el cerro de las maderas. 

BAGAPORA, de JmacaporOj cierto árbol así llamado en el idio- 
ma cahita^ 

COGOBOB A, de ct^coborem, plural de cobore, en cahita ; gallinas 
de la tierra, guajolotes. 

MOGHOMO (un cerro), de moeJHWie, plural de niocho, hormiga 
arriera. El cerro del Mochóme se puede decir, por lo tanto, el cerro 
de las hormigas arrieras. La palabra mochomo en el uso vulgar se 

58 



418 SooiEBÁi) Mexicana 

ha redacido á significación singular, y así se dice el moehomo, los 
mochomos. 

OBABA.TO, nombre de nn Ingar qne hoy no aparece, y en el 
qne dicen las crónicas qne los padres misioneros se detuvieron á 
bautizar muchos nifios infieles. Viene de oolay anciano, ahaioOf bau- 
tizar ó echar el agua, quitando la última a, con lo que el nombre 
termina en la posposición to, y significa : lagar donde el anciano 
bautizó. 

TETABIGUA, puede venir áeteialihita, compuesto de tetUj pie- 
dra, y la partícula lituij qne da un carácter enfático á la expresión, 
significando : en la viva piedra. O bien puede venir de ietarij lo pe- 
dregoso, y la posposición locativa húi, significando : en lo pedrego- 
so. O bien de la palabra tarasca tecárigua, que significa : superfide 
limpia. Para decidirse por alguna de dichas significaciones, nece- 
sitaríase conocer el lugar. 

GAI^APOBITO, de ignorada significación. Entarasco, osn signi- 
fica mucho, y ap6ro cosa que tiene muchas bolas^ ó una bola grande. 

HACHIBES, también de ignorada significación. 

Alcaldia dd Valle. 
TULE, de toUin, tule. 

Alcaldia de Capirato, 

CAPIBATO, nombre procedente del tarasco; se oompone de ca- 
piri^ cierta especie de zapote, y de huuataj cerro, significando ce- 
rro de los capiris. 

TACOYAHUETO, de tlacoyahua^ tierra espaciosa y ancha, y 
la posposición fo, significa lugar espacioso y ancho. Un cerro es 
el que lleva especialmente este nombre. 

GHACHAGUASTE (un cerro), de ehMhaquacktie^ cosa áspera: 
cerro áspero, fragoso. 

SA8ALPA, nombre azteca como los tres precedentes, procede 
de xalli^ arena, reduplicando la primera sílaba para denotar plu- 
ralidad, jpa, en ó sobre, quiere decir: en el arenal. 

COBOMETO, de coróme^ plural de corohuej grulla, y de la pos- 
posición to: lugar de grullas, en cahita. 

GHIGHIVAMETO, de chiehivame^ plural de cWra, cabra, y la 
posposición to: lugar de cabras, en el mismo idioma. 



DE Geografía y Estadística. 419 

BAGAMAGABI, nombre de la misma procedencia; viene de ba- 
^amj plural de hacaj carrizo, de la partícula expletiva a, y de cari^ 
casa, significando casa de carrizos. 

GHIGOBATO, conjeturo que significa «lugar de chicuras,» cier- 
ta planta que se cría á orillas de las aguas; ó lugar de chicuris, 
cierta tribu que habitó en el distrito de Sinaloa. 

JEY (un cerro), de keye, beber: bebedero, manantial. En otomí, 
xey significa escarbar. 

OCOBONI, tal vez sea palabra del idioma del mismo nombre, 
que se usó por la tribu sentada á orillas del río también así llama- 
do, uno de !os tributarios del de Sinaloa. Pero es posible que ven- 
ga de oooUmiy en azteca, compuesto de otliy y colonia significando 
«camino que da vuelta.» 

TECHA, de teehoa, lodo. 

TULE (un puerto), de tolliny que significa tule. 

YITABUTO (laguna), me parece que es procedente de huitaoj 
palabra cahita que significa trucha, un pez, y de la posposición 
to. Los indios pronuncian toda« las sílabas con marcada separa- 
ción, y aun interponen 16 r entre dos vocales. Así, para decir hui- 
tao hablarían hui-tOr-Uj 6 huitaruj siendo entonces huitaruto lugar 
donde hay truchas. 

COMANITO, nombre tarasco, procedente de omani^ atajar co- 
sas líquidas, to, partícula locativa, y al principio la letra c exple- 
tiva por causa de eufonía; lugar donde se represan las aguas. Qui- 
zá éste asumiría tal nombre, de los grandes peñascos que en el cau- 
ce del arroyo golpean y atajan las aguas corrientes. 

COSGOM ATITO, lugar que abunda en coscomates, cierto árbol. 

TEPUGHE, nombre cahita, que en otra parte dijimos ya que 
significa lugar de pulgas. 

YAQÜIBAGÜATO, vocablo tarasco, algo estropeado, que me- 
jor debiera decirse YoquirahuatOy compuesto de yo^ cosa alta, qui*, 
rOj cosa redonda, y hunatüj cerro, con la posposición to; cerro re- 
dondo y alto. Este cerro sirve de punto de mira á los navegantes 
de la costa, para regular la entrada á los puertos cercanos. 

AOUAPEPE, así se llama una ranchería, del nombre de un 
árbol. 

OAGABAGUAS, nombre cahita de una ranchería, procedente 
del de un árbol llamado eaearagnuy que da una frutilla dulce, muy 



420 Sociedad Mexicana 

apetecida de los cenzontles. Caca significa cosa dulce, y eacaragua 
dalzura. 

TÓBORA, HUAYULE, CALOMATO, TOEOGUABÜTO, 
OCUTO, CAHÜICHARITO, TOPIRUTO, de ignorada signifi- 
cación. 

OUAIPARIMETO, Ingajr de gnaiparimea, cierta fruta silvestre. 

DIRECTORÍA DE ANGOSTURA. 

Alcaldía de Aiigostura. 

ALHUEY, de aü, agua, y hueyaCj cosa larga, significa «laguna 
larga,» y allí efectivamente la hay en esa forma. El nombre esti 
antepuesto al adjetivo, contra las reglas de la colocación de las pa- 
labras en este idioma, porque de lo contrario sería hueyaü^ que sig- 
nifica mar. 

ILAMA, vieja. 

OAITIME, entiendo que procede de qttailime^ plural de quaiU^ 
cabeza, quitando Ü en composición, añadiendo ti por eufonía, y la 
partícula tae^ distintivo del plural : las cabezas. 

CHUMPULIHUISTE, de tzompüihuizüij romadizo. 

TULTITA, al parecer debía significar lugar abundante en tules, 
tular ; pero allí no los hay, ni puede haberlos, porque es terreno 
árido, por lo cual debe buscarse en otra circunstancia la significa- 
ción de este nombre. Yo no puedo deducirla sino de ztUlif codor- 
niz, con la ligadura ti y la abundancial ta, significando lugar abun- 
dante en codornices ; la ¿r de zuÜUa da un sonido muy semejante á 
la t Quizá también se refiere este nombre á los toltecas, porque el 
lugar no está lejos de la costa por donde ellos pasaron. 

ALT AMURA (una isla), también suele decirse Atamura^ pare- 
ce una {adulteración de AÜacomüla, que significa lugar abundante 
en pozos de agua, que allí llaman jagüeyes. 

TACHICHILTE (una isla), de Üalli, tierra, y chichütiCj cosa co- 
lorada, tierra colorada, y lo es efectivamente. 

SALIAGA (una isla), de xalli, arena, ailj agua, y la posposici^. 
locativa ca: en el agua arenosa ó sobre arena. También puede ve- 
nir de xalli, y de iacatl, nariz ó punta, significando : punta de arena. 

AC ATIT A, este nombre no puede venir de aootí, caña ó carrizo, 
porque en el terreno del lugar, que es árido, no se dan esas plantas ;: 



DE (ÍKOíillAFÍA Y ESTADÍSTICA. 421 

mejor creo qne proceda de acalH, casa de agaa, en el sentido de po- 
xoóiioria, suprimiéndose el K en composición, añadiendo la ligadu- 
ra ¿t y la posposición abundancial to, y quedando acaltiia^ ó acatUa 
por metaplasmo, como sucede con el nombre Acótila de Baján^ que 
también se dice : Las Norias de Bajan, lugar célebre en el Estado de 
Coahuila. 

CUPIBA, de copUa, compuesto de eqpiü, luciérnaga, y la termi- 
nación abundancial la: donde abundan las luciérnagas. En cahita 
hay la palabra cupiris, que también significa lo mismo. 

TOBEBI, nombre de un lugar, y de cierto pescado así llamado 
en cahita. 

TEDOTO, BABADITO (una punta de tierra avanzada en ^ 
mar), nombres cuya significación ignoro. 

DIRECTORÍA DE SAN BENITO. 

Alcaldía de San Benito. 

TAGUALILO, palabra azteca, procedente de tlahuilillij que se 
traduce por tierras regadas y húmedas. En el dialecto azteca de 
la Kueva Ga